FERNANDO

Eva.

Esa noche después de ducharme estaba tan asqueada que ni me tome algo de cenar. Solamente deseaba que llegase mi marido para abrazarme a él y decirle lo mucho que le quería y lo que le había echado de menos, aunque también consideraba que Dani me pediría explicaciones sobre mi comportamiento en las últimas semanas.

Estaba tan enfrascada en mis pensamientos, que ni puse la televisión, estaba sola, sentada en el sofá, con un camisón puesto y llorando. No puedo decir en qué momento me quedé dormida, pero me desperté al cabo de las horas y seguía sola, muy sola. Miré el reloj eran las tres de la madrugada.

Me fui a mi dormitorio y me lavé los dientes. Me miraba en el espejo, preguntándome como había llegado al punto que siempre prometí que no iba a llegar. Para agravar más mi arrepentimiento, es que encima lo que había hecho no era necesario en mi vida, Daniel me tenía perfectamente atendida y era un amante excepcional. En ese momento me acordé de una amiga a la que no veía hace mucho tiempo, y que cuando le conté mis principios me lo dijo bien claro:

—”Nunca digas de este agua no beberé y este cura no es mi padre” Eva, te puede ocurrir en cualquier momento, que no se ponga el hombre adecuado delante de ti que te aseguro que caerás. —Y qué razón que tenía mi amiga.

Lavándome los dientes y viendo mi reflejo, me fije en unas marcas rojas que tenía en mi cuello. Solté el cepillo de dientes y me enjuagué la boca y acercándome más al espejo pude observar los chupetones que el cabrón de Rubén, me había hecho. Asustada me quité el camisón quedándome desnuda y pude observar que por mis pechos, cuerpo, nalgas e interior de mis muslos tenía muchos de esos chupetones y marcas de sus dedazos. El muy desgraciado me había dejado bien marcada y así no me podía presentar ante mi marido.

En vez del camisón, me puse un pijama de pantalón largo y camiseta y me metí en la cama. Seguía dándole vueltas a la cabeza a todo lo pasado y como me había dejado llevar por la lujuria y entonces una pregunta se hizo enorme en mi cabeza. ¿Qué hubiese ocurrido si Rubén hubiese tenido el pollón que me hizo creer que tenía? ¿Habría dejado a mi marido por ese malnacido?

Creo que después de meditarlo durante mucho rato, la respuesta me asustó. Si, creo que lo habría dejado todo por ese desgraciado que me atraía como las polillas a la luz. Habría sido capaz de renunciar a una persona que amo con locura y que tiene una vida increíble conmigo si ese ser me lo hubiese pedido, y aunque él no me lo pidiese, yo se lo habría insinuado. Volvía a llorar, no merecía estar al lado de mi marido, era una zorra, una puta en la cual ya no se podía confiar. Había roto todos mis principios y no tenía ningún tipo de moral.

Estando con mis pensamientos escuché como se abría la puerta de la calle, era Dani que había llegado a casa, gracias a Dios, porque la espera y mis pensamientos me estaban matando. Miré la hora eran casi las cinco de la mañana y me hacia las mismas preguntas, ¿dónde había estado? ¿y con quién? Seguro que eran las mismas preguntas que él se hacía cuando yo llegaba muy tarde en las últimas salidas casi sin justificación, con lo que solo me quedaba confiar en su buen hacer y en su conducta, siempre intachable.

Tardó un rato en meterse en la cama, algo estuvo haciendo en el salón, pero cuando se metió en la cama, escuché como si su respiración estuviese agitada, como si sollozase. Quise preguntarle, me intranquilizó, pero mi sentido común me aconsejó que ni me moviese aunque sufría por él. Al final se tranquilizó y creo que hasta se durmió, pero yo no pegué ojo en toda la noche. No durmió ni hora y media, se levantó, se fue a la ducha y le escuché trastear en la cocina, imagino haciendo su desayuno.

Como era domingo me quede algo más de tiempo en la cama. No me dormí, pero si estuve reflexionando sobre lo que hacer, en como poder comportarme con Dani para conseguir que confiase de nuevo en mí. Iba a ser una tarea titánica ya que con mi indiferencia, frialdad, mentiras y engaños, había embarrado tanto mi matrimonio, que me iba a costar una barbaridad recuperar la normalidad. Quise ser optimista, me levanté y sería dulce y cercana con él, que poco a poco viese que empezaba a ser la misma Eva de la que se enamoró, sin saber en ese momento, que mi marido antes de acostarse ya conocía mucho sobre mis andanzas con Rubén.

Cuando entré en el salón, lo vi delante de su ordenador, escribiendo un correo de los muchos que escribía a diario. Me senté cerca de él, pero lo suficientemente alejada para que no se sintiese incómodo. Miré su perfil, pensé que tenía un marido guapísimo y le saludé.

—Buenos días cielo. Ayer llegaste un poco tarde, ¿no?

Creo que nunca se me olvidará la cara que tenía en ese momento cuando me miró, estaba furibundo, los ojos rojos, inyectados en sangre y se estaba poniendo rojo, se le estaba hinchando una vena de la frente que parecía que iba a reventar y su cara parecía una bomba de relojería que explotaría en cualquier momento. Me levanté de mi asiento y se lo pregunté asustada:

—Dani, ¿qué te ocurre? No me asustes.

—Solo…solo quiero que me dejes tranquilo, no quiero oírte ni verte, solo quiero trabajar sin escucharte, me has entendido.

No es lo que me dijo, que podía ser hiriente. Fue como lo dijo, escupiendo cada palabra con desprecio. Me fui a la cocina a desayunar con un sentimiento de angustia increíble, pensando que quizás sería mucho más difícil de lo que yo creía recuperar esa convivencia con mi marido que tenía antes de mi aventura con Rubén.

Cuando terminé de desayunar, me fui a nuestra habitación y me puse la televisión. Creí oportuno dejarle más tiempo y que se calmase, a partir de ese momento me prometí a mí misma que sería una mujer ejemplar para con mi marido, sabía que lo podía conseguir y así olvidar este episodio tan desagradable que yo inicié.

Que inocente fui, ¿se podía ser más estúpida? Parece mentira que no conociese a mi marido y sabía que no pararía hasta conocer toda la verdad, pero estaba tranquila pensando que no había dejado huellas de mi infidelidad. Estando en mi habitación escuché la puerta de la calle cerrarse. Me levanté enseguida y vi que mi marido se había ido sin ni siquiera decir adiós, solo un pósit en su teclado me informaba de sus planes.

«No me esperes a comer y esta noche no me esperes despierta»

No me lo podía creer, pero en que pensaba este imbécil. Ese pósit me enfado muchísimo, yo queriendo arreglar lo nuestro,  y él desaparece un domingo todo el día. Pues que no piense que me voy a quedar en casita esperándole.

Me faltó tiempo para marcar el número de Rubén. Si él se iba con…con vaya usted a saber quién, yo me iba com mi amigo a pasármelo bien. El teléfono sonó y sonó pero no recibí respuesta, bueno quizás fuese demasiado temprano para él, seguro que cuando se despertase me llamaría al ver una perdida mía.

Esperé y esperé, y sobre la una y media de la tarde le volví a llamar y me saltó el buzón de voz. Le dejé un mensaje, que me llamase lo antes posible, pero el teléfono permaneció mudo todo el día. Ese domingo fue muy largo y me hizo replantearme muchas cosas. Pero lo que si quería, lo que necesitaba y lo que estaba dispuesta a conseguir, es que mi marido me volviese a querer de nuevo.

Esa noche mi marido volvió a llegar muy tarde. Oí como trasteaba en el salón, haciendo algo en su ordenador, le esperé, pero vi que no venía, quise levantarme para ver qué es lo que hacía, pero me abstuve al oír que se movía por el salón. Al final me quedé dormida por puro agotamiento al haber estado todo el día en tensión.

Al día siguiente cuando sonó mi despertador, vi que el lado de mi marido estaba desecho, pero las sábanas estaban frías. Bueno, por lo menos había descansado conmigo. Me duché y me arreglé y caí en la cuenta que Dani no me habría hecho el desayuno. Quise ser optimista, pero cuando llegué a la cocina solo me tomé un café bebido que me hice yo porque si no, no llegaba a trabajar. Cuando me iba a ir se lo comenté:

—Me voy a trabajar, que tengas una buena mañana. —Dije conciliadora, con una voz suave.

—Lo intentaré. —Me respondió con frialdad.

—¿Vas a estar en casa a medio día? Lo digo por no comer sola.

—No, seguro que no estaré aquí. —Dijo sin ni siquiera mirarme.

—Bueno…entonces te veré por la tarde…Adiós.

Dani no me respondió. Esa no era manera de empezar un lunes, con la tristeza que llevaba encima al notar la frialdad, la indiferencia con la que me trataba mi marido. Quizás no lo quería reconocer, o me costase asumir que mi marido me estaba dando el mismo trato que yo le hice tragar durante semanas.

El lunes y el martes prácticamente no vi a mi marido. Me evitaba a toda costa, pero lo peor es que le llamaba y nunca aceptaba mi llamada. Tenía que hablar con él porque me estaba angustiando y no sabía cómo afrontar esta indiferencia.

El miércoles por la tarde apareció Rubén por mi trabajo. Me alegré tanto al verle, me sentía tan sola y despreciada que me eché a llorar según me monté en su todoterreno. El muy capullo me dejó desahogarme para después llevarme a un sitio horrible, una especie de aparcamiento subterráneo medio abandonado donde me hizo una comida de coño magistral y yo le hice una mamada, hasta que su corrida llenó mi boca. Me hubiese gustado continuar y follármelo, lo necesitaba, pero la luz del interior de su coche y el sitio donde nos encontrábamos me hacía sentir muy incómoda y le pedí que nos fuésemos.

Esa noche cenamos juntos y pude sentir algo de calor humano, lo necesitaba, pero mi cabeza no dejaba de pensar en Dani, en que había faltado a mi promesa y había caído otra vez en la tentación de estar con Rubén. Esa noche cuando llegué como era habitual, mi marido no estaba, pero extrañamente notaba cierta euforia al haber tenido algo de sexo con Rubén.

La tónica de la semana fue esa, yo hacia mi vida y mi marido hacia la suya, prácticamente ni nos mirábamos ni nos hablábamos. No entendía que habiendo iniciado un acercamiento palpable hacia Dani, él no me aceptase. El jueves mi marido me informó que ese fin de semana tendría que pasarlo fuera por motivos de trabajo, que se iría el viernes a medio día y vendría el domingo por la tarde si no había problema con el cliente.

Entonces ese viernes cometí la mayor estupidez de mi vida. Estaba muy excitada, muy cachonda y necesitaba follar, mi cuerpo me lo pedía. Por la noche llamé a Rubén y quede con él. Me vestí lo más provocativa que pude para que me desease y a las tres de la mañana entrábamos por la puerta de mi casa, besándonos como desesperados.

Nos desnudamos en el salón y ya en un sillón con mis muslos apoyados en la parte alta del respaldo y Rubén sentado hicimos un extraño y morboso 69. En el sofá me folló con dureza y llenó mi útero con su corrida. Cuando terminamos fuimos a la cocina a tomar algo de beber y en la encimera me folló el culo. Esa primera noche terminamos tarde. No había estado del todo mal, me había corrido como una guarra muchas veces, aunque había echado de menos la polla de mi marido, grande, larga, gorda y venosa, pero a falta de pan…

Durante ese más de día y medio que Rubén estuvo en mi casa me folló como quiso, cuando quiso y donde quiso. No le puse pegas ni peros. Nuestra cama de matrimonio fue testigo de las mayores guarradas, por primera vez sentí una doble penetración. Mientras Rubén follaba mi coño con saña, un pepino me follaba el culo, creo que nunca me he corrido de la manera que lo hice experimentando eso.

El sábado nos despertamos tarde, pero antes de levantarnos, Rubén me volvió a comer el coño de manera soberbia aunque a esas alturas debía de saber a un compendio de fluidos, semen y sudor que no quiero imaginármelo, pero le dio igual, él disfrutaba entre mis piernas y yo lo gozaba. Cuando alcancé mi orgasmo y estando los dos muy excitados nos fuimos a duchar y dentro de la ducha me folló el culo hasta que se corrió en mis intestinos.

Pasamos todo en día en casa, desnudos, metiéndonos mano continuamente. Yo me dedicaba a excitar en todo momento a Rubén, le tenía con la polla siempre arriba. Se había corrido en mi coñito, mi culo, ahora quería que se corriese en mi boca. Le senté en el sofá y me metí entre sus piernas comenzando una mamada muy tranquila y sensual. No sé en qué momento vi que me estaba grabando con el móvil y me enfadé con él.

—¿Pero te has vuelto loco? —dije enfadada.— Borra ahora mismo eso.

—No mi amor, déjame grabarte para tenerte siempre cerca de mí. Así cuando no te tenga y te recuerde, por lo menos me hare una paja viendo cómo me la chupas.

Mi estupidez no me dejaba ver con claridad. En esos momentos fue lo más romántico que me había dicho. Solo le puse como condición que cuando terminase me lo pasase a mí también. Rubén me llenó la boca con su corrida y todo quedó grabado. Por la tarde volvimos a follar, creo que este tío se tomó un Cialis porque no entendía como siempre estaba tan dispuesto, era una máquina de follar. Volvió a grabarme y yo tonta de mi le ofrecí mis mejores poses para que el objetivo recogiese como su polla me percutía sin descanso.

En la madrugada del domingo, agotada por los orgasmos me dormí abrazada a Rubén. Estaba tan a gusto, me sentía tan bien que enseguida me quedé dormida, hasta el día siguiente, que Rubén me despertó excitándome hasta que volvimos a hacer el amor. Antes de irse volvimos a follar y poco antes de comer y aunque Dani me había dicho que llegaría por la tarde, no quise tentar a la suerte y nos despedimos.

Ya en el recibidor, con él vestido y yo completamente desnuda nos comimos la boca como los amantes enfebrecidos que éramos. Sus manos recorrían mi cuerpo y amasaban mi culo con lascivia. Cuando abrí la puerta y él salió le dije un sentido —Te quiero,— él solo me sonrió y acarició mi cara. Toda la tarde del domingo la pasé como en una nube arreglando mi casa y cambiando las sábanas de la cama que estaban llenas de lamparones de nuestros fluidos; no me acordé en todo el fin de semana de mi marido hasta el momento en que cerca de media noche escuché como metían la llave en la cerradura de la puerta.

Cuando entró me miró indolente y nos saludamos como dos extraños. Intercambiamos tres palabras, se metió en nuestra habitación y cuando salió se sentó frente al ordenador y ya no me hizo caso, me daba igual, mañana era lunes y estoy segura que volvería a ver a Rubén.

Esa noche me dormí plácidamente pensando en mi fin de semana. No era consciente de lo que había desencadenado y que desembocaría en la destrucción de mi vida y mi matrimonio.

Daniel.

Desde que hablé con Feli por la mañana estaba contando los minutos para poder volverla a ver. Pensaba que quedaríamos por la tarde, pero mi alegría fue enorme cuando me llamó a medio día y me dijo que si me apetecía comer con ella a lo que yo le contesté enseguida que sí. Los dos teletrabajábamos con lo que me dijo que me llevase mi ordenador portátil y lo hiciésemos juntos desde su casa.

Realmente desde que llegué a su casa trabajamos más bien poco. Terminamos de hacer lo que teníamos entre manos y dejamos abiertos los programas por si alguien de nuestra organización se comunicaba con nosotros por Teams. El resto del tiempo nos lo dedicamos a nosotros.

No pude evitar fijarme en cómo iba vestida Feli, no iba espectacular, iba de andar por casa, pero sería que yo la miraba con ojos golositos o que ella era una mujer que no dejaba indiferente a nadie, creo que no lo he comentado pero Feli tenía un gran parecido con Megan Fox. Cuando llegué a su casa solo llevaba una camiseta larga a medio muslo pegada a su cuerpo y las zapatillas que se utilizan cuando estas en tu casa, las de toda la vida. Se apreciaba su ropa interior sin problema, su sujetador y su tanga que le hacia un culo precioso, la caída de la camiseta marcaba la raja de su culo y daban unas ganas enormes de amasar ese par de nalgas.

Mientras terminábamos nuestros respectivos trabajos, me estuvo preguntando, interesándose por mí:

—Ayer cuando te fuiste me dejaste muy preocupada. ¿Hay alguna novedad? ¿Has dormido bien?

—No, no hay nada reseñable. Nos seguimos ignorando mutuamente y la indiferencia entre los dos es muy palpable.

—Dani, ¿cómo ves tu relación con Eva en estos momentos?

—Muy, muy dañada. Me estoy haciendo a la idea de cómo va a ser el final de esta historia y terminará en divorcio con toda seguridad.

—¿Estás seguro que tu mujer te está engañando con otro?

—Muy seguro Feli, pero es que no lo puedo probar con hechos. Lo único que podía aportar es una mancha de semen en un vestido suyo y te aseguro que no era mía, pero ya está lavado y esa prueba borrada. En estos momentos es su palabra contra la mía

—¿Seguro que era de semen?

—Aunque ya estaba algo seca, se notaba muy reciente, casi te podía asegurar que era de esa noche y el olor era muy intenso.

—Bueno cielo, yo solo quiero asegurarme que haces lo correcto y no es ninguna paranoia tuya.

—Feli, ¿cómo puedes decir eso? Tú me conoces. —Respondí molesto.

—No te enfades, sabes que estoy contigo y no pienso dejarte solo, entre los dos descubriremos que es lo que ocurre. Por lo pronto, he contactado con un comercial de una empresa que se dedica a sistemas de video y que nos debe un par de favores. Ya que no es posible una agencia de detectives, vamos a llenar tu casa de cámaras de video, para ver qué es lo que hace tu mujer. Es una técnica que empieza a ser muy usual para probar una infidelidad.

—¿Tú crees que mi mujer va a llevar a su amante a nuestra casa?

—Te aseguro que sí. Así me enteré yo de que mi pareja me ponía los cuernos.

Es cierto, yo no sabía nada de ella desde que nos separamos. Me contó por encima que tuvo varias relaciones pero solo una llego a salir bien. Feli pensó que era la definitiva hasta que las cosas empezaron a ir mal entre ellos y al final le pilló follando con otra en su cama.

—¿Y qué ocurrió para que tu ex te hiciese eso?

—Eso es muy personal y no creo que te lo cuente nunca. —Respondió Feli algo molesta.

—Vengaaa Feli, ¿a estas alturas de la vida me dices eso?

Me miró dubitativa. Si hay algo que nos caracterizaba a Feli y a mí, es la confianza que nos teníamos desde que nos conocimos aunque me “putease”.

—Buscó fuera de casa lo que no quería darle yo. Eso es lo que hizo ese desgraciado. —Respondió enfadada y poniéndose colorada.

—¿Y que no querías darle? —Pregunté con maldad.

Feli me miró enfadada, molesta, incómoda, enfurruñada y colorada como un tomate. Sabía que me lo quería decir, pero no era capaz de soltarlo por su boca, así que le ayudé.

—Ya me lo has dicho sin palabras. Tu ex te quiso follar el culo y tú te negaste en redondo.

—Pues sí,—dijo enfadada.— Es que los tíos estáis obsesionados con follaros los culos de las tías, y eso es una guarrada, duele un montón y es contranatural.

—Eso es lo que te han contado, pero no es tu experiencia. Te aseguro que bien hecho y preparando bien el terreno, es de lo más placentero, tanto para la mujer, como para el hombre.

—Vaya, parece que tienes mucha experiencia en el tema. —Dijo con ironía y muy molesta— ¿Acaso te has follado muchos? Seguro que sí, hasta el de Eva, que debe estar más abierto que un 24 horas.

—¿Por qué te enfadas tanto? Esto ha empezado por que te comentado si Eva sería capaz de llevar a ese mamón a nuestra casa y tú lo has afirmado con rotundidad.

—No sé, quizás me veo a mi misma el día que lo descubrí, le preparé una trampa. Le dije que me marcharía un fin de semana y esperé pacientemente a que llegase con su amante. Los pillé a los dos desnudos cuando ese cabrón ya la estaba enculando.

—Pues mira, me acabas de dar la idea para llevar a cabo.

—Dani, tenemos mucho que hacer y mucho tiempo que recuperar, —me dijo Feli con una sonrisa traviesa.

A las tres de la tarde dimos por concluida nuestra jornada de trabajo y Feli y yo nos fuimos a la cocina a preparar la comida. Estuvimos charlando de nuestras vidas, de lo mal que lo pasó cuando nos separamos y de la sensación de angustia que le acompañó durante días al enterarse que Eva y yo nos casábamos.

—Tú no me viste, bueno el caso es que no quería que me vieses, pero estuve en tu boda, vi la ceremonia y cuando os disteis el sí quiero, salí de la iglesia llorando. Lo pasé muy mal.

—Feli, no sé qué decir, yo…

—No digas nada, tú no eres el culpable, aquí la única culpable fui yo. Jugué contigo, sé que te hice sufrir, que jugué con tus sentimientos. Tuviste razón al decirme que solo me di cuenta de que te quería más que a mi vida cuando vi que solo tenías ojos para Eva. Quise recuperarte, pero ya era tarde. Me sentí como si tuviese el boleto de lotería premiado y jugando con él, se lo llevase el viento sin posibilidad de recuperarlo.

Noté el estremecimiento de Feli. Ese último comentario hizo temblar su voz, estaba de espaldas a mí pero sabía que estaba llorando. Me acerqué y la abracé desde atrás pegando mi cuerpo al suyo, quería que me sintiese, que supiese que estaba con ella.

—Pues mi amor, el destino te ha devuelto tu boleto de lotería, no vuelvas a perderlo. —Susurré en su oído.

Feli se dio la vuelta y me miró con sus ojos llenos de lágrimas. La abracé por la cintura y levantándola la puse a mi altura, acaricio mi cara con cariño y por primera vez desde que nos conocimos nos besamos como poseídos, en un beso lleno de amor, cariño y deseo.

Comimos como dos enamorados, yo me encontraba muy a gusto hasta el punto de no acordarme de mi mujer. En esos momentos solo tenía ojos para Feli y yo la veía feliz. Cuando terminamos de comer, Feli quito los respaldos del sofá para que nos tumbásemos y cupiésemos los dos y así poder ver la televisión.

—Abrázame y no me sueltes, quiero sentirte. —Me pidió Feli.

La abracé contra mí, mi brazo derecho por debajo de su cuerpo y por encima de sus tetas y el izquierdo abrazándola contra mi mientras una mano acariciaba la parte baja de sus tetas. Ella pego su cuerpo al mío, su culito en contacto directo con mi entrepierna y nuestras piernas intentando enredarse para sentirnos más. Ella empezó a mover sus caderas, a frotarse contra mí ya crecida polla. Me estaba poniendo malo, llevaba entre unas cosas y otras más de dos meses sin follar, ni tan siquiera cascarme una maldita paja debido al bajón que arrastraba.

Se separó un poco de mí y echando sus manos detrás de su cuerpo buscaron mi polla a través del pantalón y acarició mi excitación.

—Uffff, Feli, no te lo vas a creer pero estoy a punto de correrme.

Feli se dio la vuelta y se quedó frente a mí, mirándome a los ojos. Su pierna derecha pasó por encima de mi cuerpo quedándose abierta de piernas. Agarró mi mano izquierda y la llevó hacia su coñito, cuando lo toqué por encima de su braguita, cuando mi mano abarcó su entrepierna y lo amasé con lujuria, Feli soltó el aire de sus pulmones en un gemido muy sensual.

—Dioooos como deseaba estoooo. —Gimió Feli.— Pensé que esto no ocurriría tan pronto, pero lo soñaba desde que te vi ayer por la noche.

Feli me llevó a la ducha y nos desnudamos mutuamente. Cuando vio el pollón que la iba a follar me miró con deseo y se llevó las manos a la boca.

—Joder Dani, siempre escuché bulos de que la tenías enorme, pero la realidad supera con mucho los comentarios.

Dentro de la ducha me hizo una mamada que hizo que me corriese en nada de tiempo. Yo le comí el coño hasta que su orgasmo inundó mi boca, creo que los dos lo necesitábamos para rebajar la excitación que teníamos. Cuando nos secamos y entramos en la habitación de Feli, ella muy sensualmente entro a gatas mostrándome su retaguardia, joder, no me extraña que su ex quisiese follarle el culo.

No lo pude evitar, me lancé a ese manjar que Feli me ofrecía. Lamí su coñito y su anito hasta que la hice explotar en otro orgasmo devastador. La follé con saña, con dureza. Mi polla barrenaba su coñito mientras mi dedo pulgar jugaba con su anito. Empezó a correrse una y otra vez hasta que yo, a punto de alcanzar mi orgasmo hundí mi dedo pulgar en su culo y los dos explotamos en un orgasmo que nos dejó destrozados y fatigados, con el coño de Feli anegado con mi corrida.

Sobra decir que nos pasamos la tarde entera follando como animales, recuperando el tiempo perdido y saciando nuestro apetito sexual. Feli me folló de todas las maneras posibles. Me corrí en su coño y en su boca. Me comí sus tetas, perfectas y me pidió que no dejara de follarle su anito con mi lengua y con mi dedo pulgar mientras mi polla le rompía el coño. Por primera vez de forma velada, me dejó caer que quizás, en un futuro, pudiese follarle su culito con mi polla.

En ningún momento tuve arrepentimiento de haber hecho lo que había hecho con Feli. Dice el refrán que la mancha de una mora con una verde se quita y las semanas de indiferencia, la frialdad y el desapego que demostraba Eva hacia mí, habían hecho que mi amor por ella, esa pasión y la complicidad que había entre nosotros, prácticamente desapareciese. Cuestionaba hasta que Eva notase que mi rutina había cambiado y prácticamente coincidíamos muy de vez en cuando. El que Feli entrase de nuevo en mi vida con esa fuerza y ese cariño me hizo mirar todo con otros ojos.

Durante los siguientes días, aparte de follar como condenados, estuvimos viendo diferentes estrategias a seguir para averiguar qué ocurría con mi mujer. Mi principal obsesión era averiguar quién era su amante, quería cerciorarme que estaba en lo cierto y no eran imaginaciones mías. Todo apuntaba a que sí, que había una tercera persona, solo había que confirmarlo.

La primera respuesta afirmativa fue demoledora. Se le ocurrió a Feli un sábado que estábamos en su casa descansando del ultimo polvo. Entonces se le ocurrió:

—Oye Dani, me has dicho que tu mujer utiliza mucho el ordenador portátil y su teléfono, ¿no?

—Bueno si, algunas veces se pone con su ordenador y su móvil al lado, ¿por?

—Estoy pensando…Quizás tu mujer utilice la página web de wasap en su ordenador. Me explico, si tiene ese programa y lo utiliza habitualmente, tú puedes entrar en el wasap de su teléfono móvil a través de su ordenador portátil sin problema ya que está vinculado, claro está, siempre y cuando su ordenador no tenga contraseña. ¿No lo sabías?

—Realmente, no se me había ocurrido. Creo que si tiene contraseña, pero si no la ha cambiado, me la sé. —Respondí pensativo.

—Pues aunque no sea muy ético y sabes que estás invadiendo su intimidad, creo que es la única manera de que saques algo en claro, siempre y cuando tu mujer no haya borrado ese posible contacto, si es que existe.

La madrugada del domingo llegué cerca de las cinco de la mañana a mi casa. Supe que mi mujer estaba allí nada más entrar al ver su bolso y sus llaves, aunque todo estaba apagado y entendí que estaba durmiendo. Miré hacia la mesa donde se encontraba su ordenador portátil, a su lado estaba su teléfono cargando. Con miedo, levanté la pantalla y apareció la contraseña, la introduje y ante mi apareció el escritorio de Windows 10. Abrí el navegador y en favoritos apareció el acceso que me comentaba Feli, cliqué sobre él y entré en el wasap de Eva sin problema.

Fue el primer contacto de la lista, un tal Rubén. Según abrí el chat, se me hizo un nudo en la garganta y me dio una punzada de traición y celos en el estómago. Había de todo, la muy gilipollas no había borrado nada, fotos de ella desnuda, videos, fotos de un primer plano de su sexo, videos de una polla enorme corriéndose…había de todo, incluso chats de ese sábado quedando para follar. No quise ver mucho más, estaba devastado, destrozado. Me limité a seleccionar todo y enviarlo a un pendrive, ahora no me pillaría si se le ocurría borrarlo.

Me eché a llorar desconsolado. En esos momentos quise tener a Feli a mi lado. Aunque yo también había traicionado a mi mujer, me sentía agraviado por los casi dos meses de maltrato psicológico de mi mujer que me hicieron perder parte de mi autoestima. No sé cómo pude ir a nuestra habitación y acostarme a su lado, no podía dejar de llorar, hasta que el cansancio me venció y me quedé dormido.

Dormí poquísimo, creo que no llegó ni a noventa minutos. Me levanté, me duché, desayuné algo y me puse frente al ordenador para decirle a Feli que yo tenía razón, había una tercera persona y para confirmarlo le envíe alguna foto y los últimos chats quedando para follar.

Solo recuerdo, estar en el salón, terminando algo que dejé pendiente de mi trabajo y mi mujer muy conciliadora, preguntándome algo con una voz que me sacó de mis casillas. Solo sé que le respondí muy mal, no quería verla, no quería escuchar a esa puta que me había engañado. Algo recuerdo de su cara de disgusto, y Feli escribiéndome que me fuese de esa casa por si se me ocurría hacer un disparate, estaba desolado.

El domingo lo pasé fatal, estuve en casa de Feli pero me pasé llorando casi todo el día. Feli no me dijo nada, creo que me entendía, o eso esperaba, porque ahora fríamente me estaba comportando como una nenaza. Solo se limitó a darme cariño, mucho cariño y apoyo. La madrugada del lunes no me quedó más remedio que irme a mi casa de nuevo. No me apetecía, pero Feli me dijo que si no aparecía por unos días sin motivo, la zorra de mi mujer me podía denunciar por abandono del hogar.

Decidí hacer mi vida sin contar con ella. Aunque ya sabía que me engañaba, quería saber quién era ese tal Rubén por el que mi mujer me había cambiado. Feli intentó disuadirme, si ya tenía respuestas, ¿para que seguir? Pero lo siento era muy cabezota. Ese lunes por la mañana, noté a mi mujer muy receptiva pero ya era tarde. Según salió por la puerta me puse en contacto con los abogados de mi empresa y les pedí que fuesen preparando los papeles de mi divorcio, esto ya era imparable

El miércoles le pedí a Feli que nos fuésemos por la tarde al trabajo de mi mujer. Quería intentar hablar con Luisa, la mejor amiga de Eva. Quiso el destino que saliese mi mujer y nada más salir llego un todoterreno conducido por un tipo que me era muy familiar…Siiii, era ese hombre que vi una vez con Luisa y Eva yéndose a comer. Fue revelador ver como mi mujer se abrazaba a ese desgraciado y le besaba, ya conocía al tal Rubén.

Al poco vi salir a Luisa que miró con cara de pocos amigos la escena. Los dos ocupantes del todoterreno ni repararon en ella, enseguida iniciaron la marcha y se lo pedí a Feli.

—Hazme el favor Feli, sigue a esos dos a ver dónde van y que es lo que hacen. Yo necesito hablar con Luisa antes de que la pierda de vista.

Me baje del coche, y vi salir a toda prisa a Feli. Yo a la carrera, conseguí alcanzar a Luisa que con paso ligero se dirigía al metro para irse a su casa, me imagino. Cuando llegué a su altura toqué su hombro y la llamé por su nombre, cuando me vio se quedó pálida.

—Da…Dani, ¿qué haces aquí? ¿a qué has venido?

—Creo que ya sabes por qué estoy aquí. Tu eres la mejor amiga de mi mujer y creo que tienes las respuestas que necesito. Luisa, ya no puedo seguir así, espero que lo entiendas.

—Anda, vamos a tomar algo. —Dijo Luisa.

Me contó que el tal Rubén era amigo suyo y que era el tipo del todoterreno. Que un día lo llevó a una de las fiestas de la empresa y fue donde conoció a Eva.

—Te aseguro que cuando me fijé en como ese capullo miraba a tu mujer pensé para mí, —date por follada.— Rubén me pidió ir a la siguiente fiesta y allí me di cuenta que ya sobraba, se olvidaron de mí y ellos dos se lo pasaron en grande, no ocurrió nada grave pero tu mujer ya le daba ciertas libertades y eso no me gustó nada. Al día siguiente se lo recriminé, le advertí que Rubén no es trigo limpio, es un sinvergüenza y podía salir mal parada, pero no me hizo caso, incluso me acusó de celosa. Desde ese día nuestra amistad se ha enfriado mucho. A partir de ese momento ellos quedaban por su cuenta, ya no contaban conmigo.

Poco más me conto de ese mamón, solo me dio su Facebook y su Instagram, por si quería saber más de él. Me pidió perdón llorando porque por su culpa estaba pasando esto.

—No Luisa, tú no eres culpable de nada. Fue Eva la que tomó la decisión, nadie la obligó a hacer lo que ha hecho.

Nos despedimos y le mandé un wasap a Feli diciendo que iba hacia su casa y que la esperaría allí. Estuve esperando como una hora y media, estaba que me subía por las paredes, la ira dentro de mi crecía como la espuma. Cuando llegó Feli me monté en su coche mientras se abría el portón del garaje. Vi su cara de circunstancias, sabía que algo malo había visto y se lo pregunté:

—¿Has visto algo, verdad?

Feli solo asintió con la cabeza, mientras aparcaba el coche en su plaza de garaje. Cuando terminó, paró el motor y me miró muy intensamente.

—La prueba de que tu mujer te es infiel la tengo en mi teléfono móvil. Los he grabado, no han follado, pero si han tenido sexo oral y te aseguro que ese hombre se ha corrido en la boca de Eva y ella no ha hecho nada por evitarlo. Y por cierto, ¿en qué pensaba tu mujer cuando se lio con ese tío? Tiene una pollita de mierda y ya sé que el tamaño no importa…¡¡VENGA YA!!, —exclamó Feli sonriendo,— ni yo me creo lo que he dicho, el tamaño si importa, doy fe de ello.

Le tuve que insistir mucho, para que me enseñase lo que había grabado, Feli no quería que sufriese, pero al final lo vi. Se me revolvió el estómago viendo a Eva espatarrada en el asiento trasero de ese todoterreno y la cabeza de ese desgraciado entre las piernas de mi mujer comiéndole el coño. No pude dejar de fijarme en su cara de placer, sus gestos que yo conocía, y su explosión cuando alcanzó su orgasmo. Vi como mi mujer se recuperaba de su éxtasis y como ese hijo de puta se sentaba y mi mujer empezaba una felación lenta hasta que ese desgraciado llenaba su boca con su corrida. Son imágenes que creo que nunca olvidaré, así pasen cien años.

—Feli, ¿tienes ya ese kit de cámaras del que me hablaste?

—Bueno, sí, pero teniendo lo que he grabado, ¿para qué quieres más?

—Quiero saber hasta donde es capaz de llegar la golfa de mi mujer. Quiero saber si es capaz de llevar a ese mamón a nuestra casa y follárselo en nuestra cama.

—¿Pero por qué te quieres hacer eso? Ya tienes la prueba que querías, ahora haz lo que tengas que hacer y deja de castigarte, asúmelo de una vez, tu mujer te engaña. —Contestó Feli enfadada.

—Descuida, lo tengo muy asumido.

—¡¡¿ENTONCES POR QUE QUIERES SEGUIR?!! —Pregunto Feli, alzando la voz.

—¡¡PORQUE QUIERO HUMILLARLA, VALE, QUIERO QUE…QUIERO…!! —No llegué a terminar, apreté mis puños, mientras mis lagrimas empezaban a caer.

—Bien, tranquilízate, lo haremos como tú quieras, estoy contigo hasta el final, solo, que no quiero verte sufrir y esto te está destrozando. —Terminó diciendo Feli.

Subimos a su casa y estuvimos mirando los perfiles de Facebook e Instagram del tipo ese. Desde luego el tal Rubén era una “joyita” con infinidad de historias y fotos en su muro de sus conquistas. Hasta hacía referencia a Eva en uno de sus comentarios con una foto que hasta a mí me dio vergüenza, vestida con un top sin sujetador y una minifalda tan mini que dejaba poco a la imaginación, no se le veía la cara, pero yo conocía el cuerpo de mi mujer. Los pocos comentarios que leí se referían a ella como “esa puta” y es que esa es la imagen que daba.

Quedé con Feli al día siguiente jueves en mi casa para preparar todo. Cuando lo tuvimos listo con todas las cámaras en salón, dormitorio, baño y cocina hicimos la prueba y todo funcionaba perfectamente, las cámaras tenían sensor de movimiento y se activarían solo cuando algo o alguien se moviese. Todo funcionaba a través de wifi con lo que las grabaciones subirían directamente a la nube. Todo estaba listo, ahora solo había que activar la trampa.

Si le hizo gracia o no a Eva el que yo me fuese el fin de semana no lo puedo asegurar, me miró con ese atisbo de indiferencia que llevaba utilizando desde hacía muchas semanas. Cuando me fui activé las cámaras y me fui a casa de Feli que me tenía preparada una sorpresa. Según llegué, ella tenía también preparada una bolsa de viaje y sin dejarme entrar en su casa me lo dijo.

—Cualquier sitio es bueno para pasar un fin de semana contigo. Pero pasarlo fuera de mi casa es mejor. He alquilado una casita rural en la sierra de Madrid, creo que nos vendrá bien un cambio de aires.

No lo niego, fue algo que me sorprendió y que hizo en parte, quitarme esa pesadez que arrastraba en mi cabeza desde que todo esto empezó. Fueron dos días y medio muy buenos, que siempre los recordaré con mucha tristeza y cariño, por lo que significaron en mi vida.

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