ALMUTAMID

Empecé la semana con cierto vértigo pensando que el lío entre Ángela y Miriam me iba a pillar en medio con ambas buscando mi consejo o mediación. Por eso necesitaba implicar a Marta, pero sin contárselo directamente. Claudia ya me había dicho que debía dejar que ellas lo hablaran pues si no tenía tacto siempre una de las dos podía pensar que me ponía en su contra.

El lunes por la mañana Miriam seguía cortada y por más que Marta me preguntó si yo sabía algo, me limité a decirle que le preguntara directamente, respuesta que le hacía sospechar que algo había pasado. Para más turbación me encontré con Blanca en la cafetería de nuevo, pero esta vez iba acompañada de amigas a las que quiso demostrarles lo bien que me conocía dándome dos besos sonoros y hablándome sin soltarme el brazo. No terminaba de entender si yo le gustaba y quería algo o si me utilizaba para darse importancia, cuestión que yo en mi modestia no terminaba de entender.

Por suerte los días iban pasando y el asunto no salía. Quizá ya ellas lo habían hablado y me dejaban afortunadamente al margen confiando en mi discreción. Incluso yo mismo estaba sorprendido de como ocurrió todo, pues cualquiera pensaría que era un asunto morboso y que habría significado alguna paja el ver y oír a mis amigas en su rollo bollo, pero nada más lejos de la realidad tras lo ocurrido por la mañana. Aunque si las hubiese realmente visto bien quién sabe.

Pero yo siempre había tenido habilidad para escabullirme aunque esta vez por algún motivo no lo hice y provoqué al menos el saber algo más por si las chicas no arreglaban su “malentendido”. Una noche Marcos se retiró antes de la cena y me quedé solo con Ángela tras con una excusa despedir a Víctor en el descansillo que separaba el pasillo masculino del femenino. Sin más abordé a Ángela:

-Llevo tiempo intentándolo pero veo que no me va a salir.
-No te sigo, Luis. ¿De qué hablas?
-Pues que creo que le gustas a Marcos pero el chaval no se atreve a decirte nada.
-Y mejor que no lo haga.
-Joder, que borde eres tía. Ni que el chaval fuese un monstruo.
-Que idiota eres Luis, jajajaja. No es problema del chaval. Es muy buen niño aunque muy paradito. Eso sí.
-¿Entonces?- me hice le nuevo.
-Ains, Luis, Luis. Que me gusta lo mismo que a ti, churrita. Que me van las chicas.

Disimulé haciéndome el cortado e incluso me disculpé por meterme en donde no debía.

-Ya hay confianza, niño. No voy por ahí con banderas multicolor pero tampoco lo escondo. Estoy fuera del armario pero no me he subido todavía a la carroza del orgullo.
-¿Y las chicas lo saben?
-Vanessa sí, lógicamente. Y, bueno, Miriam ahora también.
-Se lo has dicho.
-No exactamente. Pero bueno, no quiero hablar del tema ni dar explicaciones de algo que no sé si ha pasado o no la verdad.
-¿Te gusta Miriam?
-No estoy enamorada pero me gusta. Pero no sé…
-Pero, ¿ella es…?
-Creía que sí, pero no sé. Nadie mejor que yo sabe qué difícil es descubrir tu tendencia sexual y asumirla. Y bueno…no quiero hablar de algo que a lo mejor ella no quiere que nadie sepa.
-Vale, vale…te entiendo. ¿Le puedo decir a Marcos que abandone?
-Jajajaja. No hace falta que le cuentes lo mío, no lo escondo pero tampoco lo lanzo al vuelo. Pero no me lo eches encima, ¿O te crees que no me he dado cuenta que lo animabas? Es buen niño y no se merece un palo.
-Y tú también eres buena niña. No te preocupes que no diré nada que tú no quieras.
-Gracias, Luis. Con lo creidito que pareces engañas. Cuando se te conoce mejor se descubre que eres mejor persona que la que tú mismo quieres aparentar.
-No te creas- respondí con media sonrisa- tengo mis cosillas.
-Lo sé, jajaja. También me he dado cuenta del juego que te traes con Marta. Ya sois mayorcitos. Tú sabrás, pero si no cambiáis ella, tú o tu novia podéis salir mal parados.
-¿Qué jueguecito?- pregunté extrañado- si sólo somos amigos…
-Sé que tuvisteis algo y se nota. Si sólo es amistad me alegro por vosotros que os llevéis tan bien, pero si hay algo más mejor aclararse que no hacerse daño.
-Yo lo tengo claro…

Me besó la mejilla y se despidió de mí. Mientras yo me preguntaba a mí mismo qué era esa extraña relación que mantenía con Marta o que Ángela pudiera haber visto. Era la segunda persona que me hablaba de Marta en pocos días. Tendría que encararla mejor que tras el partido y aclararnos. O no. O quizás los demás veían algo que nosotros llevábamos con más naturalidad. Demasiados líos a mi alrededor. Tendría que pensar menos las cosas y disfrutar del momento. En Navidad vería a Claudia y seguro que en el puente de la Inmaculada caía algún quiqui con Nieves. Más líos no.

¿Más líos no? Pues cuarto y mitad…

Aunque en el fondo la culpa es mía. Mi semana se aceleraba en vez de frenarse. Y aunque admito mi culpabilidad no toda es achacable sólo a mí.

Todo empezó a liarse el jueves tras el partido. Marta y Miriam no vinieron como era costumbre ni al partido ni a la celebración posterior aunque fuese un empate. Jugamos bien pero estuvimos fallones en defensa y sobre todo de cara a gol. Yo me empeciné en tirar a puerta tantas veces que marqué un gol pero terminé desaprovechando multitud de ocasiones que con haber levantado la cabeza habrían terminado en los pies de algún compañero en mejor posición de disparo. Y no pasamos del empate a 3 con un equipo al que tendríamos que haber ganado con facilidad.

No sé si también tuvo que ver la tarde desapacible con chaparrones intermitentes que espantó a gran parte de nuestra hinchada y puso la pista resbaladiza y algo peligrosa. Pero cuando llegó la hora de la cerveza faltaban gran parte de nuestras seguidoras, entre ellas mis amigas y medio equipo se fue entre enfadado y disgustado. Yo, sin reconocer mi parte de culpa en el mal resultado, decidí ir al bar de siempre con sólo 3 compañeros del equipo para tomar cervezas y de paso refugiarnos de la lluvia. Y con nosotros algunas incondicionales, entre ellas Blanca.

El ambiente era algo lúgubre por el resultado y la poca asistencia. Pero mi testarudez es antológica así que me resistí a retirarme cuando los demás con la excusa del mal tiempo se fueron al rato. Y quien se ofreció a hacerme compañía fue Blanca.

Al quedarnos solos nos cambiamos de sitio de estar de pie junto a la barra a sentarnos en unos sofás que había entre mamparas en el local de estilo irlandés. Lo que me llamó la atención es que en vez de sentarse al lado mía pues tenía sitio suficiente se sentó sobre mi muslo diciéndome:

-Hoy estás desanimado. Hay que apoyar al equipo.

Yo acepté encantado y lo demostré apoyando mi mano en su muslo mientras con la otra sobaba su culo. La chica aparentaba estar decidida pero yo por si acaso pregunté:

-¿Y cómo piensas animarme?
-Pues no sé, dando calorcito, jajaja….¿un masaje?

De golpe recordé los masajes con María y descarté esa idea de mi mente.

-Me viene bien que me animen. Llevo una semana muy tonta.- le confesé poniendo cara de penita.
-Pues no sé. ¿Qué se te ocurre? Jajaja…
Observé a Blanca. Llevaba un pantalón vaquero que se ajustaba bien haciéndole buenas piernas y una blusa con los dos últimos botones desabrochados para no aprisionar sus pechos. Con la escasa luz de nuestro rincón su escote aparecía en penumbra. Sin pensar en las consecuencias subí la mano de su muslo al cuello del escote y tiré como para ver que había dentro. Blanca con una risa tonta me detuvo.

-¿Qué haces? Jajajaja…
-Se me había ocurrido ver que había dentro…-dije haciéndome el nuevo.
-Pues ¿qué va a haber?
-No sé…está muy oscuro…y tengo una curiosidad enorme.
-Estás loco…jajajaja.
-Loco por ver que tienes ahí…-dije subiendo de nuevo la mano pero esta vez hasta su último botón abrochado.

Blanca miró nerviosa a los lados para confirmar que teníamos cierta intimidad mientras que yo desabrochaba el botón dejando que el empuje de sus pechos abriera la blusa mostrando sus pechos apretados en un sujetador blanco de encaje que tenía su blonda marcando el límite entre prenda y la piel. Blanca volvió a ponerse rígida como una semana antes cuando le dije por primera vez que “animara” al equipo, pero no se levantaba ni me detenía. Y menos aun cuando le dije:

-Me encanta lo que asoma por ahí…- comenté dibujando el contorno del sujetador sobre la piel tersa de su teta con mi dedo índice. ¿Sabes que estás muy buena?

Blanca no contestó, sin embargó me sorprendió desabrochando un botón de mi camisa para colar su mano dentro y acariciarme el pecho. Me gustó la iniciativa de la chica y la regañé:

-Voy a tener que hacer lo mismo que tú…

Saqué la mano de su escote y desabroché los dos botones más bajos de su blusa dejando que sólo otros dos botones contuvieran y semicubrieran sus pechos. Colé la mano acariciando su barriga y le hice cosquillas provocando su risa a lo que ella respondió imitándome clavándome sus dedos en las abdominales.

-Conque tenemos ganas de jugar…-la reprendí aprovechando para subir mi mano hasta sus tetas por dentro de la blusa y sobarlas con descaro.

Su respiración se agitó y aunque no había mucha luz se notaba que estaba colorada. Sin reparar en el sitio tiré de la copa del sujetador para tocar su pezón. Pero esta vez sacó la mano de mi camisa y corrió a taparse con una risa tonta pero sin atreverse a decirme nada. Yo no insistí pero le dije:

-En vez de relajarme me estás poniendo más tenso…

Y tomé su mano dirigiéndola a mi paquete para que notara mi dureza. Apoyó la mano y sin retirarla la movió para sentir mi nabo tieso dentro del pantalón por lo que ya sin frenos le dije al oído:

-¿Te gustaría bajarme esa tensión y dejarme relajadito?…

Sin esperar su respuesta me levanté y tiré de su mano para que me siguiera. Como pudo se acomodó la blusa para esconder su sujetador a pesar de que no había nadie desde nuestro sillón hasta la puerta de los baños. Entramos y busqué es de minusválidos al que entramos tras encender yo la luz. No era sitio de mal recuerdo para mí pues era al mismo baño donde Marina me había desvirgado unos meses antes.

Sin reparar más en mis recuerdos cerré la puerta echando el pestillo conocedor de que allí difícilmente nos molestarían. Al hacerlo Blanca se quedó apoyada en la pared expectante con su blusa entreabierta y su respiración agitada consiguiendo que sus pechos recuperaran mi atención. Apoyé mi mano en la pared junto a su cabeza y le dije en plan confidente:

-Éste va a ser nuestro secreto…¿te parece?

Blanca asintió con la cabeza mientras mi otra mano terminaba de desabrochar su blusa. Era sorprendente como aquel sujetador blanco de encaje era capaz de contener aquella masa de carne redondeada, turgente y, como pude comprobar después, desafiante de la gravedad. Su blusa se abrió dejando libres sus pechos y su barriga que también se relajaba y se contraía fruto de la misma agitación.

Apoyé mi mano en su barriga y con mi cara muy cerca de la suya le dije:

-Sabes que estás muy buena…eres una tentación. ¿Estás segura? No quiero que hagas nada de lo que te arrepientas después.

Blanca no contestó pero desabrochó mi camisa. Yo empecé a dudar si realmente era tan inocente como parecía, o era su forma de atraer o más bien todo lo contrario sabía lo que quería y se valía de ello. Por fin habló tras mirar mi torso semidesnudo y me dijo:

-Es una pena que no me dejes contar esto…
-¿Y a quién se lo ibas a contar?
-A todas mis amigas…y a algún amigo gay…
-A ese no hace falta…-le respondí intentando poner mi sonrisa más seductora.

Mientras le sonreía saqué una teta de la copa del sujetador. Una teta muy blanca coronada en un pezón muy ancho y de color rosado. Sorprendentemente cuando la solté para sacar la otra se quedó en la misma posición altiva.

-Mmmmm, niña…-no me salía su nombre en ese momento- ¿cómo puedes estar tan rica?

Me lancé a chuparle las tetas entre gemidos de aprobación del manjar que estaba disfrutando mientras sentía su respiración aun más agitada. El tacto y la textura de sus pechos me tenían asombrado y comprobando su docilidad quise más por lo que sin dejar de comerme sus tetas desabroché su vaquero. Cuando lo conseguí me separé. La cara roja de Blanca contrastaba aun mas con la blancura de su piel. Era espectacular ver esos dos pechos enmarcados por la blusa a sus lados agitados como flanes con su respiración. Debía tener las pulsaciones a mil. La separé de la pared y la puse frente al espejo. Con las botas de agua sin tacón que llevaba su cabeza llegaba a la altura de mi boca por lo que me pude acomodar tras ella refregando mi dureza contra su culo prieto.

Levanté la mirada para buscar la suya en el espejo mientras mis manos se apoderaron de sus pechos amasándolos. Blanca gemía y por fin habló:

-¿De verdad te gusto?
-Mucho…-apreté mi polla contra su culo y continué- ¿sientes cómo me gustas?
-Sí…

Solté sus pechos y bajé mis manos por su cintura hasta toparme con el vaquero que empujé hasta conseguir liberar su culo no sin esfuerzo. Llevaba un tanga de encaje blancas a juego con el sujetador. Su culo era la pareja perfecta de sus tetas. Si tuviera que describir a Blanca con una sola palabra sería: apretada. Daba la sensación de que su piel se estiraba al máximo para contener esas nalgas y esas tetas.

Sin pensármelo bajé mi mano desde su vientre hasta el tanga y la introduje dentro hasta encontrarme con una mata de vello algo más largo de lo que solían tenerlo otras chicas, hasta el punto de poder jugar con mis dedos en él antes de abrirme paso hasta su raja colando mi dedo entre sus labios hasta impregnarlo de su humedad. La chica apretó las piernas gimiendo al sentir mi invasión.

-Me va a reventar la polla….-le dije al oído.

Entonces saqué mi mano de su tanga y me separé para admirar su culo y desabrocharme el pantalón. Al darse cuenta giró la cara para verme:

-Déjame verte la polla…-me dijo haciéndome dudar de nuevo de su inocencia.

Me bajé el calzoncillo liberando mi polla que estaba ya babosa.

-Luis, estás fatal…te tiene hasta que doler….
-Eso tiene arreglo- respondí pegándome de nuevo a su culo.
-¿Me la vas a meter sin condón? No, por favor…

Me quedé cortado. Realmente iba a hacerlo. No podía contenerme. Pero reaccioné y respondí:

-Tranquila, ya te follaré en condiciones otro día.

Bajé su tanga hasta donde el pantalón me dejaba a medio muslo. Vi su chochito con el vello algo descuidado pero con su forma triangular perfectamente marcada de un color castaño como el de su pelo.

-No tienes desperdicio…que chochito más rico…-le susurré al oído mientras intentaba encajar mi nabo entre sus piernas.
-No me la metas- dijo intentando apretar las piernas.
-No te la meto pero verás cómo te va a gustar lo que te voy a hacer…

Encajé mi polla entre sus muslos y su chocho sintiendo su calor como había hecho una vez con Viqui y empecé a frotarla notando su calor y hasta su humedad. Con mis manos atrapé una teta y acaricié su coño desde delante de modo que frotaba su pipita con mis dedos mientras rozaba mi polla contra su raja. No conseguía chocar mi pelvis contra su culo como me habría gustado pero algo conseguía. Me encendí igualmente y empecé a decirle:

-Tengo unas ganas de clavártela que no me aguanto…
-Ains Luis, como me tienes…mmmmm….mmmmm, ojalá tuvieras un condón…pero sigue, sigue…te siento rico….

De nuevo me sorprendía la actitud de Blanca pasando de una inocencia adorable a demostrar carácter y experiencia. ¿Quién había engatusado a quién? No era el momento de pensarlo mientras amasaba sus tetas y clavaba mi dedo en su coño mientras frotaba mi polla entre sus piernas chocando mis caderas contra su culazo apretado. Sus gemidos incesantes y el hecho de que empezara a apretar más sus piernas e intentar doblar las rodillas me indicaban que se iba a correr por lo que intensifiqué todos los movimientos. Sus gemiditos incesantes con una cadencia y un tono casi llorón me recordaron a los que oía a Lourdes en la acampada del verano. Yo también me iba a correr. De golpe sus gemidos fueron sustituidos por unos seguidos “Ay, ay, ay, ay…” y un silencio buscando el apoyo de sus brazos en el lavabo. Yo ya no pude más y sin sacar la polla de entre sus piernas dejé que mis huevos se vaciaran sin tener cuidado de donde caía mi semen. En un chispazo de memoria fui capaz de decir justo antes:

-Blanca, me corro….me corro…
Con las últimas palpitaciones de mi polla oí la risita tonta de la chica.

-Jajajaja, Luis. Que explosividad.

Caí en la cuenta de que no me corría desde que había vuelto de estar con Claudia. La verdad es que el pensamiento me dio un poco de bajón. El típico bajón después del clímax. Pero Blanca se incorporó y yo me guardé la polla en el calzoncillo ya morcillona. Cuando la chica se subía el tanga volvió su risa tonta de nuevo.

-¿Qué pasa?- pregunté extrañado.
-Me has llenado entera de corrida…-respondió dándose la vuelta para enseñarme sus muslos, su tanga y el pantalón llenos de semen.
-Perdón…estás tan buena que me ha venido de golpe…
-No pasa nada….-contestó mientras se limpiaba con papel- mientras nadie se dé cuenta, jajaja.

Una vez se hubo limpiado salimos del baño, pagamos las bebidas y nos fuimos compartiendo paraguas hasta su casa que casualmente estaba bastante cerca de la residencia. Nos despedimos con dos besos y un “ya nos vemos por la facultad”. Ni siquiera nos habíamos besado.

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