MUSA

LA EXTORSIÓN

El hotel es bonito y acogedor, en la recepción me informan que tiene un pequeño parque arbolado con piscina, un gimnasio bien equipado y una terraza despejada para tomar el sol.

Subo a mi habitación y veo con satisfacción que es amplia y confortable, posee una cama king size, una cómoda cajonera, una gran TV y un escritorio donde descansan una notebook y un teléfono móvil de última generación, ambos con una etiqueta con la clave de acceso. Cuando abro el placard, descubro que lo han equipado con toda la ropa que pudiera necesitar.

Tomo un bolso, coloco una toalla, un bañador, una crema de protección y lo dejo sobre la cama. Me visto con unas mallas de deporte, una camiseta sin mangas, un par de zapatillas y bajo al gimnasio. Si no quiero perder lo que tanto me ha costado, debo seguir entrenando.

Arranco mi rutina con media hora de cinta a velocidad moderada para entrar en calor, quince minutos de bicicleta para calentar las piernas y termino la faena con una hora de musculación con carga mediana y muchas repeticiones. Me apetece mantenerme marcado sin hipertrofiar, para no perder agilidad, solo me falta encontrar en los próximos días algún Dojo para practicar y descargar tensiones.

Cansado pero satisfecho, me pego una ducha, me coloco el bañador y bajo a la piscina a relajarme un poco y tomar el sol. Mi piel es trigueña, pero tantos años sin asolearme le dan un color amarillento que parece enfermizo.

Salgo al parque y el paisaje es encantador, no solo por la arboleda y lo fresca que aparenta estar el agua, sino por un par de esculturales muchachas que me escrutan disimuladamente desde sus reposeras, ambas son morenas de ojos claros y usan bikinis de infarto. Un poco más allá, también se halla una rubia de ensueño con grandes anteojos oscuros y malla enteriza, enfrascada en la lectura de su tablet.

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-. Por favooorr…ayyy…déjame…ayyy… Se quejaba Lucía en voz baja

-. Quedate… quieta… puta, te voy… a hacer…un hijo…aunque no quieras.

-. Aghh…para…ayyy…por favor…se van a despertar los niños…ayyy.

-. Con..las pastillas… que les metí… no se despiertan… hasta mañana.

-. Aaayyy…para …por favooor…aaayyy.

-. Te voy a follar tod…….

No pudo seguir, el fierrazo que le metí en la cabeza con el matafuego de auto que usábamos como palo de amasar, lo dejó seco sobre mi hermana. Lo tomé de los pies, lo saqué de la casilla y lo arrastré desnudo boca abajo por el barro del pasillo.

Observado por ventanas que se cerraban a la amnesia, levanté la tapa del pozo de deshechos y lo tiré adentro.

Pasada la adrenalina, sobrevino el mareo y un mar de lágrimas se derramaron por mi rostro. ¿Por qué? ¿Por qué hay gente tan hija de puta? ¿Gente tan quebrada capaz de hacer daño a alguien tan dulce como Lucía?

Desconsolado, asimilaba el dolor de mi primera muerte, cuando unos brazos, acompañados de un perfume inconfundible, me abrazaron por detrás para acompañarme en el llanto.

Me levanté en silencio, la tomé en mis brazos y nos alejamos de la inmundicia metidos cada uno en el dolor del otro. Nos sentamos en la plaza con ella acurrucada en mi regazo y compartimos nuestro dolor hasta que empezó a clarear.

Cuando empezaba a amanecer, la llevé aupada hasta la casilla y nos dormimos abrazados, protegiéndonos el uno al otro. Ella descargando mis culpas y yo protegiendo su bondad mancillada

Despertamos a media mañana y sin decir palabra, preparamos el desayuno para los demás, hermanados en un secreto para la eternidad. Mis hermanos se despertaron confundidos después que nosotros y mi madre, una hora mas tarde. Nadie preguntó por Juan hasta un par de días después.

El domingo lo pasé con la familia, por suerte el día no era muy caluroso y las chapas no calentaban tanto, adecentamos la casilla, repasamos las tareas de los pequeños y comimos juntos entre risas. Nadie notó la ausencia de Juan, no era raro que desapareciera por un tiempo, y mi madre solo lo necesitaba de tanto en tanto para que le calme el chichi.

El lunes presentamos con mis compañeras el trabajo en conjunto y logramos la mejor nota del curso. Las chicas, enloquecidas de contentas por haber superado con nota esa difícil materia, me invitaron a celebrarlo con un baile en casa de Marta del que no me pude escaquear.

El resto de la semana transcurrió sin novedad, solo alterada por la desaparición de Juan al que poco tiempo después nadie extrañaba. No pasaría mucho tiempo antes que mi madre consiguiera otra pareja, solo esperaba que eligiera mejor.

La villa palpitaba, la villa sabía, pero nadie hablaba, al igual que nadie preguntó cuando el camión que limpiaba la cisterna, levantó ese bulto extraño y lo juntó con los desperdicios que terminarían en algún riacho.

Llegó el sábado, descargué tensiones en el club, me pegué una buena ducha y dormí una siesta en la camilla de masaje. A la tarde volví a la casilla, me calcé un vaquero ajustado, una remera que me marcaba el torso, un par de zapatillas de marca adulterada y salí rumbo la casa de Marta.

A la reunión, también habían invitado a cuatro alumnos del grupo de guaperas populares del último año y a dos compañeras más, que no se presentaron al saber que iba yo.

Las niñas estaban tan preciosas y apetecibles, que no tardaron los hormonados machitos en marcar territorio en manada a su alrededor, sin dejar de estarles encima en todo momento, ni soltarlas como compañeras de baile. Buscaban no darme oportunidad de acercarme a ellas.

Observaba todo el cortejo desde el sillón del parque, cuando apareció Bea y se sentó a mi lado.

-. Estás perdiendo posiciones.

-. Eso sería si estuviera participando de la competencia.

-. ¿Acaso no te interesan las chicas?

-. Ja, ja, ja, sí…. pero no tan chicas.

Me miró de forma extraña, como si algo le rondara la mente y no se atreviera a soltarlo. Hoy vestía discreta, con una pantalón entallado, un jersey escotado y unas sandalias de taco, que la hacían más atractiva y sugerente que el día del vestido.

-. Lo que viste la otra noche…

-. ¿Qué pasa con eso? Es su vida y no me meto.

-. No es lo que parece.

-. ¿Ja, ja, ja. Me parece que ya he escuchado eso alguna vez. Ja, ja, ja

-. ¡No te burles! Que piensas hacer con lo que filmaste ¿También me vas a extorsionar?

-. Extorsionar? Noo… Ja ja ja, es para consumo personal

-. No te creo, la gente como tú, es toda la misma basura. ¿O acaso crees que no sé de donde vienes? Una cosa es que me haga la estúpida por mi hija y otra que me tomes por idiota. Además por lo que veo, ella ya pasa de tí.

No llegué a ofenderme, dijo todo de corrido, con rabia, buscando excusarse a fuerza de lastimar. Levanté la vista y vi a Marta bailando un lento con el guaperas sin sacarme la vista de encima, como diciendo, mira lo que te pierdes. Me sonreí, estaba claro que buscaba darme celos, pero pescaba en laguna seca. Pasaba de tan sutiles sentimientos, luego de lo ocurrido con mi hermana.

-. Has dicho, TAMBIÉN me quieres extorsionar. ¿Tu cuñado lo hace? No se te veía muy entusiasmada con el polvo, a pesar de que se notaba que estabas vestida como una puta para él

-. Esa es una de sus exigencias… esa y follarme cerca de mi familia.

-. Por qué accedes, ¿Que tiene contra tí.

-. Jorge es un parásito. Hace años que vive a costillas de mi hermana que es una doctora muy bien paga. La gilipollas, con tal de tenerlo en la cama, le tolera todo.

-. Es un abogado laboralista trapichero sin moral, pero muy pícaro. Medió en una audiencia de mi empresa contra un gimnasio que no pagaba el alquiler, y que, casualmente, era al que yo concurría. No tardó en darse cuenta que entre el monitor representante del gym y yo, había algún tipo de relación

-. Me siguió durante varios días sin que yo lo supiera y terminó pillándome entrando en un hotel.

-. Desde ese entonces me extorsiona y me tiene amenazada con mostrar esas fotos a mi empresa y a mi marido si no le doy una renta mensual y sexo cada vez que vienen a casa.

-. ¿Ahora que sabes que soy una puta que piensas hacer?

-. Nada, jamás me follaría a una mujer si ella no lo desea, dame tu número de teléfono.

Mientras me lo dictaba, lo copié en el mío y le hice una llamada perdida.

-. Ahí tienes el mío, si te interesa, pásame la dirección del estudio de tu cuñado. Si no, haz de cuenta que no lo hablamos.

-. ¿Para qué lo quieres? Este asunto es muy delicado, si difunde las fotos arruina mi reputación.

-.¿ Reputa…ción? Ja ja ja buena palabra. No pienso hacer nada, solo que esta semana tengo buena onda con los hijos de puta.

La charla me había cambiado el humor, ya no me sentía tan mal por lo de Juan, sacar esa alimaña de mi casa quizás no haya estado tan mal. Y hablando de alimañas… Justo en ese momento sonaba un reggaeton y años de bailar con mi hermana dieron vida a mis piernas.

Me paré, fuí hacia donde estaban mis compañeras, tomé de la mano a Silvia, la mayor, la más pulposa y mejor bailarina y la saqué a bailar en las narices del machito que la rondaba, el sorprendido galán quiso pararme tomándome del brazo y algo notó en mi cara que me soltó como si quemara.

No paré en toda la noche, bailé con todas menos con Marta, que me miraba como para fulminarme. Tanto roce tanto twerking terminaron poniéndome cardíaco y al ver que Marta se empezó a morrear con su galán, me llevé a Silvia a la cabaña del fondo.

Nada más cerrar la puerta se colgó de mi cuello y me empezó a comer la boca, la tomé de las nalgas la subí a la camilla y sin dejar de besarla le subí la falda de su elastizado vestido.

Silvia estaba lanzada, la fui inclinando dándole besitos en el cuello mientras le bajaba los breteles y sus dos preciosas mamas desbordaron la tela, con los pezones enhiestos como escarpias.

Me prendí como lechón a la teta, mientras los dedos de mi mano derecha ladeaban su braga y le trabajaban el inundado coño, provocando el delirio de la caliente muchacha.

Las lecciones de Rosalía, la puta del barrio, estaban dando resultado y cuando la tenía a punto de caramelo, antes de que se pueda negar, levanté sus piernas sobre mis hombros y me amarré a su coño haciéndola delirar.

Tuvo un orgasmo tan violento que se sacudía como epiléptica. La deje descansar ascendiendo por su cuerpo y dándole besitos en su abdomen mientras desabrochaba mis pantalones, cuando llegué a su boca y la abrió para recibir mi lengua le enterré media polla a lo bruto.

Silvia estaba tan confundida por el violento orgasmo, que cuando quiso reaccionar, ya estaba culeando en forma acompasada a mi ritmo, sin darse cuenta.

Fue un polvo largo y morboso, mi amiga se fue de viaje dos veces más y cuando vi que ya no aguantaba, la desclave y acabé bajo la camilla. No la conocía tanto como para intentar otra cosa.

Nos fuimos relajando en medio de caricias, pero noté que Silvia me miraba preocupada.

-. ¿Arrepentida?

-. Para nada, pero no quiero que te hagas ilusiones.

-. ¿Ilusiones?

-. Sabes que entre tu y yo no puede haber nada, en mi casa no me lo permitirían

-. Lo tengo bien claro, es una lástima que no podamos repetirlo, estuvo buenísimo.

-. Yo no he dicho eso. ja ja ja, es más, lo estoy deseando. Yo también lo pasé muy bien. Más que bien. De puta madre.

Tomados de la mano, volvimos a la reunión matándonos de risa por las caras de culo del galán despechado y de la frustrada Marta.

Volvía a casa con la sensación de haber pasado una buena noche, cuando sonó mi teléfono y me entró un mensaje.

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Entrar al viejo edificio donde el buitre tenía su estudio fue cosa fácil. Al Laucha, un cuarentón largo y ladrón de siempre, se le dan bien las cerraduras. Entrar a la oficina costó un poco más. Por suerte a las cuatro de la mañana no había un alma por los alrededores.

Desarmar el ordenador de mesa y sacarle el disco rígido también fue fácil y con eso, mas el ordenador portátil que estaba sobre el escritorio, el Laucha se dio por bien pagado.

Revisamos los pocos muebles en busca de memorias portátiles y no encontramos nada. Se notaba que no había mucho movimiento en esa oficina. Volvimos a salir y mientras el Laucha volvía al barrio, yo me fui a esperar a la plaza, la noche estaba cálida y agradable.

Cerca de las nueve, me volví a acercar, el edificio estaba abierto y subí a su piso a esperarlo escondido en el pasillo. Lo vi llegar confiado, como todos los que se llevan las voluntades de los otros por delante. Apenas abrió la puerta, me lancé sobre él y lo metí adentro a lo empujones, cerrando a mis espaldas.

-. Qué haces, hijo de puta ¿Estás loco?

-. Quizás sí, quizás no. Depende de como te portes…

-. P..pero tu eres el de la otra noche.

-. Vamos bien, tienes algo que me interesa y quiero que me lo des.

-. Ja ja ja. Si vienes por dinero estás muerto, estoy seco.

-. Nada de eso… Aunque no sea verdad lo que dices, sé muy bien cuanto le sacas a Bea con tus putas fotos… Quiero ese dinero para mí, dámelas.

-. Ja, ja, ja, ¿Y por qué haría eso?

-. Para que tu mujer no vea esto y te mande a la puta calle.

Cuando se vió follando en el video, se puso pálido como un muerto, sabía que estaba perdido. Solo se lo veía a él, de Bea solo aparecía el culo y las piernas.

-. ¿Y como sé que después no vas a venir por más?

-. Porque tu no me interesas, solo quiero tener a Bea en mis manos y que me entregue al pimpollito de Marta servida en bandeja. Así como a tí no te interesa que tu esposita se entere de que la haces cornuda. Vamos…dame las copias y borra el original, que imagino tienes en el teléfono.

-. ¿Y tu borraras el tuyo?

-. No…Ni de coña, en tipos como tú, no se puede confiar, es mi reaseguro de que cumplirás tu palabra.

Me desbloqueó el teléfono para que borre las fotos y los videos que tenía de Bea que eran varios, cosa que hice después de copiarlos en el mío. El hijo de puta también la había grabado mientras se la follaba. Me entregó las copias en papel, que guardaba en un compartimento bajo el escritorio y se despidió de mi deseándome la peor de las suertes.

Se me estaba dando bien cagarle la vida a los hijos de puta, pero algo no anda bien y tardé en darme cuenta de que se trataba. Borré esa idea de mi cabeza y le mandé un mensaje a Bea, avisando que su cuñado no la molestaría más. Me contestó citándome para el día siguiente por la mañana, y me envió una dirección extraña del centro de la ciudad.

Me presenté vestido como el día de la fiesta festejando el exámen, tampoco era que tuviera otra ropa. Era un edificio antiguo con ascensor de rejas y el departamento estaba situado en el último piso.

Me recibió vestida de la misma forma que lo hacia para el cuñado y me hizo pasar, el departamente era un ático precioso, con una gran terraza que daba a una plaza arbolada. La sala de estar, estaba pintada de rosa pálido y la sala de estar estaba amueblada con un tresillo blanco muy moderno, frente a una gran pantalla de TV.

Me hizo sentar y me sirvió un refresco mientras ella se preparó un trago, antes de sentarse a mi lado y recibir asombrada sus fotografías.

-. ¿Como lo lograste?

-. Ja, ja, ja, mañas que uno tiene

-. ¿Y por qué lo hiciste?

-. Digamos que cierto tipo de personas… me caen mal.

-. Cuánto quieres por ellas.

-. Conque deje de juzgar a mi gente como lo hace, me doy por pagado.

Se quedó sorprendida con mi respuesta, casi diría que avergonzada. Cuando se recuperó, se levantó de su asiento y me tomó de la mano tirando hacia ella

-. Ven conmigo.

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