ESRUZA                      

Los amores son, a veces,

como los caminos bifurcados.

Los caminos vuelven a bifurcarse.

Así es la vida o, así la hacemos

con nuestras actitudes: inconstancias,

indolencias, e inconsistencias,

también incomprensiones mutuas.

Se solía pensar que esos caminos

eran semejantes y podían llegar

a un mismo sitio: el amor y la pasión

parecían posibles, pero no fue así.

Uno estaba lleno de amor

de sensibilidad, pero también de pasión,

y por las noches, sus ensueños

eran iluminados por un cielo azul,

la luna, las estrellas y un lucero.

El otro, era un camino árido, seco,

sin sensibilidad, sólo pasión y fantasías,

mas iluminado por el mismo cielo azul,

la misma luna, las mismas estrellas, pero

sin ensoñaciones.

Esos dos caminos, por azares de la vida,

no tenían el mismo destino,

aunque pudieron tenerlo.

A pesar de que dos caminos se bifurquen

pueden llegar al mismo sitio,

pero para estos caminos

su senda y su final eran diferentes.

¿Así lo quiso la vida?

No, fueron quienes transitaron por ellos.

Uno lleno de amor, sensibilidad y

la pasión que acompaña al amor.

El otro… simplemente los ignoró;

Ignoró el aroma oferente del amor

y los caminos se bifurcaron,

sólo aridez quedó.

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