ANDER MAIS

Capítulo 10

El nuevo trabajo

La mañana siguiente se me hizo eterna. No dejaba de mirar el reloj deseando que fuera la hora de comer para poder salir y saber cómo le había ido a Natalia con la entrevista. Cuando por fin pude salir, lo primero que vi fue un mensaje de ella pidiéndome que la llamara en cuanto pudiera.

—Hola, cielo —me contestó enseguida-, estoy en un bar tomándome una infusión… he salido algo nerviosa de la entrevista…

—¿Por? ¿Qué te han dicho? —pregunté con bastante incertidumbre.

—No sé ni por dónde empezar… A ver, el trabajo está bien, pero hay algo que no me gusta y necesito tu opinión… es que estoy hecha un lío… —dijo algo agitada.

—Pero dime algo cielo… tampoco será para tanto ¿no? Me estás poniendo nervioso a mí también…

—Mira, es para trabajar en una oficina, ocho horas en turno de mañanas y el sueldo está bastante bien… casi el doble que lo que ganaba en la gestoría… pero… bufff… hay algo que no me gusta…

—¿El qué? —pregunté pero intuyendo lo que era.

—Es que el trabajo exige viajar a menudo y pasar varias noches fuera de casa al mes… —acabó revelándome—. No sé… eso, la verdad, me hace dudar mucho… ¿Tú qué opinas? —me preguntó nerviosa.

—Pues no sé… así de pronto no sabría qué decirte, sinceramente… ¿Pero a ti qué te parece? ¿A ti te apetece ese empleo?

—A mí todo me parecía bien hasta que hemos llegado a ese punto. La jornada, mis tareas, las condiciones… todo perfecto… pero cuando me ha dicho lo de viajar, no he sabido qué decirle… tenía que hablarlo antes contigo… además, si decía que sí, ya quería que la próxima semana fuera a uno… No sé, es todo tan precipitado… —noté por su voz la decepción que sentía con aquel tema que, seguramente, iba a hacerla declinar una oferta que le apetecía aceptar.

—¿Y cuando tienes que decirles algo?

—Querían que les dijese algo hoy o mañana pero, al final, conseguí que me dieran de plazo hasta el lunes para llamarles y darles mi respuesta. Como un favor, por venir de parte de Víctor. ¿Qué hago, Luis? Dime qué piensas. Necesito trabajar, lo necesitamos… tenemos tantos planes pendientes… ¿Tú qué dices?

Guardé unos segundos de silencio mientras evaluaba la situación. La oferta era tal como me había descrito Víctor y, como yo le había adelantado, lo de viajar iba a ser un escollo muy importante para ella. Natalia dudaba sobre qué hacer y estaba seguro que, si le decía que no le convenía, iba a seguir mi consejo y rechazarlo. Pero también me sabía mal por ella ya que parecía que realmente, salvo por lo de viajar, el trabajo le gustaba.

—Mira, ahora mismo no sé qué decirte… la verdad es que suena todo muy raro, muy precipitado y eso… creo que lo mejor que podemos hacer es darnos un tiempo y, cuando llegue a casa, lo hablamos con tranquilidad y juntos vemos qué hacemos… ¿Qué te parece?

—Sí, tienes razón… es mejor pensarlo un poco en frío y con algo más de sosiego… ya hablaremos… un beso… —dijo Natalia aún algo nerviosa antes de colgar.

Me fui a comer y, mientras lo hacía, no pude evitar pensar en lo que acababa de hablar con mi chica. Lo que me había contado era tal cual me había dicho Víctor así que, al menos en eso, sabía que no me había tratado de engañar. Eso sí, dejaba bien a las claras las ganas que tenía de acostarse con mi chica como para pedirle aquel favor a su amigo Martín.

El resto de la tarde fui un batiburrillo de pensamientos. Por un lado, no me agradaba la idea que Natalia se pasara los días viajando y durmiendo fuera de casa pero, por otro lado, no podía olvidar las palabras de Víctor y lo que pensaba hacer con mi chica durante aquellos viajes, consiguiendo que imaginara a mi chica y a él en alguna habitación de hotel dando rienda suelta a su pasión.

Tuve que hacer un esfuerzo para apartar esos pensamientos de mi cabeza y concentrarme en el trabajo. Recordarme a mí mismo, la angustia y desasosiego que había sentido cada vez que había tenido sospechas que Natalia hacía algo a mis espaldas y que, de aceptar esas condiciones, ese malestar iba a ser algo continuo, permanente. No iba a saber qué hacía ni con quién y esas dudas, esas sospechas, iban a perjudicar nuestra relación.

La jornada llegó a su fin y salí raudo camino del coche con la intención de ponerme en contacto con Víctor.

—Ya he salido. ¿Me llamas y hablamos? —le escribí en un mensaje de whatsapp.

Tuve que esperar unos largos cinco minutos donde no recibí respuesta, pero donde vi que él estaba en línea y, sorpresivamente, Natalia también. ¿Estarían hablando entre ellos, comentando algo sobre el trabajo? ¿Quizás tratando de convencerla que lo aceptara? ¿O directamente quedando para follársela a mis espaldas? Resoplé tratando de calmarme y entonces, por fin, llegó su respuesta.

—Ahora mismo estoy liado. Te llamo en un momentito, pero quiero que antes hagas una cosa. Ve a un sitio tranquilo y solitario y aparca el coche. Cuando lo hagas, escríbeme…

No entendía a qué venía aquello pero, cómo no, obedecí muerto por la curiosidad por saber qué se traía entre manos Víctor. Arranqué el coche y me dirigí al aparcamiento desde dónde había hablado con él el día antes, aparcando en una zona apartada y junto a un muro.

—Ya estoy. Llámame —le escribí.

—Te llamo en un rato. Ten paciencia que estoy acabando un asunto. Quiero que, mientras esperas, te entretengas con esto…

Era un vídeo. Extrañado lo abrí y, cuando lo hice, casi se me para el corazón. En él, una chica chupaba la polla a un tío dentro de un coche y, o mucho me equivocaba, o aquellos dos eran Víctor y Natalia.

—¿Qué es esto? —pregunté nervioso.

—¿Tú qué crees? —me respondió—. A mí me parece obvio ¿no?

—¿Es Natalia? —volví a preguntar mientras miraba la imagen congelada del vídeo incapaz de darle al play.

—Míralo y lo sabrás… jajaja…

Temblando le di y el vídeo empezó a reproducirse. El hombre, sentado en el asiento del conductor, tenía sus pantalones bajados y ella, sentada en el asiento de al lado y reclinada sobre él, le sostenía en su mano la polla mientras con su boca lamía su glande con gula.

Ella, la que creía que era Natalia, llevaba un pantalón de traje negro y una blusa blanca donde se adivinaban unas buenas tetas que, desgraciadamente en aquella postura, no veía del todo bien y me impedía confirmar que fuera ella. Al igual que su rostro, hundido sobre la verga del hombre, del que solo veía retazos y, mayormente, su larga cabellera negra que caía sobre uno de sus hombros.

¿Era esa su ropa, la que había llevado a la entrevista con Martín? Me pregunté mientras la veía como afanosamente intentaba engullir el grueso y largo miembro del hombre que, no tenía ninguna duda, era él. Eran varias las veces que había visto su miembro y ya era capaz de reconocerlo con un simple vistazo.

Pero todo indicaba que sí, que era ella, mi Natalia. Y allí estaba, dentro de un coche con Víctor y chupándole la polla, al parecer antes o después de su entrevista de trabajo ya que, por aquellas ropas, aquel vídeo lo debía haber grabado ese mismo día. Una mezcla de sensaciones, celos, sorpresa pero, principalmente, de excitación, me recorrió el cuerpo entero ante lo que estaba viendo.

No comprendía cómo había ocurrido aquello. Tenía entendido que Víctor ya no estaba en la ciudad pero, quizás, había cambiado de idea ante la perspectiva de poder follarse por fin a mi chica o, puede, que solo hubiera venido con la idea de convencerla para que aceptara aquel empleo. La cuestión es que allí estaban, en su coche, con ella por fin saboreando el pollón de Víctor, el mismo que había acariciado días antes en aquella terraza durante su último encuentro.

—¿Te gusta el vídeo? Qué bien la chupa tu novia… Anda, hazte una paja mientras ves cómo le lleno la boca con mi leche… —me volvió a escribir Víctor segundos despues.

Joder. Con aquel mensaje que acababa de mandarme Víctor me confirmaba mis sospechas. ¡Era mi novia! ¡Se la estaba chupando a Víctor! ¿Y qué era eso que le había llenado su boca con su leche? ¡Pero si a ella eso no le gustaba!

No pude evitarlo y allí mismo me saqué la polla, empezando a masturbarme mientras veía su cabeza subir y bajar sobre el tronco de su miembro, viendo como intentaba tragar cada vez más y más de su carne pero consiguiendo poco más allá de una tercera parte de ella de lo larga que era.

El sonido, casi ausente, solo permitía distinguir algún leve gemido y, sobre todo, la succión de su boca mezclada con el sonido de su saliva, provocando una mezcla explosiva en mi ya de por sí elevada libido. Y es que, si lo normal es que estuviera cabreado por aquella traición por parte de los dos, me sentía sumamente excitado viendo aquella estampa.

Mi mano se movía con agilidad sobre mi polla mientras no apartaba la mirada del vídeo donde Natalia seguía chupando sin cesar, ahora con la mano de Víctor sobre su cabeza, acariciando casi con ternura su cabello oscuro y pareciéndome escuchar que decía algo así como “muy bien nena, sigue chupando así”

Ver aquella complicidad entre los dos, aquella sintonía, me enardeció más al corroborar lo que ya suponía, que los dos se deseaban de una manera muy intensa y que, por fin, estaban liberando aquella tensión sexual que los embargaba.

La mano libre de Víctor, recorrió su espalda hasta alcanzar el culo de ella, recorriendo sus nalgas todo lo que aquella forzada postura permitía, palpándola, estrujándola, comprobando su firmeza, subiendo después ligeramente y viendo como trataba de colarse por dentro de la cintura de su pantalón sin conseguirlo.

Pero, para mi sorpresa, vi como Natalia llevaba su mano a su cintura y desabrochaba el botón, aligerando la presión y permitiendo que, ahora sí, la mano de él se adentrara libremente, tocando sus carnes por dentro de la prenda. Me imaginé que debía haber escogido un tanga ese día para que no se le notara marca con aquel pantalón, así que Víctor debía estar tocando directamente su piel desnuda, sin ropa de por medio.

Mi chica arreció la felación mientras sus caderas se agitaban ansiosas ante lo que fuera que Víctor estuviera haciendo por allí detrás y que, al parecer, le estaba gustando en demasía. Sus gemidos quedaban ahogados por el miembro que llenaba su boca y que, por extraño que pareciera, no parecía pronto a estallar.

No como yo, que viendo todo aquello y excitado como no creía recordar haber estado nunca, estaba cometiendo aquella locura de estar masturbándome en un lugar público, con el riesgo de ser pillado en cualquier momento, mientras veía a mi novia comerle la polla a otro hombre. ¡Qué locura!

No pude aguantar más y estallé en una corrida intensa que brotó con intensidad, salpicando el volante, la tapicería e incluso el cristal del coche. Sentado contra el respaldo de mi asiento, respirando con dificultad y sintiendo el calor que embargaba el interior del coche después de lo que acababa de hacer, presté atención de nuevo al vídeo.

Ahora, después del bajón que siempre me venía después de culminar y liberar la excitación acumulada, me asaltaban las dudas y, sobre todo, las preguntas. ¿Por qué me había hecho eso Víctor? ¿Acaso no estábamos planeando la posibilidad que pudiera acostarse con mi chica con mi consentimiento? ¿No podía esperar o qué? ¿Y Natalia? ¿Por qué, con todas las señales que le enviaba que todo aquello me gustaba, se empeñaba en actuar a espaldas mías?

Algo desangelado, seguí viendo el vídeo donde él seguía con su mano por dentro de la ropa, no teniendo ya ninguna duda por los movimientos de su mano que estaba follándola con sus dedos, mientras ella seguía con su intenso vaivén, engullendo sin cesar aquella polla que tanto la fascinaba.

Fue entonces cuando vi como la espalda de Natalia se arqueaba indicándome que acababa de correrse bajo los influjos de los dedos de Víctor, la mano de él resurgir de su interior embadurnada con sus flujos que inmediatamente llevó a sus labios donde los degustó para, seguidamente, arremolinar su pelo en una coleta y empezar a mover sus caderas, follando ahora su boca buscando su clímax.

No tardó en conseguirlo. Casi pude notar las pulsiones de su miembro mientras descargaba dentro de su boca donde ella, con esfuerzo, hacía lo que podía para contener aquella riada que él estaba descargando en lo más profundo de su garganta. Y digo casi porque un detalle llamó poderosamente mi atención. Y es que, al recoger su pelo, en lo alto de su espalda, apareció un tatuaje, un tatuaje que Natalia no tenía. Estupefacto y sin comprender nada, vi con sorpresa como ella al fin levantaba su rostro y comprobé, con cierto alivio pero extrañamente también algo de decepción, que aquella no era mi chica.

Tenía cierto parecido, sí, pero las diferencias ahora que la veía bien eran obvias; tanto en su rostro, como principalmente en su torso donde, ni de lejos, sus senos llegaban al tamaño de los de mi novia. ¡Menudo cabrón estaba hecho Víctor! ¡Me la había vuelto a jugar!

—Eres un cabrón —le escribí justo después de adecentar como pude el coche.

—Jajaja… —me contestó—. Te lo has creído, ¿verdad? La verdad es que de espaldas se parece, la jodida. El otro día recordé que tenía este vídeo y se me ocurrió que podía gastarte una broma y, de paso, prepararte para lo que está por venir… ¿Te has excitado, Luis? ¿Te has hecho una paja pensando que era Natalia la que me la estaba chupando?

—Bufff… sí, claro… por un momento, pensaba que me la estabas jugando…

—¿Por qué haría algo así? A mí lo que me gusta es esto, todos estos juegos; los preparativos, el saber que tú quieres que lo haga, el que tú lo veas… créeme y perdona si soy demasiado franco, pero ¿crees que si lo único que quisiera fuera acostarme con tu chica, no lo habría hecho ya? Ya has visto las ganas que me tiene, Luis…

—Ya… —dije sabiendo que, en el fondo, tenía razón. Supongo que otro motivo más para no estar a malas con él, cuando podía apartarme de todo aquello cuando se le antojara.

El sonido del teléfono me sobresaltó. Era Víctor que, ya libre, me llamaba.

—Dime —contesté al instante.

—Espero que te haya gustado mi sorpresa… jajaja… estaba buena mi amiga, eh…

—Sí, pero menudo susto… bufff… no sabía si hacerte caso y pajearme o ir a buscarte y matarte…

—Ya te he dicho que debes confiar en mí, aunque reconozco que, a veces, me sale esa vena maquiavélica y me gusta provocarte un poco… Espero que no te moleste ni te hayas enfadado por eso… Así te voy preparando para cuando seas un cornudo de verdad si es que no lo eres ya…

—Es que acaso… —pregunté pensando que él quizás ya había hecho algo.

—No, no… ya te he dicho que yo no soy así, te he contado todo lo que ha pasado entre tu chica y yo y he sido sincero en cuanto a lo que quiero… me refería más bien a lo de Riqui, lo de Alberto y, bueno, quién sabe si alguno más… más de uno considerará que eso que ha hecho tu chica ya es una infidelidad en toda regla…

No dije nada mientras pensaba en lo que acababa de decirme. La verdad, desde el verano, ya habían sido unas cuantas las cosas que cualquier otro habría considerado una ofensa, una traición y la ruptura de la relación. Aunque, claro, ni yo era un novio normal y también tenía parte de culpa en lo ocurrido, incitándola, alentándola o, simplemente, no haciendo nada para evitar que ella cayera en la tentación. No, yo tampoco estaba libre de culpa.

—Bueno, ahora que ya he acabado con lo que estaba haciendo en la oficina y después de haber hablado con Martín, quiero que me expliques que te ha contado Natalia sobre la entrevista —me preguntó haciéndome volver a la realidad—. Me ha dicho que parecía algo preocupada por el tema de los viajes y que quería consultártelo contigo… ¿Tú qué vas a hacer? ¿La vas a animar a cogerlo o no?

—La verdad es que no lo sé. No me gusta la idea que esté por ahí y vosotros intentéis montároslo con ella y yo sin enterarme de nada. A la larga, eso va a joder nuestra relación y yo no quiero eso. Y ella, pues parecía poco entusiasmada con eso de los viajes. He quedado con ella que, cuando llegue a casa, lo hablaremos pero ya te adelanto que, al menos por mí, no pienso animarla a que acepte.

—Vale, lo entiendo —dijo comprensivo Víctor—. Respeto tu decisión. Es tu novia y yo lo único que quiero es disfrutar de la experiencia entre los tres, no romper vuestra relación. Pero, tema sexual aparte, Martín me ha dicho que le ha encantado tu chica para el trabajo, con potencial y futuro en la empresa, que la ha visto con ganas y con muchas posibilidades… es un buen trabajo y una magnífica oportunidad…

—Tal vez… ya te he dicho que tengo que hablar con ella que es quien tiene la última palabra. Pero, si queda descartada la opción del trabajo, ¿ya has pensado en la otra opción que me dijiste que debías acabar de perfilar? —le pregunté.

—Mira, no me voy a ir por las ramas que me imagino tienes prisa por llegar a casa y hablar con tu chica de lo del trabajo. El otro día te dije que Natalia me había preguntado por Riqui, que si sabía algo de él y todo eso y yo, pues quedé en que lo llamaría durante esta semana para enterarme de algo y, de paso, indagar un poco sobre el tema del vídeo y si lo había borrado y tal… le dije que el viernes, o sea mañana, la llamaría para decirle lo que había averiguado y también para saber cómo le había ido con la entrevista con Martín… a ella le pareció bien y estuvo de acuerdo…

—¿En serio? ¿Vamos a meter a Riqui otra vez en esto? No sé si esto me hace mucha gracia… —dije nervioso.

—Qué va, Luis. No soy tan idiota. No quiero que vuelva a cagarla como hizo el verano pasado ahora que estamos tan cerca de conseguir lo que queremos. Él se queda al margen, a menos que tú quieras que lo metamos porque te excite la idea o algo… aunque me da que no, ¿verdad?

—No, a él no… no me fío… además, viendo cómo se comporta Natalia con él, tengo miedo que le pueda gustar o algo y dejarme… —le respondí de forma sincera.

—Entonces, nada. Se queda fuera y punto. Solo lo utilizaré como excusa para llamar a tu chica. Si te parece bien, le mando un whatsapp para ver si puedo llamarla y, cuando lo haga, le digo que he intentado hablar con él pero no ha sido posible e interesarme por la entrevista. Y, si todo va bien, le planteo la segunda parte del plan en la que, ahí sí, voy a necesitar tu ayuda… —prosiguió.

—A ver, sorpréndeme… —dije hasta en cierto punto excitado ante la idea de lo que estábamos maquinando.

—Lo que tenía pensado es acercarme a vuestra ciudad esa noche y pasarla allí. Me viene bien porque me pilla de paso de camino a Francia donde voy a estar unos dos meses supervisando la apertura de una nueva delegación. Aprovechando que esa noche tu chica va a salir, puedo intentar convencerla de quedar… ya sabes, para hablar y tomar algo… y luego, si la veo predispuesta como estaba el viernes, convencerla para que venga al apartamento que voy a alquilar para esa noche a tomar la última… lo demás, creo que te lo puedes imaginar… jajaja… —dijo resuelto.

—No sé… la idea no es mala pero veo complicado que, estando aquí donde alguien la puede ver, acepte irse contigo… aquí no es como en el verano, que allí no la conocía nadie… además, va a salir con Andrea y creo que los tíos del gimnasio… lo único que te pido es que seas discreto y que no me líes… Solo me faltaría que Natalia sospechara algo y entonces si estoy jodido… Por cierto ¿y lo de verlo yo como lo haríamos? —pregunté indeciso ante todo aquello.

—Mira, lo primero es que me dejes hablar con ella a ver qué me dice. Lo mismo se niega tajantemente a quedar conmigo y la cosa se queda ahí pero, créeme, lo dudo. Venga, Luis… anímate… estamos cerca de cumplir tu fantasía, joder… ¿no lo estás deseando? Recuerda cómo te has puesto al pensar que tu chica me la estaba chupando… imagina cuando nos veas el sábado follando como animales… —dijo de forma persuasiva.

—Ya… pero una cosa es una fantasía y otra ver de verdad como se la follan… —dije de nuevo confuso con lo que quería que realmente ocurriera—. Déjame hablar primero con Natalia y a ver qué decidimos sobre el trabajo… luego te mando un whatsapp y te digo algo…

—Vale, pero piénsatelo bien. Como te he dicho, me voy a Francia dos meses y, si no lo hacemos este sábado, durante ese tiempo no voy a estar muy disponible que digamos… ya me dirás algo…

—Vale. Adiós.

Colgué y me dirigí a casa mientras analizaba lo ocurrido. Sinceramente, la idea que Natalia cogiera ese trabajo y pasara días fuera, sin saber qué hacía, no me gustaba nada y menos, sabiendo que Martín iba a estar al acecho. Pero, pese a mis reticencias mostradas, la idea que Víctor se follara a Natalia me excitaba sobre manera. Prueba de ello era que, pensar que el vídeo que acababa de ver donde pensaba que Natalia se la estaba chupando, no me había molestado sino todo lo contrario.

—Hola, cielo —dije nada más entrar por la puerta y mientras me acercaba a mi chica para darle un beso.

—Hola. Qué bien que hayas llegado. Llevo toda la tarde rayada dándole vueltas al tema del trabajo…

—No te preocupes tanto, cariño —dije abrazándola—. A ver, cuéntame de nuevo lo de la entrevista y el trabajo.

Natalia volvió a explicarme, más o menos, lo que ya me había contado cuando me llamó al mediodía pero ahora algo más calmada y entrando en más detalles.

—Ya ves que el trabajo tiene buena pinta, pero no me gusta nada lo de tener que viajar. Creo que no voy a cogerlo. Sé que necesito trabajar pero es que no me acaba de convencer… —dijo Natalia algo apenada y cabizbaja.

—Mira, si tú no te ves pues no lo cojas. Debes elegir lo que quieres hacer y si no te convence, pues nada… ya te saldrá otra cosa. Pero dime, aparte del tema de los viajes ¿hay algo más que no te ha gustado? —pregunté.

—Bueno, aparte del tema de viajar es también la cosa que es todo muy precipitado… no sé, pretenden que empiece la semana que viene y el jueves ya vaya a una feria o no sé qué cosa… —me comentó—, y, bueno, hay otra cosa…

—¿El qué? —pregunté viendo su rostro avergonzado.

—Verás, es que es algo sobre el amigo de Víctor, el tal Martín… —dijo algo apurada—, no me cayó demasiado bien, ¿sabes? No es tan simpático como Víctor y parecía algo chulo y prepotente… y, bueno, me pareció el típico que busca algo más que una secretaria… ya sabes, un baboso… Joder, no me quitó la vista de las tetas durante toda la entrevista…

—Bufff… Pues lo siento, cielo… se notaba que te hacía ilusión la oferta, pero si no te convence lo de viajar y mucho menos trabajar con alguien así… no te preocupes que seguro que te saldrá algo pronto…

—Sí, será mejor que lo deje pasar. No voy ni a esperar al lunes. Mañana mismo llamo y les digo que no me interesa —dijo en parte aliviada.

—Como quieras —le dije mientras la achuchaba un poco para animarla.

—He pensado que, si quieres, puedo probar con el trabajo de camarera que me habías propuesto el otro día. Lo llevo pensando durante toda la tarde y creo que podía intentarlo al menos hasta que me salga algo de lo mío. ¿Dónde me dijiste que estaba ese bar? ¿Aún estará libre el puesto? —me dijo Natalia.

—Pues no lo sé. La semana que viene estaré trabajando allí al lado. Me pasaré y preguntaré, a ver qué me dicen… —respondí contento al ver que, por fin, estaba dispuesta a trabajar en aquel sitio.

—Vale. Entérate de lo que sea y me cuentas… —dijo dando por terminada la conversación.

Ya no volvió a mencionarme nada más ni de la entrevista ni de Martín y yo tampoco quise presionarla más. Tenía la vaga sensación que algo más había ocurrido pero que ella no me iba a contar y, sinceramente, me daba igual. La alegría de saber que Natalia había decidido dar el paso e interesarse por trabajar en “Las Oficinas” me colmaba y ya me la imaginaba con aquellas prendas sugerentes sirviendo copas y siendo admirada por la clientela.

Un rato más tarde, mientras Natalia se duchaba, aproveché aquel momento de tranquilidad para enviarle un mensaje a Víctor, tal como le había prometido:

—Natalia me ha dicho que no va a coger el trabajo. Lo he estado pensando y me parece bien que la llames mañana.

—Ok. Ya sospechaba que no lo cogería —me contestó al instante-. Entonces sigo adelante con el plan, ¿no? Ya verás cómo todo sale bien, amigo…

—Eso espero. Solo te pido que vayas con cuidado. No sé qué habrá pasado con tu amigo pero la he notado mosqueada… creo que se ha dado cuenta de las intenciones que tenía Martín para contratarla…

—No te preocupes que yo sé cómo llevar estas cosas. Tú confía en mí, ella no va a sospechar nada y menos de ti. Sigue como hasta ahora.

—Ya, es fácil decirlo…

—Hazme caso, que sé lo que me hago. Mañana, cuando salgas de trabajar, me mandas un mensaje y te llamo para contarte.

—Ok. Te dejo que parece que va a salir de la ducha.

—Vale. Mañana hablamos. Y ve haciéndote a la idea Luis, que algo me dice que este sábado vas a ver un buen espectáculo… jajaja…

Al poco, salió Natalia y nos metimos en la cama. Esa noche no hubo nada. Natalia no estaba de humor y yo tampoco insistí demasiado. Al final, nos dormimos los dos abrazados.

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