ESRUZA

En ese extenso, muy extenso campo, -ahora muy verde,- que todavía veo, camino, camino hasta el final del mismo, y ahí, donde nadie me ve ni me escucha, me siento en un pequeño promontorio y hablo contigo, y te digo muchas cosas, esperando que el viento, -ese viento compañero que acaricia suavemente mi rostro,- te lleve mis pensamientos y los deposite en tu mente. Lejos estás, pero en ese mi rincón, estás conmigo y puedo hablarte, te hablo en voz alta porque nadie me escucha, sólo tú estás conmigo.

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