ISA HDEZ

No podía dormir, me sentía atrapada por aquella evocación, y daba vueltas y vueltas en la cama hasta que opté por levantarme. Me sentí un alma en pena en mitad de la noche vagando por la casa, como si buscara algo, como si fuera a encontrarlo en alguna de las sombras de las paredes. Aquella mirada inesperada, furtiva y ardiente, que me traspasó aquella noche lejana, me perseguía y la buscaba en la profundidad de sus ojos claros como el agua. Me preguntaba una y otra vez cómo fue capaz en aquella sala decorada con adornos de otra época, entre la multitud, en aquel instante inadecuado en el que deseaba evaporarme de la estancia, regalarme su profunda mirada. Sin embargo, y pese a mi cautela, mis ojos se clavaron en los suyos como un instante mágico, y el encuentro quedó grabado en mi pensamiento. Y, su embrujo me acompaña en momentos de insomnio, soledad y quimera, sin que nada ni nadie pueda borrarlo de mi mente, aunque lo pretendiera, ni siquiera juzgarlo, ni olvidarlo de mi recuerdo. Persiste en mi existencia y, a veces, su luz ilumina mi semblante y acaricia mi piel erizada, como si fuera una adolescente embelesada y se tratara de una certeza bella y, me besara con su mirada. ©

Un comentario sobre “La mirada furtiva

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