LUCI 87

Aún sintiendo el gozo de sus caricias y el calor del sol que tostaba mi piel, Pablo seguía allí a mi lado observándome. Tras varios minutos disfrutando de sus caricias los aspersores del parque se pudieron en marcha y nos levantamos de prisa como pusimos, había pasado más de una hora, no minutos, el tiempo se había tomado la libertad de volar como el viento en su compañía, como pudimos salimos corriendo y dando saltos para evitar mojarnos más de lo que ya estábamos, al llegar al camino me mire e iba chorreando, al igual que el, las gotas de agua que mojaban su cabello y su piel lo hacían ver más sexy, seguro el pesaba lo mismo de mí.

Su casa estaba cerca, propuso que nos acercaremos para secarnos un poco y me ofreció ropa seca de su hermana que a veces venía y se quedaba en su piso mientras él estaba de viajes, al subir en el ascensor nuestras miradas eran esquivas algo incómoda esa situación, es el efecto de encierro y sin salida que los ascensores provocan, eso o un acercamiento, curioso que en ese momento nos sintiéramos así, pero no dejábamos de ser un par extraños que se habían conocido apenas unas horas antes, con lo cual hasta normal era.

Su apartamento era el último piso, el ático, era un dúplex pequeño tipo estudio, con el salón, cocina y lavabo abajo, una escalera que subía como a una especie de balcón donde estaba su habitación, solo oculta por una barandilla. Al entrar me ofreció una infusión para entrar en calor, entró al aseo y me dio un par de toallas para que me secara, el subió rápido las escaleras y volvió con algo de ropa, unos vaqueros y una camiseta y jersey. Al dármela entre en el aseo, me cambié de ropa y seque un poco, porque venía realmente goteando.

Mientras tanto el ya se había cambiado, llevaba unos vaqueros y una camiseta blanca, iba descalzo. Tenía unos pies grandes, robustos y fuertes, al igual que sus manos. Se acercó para darme la infusión, nos sentamos en el sofá, hablando de la mala suerte de que habíamos tenido al estar justo cuando se encendían los aspersores, reíamos y nos contábamos banalidades.

Su mirada y sonrisa eran sinceras y transparentes, con sus manos y dedos dibujaba cosas para que me las imaginara su relato, yo al verlas las volvía a notar sobre mi piel. Sin quererlo me mordí el labio inferior y se dio cuenta, me pregunto si está a bien o incómoda, contestándole que estaba muy bien me acerque a el y le di un suave beso en sus labios, él respondió al beso y sin darme cuenta estaba rodeada de sus fuertes brazos, sintiendo sus manos en mi espalda, acariciando mi cuello y bajando hasta mi cintura. Me sentía en la Gloria, sin saber como, mis manos se colaron dentro de su camiseta y sentía su cálida y suave piel, nuestros cuerpos se completaban y amoldaban al tumbarnos en el sofá. Nuestras miradas se cruzaban y no eran esquivas, al contrario subían la química del encuentro y nos daban fuerzas para continuar. Besaba mis mejillas y bajaba a mi cuello, mientras sus manos tocaban mis pechos, mi espalda se arqueaba hacia atrás para ofrecerle mis pechos, metiendo sus manos por mi espalda y con mucho arte soltó mi sujetador y mis pechos saltaron fuera de él pero aún dentro de la camiseta, el jersey en algún momento lo había perdido.

Sus manos fuertes apretaban mis pechos, tenían el tamaño perfecto para abarcarlos completo en ellas, su lengua recorría mi cuello, era fuego esa lengua, de mi boca solo salían suspiros de placer y algún gemido, dándole luz verde a que continuará. Puse mis manos en su pecho y lo aparte, mirándolo fijamente a los ojos me saque la camiseta y veía como se deleitaba con la visión de mis pechos desnudos, yo estaba a tope, mis pezones eran piedra y estaban algo rojizos de tanta excitación.

Se acercó a mí para abrazarme pero puse mis manos y con una cara pícara le dije que no, que era momento de que se relajara un poco y disfrutará, le saque su camiseta por encima de la cabeza, sin sacarla de sus brazos le hice un nudo en sus muñecas y como pude las apoye en su espalda contra el sofá. Mis pechos quedaban a la altura de su cara, y con delicadeza se los acerque y restregué muy suavemente por su rostro, acercándolos a su boca y con un suave beso los hizo suyos. Mientras yo me deleitaba con verle su mirada, embriagada por mis pechos. Los fui bajando por su torso hasta llegar a su paquete, los pantalones le iban a reventar, claramente se marcaba todo su miembro en ellos, soltando una mano le abrí el cinturón y vaqueros, ya con las dos manos se los bajé, dejando salir su miembro, duro y fuerte como sus manos y pies, con las venas marcadas de tanta excitación. Acerque mi cara a el y con mi nariz lo acariciaba, su mirada estaba perdida, al sentir mis labios sobre su dura y vibrante polla me miró a los ojos con dulzura. Subí todo mi cuerpo y busque sus labios, tumbándome sobre su cuerpo desnudo, mis pechos se aplastaban sobre el y nuestras bocas se unían en pasión. Sentía sus manos en mi trasero, que junto con mi cuerpo no dejaba de mover, dibujando círculos sobre su miembro y cuerpo. Con su ayuda me solté los botones de los vaqueros, fueron bajando hasta caer al suelo, sus manos sujetaban mis nalgas y abrían buscando mi interior, pero con mis movimientos circulares le era difícil acceder. Nuestros cuerpos se frotaban, acariciaban, juntaban y fundían.

Luego de incorporamos, mientras él se sentaba en el sofá y yo sentándome sobre restregando mi sexo en su miembro, dejándolo todo lleno de mis fluidos, me cogió por las nalgas y levanto hasta quedar mi sexo frente a su cara, se acercó y empezó a comer, la escena vista desde fuera, desde los otros edificios vecinos, a través de los grandes ventanales sería muy, pero muy sensual, el sentado en el sofá y yo encima de su cara, con sus fuertes manos sujetándome las nalgas y mi cuerpo ligera te arqueado hacia atrás, mis manos recorriendo su cabello y dando tirones a cada lenguajetazo, estaba en la gloria total, cada vez más cerca de mi orgasmo, mis gemidos se intensificaban y el lo notaba, sabía que me tenía a punto y entregada, hasta que un ruido seco salió de mi boca y me deje caer sobre el, temblando, con la mirada ida, la piel encendida y un agradable sabor dulzón en la boca, sintiendo mis muslos calientes de mi corrida, estaba flotando.

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