ESRUZA

Quiero pedirle a la noche que me conceda paz.

Que no haya tormenta, aunque esté nublado

ei cielo, y me deje ver los luceros brillando,

no apagados como ahora los veo.

Quiero dormir, dormir y no pensar,

deseo serenar mi frágil corazón.

Tener rosas, pero no espinas, difícil es.

Mi mente quiere, mi corazón no,

se aferra a sentimientos acabados:

un reencuentro, un doloroso desencuentro,

como una puerta que se cierra de golpe.

Puertas abiertas hay, pero no deseo entrar,

no por ahora, no sé qué hay dentro.

No me gusta la palabra desamor

porque, para mí, quiere decir

que no hubo amor, y si lo hubo

simplemente, se acabó.

Cuarto silencioso, sin flores, sin melodías

que recuerden nada, ni lugares, ni sueños.

Sólo una puerta que el viento cierra de golpe;

y ese golpe también golpea mi frágil corazón

porque en él siempre hubo amor.

Quizá sólo he sido una enamorada del amor.

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