ESTHER DE PABLO

María se levantó de la cama, como cada mañana, escuchó a los niños cómo se levantaban  y suspiró tranquila 

Era agradable que se hicieran mayores y fueran más autónomos

Se acercó al baño medio dormida, pero eso no le impidió sobresaltarse y acercarse más al espejo para descubrir el montón de canas que se le veían en la raíz del tinte

Un retortijón de estómago le hizo doblarse un poco hacia adelante

Cuando se recuperó se miro pensativa y triste en el espejo preguntándose:

¿Quién es esa?

¿Dónde está María?

Desde la separación,  sentía  cómo una  losa cargaba a su espalda

Esos retortijones también comenzaron a raíz de separarse

Se acercó a la cocina, donde los niños  ya estaban desayunando

Preparó el café y abrió la puerta del armario  para coger su tostada habitual

Al lado de las tostadas había una bolsa de magdalenas

Cambió de opinión y cogió una magdalena 

¡Por un día!, pensó

Se sentó a la mesa  con los niños y engullo la magdalena con ansia, como si se la  fueran  a quitar

Casi de inmediato le dio otro retortijón de estómago provocado por el montón de azúcar procesado que su, últimamente  delicado, sistema digestivo no quería 

¿Te ha ocurrido algo así alguna vez?

Sabes que comer “eso ” te sienta mal, aunque no sepas cual es la razón, pero ese momento emocional bajo te pide “pecar”

A veces cuesta quererse cuando crees que no vales

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