ALMUTAMID

Era la primera vez que yo había buscado a Nieves. Siempre era ella la que me ofrecía enrollarnos y yo el que me dejaba llevar. Aquella vez había sido yo. Estaba asumiendo como normal que cada vez que nos viéramos termináramos teniendo sexo y ya iban meses desde la primera vez. ¿Y por qué la busqué? Porque nunca me lo negaba. Tampoco yo estaba desesperado. Venía de ver a Claudia pocos días antes. ¿Entonces? Sabes que puedes tener sexo con alguien que te gusta y no desaprovechas la ocasión. Entonces una alarma sonó en mi cabeza: “Te gusta”. ¿Es posible que te gusten dos mujeres? Y 3 y 4…esa no es la cuestión. Si muchos hombres pudiéramos nos follábamos una mujer diferente cada día.

Me gustaba Nieves. Me gustó desde el principio y tonteé con ella desde el principio. En verano fue un juego. Sentirte deseado y provocarla, pero desde que crucé la línea al follármela en la discoteca las cosas habían cambiado. Me gustaba. Físicamente y su forma de ser. Aunque seguía habiendo algo que no me cuadraba. Su personalidad independiente, decidida, segura chocaba con su actitud sumisa en el sexo. Siempre dispuesta a complacer. ¿Complacer o complacerme? ¿Era su forma de decirme que estaba dispuesta a cualquier cosa conmigo? Ella negaba que quisiera tener algo serio conmigo, pero claro yo tenía novia y ella era “la otra”. Pero ¿qué ocurriría si le propusiera dejar de ser la otra para ser la única?

La idea pasó fugazmente por mi mente descartándola inmediatamente. Claudia me quería, yo la quería a ella y de estar juntos no estaría pasando nada con Nieves. Yo no habría cruzado la línea de liarme con ella y a lo mejor ni siquiera habríamos sido amigos. Bueno, habría un momento para saber cuál era mi realidad. En Navidad vería a Claudia y a Nieves. Sería el momento de aclararme, aunque recordando momentos anteriores a lo mejor se aclaraban ellas. Con Claudia cerca a lo mejor Nieves no quería tener nada y quién sabe si Claudia se acostumbraría a vivir sin mí el tiempo que le quedaba. Otra vez mi cabeza hecha un lío por no saber contenerme. Lo malo es que no eran una Silvia cualquiera ninguna de las dos. Eran dos personas que conociéndolas bien valían más que yo.

Lo bueno a pesar de todo es que ambas estaban lejos de mí la mayor parte del tiempo. Y aunque parezca mentira, salvo cuando Marta me dejó, hasta entonces yo había sido capaz de separar mis cuitas sentimentales y sexuales de mi estudio. Así que aquella semana retomé mis clases con naturalidad sabiendo que no iba a tomar ninguna decisión todavía.

Y lo más perentorio era el trabajo que teníamos que terminar y para el que aquel lunes no reuníamos en casa de Marta para darle un empujón. Quedamos después de comer para tomar café mientras trabajábamos. Llegué el último y mi sorpresa fue encontrarme a Silvia allí. Ni me acordaba ya de que era compañera de piso de Marta. Yo la verdad es que ni me acordaba de ella. Pero ella de mí evidentemente que sí pues me había mandado algún mensaje a principio de curso y además me saludó muy efusivamente con dos besos sonoros y achuchón incluido con golpe en el culo. Mi último recuerdo de ella fue en aquel piso de Erasmus comiéndose tres pollas con las tetas al aire.

-Desde luego Luis que ya ni te acuerdas de las amigas…
-Entre los estudios y los puentes casi ni he salido…-me excusé.

Marta nos observaba y al escuchar mi excusa levantó una ceja.

-Pues hijo con lo bien que nos lo pasamos el año pasado podías acordarte de mí un poquito…
-Bueno, a ver si te vienes un día con Marta y nos vemos…-me excusé de nuevo intentando evitar lo que sabía que iba a venir después.
-Venga, venga. Os dejo trabajar.

Me dio otros dos besos apoyándome la mano en el pecho y se fue a la calle. Algo cortado me senté a la mesa encendiendo el portátil temiendo la pregunta de Marta:

-¿Con lo bien que nos lo pasamos?-preguntó Marta.
-Bueno, después de irte quedamos algún día.-expliqué.
-Luis, yo conozco a Silvia. Sé a qué se refiere diciendo “pasarlo bien”.
-Pero ella y yo no…-desde luego no le iba a contar que me la comió en la calle mientras penaba por ella.

Miriam nos observaba con sonrisilla maliciosa.

-Mira Luis- continuó Marta- no sé si te has dado cuenta que este año apenas quedo con Silvia. No me va mucho su plan. Y la verdad veros tan amiguitos me da mala espina. Vi la procesión de tíos que pasaban por aquí los fines de semana y no me extrañaría que tú hubieses sido uno.
-Me estás ofendiendo…-dije molesto.- No me lío con cualquiera. ¿O tú fuiste cualquiera?
-¿Entonces lo nuestro fue eso? ¿Un lío?-atacó.
-¿Por qué no dejáis la discusión?- terció Carlota.
-No, déjalos. Que esto se pone interesante…-añadió Miriam.

Marta se dio cuenta de que no era el lugar y se contuvo, momento que aproveché para decirle:

-A ver. Yo no me he liado con Silvia y sí, pasó algo el último finde después de los exámenes. Pero no es el sitio de contarlo y menos con gente que no conoce a Silvia.
-Es verdad, Luis. Perdona.-contestó Marta.
-Ah no.-intervino Miriam- Ahora lo cuentas, que esto suena interesante, jajaja.
-No está bien contar historias ajenas de alguien que acabas de conocer.-dije lanzando balones fuera.
-No, cuenta. Porque algo hay y de Silvia me creo todo.-comentó Marta.
-Pero juradme que no sal de aquí. No quiero que nadie vaya por ahí contando historias salidas de mi boca.-pedí.

Asintieron y procedí a contar:

-Pues el último día después de los exámenes no quedaba ya casi nadie en la ciudad y quedé con un compañero del equipo para salir. De casualidad acabamos en un pub con unos Erasmus y Silvia. La verdad es que celebrando el final de los exámenes bebimos bastante pero nos pilló la hora de cierre y los guiris dijeron que fuéramos a su piso. Allí bebimos más y, bueno, pues Silvia se enrolló con los chicos.
-¿Chicos o chico?-preguntó Miriam con los ojos abiertos como platos.
-Chicos…-respondí.
-Menuda pieza, jajaja.-rió Miriam ante el estupor de Carlota.
-¿Y tú que hiciste?-preguntó Marta.
-Casi era la hora en que abrían la residencia y me fui un poco alucinado con el espectáculo.
-¿Pero qué hacían?-quiso saber Miriam.
-No hace falta. Ya es suficiente.-cortó Marta.
-Es verdad. Ya está.-zanjé el tema.

Al final dejamos el trabajo bastante avanzado a falta de editarlo y decidimos que lo remataríamos Miriam y yo una tarde de esa misma semana para entregarlo ya.

El miércoles por la tarde me fui a casa de Miriam a rematar el trabajo. Como después quería volver corriendo a la residencia me llevé un pendrive para usarlo en su ordenador y me fui en ropa de deporte. Cuando me vio llegar en calzonas y con sudadera con su ironía ya habitual me dijo:

-Niño, parece que te quieres ir corriendo…
-Y así va a ser, jajajaja. Pero cuando terminemos.

Miriam vivía en un piso de estudiantes pequeñito con otra compañera que no estaba en casa en ese momento. Tenía la libertad de un piso pero el salón con cocina americana era tan pequeño que no mejoraba demasiado las estrecheces de la residencia. El dormitorio aunque pequeño y algo oscuro, pues poco después de comer ya necesitábamos luz eléctrica, al menos le daba la independencia de ser individual.

Nos sentamos en la mesa de su dormitorio y le di el pen, pero ella prefirió que yo me sentara al ordenador para quedarse en la cama sentada como los indios. Me había recibido con la misma ropa que llevaba por la mañana pero al verme y antes de sentarnos a trabajar se había cambiado en su cuarto poniéndose un chándal tan poco sexy que interpreté que evidentemente no tenía más interés en mí que la simple amistad de compañeros de clase y de hacía un tiempo de marcha. Aunque claro depende de la postura pues al sentarse detrás de mí en la cama y con la cremallera del chándal abierta en el escote me pareció intuir que no llevaba debajo más que el sujetador y podía apreciar el nacimiento de sus pechos. No sé si se dio cuenta del desvío de mi mirada.

Al final tardamos menos de lo esperado en rematar el trabajo que quedamos en mandar a las otras dos compañeras para que nos dieran el visto bueno antes de subirlo al aula virtual. Pero cuando yo tenía intención de irme Miriam me abordó:

-El lunes no contaste que hizo tu amiga tan fuerte…
-No era el sitio. Tampoco la conocéis.-respondí.
-Ya sí. Y me da mucho coraje que me dejen a medias.
-En eso me da igual, pero en otras cosas nena no te dejaría a medias…jajaja.-dije con sorna.
-Mira que gallito. No te voy a decir que eso se demuestra porque te veo dispuesto y no van por ahí los tiros.-me devolvió con desparpajo.- Tú sabes por donde voy.
-¿Eso lo quieres saber por curiosa o por morbosa?-pregunté buscando en realidad escabullirme.
-Un poquito de cada. Venga, Luis…no me dejes a medias…jajajaja.
-¿Qué quieres saber exactamente?
-Lo que estaba haciendo la compañera de Marta para que te quitaras de en medio.
-A ver si te vas a asustar, que esto es para mayores…
-No vayas de profesor a ver si conmigo en realidad eres alumno…
-Si fueses tan maestra de esas cosas no tendrías tanta curiosidad, jajajaja.
-Venga ya, Luis. No seas capullo y cuéntamelo, anda…-dijo agarrándome del brazo.

Me senté de nuevo pero esta vez en la cama al lado suya y tras comprobar que efectivamente era el sujetador y el nacimiento de sus pechos lo que se veía pues tras pillarme mirando se subió la cremallera, le dije:

-Esto no sale de aquí, ¿vale?
-Vale…
-Se estaba liando con tres tíos.

Los ojos de Miriam se abrieron como platos y dijo:

-No veas la gorda…
-Córtate, tía.
-Perdón. Es que no veas. Pero liándose ¿cómo?
-Eso ya es morbo, jajajaja.
-Venga va, Luis.
-Pues imagínate la escena- empecé a darle teatralidad al relato poniéndome de pie- Ella de rodillas en el suelo con sus pechotes desnudos y ellos delante de ella- hice el gesto de bajarme los pantalones- con los pantalones caídos.
-¡No! ¿Sí?

Imité el gesto de agarrar una polla mientras mi lengua empujaba mis carrillos hacia fuera mientras asentía.

-Jajajajaja. ¡Qué guarra la tía!- rio Miriam.
-Ya ves. ¿Contenta?
-No, jajaja.
-¿Y qué más quieres?- pregunté volviéndome a sentar.
-Cuéntame que rollo os traéis Marta y tú.
-¿Y por qué no se lo preguntas a ella?
-Ya se lo he preguntado y sólo me dice que salisteis juntos un tiempo.
-Es que eso es todo.
-Algo más hay para que te esté soltando puyazos todo el tiempo y se ponga a veces como se pone. –añadió.
-Bueno, no terminamos bien. Ya sabes. Pero después rehicimos la amistad y aquí nos ves.-dije con tranquilidad.
-¿Os liasteis?
-¿Tú cuando has salido con alguien no te has liado?- pregunté con obviedad.
-Bueno, vale. Pero no estamos hablando de mí.- se defendió.
-Pues vamos a hablar de ti. ¿Tienes novio, pareja, follamigo…?
-Jajajaja. Que va, Luis. Nada de nada. Espanto a los tíos.
-Me lo creo…-dije justo antes de que Miriam me diera un manotazo en la espalda- Y no por fea. Yo creo que es por carácter, jajajaja. Ya en serio, si eres tan preguntona eso cansa.
-Capullo…jajaja.
-Me caes bien, Luis. Echaba de menos tener un amigo y tú me das confianza. ¿Te cuento algo?
-Dime…
-Yo creo que Marta sigue colada por ti y por eso se pone así.
-Ella sabe que tengo novia. No creo.
-Por eso, Luis. ¿No lo ves? Está colada por ti pero como tienes novia no se atreve a decirte nada. Pero se le nota. Se pone atacada cada vez que te ve hablando con otra tía, y como sabe que tienes éxito se cabrea.
-¿Qué éxito?
-Eso digo yo, jajaja. Que tampoco eres para tanto como para ser tan nombrado en la facultad. Que si Luisinho para arriba, que si Luisinho para abajo…
-Pues no sabía yo que yo tenía tanta fama, pero vamos, me vas a decir tú que no estoy para comerme, jajaja.-dije levantándome de nuevo y señalándome la cara para después levantarme la sudadera y enseñarle las abdominales marcadas de canijo- anda que no estoy bueno, y porque no es plan enseñarte el mejor secreto de mi éxito.- dije agarrándome el paquete.

Miriam rio y me tiró un cojín. Con ese buen rollo me fui de su casa aunque lo que me había dicho me dejó pensativo. ¿Cómo iba a seguir Marta colada por mí después de tanto tiempo y cuando me echa en cara constantemente el motivo por el que me dejó?

La conversación con Miriam me dejó algo tocado. Yo veía a Marta como una buena amiga, pero es verdad que cada vez que me veía hablando con otras chicas se ponía melindrosa y aparentemente celosa sin motivo. De hecho, nos despedimos con una conversación pendiente y nunca más surgió el tema. Quizá el saber que yo tenía novia la contuvo. O simplemente era algo que ya se había pasado. Yo no tenía intención de hacer daño a Marta, bastante nos hicimos en su momento.

Aunque podía tener motivos para estar enfadada conmigo, pues apenas 10 días después de nuestra ruptura con mi ánimo tan decaído yo estaba viviendo mi sueño con Claudia apartando a Marta de mi pensamiento. Pero ella se lo buscó. Me había apartado de su lado por las mentiras de María y además no se dignó a escucharme. En el fondo lo que más le tendría que doler era algo que realmente no sabía: que yo salí con ella estando realmente enamorado de Claudia. De haber sabido que Claudia terminaría aceptándome probablemente no habría salido con Marta.

Si es que lo nuestro en realidad fue breve pero intenso. Pareció más un amor de verano que una relación con una compañera de clase. Todo el curso compartiendo clase sin apenas fijarnos el uno en el otro. Coincidimos en los jueves del equipo y casi a final de liga se interesó por mí, o al menos se atrevió a acercarse a mí de la misma forma que a lo mejor lo habría hecho con otros miembros del equipo. Se dejó sobar un poco por mí como otras chicas que se nos arrimaban a los jugadores rozando su culito contra mi paquete pero cuando intenté besarla de primeras me paró los pies. La casualidad hizo que yo acabara en su dormitorio y aun así aquella noche no hubo nada. Y supongo que sería mi comportamiento aquella noche el que la convenció que yo merecía la pena. Y ahí sí. Ahí demostró que lo daba todo y echamos unos buenos polvos en pocos días. ¿Qué habría pasado si María no intenta joderme?

Esa era la gran pregunta. Y pensándolo con el tiempo casi me hizo un favor. Si no jode mi relación con Marta y me hunde obligando a Claudia a mostrar sus sentimientos no habría empezado con la chica de mis sueños. ¿Seguiría con María? Demasiados interrogantes en mi cabeza.

Podía tomar dos caminos: dejarlo pasar y quedarme con la duda o intentar sonsacar a Marta. Y alguno pensará, si no vas a volver con ella ¿para qué saberlo? Pero entonces no sería yo. Mi ego vivía desde hacía meses con mis éxitos amorosos, deportivos y académicos más hinchado que mi polla cuando me ponía caliente. Si con 19 años no disfrutas de gustarle a las chicas y saber que niñas guapas, inteligentes y buena gente como Marta están por tus huesos, es que no tienes sangre en las venas. Y a mí me corría bastante rápido. Tenía que buscar la forma de averiguarlo. Y lo peor de todo, sin saber realmente qué hacer en caso de que me lo confesara.

Pero juventud e imprudencia van de la mano y a mí en ese momento me sobraban de las dos. Así que cuando aquel jueves tras el partido nos fuimos a celebrar una victoria fácil contra el equipo de Estadística vi mi oportunidad. Yo venía bastante crecido pues aunque seguía negado cada vez que tiraba a puerta, las ocasiones en que cruzaba el balón al segundo palo para que rematara el compañero que me acompañaba en ataque salvando al portero solían terminar en gol. Y como varias de aquellas jugadas habían partido de robos míos de balón me había ganado el aplauso de los compañeros y de la hinchada femenina que nos solía acompañar entre las que estaban Marta y Miriam.

Una vez en el bar recibí felicitaciones de compañeros de equipo y compañeras animadoras del equipo, entre ellas la misma chica que me saludó la semana anterior y que por fin me quedé con su nombre: Blanca. De hecho casi le di la razón a Marta pues la chica, en vez de aparecer como solían la mayoría con ropa desenfadada de entre semana, vaqueros y sudadera, se había arreglado poniéndose un vestidito de lana muy ajustado, que a pesar de ser de cuello vuelto se ajustaba tanto que marcaba perfectamente las curvas de la chica que no andaba desde luego falta de tetas ni de caderas. Juraría que la chica estaba de ligoteo y yo era uno de los posibles candidatos a juzgar por el rato que pasó hablándome en disposición de tonteo. Viendo que me acaparaba y yo tenía otras ideas en mente me disculpé y tomando un taburete me fui donde estaban mis dos amigas aprovechando que uno de mis compañeros que estaba hablando con ellas se había ido al baño.

Coloqué el taburete entre las dos y me senté soltando mi cerveza en la barra y mirando a Marta le dije:

-Vale, lo admito. Tenías razón. Esa niña viene buscando guerra.
-Para que después te pongas tan borde conmigo.-me riñó Marta.
-Lo admito, pero para que no haya dudas que sepa quienes son mis amigas…

Y agarrándolas por la cintura las atraje a mí apoyando a cada una en uno de mis muslos.

-¿Qué haces?-preguntó Miriam.
-Que vea con quien estoy…-respondí con descaro.
-¿Con las dos?-preguntó.
-No estamos en realidad…-le dije guiñándole un ojo.
-Ya. Por eso me estás sobando…-me dijo mirando mi mano que sin querer se había escurrido por la sudadera alcanzando su piel pues debía llevar un top corto debajo.
-Ni que te estuviera tocando el culo…
-Es que si me sobas el culo sin mi permiso te parto la cara…-respondió quitando mi mano de su cintura- …quédate sobando a ésta- refiriéndose a Marta- que creo que ya os tenéis vistos, tocados y follados…

Y diciendo esto se alejó de nosotros. Marta se quedó apoyada en mi muslo y cuando Miriam se apartó pasé el brazo con el que la sujetaba para abrazar a mi amiga.

-Ahora te lo pregunto yo, Luis. ¿Qué estás haciendo?
-Te molestaba la actitud de esa niña y le estoy señalando que prefiero estar con mis amigas.
-Luis. Esto no está bien. Tu relación conmigo no ha sido sólo de amistad. Y tienes novia…
-¿Tú tampoco quieres que te abrace?-pregunté acercando mi cara a la suya.
-¿Abrazar o algo más?

Bajé mi mano de su cintura a su culo como la primera vez que se sentó sobre mí en aquel mismo bar unos meses antes. Entonces no puso objeción pero no sabía que pasaría ahora y si me estaba sobrepasando.

-Luis, ¿quieres ponerle los cuernos a tu novia? ¿Me quieres de segundo plato porque está lejos y no follas? Me estás dando la razón a por qué te dejé…-añadió sin levantarse de mi pierna.
-No voy a ponerle los cuernos a mi novia empezando porque tú no quieres. Sin entrar a decir que haría yo o no.
-Luis eres idiota total. Cuando quiero a alguien lo quiero para mí, sin compartir con nadie. Si estás borracho para ya de beber y si no lo estás bájate del burro que yo así no te aguanto.

E imitando mi gesto de la semana anterior se levantó y me besó la mejilla diciendo:

-Me voy con Miriam a casa ya. Bájate los humos y no la cagues…

Me quedé bastante cortado y sin saber interpretar sus palabras. No rechazó mi abrazo, ni el contacto físico conmigo pero dejaba claro que si yo estaba con Claudia no contara con ella. Pero no aclaraba que pasaría si yo estuviera libre. En esas cavilaciones y apurando la cerveza volvió Blanca donde yo estaba y se puso a hablarme de nuevo de mi partido, de jugadas que hice y de lo bien que lo pasaba los días de partido. No sé si fue el alcohol, o la tontería que había hecho con Marta o que Blanca se me plantara delante pero le dije:

-¿Sabes que es tradición en el equipo que las supporters den calor a los jugadores?

La chica no pareció entender lo que le decía y se quedó pensativa así que añadí:

-Ya sabes. Tener contentos a los jugadores…

Entonces se sonrió, miró a otros compañeros charlando con otras chicas o con alguna sentada en su regazo y se sentó en mi muslo respondiendo:

-Vale, jajaja. No te entendía lo que me querías decir…

Yo al ver su reacción la cogí por la cintura y deslicé mi mano por su culo apoyándola en su muslo envolviéndola. Se puso algo rígida pero ni se levantó ni me quitó la mano de encima luciendo una sonrisa nerviosa.

-¿Quieres tomar algo, Blanca?

Pedí una cerveza para cada uno y brindé con Blanca.

-¿Tienes novio?- le pregunté volviendo a sobarle el muslo.
-No, jajaja.
-Pues me da que vas a tener mucho éxito en este equipo, porque estás muy bien.
-¿Y si no me interesara el equipo?
-¿Y qué te interesa entonces?
-Algunos jugadores sólo, bueno…jajajaja- de nuevo la risita nerviosa- alguno en concreto.
-¿Quieres que te lo presente?
-Ya lo conozco…
-¿Y él sabe algo?
-Creo que no…
-¿Y qué quieres de él? ¿Salir con él? ¿Un rollete? ¿Un polvo?
-Jajajaja…-reía de nuevo, pero ahora con la cara encendida del rubor.

Ahora mi mano manoseaba la parte de su culo que sobresalía de mi muslo. La chica no me paraba y mi voluntad empezaba a cambiar de origen pero quise seguir jugando con la chica.

-Bueno Blanca, ¿y qué se dice de mí en la facultad? ¿Saben quien soy en las clases de primero?
-Jajajaja. Todo el mundo sabe quien es Luisinho.
-Mira bien, y ¿qué se dice?
-Pues que eres el mejor del equipo.
-¿Sólo eso?
-Bueno y que tienes fama de haber estado con varias chicas de la facultad…
-¿Varias? Que exageradas, jajaja- disimulé con modestia- ¿y a ti eso qué te parece?
-Bueno es normal…-respondió eludiendo de nuevo mi mirada.
-¿Te parece normal?- pregunté haciéndome el sorprendido.
-Bueno, te he visto jugar…y eres divertido…
-¿Y te parezco guapo?- mi descaro con la chiquilla rozaba ya el abuso. Ni yo me lo creía. ¿Era yo o me había reencarnado en Óscar o Pablo?

Pero lo peor es que lo estaba disfrutando. Me sentía fuerte, poderoso. Capaz de todo. Ni me acordaba de lo que acababa de ocurrir con Marta, ni de Nieves…ni de Claudia. En ese momento sólo quería saber qué estaba esa chica dispuesta a hacer conmigo o por mí. Mi actitud contrastaba con la de ella, ahora más cortada que al principio, azorada por mi descaro.

-Luis…le gustas a muchas chicas.
-¿Y con cuantas chicas de la facultad dicen que he estado?
-No sé. Varias. Pero no sé sus nombres. Aunque creo que Marta era una de ellas…
-Así es…y seguimos siendo muy amigos, ¿Tú quieres ser mi amiga?

Blanca bajó la mirada y cortada me respondió:

-Claro…
-Yo estoy encantado contigo, pero me cierran la residencia y tengo que irme, pero podemos retomar la conversación otro día y me cuentas quien es ese chico que te gusta…

Pagué. Le di dos besos y me fui del bar despidiéndome de Blanca. No sé que habría pasado si hubiese tenido más tiempo. Me recordé a mí mismo con Marina unos meses antes y me sorprendí de mi falta de tacto con Blanca y de su entrega. ¿Qué habría pasado si le hubiese comido la boca? ¿Habría más como ella…? Mejor no pensarlo.

“Tienes novia y el sexo que echas de menos lo cubres con Nieves. No la cagues como con María. Uff, y encima Marta. Que capullo he sido con ella. No tienes perdón, no aprendes. Le has dado a entender que te enrollarías con ella teniendo novia. ¡Justo por lo que te dejó!. Has quedado como la mierda…¿qué te pasa Luis?”

La verdad es que lo de Blanca había sido un subidón de estima. Y lo de Marta también. ¿Qué quería decir? ¿Qué si no tuviera novia volvería conmigo? “Claudia en que lío me has metido yéndote. Todos estos quebraderos me los evitaría si estuvieras conmigo”.

Al menos la noche me sirvió para darme cuenta de lo mal que había estado con las chicas. Por la mañana me disculpé con Marta y con Miriam. Reconocí que había estado mal y que entendía que estuviesen molestas conmigo. Admitieron mis disculpas de muy buen grado y con bastante buen humor, especialmente Miriam que pensé que por falta de confianza estaría más incómoda. Marta me dio incluso un beso en la mejilla y después me la pellizcó como a un niño dándome a entender mi inmadurez, pero perdonándome como una madre. Pero el punto llegó a media mañana en la cafetería cuando al salir de allí me encontré con Blanca de frente acompañado por mis tres inseparables amigas de clase. La chica se me vino directa a saludarme con dos besos y a decirme que se lo había pasado muy bien conmigo. Me escabullí como pude de ella con la excusa de ir a clase pero el interrogatorio me calló:

-No harías algo inconfesable…-sentenció Marta.
-Sólo hablé con ella mientras nos tomábamos una cerveza.-expliqué.
-Luis, que la tienes a tiro…y anoche estabas muy tonto.-insistió.
-Y sobón…-añadió Miriam.
-Os juro que no hice nada con la niña…
-Pues ándate con cuidado que se le ilumina la cara cuando te ve…-señaló Miriam.
-Oye, pues la niña no está nada mal…-rematé ganándome un manotazo de cada una de mis amigas.

Afortunadamente a pesar de mis meteduras de pata mis amigas eran indulgentes y hasta comprensivas conmigo. En el tiempo en que me conocían salvo con María y en su momento Viqui, terminaban perdonándome mis resbalones tratándome como a un niño que todavía no se sabe la lección y tiene que aprender. En parte mi habilidad para hacerlo creer siempre justificándome en inconsciencia, descuido o exceso de alcohol me salvaba de acabar rechazado como me podría llegar a merecer en algún momento. Literalmente aquel jueves me había salvado la campana, o sea, el horario de la residencia, pues por la cercanía del cuerpo de Blanca, la turgencia de su culo, y su docilidad a mi sobeteo, podría haber ocurrido algo de lo que probablemente habría terminado arrepintiéndome.

Pero había llegado indemne al fin de semana y con mis disculpas sinceras había conseguido ganarme de nuevo el favor de las chicas. Como los exámenes no venían hasta enero había que aprovechar los pocos que quedaban hasta las vacaciones de Navidad así que propuse a las chicas corrernos una juerga, pero teníamos el problema de mi horario en la residencia o el de Ángela pues me dijeron que la invitara a salir con nosotros. Deslicé la propuesta de quedar con algún chico más para que ellas ampliaran “mercado” pero lo descartaron. De hecho dejé en suspenso avisar a Marcos para espabilar al chaval hasta saber cómo organizábamos lo de dormir.

Definitivamente la compañera de Miriam se iba el fin de semana así que ofreció su casa para Ángela y para mí. Lo del salón era sofá cama, así que ellas dormirían allí que era más ancho y yo en el dormitorio de Miriam. Marcos descartado. Ya tendría oportunidad. De hecho monté la carambola de forma que Lourdes y Víctor dormirían en mi dormitorio y Marcos en el de Víctor. Todos contentos. Y para quedar bien, el viernes por la noche salí de tranquilo con Marcos y la pareja a tomar algo cumpliendo con todo el mundo el fin de semana. Qué difícil es la vida social del estudiante…

La integración de Ángela había sido muy positiva, pues había sustituido a Claudia en nuestra mesa en las cenas de la residencia uniéndose a Víctor, a Marcos y a mí. La niña era muy espabilada y agradable, un auténtico torbellino de desparpajo y gracia que se merendaba al pazguato de Marcos, que incluso tras semanas cenando juntos casi no se atrevía a hablar directamente con la chica por lo que descarté que pudiera llegar a haber algo entre los dos. Le faltaban más hervores que a mí un año antes. Pero a diferencia de Claudia y sus tetitas marcadas, Ángela en cuanto empezó a refrescar cambió los shorts por chándales anchos y sudaderas que escondían esas curvas tan sugerentes que yo había apreciado en ella, hasta en el bochorno caldeado de los dormitorios de la residencia.

El plan era sencillo. El sábado nos íbamos a cenar a un chino, después nos íbamos de pubs, discoteca hasta que nos echasen y a dormir con el alcohol que nos apeteciera (poco en la discoteca por aquello de los precios abusivos). Cuando bajó Ángela me fijé que debía llevar minifalda o shorts bajo el abrigo pues sólo se veían sus piernas fuertes de chica deportista. Pero parecía que se hubieran puesto de acuerdo pues Marta y Miriam aparecieron con sus medias negras y sin nada más que asomara por debajo de sus abrigos. Estaba deseando llegar al restaurante para ver los modelitos y de paso sentirme la envidia de cualquier tío que me viera en la compañía de tres hembras tan bonitas.

Y no me equivoqué. Como venían las tres. Los buitres no iban a dejar de acosarlas en toda la noche. Marta con su cuerpecito menudo llevaba un vestido ajustado de minifalda negro con la espalda al aire evidentemente sin sujetador pues no se le veía. Ángela, también delgada pero más fuerte por el ejercicio llevaba una miniminifalda negra (después descubrí que en realidad era una falda pantalón) que dejaba todas sus piernas forradas con unas medias negras a la vista, y por encima un top de color cobre de los que dejan la barriga al aire. Evidentemente estaba orgullosa de su cuerpo y no le importaba lucirlo si la ocasión se prestaba. Por último Miriam, la más “fornida” de las tres en el sentido de no ser más delgada y tener más pecho y culo me sorprendió con una minifalda roja y una especie de blusa cruzada que ensalzaba su pecho que se mostraba en un generoso escote de los que cuesta trabajo no mirar.

Al sentarnos a la mesa se lo hice notar:

-Sois unas cabronas…

Me miraron extrañadas y me expliqué:

-Voy a ser el pagafantas que acompaña a las tres bellezas sin comerse una rosca…

Las tres rieron pero fue Marta la que habló:

-Ese es tu castigo por haber sido malo el jueves, jajaja.

La cena transcurrió entre risas y anécdotas variadas que íbamos contando. La verdad es que estábamos a gusto los cuatro. Y eso hizo que tras la cena cayeran dos rondas de licor de flores que le sacamos al camarero mientras decidíamos donde empezábamos la marcha. No está mal para un menú de 9€.

Efectivamente por cada pub que pasamos los buitres acechaban desplegando sus alas en torno a los “Ángeles de Luis”, que no de Charlie pues éstas eran morenas las tres. De hecho se deshacían de los pajarracos con desparpajo hasta que las rondas de copas que llevábamos empezaron a hacer estragos y las chicas buscaban mi protección poniéndome en más de un apuro de modo que acabé discutiendo con algún idiota aunque ganándome la recompensa de algún beso en la mejilla y abrazo.

Pero la noche avanzaba y las ganas de fiesta no decaían. Tras una cola de casi media hora donde escuché sus primeras quejas por los tacones entramos en una de las discotecas más de moda que estaba hasta la bola. Afortunadamente conseguí que nos pusiéramos en una zona de la pista próxima a la barra por lo que pude tomarme alguna copa mientras ellas bailaban. Para eso había ahorrado aquel verano y podía permitirme alguna copa de más.

En la discoteca los buitres seguían acechando así que se empeñaron en que el patoso de Luis bailara con ellas, turnándose en dar vueltas alrededor mío como si realmente bailáramos aunque en realidad mis movimientos desacompasados sólo les servían para evitar que les entrara alguno de los tíos que pululaban a nuestro alrededor. Como no daba resultado del todo empezaron con el jueguecito de darse refregones conmigo de una en una o a la vez con lo que yo creo que conseguían el efecto contrario al buscado en sus observadores e incluso en mí que les tuve que recordar que no era de piedra.

Como a las 5 de la mañana nos echaron de la discoteca y entre risas nos fuimos los 4 cogidos por la cintura con pitos en los oídos. Dejamos a Marta en su casa pues no fuimos capaces de convencerla para que se viniera a casa de Miriam por más que yo le ofrecí la cama. Y tras dejarla los otros tres nos fuimos a casa de Miriam llevando a mis dos amigas por la cintura.

Llegamos al piso de Miriam entre risas y tropezones por ir agarrados. Abrimos el sofá cama y como yo era el más rápido me dejaron entrar al baño a mear y lavarme los dientes mientras ellas se cambiaban. Cuando salí ya estaban las dos cambiadas, Miriam con un pijama y Ángela con una camiseta grande a modo de camisón. Me dio tiempo disimuladamente a comprobar que no llevaban sujetador, especialmente en el caso de Miriam a la que sus brevas libres se le movían bajo el pijama.

Me despedí de las dos para retirarme al dormitorio y sin cerrar la puerta me quité la ropa y me acosté en calzoncillos. Desde la cama las oía reírse en el baño con la risa floja de dos copas de más, pero no llegaba a entender lo que decía. Entre desmaquillarse, orinar y lavarse los dientes y el cachondeo que se traían tardaron lo suyo. Yo estaba cansado pero no conseguía dormirme por lo que las oí perfectamente volver al salón y acostarse ahora ya susurrando para no molestarme pero con las misas risas ahora ahogadas.

Me estaba meando otra vez pero no quería salir en calzoncillos por si les incomodaba, así que esperé a que se callaran entendiendo que se habrían dormido para vaciar la vejiga. Casi media hora después el salón se quedó aparentemente en silencio así que vi la oportunidad. Me levanté sigilosamente de la cama y me dirigí al salón para poder llegar al baño. Pero al asomar la cabeza por la puerta me quedé cortado. La luz que entraba por el balcón iluminaba lo suficiente para que mis ojos acostumbrados a la oscuridad vieran lo que allí ocurría: mis dos amigas estaban de rodillas en la cama besándose mientras la mano de Ángela se perdía dentro del pantalón del pijama de Miriam.

Me di la vuelta sin ser descubierto y me volví a meter en la cama. No quería molestarlas. Evidentemente no me podía dormir entre aguantar las ganas de orinar y agudizar el oído a los sonidos que venían de fuera. Y no se oía mucho. Algún beso, un susurro, gemidos ahogados que no era capaz de reconocer de cuál de las dos era o de las dos, movimiento de sábanas hasta que dejó de oírse nada. Intenté salir de nuevo y ahora ya sí estaban bajo la manta aunque el brazo de Ángela rodeaba a Miriam en la posición de la cucharilla.

Pasé de puntillas y ni tiré de la cisterna para no ser descubierto y poder volver a la cama sin molestar a la pareja. Por fin con la vejiga vacía pude dormirme aunque no llegué a dormir mucho tiempo. La luz que venía del salón me despertó y la vejiga de nuevo solicitaba ser vaciada. Es lo que tiene beber tanto. Con la boca algo pastosa y cierta fotofobia, sin llegar a ser una resaca contundente, me desperté afectado por la noche de juerga.

Pensando que mis amigas dormirían me fui al baño en calzoncillos. Mientras atravesaba el salón sin reparar en ellas escuché la voz de Miriam:

-Córtate un poquito, capitán…

Me volví a ella que me miraba sentada en la cama mientras Ángela aún dormía.

-Pensé que no te incomodaría ver a un tío bueno desnudo…-le respondí.
-Abuela no te hace falta, pero un tío es un tío…-respondió.
-Como anoche os vi tan cariñosas…

A Miriam se le cambió la cara poniéndose colorada y muy seria. Incluso se levantó rápidamente de la cama mostrándome sus piernas desnudas de haber dormido sólo con las braguitas y la parte de arriba del pijama. Me tomó del brazo y me sacó del salón.

-¿Qué viste?- me preguntó ansiosa.
-Lo suficiente. Bueno, ver, ver no vi mucho, pero lo que se oía era suficiente…
-Por favor, Luis. No se lo cuentes a nadie.
-¿Pero quién te crees que soy? No soy un cotilla, ni un voyeur, ni nada de eso…
-Lo sé, Luis. Perdona. Es que…es que…no sé qué pasó anoche. Nunca había hecho algo así con otra chica y ahora, pues no sé ni que decir, ni hacer, ni nada.
-Uy, uy, uy…yo no quiero malos rollos.-me lavé las manos- Eso lo habláis vosotras. Yo no he visto nada y por mi parte aquí no ha pasado nada.
-Gracias, Luis.- me dijo más tranquila abrazándome justo antes de volverse al salón.

Tras asearme y volver a vaciar mi vejiga volví al dormitorio. Miriam no estaba en el salón cuando pasé y Ángela seguía dormida. Mientras me vestía en lo único que pensaba era en quitarme de en medio pero era imposible largarme sin Ángela. Quedaría fatal. Sólo esperé que no me montasen un numerito delante y me comiera yo el marrón. El alcohol te lleva a hacer cosas más atrevidas aunque yo no me imaginaba liándome con otro tío ni por muy borracho que estuviera.

Salí al salón de nuevo. Miriam había preparado café y tostado pan. Nos sentamos en la mesa que quedaba bastante apretada en el minúsculo salón con el sofá cama abierto. Por supuesto no nombramos el tema y nos limitamos a comentar lo bien que lo habíamos pasado y las chorradas que habíamos hecho. Mientras Ángela se fue desperezando y nos dio los buenos días desde el sofá estirándose. Pero se levantó con velocidad de la cama para ir al baño tras anunciar un sutil: “Me meo”.

A su regreso con una sonrisa que le iluminaba la cara se sentó a la mesa con nosotros cogiendo una tostada pero la actitud cortada de Miriam le hizo cambiar el semblante. Disimulando terminamos de desayunar, recogimos la casa, Ángela se vistió y nos despedimos amistosamente agradeciendo a Miriam su hospitalidad. Por el camino de vuelta a la residencia Ángela me preguntó:

-¿No has notado rara a Miriam?
-No sé…-me intenté escabullir.
-Es que la he notado seca conmigo, algo cortante.
-Ni idea…
-Anoche estaba tan divertida, tan alegre….tan, no sé. Lo pasamos muy bien. Y ahora…

“Y tanto que lo pasasteis bien” pensé mientras caminaba a su lado.

-Será cansancio o resaca. No le des importancia…-intenté tranquilizarla.

Cuando aquella tarde hice mi habitual videollamada con Claudia no pude evitar contarle el sucedido. A pesar de ocultarle mis “ratitos” con Nieves, que no mi amistad y otras cosillas para evitar darle celos solíamos contarnos casi todo. De nuevo apareció la Claudia de los buenos consejos explicándome lo sucedido: probablemente Ángela sea lesbiana y se dejó llevar con Miriam que con la euforia del alcohol y la fiesta se terminó enrollando con ella. Ahora estará dudando de su orientación sexual y necesitará buenos amigos en quien confiar sus dudas. Que bien me vendría tenerla siempre cerca…

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