FERNANDO

Eva.

La verdad es que estaba exultante con mi vida. Tenía un trabajo que me gustaba a rabiar, un marido que era un amor y me tenía llena de detalles y una vida llena de fiestas y oportunidades. Con Dani tenía tanta confianza que me dejaba salir a fiestas y sola, bueno, y con Luisa una buena amiga y compañera de trabajo.

Antes de que pongáis el grito en el cielo, a las fiestas que me refiero son eventos, fiestas de empresa. Por suerte mi empresa de interiorismo era una de las primeras en el sector y siempre había que ir a sitios donde nos reclamaban.

Digamos que el que hubiese una buena representación de nuestra empresa, subía el status de esa reunión de gente que intentaba vender sus productos. Todas las semanas siempre teníamos una o dos de esas fiestas aunque podíamos llevar a nuestras parejas sin problema. Dani asistió a dos y ya no volvió a venir, se aburria soberanamente, principalmente porque había mucho estilista amanerado, el ambiente era muy gay y en eso le doy la razón aunque me ría…fueron varios los que le tiraron la caña, a ver si picaba y es que es cierto, había mucha pluma en esas reuniones.

Aunque no era de llegar tarde, he de reconocer que alguna vez había llegado de madrugada, al juntarnos con algunos compañeros y compañeras y haber seguido la fiesta. Nunca di pie a nada con nadie. Podía ser una amiga o una buena compañera de trabajo pero ahí quedaba la cosa, no permitía que se traspasasen ciertas líneas rojas.

Siempre que llegaba a casa, ya fuese pronto o de madrugada, me duchaba para quitarme el sudor de los sitios cerrados, porque me relajaba y por qué no decirlo, para que mi maridito me follase bien follada. Era algo que me tenía fascinada, que mi marido siempre estaba dispuesto a follarme a comerme el coño y a regalarme unos orgasmos barbaros, fuese la hora que fuese. Hasta un día me metí desnuda en la cama a las cuatro de la mañana y me dejó reventada a base de pollazos. Esa noche nos dormimos a las siete de la mañana, por suerte como el teletrabajaba y yo cuando teníamos estas fiestas podía tomarme la mañana libre, nos la pasamos durmiendo o retozando como adolescentes salidos.

En un coctel que nos invitaron en un conocido hotel, mi amiga Luisa apareció con un tipo que aunque en un principio no llamaba la atención, una vez lo conocías y hablabas con él, era divertido, ocurrente, adulador y algo pícaro, pero había algo en el que me gustaba mucho y eso no era otra cosa que iba tatuado, me encantan los tíos tatuados y tenía ese punto canalla que tanto nos pone a la mayoría de mujeres.

Esa velada lo pasé genial, no paré de reírme con sus ocurrencias y sus chistes y como mujer, no pude dejar de observar cómo me comía con la mirada. Realmente no me importó, yo estaba muy segura de mí misma y bueno, ¿a qué mujer no le gusta sentirse deseada? Llegué de madrugada a mi casa y como siempre me duché y cuando me metí en la cama completamente desnuda, mi marido me folló hasta dejarme agotada. Además ese día cuando llegué a mi casa iba especialmente excitada, sin querer reconocerlo las miradas de Rubén me habían puesto cachonda. Me lavé bien mi culito, los dos primeros orgasmos fueron vaginales, el resto hasta caer agotada notaba la polla de mi marido rompiéndome mi culito y llenándome los intestinos de su rica leche.

Al día siguiente no pude dejar de hablar de Rubén, que así se llamaba el amigo de Luisa, con mi compañera de trabajo.

—¿Dónde tenías escondido a este hombre? Creo que nunca me lo he pasado tan bien, como ayer por la noche. —Le comenté a Luisa.

—Bueno, es un amigo de hace muchos años, viene y va, no es que tengamos una relación de amigos inseparables.

—¿Solo amigos? —Pregunté con intención.

—Siiii solo amigos. —Respondió Luisa con paciencia.

A ver, conocía a mi amiga, era una pelirroja despampanante, algo más alta que yo y con un cuerpazo increíble. Cuando íbamos las dos juntas, nos decían auténticas burradas que a mí me molestaban algo pero a mi amiga le gustaban. Era una mujer muy ardiente y todos los fines de semana se follaba a dos o tres tíos. Sé el tipo de hombres que le gustaban, y Rubén era de ese tipo de hombres que no dudaría en llevarse a la cama.

La miré dudando en creer lo que me decía y a modo de tercer grado, enfoqué su cara con mi lampara:

—Y voy yo y me lo creo. Vamos bonita desembucha. —Dije acercando mi cara a la suya.

—Valeeee…hubo mucho tonteo al principio, mucho beso, mucha metida de mano, pero de ahí no quise pasar.

—¿Por qué? —Pregunté por curiosidad.

—¡¡Ay Eva!! No te sabría decir, pero hay algo en él que no me termina de convencer, no te puedo decir lo que es porque no lo sabría describir, pero me hizo desconfiar.

—¿Desconfiar? Pues yo ayer vi a un hombre de lo más normal…¿No será que te estas volviendo una “tiquismiquis”?

—Ya, porque ayer estaba muy ocurrente y simpático, pero si intentase seducirte verías que algo rechina en su comportamiento. Pero claro, eso no lo podrás averiguar, ni se te ocurra, va en serio y en contra de tus principios.

—Lo que si me fije ayer es como me desnudaba con la mirada, resultaba perturbador.

—Cariño, Rubén desnuda con la mirada a cada mujer que conoce y le gusta. ¿Sabes lo que me dijo cuando me fue a recoger con su todoterreno?

—¿Qué te dijo?

«Cariño, por qué no pasamos de esa fiesta y nos vamos a follar a un sitio que conozco»

—Le dije que como se pusiese pesado llamaba un taxi y le dejaba colgado.

—Hija, que siesa eres, yo no me lo hubiese pensado. Antes de esas fiestas tan aburridas, es mejor dar una alegría al cuerpo.

—Eva. ¿No estarás pensando en…?

—Noooo, no por Dios, dije poniéndome seria. Era solo una comparación entre…entre eso y la fiesta, nada más.

Pero si lo había pensado. Me había imaginado a mí en el lugar de Luisa, y me veía follando con Rubén. Fue un pensamiento efímero que ni llegó a excitarme pero que si me produjo cierto desasosiego.

Como ese pensamiento, mi recuerdo de Rubén se diluyó en mi mente y ya no volví a pensar en él. De hecho si me lo hubiese cruzado por la calle ni le habría conocido, mi prosopagnosia era tan eficaz que ni me acordaba de su cara ni de sus rasgos faciales.

Mi amiga Luisa me miró con cara de escepticismo y eso me hizo sentir incomoda. No quería que pensase que me quería follar a ese tío porque no, era de todo punto imposible, aunque me atrajese. En el fondo quería saber todo de él, pero por no levantar sospechas y evitar preguntas incomodas opté por callarme y dejar correr el asunto.

Mi vida como tal ni se vio afectada. Seguía siendo la misma, con mi trabajo, mi vida y esas fiestas o eventos de empresa, como lo queráis llamar, a las que debía de asistir como responsable de la sección de arquitectura interior. No puedo precisar cuánto tiempo había pasado, calculo que un mes o algo más. Estaba en la barra del local donde se celebraba otro evento, cuando alguien me abrazó por detrás y me dio un beso en mi mejilla. Enseguida me revolví y deshice ese abrazo mientras asesinaba con la mirada a ese sobón que ni conocía:

—¡¡RUBIA!! Como me alegro de verte. —Dijo sonriente.

—¿Rubia? ¿Nos conocemos de algo? —Pregunté enfadada.

—Eva, no me digas que no me recuerdas que me hundes. —Dijo ese hombre poniendo cara de preocupación.

Me había llamado por mi nombre, así que me conocía. Podía ser uno de los muchos clientes que teníamos, o algún proveedor de los muchos que conocía, pero ninguno de ellos tenía ese trato de confianza, de eso estaba segura.

—Eva, soy Rubén, el amigo de Luisa y pensé que también el tuyo, pero veo que no te cause buena impresión, ni me recuerdas. —Dijo Rubén con disgusto.

—¡¡RUBÉN!! Perdóname cielo, —dije dándole un abrazo y un beso,— perdóname, pero soy una pésima fisonomista, claro que me acuerdo de ti, ahora sí. —Dije con alegría al volvernos a encontrar.

Lo mismo que la vez anterior, lo pasamos de película. Cuando Luisa nos encontró y Rubén le explicó lo sucedido, mi amiga se echó a reír comentándole que por eso siempre iba con ella, para recordarle quien era alguien que nos saludaba y no pusiese cara de asombro. Esa noche terminamos muy tarde, demasiado, tanto que cuando llegué a casa ni me duche y me metí en la cama con todo cuidado. Una cosa es que llegue a las tres y media o cuatro de la mañana, pero llegar a las siete, cuando casi el despertador de mi marido empezaba a sonar y encima muy perjudicada por el alcohol, era motivo de bronca y lo que no quería es que Dani se enfadase conmigo.

Me desperté muy tarde, tardísimo, serían las tres de la tarde. Dani no estaba en casa, me dejó una nota donde me decía que tenía que salir a hacer unos recados, pero tuvo el detalle de dejarme la comida preparada, era un cielo. Me metí en la ducha y empecé a recordar lo bien que me lo había pasado esa noche, pero sobre todo lo atento y cariñoso que Rubén era conmigo. Recordé varios momentos de la noche en que sé que le calenté, en que me agarró por la cintura y me arrimó a su cuerpo, mientras besaba mi mejilla muy cerca de la comisura de mi boca.

Cerré mis ojos y mis dedos fueron a buscar mi clítoris que a estas alturas estaba ya hinchado. Recordé como bajó su vista cuando intencionadamente dejé mis piernas ligeramente abiertas y se veía mi braguita tapando mi coño ligeramente. Intuí su erección y disfrute para mis adentros sabiéndome muy deseada. Imaginé como Rubén me tomaba y me follaba hasta hacerme explotar en un orgasmo devastador con su enorme polla…Dios…solo pensarlo y exploté bajo el agua de la ducha en un gran orgasmo mientras mis dedos chapoteaban dentro de mi coñito.

Creo que todavía me duraba la borrachera de esa noche. Cuando fui consciente de que me había masturbado pensando en otro hombre, me avergoncé de mí misma y me sentí muy mal. De alguna forma, aunque solo hubiese sido de pensamiento, había sido infiel a mi marido. No pasé un buen día, primero por la resaca, y luego por el cargo de conciencia al haber tenido ese momento de debilidad en la ducha.

Cuando llegó Dani a casa esa tarde, se comportó como el marido amoroso que era. Se interesó por mí, por la hora a la que había llegado. Le mentí, por primera vez desde que nos conocíamos le mentí. Le comenté que llegué agotada, que los zapatos me habían matado y cuando me fui a meter en la cama me tomé un calmante. Mentiras, todo mentiras. Esa noche, como si quisiese lavar mi culpa, me follé a mi marido hasta que me dijo que no podía más. Yo solo le pedía besos, muchos besos y que me abrazase fuerte contra su cuerpo, quería sentirme querida por él.

Cuando al día siguiente me encontré frente a mi amiga Luisa, su cara no era de las mejores. Estaba muy seria y me miraba acusándome con sus ojos.

—Te lo pasaste muy bien en la fiesta con Rubén, ¿no? Fuisteis bastante desconsiderados, me dejasteis olvidada mientras vosotros os lo pasabais en grande.

—Cielo, iba bastante borracha, te aseguro que recuerdo muy poco de esa noche.

—Eso no es excusa para lo que vi. Este consejo es gratis. Eva, Rubén no es trigo limpio, no juegues con él porque puedes salir muy perjudicada.

—¿Estas celosa Luisa?…venga yaaaaaa. —Rei burlona.

—¿Celosa, yo? Cielo, te recuerdo que yo me puedo follar a ese cuando y como quiera, pero mi intuición me dice que me aleje de él.

—Quizás sea eso, que no te lo has follado, tenéis una tensión sexual no resuelta por tus “intuiciones” y te jode que yo tontee con él, que obtenga su atención.

—Tú no eres la Eva que yo conozco, con sus principios férreos y sus ideas muy claras. No te dejes deslumbrar por un resplandor momentáneo, quizás cuando consigas abrir los ojos no te guste lo que vas a ver.

—Créeme Luisa, ya soy bastante mayorcita para tomar mis decisiones y poder leer entre líneas.

—Muy bien Eva, será como tú deseas, como siempre. Luego no me digas que no te he avisado.

A partir de ese día Luisa y yo enfriamos mucho nuestra amistad. Sabía que ese distanciamiento me pondría las cosas muy difíciles para poder seguir viendo a Rubén, y aunque eso hubiese sido lo lógico, lo correcto, el camino a seguir, sin querer reconocerlo me moría por volver a verle.

Hice una estupidez enorme, una de las veces en que Luisa se fue al baño, tomé su móvil, busqué el teléfono de Rubén y lo guardé en la agenda de mi móvil. Con eso me aseguraba el poder verle sin que Luisa se enterase, sonreí para mis adentros, disfrutaba de esta situación y tenía claro que no llegaría más allá.

Que ingenua fui. Aunque en las siguientes fiestas no acudimos las habituales, Luisa y yo, estaba deseando que llegase el día para poder verle de nuevo. Estaba segura que Rubén estaría en la misma situación que yo y aunque de vez en cuando me volvía la cordura y pensaba en la gilipollez que estaba pensando hacer con ese “chulo” y hacia autocrítica pero enseguida mis pensamientos más obscenos ocupaban mi mente y solo pensaba en volver a verle.

Pasaron unas tres semanas y otro evento significativo se celebraba en un importante hotel de la capital. Luisa y yo acudimos como siempre y aunque exteriormente parecía que entre nosotras no había pasado nada, por dentro nuestra amistad era gélida y no había ningún tipo de empatía.

Según entramos, Luisa se fue con un grupo de gente y yo me quede sola, expectante, viendo el panorama y buscándole con la mirada. Algo me decía que se encontraba allí, parecía que notaba su presencia hasta que vi por el rabillo del ojo como alguien se ponía a mi lado. Cuando miré hacia mi derecha allí estaba Rubén sonriéndome. Vi a Luisa mirándonos muy seria, con una mirada de desaprobación por su parte y una mirada de victoria por la mía.

Esa noche volvimos a pasarlo de fábula. Ese hombre era un crack haciéndome reír, divirtiéndonos. Era muy detallista aunque sacaba esa vena canalla que tanto me ponía y hacía que mis braguitas se humedeciesen. A ese encuentro le siguieron muchos más. Yo ya no contaba con Luisa para nada y no eran necesarias esas fiestas o eventos para vernos, solo quedábamos Rubén y yo y cada vez que nos veíamos era mejor que la vez anterior.

Ya le dejaba que sus manos llegaran a sitios prohibidos, bailando, mientras mi culo se rozaba bien con su polla y sus manos abrazaban mi cintura y dejaba que me tocase las tetas por la parte inferior o que estando sentados sus dedos trepasen por el interior de mis muslos hasta rozar mis labios mayores.

Una noche con tanto juego previo, y yo chorreando por mi coñito litros de fluidos, Rubén me agarró de la mano y nos escabullimos por las sombras hasta llegar a los baños de hombres. Era tarde, los baños estaban alejados y no había nadie, me metió en una cabina y nos besamos como desesperados. Sus manos no perdieron tiempo y me desabrochó el vestido dejando mi sujetador a la vista. Yo terminé de quitarme el sujetador ofreciéndole mis tetas para que las saborease.

Me volví loca de placer, sus manos habían subido mi vestido hasta la cintura y amasaba mi culo con gula, metiendo sus dedos por mis orificios, estaba poseída por el placer y entonces se arrodilló, me bajó el tanga, me lo quitó y apoyando un pie en la cisterna, me abrí de piernas y me hizo una comida de coño como pocas veces me lo habían hecho. Exploté en un orgasmo como hacia días que no tenía. Me dio la vuelta y le puse el culo en pompa. Abrió mis cachetes y el muy guarro lamió mi anito, follándome con su lengua mientras yo me acariciaba mi clítoris hasta que alcancé un nuevo orgasmo.

En ese momento, noté como Rubén se ponía en pie y oía como se bajaba los pantalones. En ese momento recobré la poquísima cordura que me quedaba y bajando mi vestido le dije que no, que no quería follar. Se que se molestó mucho, lo entiendo, pero joder, iba consumar la infidelidad hacia mi marido y eso no se lo merecía. Me pidió que se la chupase, pero también me negué, al final le hice una paja y cuando se corrió sobre mi tripa y mi vestido me puso perdida con su corrida, que manera de soltar leche. Nos vestimos, pero el cabrón de Rubén se quedó con mi tanga como recuerdo.

Esa noche cuando llegué a mi casa, avergonzada por lo que había hecho y sin bragas, me encontré a mi marido sentado en un sillón, esperándome mientras me acusaba con la mirada. Me quede pálida y no supe decir nada, ni saludé, solo aligeré el paso hacia nuestra habitación y entrando, me desvestí, agarré el primer camisón que vi y me metí en la ducha intentando lavar mi culpa. Temía salir, enfrentarme a sus preguntas porque no podía decirle la verdad estaba, asustada, hecha un lio y enfadada conmigo misma por haberme permitido llegar a ese punto.

Cuando salí del baño, Dani ya estaba metido en la cama. Me miraba, sí, pero no era una mirada acusadora, era una mirada de angustia, de sentirse perdido y no saber que hacer. Ignoré su mirada y me metí en la cama dándole la espalda, mi cabeza iba a estallar, por una parte maldecía a Rubén y a mí misma por haberme dejado liar y por otra me arrepentía por no haberme dejado follar por él, es lo que deseaba, pero joder estaba Dani. Mis sentimientos hacia mi marido eran claros, o eso creía, lo amaba, lo amaba con locura, pero el deseo del morbo de lo prohibido que sentía en esos momentos por Rubén lo eclipsaba. Estaba tan abstraída con mis pensamientos, que noté como una mano me tocaba mi hombro izquierdo. Rápidamente hice un brusco movimiento para evitar ese roce:

—¡¡NO ME TOQUES!! —Grité enérgicamente.

—Cariño…¿Qué…que te ocurre? —Oí a mi marido gimotear a mi espalda.

Me avergonzaba de mí misma, había rechazado a mi marido y un nudo agarrotó mi garganta ahogando un llanto al acordarme de mi madre y de cómo trató a mi padre, me estaba comportando igual que ella y me prometí a mí misma en su momento que yo nunca sería así. Dani me había dado la espalda y lloraba, lo sentía y me estaba rompiendo por dentro, me abracé a él y besé su espalda intentando tranquilizarle.

—Tranquilo mi amor, estoy pasando por un mal momento, pero pronto pasará.

No me dijo nada, yo me fui quedando dormida, sintiéndome como una mierda, notando como en silencio, mi marido lloraba por mí.

No sé cuánto tiempo pasó, si fueron horas o minutos. Me desperté sobresaltada y palpé la cama, no había nadie, y entonces pregunté en un susurro somnoliento, —¿Rubén?— Cuando fui consciente de donde me encontraba y quien debería estar a mi lado, me hubiese dado de bofetadas. Me incorporé y palpé de nuevo donde debería estar mi marido. Las sábanas estaban frías, al igual que su almohada, síntoma de que hacía rato que Dani se había levantado, miré la hora eran las ocho y cuarto, había dormido dos horas mal contadas, me levanté, pasé al baño a lavarme la cara y peinarme y me vestí de estar por casa, sabía que se avecinaba tormenta.

Cuando entré al salón, vi a mi marido frente a su ordenador trabajando. Me acerqué y le abracé por atrás, pero cuando fui a darle un beso de buenos días, me retiro la cara y deshizo mi abrazo muy bruscamente.

—¿Qué…que pasa? —Pregunté asustada.

—Eso quiero saber yo Eva, ¿qué pasa? Llevas dos semanas en las que prácticamente no te reconozco. No hablas conmigo, cuando estas en casa estas más pendiente de tu teléfono móvil que de mí, cuando vas al baño te llevas tu móvil, cosa que nunca has hecho y te puedes tirar hasta una hora; pero lo peor, lo más grave, es que hace más de tres semanas que no me dejas tocarte y ni follamos y bueno,  no hablemos ya de hacer el amor y encima el rechazo de esta noche, ¿me lo puedes explicar?

No lo puedo explicar, claro que no lo puedo explicar, pero me sentí descubierta. Dani tenía razón en todo lo que había dicho, yo pensaba que no se notaría, pero era tan estúpida que cambié mi rutina de la noche a la mañana, hasta yo me hubiese mosqueado si hubiese sido al contrario y mucho tardó mi marido en llamarme la atención al respecto.

—Pues cariño, quizás sea porque estoy estresada con el trabajo, estoy pasando un mal momento y encima me he peleado con Luisa, no sé, ¿te parece poco? —Contesté intentando defenderme.

—Eva si hay algo que me jode sobremanera es que me tomes por idiota. Te voy a hacer una pregunta y espero que seas sincera…¿Hay otro hombre en tu vida?

—¿QUEEEE? ¿TE HAS VUELTO LOCO? ¿ME ESTAS ACUSANDO DE INFIDELIDAD? DANIEL, TEN CUIDADO CON LO QUE DICES, NO TE CONSIENTO QUE ME HAGAS ESAS PREGUNTAS. —Respondí falsamente indignada alzando mi voz. Pero, ¿a quién quería engañar?, mentiras, mentiras y más mentiras.

—¿Sabes Eva? No te creo, pienso que mientes, estoy seguro de ello. Solo quiero que sepas que ya no apruebo tu conducta, no confío en ti, basta ya de tanta fiesta y llegar a esas horas tan intempestivas, creo que deberías de poner orden en tu vida y respetar lo nuestro, te estás jugando tu matrimonio.

Si, me llevé un rapapolvo y lo peor es que Dani dio por zanjada esa reprimenda, no quiso seguir ni me dejo defenderme de algo indefendible y ese “no confío en ti” no me gustó nada. Pero lo más vergonzoso, lo realmente reprochable, es que en el transcurso de esa bronca no dejé de pensar en Rubén. Antes de irme a trabajar recibí un mensaje, era un video de Rubén haciéndose una paja, su polla aparecía enorme, grande y gorda y a los pocos segundos corriéndose. Mojé mis braguitas y un texto «Desde ayer por la noche estoy así por ti, necesito follarte».

Me fui a trabajar, y después de darle muchas vueltas, lo decidí, a quien quería engañar, sabía que al final follaría con Rubén, joder, si lo estaba deseando, porque alargarlo más. Me fui al baño, me quité mi tanga y abrí exageradamente mis piernas mostrando mi coño abierto y jugoso, me saqué un selfie de mi sexo babeando y un texto,  «mi coñito te espera ansioso»

Los siguientes días fueron muy duros para mí. Toda la complicidad que teníamos Dani y yo había desaparecido. Éramos como dos extraños viviendo juntos; su trato frio, glacial hacia mí y su falta de cariño y esos detalles que me hacían sentirme muy especial habían desaparecido y eso me entristeció mucho. Enseguida noté que su rutina había cambiado hasta el punto en el que encontrarle en casa era complicado, casi ni coincidíamos.

Mis encuentros con Rubén no terminaron, pero sí que los limité y sobre todo, no llegaba a altas horas de la madrugada. Todavía no había follado con él, buscaba el mejor momento, quería saborearle con tranquilidad, sin prisas, pero eso no impedía que nos metiésemos mano y nos masturbásemos o tuviésemos sexo oral, a estas alturas dejaba que sus corridas inundasen mi boca. Pero había algo que me alarmaba cuando abría la puerta de mi casa y eso no era otra cosa que constatar que Dani no se encontraba en ella como era su costumbre. Una de esas noches me desperté cuando llegó, eran las cinco de la mañana y una duda asaltó mi cabeza, ¿dónde habría estado? Pero lo más importante ¿Con quién?

Un sábado lo planifiqué todo y quedé con Rubén después de comer. Le dije que follaríamos toda la tarde y le dejaría hacerme de todo, se puso como loco y yo estaba que me subía por las paredes de calentura, ya que Dani no me tocaba ni un pelo y no le culpo, después de la frialdad que le demostraba, ¿qué podía esperar? . Me preparé muy bien, y salí de casa casi vestida como una buscona y sin ropa interior. Por suerte Dani ese día no estaba en casa, no había comido conmigo, si no, creo que no me hubiese dejado salir a la calle vestida así.

Lo de esa tarde con Rubén fue para olvidar. Mi pensamiento era que me llevaría a un hotel y nos pasaríamos la tarde follando como condenados en la comodidad de una habitación, pero me quedé a cuadros cuando el tío apareció con una auto caravana. Cuando entendí que sería allí donde consumaría mi infidelidad, me sentí decepcionada y engañada y empecé a entender a Luisa cuando me decía que Rubén no era trigo limpio, que era un charlatán y que no me dejase deslumbrar por él. En ese momento tendría que haber parado esta locura que iba a cometer y haber mandado a la mierda a Rubén, pero no lo hice.

Ya puestos, por lo menos follaría, me quitaría la calentura con su pollón follándome por todos mis agujeros. Que decepción. Cuando le tuve desnudo, no niego que su cuerpo me gustó, muy musculado y tatuado, pero su polla, su polla era una caricatura de la que me envió por wasap pajeándose y por supuesto era una miniatura en comparación con la de mi marido. Se lo recriminé, le dije que me había engañado, pero eso no fue motivo para que no me dejase follar y probase todo de mí, estaba tan absorta, tan ciega con ese hombre, que no fui capaz de poner fin a esa locura..

Esa noche llegué pronto a casa, asqueada, usada, sucia y engañada. Dani no estaba en casa y no había signos de que hubiese estado en todo el día y una angustia como nunca había sentido se apoderó de mí y rompí a llorar maldiciéndome por haber puesto en peligro mi matrimonio por un ser tan deleznable como Rubén.

Me metí en la ducha y me lavé bien, intentando quitarme la culpa que me estaba aplastando. Me prometí a mí misma que se había acabado, que iba a sacar a Rubén de mi vida y me iba a dedicar única y exclusivamente a mi marido. Si, sé que suena egoísta y lo es, y todos los adjetivos que uséis me los merezco, pero fue el engaño de Rubén y como me manipuló lo que me hizo abrir los ojos después del resplandor. Como pude ser tan estúpida e ingenua.

Daniel.

Me pregunto si yo he sido el culpable de haber llegado a esta situación. A ver, la culpable es Eva, ella es la que ha sembrado la duda en nuestro matrimonio; a lo que me refiero es en haberle dado esa libertad de acudir a tanta fiesta y llegar de madrugada a casa.

Sabía cómo era Eva, desde el día que la conocí y me enamoré de ella sabía que le gustaba provocar, vestir siempre al límite de lo prohibido pero con gusto. Era y es una mujer muy bella que no deja indiferente a nadie cuando entra en algún local o pasea agarrada de mi mano. Su cuerpo voluptuoso y su manera de ser levantan pasiones y alguna vez, con la mayor desfachatez que se pueda echar, un tío se ha metido entre nosotros para ligar con Eva delante de mis narices.

Si, sabía la tentación que representaba Eva, pero confiaba en ella con los ojos cerrados incluso en el día que me comentó que debía de asistir a un evento organizado por una empresa para dar a conocer sus productos. Sería después del trabajo en una conocida discoteca, que únicamente se abriría para ese acontecimiento, pero para mí tranquilidad Eva me comentó que le acompañase que no habría problema. Por supuesto ni me lo pensé, no iba a dejar a Eva sola entre tanto depredador, confiaba en ella, pero no en los pulpos que habría acechándola.

Fue toda una decepción, me aburrí soberanamente, pero lo peor, había solo seis mujeres, las más guapas Eva y nuestra amiga Luisa, el resto bueno, estaban bien, pero no era para tirar cohetes. Lo más sangrante, el resto todo hombres, pero el 90% eran homosexuales, metidos entre telas, cenefas, cojines multicolor, muestrarios de muebles y decoraciones de baños e interiores, el otro 10% eran hombres ya entrados en años con sobrepeso y medio calvos, vamos los típicos padres de familia o divorciados. En ese momento supe, que Eva no corría peligro en ese ambiente y mi miedo no tenía base viendo lo que había metido allí.

Fui una segunda vez aunque no me apetecía nada de nada y supe que ya no volvería a ir de nuevo a un evento de esos. Mi mujer no podía estar conmigo, en el fondo estaba trabajando para su empresa con lo que yo no me podía meter en esas conversaciones que no me aportaban nada y ni sabía de lo que hablaban. Solía sentarme y esperar a que terminase para llevarla a casa, pero en esa ocasión se sentaron dos tíos uno a cada lado, con más pluma que un avestruz, e intentaron ligar conmigo para hacer un trio.

Aunque les insistí que era hetero y que a mí los tíos no me iban, ellos insistieron hasta ponerme en una situación muy incómoda, ya que sus manos se paseaban por mis muslos hasta casi rozar mi paquete. Me iba a levantar cabreado y darles un grito, cuando apareció Eva a mi rescate.

—Chicas, chicas, dejad en paz a mi marido, ya está pillado. —Dijo Eva con una mueca sarcástica.

Dieron un gritito los dos y pusieron los cinco dedos de su mano derecha en su pecho como si se tapasen su escote mientras me miraban lascivamente y mordían su labio inferior a modo de deseo.

—Perdónanos cielo, —me dijo uno de ellos a modo de disculpa,— pensábamos que te estabas haciendo la estrecha con nosotras. No pretendíamos incomodarte.

Se levantaron los dos, con su culo muy prieto, perfectamente vestidos, peinados y perfumados y se dirigieron a mi mujer:

—Ay Eva cielo, espero que nos perdones por atacar a tu hombre, pero es que está muy bueno, ahora me explico la cara de bien follada que tienes siempre y no me extraña…Ummm…como me gustaría que me dieses un poco de esa medicina a mí también…hombretón. —Dijo uno de ellos mirándome y lanzándome un besito.

Miré a esos dos con un gesto que no creo poder describir. Eva me abrazó riéndose, aunque yo no le veía la gracia por ningún lado.

—Lo siento cariño, perdona que me ría pero nunca me imaginé viéndote en esta situación.

—Cariño, te quiero mucho, pero creo que voy a dejar de venir a estos eventos. No van conmigo. —Dije convencido.

Eva lo entendió perfectamente y no insistió en que fuese con ella y yo porque negarlo, me quedé mucho más tranquilo al ver en los ambientes que se movía.

Nunca en los tres años de casados que llevábamos y desde que entró a trabajar en esa empresa tuve una sola queja. De acuerdo que iba a esas fiestas o eventos y que algunas veces llegaba muy de madrugada, pero nada me hacía sospechar que algo fuese mal en nuestro matrimonio.

Yo no era una persona controladora, y desde luego que a mi mujer le daba la libertad que me pedía, nunca tuve una sola queja ni una miserable sospecha de que algo fallase, nuestra confianza llegaba a tal punto que nuestros teléfonos móviles carecían de contraseña y tanto ella como yo podíamos acceder al teléfono del otro sin problema, no había nada que esconder.

Nuestra vida sexual era muy activa. Una costumbre que tenía Eva es que cuando llegaba a casa después de esas fiestas, se duchaba, se metía desnuda en la cama y me pedía que la follase. Eva era muy ardiente y casi todos los días follábamos, hacíamos el amor o nos metíamos mano como adolescentes salidos.

En alguna ocasión, con gente muy cercana a mí, comentaba la vida que llevábamos Eva y yo. Mi socio en la empresa que habíamos montado era una de esas personas. Lo conocía desde la universidad y nunca me defraudó, siempre fue un buen amigo, fiel, leal y muy cauteloso. El día que le comenté lo de esas fiestas no puso buena cara.

—Amigo, tienes que confiar mucho en Eva para dejarla salir a esas fiestas. Creo que no eres consciente de la mujer que tienes, si fuese mía, no la dejaría sola ni un momento.

—Se a lo que te refieres, pero no puedo ahogarla prohibiéndole hacer su trabajo. Si supieses en el ambiente que se mueve en esas fiestas, hasta dejarías ir a tu novia.

Cuando le expliqué a qué me refería con ese ambiente y lo que me ocurrió, no pudo menos que partirse de la risa imaginando la situación. Aun así, y de manera muy solapada me dejo entrever que quizás en alguna de esas reuniones, un alguien, quizás fuese hetero y se fijase mucho en mi mujer ya que llamaba mucho la atención.

Sinceramente no le presté mucho interés, confiaba en mi mujer, sabia de sus principios y lo ocurrido con sus padres y eso me aseguraba de alguna manera que nunca pondría en peligro su matrimonio…que estúpido fui.

No puedo asegurar cuando empezó todo a desmoronarse. Quizás fuese ese día que Eva llegó amaneciendo y se metió en la cama sin ducharse como era su costumbre, no lo puedo asegurar. Yo ese día tenía una reunión, estuve trabajando toda la mañana hasta que me fui. Deje la comida hecha y una nota a Eva. Confieso que me hubiese gustado estar con ella, pero no quise molestarla. Por la tarde cuando llegué, la Eva de toda la vida me esperaba amorosa y me prodigué en cariños hacia ella, esa noche follamos como dementes y nos dormimos muy de madrugada.

No fue de la noche al día, pero si ocurrió paulatinamente. Nuestra relación como marido y mujer se fue enfriando y no sabía achacarlo a nada o estaba tan ciego que ni se me pasaba por la cabeza que hubiese alguien más en su vida. Muchas veces dejó de venir a comer a casa como hacía normalmente. Cuando llegaba por la tarde se sentaba en el sofá y ya no hablaba conmigo, estaba como ausente y solo estaba pendiente de su móvil. Cuando le preguntaba me respondía con monosílabos y no se interesaba por mí, ni preguntaba por mi día. Cambió sus hábitos, su conducta era extraña y ya alguna vez vi que se iba al baño con su móvil y tardaba una eternidad en salir. No quería pensar mal, pero todo era tan evidente que empecé a asustarme.

Pero realmente el día que supe que algo muy grave ocurría fue cuando tomé su móvil para mirar algo y vi que había puesto pin de desbloqueo, algo escondía que no quería que viese y me lo terminó de confirmar la cantidad de salidas a esas fiestas que ella decía que tenía.

Una noche la espere despierto, sentado en el sillón del salón. Llegó a las cinco de la mañana y cuando me vio se quedó pálida y no supo ni saludar, solo pasó a toda prisa por mi lado directo a nuestra habitación. Cuando entré, ella estaba en la ducha, sobre el banco a pie de cama estaba su abrigo su bolso y su vestido, no vi su ropa interior, imagino que se la habría quitado en el baño y la habría metido en la cesta de la ropa sucia. Se que tomé su abrigo y lo miré, por delante y por detrás no encontrando nada, pero cuando miré su vestido una mancha en su parte delantera me llamó la atención, estaba algo húmeda y la tela como acartonada, me temí lo peor y cuando acerqué mi nariz a ella el olor inconfundible a semen inundó mis fosas nasales.

En ese momento me derrumbé, quise mirar en su bolso pero escuché como dejaba de caer el agua de la ducha y me metí en la cama. Cuando Eva salió la miraba derrotado, podía haberla montado una bronca con la mancha del vestido, pero preferí callarme y asegurarme de lo que pasaba, pero para lo que no estaba preparado es para lo que ocurrió después.

Eva se metió en la cama dándome la espalda, ni me dijo buenas noches ni lógicamente me dio un beso. Estaba con un nudo en la garganta, sabía que Eva me había engañado con otro hombre, debía de estar furioso, iracundo, pero lo único que deseaba es que me mirase a los ojos y me dijese lo que estaba ocurriendo. Fui a acariciar su hombro desnudo y al sentir mi contacto se separó violentamente mientras gritaba «NO ME TOQUES». Me quedé helado, solo me di la vuelta dando también la espalda a mi mujer y empecé a llorar en silencio sintiéndome engañado y rechazado.

Al poco, Eva se pegó a mí y besando mi espalda se disculpó alegando que pasaba un mal momento y que pronto pasaría. Mis sentidos percibían falsedad en sus palabras y no la creí, continúe dándole la espalda mientras intentaba tranquilizarme y no venirme más abajo de lo que estaba.

Cuando sonó mi despertador ya estaba despierto, casi no había dormido esa noche, no así Eva que dormía a pierna suelta. Me levanté muy cabreado, me hervía la sangre y no me apetecía estar al lado de Eva. Fui al baño a ducharme y cuando fui a dejar mi ropa interior en la cesta de la ropa sucia, me fijé que estaba su sujetador, pero no su tanga, eso hizo que mi enfado subiese más enteros y no lo pude evitar lo susurré para mi

—¡¡Hija de la gran puta!! Ha venido sin bragas la muy zorra.

Me duché y cuando salí del baño, Eva seguía durmiendo con una cara de no haber roto un plato en su vida, algo que me puso de los nervios.

Me preparé el desayuno y cuando fui a preparar el de Eva me frené en seco y me lo pregunté, —¿qué estás haciendo? Deja de ser su perrito faldero.— Terminé de hacerme mi desayuno y me senté frente a mi ordenador y me puse a trabajar. Al poco escuché que Eva se había levantado y sinceramente no sabía cómo afrontar de nuevo ese día después de lo pasado en la noche. Eva me abrazó desde atrás y quiso besar mi mejilla pero me revolví y deshice ese abrazo. Se que Eva se asustó y no aceptó que la rechazase.

Esa mañana fue el principio del fin. Eva y yo tuvimos una discusión muy fuerte y la acusé veladamente de infidelidad. Pero lo peor fue cuando le pregunté si había otro hombre en su vida y se ofendió muchísimo. Noté la falsedad en sus palabras y que no era capaz de mirarme a los ojos, mentía flagrantemente y no quise discutir más con ella. Me prometí a mí mismo que hasta que no supiese toda la verdad sobre lo que estaba sucediendo, me iba a comportar con Eva con la misma frialdad que ella me demostraba día a día.

Creo que esa fue una de las peores decisiones que tomé. En ese momento tenía que haberla arrinconado, haberla acusado directamente y seguro que al final se hubiese derrumbado y me lo habría confesado. Mi dignidad estaba en juego, pero preferí buscar al culpable para partirle la cara, en vez de pensar en mi matrimonio y parar todo aquello.

Se qué eso la espoleó, acostumbrada a que yo me desviviese por ella y la llenase de detalles pequeños, pero diarios, de pronto se encontró que su marido pasaba de ella como de comer nieve. No pasaron ni 24 horas cuando ya me increpó por no haberle hecho el desayuno como hacía todos los días.

Joder Dani, ¿tanto te cuesta dejarme el desayuno hecho? Sabes que siempre ando con la hora pegada y no me gusta salir de casa sin desayunar.

—Pues eso tiene fácil solución. Te levantas una hora antes y así te da tiempo a preparártelo…Eva,  te voy a tratar con la misma delicadeza, indiferencia y frialdad con la que tú me tratas a mí. —Dije con ironía.

—Eres un cabrón, si supieses cuanto te odio… —Respondió furiosa.

—El sentimiento es mutuo cariño, me hago cargo, no sufras. —Volví a responder con ironía.

Eva se puso su abrigo, cogió su bolso y salió sin ni siquiera decir adiós. Los siguientes días no fueron mucho mejores, Eva me ignoraba hasta ser hiriente, pero yo no me quedaba a la zaga. Sabía que si había alguien se seguía viendo con él y seguramente la tendría atendida sexualmente, además, lejos de pensar que las cosas mejorarían, fueron a peor con lo que pensar en follar con Eva, sumando las dos situaciones, era de todo punto imposible y yo ya llevaba más de mes y medio sin echar un polvo y me subía por las paredes. Encima, para echar más leña al fuego, la cabrona de mi mujer se ponía unos modelitos que…uffff…me estaban dando ganas de violarla aunque terminase en comisaría.

La verdad, pasaban los días y no encontraba nada que pudiese confirmarme que Eva me era infiel. Solo tenía como prueba su modo de comportarse que era evidentemente obvio y esa mancha en su vestido, que por cierto, ya había lavado con lo que la única prueba la había borrado, era su palabra contra la mía y sé que siempre lo negaría. Fueron varios días en los que fui a donde se encontraba su empresa para ver que hacía y donde iba.

Poco averigüé. El primer día salieron Luisa y ella y se encontraron con un hombre que las esperaba en la puerta. Se saludaron y se fueron a comer, no hubo nada reseñable. Una segunda vez salieron Eva y unos compañeros y se fueron a tomar algo, estuve esperando cerca de dos horas hasta que salieron y Eva tomó un taxi y ya no pude seguirla. Para cuando logré parar yo uno, ya era tarde, fui a casa y vi que Eva no estaba allí, llegó a las dos de la madrugada, ¿dónde había estado todo este tiempo? Creo que la respuesta era evidente.

Esa noche me volví a hundir en la miseria hasta pensar en hacer alguna locura, pero ocurrió algo, algo increíble y mágico que me devolvió a la vida. Estando en casa, solo, mucho antes de que llegase Eva, sonó mi móvil, en la pantalla aparecía el nombre de Feli. No creo poder plasmar con palabras lo que sentí en esos momentos, pero mis ojos se llenaron de lágrimas y acepté la llamada.

—¿Feli?

—Hola Dani, ¿qué tal estas? —Respondió Feli nerviosamente.

—Bueno, bien, —dije intentando contener el llanto,— sorprendido de recibir tu llamada.

—Se que no terminamos bien, siempre me he arrepentido de mi comportamiento, pero llevo muchos días en los que no te puedo sacar de mi cabeza y…

La tensión que acumulaba explotó y lloré como un niño. Era incapaz de articular palabra, intentaba hablar pero lo único que salía de mi boca era un —lo siento— mientras Feli me escuchaba llorar e intentaba consolarme. Cuando conseguí tranquilizarme, le expliqué un poco por encima lo que me ocurría y enseguida se hizo cargo de mi situación:

—Cielo, ¿estás en casa? Espérame que ahora voy a verte y hablamos.

—¡¡NO!! Feli, no jodas —exclamé— si estás aquí y aparece Eva se puede armar la mundial.

Feli entendió perfectamente mi estado de ánimo y la situación que estaba viviendo. Estuvimos hablando por horas, hasta que nos despedimos y quedamos para vernos al día siguiente para desayunar juntos y poder vernos. No pude dejar de pensar ya en ella y en lo caprichoso que es el destino al haberla puesto de nuevo en mi camino. Deseaba tanto verla que no me pude resistir y le mande un wasap:

—¿Estas despierta?

—Si, ¿ocurre algo? —mandando un emoji de preocupación.

—No ocurre nada, pero no puedo aguantar hasta mañana para verte. Se que es muy tarde y es una locura pero… ¿Puedes salir de tu casa ahora? ¿Podemos quedar en algún sitio?

—Si, no hay problema, —contestó sin dudar,— Podemos quedar ahora.

Quedamos en un pub donde nos solíamos encontrar en los viejos tiempos. Agarré las llaves de mi Hummer y me dispuse a irme cuando escuché el ascensor. Cerré la puerta y esperé agazapado en el rellano entre los dos pisos, cuando se abrió la puerta, vi salir a Eva, encendió la luz del descansillo y cuando vio que estaban echadas todas las llaves murmuró un —Joder.— Cuando abrió la puerta y vio todas las luces apagadas, se quedó en el umbral de la puerta mirando el suelo, mientras jugaba con sus llaves. No tengo ni idea de lo que pasaría por su cabeza, pero no me importó, pasó adentro, encendió las luces y cerró la puerta miré la hora y eran las dos de la madrugada. Para que no oyese el ascensor, bajé andando.

Cuando llegué al sitio donde había quedado con Feli, ella ya me estaba esperando. Cuando me bajé del coche y vino a mi encuentro vi a una mujer preciosa, guapísima que había cambiado mucho con los años pero para mejor. Nos dimos un abrazo larguísimo que para mí fue un bálsamo, mientras sus labios llenaban de besos mi mejilla. Mis ojos se inundaron de nuevo, no lo pude evitar y empecé a sollozar, en ese momento Feli deshizo el abrazo y me miró con cariño:

—Ey…venga grandullón, sé que estas jodido pero ahora hay que ser fuerte y no venirse abajo.

—Lo…lo siento Feli.

—Deja de decir lo siento y espabila, no puedes dejar que esto te someta.

Por desgracia el sitio a donde íbamos estaba cerrado, normal, era entre semana y de madrugada, pocos sitios había abiertos a esas horas. Feli fue resolutiva y no se lo pensó:

—Podemos hacer tres cosas, o buscar otro sitio y dar vueltas hasta encontrarlo, o meternos en tu coche o en el mío y hablar o mejor, que te vengas a mi casa y allí estaremos cómodos y calentitos.

—Prefiero la tercera opción, es más atractiva. —Dije con una sonrisa.

Tardamos muy poco en llegar a su casa. Ella lo metió en su garaje, yo aparqué mi coche y enseguida apareció en su portal invitándome a entrar. Cuando entramos en su piso, vi una vivienda muy acogedora, no era muy grande pero para ella sola bastaba. Cuando me senté en su sofá fue a preparar dos infusiones y de paso me dijo que se iba a cambiar. Cuando regresó se había puesto unas mallas muy ajustadas y una camiseta tres tallas menor que le hacían unas tetas muy apetitosas. Se mostró sin pudor ante mí, enseñándome como esas mallas marcaban cada parte de su anatomía y se metían por cada recoveco, mi polla iba a reventar dentro de mis pantalones.

Cuando terminó, se sentó muy junto a mí, agarró mi mano y me lo dijo:

—Soy toda oídos. Desahógate.

Durante casi hora y media le expliqué de nuevo con pelos y señales todo, absolutamente todo lo de mi matrimonio, sus fiestas, su trabajo y como en poco tiempo se había degradado nuestra relación. Feli escuchó atentamente sin interrumpirme hasta que terminé:

—Ufff, vaya movida tienes en tu casa. Desde luego todo apunta a una infidelidad de manual, tú mujer no ha sabido ocultar lo que ocurría en su vida extramarital. Y bien, ¿qué quieres hacer?

—Como te he dicho, he intentado esperarla a la salida de su trabajo, pero no he logrado descubrir nada. Lo de esta tarde ha sido de traca, sale a las cinco de trabajar, esta dos horas con compañeros tomando algo, a las siete se monta en un taxi, y no aparece hasta las dos de la mañana. Su teléfono lo tiene bloqueado con pin, cosa que nunca ha hecho con lo que tampoco puedo saber nada por ahí.

—Ya…¿Y una agencia de detectives? —Preguntó Feli.

—También lo he pensado, pero cuesta dinero y Eva es una obsesa de las cuentas, como vea movimientos extraños en la cuenta del banco van a empezar las preguntas incomodas y las acusaciones.

—Bueno Dani, yo te puedo prestar el dinero y ya me lo devolverás cuando puedas.

—A ver Feli, que antes de pedírtelo a ti que te hace más falta, lo tomaría de mi empresa, pero volvemos a lo mismo. Habría que devolverlo y eso generaría movimientos anormales en nuestra cuenta del banco.

—De verdad Dani, siendo empresario no sé cómo no tienes una cuenta corriente única y exclusivamente para ti y tus gastos. —Me increpó Feli.

—Si, tienes razón, tenía que haberlo hecho, pero nunca lo hice, me iba bien así. —Me lamenté.

—Bueno Dani, ya es tarde y es hora de irse a dormir. Ya verás cómo se nos ocurre algo y tranquilízate. Mañana cuando me levante te llamo.

Nos despedimos con otro abrazo interminable, pero esta vez Feli lo terminó acariciando mi cara y dándome un pico en los labios.

—Dani, no te haces una idea de la alegría que siento al verte de nuevo. Te he echado mucho de menos.

—Yo también Feli, más de lo que piensas.

Feli no faltó a su palabra y al día siguiente recibí una llamada suya sobre las diez de la mañana. Estaba en el trabajo y me comentó que se había pedido unos días para poder estar conmigo y buscar soluciones. Aun así esa tarde quedamos, me comentó que ya había pensado algo y que lo hablaría conmigo. Desde ese día, Feli y yo, ya no volvimos a separarnos.

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