ANDER MAIS

Capítulo 11

Revelaciones

Al día siguiente, viernes, tuve un día ajetreado lo que hizo que me distrajera y que la jornada pasara sin darme cuenta. Pero no pude evitar pensar en algún momento de aquella mañana si Víctor ya habría llamado a mi chica y, si lo había hecho, de qué estarían hablando. No podía evitar pensar que, viendo lo que había sucedido en la terraza una semana atrás, si Víctor iba a dejar de lado las sutilezas y proponerle directamente a mi chica quedar para acostarse, para que probara aquello que tanto ella deseaba.

Al mediodía, cuando salí a comer, me escabullí no aguantando tanta incertidumbre y llamando para ver si averiguaba algo. Primero, llamé a Natalia para ver si, como me había dicho la tarde anterior, había llamado a Martín para comunicarle su decisión. Comunicaba.

Un escalofrío me recorrió al cuerpo ante la posibilidad que estuviera en esos momentos hablando con Víctor. Nervioso, caminé en dirección a un restaurante con la intención de ganar algo de tiempo y, antes de entrar en él, volví a llamarla. Comunicaba de nuevo.

Estaba claro que tanto rato no necesitaba para decirle a Martín que pasaba de su trabajo; así que aquello solo podía querer decir que estaba hablando con Víctor, que en esos mismos momentos él debía estar desplegando todo su arsenal para convencer a mi chica para que aceptara quedar con él el sábado por la noche, que era cuando él pensaba culminar todos aquellos meses de juegos e insinuaciones con ella.

Cuando iba a intentar de nuevo llamar, la voz de Eduardo me hizo levantar la cabeza y verlo junto a otros compañeros míos, invitándome a unirme a ellos para comer juntos. Y aunque aquello fuera lo último que me apeteciera, no quise hacer un feo y me senté junto a ellos. Cada poco miraba el móvil esperando algún mensaje por su parte, alguna llamada suya al ver las perdidas mías. Ya casi había acabado de comer y seguía sin recibir nada. No pude aguantar más la espera y mientras esperábamos los cafés, me dirigí al baño desde donde le dirigí un mensaje a mi chica:

—Hola, cariño. Estoy acabando de comer. ¿Qué tal la mañana? ¿Has llamado al de la entrevista?

Regresé con mis compañeros y entonces, por fin, recibí algo.

—Sí, he llamó esta mañana, pero no me lo han cogido. Hace un rato me ha llamado él y le he dicho que me lo he pensado y que he decidido declinar su oferta.

En ese momento pensé que quizás me había precipitado y sí era por lo del trabajo que el teléfono comunicaba, no por Víctor. Salimos del restaurante y durante el camino de regreso a la empresa, me llegó otro mensaje de Natalia:

—Voy a salir de casa un rato. Me ha llamado Andrea y me quiere comentar algo sobre la cena de mañana… no sé lo que tardaré pero creo que estaré para cuando llegues… un beso…

—¿Pero no dijiste que no ibas a ir al gimnasio hoy? —pregunté extrañado.

—Y no voy. Hemos quedado para hablar y tomar algo. Que tengas buena tarde… luego nos vemos…

Estaba claro que Natalia quería cortar rápido la conversación y una desazón me recorrió por dentro. De nuevo aquella sensación que algo se me escapaba, que algo se tramaba a mis espaldas. ¿Podía ser que la llamada sí fuera de Víctor y hubieran quedado los dos? No, no podía ser. Él me había pedido que confiara en él y, hasta el momento, no me había dado motivos para no hacerlo.

La tarde se me hizo eterna. Cada poco miraba el reloj y este parecía no avanzar. ¿Dónde estaría Natalia? ¿De verdad había quedado con Andrea? Seguramente, así sería, pero la incertidumbre que ella pudiera estar en esos momentos con Víctor y vete a saber haciendo qué…

La hora de la salida llegó y quise salir de allí lo más rápido posible. Pero no tuve esa suerte y Eduardo me abordó cuando ya salía por la puerta.

—Oye, al final mañana quedamos o no…

Yo ya me había olvidado de mi promesa de ir con él el sábado por la noche a “Las Oficinas” aprovechando que Natalia iba a salir con Andrea y, ahora, con lo que Víctor planeaba, no sabía si iba a poder quedar con él.

—Ostras, pues no lo sé. Mi chica al final no sé si va o no o esa cena… mañana te llamo y te lo confirmo… —le dije buscando una excusa.

—No me jodas. Aunque no vaya, podemos quedar tú y yo. ¿Tú chica no te deja salir a solas con los colegas o qué? Venga, vente conmigo y nos tomamos algo y así de paso hablamos sobre el curro de la semana que viene… —insistió Eduardo.

—Que sí. Que yo mañana te digo algo, en serio. Yo también tengo ganas de ir al bar ese pero antes tengo que saber si puedo o no… —le dije.

—¡No me falles, eh…! que tengo unas ganas de volver a ver a la morena aquella… bufff… qué buena estaba y que maja parecía… —dijo con una sonrisa lasciva mientras recordaba a Alicia.

Miré a mi compañero, que parecía muy interesado en volver a verla para intentar algo con ella, y sonreí por compromiso pensando que no creía que él tuviera ninguna posibilidad con una chica así.

—Casi seguro que sí, vale. Pero a mí no me metas en líos que tengo novia… —le dije siguiéndole un poco la corriente.

—¿Yo? jajaja… claro que no… jajaja… —rió socarronamente.

Al final, conseguí deshacerme de él y meterme en el coche. Conduje de nuevo al aparcamiento donde lo hice los días anteriores y avisé por mensaje a Víctor que ya había salido.

—Hola, Luis —dijo nada más descolgarle el teléfono, después de llamarme él.

—¿Al final has hablado con Natalia? —le dije yendo al grano, sin preámbulos.

—Ya la he llamado. Hablamos a eso de las dos. Antes, me había llamado Martín para decirme que acababa de hablar con ella y que no cogía el empleo. Primero le mandé un whatsapp preguntándole que como estaba y que no había conseguido hablar con Riqui. Ella me contestó diciendo que no pasaba nada y que había rechazado el trabajo. Entonces fue cuando le dije si podía llamarla y ella me dijo que sí…

—¿Y qué te dijo? —pregunté nervioso.

—Pues empezamos hablando de Riqui. Le dije que le había llamado el martes pero que no me había cogido la llamada y que después no había tenido la oportunidad de volver a llamarlo. Creo que se lo creyó. Después, pues nos fuimos al tema de la entrevista. Al principio, intenté convencerla un poco para que cambiara de parecer, pero me dijo lo que tú ya me dijiste… que no le apetecía viajar y que pasar muchos días lejos de la pareja no era bueno y tal… Tampoco insistí mucho… y ya le dije que este fin de semana iba a regresar para unos asuntos de trabajo…

—¿Y? —dije algo ansioso.

—Seguimos conversando de todo un poco hasta que salió el tema de su amiga Andrea… —dijo Víctor con una voz que me puso nervioso.

—¿Qué pasó? —pregunté intuyendo que debían haber hablado del polvo que habían echado su amiga y él.

—Pues pasó que Natalia, sin venir a cuento, me tiró por cara que me hubiera acostado con ella… que le había dado rabia enterarse que yo había hecho eso después de lo que había pasado esa tarde entre los dos, cuando nos habíamos metido mano el uno al otro… Al parecer, parecía preocupada por si le había contado algo a Andrea de lo de esa tarde o del verano pasado…

—¿Y qué le dijiste? —pregunté algo tenso.

—Que no le había dicho nada comprometido de lo que había ocurrido… solo que la vi haciendo topless y que vosotros a mí, de lejos, hacer nudismo… pero nada de todo lo otro… ni de Riqui, ni del vídeo ni mucho menos lo de la terraza… me aclaró Víctor a mí como había hecho esa tarde con Natalia, dejándola tranquila en ese aspecto.

—¿Entonces te creyó? —pregunté algo aliviado.

—Claro. Al fin y al cabo, es la pura verdad. Si te soy sincero, creo que tu chica estaba celosa más que otra cosa. Le ha jodido que me acostara con Andrea y no con ella… —dijo Víctor muy seguro de sí mismo.

—¿Tú crees? ¿Y en qué te basas para afirmar algo así? —pregunté.

—En lo que te voy a explicar ahora. Volví a mencionar que iba a estar por aquí estos días y entonces ella me confirmó que iba a asistir a esa cena con Andrea el sábado. Yo le dije que no tenía pensado salir, que el domingo me iba a Francia…

—¿Y qué? Joder, Víctor… desembucha ya…

—Jajaja… era por darle algo de suspense… ella me preguntó si Andrea sabía algo y yo le dije que no, que solo nos habíamos enviado unos whatsapps y ya está… que no manteníamos ningún tipo de contacto y que no tenía ninguna intención de verla más. Fue entonces cuando le sugerí de quedar y hablar un rato y ella me dijo que no podía, que iba con unas amigas y que pensaba volver pronto a casa… al poco, cortamos la conversación…

No sabía si sentir alivio o decepción al saber que Natalia había rechazado verse con Víctor.

—Por lo que veo, Natalia no ha querido quedar contigo —le dije a Víctor en tono guasón.

—En ese momento, no… jajaja… hará cosa de una hora me ha mandado otro whatsapp… cuelgo y te lo envío —me dijo dando por finalizada la llamada.

Nervioso, esperé la llegada del mensaje que mi chica le había mandado a Víctor. Al fin, el móvil pitó y tardé nada y menos en abrir el mensaje para leerlo…

—Mira, no sé ni por qué hago esto… no te lo mereces después de lo del otro día… joder, te dejo meterme mano y tú vas y te tiras a Andrea… pero supongo que todos nos merecemos una segunda oportunidad ¿no? Creo que podré escaparme pronto así que, por mí, vale… me apetece quedar contigo y charlar…

Yo miré atónito aquel mensaje donde confirmaba que mi chica estaba más que dispuesta a volver a verse con Víctor.

—¿Qué te parece? Jajaja…

—Si no lo veo, no me lo creo…

—Pues ya ves. Se muere de ganas por volver a verme, aunque solo sea para hablar…

—Pero no te ha dicho nada de… bueno… algo más…

—No, hombre… tampoco me iba a decir así de sopetón en un mensaje: quedamos y follamos… jajaja… pero está claro que no solo le apetece charlar conmigo después de lo del otro día ¿no crees?

—¿Y de mí te ha dicho algo? ¿No sospecha que yo sepa algo o te ha dicho algo que tenga miedo a que me entere?

—Qué va. Solo me comentó que lo de la cena esa es una especie de encerrona y que por eso quiere irse rápido. Andrea va tras un tal Aitor y, por lo visto, pretende que Natalia “entretenga” a su amigo, uno que se llama Daniel y que por lo visto, según tu chica, lleva un tiempo tirándole los trastos.

—Joder… —dije sorprendido ante aquella revelación.

—Mira, si al final hasta te hago un favor Luis. Si no queda conmigo, a lo mejor esa noche acababa follando con ese Daniel y tú sin enterarte de nada.

—Tengo la cabeza totalmente a punto de estallar —dije algo sobrepasado con tanta información.

—Tú tranquilo, Luis. Recuerda que puedes confiar en mí. De momento, vamos a seguir con el plan y a ver dónde nos lleva. Ya iremos hablando sobre cómo hacemos para que puedas ver cómo tu chica acaba en mi cama esa noche… jajaja…

—Vale… te mando un mensaje cuando pueda hablar…

Arranqué el coche y me dirigí a casa con la cabeza palpitando con todo lo que acababa de saber. Ahora entendía el porqué de la omnipresencia de Andrea y lo del gimnasio. Lo que no entendía era porque Natalia, al parecer consciente de lo que pretendía su amiga, se prestaba a ello, distrayendo a Daniel para que Andrea pudiera atacar a Aitor. ¿Hasta dónde habría llegado mi chica con tal de cumplir ese fin? No quería ni pensarlo en esos momentos.

En casa, no había nadie. Natalia, pese a que se había ido a la hora de la comida, todavía no había llegado. Si estaba con Andrea, ¿quería eso decir que estaría también con ese tal Daniel? Aparté esa imagen de mi cabeza y me dirigí al dormitorio. Rebusqué en su armario, aprovechando ese momento de tranquilidad, para comprobar si aquellas prendas que había encontrado el otro día habían vuelto a ser usadas.

Pero, para mi sorpresa, no estaban. Lo que sí estaba era el pendrive y en el mismo lugar donde lo había dejado el otro día. ¿Dónde estaban? ¿Las había cambiado de sitio o acaso se las había llevado para utilizarlas? Celos, nervios y excitación, mucha excitación. Era algo que no podía controlar. Solo de imaginarme a Natalia con aquellas prendas, aunque no fuera para usarlas conmigo, y se endurecía mi miembro.

Media hora más tarde y seguía sin noticias de Natalia. Mi mente ya recreaba una especie de doble cita entre ellas dos y sus compañeros de gimnasio y algo se me removía por dentro. Estuve tentado de llamar a Víctor y saber si él sabía algo de Natalia, si acaso había hablado con ella otra vez, pero no me atreví.

—Ya vengo, cielo —me dijo de repente Natalia a través de un mensaje—. Lo siento… me entretuve más de la cuenta…

—Ok… —le dije de forma escueta.

—En quince minutos llego…

No le contesté. Natalia tardó algo más de esos quince minutos en llegar, casi a las nueve de la noche. Entró, se quitó su abrigo y entró en el salón donde la esperaba con el rostro serio.

—Ya era hora, no… Desde las dos y algo que dijiste que te ibas… llevas toda la tarde fuera… —le dije con un tono que nunca había usado con ella.

—Sí… es que me he liado… Andrea me dijo de ir a comer con ella y luego nos hemos pasado la tarde hablando sobre lo de mañana… también he ido a la peluquería ¿No te has dado cuenta? —dijo moviendo su cabellera—. ¿Qué te pasa, Luis? Te noto raro… —me contestó dándose cuenta de mi estado.

—Nada —dije levantándome del sofá—, he tenido un mal día… no me hagas caso…

Me alejé un poco y le di la espalda, pero en mi rostro ella debió haber notado mis dudas y suspicacias.

—¿Estás enfadado? Es por Andrea ¿no? Es que como sé que no te cae del todo bien… —me dijo.

—Sabes que no, pero no soy nadie para decirte con quien puedes salir y con quien no… ¡faltaría más! Puedes hacer lo que quieras… —dije sin poder borrar mi rostro serio—. Mañana vais a esa cena, ¿no?

—Sí, eso tenía pensado. A ti te pareció bien que fuera pero ahora empiezo a creer que no te hace demasiada gracia. Si quieres, llamo a Andrea y le digo que no voy… —dijo ella algo cabreada al ver mi actitud.

—Haz lo que quieras —contesté como si no me importara-. Yo ya te dije que fueras si es lo que querías… si has cambiado de idea, eso ya es cosa tuya…

—¿En serio que no te importa que vaya? Es que le he dicho que sí a Andrea y a ella le hace mucha ilusión que salgamos las dos juntas por ahí de fiesta… y tampoco pensaba volver muy tarde…

—Te he dicho que no me importa…

—Es que te veo tan raro… nunca te había visto así, con esa cara… por un momento me has recordado a alguien… —dijo acercándose a mí.

—¿A quién?

—A Kike… No sé, esa forma de hablarme, de mirarme, como si dudaras de lo que te estoy contando… siento decírtelo pero me has recordado a él… —dijo con rostro triste y apenado recordando su pasado.

A mí no me gustó nada que me comparara con su ex. Yo nunca había sido celoso, ni machista ni controlador como sabía que su ex había sido con ella. Hice un esfuerzo por contener mis preocupaciones y dejar de lado mis sospechas, que tampoco acababa de entender muy bien a qué venían, cuando yo mismo estaba confabulando con Víctor para que pudiera acostarse con mi chica.

—Ya sabes que no soy como él —le dije algo más apaciguado—. Confío en ti y sabes que te quiero… solo quiero que seas feliz y que te diviertas… sabes que fui yo el que te animó a que salieras por ahí, a que fueras al gimnasio… No quería que te pasaras todo el día en casa… Supongo que, en cierto modo, estoy molesto porque hayas hecho más caso a tu amiga que a tu novio… pero no estoy enfadado y mañana, como quedamos, vamos a comprar esa blusa para que la estrenes en esa cena… -le dije antes de darle un beso sellando mi disculpa.

—Lo siento —se disculpó ella también—, supongo que tienes razón… no sabía que eso te había molestado… y siento también haberte comparado con mi ex… Sabes, él nunca habría hecho algo así, abrirse así… lo habría considerado una debilidad… Pero tú no, tú eres infinitamente mejor que él… no sabes lo que te quiero, Luis…

Natalia se colgó de mi cuello y me besó con pasión, devolviéndole yo el beso pese a las dudas que aún me embargaban por su ausencia durante toda la tarde. Al final nos separamos y Natalia se fue al dormitorio a cambiarse la ropa y yo, al contrario que otras veces que la seguía para ver cómo se desnudaba, me fui a la cocina a preparar la cena.

Desde allí, podía escuchar cómo Natalia hurgaba dentro de los armarios, pero no le presté mayor atención. La tarde había sido intensa, quizás demasiado y eso me había pasado factura. Demasiadas cosas que asimilar. Pero no podía negar que, pese a todo, un conato de excitación había estado latente todo el rato, mientras sospechaba si ella podía estar con Víctor o con el tal Daniel.

—Luis, puedes venir un momento… —me llamó Natalia desde la habitación.

Fui a la habitación y cuando entré, me encontré a Natalia estirada sobre la cama dándome la espalda y rebuscando algo en el portátil. Pero, lo que más me sorprendió de aquella estampa, era que mi chica lucía el picardías rojo que había encontrado el otro día escondido en el armario. Nunca la había visto con algo así puesto, con algo tan sexy y atrevido, con trasparencias, medias hasta medio muslo, liguero y tanga todo a juego.

Ella se giró y me miró de una forma que me hizo estremecer.

—¿Te gusta mi sorpresa? —me dijo mientras levantaba su culo poniéndose a cuatro patas sobre la cama y se azotaba la nalga.

—¿Y esto? —dije señalando la ropa y fingiendo desconocer su existencia—, estás tremenda…

Ella no dijo nada. Mi polla ya estaba dura solo de observarla vestida así y como se movían sus pechos de forma libre bajo la tela liviana del picardías. No pude evitar el ir acercándome a ella mientras Natalia seguía buscando un vídeo en el ordenador. Posé mi mano en su nalga, que recorrí con avidez antes de pasar a hacer lo mismo con lo que era mi debilidad, sus pechos.

—Cómo me pones con esto puesto —dije completamente excitado.

Desde allí, pude comprobar que el pen drive que estaba trasteando no era el que tenía escondido en el armario sino el que ya habíamos usado el otro día cuando visionamos aquel trío. Yo aproveché que ella seguía buscando para apartar su tanga y tocar su coño, sin ropa de por medio, notando que ya estaba húmeda.

—¿Qué buscas? —pregunté curioso sin interrumpir mis tocamientos.

—Un vídeo que vi el otro día… Uno que me gustó… No quiero que pienses nada raro cuando lo veas pero, es que me acordé de lo que comentaste en verano y pensé que lo mismo te gustaría fantasear con algo así… jugar un poco…

Sus palabras me intrigaron pero no dije nada. Me limité a continuar con mis caricias mientras Natalia, por fin, parecía encontrar lo que buscaba.

—Aquí está —dijo—. Como me dijiste que te excitaba ver cómo los tíos me miraban y se ponían cachondos conmigo, pensé que quizás te excitaría imaginar algo así… es parecido a lo que me pasó a mi ayer…

Miré la pantalla y, en ella, una chica aparentemente tímida, entraba en un despacho donde un hombre que, supuestamente iba a hacerle una entrevista de trabajo, la observaba con detenimiento. El hombre la iba haciendo preguntas y, a la vez, la miraba con mayor descaro. La chica llevaba un escote bastante sugerente aunque su forma de actuar era en apariencia tímida.

—Mira, amor… a esa chica le está pasando lo mismo que a mí ayer… jajaja… —dijo Natalia recordándome su entrevista con Martín, riéndose mientras meneaba su culo e incitándome con él.

—¿Sí? ¿Ayer te miraban así? —pregunté sin entender muy bien aquello, si era solo una fantasía o quizás algo más, subiendo el nivel de mis caricias sobre sus pechos y su coño.

—Sí… me las miraba así… como a esa chica… —dijo Natalia excitada-. ¿No te excitaba esto? ¿Qué me mirasen y se pusieran cachondos? Algo así me dijiste el día que me pediste que calentara a Alberto en aquella fiesta…

—Sí, claro que sí… seguro que para eso quería contratarte… para poder estar todo el día mirándote las tetas… —le dije mientras en el vídeo el hombre se levantaba de la silla y se sentaba sobre la mesa, justo al lado de la chica.

—Seguro… pero mis tetas son solo para ti… —susurró ella abriendo la tela y dejando que sus pechos asomaran libres y colgantes.

Natalia se movió, quedando su cabeza frente a mi entrepierna, desabrochando mi pantalón al mismo tiempo que la actriz en el vídeo hacía lo propio. Las dos pollas, la mía y la del actor, quedaron liberadas a la vez, aunque la diferencia de tamaño entre las dos era notoria.

Comenzó a comérmela con un ímpetu inusitado, delatando lo excitada que estaba o quizás, pensé, como medio de compensación por lo que había ocurrido esa tarde. Quise pensar que solo su tardanza en llegar y nada más. Aun así, lo estaba disfrutando enormemente y en aquella postura, estiré mis manos para agarrar sus nalgas, contundentes y redondas, manoseándolas a placer.

—¿De dónde has sacado este modelito? —pregunté intentando averiguar—. ¿Desde cuándo lo tienes?

—Una semana o así —me respondió interrumpiendo la mamada—. Lo guardaba para darte una sorpresa… lo iba a hacer mañana, cuando volviese de la cena, pero he preferido hacerlo ahora…

Ella reanudó la mamada y yo, obnubilado por el placer, solo pensé que el motivo real de su cambio de planes era que había quedado con Víctor y que, quizás, era él el que mañana estaría en esa tesitura, con su polla insertada en la boca de mi novia.

—¿Y lo del vídeo? —le pregunté—. ¿Seguro que lo has hecho por mí? ¿No será que también es una fantasía tuya?

Natalia sonrió pícaramente mientras susurró “es por ti” y siguió a lo suyo, engullendo mi miembro.

—Estoy muy cachondo… me pone mucho ver cómo otros se excitan contigo, cielo… quiero que recrees lo que sucede en el vídeo, que pienses que soy tu jefe y que te estoy follando… que te estoy clavando esa polla gorda y grande… —le dije ya fuera de mí y con ganas de jugar aprovechando tu predisposición.

—Si eso es lo que quieres… —dijo Natalia antes de volver a meterse mi carne en su boca casi en su totalidad.

—Chupa, chupa… tienes que ganarte el trabajo, nena… —le dije excitado.

—¿Le gusta cómo lo hago? ¿Le parece que tengo la experiencia suficiente? —comentó Natalia, algo tímida, pero claramente excitada.

—Sí, lo haces muy bien… así se le chupa la polla al jefe… —contesté mientras sujetaba su pelo y movía mi pelvis, aumentando así el ritmo de la felación.

Cada vez veía más entregada a mi chica y quise ir un paso más allá.

—¿Crees que Martín tendrá una polla como la de Víctor? ¿No se te pasó por la cabeza mientras te hacía la entrevista y te miraba las tetas?

—Vaya preguntas… jajaja… y yo que sé… tienes cada cosa… jajaja… —dijo ella mirándome divertida y pasando a chuparme los testículos.

—Joder, Natalia… qué bien lo haces… Seguro que sí, que la tiene como Víctor… si cogieras ese trabajo, tendrías un jefe con un pollón… seguro que es igual de lanzado y morboso que Víctor y se conocen de eso… puede que incluso hayan ido juntos a exhibirse a playas nudistas para que chicas como tú puedan admirar una buena polla… —dije ofuscado por el tremendo placer que mi chica me estaba proporcionando.

—¿Y eso te gustaría? ¿Qué tuviera un jefe con una buena polla? ¿No tendrías celos de eso? Todo el día cerca de algo así… quizás acabara cayendo en la tentación y tuviera ganas de probarlo, de sentir una buena polla…

—Me estás matando, nena —dije mientras sentía como su boca engullía mis testículos y luego bajaba hasta casi mi culo—. ¿Acaso te gustaría probarlo? —pregunté como pude.

—Nunca lo había pensado… pero podría estar bien… —dijo mirándome divertida—. Ahora que lo dices, en su despacho, había un baño… un buen sitio donde hacerle una buena mamada al jefe… bajarle los pantalones y coger ese rabo, acariciarlo, besarlo, chuparlo antes de metérmelo en la boca todo lo que pudiera… si la tiene como Víctor… bufff…

Natalia volvió a meter mi polla en la boca y me pareció que aún lo hacía con más ganas que antes. La sola mención de la polla de Víctor la había encendido de nuevo y dejándome claro lo mucho que deseaba volver a sentirla pero no solo con sus manos.

—Bufff… sigue así… ya casi el trabajo es tuyo…

—Menuda polla tienes, cabrón… es como la de Víctor… —dijo ella ya también completamente entregada al juego.

Verla así, con los ojos cerrados e inmersa en su fantasía, donde seguramente debía estar pensando que chupaba su polla y no la mía, me hizo perder el control, que agarrara su pelo con fuerza y empezara a descargar dentro de su boca.

Natalia, en cuanto notó el primer trallazo de semen en sus labios, apartó mi miembro rápidamente y se alejó de mí mientras escupía lo que le había entrado dentro.

—Pero qué haces… en la boca no… sabes que no me gusta… —dijo enfadada.

Supe que la había cagado. Estaba tan volcado en mi fantasía, que me había dejado llevar y hecho algo que ella nunca me había permitido hacer y, por si no tuviera bastante con eso, vi con preocupación que el resto de mi corrida había ido a parar al picardías, a su pelo, a su cara y a las sábanas de la cama.

—Joder… ¡Mira cómo me has puesto! ¡Cómo lo has puesto todo! ¡Qué te costaba avisar! —me recriminó mientras se marchaba hacia el baño.

En esos momentos, sentí un bajón tremendo. Había perdido el control, dicho cosas que nunca le había dicho y hecho cosas que sabía que a ella la molestaban. Toda la excitación había desaparecido y fui consciente que, lo que podía haber sido una noche mágica y especial donde quizás haber profundizado en lo que yo quería, había acabado de mala manera y justo nada más empezar.

Sentí dentro del baño a Natalia enjuagarse la boca casi con asco y luego salir de él sin ningunas ganas de continuar con aquello, quitándose el picardías y poniéndose el pijama.

—Será mejor que lo dejemos por hoy —me dijo claramente molesta—. Sabes que no me gusta que hagas eso…

No contesté. Sabía que la había cagado y que no tenía excusa alguna. Recompuse mis ropas y me puse a cambiar las sábanas mientras Natalia desaparecía en dirección a la cocina para acabar de preparar la cena. Al poco, me uní a ella y la abracé por detrás buscando disculparme.

—Lo siento, amor… no debí hacerlo… sé que no te gusta pero es que he perdido en control… era todo tan excitante…

—No pasa nada, cielo… pero es que me ha sentado mal… te he dicho muchas veces que nada de correrse en mi boca ni jugar con mi culo… —me dijo seria.

—Lo sé y te vuelvo a pedir perdón, cielo… te prometo no volver a hacerlo más… —dije disculpándome de nuevo.

—Vale… —dijo algo más apaciguada— si a mí también me gustan estas cosas… de tanto en tanto están bien… pero es que te pones de una manera… ¿Tanto te excita eso? ¿El que otros hombres deseen a tu chica? —preguntó con voz suave.

—Bueno, sí… me excita saber que los demás desean a mi novia y me hace sentir orgulloso de tenerte a mi lado… pero tampoco quiero que por ello te sientas mal o incómoda… —le dije algo frustrado.

—Luis, tranquilo… no es eso… a mí también me gustan esos juegos también. Últimamente he pasado muchas horas sola en casa y he visto alguno de los vídeos que guardas en el pendrive y no voy a negar que me gustan y que podemos verlos juntos pero, a veces, eso de recrear como excito a otros o que otros me follen, pues me incomoda algo contigo… quizás sea cosa por los años pasados con Kike, pero no quiero que eso me ocurra contigo, volver a vivir desconfianzas y tener problemas como los tenía con él… dame tiempo, ¿vale? Ya lo iré superando… —dijo Natalia queriendo zanjar el tema.

—Vale, lo entiendo… no pasa nada… olvídalo… por cierto ¿Dónde compraste ese picardías?

—No lo hice. Me lo dio Andrea… —dijo de forma tranquila, pero no sabía por qué intuía que no me decía la verdad.

—¿Andrea? Pero si a ella eso no le sirve… sus tetas son mucho más pequeñas que las tuyas, aparte de ser más delgada y alta que tú… —respondí.

—No es suyo. Era de una ex compañera de piso que tuvo y que se lo dejó cuando se mudó. Un día me lo enseñó y me dijo que si lo quería, que me lo llevase… me gustó y me pareció una buena forma de sorprenderte y hacer algo diferente. Estaba casi nuevo y aparentemente sin estrenar… ¿Te ha gustado?

—Mucho. A ver si te lo pones más veces, que te queda genial… —dije aunque todavía mantenía mis dudas y recordando que no había hecho mención alguna al corsé.

—Mira, si mañana no llego demasiado cansada, me lo pongo otra vez y jugamos un poco, ¿vale?

Yo le di un beso aceptando su propuesta y me dispuse a ayudarla con la cena. Un rato después cenábamos los dos juntos sin volver a sacar más el tema de lo ocurrido. Mientras veíamos la tele, quedamos en que al día siguiente iríamos al centro comercial a eso del mediodía a elegir la blusa que debía ponerse para la cena de esa noche. Al poco, nos fuimos a la cama. Natalia enseguida cayó dormida y yo aproveché ese momento para escribirme con Víctor:

—¿Mañana cómo lo hacemos? Voy a estar todo el rato con ella y no sé si voy a poder hablar…

—Pues deberás buscar alguna manera para llamarme y te explico. A eso de las tres ya estaré por ahí. Me mandas un mensaje y te llamo —me contestó enseguida.

—Vale, ya veré cómo me lo hago…

Dejé el móvil sobre la mesita y me acurruqué junto a mi novia que dormía apaciblemente. Ese sábado iba a ser un día muy intenso, un día que podía suponer un antes y un después en nuestras vidas y, a esas alturas, todavía no tenía muy claro si quería que ocurriera o no…

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