ANDER MAIS

Capítulo 12

Preparativos

Al día siguiente nos levantamos algo más tarde de lo habitual y, después de desayunar copiosamente y con tranquilidad, decidimos acercarnos al centro comercial para hacer unas compras.

Llevaba en mente escoger una blusa lo más escotada y sugerente posible para su salida de esa noche. No tenía del todo claro que fuera a quedar con Víctor pero, aun así, me apetecía que si lo veía fuera lo más provocativa y sexy posible. Me excitaba la idea que él pensara que Natalia se había vestido así por él y que salía con ganas de guerra.

Lo que no me acababa de gustar tanto era la idea que también iba a verla vestida así el chico ese del gimnasio, el tal Daniel, que parecía que iba detrás de ella y me daba algo de miedo que pudiera intentar algo, pensando que esa noche mi chica iba a por todas.

Llegamos al centro comercial, dimos un par de vueltas ojeando escaparates hasta que, al final, nos decidimos por entrar en una de ellas. Natalia rebuscó mirando blusas, mostrándome algunas de ellas, pero sin convencerme. No hubo suerte ni en esa ni en la siguiente tienda donde entramos. En la tercera, encontré un par que sí me gustaron y me apresuré en enseñárselas a mi chica.

—¿Qué te parecen estas dos? —le dije enseñándoselas.

—Quita, quita… tienen demasiado escote, Luis… —respondió negando.

—¿Seguro? Mírala bien, tampoco creo que sea para tanto… —insistí, mostrándole la blusa que tenía más escote y con la que, seguro, iba a ser el centro de atención esa noche.

—¿Pero tú la has visto, Luis? Con esto puesto, voy a parecer una guarra… esto es más para ir a una despedida de soltera que a una cena de ex compañeros de universidad… anda, no seas malo y busca algo menos cantoso…

Entramos en otra tienda donde, por fin, creí encontrar algo que nos podía gustar a los dos. Era sexy pero sin caer en la vulgaridad. Una blusa entallada de color negro azulado, con algo de escote de pico y transparencias a la altura del pecho y la espalda. Seguro que le quedaba genial y, contento, fui a enseñársela.

—¿Y esta? Yo creo que te va a quedar genial…

—Busca una talla más —me dijo después de observarla— esta me queda pequeña de pecho.

No tardé en traerle una talla más y ella se dirigió a los probadores. Y yo detrás, claro está. Esperé fuera a que me llamase para ver cómo le quedaba. A mi lado, un chico de unos veinte años esperaba al igual que yo a que su chica se probara lo que fuera.

—¿Qué tal? —Me dijo mientras me invitaba a entrar dentro del probador—. ¿Te gusta?

—Guau… te queda de muerte, cielo… sexy pero elegante… y te hace unas tetas de escándalo… tienes que comprártela, cariño… —la animé.

Lo cierto es que estaba tremenda con aquella blusa. Era bastante entallada con lo que moldeaba su cintura pero, a la vez, apretaba y realzaba sus pechos, formándole un busto la mar de sugerente y sexy. Las transparencias de su escote de pico y de parte de la espalda, hacían más insinuantes sus pechos. Me di cuenta que en el centro del escote, justo en la separación de sus pechos, había un pequeño bordado de forma parecida a una reina de picas. Sabía lo que significaba ese símbolo en el mundo liberal y me pareció un punto más a su favor.

Natalia también estaba convencida con aquella prenda y yo salí, cerrando tras de mí la cortina para que pudiera cambiarse. Al retirarme, vi como el chico parecía haber estado mirando de reojo a mi chica. No pude evitar sentirme excitado y con ganas de jugar un poco así que, sin avisar a mi chica, abrí la cortina ligeramente pero lo suficiente para que el chico pudiera observar de muevo a mi novia.

—Natalia, ¿quieres que te traiga una falda a juego con esta blusa? —le pregunté como excusa.

Ella estaba en sujetador, ligeramente agachada y un pezón sobresalía de su sostén.

—¿Qué haces, joder? ¿No ves que estoy medio desnuda? —dijo cerrando la cortina pero viendo como las miradas de mi novia y ese chico se encontraban.

Volví a mi sitio esperando a que Natalia saliera y fijándome en que el chico estaba visiblemente nervioso. No podía culparle. Ver a semejante mujer, con esas tetas y su pezón asomando era como para ponerse nervioso. Enseguida salió su novia, una chica bajita, delgada y sin nada que llamara la atención. Todo lo contrario a mi Natalia y sus curvas exuberantes.

Cuando salió Natalia, nos fuimos hacia la caja donde pagamos nuestra compra. La siguiente parada, fue una cafetería donde charlamos un poco y Natalia me comentó por encima los planes para esa noche, obviando claro está, su quedada con Víctor. Si ella supiera que eso a mí no me importaba, sino todo lo contrario…

Me hubiera encantado que tuviera esa confianza conmigo, que me contara que había quedado con él. Pero eso no iba a suceder. Ella prefería mantenerme en la inopia. Ya no sabía si lo hacía por miedo a que yo me enterase de lo ocurrido en verano o lo hacía porque iba con la intención de ir más allá de una simple quedada. La cosa es que notaba a Natalia distinta, muy a la defensiva y cuidadosa con todo lo que decía, como con miedo a delatarse, muy lejos de su carácter sincero y tranquilo de siempre.

En cierto modo, verla intranquila, hacía que su estado se me contagiara. ¿Su inquietud venía por Víctor, por saber lo que él despertaba en ella y en cierto modo temía cómo iba a acabar la noche? ¿O acaso era por Daniel, con quien también se llevaba algún asunto entre manos, en connivencia con su amiga Andrea?

Estaba hecho un lío. Ya no sabía ni lo que quería pero algo me decía que a esas alturas ya poco podía decir o hacer para parar aquello, si es que alguna vez yo había tenido aquella potestad. Porque empezaba a tener la sensación que siempre iba a remolque de Natalia y que era ella la que me dirigía a mí y no al contrario. Estaba en sus manos y ella era la que iba a tener la última palabra, la que decidía si serme fiel o ponerme los cuernos. Solo esperaba que si así fuera, al menos fuera con Víctor y, al menos, poder ver lo que ocurría.

Fui un momento al baño donde, después de mirar la hora en el teléfono, decidí inventarme una excusa para poder quedarme a solas y poder hablar con Víctor sobre lo de esa noche.

—Cielo, me acaba de llamar mi madre para ver si puedo acercarme a su casa para llevarla a un sitio. Sería a eso de las cuatro y no creo que me lleve demasiado tiempo…

—Vale… así aprovecho y me pego una siesta. Así estaré más descansada esta noche… —dijo sin sospechar nada raro y haciéndome pensar a mí en qué estaría ella planeando usar ese tiempo. ¿Hablar con Víctor o hacerse una paja como el otro día?

A la hora acordada, salí de casa dejando a Natalia sentada en el sofá viendo la tele pero con la intención de acostarse un rato. Conduje hasta una zona tranquila y desde allí llamé a Víctor. No tardó en descolgarme el teléfono.

—Buenas, Luis. ¿Cómo andas? ¿Nervioso por lo de esta noche?

—Un poco. Estoy en el coche. He salido un momento…

—Pues yo acabo de llegar. He alquilado un apartamento para esta noche… para ya sabes qué… jajaja… vente y te lo enseño… está en una urbanización que se llama Jardines de Abajo, ¿la conoces?

—Me suena… Creo que no me queda lejos… unos quince minutos o así…

—Pues vente. Te espero en la entrada, junto al aparcamiento –dijo con tono jovial.

—Vale, voy para allá, aunque no estoy muy seguro de todo esto… —dije mostrándole mis dudas.

—Tú confía en mí… pasará lo que tenga que pasar y ya está… no te preocupes tanto… al menos así estarás al tanto de todo y tú también podrás disfrutar…

—Voy para allá… —dije sin tener nada claro.

Unos diez minutos después aparcaba el coche frente a la urbanización. Estaba compuesta por una veintena de chalets pequeños, con jardín y rodeados de setos altos. Parecía un lugar discreto, tranquilo, pero para gente con algo de poder adquisitivo. Enseguida vi venir hacia mí a Víctor, elegante, vestido con una cazadora y vaqueros oscuros. Se había recortado el pelo, un corte más juvenil, y también se había arreglado su barba, dejándose una media barba que le daba un toque de madurito sexy e interesante.

—Hola, Luis —me dijo nada más llegar a mi lado—, déjame que te enseñe el sitio donde esta noche me voy a follar a tu novia.

No dije nada, pero no pude evitar un conato de excitación ante la seguridad que emanaba. Llegamos a un chalet algo alejado sin habernos encontrado con nadie durante nuestro camino. El sitio parecía estar bastante vacío ese fin de semana.

—No te preocupes —me dijo al verme mirar a todos lados-, casi no hay gente en esta época del año. Aquí la gente suele venir en verano y en festivos —me dijo mientras abría la puerta del jardín.

Entramos en la casa y tuve una sensación extraña al encontrarme allí. Unos meses atrás, ni nos conocíamos, y ahora estaba allí, con él, enseñándome aquel sitio donde pensaba traerse a mi novia para intentar acostarse con ella.

—Mira qué salón… —me dijo guiándome hacia él. Una mesa grande y unos sofás inmensos frente a un televisor llenaban la estancia.

—¿Quieres una copa? —me preguntó acercándose a un mueble bar.

Yo afirmé visiblemente nervioso y no pudiendo dejar de mirar hacia todos lados. Todo lo que me rodeaba, destilaba sexo por los cuatro costados. O, al menos, eso me parecía a mí. Mirara donde mirara, veía a Víctor follándose a mi chica. En el sofá, sobre la mesa, contra la pared, apoyada contra el mueble bar…

—Supongo que si estás aquí es porque ya estás convencido de dejarme intentar que me folle a tu chica y verlo todo, ¿no? —Me dijo Víctor haciendo que le prestara mi confusa atención—. Ayer ya viste que ella está dispuesta a quedar conmigo. Quiero que te quede claro que no voy a forzar nada. Quedamos, nos tomamos algo y, depende de cómo se comporte, la invito a venirse aquí. Pero ten claro que, si ella accede a venir aquí, ya sabes lo que va a ocurrir…

—Bufff… es que es todo tan extraño… aun no me puedo creer que esté aquí maquinando cómo vas a intentar acostarte con mi chica…

—¿No es lo que querías, lo que te gustaba?

—Sí pero, a pesar de eso, tengo dudas y miedo, mucho miedo… más que nada por si se entera que yo tengo algo que ver con todo esto… pero también por si me deja…

—Mira, sobre lo primero, no te preocupes. Tú actúa como siempre, con normalidad… te quedas en casa hasta que yo te avise y así ella no sospechará de nada… pensará que lo hace porque quiere y a tus espaldas… Tú déjate llevar y deja que yo me encargue de todo…

Yo solo resoplé y miré a través del ventanal que había en el salón.

—Por aquí es donde tú podrás verlo todo —dijo señalando hacia el ventanal.

Corrió un poco las cortinas y vi que daba a la parte trasera de la casa donde había un jardín con unos farolillos para iluminarlo por la noche. Al fondo, en una esquina, una pequeña puerta que Víctor me señaló.

—¿Ves esa puerta? La dejaré abierta y por ella puedes entrar tú y ver todo lo que pase. Dejaré la cortina un poco abierta al igual que la ventana para que así puedas ver y oír todo. Ella no se dará cuenta de nada… entre que es de noche y estará ocupada con otras cosas… jajaja… ¿Qué te parece?

—Que te veo muy seguro que todo vaya a ir como tienes planeado… —dije dubitativo.

—Y lo estoy, Luis… esta noche los tres cumpliremos nuestro deseo… yo follarme a tu chica, tú ver cómo lo hago y ella probar por fin lo que tanto desea… anda, ven que te enseño el dormitorio…

Lo seguí a la habitación que estaba contigua al salón. Me explicó que, cuando llevara allí a Natalia, haría lo mismo con las cortinas y ventana para que no me perdiera detalle de lo que iba a ocurrir. Si ya estaba nervioso, ver aquella cama y sentir como Víctor se jactaba de cómo iba a hacer disfrutar a mi chica en ella, me puso aún más. Y excitado, para qué negarlo.

—He quedado con ella en un sitio que se llama Compass —me dijo Víctor ya de regreso en el salón y dándome a entender que, en algún momento, habían hablado ellos dos sin yo saber nada. Pero no quise darle mayor importancia.

—Es una discoteca queda cerca de una zona de bares y pubs, donde suele ir gente sobre los treinta y cuarenta. A ese sitio suelen ir parejas y gente que sale a desmadrarse después de una cena y eso. Delante hay un aparcamiento y, por allí cerca, varios bares donde puedes esperarla –le conté.

—Algo así tenía pensado. Martín me recomendó un local llamado Ross… me dijo que estaba bien y era discreto y que allí era el sitio ideal para llevar a alguien y pasar inadvertido. Él a veces va allí con alguna casada o chica con pareja. Por cierto, por si eso te preocupa, él está fuera de viaje…

—Mejor —dije algo aliviado—. Yo ese local si que no lo conozco, nunca he entrado, pero sí me suena que queda cerca del Compass. Igual sí puede ser un buen sitio para quedar con ella, no creo que allí se encuentre con alguien conocido… Si te digo la verdad, tiene cierta fama de ser algo sórdido.

El teléfono de Víctor sonó, lo miró y me sonrió antes de mostrarme que era un mensaje de Natalia.

—Hola, Víctor. ¿Ya has llegado? —le ponía.

—¿Quieres que le conteste? —me preguntó Víctor mientras me observaba.

—Haz lo que quieras… —le dije, pero la realidad era que me mataba la curiosidad por saber y ver en vivo cómo actuaba Natalia con Víctor.

—Acabo de llegar. Me iba a duchar y a descansar un rato. ¿Tú qué haces? ¿Has pensado en algo sobre lo de vernos esta noche? —le contestó él mostrándome el mensaje.

—Ahora mismo estoy sola en casa… pensaba echarme una pequeña siesta… a ver si puedo quedar contigo… no sé si voy a conseguir dar esquinazo a esos…

—Vale, pues te dejo que descanses… yo voy a ver si me doy una ducha…

—Vigila que no se te enfríe tu cosita… —respondió Natalia con clara picardía.

Él me miró sonriente y como pidiéndome permiso para contestarle algo subido de tono y yo, arqueando mis hombros, se lo di.

—No te preocupes que mi cosa está acostumbrada a salir de su escondite muy a menudo…

—Ya lo sé, ya… lo he podido descubrir en varias ocasiones… y sobre todo Andrea… me lo ha contado todo… te dejo que quiero echarme un rato… te doy un toque si me puedo escapar…

—Vale, guapa… a ver si lo consigues… Me encantaría verte y poder charlar.

La conversación acabó ahí. Yo me levanté del sofá para irme ya, acompañándome Víctor hasta la salida. Salimos por detrás para que viera el camino que debía recorrer desde el aparcamiento hasta su chalet, y para poder espiarles esa noche. Me despedí de él con una sensación extraña. Por un lado, deseaba que todo saliera tal como él había planeado y poder verlo en acción pero, por otro, temía que algo fuese mal y, si eso ocurría, el principal damnificado iba a ser yo.

—Luis—sentí que me llamaba Víctor.

—¿Sí? —dije extrañado bajando la ventanilla del coche.

—No quiero que te rayes, vale —quiso tranquilizarme—. Tú estate atento al móvil y actúa como siempre, con normalidad. Recuerda que hacemos esto para que lo disfrutes no para que sufras. Yo no quiero eso. Y, aunque no te lo creas, esto para mí también es especial, ¿sabes? Me he acostado con mujeres a espaldas de sus parejas, con otras con el consentimiento de sus maridos, pero nunca he intentado acostarme con una chica a espaldas de su novio pero, a la vez, confabulado con él sin que lo sepa ella… es una de las cosas más morbosas que me ha pasado nunca y, encima, con alguien como vosotros… Natalia está tremenda y tú eres un tío de puta madre… Gracias por dejarme intentarlo, Luis… —me dijo cogiéndome por sorpresa y pareciéndome completamente sincero.

Le estreché la mano y de esa manera nos despedimos, yo con mi coche en dirección a mi casa y él de regreso a su chalet alquilado. Las últimas palabras con Víctor habían conseguido tranquilizarme y darme cuenta que, de ponerme los cuernos, no se me ocurría mejor persona que él para hacerlo.

Al llegar a casa, Natalia dormía sobre el sofá. Yo me fui a la habitación con el portátil y la dejé descansar mientras yo pasaba el rato navegando por internet. Intenté hacer caso a lo que me había dicho Víctor, que me comportara con naturalidad y eso procuré hacer.

A eso de las siete fui a levantar a Natalia, despertándola con un beso y avisándola de la hora para que pudiera arreglarse con tiempo de sobras, ya que habían quedado a eso de las ocho y media en una cervecería para tomarse algo antes de ir a la cena.

Ella se duchó y empezó a prepararse para su salida. Envuelta en una toalla, entró en la habitación para vestirse. Sobre la cama, ya tenía preparado el conjunto de ropa interior que pensaba ponerse esa noche.

—Natalia, ¿puedo pedirte algo? ¿Porque no te pones el conjunto que te pusiste anoche? —le pedí mientras sacaba aquellas prendas del armario que ayer había usado junto al picardías a juego.

—¿Cómo quieres que me ponga eso? Además, hace demasiado frío para ponerme ese tipo de medias que no cubren casi nada… —protestó mirando el conjunto que le ofrecía.

—Va… si dentro del restaurante no vas a pasar frío… y para la calle, vas a usar el abrigo largo, ¿no? —dije tratando de sonar convincente—. Ya que no voy a salir, al menos dame esta alegría… solo de pensar en cómo te van a mirar tus ex compañeros… Así luego me tendrás bien caliente para cuando vuelvas…

—No sé ni cómo te hago caso… anda, trae… —dijo Natalia cogiendo las prendas para ponérselas.

Ella se quitó la toalla y se quedó desnuda delante de mí. Vi con los ojos a punto de salírseme de las órbitas como ella, de forma sugerente, se colocaba el tanga y el sujetador, todo de un color rojo intenso. Una vez hecho, se puso unas medias negras semi transparentes que le llegaban un poco más arriba de medio muslo y luego el liguero sujetándolas.

—¿Cómo me queda? —dijo dándose la vuelta y mostrándome el conjunto.

—Joder… vas rompedora… —dije de forma sincera. El tanga le hacía un culazo tremendo y el sostén realzaba sus tetas de una forma sumamente provocativa.

Ella sacó del armario la falda corta gris que llevaba la otra noche que salimos juntos y se la puso, apenas ocultando el inicio de sus medias. Lo siguiente, la blusa que habíamos comprado esa mañana que resultó ser todo un acierto. El conjunto era sencillamente espectacular. No enseñaba demasiado pero insinuaba un montón con aquellas transparencias y en cómo apretaba sus grandes pechos. Y como colofón, las botas mosqueteras que se puso sentada en la cama.

Ya vestida, volvió a exhibirse ante mí que, embobado, no fui capaz de articular palabra. Estaba sencillamente espectacular. No tenía ninguna duda que mi chica iba a ser el centro de atención allí por donde fuera y que, cuando Víctor la viera, iba a hacer lo imposible por llevársela a aquel chalet que me había enseñado aquella tarde.

—¿Estoy guapa? —dijo mirándose en el espejo—. ¿No voy un poco exagerada? A ver si se me va a ver algo si me agacho demasiado… —preguntó mientras comprobaba en el espejo si se veía algo.

—Estás preciosa, cielo —le dije con sinceridad-. Y tranquila, que no se ve nada…

—La verdad es que me queda bien la blusa que escogiste… y me gusta el bordado este de la dama de picas que tiene… Le da un toque guay —dijo recolocándose el escote.

Regresó al baño para acabar de retocar su peinado y maquillarse. Tardó unos quince minutos en hacerlo, esmerándose bastante más que cuando salíamos los dos juntos. Estaba claro que aquella noche quería gustar y por eso se esmeraba tanto en acicalarse. La cuestión era, ¿por Víctor o por Daniel?

Cuando salió, ya completamente arreglada, me quedé fascinado mirándola. No recordaba haberla visto así de sexy y atractiva en mucho tiempo. Empecé a pensar en que, si el hecho que se estuviera arreglando para agradar a otro que no era yo, era lo que hacía que la viera así de arrebatadora.

—Espera cielo… déjame que te haga una foto…

Ella sonrió y posó de forma sensual y sonriente, complacida por el efecto causado en mí.

—¿En serio no vas a salir? Si quieres, te llamo al salir de la cena y te vienes a tomar algo con nosotros al “Compass” —me comentó, aunque no demasiado convincente, más como compromiso que por otra cosa.

—No, tranquila. Esta noche es para ti. Tú disfruta y no tengas prisas por volver. Ya otro día salimos tú y yo, los dos solos… —dije besándola.

—Bueno, no creo que vuelva muy tarde… aunque Andrea está muy pesada y no sé si voy a poder escaparme tan fácilmente de ella… —me dijo poniéndose el abrigo para irse ya.

—No te preocupes, cariño y pásatelo bien. Además, el otro fin de semana dijimos de ir a una casa rural y allí te tendré para mí solo todo el tiempo…

—Es verdad. Allí te compensaré por ser tan comprensivo conmigo… —dijo mientras llevaba su mano a mi entrepierna y me miraba de forma juguetona.

Me besó de nuevo y se encaminó a la puerta. Cuando salió por la puerta, tardé nada y menos en coger mi móvil y mandarle un mensaje a Víctor.

—Natalia acaba de irse. Hoy está espectacular —le escribí mientras le enviaba también una foto de las que le acababa de sacar a mi chica.

—Madre mía —exclamó Víctor al poco—. Está tremenda…que bien me lo voy a pasar con ella esta noche…

—Bueno, ya veremos… pero sí que está que se sale esta noche…

—Ya te digo yo que sí… jajaja… voy a arreglarme para salir…

—Ok.

—Y estate atento al móvil, Luis. Ya te iré contando cómo van los avances con tu chica. Cuando me la lleve al apartamento, te aviso para que puedas verlo todo…

La conversación acabó ahí. Veía muy seguro de sus posibilidades a Víctor y yo no acababa de creerme que Natalia fuera capaz de algo así y menos con él. Que dejara meterse mano era una cosa y estar dispuesta a llegar a mayores, otra cosa muy distinta. Pero tampoco podía culparlo. Ver a mi chica vestida de esa guisa, era motivo más que suficiente para que pensara que se había arreglado así para él y que pensara que ya lo tenía todo hecho. Lo que me daba algo de resquemor era que ambos estuviéramos equivocados y toda aquella parafernalia no fuera para nosotros sino para Daniel, que él fuera el afortunado que esa noche consiguiera algo de mi chica. Y si eso fuera así, yo no me enteraría de nada.

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