ALMUTAMID

Hay que ser idiota para dártelas de guay por liarte con tu propia novia delante de su
“admirador”. Pero así me quedé dormido yo aquella noche con aquella absurda satisfacción.

Por la mañana me despertó Claudia revolviendo la cama.

-¿Qué pasa princesa?-pregunté frotándome los ojos.
-Gordo, no encuentro mis bragas.
-Estarán entre las sábanas.
-Ayúdame a encontrarlas.

Levanté las sábanas y la manta para que pudiese mirar Claudia debajo de ellas. Mi calzoncillo
marcaba una estupenda erección matutina, pero mi chica no estaba para juegos mostrando
cierto nerviosismo.

-Bájate la camiseta y sal de la cama a buscar otras bragas. Sólo yo sé que este culito precioso
está desnudito.-le dije con sorna acariciando su nalga mientras ella rebuscaba metida entre las
sábanas entre mis piernas.
Claudia no contestaba y yo seguí con la guasa:

-Ya que estás por ahí podías aprovechar y hacerme una mamadita, jajaja.

El golpe que me dio en la barriga y mi queja seguro que despertaron a los vecinos de
habitación. De golpe vi las bragas asomando por debajo de la almohada donde yo me había
levantado al sentarme en la cama. Las cogí sin decir nada y me las metí dentro del calzoncillo
dejando que asomaran.

-Mira lo que me asoma, princesa…
-Luis, de verdad, que no es el momento.
-Pero tú mira.

Las vio y me miró.

-Eres un capullito.
-Capullo el que tengo ahí dentro.
Dámelas, anda.
-Cógelas. ¿O ya no te atreves?

Claudia con un suspiro de resignación se sentó a mi lado y cogió las bragas con cuidado pero yo
agarré su mano y la metí dentro de mi calzoncillo apoyándola en mi nabo. Claudia lo agarró
negando con la cabeza y me dijo:

-Es de día. Nos van a ver…
-¿Tú crees que anoche no se dieron cuenta del polvo que echamos? Compartís pisos y hacéis
fiestas Erasmus. ¿Me vas a decir que ninguno de tus compañeros se ha tirado a nadie en esas
fiestas?
-Pero yo me retiraba a mi habitación dejándolos de fiesta, Luis. Ya sabes como soy.

Sacó la mano y la braga de mi calzoncillo y con ligereza se puso las bragas acomodándose de
nuevo la camiseta. Me besó y con una sonrisa me dijo:

-Que tontín es mi novio. Llevo meandome desde que me he despertado.

Y saliéndose de la cama se fue corriendo al baño.
Lo gracioso es que con tanto juego el que no me podía levantar era yo con el empalme que
llevaba. De hecho Claudia regresó del baño y me preguntó con cara de guasa por qué no me
levantaba. Cuando ya no se marcaba tanto me levanté vistiéndome presurosamente de
espaldas a los italianos que ya estaba también levantados y saludándonos con un sonriente
“Buon giorno” Tita y bastante más serio Gianni.
Desayunamos en el albergue mientras el chico nos explicaba el plan del día. Nos íbamos a
acercar con el coche hasta la base de los picos más altos y después íbamos a subir hasta un
circo glacial por una ruta de senderismo. El día amaneció nublado y frío y yo no iba preparado.
De hecho me rechinaban los dientes de la tiritera que llevaba cuando empezamos a andar pero
la promesa de tomar un vino caliente en la cafetería que había al pie del glaciar me animó a
llegar.

Cuando llegamos al fin mientras los chicos se hacían fotos con la masa de hielo y las cumbres
rocosas que la envolvían yo me senté lo más cerca que pude de la chimenea y me pedí un café
sin acordarme que en Italia lo ponen en tazas enanas. Poco me iba a calentar. Entonces entró
Claudia preocupada por mí y me pidió un vino caliente al estilo alemán mientras me abrazaba
dándome calor. Entre mi mal cuerpo y la tiritera no andaba demasiado bien y más pensando
que había que volver al coche pasando frío de nuevo. Decidimos comer en el albergue. Yo
probé un guiso con chícharos y carne que me sentó muy bien. Al igual que el día anterior nada
más comer había que regresar para evitar que nos anocheciera. Aunque el camino era más
corto que el día anterior sospechaba que se me iba a hacer más penoso. Varias veces vi a
Claudia y Tita comentar entre susurros con risitas seguro que hablaban de nuestro polvo.

Lo que peor llevé fue la carita de sieso de Gianni tratándome de blandito por mi frío. Parecía
como si quisiera competir conmigo. Casi le suelto que se dejara de tonterías pues a Claudia
sólo me la follaba yo. Pero el camino se me estaba haciendo tan difícil que iba más pendiente
de mi tiritera y de no tropezarme que de sus tonterías. Claudia iba charlando con los chicos
preguntándome a cada rato como iba y yo siempre decía que bien haciéndome el duro. Para
rematar se puso a llover, aunque cada vez caía más despacio. Mierda estaba nevando. Lo que
me faltaba.

Llegamos al coche y no conseguía entrar en calor. Cuando llegamos al albergue la nieve se
había convertido de nuevo en lluvia. Lo primero que hice fue darme una ducha caliente. Pero
lo peor fue escuchar a Gianni darme consejos mientras se rascaba literalmente las pelotas
delante de mí meneando la polla colgona esa que tenía larga y fina como él. Tras cenar tenía
de nuevo tal tiritera que Claudia me acostó tapándome mientras ellos jugaban a las cartas en
la habitación. Menudo resfriado había pillado. No se me iba a olvidar el viajecito a los Alpes.

Pasé mala noche a pesar de tener pegadito el cuerpo de Claudia dándome calor y caricias más de madre que de novia. No sé si llegó a darme fiebre porque no tenía termómetro pero desde luego estaba destemplado. Aun así no quise variar los planes que eran pasar por Venecia antes de volver a Bolonia.

El desayuno y abrigarme bien me templaron aunque el trancazo que había pillado era bueno con todo el festival de toses y estornudos. Como a Venecia no se puede aparcar dejamos el coche al otro lado de la laguna y cruzamos en tren. El día estaba feo y nublado, bastante húmedo pero eso no le quitaba nada de espectacularidad a la imagen de la ciudad de los canales. Realmente a pesar de mi catarrazo el paseo por Venecia fue el mejor momento de mi escapada para ver a Claudia, especialmente porque nos dejaron un par de horas solos paseando por los canales, callejas y especialmente la plaza de San Marcos donde la escasez económica de dos estudiantes no les dejó tomarse ni un café pero sí hacerse muchas fotos abrazados y sonrientes a pesar de mi mal cuerpo.

Quizá sea acudir a un tópico pero realmente el romanticismo de Venecia invita a las parejas a acercarse. La decadencia de sus palacios, la podredumbre del agua estancada de los canales y la nostalgia permanente, ni los sacos preparados para las inundaciones eran capaces de romper esa magia romántica de la ciudad. Y yo tuve la suerte de pasearla con mi chica. No sólo había sexo en nuestra relación y lo sabíamos muy bien y en ese momento lo estábamos disfrutando. Cuando recogimos a los dos italianos para salir de la ciudad y comer por el camino pues allí es prohibitivo, lo hice con pena por cuanto había disfrutado de mi paseo con Claudia abrazados, de la mano, con beso incluido en el Ponte Rialto y bajo el Ponte dei Suspiri.

En apenas un par de horas después de comer estábamos en el piso de Bolonia. Yo me iba a la mañana siguiente haciendo un viaje afortunadamente más corto pues transbordaba en Barcelona para Málaga. Al llegar al piso me sorprendió que cada uno hacía su vida, se preparaban su cena y se encerraban en sus dormitorios. De hecho había un inquilino más al que no había llegado a conocer y estaba allí. Así que prácticamente me despedí de los italianos con dos besos a Tita y un apretón de manos de Gianni que casi me desencaja algún hueso. Me entraron ganas de decirle que Claudia ya tenía dueño pero aquello me sonó demasiado antiguo y además falso.

Por fin nos retiramos tras haber cenado algo al dormitorio. Yo seguía con mi enfriamiento pero la buena calefacción de la casa y haber disfrutado tanto aquel día me reconfortaron y le ofrecía a Claudia tumbarnos en la cama a charlar. Nos metimos los dos con unas camisetas y la ropa interior pero el edredón y el cuerpecito de Claudia calentaban bastante. Bueno y una sopa caliente con un paracetamol que me acababa de tomar. Me entró tanto calorcito que me quité la camiseta.

-¿Qué haces loco?- me preguntó Claudia.-Estás malo y te vas a enfriar más.
-Con el calorcito que me das estoy sudando. Y además quiero sentirte pegadita.

Claudia me besó y tras sonreírme se quitó su camiseta tapándose con el edredón y echándose en mi pecho mientras me acariciaba.

-Yo también estoy más agustito pegadita a ti.-me dijo apretándose.

Nos quedamos un buen rato así charlando mientras ella acariciaba mi pecho y yo su espalda mientras yo le contaba las nuevas de la residencia y de la facultad y ella me explicaba como funcionaban las cosas en la casa. Yo en una de mis caricias por su espalda subí por su costado llegando hasta su pecho y empecé a acariciarlo. Claudia no se quejó y cuando yo empecé a jugar con mis dedos en su pezón hizo lo mismo con el mío, incluso lo besó. De golpe me dio un escalofrío al sentir sus labios. Tuve un back flash del momento en que Nieves había empezado a besarme el pecho en el trastero y me dio remordimientos, pero intenté olvidarlo y disfrutar de mi novia. Entonces ella me dijo:

-Deberíamos parar. Estás malito.
-Estoy en la gloria…y todo va como tiene que ir.
-¿Ahn sí?- preguntó bajando la mano por mi abdomen hasta encontrarse con el bulto de mi calzoncillo.- Huy, Luis. Sí que estás malito. Voy a tener que curarte.
-Estoy en sus manos doctora…
-O en mi boca…-respondió deslizándose hacia abajo por la cama sin dejar de besar mi barriga hasta llegar a mi calzoncillo- …voy a estar una temporada sin ver a alguien y quiero despedirme.
-¿Y yo no puedo despedirme?

Sentí como Claudia se revolvía debajo de la manta hasta que descubrí que hacía pues me lanzó sus bragas para inmediatamente sentir como me bajaba el calzoncillo haciendo que mi nabo saltara como un resorte. Levanté las sábanas para ver qué pasaba justo en el instante en que mi chica agarraba mi polla para llevársela a la boca recorriendo todo el tronco despacio con sus labios hasta tragarse mi polla casi entera provocándome un largo suspiro. Su mano jugaba con mis nalgas. Entre sus chupetones y sus succiones sentí que me iba a ordeñar más rápido de la cuenta así que protesté:

-Tú has tenido biberón dos veces y yo nada…

Claudia soltó mi polla y con su cara de “te vas a enterar” se salió de debajo de las sábanas poniéndose de rodillas totalmente desnuda a mi lado ofreciéndome una magnífica vista de sus muslos entreabiertos con su chocho recién rasurado (se notaba que lo había hecho el jueves cuando yo llegué) con los labios muy marcados, su vientre ligeramente curvado hacia adelante por la postura y sus tetas con las aureolas marcadas por la excitación de sus pezones. La repasé de arriba abajo y de manera automática me llevé la mano a mi polla babeada ante la visión de mi diosa. Pero fue breve, pues mi novia avanzó de rodillas por la cama y pasó su pierna por encima de mi cara plantándome su coño frente a mi cara.

-Que mi gordo no se quede con hambre…

Yo me quedé observando su chocho con los labios ligeramente abiertos y su clítoris ligeramente hinchado asomando entre ellos.

-¿No te atreves?- preguntó mirándome desde arriba.
-Estoy disfrutando de las vistas…
-¿Es que no lo tenías ya visto?
-Ya hace mucho que no…y lo echaba mucho de menos…

Y empecé a lamer recorriendo la raja con mi lengua obteniendo los primeros suspiros de Claudia y recogiendo su sabor. Ya sabía como se ponía mi chica en estos casos así que solté mi polla y agarré sus muslos y sus nalgas para tenerla bien sujeta y empecé a lamer dentro de su coño hundiendo mi cara entre sus piernas lo que me hacía percibir perfectamente su olor de hembra. Sus suspiros se iban transformando en gemidos al ritmo de mis succiones, lametazos y chupadas. Necesitó apoyarse en la almohada obligándome a escurrirme hacia abajo hasta que como bien sabía yo en 5 minutos sentí sus muslos estremecerse, su espalda arquearse y sus gemidos entrecortarse. Ya venía así que aumenté el ritmo de mis succiones hasta que un gritito ahogado me anunció que se corría como pude comprobar al intentar cerrarse sus muslos sobre mi cara y llenarme la boca de un sabor más salado.

Me salí de entre sus piernas dejándola de rodillas en la misma postura. Sin quererlo me estaba ofreciendo su culo y su chocho abierto y brillante por sus flujos y mis babas. No me lo pensé y me coloqué detrás de ella dirigiendo mi polla a su raja. Podía sentir aun el temblor de sus muslos cuando la penetré haciendo que soltara todo el aire de sus pulmones. Empecé a follármela sin compasión. Claudia por fin gemía como yo la recordaba en nuestros encuentros. Estaba disfrutando del sexo conmigo sin preocuparse de que nos oyeran o simplemente estaba tan centrada en el placer que se había olvidado del resto del piso, o del mundo. Y lo que a mí más me preocupaba aquellos días, de Gianni.

Entre el rato que me la había estado mamando, la comida que yo le había hecho y los pollazos que le estaba dando por detrás en pocos minutos me vino el orgasmo corriéndome en su espalda y culo. Vi cómo tras sacar la polla de su coño su mano se había apoderado de él. Así que cuando terminé de vaciar mis huevos entre espasmos de mi polla me tumbé a su lado y metí mi mano donde estaba la suya. La empujé para que cayera sobre mí y clavé mi dedo en su coño rozándolo mucho. En un par de minutos tenía el rostro precioso y extraño de mi chica cuando tenía un orgasmo pegado a mi hombro babeándome entre contracciones mientras sus muslos se cerraban apretando mi mano, que no se salió de allí hasta que el cuerpo de Claudia no se relajó quedándose derrotada sobre mí que la abracé pringándome de mi propio semen.

Pese a dormir abrazados toda la noche. Pese a que Claudia perdió una clase para acompañarme al aeropuerto. Pese a la despedida en el aeropuerto entre “te quiero”, abrazos y promesas. Pese a todo eso regresé con mal cuerpo y no fue solo por el catarrazo que llevaba. Tenía la sensación pese a haber follado con ella casi como siempre y lo hablado esos días que se estaba enfriando la llama. Claudia estaba viviendo en Bolonia sin mí, labrándose un futuro independientemente de mí y sí, se lo había pasado bien conmigo, pero no había modificado ni un centímetro sus planes del puente de noviembre porque yo estuviera, salvo meterme en el coche y meterme en su cama.

Esa sensación casi de estorbo a pesar del cambio de actitud de Claudia tras decirle que Gianni estaba por ella no se me terminó de pasar en todo el puente y era la que me llevaba de vuelta a la residencia. Y en las horas de soledad y tiritera que pasé en los dos aviones y el autobús hasta llegar a la residencia pensé mucho en como había cambiado todo desde que Claudia se fue. El Luis de unos meses antes estaría obsesionado con tener a alguien con quien vaciar los huevos, y eso había cambiado con Claudia, Pero ahora se encontraba con una relación en punto muerto a la espera de que tras su regreso se viera si se metía la marcha o se paraba el motor.

No dudo que el mal cuerpo que no mejoraba ni el paracetamol tuviera que ver también en mi negatividad. Pero volví resuelto a no poner freno a mi vida por su ausencia. Si otra chica me ofrecía la felicidad que esperaba con Claudia y yo veía en ella las virtudes que admiraba en mi chica daría el paso. No iba a estar esperando por alguien que no sabía si a su vuelta haría lo mismo conmigo. Y no era algo que se pudiera hablar. Sus buenos deseos y su actitud cariñosa me hacían saber que me seguía queriendo. Pero en la despedida ya no hubo las lágrimas de unos meses antes demostrándome que efectivamente yo había pasado a ocupar un lugar secundario. ¿Si volviéramos juntos rebrotaría? Ya lo veríamos.

A la vez que quitaba el pestillo de mi puerta pensé que tampoco tenía que hacer locuras e irme con cualquiera que se me cruzara. De hecho la parte de amistad y sexo la tenía en parte cubierta con Nieves, que por cierto me llamó aquella tarde en que volvía en un autobús a la residencia entre nubarrones y chubascos. Siempre tan atenta conmigo y yo viéndola solo como un instrumento de mi lujuria. Sin pedir nada a cambio salíamos como amigos y nos desfogábamos como novios sin toda la parafernalia de una pareja. Y en la conversación de aquella tarde se empezaba a convertir en confidente cuando sin saber por qué empecé a contarle mis malas sensaciones sin ni siquiera nombrarle al italiano. No sé si ya era un doble abuso por mi parte liarme con ella y encima contarle mis historias, pero ella escuchaba y me estaba sirviendo de desahogo pues pensándolo bien ni me atrevía a contárselo a Víctor por miedo a que le llegara a Claudia a través de Lourdes como la noche que dormí en el dormitorio de Ángela.

Lo mal es que por la noche me tocó contarlo en la cena aunque disimulé con Marcos y Víctor. Además con la excusa de mi catarro me acosté más temprano, justo después de pedirle a Marta por mensaje que me pasara los apuntes de los días que falté y avisarla que había vuelto pachucho y que a lo mejor no iba a clase al día siguiente. Me respondió que sin problema y me preguntó si hacíamos juntos un trabajo que habían mandado aquellos días y que eran en grupos de cuatro, Carlota, Miriam, ella y yo. Le respondí que encantado y tras otro chute de paracetamol me quedé dormido.

Me desperté hecho una piltrafa física y moralmente. Tenía un mensaje de Claudia dándome los buenos días y agradeciéndome la sorpresa. Ya podía haberlo dejado más claro allí. Le respondí que había estado bien pero que habría preferido pasar más tiempo a solas y le mandé besos. Avisé a Marta que no iba a clase. Desayuné en el comedor y me volví a la cama. Me pasé toda la mañana dormitando y me pegué una buena sudada. Largué lo que tuviera pues tras ducharme me sentí mucho mejor, tanto que por la tarde llamé a Marta avisándola de que estaba mejor y quedamos a tomar café para pasarme los apuntes y explicarme el trabajo.

Me vio mala cara y me preguntó que si todo iba bien. Mi respuesta fue fácil, bien el viaje pero había vuelto malo. Pasamos toda la tarde en la cafetería. A ratos me preguntaba por cosas del viaje pero yo me escabullía. Al final conseguí que nos centráramos en el trabajo y quedamos en vernos la tarde siguiente después de mi entrenamiento para repartirnos las tareas. Por la mañana se lo contaríamos a las compañeras.

Empezaba a recuperar mi rutina y a cambiar la impresión que había traído del viaje. Hasta me sentía injusto con Claudia. Estaba claro que yo no era el centro del universo y todo no podía girar alrededor mío. El fin de semana había estado bien salvo por el enfriamiento y no era justo que juzgara a Claudia por no cambiar sus planes cuando le había impuesto mi presencia inesperada a sus amigos de allí. Afortunadamente no había cometido el error de echárselo en cara y que ella se sintiera mal conmigo. Lo único que realmente me preocupaba es que ese Gianni se saliera con la suya, pero ahí no me quedaba más que tener confianza en mi chica. Estaba convencido que si Claudia daba el paso de tener algo con él nunca sería a mis espaldas y antes habría decidido dejarme. Y ahí de nuevo me vine abajo. ¿Y si Claudia se acostumbraba a estar sin mí? Qué jodido es enamorarse.

Estaba tan sumido a veces en esos pensamientos que me perdía en las clases y hasta estaba fallón en los entrenamientos y la liga estaba a punto de empezar. Con guasa me decían que se notaba que había pasado el puente follando porque venía bajo de fuerzas. Yo quitaba importancia a mis fallos justificándome en mi catarro reciente. El sábado de nuevo organizamos para que Lourdes pudiera dormir con Víctor en la residencia. Pero esta vez hicimos un cambio. No recuerdo la excusa pero conseguía que fuese Marcos el que durmiera con Ángela a ver si surgía chispa entre esos dos. Básicamente que el niño se espabilara o por lo menos que tuviera la suerte de pillar a la otra en bragas como yo y se hiciera una pajilla en honor de la niña. Estábamos convencidos que Vanessa tenía un maromo en el pueblo pues se iba todos los fines de semana.

Ángela no puso problema de nuevo aunque admitió que tenía más confianza conmigo, por eso para que no fuese tan brusco organicé para que ella y Marcos quedaran conmigo y las chicas para salir ese sábado. Costó más trabajo convencer a mi compañero que a Ángela que se lo había pasado tan bien la otra vez.

El niño era muy parado pero al menos a la vuelta los dejé camino de la habitación con Ángela eufórica como la otra vez y Marcos sin saber ni qué decir. No iba a pasar nada pero a lo mejor el niño se iba soltando. Ya me contarían a la mañana siguiente. Yo tuve además la suerte que el compañero de habitación de Víctor debía haberse ido a dormir a otra parte porque no apareció en toda la noche. Parecía que mi pequeña crisis había pasado y recuperaba mi “nueva normalidad”. Cuando Claudia viniera en navidad ya veríamos que pasaba…

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