FERNANDO

Eva.

Hola, mi nombre es Eva, tengo 28 años y estaba casada con Daniel, un hombre amable, trabajador, buena persona, muy buen amante y que me amaba con toda su alma, era el hombre de mi vida. Una decisión equivocada hizo que mi perfecta vida de casada terminase de forma trágica, sobre todo para mí. Pero antes de continuar quiero contaros un poco de mi vida para que me conozcáis y poneros en situación.

Soy hija única, me crié en una familia normal, donde se demostraba mucho amor. Mis padres se querían mucho y no dudaban en demostrarlo delante de mí, crecí viendo como un hombre y una mujer se respetaban y amaban, eso era lo normal para mí, otra cosa seria algo fuera de lugar en mi corta vida.

Pero algo cambió cuando tenía trece años. Es algo que entonces no supe explicar, pero ahora siendo adulta lo entendía. La relación entre mis padres había cambiado, era diferente, ya no había tantas muestras de cariño y notaba cierta frialdad de mi madre hacia mi padre, que el pobre se desvivía por agradar a su pareja.

Pero lejos de mejorar la relación fue a peor. Cuando tenía catorce años mi madre se comportaba de una manera muy extraña, se iba de casa pronto por las tardes dejándome sola hasta que llegaba mi padre que se molestaba mucho al ver que su mujer no estaba en casa. Mi madre llegaba siempre pasada medianoche incluso de madrugada. Se pasaba al teléfono hablando mucho tiempo y aunque mi padre le preguntaba, siempre le respondía con desprecio y de forma despótica.

Mi padre se enfadaba mucho con ella, le decía que no era normal que una mujer casada llegase a esas horas y que sabía que algo muy grave pasaba, que sus hábitos, sus costumbres habían cambiado mucho. Mi madre siempre le decía que era un exagerado, que estaba haciendo una montaña de un grano de arena, que lo único que hacía era divertirse con sus amigas y terminaba diciendo «la vida es muy corta y hay que aprovecharla».

Y pasó lo que tenía que pasar. Una noche estaba en la cama y oí a mis padres discutir. Con cuidado salí de mi habitación y me quedé cerca del salón, mi padre lloraba mientras mi madre orgullosa, carente de algún tipo de sentimiento se lo confesaba a mi padre:

—Si, joder siiiiiii. Llevo más de año y medio follándome a otro tío y me he enamorado de él. Tú ya no me das nada, no significas nada para mí y de verdad me has quitado un peso de encima al haberme descubierto esta noche besándome con mi amante y por si lo quieres saber, si, hemos pasado la tarde follando y llego llenita de su semen.

No me puedo quitar de la cabeza la mirada de desprecio de mi madre mientras mi padre lloraba derrotado sentado en el sofá. Nunca había visto a un hombre llorar de esa manera y menos a mi padre que era uno de los hombres más fuertes que conocía.

Mi madre lo dejó en el salón, cuando me descubrió me miró enfadada pero no me dijo nada. Vi cómo se metía en su habitación y salía al cabo del rato con dos maletas. Cuando pasó a nuestro lado, yo me había sentado con mi padre intentando consolarle, ni nos miró, salió por la puerta y ya no la volvimos a ver más durante los siguientes años.

No, no fueron buenos años, yo intentaba que mi padre saliese de casa, se divirtiese y conociese a otras mujeres, tenía que rehacer su vida. Le vi llorar de impotencia el día que fue a firmar los papeles del divorcio y mi madre sin ningún tipo de tacto ni pudor y de manera cruel, se mostraba ante el que fue su marido, besándose con su amante, mientras se metían mano sin importarles quien estaba delante de ellos. Por primera vez miré a mi madre con un odio visceral mientras de mi boca salía un «PUTA» que estoy segura que oyó, aunque le dio exactamente igual.

Lo malo de esto es que mi padre seguía muy enamorado de la que fue su mujer. No conseguía quitársela de la cabeza, ni los maravillosos años vividos con ella, ni por supuesto, los malos momentos vividos en ese poco más de año y medio que decidió hacerle la liana a mi padre.

En ese momento podría ser una gilipollez, pero me prometí a mí misma, no hacer nunca lo que le hizo mi madre a mi padre. No se podía denigrar de esa manera a un hombre que te amaba con cada fibra de su ser y por supuesto antes de llegar a ese extremo, antes, mucho antes, arreglar la situación con tu pareja, intentar solucionar una situación dada que puede cambiar de orientación hablando, cediendo y reinventando esa relación.

No hay mal que cien años dure. Mi padre conoció a una mujer más joven que él. Era una preciosidad de mujer en todos los aspectos. Era guapa, simpática, cariñosa, femenina, muy hogareña y quería mi padre con locura. Fueron años felices en los que mi padre volvió a recuperar la sonrisa y su ilusión.

Mi madre apareció de nuevo años más tarde. No le fue bien en su nueva vida de putón desorejado y quiso probar suerte de nuevo con mi padre, pero ya era tarde. Cuando abrí la puerta y la vi cambió mi cara; preguntó por mi padre directamente, a mi ni me saludó ni se interesó por mí, yo solo me limité a entornar la puerta y avisar a mi padre con cara de preocupación.

Mi padre, mi querido padre, la persona más integra que he conocido, salió a hablar con la que fue su mujer y la conversación duró muy poco. Venía a pedir una segunda oportunidad. Mi madre le dijo lo mucho que se había equivocado y que se acordaba de él a todas horas, que seguía muy enamorada, pero mi padre la despachó rápidamente diciéndole «eres una mujer muy usada. Ya no mereces la pena». Quizás fue denigrante para ella, pero creo que se lo merecía después de lo que le hizo pasar a mi padre.

Mi despertar sexual fue a los dieciséis años, consciente de mis prioridades y mis principios inamovibles. Por suerte o por desgracia, heredé la genética de mi madre. Era muy guapa y no me faltaban pretendientes, los chicos y los que no son tan chicos babeaban por mí.

Desde los dieciséis hasta los diecinueve tuve unas siete relaciones, todas fueron un desastre y aunque apliqué mi pensamiento de arreglar como fuese esos idilios, nunca conseguí llevarlas a buen puerto, mis parejas temían a mi belleza y pensaban que les seria infiel a la primera de cambio, con lo que cuando conseguían lo que deseaban, follarme, desaparecían de mi vida por mucho que intentase arreglarlo y les asegurase que nada de lo que pensaban de mí podría ocurrir.

Con diecinueve años conocí al que sería mi marido, Daniel. Cuando me lo presentaron quedé embriagada. Era un chico muy alto, musculado, simpático, detallista, cariñoso, buen conversador y muy varonil. Era dos años mayor que yo y supe enseguida que ese chico sería el que fuese el hombre de mi vida.

En ello puse todo mi empeño, era consciente del cuerpo que tenía, muy voluptuoso, con unas buenas tetas y un culo esculpido por los dioses; vientre plano, piernas largas y bien torneadas y una estatura que rozaba el 1.70; mi carita redonda, armoniosa, de labios carnosos, nariz pequeña y respingona, mis ojos azules y mi melena castaña con mechas rubias a media espalda, hacían que los hombres se rompiesen el cuello cuando pasaba a su lado.

En la facultad no me faltaban pretendientes, hacia un grado de diseño de interiores, y aunque en mi curso había mucho gay, en la cafetería de la universidad los de otras carreras se arrimaban a mí. Además, y para que os voy a engañar, siempre vestía muy “ajustadita” con ropas que marcaban cada curva de mi cuerpo o con minifaldas que dejaban mis piernas a la vista, si, sabía que los hombres babeaban por mí y no sería problema que Daniel cayese en mis redes.

Pero hubo un problema, Felisa, Feli para los amigos. También bebía los vientos por Dani y he de reconocer que era una morena guapísima, con un cuerpo menudo pero muy proporcionado, bajita, no llegaría a 1.55 y contrastaba con la altura de Dani que llegaba a 1.88. Fue una lucha encubierta entre ella y yo en la que llevé a Dani a la locura con mis modelitos, mis provocaciones y mis indirectas. Sabía que estaba como loco por follar conmigo, pero no quería ser un polvo de una noche y si te he visto no me acuerdo, lo quería para mí, solo para mí y para toda la vida.

Al final me lo follé, no me pude aguantar. Una tarde que quedamos él y yo solos acabamos haciéndolo en el asiento trasero de su Opel Astra. Aluciné cuando vi el pollón que calzaba, la más grande que había visto hasta entonces. Mediría unos veinte centímetros, gorda, cabezona y llena de venas, nunca me había metido algo tan gordo y largo en el coño, pero el muy capullo sabia como utilizarla y me llevó a ver el universo, nunca en toda mi vida sexual había tenido tantos orgasmos en tan corto espacio de tiempo. Esa primera vez no dejé que se corriese en mi interior, pero sería necio negar que deseaba sentir como me llenaba el coñito con su corrida.

Feli no dejó de acosar y revolotear alrededor de mi Dani, que sintiéndose un machito, un semental, disfrutaba de tantas atenciones por dos bellezas como éramos Feli y yo, pero llegó un momento en que me harté de ese juego por su parte y se lo dejé muy claro:

—Dani, te quiero, me gustas un montón y pienso que tú y yo vamos a llegar muy lejos con esta relación. Pero el juego que te traes con Feli no me gusta nada y creo que va siendo hora que pongas fin a alguna de tus relaciones, no quiero llegar a este punto, pero para ser más clara…o Feli o yo, elige.

—Eva, no me gusta que me pongas en esa tesitura. Feli y yo solo somos buenos amigos.

—Quizás tú no lo veas, o no quieras verlo. Pero en el momento menos pensado Feli va a atacarte con todo lo que tenga a su alcance y te va a llevar a la cama si es que no lo ha hecho ya. Como te he dicho, te quiero, pero no pienso compartirte con nadie, esto no es una relación abierta.

—Bien Eva, te confieso que yo estoy loco por ti, me gustas muchísimo y contigo me lo paso de película, pero ya que voy a renunciar a una de mis mejores amigas, a la cual quiero mucho también, quiero algo a cambio.

—¿Algo a cambio? ¿Qué quieres? —Pregunté extrañada.

—Quiero todo de ti. Quiero tu culo. —Me dijo con picardía.

—Cuando constate que Feli ha dejado de ser una amenaza, tendrás todo lo que desees de mí, te lo aseguro. —Dije convencida, sin ser consciente donde me metía.

Para desesperarle más y presionarle, le tuve a pan y agua durante quince días. Pero la calentura pudo más que ese veto y volvimos a follar como animales. Noté como la relación entre Feli y Dani se había enfriado, ya prácticamente ni hablaban entre ellos y ni se saludaban. Aun así no me fiaba, durante unas cuantas noches me dedique a seguirle (sí, soy una enferma, lo sé) incluso una vez le comenté que me había bajado la regla, que no me encontraba bien y que no saldría esa tarde. Me dediqué a seguirle, a ver a donde iba y con quien se juntaba y ¡¡BINGO!! Por la noche se fue a un bar con unos amigos y allí se encontraba Feli con un grupo de gente…pero ni se miraron. Cerca de las cuatro de la mañana se fue a su casa y yo a la mía, con una especie de satisfacción, al saber que Dani había cumplido su palabra.

Al día siguiente le llamé más enamorada que nunca, pero lo que me terminó de convencer y de saber que me podía fiar, es que fue él mismo quien me confesó que estando en ese bar con sus colegas también se encontraba Feli.

—Te aseguro mi vida que ni nos miramos, y si te lo cuento es para que confíes en mí. No quiero que te venga nadie con el cuento de que Feli y yo estuvimos juntos en el mismo bar.

—Te creo mi vida, te aseguro que te creo. Eres libre de tomar de mi lo que desees, cuando desees. —Dije convencida.

Sonaba excitante. Los dos sabíamos lo que eso significaba, iba a dar la virginidad de mi culito al hombre que amaba, pero la inexperiencia, sobre todo por mi parte, hizo que esa tarde fuese un completo desastre.

Yo me preparé muy bien, me fui a depilar mi coñito y mi culo, no quería que hubiese ni un solo pelito. Fui a la farmacia y compre un tarrito de vaselina para que su enorme polla no me lastimase al entrar. No nos engañemos, todo lo que vemos en las pelis porno cuando enculan a una mujer, está más que preparado, es excitante pero no es la realidad. El ano es un orificio de salida que sirve para lo que sirve. Si se le quiere dar otra utilidad, y ya me entendéis lo que quiero decir, hay que prepararlo pero que muy bien, cosa que yo no hice.

El día que Dani me intentó follar el culo, fue el peor de mi vida. Yo no me preparé, pero Dani tampoco hizo nada por dilatar ese agujerito tan pequeño. Nunca he sufrido tanto dolor, pero se lo había prometido y mi palabra estaba en juego. Cuando por fin consiguió meter la mitad dentro de mi culo, lagrimones como puños bajaban por mis mejillas, pero lo peor, ¿cómo olía la habitación tanto a mierda? La respuesta me la dio el propio Dani:

—Cariño lo siento pero no puedo seguir, voy a vomitar, cuando saco la polla de tu culo está llena de mierda y el olor me está mareando.

Cuando la sacó, se me quedó el culo abierto y no pude trincar, con lo que defequé encima de la cama. Nunca me he sentido tan humillada y sucia, me eché a llorar mientras veía como Dani me dejaba sola y se iba a limpiar al baño. Pensé que ese había sido nuestro último encuentro y que una vez nos vistiésemos daríamos por terminada nuestra relación, estaba tan frustrada que pensé eso como si fuese lo último que nos iba a pasar.

Pero me equivoqué. Dani me demostró su amor, su cariño y su respeto. Solo fue al cuarto de baño a preparar la bañera para mí. Cuando la tuvo lista fue a la cama donde yacía llorando a moco y baba y tomándome en brazos me llevó al cuarto de baño y me depositó en la bañera mientras me acariciaba y me miraba con cariño.

—Mi vida no llores, aunque ha sido toda una experiencia…¡¡Ehhh!! —Dijo echándose a reír.

—¿No estas enfadado conmigo? —Pregunté hipando asustada.

—Pero que dices, —dijo asombrado Dani— estoy avergonzado por haberte echo sufrir, he sido muy egoísta.

—No, no has sido egoísta, pero algo hemos hecho mal. —Dije afligida.

Lo mismo que esa primera experiencia anal fue un desastre, ese baño que luego nos dimos estuvo lleno de cariño y mucho amor. Me sentí mimada y muy querida por él, pero mi culo me dolía horrores y me daba unos pinchazos que casi me hacían llorar. Dani me revisó y me dijo que teníamos que ir a urgencias, tenía un desgarro importante en el ano.

Con toda la vergüenza del mundo, fuimos a urgencias y ya en un box una medico muy amable nos atendió y le explicamos lo ocurrido. Fue muy profesional y no hizo ningún tipo de comentario, me llevó a un quirófano, donde me dio un par de puntos y me recetó unos calmantes. Antes de irme me dio unos cuantos consejos por si quería repetir y en confidencia me lo dijo:

—Si lo haces como te he dicho, vas a disfrutar mucho…Yo lo practico muy a menudo con mi pareja y te aseguro que si se hace bien, vas a querer repetir siempre.

Durante las semanas en las que me estuve recuperando, Dani y yo nos estuvimos documentando de cómo hacerlo correctamente. Compramos todo lo necesario, una pera de lavado intestinal, gel lubricante y dilatadores anales. La siguiente vez que lo intentamos fue mucho, muchísimo mejor y más satisfactorio. Fue la primera vez que Dani me hizo alcanzar un orgasmo devastador con su polla descargando su corrida en mis intestinos y supe que no sería la última vez que me enculase.

Nuestra relación se consolidó mucho. Según nuestros amigos éramos la pareja perfecta y no dudábamos en demostrar nuestro amor en público. Durante los siguientes años Dani terminó su carrera de ingeniería informática y montó una empresa con un compañero de carrera. Cuando yo terminé mi carrera, Dani ya había dado la entrada para un piso y al año nos casamos por todo lo alto. Todo fue perfecto, la ceremonia, el convite y la luna de miel. Al poco de regresar de nuestro viaje, una empresa de interiorismo me contrató y Dani y yo empezamos una vida juntos que era increíble.

Daniel.

He de reconocer que hasta que conocí a Eva, mi relación con las mujeres, si, lo digo en plural, era puro vicio. Desde muy temprana edad supe que mi polla me abriría muchos coños y ya con trece años me follé a la mejor amiga de mi hermana que era tres años mayor que yo y fue la que se llevó mi virginidad. Pero ese hecho y el boca a boca hizo que algunas de sus amigas me buscasen y les demostré poco a poco que sería un buen amante.

Cuando pegué el estirón, supe que sería muy alto y me cuidé mucho para no ser un delgaducho desgarbado, eso unido a que era guapete, iba al gimnasio y encima me apunté a clases de salsa y bailar se me daba muy bien, desembocó en que mi éxito con las mujeres subiese como la espuma.

Ya con dieciocho años hasta me follé a amigas de mi madre. Incluso algunas me pagaban por follarlas cuando sus maridos estaban trabajando o fuera de casa en viajes de negocios o por que se tenían que desplazar por asistir a congresos.

Si, fue una buena época, tenía dinero y chicas, muchas chicas, tenía mi pequeño harén que se incrementó cuando ingresé en la universidad. Eso fue la locura, pero tuve que ponerle freno por que más de una vez me tuve que enfrentar a novios celosos y fuera de si porque me había follado a las putas de sus novias y ellas me aseguraban que eran libres y no tenían ningún compromiso, sin embargo, siendo sinceros, aunque me hubiesen dicho que estaban comprometidas, igualmente me las hubiese follado, lo siento, pero la jodienda no tiene enmienda.

Digamos que entre mi fama de Don Juan, algunas palizas que me llevé y mi carrera de ingeniería informática que había dejado algo apartada debido a mis correrías con las mujeres, hizo que mis padres me pusieran en la tesitura de, o sacas tu carrera adelante que nos cuesta mucho dinero, o te pones a trabajar. No me lo pensé, opté por mi carrera y me centré mucho en mis estudios dando resultados inmediatos, sacando mis asignaturas adelante y aprobando los años sin problema.

Ya más tranquilo con mis conquistas y no haciendo tanto el tonto, con algo más de veinte años conocí a Felisa, Feli, una morena impresionante, guapísima, pequeñita pero con un cuerpecito muy tentador. Quise follármela enseguida, pero Feli no era de esas chicas que follaban y ya, no. Feli era de las de maratón, quería resultados pero a la larga, no un aquí te pillo, aquí te mato y si te he visto no me acuerdo, quería una pareja estable y si esas condiciones se daban el regalo era su cariño, su amor y su cuerpo.

Durante casi un año estuve prácticamente acosándola, ella se hacia la dura conociendo mi fama y yo me desesperaba porque me calentaba como un horno sin resultados. Nunca me había ocurrido eso, Feli era una calienta pollas y creo que solo buscaba mi sometimiento, el que renunciase a todo por ella, pero lo siento mucho, sin probar el producto no iba a renunciar a nada.

Creo que eso me frustró de alguna manera y aunque siempre había alguna que follaba sin importarle nada y hacía que se me quitase la calentura, empezaba a buscar algo más, pero por alguna razón pensaba, casi aseguraba que Feli no me lo daría.

Un día estábamos nuestro grupo de gente en un bar tomándonos algo. Mi cara era de hastío, era evidente, y es que no había estímulos. Todos hablaban entre sí, Feli zorreando con otro, mis otros colegas liándose un porro de maría…lo mismo de siempre y entonces lo pregunté:

—¿Por qué no nos vamos a otro sitio? Esto empieza a ser muy aburrido.

—Vamos a esperar un poco, —dijo una amiga,— estamos esperando a una chica que conozco que me dijo que vendría con nosotros.

—Pues solo espero que merezca la pena la espera. —Dije mascullando entre dientes y ya medio enfadado.

Y al poco apareció. Eva, una rubia espectacular, guapísima, alta, con un cuerpazo que quitaba el aliento, y una minifalda que dejaba a la vista unas piernas largas, infinitas y torneadas. Creo que todos los varones de ese bar nos quedamos boquiabiertos al ver a esa preciosidad, nuestra amiga se levantó y nos presentó. La presentación no fue gran cosa, fue una presentación general, sin besos ni nada parecido, pero no pude dejar de observar en cómo me buscaba con la mirada aunque estaba sentada en el otro extremo de la mesa.

Algo curioso, nos movíamos en dos coches, el de una amiga y el mío y aunque su amiga iba en el otro coche, Eva me buscó y eligió mi coche. Se sentó a mi lado, en el asiento del copiloto y durante todo el trayecto no dejamos de hablar, como si fuésemos ella y yo solos, aunque dos de mis colegas se fumaban un porro en el asiento trasero.

Cuando llegamos a donde íbamos dejamos a mis colegas en la puerta y Eva y yo nos fuimos a aparcar el coche, si lo reconozco, esa chica me atraía un montón y creo que yo a ella también. Cuando llegamos al local donde habíamos quedado, vi que Feli me miraba con inquietud, le había salido una rival muy fuerte y creo que eso no le hacia ninguna gracia. Esa noche cuando nos despedimos Eva y yo nos dimos nuestros números de móvil, me besó muy sensualmente y cerca de mi oído me lo dijo:

—Espero que no sea la última vez que nos vemos. —Me dijo susurrando.

Se me pusieron los pelos de punta con ese susurro y en mi pituitaria se quedó grabado su olor, su maravilloso aroma de mujer. Esa noche no lo pude evitar y ya empecé a mandarle wasap. Estuvimos casi dos horas conectados, me gustaba esa chica, con ella se podía hablar de todo y me sentía muy a gusto.

Por supuesto hubo más quedadas y sin ser nada pactado Eva y yo no nos separábamos y eso a Feli le empezó a fastidiar. Ya no era el centro de mi atención y empezó a darse cuenta que quizás me estaba perdiendo, con lo que pasó al ataque e intentó meterse entre Eva y yo, pero creo que ya era tarde. Eva tenía una manera de ser hipnótica, era muy femenina y sensual. Su forma de vestir me gustaba muchísimo, tenía un cuerpazo que sabía lucir y tenía un culo…por Dios que culo más perfecto, alguna vez que vino con pantalones hiperajustados o minifaldas muy cortas fue motivo de imágenes oníricas en las que mi polla entraba en su perfecto culo y me lo follaba, hasta que me corría en su interior.

Por supuesto Eva y yo tuvimos nuestros momentos, algún piquito en los labios, abrazos, pasear agarrados de la mano…Sin ser tácito, nos gustábamos, éramos casi pareja, aunque Feli intentase por todos los medios a su alcance el separarnos. Cada vez la notaba más molesta por la situación y sus indirectas hacia mi o hacia Eva empezaban a molestarme. Lo siento, la quería mucho, pero los meses que me hizo pasar babeando detrás de ella sin conseguir ni un misero abrazo, le estaban pasando factura, aunque yo no hacía nada por evitar que viese lo bien que nos llevábamos Eva y yo, que sufriese.

Pero ocurrió algo. Eva empezaba a hartarse de la estupidez de Feli y un sábado me llamó por la mañana y me propuso quedar ella y yo solos, sin nadie que nos molestase. Ni me lo pensé, accedí de inmediato y quedé en pasar a recogerla por su casa. Cuando la vi salir, estaba exultante, joder, me enamoré de ella aún más y cuando entró en el coche nos dimos nuestro primer beso en serio. Nuestras lenguas lucharon y se conocieron y nos costó separarnos.

Fuimos al cine, luego nos fuimos a cenar, nos prodigamos en muestras de cariño y mi teléfono no paraba de sonar así que lo puse en silencio. Todos eran mensajes y llamadas perdidas de Feli, imagino preguntando donde nos encontrábamos. Cuando salimos del restaurante y nos metimos en el coche nos volvimos a enganchar, nos devorábamos y Eva me pidió que nos fuésemos a un sitio más discreto.

Según oí eso mi polla iba a reventar los pantalones. Inicie la marcha y mi mano se posó en el muslo de Eva, que esa tarde llevaba una minifalda cortísima. Mi mano subió por el interior de sus piernas y ella las abrió ligeramente invitándome a seguir. Noté su humedad y su calor abrasador mientras gemía y su mano buscaba mi erección. Cuando llegamos al “picadero” que yo conocía nos pasamos al asiento trasero. Eva me bajó los pantalones con prisa y cuando me bajó el bóxer mi polla saltó durísima, pegándose a mi abdomen.

—Joder Dani, la tienes enorme. —Exclamó asombrada, mientras la agarraba y empezaba a pajearme.

Mi mano buscó su coñito, que acaricié por encima de su braguita, Eva abrió mucho más sus piernas y me dio acceso a su entrepierna. Literalmente estaba chorreando y nos comíamos la boca con desesperación, dándonos placer.

—Espera mi amor, espera. —Me pidió Eva.

Se remangó su minifalda, dejándola en su cintura y se quitó su tanga. Se puso a horcajadas sobre mí, mientras su coñito lubricaba mi polla. Los dos resoplábamos excitados y entonces ella me lo preguntó.

—¿Tienes condones?

—Joder, no. —Respondí pensando que se jodia el polvo.

—¡¡Mierda!! —Exclamó Eva.— Da igual, fóllame, pero no te corras dentro.

Eso fueron palabras mágicas para mí. Agarré mi polla y la dejé a la entrada de su coñito. Estaba tan lubricada que entró como un cuchillo caliente en mantequilla. Noté como la abría, su boca abierta cogiendo aire mientras sus caderas oscilaban lentamente acoplándose a mi polla.

—Diooooos como te siento cariño…me voy a correeeer.

Sin haberla metido totalmente ya se estaba corriendo, notaba las contracciones de su vagina sobre mi polla. Me consideraba un buen amante y tenía mucho aguante, pero Eva me estaba llevando al límite antes de tiempo.

—Jodeeer mi amor…¿Ya está toda dentro?

—No cielo, todavía queda un poquito más.

—Todaaaa, la quiero toda dentro de miiiiii.

Agarré su cinturita y con un ligero golpe de caderas se la metí hasta que solo los huevos quedaron afuera y la muy cabrona volvía a correrse como una gata en celo.

—Jodeeeer…siiiiiii, estas llegando a sitios donde nunca nadie había llegado.

Mi aguante estaba llegando a su límite máximo y se lo hice saber esperando que con la pasión me dejase correrme dentro de ella. Aun así aguanté un poco más, lo suficiente para que volviese a correrse y ya en el limite la saqué y dejándola apoyada en su anito me corrí como un animal. Ella hizo algo de fuerza, pero no entró. Pensé que hubiese sido el no va más el haberla follado también el culo, pero no fue así.

Aunque nos prodigamos en besos y caricias, Eva me pidió que nos fuésemos de allí ya que no se encontraba a gusto. Aunque me quejé un poco, ella me dijo que ya lo haríamos en un sitio más cómodo y con más tiempo. Cuando la dejé en su casa me dijo que la llamase al día siguiente cuando me levantase, fuese la hora que fuese. Nos despedimos con un tórrido beso y aunque no comentamos nada ese fue el punto de partida de nuestra relación.

Todo iba perfecto entre Eva y yo, pero fue Feli quien se volvió a meter entre nosotros y aunque me parecía divertido que dos pibones como esos se pelearan por mí, creo que a Eva no le gustó nada y terminó de hartarse. El día que la gota colmó el vaso fue un día que nos fuimos a un chalet que tienen mis padres en El Escorial. Nos fuimos el viernes por la tarde, pensábamos pasar el fin de semana follando como condenados, pero el sábado antes de comer, Feli y dos colegas míos aparecieron por allí chafándonos todo el plan.

Según terminamos de comer y viendo la cara de cabreo que tenía Eva y la de satisfacción que tenía Feli, pensé que lo mejor era bajarnos a Madrid, si no, estos eran capaces de quedarse a dormir y yo solo quería estar con Eva. Cuando por fin nos pudimos quedar solos en casa de Eva, sé que estaba cabreada pero fue muy diplomática y no me montó ninguna bronca. Ahora, eso sí, me dio a elegir, o Feli o ella. Tenía que terminar con ese acoso por parte de Feli que no me llevaría a ningún lado.

Yo sabía la respuesta, hasta Eva la sabía, pero ya que iba a renunciar a la amistad de una amiga, muy pesada, pero amiga al fin y al cabo, le pedí a cambio follarle el culo. Aceptó sin dudarlo, solo me dijo que cuando constatase que Feli pertenecía al pasado me daría mi premio.

No fue fácil para mi hablar con Feli. Sabía el disgusto que se iba a llevar al decirla que me tenía, nos tenía que dejar en paz, que tenía que desaparecer de mi vida y dejar en paz a Eva:

—Me…me estás diciendo que no quieres volver a verme, ¿es eso lo que me quieres decir?

—Joder Feli, sí. Si no eres capaz de dejarnos en paz, es eso lo que te quiero decir. —Dije molesto.

—¿Vas…vas…a…a…romper nuestra amistad por…por una puta que hace poco más de un mes que conoces y ya te estás tirando? —Dijo Feli gimoteando.

—A ver Feli, ya me has cabreado. Primero, no te consiento que llames puta a Eva, porque no lo es. Segundo, me tuviste detrás de ti, babeando, arrastrándome como un idiota para que pudiésemos estar juntos y tú me ignoraste de mil maneras mientras tonteabas con otros viendo como yo me retorcía. Dime, ¿quién es más puta? ¿Eva que llegó me vio y se ha enamorado de mí? o tú, ¿que eres una picaflor y tonteas con todos dejándoles con un calentón de tres pares de huevos?

—Yo solo quería estar segura, quería…quería…

—¿Segura de qué? Feli, ni sabías lo que querías hasta que llegó Eva y me viste con ella. Lo siento, tuviste tu tiempo, ese tiempo en el que hubiese sido tuyo sin pensarlo porque me gustabas mucho. Pero estiraste tanto la cuerda, la pusiste tan tensa, que al final se rompió. Ahora te pido que te eches a un lado y nos dejes en paz.

—Acuérdate de lo que te digo, esa chica te va a hacer sufrir. Vas a cambiar una bonita amistad por una relación que a la larga te destrozará. —Decía Feli llorando con amargura.

—Cualquier chica me puede hacer sufrir, tú misma me has hecho sufrir. Pero seré yo quien lo decida, no tú. Esto se ha acabado Feli, no te voy a aguantar ni una injerencia más.

Enjuagándose las lágrimas, Feli se levantó de donde estábamos sentados y dándome un beso en la frente la vi desaparecer por la puerta del bar donde quedamos para hablar. Esa fue una de las ultimas veces que la vi. Dejó de venir con nuestro grupo de gente y Eva y yo pudimos relajarnos en nuestra relación sin estar pendientes de Feli en todo momento.

Al final, Eva cumplió su palabra. En una tarde tan memorable como catastrófica, Eva me dio su culo y valga la redundancia todo fue como el culo. Eva sufriendo un dolor desgarrador y yo empecinado en follar ese anito. Todo terminó en urgencias con el esfínter de Eva muy dañado y yo avergonzado por haber hecho sufrir a mi amor. En nuestra segunda vez, más documentados y habiendo preparado bien el culo de Eva, fue una experiencia maravillosa ver como ese culito se comía toda mi polla y Eva gemía de gusto pidiendo más.

Sabía que Eva era la mujer de mi vida. Me llenaba en todos los aspectos y nos complementábamos muy bien. Me comentó lo ocurrido con sus padres, lo que había vivido y su juramento y sus principios respecto a su pareja:

—Solo te pido que si ocurre algo, si conoces a alguien, me lo digas a la cara y no me hagas sufrir. —Me pidió Eva.

—¿Y si es al contrario? —Pregunté yo.

—Después de lo que viví con mis padres te aseguro que eso no ocurrirá. En todas mis relaciones siempre ha sido a mí a quien han dejado, yo siempre intentaba salvar la relación.

Confiaba en Eva con los ojos cerrados, sabia su manera de ser y empezaba a ser imprescindible en mi vida. Cuando terminamos nuestras carreras y ya con un piso que yo había comprado, nos casamos y Eva y yo empezábamos una vida maravillosa.

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