MOISÉS ESTÉVEZ

Después de un paseo por el pueblo, en el que en poco tiempo
recorrieron sus escasas pero encantadoras calles, tomaron asiento en la
terraza de un coqueto café para descansar y leer un rato.
A Rachel le sorprendía, a la vez que le agradaba enormemente poder
compartir con alguien un silencio tan reparador como aquel. Siempre había
sentido aquella situación un tanto incómoda, como si uno de los dos
protagonistas del callado momento tuviese la obligación de decir algo para
romper lo que se suponía embarazoso.
Con Eric era distinto. Podían estar juntos durante un tiempo infinito, que
la sensación placentera no desparecía, lo que le llevaba a pensar si él sentiría
lo mismo…

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