ANDER MAIS

Capítulo 9

El plan

El domingo fue un día extraño. Ninguno de los dos hizo mención a lo ocurrido la noche anterior, era algo que había ahí pero que ninguno queríamos sacar a relucir, aunque cada uno por sus propios motivos. Yo, por no presionarla, por no asustarla y que volviera a cerrarse. Ella, supuse que avergonzada, ya que se mostró todo el día muy cariñosa conmigo y con constantes muestras de amor hacia mí. Ese día tampoco dio señales de vida Víctor y no sabía si mostrarme preocupado o aliviado por ello.

El lunes no pasó nada reseñable a parte del hecho que Natalia llamó al despacho de Martín y quedó en que pasaría el jueves a entregar el currículum. Los días siguientes transcurrieron dentro de la misma rutina: trabajo en mi caso, gimnasio y café en el suyo. Natalia no volvió a sacar el tema de si Andrea se había acostado con Víctor ni yo quise insistir más en el asunto. Lo único que me contó fue el hecho que había confirmado la cena del sábado.

El miércoles, el día antes que Natalia fuera a encontrarse con Martín, recibí por fin noticias de Víctor en forma de mensaje:

—¿Qué tal? ¿Cómo han ido estos días?

Sinceramente, sentí una profunda decepción al leerlo. Había desaparecido sin contarme nada de lo que había ocurrido en su encuentro y, después de días sin respuesta alguna por su parte, se comportaba como si no hubiera ocurrido nada.

—¿Tú qué crees? No sé nada de ti desde que te viste con Natalia. Me dijiste que confiara en ti y que me irías informando…

—Te noto nervioso… jajaja… ¿Qué te contó tu chica? —respondió tras varios minutos de espera.

—Nada fuera de lo normal —dije queriendo saber por su boca lo que había sucedido—, se suponía que eras tú el que me iba a contar lo que ocurriera…

—Bueno…lo que ya te dije… quedé con ellas y nos tomamos algo en una de las cafeterías que hay junto al gimnasio… Tu chica sigue igual de tremenda… jajaja… qué ganas tengo de follármela… jajaja… —insistió buscando aquella complicidad que en esos instantes no sentía.

No contesté. No quería contarle la versión de Natalia, antes quería escuchar la suya, ver si coincidían. Entonces a los pocos segundos Víctor directamente me llamó. Se lo cogí y directamente él prosiguió la charla:

—Venga, Luis… no te enfades… he estado muy ocupado y, la verdad, quería hacerte sufrir un poco, que te comieras un poco el coco pensando en lo que podía haber pasado… me daba algo de morbo que pensaras que quizás ya me la había follado… jajaja… pero puedes estar tranquilo que no lo hice, aunque ganas no me faltaron…

—Tío, es que no es lo que hablamos… yo quiero fiarme de ti y sabes que me pone lo que hacemos y la idea que te la puedas follar, pero si me ocultas cosas… haces que dude y que piense que me la quieres jugar…

—Vale, vale. Perdona, Luis. Supongo que mi broma se me ha ido un poco de las manos. Te repito que puedes confiar en mí y que a mí, lo que me gusta, es compartir estos juegos y tu chica contigo…

—Y a mí contigo pero para eso necesito saber que cuento contigo… espera, dame unos minutos que ahora te llamo yo… —dije interrumpiendo la llamada ante la aparición de Eduardo junto a mi coche.

Desde lo ocurrido en el centro comercial, no había vuelto a coincidir con él y mucho menos hablar. Llevaba evitándome toda la semana, supongo que avergonzado por el numerito de su amigo con mi novia.

—¿Qué quieres? —le dije bajando la ventanilla.

—¿Ya te vas? —me preguntó algo dubitativo—. Venga, te invito a tomarte algo y así hablamos un poco…

—No, ya me iba a casa… estoy cansado y me está esperando Natalia –me excusé.

—Ya… oye, mira… respecto a lo del otro día…

—Déjalo —le corté—, está olvidado, Eduardo. Ellos no sabían que ella era mi novia ni me conocen de nada y, además, tú no tienes ninguna culpa que sean un poco gilipollas ¿no? —dije bromeando.

—Un poco mucho… jajaja… En serio, es que me supo fatal…

—No le des más vueltas. Una anécdota sin más… —dije queriendo acabar con aquella conversación y volver a hablar con Víctor.

—Vale. No sabes el peso que me quito de encima. Es que, joder, después de lo del sábado, hoy viene el jefe y me dice que vamos a trabajar juntos a partir del lunes en aquella oficina al lado del bar ese de las tías buenas, y quería que no hubiera malos rollos entre los dos —dijo Eduardo algo compungido.

—Ya te he dicho que estoy bien. Tranquilo, Eduardo.

—Pues nada. Si no te apetece, no te entretengo más. Otro día será. A ver si un sábado quedamos tú y yo y nos tomamos algo y tal…

—Mira, ahora que lo dices, Natalia el sábado tiene una cena y no tengo nada que hacer —dije apiadándome de él—, si quieres quedamos tú y yo y salimos por ahí. Podemos ir al bar ese y hablamos sobre el trabajo del lunes…

—O simplemente nos alegramos la vista… jajaja… Por mí perfecto… —dijo pareciéndose al Eduardo de siempre—, que ya me acuerdo yo de lo que te gustaba mirar a la morena de las gafitas… jajaja…

—¿A ti te parece que con la novia que tengo necesito buscarme otras tías para ligar? —le dije con sarcasmo—, lo decía por salir y tal… pero si no quieres…

—Sí, sí… me parece bien y, si a ti no te interesa, me pido a la morena… jajaja… -dijo socarronamente.

—Toda tuya, Eduardo.

Nos despedimos. Arranqué el coche y me alejé de la empresa hasta un aparcamiento cercano pero algo apartado, desde donde poder hablar tranquilamente. Mientras lo hacía, pensé en la quedada con Eduardo. Aunque había aceptado por hacerle un favor, ahora, en frío, pensé que sería una buena forma de ver si el empleo seguía en pie y, si era así, aprovechar la cercanía que mostraba Alicia para averiguar más cosas sobre él. Seguía convencido que aquel era el trabajo que le convenía a Natalia.

Llamé a Víctor y descolgó enseguida.

—Dime… —contestó al instante.

—Venga, explícame qué ocurrió el viernes —le pregunté yendo al grano.

—Que sí, pero dime que te contó ella de mí —replicó buscando saber la versión de mi chica.

—Poca cosa… que ella y Andrea se encontraron contigo al salir del gimnasio y que os fuisteis a tomar algo más por compromiso y ser amable que otra cosa… que allí salió el tema del trabajo y le diste la tarjeta de tu amigo para que lo llamara… poco más. Tampoco podía presionarla demasiado y que sospechara algo… venga, ahora tú.

—De acuerdo. Como te dije, las vi meterse en el gimnasio con aquellos dos tíos. Entonces, para hacer tiempo, me di una vuelta y, cuando se acercaba la hora de su salida, entré a preguntar información y así ver si la veía. Era algo arriesgado pero debía intentarlo… y si de paso veía a tu chica en mallas y agitando esos melones en alguna máquina… buff…

—Anda, sigue…

—Pues eso. Que estaba con el chico de recepción viendo precios y tarifas, cuando aparecieron las dos. Venían hablando y riendo, y vi claramente como Natalia me reconocía pero quiso hacerse la despistada y pasar de largo sin decirme nada. Yo me quedé mirándola y fue su amiga la que se dio cuenta que las estaba mirando y avisó a Natalia, que no tuvo más remedio que pararse y saludarme.

—¿Y ella que hizo? Me refiero… ¿Estaba incómoda, avergonzada? ¿Se extrañó de encontrarte allí?

—Al principio, estaba algo cohibida y nerviosa. Supongo que debía temer que contara algo de lo que pasó durante el verano y también por la sorpresa de encontrarme allí. Pero enseguida se tranquilizó. Comenzamos a hablar y, estando su amiga que es muy extrovertida, se fue soltando y fue ella la que propuso de ir a tomar algo. En la cafetería, hablamos un poco por encima de cómo nos conocimos… todo normal, no pienses cosas raras… y ahí se acabó de relajar al ver que no la iba a descubrir y que era de confianza.

—¿Y qué más? —pregunté nervioso.

—Luego salió el tema del trabajo. Le hablé de Martín y que buscaba una secretaria, le di la tarjeta y quedamos en que lo llamaría de mi parte…

—Sí, si eso ya me lo contó… han quedado para mañana…

—Lo sé… luego hablamos de eso. Ahora te voy a contar algo que estoy seguro que ella no ha hecho…

—¿El qué? —pregunté alterado.

—¿Te acuerdas de la foto que te mandé? ¿La de ellas de espaldas yendo al baño?

—Querrás decir más bien de sus culos… —dije recordando perfectamente la foto.

—Bueno, sí… jajaja… pues al poco de regresar, llamaron a Andrea al teléfono y ella se levantó para poder hablar tranquilamente. Estuvo como unos quince minutos hablando y, durante ese tiempo, estuvimos tu chica y yo solos, hablando. ¿Sabes qué hizo? Me giré un instante al marcharse Andrea y, cuando volví a mirar a tu chica, su sudadera estaba desabrochada hasta más abajo de sus pechos y pude ver el top que llevaba debajo marcando sus tetazas. ¡Se me puso dura al momento de verla así! ¡Tú chica se estaba exhibiendo ante mí! —dijo Víctor exaltado.

—¿Qué me estás contando? ¿Natalia hizo eso? A lo mejor venía así desde el baño… —dije algo incrédulo.

—Qué va. Te digo que lo hizo en ese momento, cuando su amiga nos dejó solos pero, es que hay más…

—¿Más? ¡Dime qué pasó! —insistí taquicárdico perdido.

—Empezamos a hablar sobre banalidades, cosas sin importancia, pero en un momento dado vi como Natalia buscaba con la mirada a Andrea, comprobando que seguía pendiente del teléfono y no de nosotros y, entonces, acercó su silla más a la mía, casi tocándonos y, en voz baja, me preguntó por Riqui…

—¡Joder, no me jodas! —Exhalé nervioso—. Joder, es que me lo temía…

—Bueno, le expliqué lo mismo que a ti. Que desde que me fui de allí, de su pueblo, no he vuelto a saber nada más de él y aproveché, acordándome de ti, para preguntarle a ella si había vuelto a hablar o saber de él después del verano…

—¿Y qué te dijo? —pregunté cada vez más nervioso.

—Me confesó que habían hablado un par de veces por Whatsapp, hace cosa de un mes o así, pero nada serio, saludarse y poco más… y también que le había preguntado si alguien más había visto el vídeo que grabó en verano para nosotros. Al parecer, estaba algo preocupada por si alguien más podría haberlo visto y que grabarlo había sido un error, un calentón del que se arrepentía… Por lo visto, Riqui le dijo que solo lo había visto él y que no pensaba enseñárselo a nadie más…

—Ya… seguro… —dije incrédulo.

—También me preguntó por el mío…

—¿Y qué le dijiste?

—Que lo había borrado, claro y que, por supuesto, no se lo había enseñado a nadie…

—¡Pero si no lo has hecho! Si lo guardas como oro en paño —repliqué algo agitado, recordando como él me lo había mostrado en su coche.

—Pero ella no lo sabe ni tiene porque saberlo. Y el único que lo ha visto has sido tú, te lo juro. Martín no sabe nada de él. Pero es que la cosa no acabó ahí… murmuró Víctor.

—Bufff —dije sin saber si quería escuchar nada más.

—Andrea seguía a lo suyo y nosotros dos, sentados juntos y bastante cerca, ubicados en una mesa de la terraza algo escondida y en cierto modo tapados por un letrero publicitario grande que había a su lado… pues le confesé una verdad a medias… le dije que lo de entrar al gimnasio a preguntar precios era una bola, que estaba tomándome algo en una terraza cuando la vi pasar y que hacía tiempo que tenía ganas de verla… que desde que sabía que tenía que venir a esta ciudad, había albergado la esperanza de reencontrarme con ella… que había querido llamarla pero no me había atrevido…

—¡Ay Dios! Fijo que lo descubre todo… en menudo lío me has metido…

—Tranquilo, Luis. Ella no sospecha nada y menos que tú estés detrás de todo. Yo creo que ella está convencida que todo esto lo hace a tus espaldas y que no sabes nada. Y ahora presta atención porque viene lo mejor… —dijo pícaramente—. Ella sonrió satisfecha por lo que le había dicho, como si se sintiera halagada y yo, viéndola receptiva y hablando sin reparos sobre lo que ocurrió durante el verano y como nos había grabado aquel vídeo, no pude reprimirme y posé mi mano sobre su muslo… y se dejó, Luis… miró a Andrea y siguió como si nada, sin apartarme la mano…

—¿Cómo? ¿Dejó que le pusieras la mano sobre el muslo? —pregunté extrañado pero, conociendo a Víctor, empecé a creer que sí pudiera ser cierto.

—No te miento, Luis. Se dejó, cosa que me sorprendió. Mantuve la mano sobre su muslo, incluso apretándoselo a veces, sin que dijera nada. Con la otra mano, saqué el móvil y le enseñé fotos de Martín mientras le explicaba más o menos lo que sabía sobre el trabajo y a lo que se dedica la empresa y, mientras lo hacía, moví mi mano muslo arriba, sobando toda su pierna… ¡no me lo podía creer, Luis! Cuando quise darme cuenta, ya tenía la mano a un palmo de su coño que se marcaba que daba gusto con esas mallas que llevaba y no quise forzar más la cosa, tentar a la suerte pero Natalia, previa mirada a su amiga para ver que seguía inmersa en la llamada y no nos viera, con un movimiento ágil y rápido, coló su mano bajo la mesa y la posó sobre mi entrepierna, recorriendo con sus dedos la longitud de mi polla, como comprobando si la tenía dura o no…

Tragué saliva, nervioso, mientras lo escuchaba y mi mente recreaba la escena. Víctor casi tocando el coño de mi chica y ella palpando su polla, allí, en medio de una terraza, donde cualquiera podía verlos.

—¡La tenía durísima, Luis! —prosiguió contándome Víctor—. Y ella, al palpar el tamaño y lo dura que estaba, sonrió complacida y yo, pues viendo el panorama, acabé de subir mi mano hasta su coño, el coño de tu novia, Luis… incluso abrió más las piernas para que pudiera sobárselo bien… lo sentí carnoso, jugoso y la mar de apetecible… ¡una maravilla, Luis! Y, aunque a ella le estaba gustando lo que le hacía, cómo la tocaba, se vio obligada a apartarme la mano y apartar ella la suya de mi polla al ver que Andrea colgaba y regresaba a la mesa… bufff…

Cuando Víctor acabó de contarme eso, no supe qué responder. Estaba sorprendido porque mi chica hubiera hecho algo así, tocar y dejarse tocar en un sitio público y con un tío al que apenas conocía y al que hacía meses que no veía. Aunque, saber lo que había ocurrido, explicaba la calentura de Natalia del día siguiente, la forma en que se había masturbado en la cama por la tarde con la foto de su polla y como luego me había utilizado para simular que se follaba a Víctor por la noche.

—¿Luis, sigues ahí? Ya sé que es todo un poco fuerte, incluso a mí me sorprendió conseguir tanto en tan poco tiempo, pero te juro que es cierto. Ella estaba deseando que le metiese mano y metérmela a mí… si vieras como palpaba mi polla… se me endurece solo de recordarlo… -dijo excitado.

—No sé, es que es todo tan extraño… cuando me contó el encuentro que tuvo contigo, nada me hizo sospechar que algo así pudiera haber pasado… —contesté sin entrar en detalles de lo que ocurrió al día siguiente-. ¿Y luego qué pasó? ¿Ya fue cuando trajiste a Natalia a casa y te fuiste de copas con Andrea?

—¿Eso sí te lo contó? Bueno, ella es una tía muy extrovertida y divertida. Estuvimos hablando y me dijo que vendía seguros, quise hacerme el interesante, le seguí el rollo y ella empezó a querer liarme con venderme uno para el coche. Así que, con la excusa de seguir hablando del seguro, nos fuimos a tomar algo después de dejar a tu chica en casa —prosiguió contándome.

—¿Y nada más? —incidí buscando que confesara lo que realmente ocurrió entre ellos dos.

—Jajaja… creo que tú sabes algo de lo que ocurrió ¿no? —Rió divertido—. ¿Y cómo lo sabes? No creo que Natalia te haya contado cómo me tiré a su amiga… ¿o sí lo hizo?

—Ella no me ha dicho nada pero lo sé porque lo escuché el sábado a escondidas mientras hablaban ellas dos por teléfono. ¿Pero por qué lo has hecho? Dices que quieres follarte a Natalia, os metéis mano y, luego, te acuestas con su amiga… —dije no entendiendo su estrategia y ocultando cómo había descubierto realmente lo sucedido entre ellos dos.

—Mira, Luis. Te voy a ser completamente sincero. Después de lo que ocurrió en la terraza, tengo claro que tu chica se muere de ganas de probar mi polla. Solo me lié con Andrea porque sabía que ella se lo contaría y así aun tendría más ganas de mí, de probar lo que ya había catado su amiga. Si incluso le dejé a Andrea que me sacara una foto de la polla con la condición que se la enseñara a Natalia… ¿Sabes si la ha visto?

—No lo sé… —Volví a mentir.

—Seguro que sí… jajaja… ¡Menudo polvo le eché a la rubia! Tenías que haberla visto, a cuatro patas sobre la cama, con la cabeza hundida contra la almohada y suplicándome que no dejara de follarla… Dentro de poco tendré a tu chica así, ensartada en mi polla y pidiéndome que la folle hasta reventarla… y con ese culo que tiene… bufff… me encanta el culazo de tu chica, Luis… con nalgas anchas y carnosas que poder azotar mientras se la clavo una y otra vez… —dijo un Víctor desatado.

Parecía plenamente convencido de ello. Me asombraba la facilidad que tenía para ligar con las mujeres. Si alguien me contara que en tres días se había tirado a Begoña, a Andrea y había metido mano a Natalia, diría que mentía pero, en este caso, no era así y, al menos, tanto con Begoña como con Andrea, sabía que así había sido.

—Luis, quiero preguntarte algo y quiero que te pienses bien la respuesta, que lo medites con calma y, si acaso mañana, me respondes con lo que hayas decidido… ¿estás dispuesto a dejar que me folle a Natalia? Ella sé que lo está deseando y quiero saber si tú estás preparado para ello, para ver cómo me la tiro…

—No sé qué decir… —titubeé ante su propuesta—. Es que todo esto me ha cogido por sorpresa después de meses sin avance alguno… Sabes que hemos fantaseado mucho con esto y me excita la idea que suceda pero hacerlo realidad… no creo que ella esté dispuesta a compartir algo así conmigo y dejarme mirar cómo te la follas… y yo no me atrevo a sugerírselo… Joder, es capaz de dejarme y todo… Creo que es pronto todavía, que debemos esperar un poco más y ver qué pasos da ella…

—A ver, Luis… lo que tú quieres, el ver cómo follamos Natalia y yo mientras tú nos miras hacerlo estando allí presente, eso no podemos hacerlo. Coincido contigo y es demasiado pronto. No creo que Natalia se preste a ello todavía. Pero si lo que quieres es ver a tu chica follando con otro hombre y tú saber todos los detalles o incluso poder verlo, aunque sea a escondidas, eso se podría hacer. Solo tienes que decidirte y darme tu permiso para hacerlo…

No sabía qué contestar. Desde el verano, desde que había descubierto aquella faceta mía, me había imaginado infinidad de veces el pollón de Víctor haciendo disfrutar a mi chica en múltiples situaciones y escenas, a cada cual más excitante. Pero ahora, a la hora de la verdad, no me atrevía a dar el paso. Y, sinceramente, no entendía por qué.

Tenía claro que, si aquello debía ocurrir, no se me ocurría nadie mejor que Víctor. Un hombre maduro, con experiencia, atractivo, que sabía lo que se hacía y cómo hacer gozar a una mujer y con el tremendo aparato con que la naturaleza le había dotado. Además, discreto, de fiar y de fuera de nuestra ciudad. Y mucho mejor opción que el tal Riqui con el que parecía que mi chica parecía sentir algo o, al menos, ser incapaz de olvidarle.

—¿Y qué tenías pensado? —dije sin decir ni sí ni no.

—Tengo varias cosas en mente. Mi primera opción es, si Martín le da el trabajo a tu chica, la próxima semana le va a proponer un viaje con él y otros compañeros a Madrid para una feria o convención que tienen… así ella se podrá ir haciendo rápido al ritmo de trabajo de la empresa ya que, si acepta, tendrá que viajar a menudo, al menos una vez al mes… —me dijo Víctor.

—Bufff… ya te digo que con esas condiciones, Natalia no va a aceptar ese trabajo. Ella no quiere un trabajo donde se le exija viajar sola fuera de casa y menos así, de esa forma tan precipitada y sin conocer a nadie…

—Bueno, ella ya te explicará cuando venga de la entrevista… ¿Pero tú estás dispuesto a animarla a que acepte el trabajo? ¿Te imaginas? ¿Esa incertidumbre de saber cada vez que ella esté fuera si estará sola en su habitación o follando con vete a saber quién? ¿No te da morbo eso? —me comentó Víctor, al que parecía que le encantaba la idea.

—Pues no, la verdad —respondí rotundo—. ¿Ese era tu plan? ¿Follarte a Natalia cuando viajase a Madrid por trabajo? Yo no quiero eso. Yo quiero verlo, sentirlo, compartirlo, ver como Natalia disfruta y yo hacerlo con ella. No quedarme en casa con esa angustia e incertidumbre, sin saber nada de lo que ocurre y tener que conformarme con imaginarlo. No, eso no es lo que quiero…

—Bueno… yo te lo contaría después con todo lujo de detalles… cómo nos la follamos los dos como hicimos con Begoña… yo follándola por detrás mientras ella se la chupa a su nuevo jefe… ¿no te excita eso?

—No mucho. Bueno, más bien nada —volví a decirle, sinceramente algo desencantado por su propuesta que para nada me esperaba, sobre todo viniendo de él, que sabía lo que yo quería con todo aquello—. Para empezar, primero Natalia debe aceptar el trabajo y, conociéndola, no lo hará y, al menos por mi parte, tampoco pienso animarla a hacerlo. No me gusta nada eso de no saber qué hace ni con quién…

—Vale, Luis. Lo entiendo. Tengo otra cosa en mente, pero va a ser algo más complicado y con esto sí podrás ver cómo me la follo pero, eso sí, para ello tendrás que ayudarme sí o sí para conseguirlo… —dijo Víctor de forma intrigante.

—Explícame —dije animándole a contarme su plan que, como se pareciera remotamente al anterior, se iba a quedar en eso, en plan.

—Mira, sé que el sábado ellas dos tienen una cena con unos ex compañeros de la universidad y que, dos de ellos, son los tíos que te dije del gimnasio… sé que Natalia no tenía muy claro si ir o no y que aún no te había comentado nada…

—Al final sí va a ir. Me lo dijo el sábado… —le confirmé.

—Perfecto. La idea es que le des cancha libre para que vaya y, si estás de acuerdo, yo podría acercarme el sábado a vuestra ciudad con la excusa de algo relacionado con el trabajo e intentar quedar con ella esa noche… y si está igual que dispuesta que el otro día en la terraza, le entro a saco y me la llevo a un apartamento donde me la follaré… —dijo muy seguro de sí mismo.

—No sé… la idea no parece mala, al menos mejor que la otra sí es… pero ¿y yo? ¿Cómo haría para verlo todo? —pregunté con dudas.

—Eso ya lo arreglaríamos, por eso no te preocupes. Tú piénsatelo y mañana me dices algo. A estas horas, ya sabrás si tu chica acepta o no el trabajo de Martín y así podrás tener más claro si prefieres una u otra opción. Y si es la segunda, ya te concretaré cómo hacerlo para que puedas ver bien cómo me tiro a tu novia… jajaja… mañana hablamos…

—Vale. Adiós.

Me quedé sentado en el coche pensativo y confuso, preocupado y excitado a la vez. Estaba claro que aquel momento iba a llegar tarde o temprano. Desde el verano, había estado jugando con fuego y ahora había llegado el momento en que había que tomar una decisión, pararlo todo antes que fuera a más o acabar quemándome ya del todo. La posibilidad, ahora real, que Víctor se follase a Natalia me excitaba de una forma aberrante pero, a la vez, me daba un miedo atroz. Miedo a perder a mi chica. Miedo a que, una vez abierta aquella puerta, ya no hubiera marcha atrás y las cosas cambiaran definitivamente entre nosotros. Miedo a que ya no fuera suficiente para ella.

Llegué a casa un rato después y me encontré a Natalia en casa. Parecía recién llegada y se estaba tomando un zumo de pie en la cocina.

—¿Cómo te ha ido en el gimnasio? —le pregunté mientras repasaba su cuerpo embutido en aquellas ropas ajustadas.

—Cansada… esta semana ya no voy más… mañana tengo la entrevista y el viernes prefiero descansar. ¿El sábado vamos de compras, no? Me tienes que comprar la blusa para ir a la cena del sábado… ¿Ya no te acuerdas?—me recordó ella.

—Sí, es verdad —dije recordando la conversación con Víctor y pensando en que, si todo salía como él planeaba, la blusa que le comprara yo se la iba a quitar él antes de follársela.

—¿Estás nerviosa por la entrevista de mañana? —le pregunté.

—Solo un poco. Es más bien ilusión que otra cosa. Por lo que me contó Víctor y lo poco que me dijo Martín cuando hablé con él, creo que está bastante bien y el sueldo tiene buena pinta… a ver qué tal… A la hora de la comida te llamo y te cuento… -dijo besándome y saliendo de la cocina.

Cenamos, vimos un rato la tele y nos metimos en la cama. Allí, teniendo bien presente la conversación mantenida con Víctor, no pude evitar excitarme y tener ganas de jugar un poco con Natalia.

—Cielo –dije pegándome a ella-. ¿Te apetece que veamos un vídeo de aquellos?

—No, Luis. No me apetece —dijo con una cara que demostraba las pocas ganas que tenía de hacer nada.

—Venga, cariño… por lo menos, hazme un striptease o algo… quítate el pijama… —le pedí.

—Pero si este no es nada sexy para eso… —dijo mirando su pijama: una simple camiseta y un pantalón de lo más normal.

—Y qué más da… lo que cuenta es la actitud, nena… te quitas el pijama, luego el sujetador y me muestras tus tetas que tanto me encantan… hazlo por mí, cielo… mira cómo estoy solo de imaginarlo… —dije mostrándole mi erección que estaba causada más bien por otro motivo.

Natalia, resignada, se despojó primero de la camiseta y luego del pantalón aunque con desgana, sin poner demasiado empeño en ello.

—¿Así? ¿Y ahora qué? —me preguntó.

—Quítate el sujetador, poco a poco, muéstrame tus pechazos… —le dije mientras me sacaba la polla y empezaba a masturbarme sin esperar a que lo hiciera.

Ella lo hizo. Se bajó los tirantes de forma lenta, hasta quedar sueltos y por debajo de sus hombros. Se inclinó y me mostró su escote.

—¿Te gusta lo que ves?

—Mucho. Nunca me voy a cansar de ellas…

Ella se dio la vuelta, dándome la espalda, enseñándome su culo que palmeó. Llevaba unas bragas sexys que le hacían un trasero redondo y grande. Verlo, volvió a recordarme las palabras de Víctor que me había dicho esa tarde: “me encanta el culazo de tu chica, Luis… con nalgas anchas y carnosas que poder azotar mientras se la clavo una y otra vez” Mi polla se endureció aún más mientras me imaginaba aquella escena.

Natalia comenzó a desabrocharse el sujetador. Cuando el broche cedió, ella sujetó las copas con sus manos y se giró y, ante mi mirada llena de lascivia, apartó sus manos dejando caer la prenda. Sus pechos rebotaron y oscilaron en el aire hasta recuperar su postura natural mientras yo era incapaz de apartar mi mirada de aquellas dos preciosidades. Las había visto infinidad de veces pero para mí siempre era como si fuera la primera.

—Cómemela, cielo…

Natalia se acercó a gatas hasta mi posición donde me dio un beso en los labios, para seguir bajando por mi pecho en dirección a mi entrepierna donde no tardó en llegar y, a los pocos segundos, ya sentí su boca lamer mi miembro. Un estremecimiento me recorrió al sentir sus labios sobre mi carne dura, llevando mi mano a su pelo donde acompañé los movimientos de su cabeza en su incipiente mamada.

—Joder, cielo… sí… qué bien… —dije mientras llevaba la otra mano a sus tetas y se las acariciaba de forma alterna.

Ella siguió mamando con ganas mientras yo abandonaba sus tetas y llevaba mi mano a través de su espalda hasta alcanzar la goma de sus braguitas, colarme entre ella y su piel desnuda, buscando su culo primero y su coño después. De nuevo mi mente me jugó una mala pasada y no pude evitar imaginar a mi chica chupándole la polla a Víctor mientras él acariciaba su coño al igual que estaba haciendo yo en aquel instante. Aquel coño que él ya había acariciado en una terraza unos días antes.

Unos gemidos se escaparon de su garganta y yo, lanzado, empecé a bajar sus braguitas hasta dejarlas a la altura de sus rodillas. Ella, ya más entregada al asunto que al inicio, empezó a chuparme los testículos mientras me masturbaba con su mano. Obnubilado por el placer, le solté una sonora cachetada en su nalga, como imaginé que haría Víctor, antes de, con mis manos, abrir sus dos nalgas como ofreciendo su sexo y su ano a un imaginario Víctor que, sonriente, apuntaba su verga al interior del coño de mi chica.

Natalia, no aguantando más, se separó ligeramente, acabó de quitarse las braguitas y, colocándose a cuatro patas sobre la cama, me pidió que se la metiera.

—Métemela ya… méteme tu polla…

Abrí sus nalgas con mis manos buscando ver cómo mi miembro entraba dentro de su coño, viendo como sus labios se abrían para acogerla en su interior y, otra vez, un flash donde era Víctor el que estaba en mi lugar y su polla la que empujaba por adentrarse dentro de mi chica.

Ella gimió al sentirla dentro y empecé a moverme no demasiado rápido ya que estaba demasiado excitado y en ese estado no iba a aguantar mucho sin correrme. En aquella postura, no pude evitar fijarme en su ojete, orificio que nunca me había dejado probar y que yo siempre había sospechado que alguna vez había sido estrenado por alguien antes de estar conmigo. No pude evitar la tentación y llevar un dedo allí, acariciarlo y hacer la intención de meter un dedo.

—No, eso no —exclamó—, ni se te ocurra meter un dedo por ahí…

Decepcionado pero tampoco mucho, seguí penetrándola mientras me apoyaba sobre su espalda y así poder agarrar sus tetas. Recostado sobre ella, follándola, mientras por mi mente corrían infinidad de imágenes de Natalia sobándole el miembro a Víctor; de él tocando su coño por encima de sus mallas; de ella masturbándose sobre la cama mientras miraba embelesada una foto suya, supe que, quisiera o no, era cuestión de tiempo que aquello ocurriera.

Ellos se deseaban, querían ir más allá y, si no era con mi beneplácito, lo harían a mis espaldas. Al menos, con el plan de Víctor, yo podría ser parte de aquello y, aunque no como yo quisiera, sí al menos, verlo o saber lo ocurrido. No como en casa de Erika donde, aunque por culpa mía al no querer arriesgarme a más, ahora tenía la duda si al final había acabado en algo más de lo que llegué a ver.

—Me corro, cielo… no pares… un poco más… —me pidió Natalia.

—Te quiero, cariño… —dije arreciando mis penetraciones-. Lo haré… quiero que lo disfrutes…

Y con esas palabras, llené su interior con mi esperma a la vez que ella alcanzaba un sonoro orgasmo y, de paso, sellaba mi aprobación al plan de Víctor. Poco después, ambos abrazados, caímos en los brazos de Morfeo.

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