LUCI 87

Tras varios meses después de mis primeros encuentros virtuales era ya difícil saber el que y cuando me había cruzado con algunos usuarios, empezaba a sentir una confusión entre mis sentimientos y la realidad en la que me sumergía en cada encuentro, esa sensación se extrapolo al día a día, observando con cada crucé de miradas en el metro, en el super, en la farmacia, a todos y cada uno de ellos luego los desnudaba en mi mente sin ningún tipo de tapujo ni importancia de género, mi mirada tras dicho crucé se desplazaba bien sea hacia su paquete, trasero o pechos, muchos de ellos me terminaban pillando y sacandome mis colores, al igual que algún impulso espontáneo de morderme el labio inferior o abrirme un poco de piernas.

Que me estaba pasando?! Aquella necesidad de sexo que toda esta situación actual me estaba generando, muchas veces me metía en aprietos.

Estando sentada en un banco del parque, viendo pasar a la gente un chico que corría por el sendero donde me encontraba, vistiendo una mallas negras que apretaban su paquete y envolvían como una piel su trasero y una camiseta apretada por igual marcando su pecho y abdomen, tras haber pasado varias veces cerca de mi, se tumbó en el césped para realizar sus estiramientos, claramente aquel chico se habrá percatado de mi y de que lo observaba y estaba buscando un contacto o se dejaba lucir ante mi. Esa tarde iba con un vestido algo corto, de una tela liviana y florida, una Rebeca sin cerrar, el pelo suelto sin arreglar, el vestido era de botones delanteros hasta la cintura, teniendo un par desabotonados, dejando ver un poco la suave piel de mis pechos y parte del sujetador.
En la pasada noche había tenido un encuentro virtual bastante caliente, habiéndome corrido unas 5 veces con el diálogo morboso generado, aún así mi cuerpo me pedía más y esa misma mañana antes de salir había jugado otro rato. Creo que mi cuerpo lanzaba claras señales de mi estado emocional y quizás la química de mi cuerpo desprendía algo que claramente invitaba a como mínimo una mirada me dieran y un guiño de ojo me ganará.

Pero fue él quien haciendo sus estiramientos, tras acabar se acercó y con una naturalidad vibrante rompió el hielo. Fue una entrada astuta y divertida que me dejaba clara que estaba muy seguro de si y que me había leído a la perfección.

Mi mente en ese momento estaba ida, seguramente mi cuerpo respondía lo que mis palabras lograban ocultar, era una sensación tan sensual y extraña. Fueron poco minutos de conversación, la que nos llevó buscar un café para continuar conversando mientras caminabamos sin rumbo aparente. Su cuerpo sudado y el olor que desprendía se mezclaban con esa pícara sonrisa y ojos avispados que iban sacandome una y otra sonrisa.
Tras caminar por un par de horas, nos intercambiamos nuestros teléfonos, al despedirnos con dos besos y un acercamiento de nuestros cuerpos sintiendo como su mano se posaba en el comienzo de mi trasero y ver cómo al separarnos sus ojos bajaron a mis pechos, sintiendo mis pezones duros que se marcaban en mi vestido y así sin más lo vi alejarse y perderse en una esquina.
Estaba clara que él sentía ese mismo deseo y calor que empezaba en mi entrepierna, subía por mi abdomen y pistaraba mis pezones y algún que otro suspiro.
Pero que me estaba pasando, con lo cortada que siempre había sido con los chicos que se acercaban y lo seca y hasta enfadada que solía estar con algún acercamiento así de espontáneo. Aquel chico había roto alguna barrera que seguramente le abriría algunas puertas.
Pasaron un par de días hasta que contactamos, esa misma vitalidad que desprendía la expresaba en sus mensajes o así lo interpretaba.
Quedamos para el día siguiente ir a comer algo en un restaurante céntrico. El nerviosismo invadió mi cuerpo y esa noche libere un poco de tensión con varios orgasmos charlando con alguno de mis conocidos virtuales, habiéndole contado el encuentro, fantasiamos con ello por unas cuantas horas, dejándome exhausta y con pocas baterías de mi juguete.
Para el encuentro me puse unos vaqueros ajustados y una camisa de botones, ropa interior roja de encajes, el pelo recogido con una trenza y un collar que caí hasta el inicio de mis pechos. El vestía un pantalón y una camiseta cuello en V. Ambos bastante informales desprendiendo mucha naturalidad,, al igual que en nuestro encuentro, era como si nos conociéramos desde hace años y el lenguaje de nuestros cuerpos hablara por sí solo.
Nos sentamos en una mesa al final de la terraza, quedando enfrentados.
El encuentro fluía entre risas y portadas pícaras, hasta el que nos atendía interpretaba nuestra naturalidad como si dos viejos amigos se reencontrarán, soltando varias veces un trato como si fuéramos pareja. Ninguno de los dos daba importancia a ello.
Si voz invadía todo mi cuerpo, su mirada recorría mis labios, cuello y a veces mis pechos, me sentía tan vulnerable en su presencia. Tras la comida dimos un paseo y tomamos algún café.
No se cómo llegamos de nuevo al parque donde nos conocimos, y nos sentamos en el césped, nos contábamos de todo, la conversación saltaba de temas con tal facilidad que abarcamos muchos temas personales, laborales, de viajes, etc.
Terminamos los dos tumbados mirando al cielo, charlando de nuestros gustos musicales, el se ladeó un poco quedando un sobre más cerca, yo seguía hablando con los ojos cerrados contando alguna anécdota banal, sintiendo como su mirada me recorría, de mis labios, mejillas, cuello, hombros, pechos, cintura, me desnudaba claramente y mi respiración se hacía espesa. Al abrir los ojos lo vi como me miraba y me encantaba, su mano se acercó a mis ojos y suavemente me los cerró y pidió que continuará contándole sobre ese viaje. Sus dedos tras cerrarme los ojos rozaron mis labios y un leve suspiro salió de mi boca, haciendo subir mis pechos y marcando a un más mis firmes pezones. Sentí una suave caricia en el interior de mi brazo que recorría hasta llegar a mi muñeca, donde dibujaba círculos, su tacto era como sus palabras, suaves pero seguras que me transportaban a otro mundo.

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