ECONOMISTA

32

Nos acercamos hasta una cafetería que había al lado de la fábrica, pedimos dos cafés y nos sentamos en una mesa, yo estaba muy a la defensiva y apenas le hablaba a Gonzalo con monosílabos.

– Pues tu dirás, dije mirando el reloj como si tuviera mucha prisa.

– Tranquilo, no es nada importante, solo quiero despedirme.

– ¿A despedirte?, ¿estás bien?, pregunté pensando que pudiera tener alguna enfermedad grave.

– No, no es eso, estoy perfectamente, es que me vuelvo al pueblo con mi madre…

– ¿Anda y eso?

– Mira David, te lo puedes imaginar, aquí ya no tengo nada que hacer, la ciudad es muy pequeña y con 50 años encontrar algo de trabajo aquí es difícil, tampoco los Álvarez lo ponen fácil, ya sabes, tienen muchos contactos, ahora Carlota está vendiendo la casa donde vivíamos, me ha llamado para ir a firmar, me van a dar la mitad de la venta, al fin y al cabo también era mi casa, en ese aspecto se han portado muy bien, me dan una pequeña paga mensual, más un piso, el finiquito que me dieron y ahora esta venta…yo por mi parte voy a vender el piso que me dieron en el divorcio y me voy al pueblo…mi madre está mayor y la casa es muy grande para ella sola, allí no necesito grandes lujos y voy a participar en una cooperativa agrícola…voy a retirarme tranquilamente, paseos por el pueblo, partidita en el bar…

– Pues no sé qué decirte Gonzalo, que te vaya bien.

– Gracias David, sé que lo dices de verdad, eres buen tío, espero que no me guardes rencor, os echo mucho de menos, sobre todo a los sobrinos, me acuerdo mucho de ellos…¿qué tal están las niñas?

– Bien, ellas se acuerdan mucho de ti, también…

– Vaya, espero que terminemos sin rencores, yo creo que siempre os he tratado bien.

Yo ladee la cabeza de hombro a hombro.

– Bien, lo que se dice bien, pero tampoco quiero ahora discutir contigo o sacar trapos sucios…no viene al caso…

– Tampoco creo que te haya hecho nada malo, ¿no?…bueno excepto lo de Claudia en el bar el día de la boda…

– ¿Lo de Claudia?, dije sabiendo perfectamente a que se refería, pero sin poderme creer que fuera a sacar ese tema a las 11 de la mañana en plena cafetería.

Pero claro que lo iba a hacer. Gonzalo seguía siendo el mismo gañán de siempre. No había venido a despedirse educadamente, había venido a humillarme una vez más.

– Si, lo de la boda…la noche esa…me gustaría pedirte perdón por eso…sabes lo que pasó, ¿no?

Noté que la polla se me empezaba a hinchar bajo los pantalones. Me daba mucha vergüenza el tema, pero me gustaba tanto escuchar esas cosas que me era imposible levantarme y dejarle allí plantado, que es lo que tenía que haber hecho.

– Si, sí que lo sé…

– ¿Te lo contó Claudia?

– Eso creo que no te importa, es privado…

– Seguro que lo hizo, Cristina me avisó de que te gustaban mucho esas cosas…me contó cómo te ponía los cuernos todos los fines de semana, se follaba a otros y a ti te volvía loco que te lo contara, ¿verdad?

– Creo que es mejor que me vaya, dije haciendo el amago de levantarme.

– Espera no te vayas, dijo Gonzalo sujetándome por el hombro.

– No puedo creer que estamos hablando esto…es surrealista…

– Tranquilo, no tienes que hacerte el ofendido conmigo, sé perfectamente lo que te gustan estas cosas…lo pude ver en tu cara mientras le metía mano a tu mujer, ¡¡te lo juro que no podía creérmelo!!, que a ti te gusten esas cosas vale, pero a Claudia también??…

– ¿Para eso me has hecho venir?

– Mas o menos si, quería despedirme, pero quería decirte una cosa antes, no podía irme al pueblo sin hablar esto contigo, sin sacarme esta espina…

– Gonzalo me tengo que ir, dije mirando el reloj de nuevo, se me hace tarde…

– La fábrica va a seguir funcionando porque estés fuera 10 minutos más, hicimos un buen trabajo juntos y ahora va de maravilla…

“Hicimos un buen trabajo”, lo que tenía que aguantar, si por él hubiera sido seguiríamos trabajando como hacía 30 años, pero no le quise contestar, solo quería terminar cuanto antes esa conversación que todavía no acababa de entender que camino llevaba.

– 10 minutos tienes…a ver ¿qué quieres?, le pregunté entrando en su juego.

– Pues verás David, bueno ya sabes que conozco a Claudia hace muchos años, incluso antes de que empezara contigo…

– ¿Y qué?

– Si te soy sincero, no me he podido olvidar de lo que pasó el día de la boda, incluso ahora todavía no me lo creo y eso que han pasado meses…

– Mira Gonzalo, no sé qué me quieres decir, pero no me gusta nada el rumbo que empieza a tomar esta conversación, no estoy nada cómodo hablando estas cosas contigo…

– Escúchame por favor, no tardo nada, como te decía conozco a Claudia desde hace muchos años, siempre me ha gustado, físicamente mucho más que Carlota por supuesto, pero también su carácter, como es, no como su hermana que está todo el día de mal humor…

– Déjalo Gonzalo….lo estás estropeando más…

– El día de la boda habíamos discutido Carlota y yo, más bien la noche antes, yo ya me estaba viendo con Cristina y Carlota no sé cómo, pero se había enterado, me pidió el divorcio esa noche y me dijo que no fuera a la boda, yo insistí en ir, pensé que se la iba a pasar el enfado y que la convencería como hacía siempre, pero no, ella estaba decidida a dejarme…

– Normal, después de lo que le habías hecho.

– Si, puede ser, el caso es que el día de la boda supe que no había vuelta atrás con Carlota, lo vi claro, entonces ya solo quería emborracharme y pasármelo bien y apareciste tú haciéndonos fotos a tu mujer y a mí, Claudia ese día había bebido, no estaba borracha, pero casi y tú, bueno…ehhh…joder se te notaba mucho tío, ¡te ponía cachondo hacerme fotos con tu mujer!. Y a ella parecía que también le gustaba, yo ya no tenía nada que perder, Carlota me iba a dejar y me acordé de todo lo que me había contado Cristina, de que te gusta el tema de los cuernos y entonces bajé la mano y la toqué el culo a Claudia, no sabía cómo iba a reaccionar, ¿qué es lo que peor que me podía pasar?, ella tampoco iba a montar un escándalo, al fin y al cabo era el marido de su hermana…

– Te aprovechaste de eso…eres un cerdo…

– Jajajaja, puede ser, más bien aproveché la circunstancia, conocía a Claudia desde hacía tanto tiempo, que ni te imaginas el morbo que me daba tu mujer, la de veces que la he mirado el culo, que he fantaseado con él y vi la oportunidad…seguro que a ti te pasa lo mismo con Marina…¿no lo aprovecharías tú con ella?

– ¿Marina?, ¿qué tiene que ver en todo esto?

– Pues que te da morbo, lo mismo que a mi Claudia, ¿o te crees que no se nota que te gusta Marina?

– A mí no me…

– Te gusta igual que me gustaba Claudia a mí, Marina también está muy buena, pero Claudia a mí me ponía más, piensa en ello, ¡era la hermana de mi mujer!…y bueno, volviendo a aquella noche estaba contentilla, como buena Álvarez me supuse que era igual que Carlota, que en cuanto bebe un poco me venía a buscar para que me la follara, dije a ver si Claudia va a ser igual que su hermana que en cuanto bebe se pone cachondilla y se le bajan las defensas, jejejejeje…

– Gonzalo esta conversación no tiene ningún sentido…esto es ridículo…

– Escúchame por favor…¿no me digas que no te gusta?, piensa que te hubiera pasado a ti lo de esa noche con Marina, ¿no lo habrías hecho tú también si hubieras tenido la ocasión?

– Yo no soy un cerdo como tú…

– Jajajajaaja, ya…puede ser, no quiero justificarme, pero ponte en mi lugar, había bebido, Carlota me iba a dejar, Claudia me seguía el juego, la había tocado el culo y no me había dicho nada, así que estuve bailando con ella, te lo juro que solo bailar con tu mujer me puso mucho…me pegué a Claudia varias veces, incluso noté sus tetas contra mi pecho, pero yo quería que ella notara que me tenía excitado también…

Entonces Gonzalo me miró, yo tenía la mirada perdida escuchándole, me estaba gustando la historia. Y él se dio cuenta.

– ¿Te encanta escuchar estas cosas, verdad “cuñadito”?

Levanté la vista de repente abriendo los ojos como platos.

– ¿Como has dicho?

– Que te está gustando lo que cuento, ¿no?

– ¿Me has llamado cuñadito?, o sea vienes aquí a la fábrica, me pides que me tome un café contigo, te medio disculpas y luego me empiezas a hablar de mi mujer y ahora me faltas al respeto, ¿pero tú de que vas?

– Cualquiera en tu lugar se hubiera ido hace tiempo, pero tú no lo has hecho, así que no te hagas el ofendidito, vas a escuchar toda la historia, lo estás deseando, incluso apostaría a que ya la tienes dura, ¿me equivoco?, jejejejeje.

Me puse rojo de vergüenza. ¿Como se había dado cuenta?. Llevaba un rato con una buena erección bajo los pantalones.

– Deja que termine, por favor, no me interrumpas, siempre he querido comentar con alguien lo que pasó con Claudia ese día y pensé, ¿con quién mejor que hacerlo contigo?

– No sé qué pretendes con esto…

– Tú solo escucha, relájate, sigo con lo del día de la boda…cuando os vi entrar en el Koala y me llevé a Claudia a la barra, mmmmmmmmmmmmmm…cada vez que me acuerdo de aquello, joder, es que fue la hostia, te lo juro…

– Gonzalo, para…

– En cuanto me la llevé allí al lateral de la barra, me dije ésta quiere más, ¿qué hubieras pensando tú?, la había tocado el culo cuando nos hiciste la foto en el photocall, luego me había frotado bien con ella mientras bailábamos, Claudia sabía que estaba borracho y aun así me dejó que la arrinconara contra la esquina…luego te vimos a ti, jejejejeje, tenías la misma cara que tienes ahora…

Hice el amago de levantarme.

– Por favor estoy terminando, es importante esto para el final, luego quiero pedirte algo…

– ¿Qué quieres pedirme algo?…

– Si, pero deja que te siga contando lo que pasó esa noche, ¿no quieres saberlo?

– Ya sé lo que pasó…

– ¿Te lo contó Claudia?

– Eso no te importa.

– Seguro que lo hizo, luego follasteis hablando de mí, te la dejé bien cachonda esa noche, jejejeje…

– Ni me molesto en contestar eso…

– ¿Quieres que siga o no?

– Mejor me voy a ir…

– ¿No te está gustando?, queda la mejor parte…

– Ya sabes la respuesta.

– Te está encantado, anda déjame que siga, como te decía la tenía allí contra la esquina en la barra, tu mujer me estaba hablando de Carlota y no sé qué cosas más, pero no la estaba haciendo ni puto caso, no la escuchaba, solo estaba pensando en la mano que había pasado por su cintura y como bajarla hasta el culo de forma disimulada sin que se molestase, entonces me dije, mira lo hago y que pase lo que tenga que pasar….y la toqué el culo a tu mujer, pufffffffff, que sensación, sentir ese culo tan duro a través del vestido, era tan fino que era casi como si no hubiera tela…se me enfadó un poco, no te creas, pero tampoco mucho, eh, jajajajajaja…y en cuanto la volví a tocar y Claudia bajó la mirada sumisa supe que se iba a dejar, joder no me lo creía, ¡¡Claudia Álvarez agachando la mirada!!, no sé si era de vergüenza, por timidez o porque estaba calentorra, yo creo que por lo último…jejejejeje….ya no era algo casual, tenía toda la mano plantada en su culo, se lo sobaba a mi antojo, ¿sigo?, dijo enseñándome su enorme mano con los dedos estirados.

– Termina, por favor…

– Bajé el brazo hasta que llegué al final del vestido, luego subí la mano rozándola los muslos, te lo juro que desde las rodillas ya notaba el calor que desprendía…me había resultado tan fácil que no me lo creía…

– Bufffff, resoplé yo.

– No tardé en tener los dedos pegados a su coñito…me hubiera encantado tocarla el culo bajo la falda un rato, pero en cuanto llegué a su coño no sé qué me pasó, ya no me podía retirar de allí, ¡¡que morbazo me dio!!, hasta llegué a pensar que me la iba a follar y todo, que cara ponía Claudia, ¡¡eso era lo mejor!!, ¡¡se estaba dejando hacer un dedazo en medio del bar!!, delante de ti, delante de sus primos, de familia, de conocidos, ¡¡¡ ya hay que ser puta!!!, ¡¡¡dejarse hacer un dedazo en medio de un bar por el marido de tu hermana!!!, yo es que no me lo creía, me decía “Gonzalo estás borracho y esto lo estás soñando”, jejejeje…pero era tan real como la corrida que se pegó Claudia con mis dedazos dentro de su chochito…mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, que rico, dijo pasándose el dedo por la nariz, – Todavía me acuerdo de como olía tu mujer…menuda corrida se pegó, no me costó nada, eso es que no la tenías muy satisfecha, jejejeje, se notaba que tenía ganas de un buen orgasmo…

Yo seguía inmóvil en la silla escuchando a Gonzalo. Le había permitido demasiado, pero ahora quería llegar hasta el final y ver de qué se trataba la proposición que me había mencionado anteriormente.

– Venga termina ya, me empiezas a dar asco, ¿qué me querías pedir?

– Veo que para darte asco sigues escuchando, eso es que al menos te interesa, dime “cuñadito”, ¿te gustó el día de la boda ver cómo le metía mano a tu mujer?

– No voy a entrar en ese juego contigo, dime lo que me ibas a pedir, me tengo que ir ya…

– Está bien, te dije que me iba a ir al pueblo a vivir con mi madre, pero antes me gustaría proponerte una cosa, a ver qué te parece, verás, me gustaría quedar con vosotros en un bar, una noche…

– ¿Con nosotros?, ¿a quién te refieres?

– Pues a quien va a ser, a Claudia y a ti…me encantaría repetir lo del día de la boda y por lo que veo creo a vosotros también…

– ¿Pero de verdad me estás pidiendo esto?, ¡¡no me lo puedo creer!!

– ¿Y por qué no?, deja que te explique cómo sería, un día que salgáis a cenar o a tomar algo Claudia y tú, me lo dices y después fingimos un encuentro casual en algún bar. No tendrías que hacer nada, solo encargarte que se beba 3 o 4 copas de vino en la cena, del resto ya me encargaría yo…

La verdad es que no me podía creer la cara tan dura que tenía. Después de meses sin vernos, se me presentaba en la fábrica y me restregaba por las narices el dedo que la había hecho a mi mujer el día de la boda y no contento con eso encima me proponía quedar fortuitamente los tres en un bar, que emborrachase antes un poco a Claudia y le dejara vía libre para volver a hacer lo mismo. La desfachatez de Gonzalo no tenía límites y sin embargo yo hacía tiempo que estaba con la polla tiesa bajo los pantalones escuchando sus tonterías.

– No tienes que contestarme ahora, piénsalo bien, yo me voy al pueblo, no vais a volverme mucho más por aquí, alguna vez vendré en fiestas o algún día señalado…si quieres hacerlo ya tienes mi número…

– No voy a llamarte para eso Gonzalo, ni lo sueñes, es que no sé ni como tienes la cara de venirme ahora con esta proposición…no le voy a comentar nada a Claudia de esto porque es que me da hasta vergüenza ajena, pero prefiero no volver a verte, no te deseo ningún mal, vive tranquilo en el pueblo, pero por favor olvídate de nosotros…

– Piénsalo bien “cuñadito”, sé que te has puesto cachondo y en cuanto vuelvas a la fábrica te vas a hacer una buena paja, jejejejejeje, dijo poniéndose en pie y dándome una palmada en la espalda.

– Ya lo he pensado bien, no vas a volver a poner una mano encima de mi mujer, dije poniéndome de pies rápidamente y acercándome a su cara.

– Sonarías más convincente si no estuvieras empalmado, jejejejeje, y no solo quiero poner una mano encima de Claudia…

Se acercó a mi oído.

– …¡¡quiero follármela!!, ¿me has oído?, ¡¡quiero follarme a Claudia!!, te aseguro que todos los días me acuerdo del calor de su coñito en mis dedos y sobre todo de su olor, mmmmmmm, como olía, delicioso, ¡me acuerdo todos los días!… bueno lo dicho, tienes mi número, llámame…me ha gustado verte “cuñadito”, cuídate, recuerdos a la familia, dijo tirando 5 euros encima de la mesa antes de salir del bar.

Me quedé sentado asimilando lo que acababa de pasar. Gonzalo me había pedido con toda la cara del mundo quedar un día para intentar follarse a Claudia. ¿Y ahora que hacía yo?. No podía decirle a mi mujer que me había visto con Gonzalo y contarle el contenido de nuestra charla, pero si no la decía nada y se enteraba por otro lado que le había visto podía ser peor. Me había puesto en un buen compromiso. ¿Y cómo se le ocurría ni tan siquiera plantearme lo de quedar con mi mujer?. Era un plan absurdo, ilógico y que ni tan siquiera debería haber escuchado.

Sin embargo empecé a pensar en el comportamiento de mi mujer los últimos meses, ahora quedábamos en Madrid para que follara con Víctor como mínimo una vez al mes, se mostraba desnuda y sin pudor frente a la cam haciendo de todo delante de un desconocido, iba a las reuniones con el viejo director vestida como una colegial para calentarle, era evidente que había cambiado mucho y aun así el día de la boda, antes de empezar con todo eso, ya se había dejado masturbar por Gonzalo, en un bar y lleno de familiares y conocidos, por lo que pensándolo bien, no es que fuera a entrar en el juego de mi cuñado, pero…

¿De verdad era tan descabellado el plan que me proponía Gonzalo o perfectamente se podía realizar?

La sola idea me repugnaba, me inquietaba y me excitaba a partes iguales. En lo que sí tuvo razón mi cuñado fue en la tremenda paja que me hice en cuanto me dejó solo. Estaba tan empalmado que no pude salir de la cafetería sin antes masturbarme en los baños.

Cuando me corrí me sentí como un gilipollas, sin embargo, estuve el resto de la mañana dándole vueltas a la proposición de Gonzalo. No podía sacarme de la cabeza la imagen de aquella noche el día de la boda cuando masturbó a Claudia de pies en la barra del bar. Se me venía a la cabeza una y otra vez. Una y otra vez.

33

– Te lo juro tío, ¡¡¡se estaba haciendo un dedo en su despacho!!!, le dijo Lucas a Mario en la habitación de éste.

– Si, ya, jajajajaja, y tú justo la pillaste, ¿no?…anda dejar de decir tonterías…

– Que es verdad joder, ¡¡se estaba corriendo cuando abrí la puerta!!, ni tan siquiera se dio cuenta de que estaba allí…hasta que abrió los ojos.

– ¿Y cuánto tiempo estuviste mirando?

– No sé, 10 o 15 segundos, tienes que creerme Mario, ¡¡es verdad!!

– Lo dices tan en serio que me lo estoy empezando a creer…pero estarás de acuerdo conmigo en que es difícil hacerlo.

– Si, sé que suena raro, que fui a su despacho a darle las gracias por ser tan buena profesora y por haberme hecho esforzarme tanto en inglés hasta sacar un notable…tienes razón en que es increíble la historia, además viniendo de mí, que me estoy follando a su mejor amiga, pero es que pasó de verdad, ¡¡se estaba haciendo un puto dedo mientras se sobaba las tetas por encima de la camiseta!!, tenía el pie así puesto en una silla y estaba con la cabeza echada hacia atrás…¡¡fue la hostia!!, se me puso dura al momento…

– Si viste eso, normal que te excitaras…jajajaja

– De todas formas, no digas nada de esto, no lo puede saber nadie, solo tú y yo…

– ¿No se lo vas a contar ni a Mariola?

– Pues no sé qué hacer, no gano nada con decírselo, lo único que puede pasar es que hable con Claudia y ésta se enfade o que Mariola crea que me lo estoy inventando con algún propósito raro, casi es mejor que no diga nada de todo esto…es un secreto que quedará para siempre entre nosotros…

– ¿Quieres que lo dibuje?, dijo Mario.

– ¿Lo harías?, eso sería la hostia, como si hubiera hecho una foto…

– No tengo ningún problema, podemos intentarlo, voy a sacar un folio…

Mario se sentó en su mesa de dibujo y sacó una hoja un poco más grande de lo normal. Cogió un lapicero y empezó a hacerle preguntas a Lucas.

– Bueno la ropa que llevaba, era una camiseta blanca y falda vaquera, eso lo vi yo cuando entró en el instituto…¿te acuerdas de cómo era el dibujo de la camiseta?…

– Si, en el dibujo me iba a fijar, ahhh calla si, era algo infantil, un Micky Mouse o una mini, creo que era una Mini Mouse…

– Perfecto…¿desde qué ángulo la viste?, distancia más o menos…

– Así la puerta está a la izquierda de su mesa, a unos tres o cuatro metros, más o menos en este ángulo, dijo estirando el brazo…

Mario hacía trazos de la mesa y enseguida se puso a dibujar a Claudia, lo había hecho tantas veces que su cara le salía sin esfuerzo.

– No así no, dijo Lucas, tenía la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados…la pierna izquierda flexionada, la mano izquierda sobre sus pechos y la derecha entre las piernas, aunque esta no podía verla porque me tapaba la mesa, solo se la veía más o menos medio muslo de la pierna que tenía flexionada…

– Entiendo, dijo Mario dibujando a toda velocidad.

– ¡¡Joder eres un máquina!!, si tío, era así, joder, ¡¡es la puta hostia!!, dijo Lucas cogiendo el papel y mirándolo con detenimiento.

– Es solo un boceto, tranquilo…

– ¿Un boceto?, con esto podría pajearme ya…

– Tengo que repasarlo y luego pintarlo, me llevará un rato, pero si, va a quedar muy bien…

– ¿Me lo puedo quedar?, por favor…

– Claro, pero voy a hacer otro dibujo, tienes que dejármelo para que lo copie…éste es especial, tiene que estar en mi colección…

– Por supuesto que es especial, muy especial, no se pilla todos los días a una profesora pajeándose y menos a una tía como Claudia…

Lucas estuvo un rato jugando a la Play mientras Mario terminaba de hacer el dibujo, cuando lo hizo le dio las gracias a su amigo.

– Gracias tío, me encanta…te ha quedado genial…

– No es nada, oyes, ¿mañana quedamos en la biblioteca para estudiar?

-Si, por supuesto, no queda nada para la EBAU.

– Vale, pues allí nos vemos.

– Venga ciao…ahhhh Mario y ya sabes…de esto ni una palabra a nadie…

Llegó Lucas a su casa y metió el dibujo en un cuaderno que le había regalado Mario para tal efecto. Estaba preparado con hojas de papel de cebolla entre medias para ir guardando las obras, ya tenía unas 25. Abrió el cuaderno por el principio y fue repasando en orden los dibujos que le había ido haciendo su amigo. Al principio eran todos de Claudia dentro del aula que recreaba muy bien Mario, había dibujado a su profesora de pie en la pizarra, unas veces vestida, otras dando clase delante del resto de alumnos en conjunto de lencería, en otros dibujos estaba desnuda solo la parte de abajo, en otros solo la parte de arriba, en otros desnuda en tacones inclinada hacia la pizarra mostrando su culo, en otros en su silla de profesora abierta de piernas mostrando su coño, luego empezó a incluir a Mariola en sus obras a petición de Lucas.

El dibujo preferido de Lucas era el que estaban las dos en una cama y Mariola con una polla de goma se follaba por el culo a Claudia a cuatro patas. Se recreó con calma en los 25 dibujos, la verdad es que Mario era un artista y los hacía con mucho detalle, parecían tan reales, como fotos. Cuando terminó de repasar todos se tuvo que hacer una paja y se corrió mirando el último que le había regalado esa misma tarde.

Llevaba un par de días que no podía sacarse de la cabeza la imagen de Claudia masturbándose en su despacho. Había sido muy fuerte, pero pensó que no iba a ganar nada contándolo por ahí, primero que no le iban a creer, hasta su amigo Mario dudaba de la historia y segundo que no quería perjudicar a Claudia. Decidió no contárselo tampoco a Mariola, lo tenía decidido, pero con el cuaderno en la mano y conociendo a Mariola y sabiendo lo morbosa que era, sabía que esos dibujos sí que le iban a gustar.

La siguiente vez que quedaran para follar llevaría el cuaderno para enseñarla los dibujos que había hecho Mario sobre ella y Claudia.

34

Me levanté con el calzón hecho un asco, pringoso, mojado, seguramente sería por la conversación que había tenido la noche anterior con Claudia. Cuanto menos se avecinaba una semana interesante, el sábado habíamos vuelto a quedar con Víctor y el martes mi mujer había adelantado una reunión que tenía programada con Don Pedro.

Antes le había comentado la visita sorpresa de Gonzalo, no quería que se pudiera enterar por otras vías que había visitado a la fábrica así que decidí decírselo yo. Se quedo bastante sorprendida y me preguntó qué es lo que quería.

– Nada, solo ha venido a despedirse, me ha dicho que se vuelve con su madre al pueblo..

– Mejor cuanto más lejos, no queremos saber nada de él, dijo en plural, sin duda refiriéndose a su familia.

– Si, por nosotros mejor, después de lo que pasó el día de la boda de tu prima…

Claudia me miró extrañada de que hubiera sacado ese tema. No se lo esperaba.

– ¿Y eso a que viene ahora?

– No, digo que mejor que se vaya, ese día fue un cabrón…ya sabes…

– Prefiero no hablar de eso, cállate ya, dijo zanjando el asunto.

Otro tema del que llevábamos unas semanas sin fantasear era el del director, siempre esperaba a que fuera Claudia la que sacara el tema, ya que si lo hacía yo se solía enfadar. Pues bien después de lo de Gonzalo empezamos a hablar del encuentro con Víctor el fin de semana que viene, Claudia lo había decidido todo, esta vez iba a ser diferente, era ella la que había planificado la cita, me dijo que primero nos íbamos a ir a cenar nosotros dos solos tranquilamente y luego esperaríamos a Víctor en la habitación, yo sentado en el sofá y ella saldría a recibirle con un conjunto de lencería que tendría que comprar para la ocasión. Para calentar más el ambiente, antes nos íbamos a conectar con Toni desde la habitación para que viera como iba vestida Claudia.

El plan me parecía súper morboso, además lo había ideado ella completamente, Claudia me había dicho que tenía prohibido correrme durante la semana, para llegar más excitado al encuentro con Víctor y cuando la pregunté si ella también iba a estar sin hacerlo me contestó que no podía prometerme nada, que el martes tenía una cita con Don Pedro y que no sabía lo que podía pasar en su despacho.

Aquella fantasía con el viejo me ponía a mil.

Como me ordenó Claudia el lunes por la tarde nos fuimos al centro comercial con las niñas, llegamos a la tienda de lencería y normalmente cuando veíamos algún conjuntito en el escaparate entrábamos juntos a comprarlo, pero esta vez mi mujer me dijo que tenía que entrar solo en la tienda y elegir algo para el sábado, que ella no lo vería hasta la misma tarde de la cita cuando se lo pusiera.

Claudia se quedó fuera de la tienda jugando con las dos peques, entré solo y me dirigí a una de las dos jovencitas que estaban atendiendo. Mi mujer sabía que estas cosas me daban una vergüenza terrible, por eso me lo mandaba hacer.

– Hola, buenas tardes, quería comprar un conjunto para mi mujer…

– Si, ¿tenía algo pensado?

– Pues la verdad que no, le gusta que sea de color negro, dos piezas…

– ¿Braguita, tanga, transparente, con dibujos?…¿le voy enseñando y me dice?

– Vale.

– ¿Que talla sería?

– Pues una 90-95, es delgada, bajita…

– Si, su mujer lleva una 95, dijo la otra chica.

Me dio mucho morbo que la otra dependiente ya nos conociera, solíamos ir una vez al mes a comprar cosas, pero todavía me puso más cuando empezó a sacar conjuntitos para que yo eligiera uno, no podía dejar de pensar en que así es como ella iba a recibir a Víctor y yo como un buen cornudo sumiso se lo estaba comprando para él. Cuando acaricié la tela de las primeras braguitas que abrió ya tenía la polla dura, luego me sacó 4 o 5 conjuntitos más y al final me decanté por el más vulgar, el que menos tapaba, no era el más bonito, ni el más elegante, ni mucho menos, un tanga de hilo con un pequeño triangulo en la zona del coño y algo parecido en el sujetador, que también cubrían sus tetas con dos pequeños triangulitos.

Tapaba lo justo para no ir desnuda. Un conjunto con el que iba a parecer una guarra cuando fuera a abrir la puerta de la habitación del hotel a Víctor. Salí de la tienda con 60 euros menos en la cartera y una erección impresionante. No tardé en encontrar a mi mujer en la tienda de zapatos. Ella también quería comprarse algo especial para Víctor.

Lo teníamos todo preparado para el sábado.

35

El martes después de comer Claudia había quedado para la última reunión del curso con Don Pedro, las clases habían terminado y ya solo tenía alguna tutoría con los alumnos para posibles dudas de éstos de cara al examen de acceso a la universidad.

No tuve que pedírselo, ella misma se puso la faldita negra con la que me deleitaba cuando éramos universitarios, esa que según Claudia le quedaba pequeña, me puse detrás de ella mientras se pintaba los labios frente al espejo. Miré hacia abajo y me contuve las ganas de tocarle los glúteos que se adivinaban bajo la cortísima falda.

Claudia se había vestido de manera informal, según ella quería estar cómoda para transportar un par de cajas desde su despacho al del director. Llevaba unas zapatillas blancas y en la parte de arriba una camiseta blanca de manga corta sin ningún tipo de dibujo.

– ¿Quieres que vaya contigo y te ayudo con la mudanza?

– No, no te preocupes, es poca cosa, ya lo tengo todo preparado.

– Si cargas alguna caja con esa falda, al levantar los brazos se te va a ver el culo, dije yo.

Mi mujer hizo el gesto de subir las manos y se miró en el espejo, al hacer eso se le veía la parte final de las nalgas, incluso parecía que no llevaba ropa interior.

– ¿No llevas nada?, pregunté yo.

– Si, llevo unas braguitas, pero quizás debería quitármelas, dijo Claudia levantándose la falda para enseñármelas, – ¿Qué te parecen?, ¿me las quito?

– Joder, te las puedes quitar, pero no te atreves, dije retándola.

– Pues no, jajaja, bastante tengo con ir enseñando el culo por la calle, no quiero que se me vea nada más, pero tranquilo que al llegar al instituto me las pienso quitar, voy a sentarme al lado del viejo sin nada bajo la falda, así en esta postura, dijo cruzando las piernas en la cama.

Con solo sentarse se la subía la falda y se la veía perfectamente las braguitas, si cumplía lo que estábamos fantaseando se la vería el coño con solo ponerse al lado de Don Pedro. Claudia nunca haría eso y menos con el viejo director. Sin embargo, solo con pensarlo me puse muy nervioso y excitado. Se me iba a hacer muy larga la semana hasta el sábado. No era más que el lunes y la polla ya me palpitaba amenazante con una corrida involuntaria.

Antes de salir se puso las gafas de pasta negra y cogió la Tablet. La acompañé hasta el coche y me deleité con sus piernas cuando se montó en él. Luego me quedé mirando la carretera hasta que la perdí de vista.

Aparcó frente al instituto. Era una tarde de finales de Junio ciertamente muy calurosa, antes de bajarse del coche se quitó las braguitas como le había prometido al cornudo y las metió en el bolso, luego se bajó con todo el cuidado del mundo para que no se la viera nada.

Normalmente a esas horas de la tarde y más en verano el instituto parecía un desierto, pero ante el inminente examen de acceso a la universidad habían habilitado la biblioteca del centro para que los alumnos que iban a hacerla pudieran estudiar. No es que hubiera mucha gente, pero se veía algo de movimiento por los pasillos.

Claudia llevaba unos días encendida, quizás más de la cuenta, había estado calmada durante un mes y medio en época de exámenes, pero ya se había terminado y era el momento de retomar lo de Víctor y los juegos con el director, al menos una vez más. Luego quería olvidarse de todo durante el verano, centrarse en disfrutar, de las vacaciones, de sus hijas, tenía en mente verse con Víctor el sábado una vez más y luego ya decidiría que hacer con él, lo mismo con Don Pedro, que agotaba sus últimos días como director del instituto.

Lo del sábado con Víctor iba a ser apoteósico, primero se iban a conectar desde la habitación con Toni un rato por la cam y cuando ya estuvieran bien calientes llegaría Víctor a la habitación y ella saldría a abrirle la puerta en ropa interior mientras el cornudo de David observaba la escena sentado en un sofá.

Solo de pensar en ese encuentro llevaba unos días excitadísima, pero antes tenía que verse con Don Pedro, era la última vez y estaba dispuesta a cualquier cosa que surgiera, en un principio cuando empezó con él no tenía intención de tocarle al viejo, pero cuando se sacó la polla se puso tan fuera de sí que ahora estaba deseando que volviera a hacerlo. Además, se calentaba mucho con esa vena exhibicionista que le salía cuando estaba con él. Antes de que se jubilara le iba a regalar unas vistas que el viejo no iba a olvidar en su vida.

Llegó a la puerta del despacho de Don Pedro, tan solo con el roce de los muslos al caminar ya le habían proporcionado mucho placer. No sabía por qué se encontraba en ese estado, estaba sensible y muy cachonda. MUCHO. Se sorprendió a si misma al notar la cara interna los muslos bastante húmedos, no podía ser que estuviera así sin tan siquiera haber entrado en el despacho. Antes de pasar dentro se tocó disimuladamente las piernas y después se quedó mirando la yema de los dedos.

Efectivamente. Estaba mojada. Y el corazón le latía muy deprisa.

Tocó en la puerta con la mano y escuchó a Don Pedro.

– Adelante, ahhhh, hola Claudia te estaba esperando, dijo haciendo el amago de levantarse para luego volver a dejarse caer en la silla.

A pesar del calor que hacía Don Pedro llevaba puesta la americana del traje, fiel a su costumbre como había hecho siempre, guardando las formas hasta el final. El despacho tenía el mismo aspecto rancio de siempre, se había llevado alguna cosa, pero el resto parecía que iba a quedarse así. En una esquina del mismo había un par de cajas que Claudia ya había dejado allí para a finales de mes ponerlo a su gusto y llevar sus cosas.

Sin rodeos puso la Tablet en la mesa y cogió una silla para sentarse al lado de Don Pedro. Encendió la Tablet y los dos se quedaron mirándola.

– Voy a enseñarle todos los apuntes que he cogido a modo de resumen, a ver qué le parece, hoy no hace falta que encienda el ordenador…

– Vale, dijo Don Pedro.

Se desabrochó el nudo de la corbata en cuanto la vió con esa faldita y en su frente aparecieron las primeras gotas de sudor, como si fuera un jovencito se le puso dura inmediatamente, se acordaba perfectamente de esa faldita tan corta que era la misma que había llevado la otra vez. Claudia cogió la Tablet y la puso delante de los dos justo en el medio. No tardó en notar la pierna de ella sobre su muslo.

“Hoy va directa”, pensó Don Pedro bajando la mirada sobre el muslo de su Jefa de estudios.

Claudia se dio cuenta de que el viejo estaba pendiente de su pierna y no de que iba pasando páginas con su dedo sobre la pantalla táctil. Se acercó más a él y le puso el muslo encima de su paquete comenzando a frotárselo descaradamente.

– La verdad es que me lo ha explicado usted todo muy bien, me he hecho una idea bastante aproximada de lo que va a ser mi próximo año como directora, dijo Claudia.

Don Pedro bajó la mano y la apoyó en el muslo de Claudia, casi sin querer la posó en la zona del pliegue entre la pierna y los labios vaginales. Enseguida se percató de que ella no llevaba ropa interior, echó una ojeada rápida y efectivamente se encontró con el coño desnudo de ella.

– Buffffff, resopló Don Pedro.

– ¿Está usted bien?

– No había estado mejor en la vida, dijo el viejo empezando a masturbarla directamente.

Claudia no había soltado la Tablet e iba pasando las páginas de Word de una en una, sin hablar, sin decir nada, solo haciendo el gesto mientras el viejo jugueteaba con los dedos metidos dentro de su coño.

– Están muy bien los apuntes que has cogido, eres una alumna muy aplicada…

– Lo explica usted todo muy bien, ahhhhhhhhhhh…ahhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia gimoteando en bajito.

– Cuando los profesores vemos interés por la otra parte, siempre es mucho más satisfactorio dar clase y explicar, eso lo sabes bien, queremos ver motivación en la otra parte, esto tiene que ser algo recíproco…alumno, profesor, ya sabes…ehhhhh, dar y recibir, dijo el viejo cogiendo la mano de Claudia y poniéndosela sobre el bulto que tenía en los pantalones.

– Por supuesto.

Todo iba demasiado deprisa, le miró a los ojos mientras le desabrochaba con calma la hebilla del cinturón. Luego le bajó la cremallera y le sobó la polla por encima del calzoncillo. El viejo bramó con el contacto de la mano de Claudia contra su falo.

De repente escucharon ruidos en el pasillo, esta vez no estaban solos en el instituto como otras tardes y podían ser descubiertos, nadie iba a ir al despacho del director, pero podría ser. Además, no era Claudia la única profesora que estaba en el instituto aquella tarde, a parte de los alumnos que estaban estudiando. Entonces ella se levantó.

Llevaba la falda arrugada y se la veía medio culo, fue andando con tranquilidad hasta la puerta del despacho. Quería asegurarse de que el viejo la viera bien, se estaba mostrando ante él. Y eso la ponía todavía más caliente. Al llegar a la puerta echó el pestillo de cadena que había. Estuvo todavía unos segundos más de pie sin girarse.

Don Pedro tragó saliva. La cosa se estaba poniendo muy seria. La muy puta le estaba enseñando todo el culazo mientras echaba el cerrojo a la puerta. Aquel culo era mejor de lo que había imaginado, redondo, duro, sin una pizca de celulitis, podía perfectamente ser el de alguna alumna del instituto. Le entraron unas ganas locas de sacarse la polla, pero se contuvo, prefería que fuera ella la que lo hiciera.

Al regresar a la mesa Claudia se fue bajando la falda, como si se la hubiera subido antes involuntariamente. Esas gafas de pasta le daban un aire todavía más morboso y ahora parecía ridículo y contradictorio que tirara fuerte hacia abajo de su falda cuando acababa de enseñarle sin pudor el coño y el culo unos segundos antes.

Se sentó de nuevo a su lado, el viejo no se había movido ni un centímetro, además mantenía su erección bajo los calzones azules de tela y Claudia nada más sentarse se giró hacia él olvidándose de la Tablet y le puso la mano sobre el muslo.

– ¿Por dónde íbamos?, dijo con voz de zorra.

El viejo estiró el brazo y luchó por meter la mano entre los muslos de Claudia.

– Creo que, por aquí, dijo Don Pedro.

Claudia se abrió de piernas facilitándole que metiera la mano, en cuanto comenzó a acariciarla el coño directamente ella le agarró el paquete por encima del pantalón y comprobó la dureza del viejo. Con rapidez le desabrochó la cremallera y le liberó la polla con un hábil movimiento bajando la prenda sin tocársela. Luego la empuñó con la mano y le pegó un par de sacudidas lentamente antes de soltársela y pasarle un dedo de arriba a abajo acariciándole el tronco.

– Así mejor, ¿no?.

– Ohhhhh, mucho mejor, ohhhhhhhh…si, mucho mejor…

De nuevo le volvió a agarrar el pito y se la meneó lo más despacio que pudo otros treinta segundos aproximadamente. Con eso estaba consiguiendo que se le pusiera lo más dura posible. Se estaba recreando en la polla del viejo, mientras éste la masturbaba a su vez, como dos adolescentes en un parque, no dejaba de mirar a Don Pedro mientras se colocaba el pelo por detrás de la oreja, intentando parecer una chica buena.

– ¿Le gusta?

– Ohhhhhhhhhhhhhhhh…lo haces de maravilla, ya lo creo que me gusta…

El viejo abrió la boca y se puso a gimotear con la voz ahogada mientras se pasaba la lengua a toda velocidad de un lado a otro de los labios. Parecía que le faltaba el aire y Claudia incluso se llegó a asustar, “joder, a ver si me voy a cargar al viejo”, pensó sin dejar de meneársela.

– ¿Se encuentra usted, bien, quiere un poco de agua?, tiene la boca muy seca…

– Ahhhh, ahhhhh, ohhhhhhh…ohhhhhh, si, tranquila….ohhhhhhh, ohhhhhh, ahhhhhh, estoy muy bien, ahhhhh, ahhhhh, ahhhh…

Le parecía muy gracioso a Claudia como movía la lengua Don Pedro intentando humedecerse los labios y con su pito en la mano estaba tan excitada que decidió hacerlo ella misma, se acercó a la cara del director y le pasó la lengua por los labios moviéndola hacia arriba. El viejo incrementó los gemidos, parecía que estaba dando el último aliento antes de morirse.

– Ahhhhgggg ahhhhhgg ahhhhhgggg ahhggggggg….

– Shhhhhhhh, tranquilo, tranquilícese un poco…

Ahora Claudia abrió la boca y la puso sobre los labios de Don Pedro, luego la fue cerrando poco a poco para terminar dándole un beso, volvió a hacer lo mismo, pero aquello ya era un muerdo, luego sacó un poco la lengua para encontrarse con la del viejo y cuando Don Pedro la correspondió el beso jugueteando con sus lenguas se dejó llevar.

¡¡Se estaba morreando con el viejo!!

Un beso sucio, guarro y en cierta medida bastante cómico, no pegaban nada, ella rubia, tan guapa, tan pija y él, un viejo sudoroso lleno de huesos, Claudia no podía creerse que se estuviera comiendo la boca con Don Pedro. No era más que un anciano de 70 años y sin embargo esto fue el detonante de que la cosa se desmadrara definitivamente.

No se imaginó que morrearse con él le iba a hacer perder la cabeza.

Don Pedro también se volvió loco, empezó a manosear a Claudia por todo el cuerpo, estaba ansioso y movía la mano de un lado a otro, la tocaba los pechos por encima de la camiseta, le acariciaba el pelo, luego la volvía a meter la mano entre las piernas, incluso metió la otra por debajo de la camiseta y le apretó con fuerza uno de los pechos, Claudia gimió y aceleró el ritmo de la paja. El viejo estaba fuera de sí, besuqueaba a su jefa de estudios en el hombro, por el cuello, en la mejilla, sacaba tímidamente la lengua buscando una boca, que ahora ella le negaba.

Claudia volvió a cruzar las piernas y atrapó la mano del viejo que estaba metida en su coño, él casi no podía maniobrar, pero solo con el roce de la mano jugando ahí abajo la proporcionó a Claudia un placer que la hizo alcanzar un pequeño y leve orgasmo.

Pero Don Pedro quería más, seguía intentando besuquearla y subirla la camiseta para ver sus tetas. Estaba salidísimo y por lo que parecía a punto de explotar. Claudia se incorporó y le soltó la polla, luego le puso una mano con fuerza sobre el pecho y le empujó hacia atrás haciendo que apoyara la espalda en el respaldo de su silla.

– Tranquilo, shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, tranquilo, déjeme a mí, tranquilo…shhhhhhhhhhhhhh…

Cuando vio que Don Pedro regularizaba la respiración le soltó el antebrazo que tenía en su pecho y le volvió a agarrar la polla con calma.

– Déjeme a mí, shhhhhhhhhhhhh, relájese y disfrute…

Reanudó la masturbación lentamente, recreándose en la pequeña, pero dura picha del viejo. Al llegar abajo le apretaba fuerte la base y aparecía un capullo morado e hinchado que estaba a punto de reventar. Sabía que a Don Pedro no le quedaba mucho para correrse y ella estaba excitadísima.

Ese pequeño orgasmo que había tenido antes no había hecho sino encenderla más.

Entonces no lo dudó, dejó la mano apretando la polla del viejo contra su pubis y sin que él se lo esperara se inclinó sobre su regazo. Don Pedro miró hacia abajo y se encontró la cara de Claudia prácticamente pegada contra su pito. Volvió a gimotear.

– Ahhhggggg, ahhhhhhggggg, ahggggggg, ahgggggg, ¡¡dios mío!!

Claudia sacó la lengua dejándola a 5 cms de su miembro y le miró a los ojos. Don Pedro se puso a temblar como si ella estuviera haciendo algo malo.

– ¿Que…que…que vas a hacer?

– ¿Usted qué cree?, respondió Claudia pegando un primer lametazo fuerte sobre su capullo que le hizo temblar la polla.

– Ohhhh ohhhhhhh, ahhhhgggggggg, nooooooooooooo, ahhhhhhhh, aggggghhhhhh…noooooo, nooooooo…ahhhhhhggggg

– ¿No quiere que le haga esto?, dijo Claudia pasando ahora la lengua dos veces de arriba a abajo por su pequeño falo.

La cara del viejo era de terror, estaba disfrutando tanto aquella situación que no quería que se acabara nunca. Claudia no estaba más que acelerando el proceso. Antes de engullirle la polla Claudia soltó en alto “Mmmmmmmmmm” y después se la metió entera en la boca, hasta que sus labios tocaron los pelos púbicos del viejo. Subió lentamente y volvió a bajar hasta abajo.

Le estaba haciendo una mamada.

Don Pedro acarició el pelo de Claudia, no podía dejar de mirar como ella se la chupaba, todavía le excitaba más que llevara las gafas puestas y aquel calor de la saliva de ella empapando y cubriéndole la polla fue demasiado para él. Se debatía entre mirar o no mirar, por un lado, quería guardar esa imagen en la memoria para siempre, pero por otro lado al hacerlo sus huevos ya estaban mandando la señal a su cerebro para una inminente corrida.

Volvió a acariciar el pelo de Claudia que no dejaba ni un centímetro de su polla descubierta. La tenía toda en la boca y aunque no era muy grande era lo suficiente para que le rozara con la punta en la garganta.

– Ahhhhhhhhhhggggggggg ahhhhhhhhhhhhhgggggg, no puedo creérmelo, no puede ser, ¡¡me está comiendo la pija, me está comiendo la pija!!!, dijo en alto Don Pedro como si hablara con alguien.

Y de repente tuvo un espasmo en las pelotas y se le hinchó la verga. Claudia sabía lo que le venía a continuación, le hubiera gustado estar más tiempo así, pero era imposible mamársela más despacio, el viejo estaba a puntito desde hacía varios minutos.

– ¡¡No pares, no paressssss, no paresssssssssssssss!!, ahhhhhhhhhhhhhhhhggggggggggggg ahhhhhhhhhhhhhhhggggggggggggggggg ahggggggggggggggggggg ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!, dijo con un golpe de cadera, agarrando por la cabeza a Claudia y comenzando a correrse dentro de su boca.

Ella no se retiró, estaba tan excitada que recibió la caliente y espesa leche de Don Pedro sin dejar de subir y bajar sobre su polla rodeándole además con la lengua el capullo. Luego estuvo un minuto más todavía chuperreteando el pingajo que se le quedó al director entre las piernas. Cuando levantó la cabeza se pasó el pelo por detrás de la oreja y se limpió la boca con la mano.

Don Pedro se asustó al ver la cara de puta que tenía Claudia. Su rostro estaba desfigurado en una mueca de placer. Ansiosa se dejó caer en su respaldo, se desabrochó el sujetador sacándoselo como buenamente pudo, por un lado, se levantó la camiseta enseñando sus tetas y luego se giró quedando frente a Don Pedro. Apoyó los pies a los lados de la silla y se abrió de piernas mostrándole todo el coño que ya empezaba a acariciarse ella misma. De los labios todavía manaba el semen del director que no se había tragado y estaba tan cachonda y desatada que no sabía ni hasta donde estaba dispuesta a llegar.

– ¿Le gusta?

– ¡¡Dios mío!!, dijo el viejo sin poder dejar de mirar lo que su jefa de estudios le enseñaba lascivamente a menos de medio metro de su cara, – ¡¡Es precioso!!, está perfectamente depilado, lo llevas como una jovencita…

– Así lo llevaran sus preciosas alumnas, ¿le pone imaginar que lo llevan así de depilado?

– Mmmmmmmmmm, siiii, eso me gusta, eso me gusta mucho.

– Me lo imaginaba, ahhhhhhhhhhhhhhh, no es usted más que un viejo depravado que piensa en los coñitos de esas jovencitas, ahhhhhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia masturbándose delante del viejo.

– El tuyo me encanta, nunca había visto un chocho tan bonito…

A Claudia la excitó que el viejo usara esa palabra tan soez y vulgar y le pidió que la repitiera.

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, vuelva a decirlo, por favor…

– ¿Que nunca había visto un chocho tan bonito?…

– Mmmmmmmmmmmm, siiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh, ¿le gusta, ehhhhhh, le gusta?

– ¡¡Me encanta!!, ¡¡¡tienes un precioso chocho de pija!!!

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ¿eso piensa de mí, que soy una pija?, ahhhhhhhhhhhhhhh, dígame que más piensa de mí, vamos no se corte, ¡¡dígame lo que quiera!!

– Si, eres una pija, lo piensan todos, ¿eso quieres oír?

– Ahhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiii, sigueeeeee, sigueeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhh, dígame más cosas, lo que dicen de mi los otros profesores…ahhhhhhhhhhhhhhhh…

– Eres una pija estirada de mierda y el resto de profesores no te soportan, ¿eso quieres escuchar pedazo de guarra?

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, sigueeeeee..

Claudia se metía tres dedos en el coño a toda velocidad y al sacarlos arrastraba con ellos una cantidad ingente de flujos. El viejo seguía insultándola sin dejar de mirar hacia abajo, mientras ella gemía al masturbarse y ya se escuchaba de fondo el ruido del chapoteo que provocaba su coño.

– ¡¡Mírelo joder, no se corte!!, ¡¡Mírelo bien de cerca!!, dijo sacando las caderas hacia fuera.

– ¡¡¡Diossssssss!!!, lo tienes mojadísimo, dijo Don Pedro acercándose como si quisiera olérselo.

– Así, eso es, ¡¡mírelo bien!!, gritó Claudia sujetando de la cabeza a Don Pedro. – ¿Lo ve bien ahora?

– Siiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiii, ¡¡pues claro que lo veo!!, chilló enfervorecido.

Tenía la cara del viejo a 10 cms de su cuerpo. Don Pedro miró hacia arriba y puso una mano en cada teta de Claudia apretándoselas hacia el medio, juntándoselas.

– Estas también me encantan, son increíbles…

Le gustó el halago, pero no era eso lo que quería Claudia, a punto de correrse y con el aliento del viejo prácticamente golpeándola a cada respiración, lo que quería era ponerle las dos manos en la cabeza y aplastarle literalmente el coño contra la boca, aunque el director parecía que tenía sus planes.

– ¿Puedo?, dijo subiendo hacia arriba y lamiéndola un pezón.

– Ahhhhhhhhhhhh, siiiiiiii….¡¡cómaselas!!, pero dese prisa, ¡¡no me falta mucho!!

Don Pedro ayudándose de las manos le estrujaba los pechos y se metía los pezones en la boca alternándolos cada pocos segundos, le faltaba el aire y cambiaba rápido de una teta a otra. Ansioso le dio un pequeño mordisquito en uno de los pezones.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh despacio, dijo Claudia sin dejar de masturbarse.

Pero el viejo no le hizo caso, siguió devorándola las tetas, babeándoselas por completo, luego metió su pequeña y delgada cabeza entre los dos pechos calientes y se quedó así un rato mientras besuqueaba y pasaba la lengua por la parte interna de los mismos.

Bajó una mano y metió un dedo por el coño a Claudia que al sentir al director le dejó hacer a él. Lo tenía tan húmedo y abierto que no tuvo ninguna dificultad cuando introdujo otro dedo y luego otro, así que Don Pedro empezó a follársela en esa postura con tres dedos. Claudia movía las caderas para salir al encuentro de su mano sin dejar de sentir la boca del viejo en sus hinchadas tetas. Gemía tan alto que cualquiera que pasara por el pasillo podría escucharla, pero a punto de llegar al orgasmo parecía que todo le daba igual.

Ya solo le faltaba sentir la lengua del viejo en su coño para correrse.

Pero Don Pedro todavía quería seguir divirtiéndose un rato más. Retiró la mano y se quedó mirando la abertura de la vagina de Claudia, que estaba abierta de piernas y jadeando, se maldijo en ese momento por no poder empalmarse, pero sabía que a su edad era imposible volver a tener una erección tan rápido después de haberse corrido.

Aquel coño pedía una polla a gritos, tenía una pinta apetecible, estaba tan abierto, tan rojo, tan hinchado y húmedo, tan depiladito, era una completa delicia, así que Don Pedro con decisión se puso de pies en busca del milagro. Sabía que follársela era casi imposible, pero ¿porque no intentarlo?

Para siempre quedaría que tuvo la polla dentro de Claudia.

Se sujetó el pito deshinchado con los dedos, apenas mediría le mediría 3 o 4 centímetros, estaba pequeño, fofo y le colgaba el frenillo como la trompa de un elefante. Estaba de pie delante de ella y se inclinó para recostarse sobre Claudia que seguía espatarrada en su silla.

-Pero ¿¿¿qué hace???, protestó Claudia viendo las intenciones de él.

– ¡¡Voy a follarte!!, dijo el viejo envalentonado.

A Claudia casi se le escapa la risa cuando vio el estado del miembro de Don Pedro que forcejeaba en la entrada de su coño, aunque él seguía afanado en intentar metérsela.

– ¿Está usted seguro de que puede hacerlo?…

– ¡¡Cállate, mmmmmmmmm, te voy a follar!!

El viejo se sujetaba la polla para lograr su objetivo, pero lo único que conseguía era restregar su pingajo por el delicado coño de pija de su jefa de estudios. Incluso daba pequeñas embestidas como si se la estuviera follando, si no hubiera estado tan cachonda Claudia se hubiera reído a carcajadas, pero aquel forcejeo todavía la estaba poniendo más cerda, tuvo que sujetar por el culo al viejo para que no cayera desplomado sobre ella.

– ¡¡Maldita sea!!, no entra, dijo Don Pedro continuando con su movimiento de cadera.

Estaba claro que iba a ser imposible, pero el roce de su pequeña picha contra el clítoris le estaba llevando a Claudia al borde del orgasmo, incluso le ánimo para que siguiera insistiendo.

– ¡¡Vamos fólleme Don Pedro, fólleme!!, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡¡¡¡vamos, métamela!!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhh…venga sigaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhhh…

Estaba a punto de correrse así cuando Don Pedro sudando como un animal se dio por vencido, apoyándose en la silla de ella y con la ayuda de Claudia a duras penas consiguió levantarse y ponerse de pie. Ella seguía recostada abierta de piernas, mostrándole el coño.

– Lo siento no puedo hacerlo…lo siento, dijo el viejo cubriéndose avergonzado el pene con la mano.

– No pasa nada, no se preocupe, se está comportando usted de maravilla, mire como me tiene, dijo Claudia sobándose las tetas y abriéndose los labios vaginales con la otra mano.

– Joderrrrrr, ¿puedo pedirte una cosa?, dijo Don Pedro.

– Claro, lo que quiera…

– Es lo último ya, ¿podrías darte la vuelta?, me encantaría verte el culo, dijo Don Pedro.

– Es usted un marrano, ¡siéntese ahí!, dijo Claudia señalando la silla del director.

Don Pedro cayó de espaldas sobre el asiento justo cuando Claudia se ponía de pie. Se dio la vuelta y se subió la falda enseñándole al viejo su tremendo culazo, luego se apoyó sobre la mesa en una pose sensual sacando el culo hacia fuera.

– ¿Esto es lo que quería?

– ¡¡Ohhhhh, diossssssssssss, vaya culo!!, dijo Don Pedro estirando la mano para tocarlo con delicadeza como si se fuera a romper.

– ¿Se lo imaginaba así?, ¿le gusta?, dijo Claudia incorporándose hacia delante para inclinarse sobre la mesa.

– ¡¡Joder!!, siiiiiiiii, es fantástico, uffffffffffffffffffffff..

Con la mano se abrió los cachetes del culo, le mostró el ojete al viejo y después se metió la mano entre las piernas masturbándose otra vez para que no se le pasara el calentón. Menudo espectáculo le estaba dando al viejo, pero cuando se quiso dar cuenta Don Pedro se había agachado detrás de ella, le había puesto una mano en cada glúteo y le arañó las nalgas con las uñas.

– Argggggggggggggghhhhhhhhhhhh, que daño, despaciooooooo, ahhhhhhhhhhh, dijo Claudia.

– Joder vaya culo, es la hostia, mmmmmmmmmmmmmmmmmm, como huele, dijo el viejo metiendo la nariz entre los cachetes y aspirando el olor que salía de allí. Claudia no tardó en sentir la lengua de Don Pedro lamiéndola el ano y su cara sudada pegada contra sus glúteos.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ¿qué hace pervertido?

– ¡¡Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, que ricoooo!!!!, ¡¡¡qué rico!!!!, me encantaaaaa!!!!

Don Pedro se apartó y se quedó mirando aquel imponente trasero que parecía el de una jovencita de 20 años. El culo de Claudia era perfecto y el viejo estaba absorto mirándolo fijamente, pero Claudia estaba al límite.

– Vamos no se pare, dijo Claudia masturbándose y llevando otra vez la cabeza del viejo contra su culo para que siguiera comiéndoselo.

– Espera, espera…

– ¡¡¡Vamos joder, cómamelo estoy a punto de correrme!!!, dijo Claudia sin parar de masturbarse.

– Está bien, ehhhhhh…¿puedo restregarme un poco contra tu culo?, dijo Don Pedro.

– ¡¡¡¿¿¿Como dice????!!!, dijo Claudia sin creerse lo que acababa de escuchar.

El director se puso detrás de ella y sujetándola por las caderas le dio una embestida como si se la estuviera follando.

– Lo que daría por hacer esto de verdad…ufffffffffffffffffff…

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, eso quiere?, ¿follarme así?

– Siiiiiiiiiiii, sabe que nunca lo he hecho por detrás…¿tú, alguna vez te lo han hecho?

– ¿Quiere saber si me han follado el culo?, no sabía que era tan pervertido, no le pienso contestar a eso, ahhhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmmmmm, dijo Claudia recibiendo otra acometida del viejo.

– Tomaaaaaa, tomaaaaaaaaaa, dijo Don Pedro sujetándose le pito para restregarlo por el ano de Claudia.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, no puedo másssssssssss, ahhhhhhhhhhhhhhh, voy a corrermeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhhh, agáchese otra vez, por favor, le dijo ella.

Don Pedro se pensó que Claudia quería que volviera a comerle el culo, pero cuando se quiso dar cuenta ella se había girado y se había vuelto a espatarrar en la silla plantándole el coño delante de la cara.

– ¡Vamos ahora chúpemelo hasta que me corra!, dijo abriéndoselo ella misma con las manos, vamossssssssssss, ahhhhhhhhhhhhhh…

– Mmmmmmmmmmmmmm mmmmmmmmmmmmmmmmm, que, gozada, que bien te huele, mmmmmmmmmmmmmm, dijo Don Pedro antes de empezar la faena.

Claudia cerró los ojos, abrió las piernas, sacó las caderas hacia fuera y se abandonó al placer. Le iba a dejar que el viejo hiciera con ella lo que quisiera con ella. Sintió como las manos de Don Pedro tiraban hacia fuera de sus labios vaginales y luego la respiración de él la golpearon en el centro de la vagina. Todavía tardó unos segundos más en poner la lengua contra ella, seguramente se quedaría mirando aquella maravilla, guardando la instantánea en su memoria.

Un primer lametazo de abajo a arriba le puso a Claudia los pelos de punta, estaba muy excitada, sensible, expuesta ante el viejo que con las manos le seguía abriendo el coño, repitió otra lamida a lo largo de toda la abertura y luego siguió con lametazos largos de perro, profundos y haciendo la presión justa.

– ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhh, me voy a correr, me voy a correr!!!!!, joderrrrrrrrrr, no aguanto masssssssssssssss….

Y Claudia le cogió por la cabeza, le guio la boca contra su clítoris aplastándole en él y cuando notó que el viejo le absorbía el botoncito le llegó el orgasmo. Fue intenso, prolongado y muy placentero. Don Pedro estaba haciéndolo de 10 con su lengua mientras se corría, combinando clítoris, pasándole la lengua de arriba a abajo y luego follándosela con ella. El viejo era un puto experto chupando coños.

– ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!! AHHHHHHHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHHH, diossssssssssssss, diossssssssssssssssssssssssss, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh,!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!, dijo al fin corriéndose empapada en sudor.

Cayó sobre la silla y mientras se recuperaba del orgasmo notó las manos del director todavía jugueteando con su coño, manoseando sus tetas, sus piernas. El cuerpo entero en general.

– Nunca había conocido a una mujer como tú, eres increíble…

Claudia se puso de pies apartando al viejo y recomponiéndose la camiseta y la falda a toda velocidad, todavía estaba excitada, pero sentía la necesidad de salir de ese despacho. Se le había ido de las manos el juego y ahora estaba avergonzada. Eso sí, el viejo iba a su marcha, le costó ponerse de pie y todavía tenía el pantalón a medio bajar.

– ¡¡Claudia!!, dijo él antes de que ella saliera por la puerta.

Se giró esperando a ver que le decía el viejo.

– Vas a ser una gran directora, espero que te vaya muy bien…y muchas gracias por todo.

36

El sábado después de comer salimos hacia Madrid para una nueva cita con Víctor, había sido una semana rara por parte de Claudia desde el encuentro que tuvo el martes por la tarde con el director del instituto. Cuando llegó a casa se metió inmediatamente en la ducha y no quiso hablar de lo que había pasado con él.

Después de cenar, cuando habíamos acostado a las niñas intenté preguntarle por su reunión.

– ¿Qué tal con el viejo, no me vas a contar nada?, ibas tremenda con esa faldita, seguro que se le ha escapado la mano, dije sentado detrás de ella pasando la mano por su estómago.

– Es mejor que nos reservemos para el sábado, en eso quedamos, ¿no?

– Mmmmmmmmmmmm, ¿no quieres contármelo?, entonces es que algo ha pasado…venga dime algo, aunque sea un poquito…

Metí la mano por el elástico del pijama y Claudia no puso ningún impedimento abriendo un poco las piernas, no me costó llegar hasta su depilado coño que estaba bastante húmedo. Me sorprendió que ya estuviera así de excitada.

– Joder Claudia, estás muy mojada, dije acariciándola suavemente.

– Mmmmmmmmmmmm, dijimos que hasta el sábado íbamos a aguantar sin corrernos.

Claudia pasó la mano hacia atrás agarrándome el paquete por encima del pantalón, movía dulcemente las caderas con los ojos cerrados y gemía en bajito mientras me acariciaba con suavidad.

– ¿Ya estás así de mojada?, sí que te gusta que te meta mano el viejo…

– Ni te lo imaginas cornudito, pero como te cuente lo que ha pasado esta tarde te me vas a correr encima…y no queremos eso…

– Solo un poquito, cuéntame solo un poquito, por favor…

– Hasta el sábado nada, dijo dándome una palmadita en la polla para luego detenerse.

Me obligó a sacar los dedos con los que la masturbaba, aunque cuando lo hice se quedó en la misma posición abierta de piernas y con la respiración agitada. No sé por qué, pero mi mujer estaba muy cachonda, igual que yo, que solo con imaginarme que el viejo director le había metido mano me ponía a mil aquella fantasía.

Extrañamente nos quedamos así pegados, excitados, sudorosos y con una extraña sensación en el estómago, mientras seguíamos viendo la tele, era como empezar a reservarnos para Víctor, seguro que los dos estábamos pensando en lo mismo, teníamos que llegar al encuentro con él con tal grado de excitación que hiciera con nosotros lo que le diera la gana. Eso es lo que nos gustaba realmente.

Y tal y como quedamos, durante la semana nos estuvimos reservando, al menos por mi parte, no me corrí en los días anteriores y no fue por ganas. Durante la semana trabajando en la fábrica no hacía más que pensar en la polla de Víctor destrozando a mi mujer, en como Claudia se la chupaba, como le comía los huevos y dejaba que Víctor le diera azotes con la verga en la cara, en cómo se la follaba a cuatro patas y en cómo se corría dentro de ella. Si, eso me encantaba, ver las corridas de ese cabrón sobre el cuerpo de mi mujer, por su cara, por su pelo, dentro de su coño, en su boca. Solo podía pensar en eso. Todos los días. Así que cuando me levanté el sábado por la mañana tenía tal calentura que no sabía ni donde tenía la cabeza. Solo podía imaginar la cara que pondría Víctor cuando mi mujer saliera a recibirle con el conjuntito tan guarro que yo mismo le había comprado.

Evidentemente Claudia estaba igual que yo, después de comer llevamos a las niñas a casa de mis suegros, en cuanto las dejamos salimos con el coche en dirección a Madrid. Nos dimos un beso y Claudia se dejó caer en el asiento con los ojos ligeramente cerrados. Entonces nos quedamos mirando fijamente. Joder. Menuda cara que llevaba mi mujer. Tengo que reconocer que solo con ver así a Claudia hizo que me excitara un poco más, respiraba agitadamente y flexionó una pierna sobre el asiento, pensé que se iba a masturbar allí mismo.

– Bufffffffff…que ganas tengo de llegar a Madrid, fue lo único que dijo.

Llegamos al hotel, salimos a dar un paseo y luego nos duchamos juntos tranquilamente antes de salir a cenar, estuvimos besándonos y nos enjabonamos mutuamente, pero cuando llevábamos unos minutos me tuve que salir de la ducha porque si no me iba a correr encima. Tal cual.

Nos vestimos y bajamos a cenar al restaurante del hotel, Claudia me preguntó si se ponía el conjuntito que había comprado o esperábamos luego y yo le dije que mejor después de cenar. Era una sorpresa también para ella. Mientras cenábamos parecía que no pasaba el tiempo, los dos estábamos muy excitados y con ganas de volver a la habitación, para calentarnos todavía más nos tomamos una botella de vino entre los dos. Quedaba una hora para la cita con Víctor.

Cuando terminamos nos subimos a la habitación y yo saqué el ordenador.

– Vete preparando el chat con Toni y tráeme el conjuntito, déjamelo ahí y espérame fuera, dijo entrando al baño.

Completamente nervioso saqué de la maleta el conjunto de ropa interior que había comprado ese mismo lunes y que Claudia todavía no había visto. Se lo dejé en el baño como ella me había pedido y luego fui preparando el portátil y la cam. Me quedé sentado en el sillón de la habitación del hotel mientras Claudia se acababa de arreglar, encendí el ordenador y abrí el chat, ya estaba conectado Toni24 con la luz en verde. Iba a ser una novedad para nosotros, nunca habíamos hecho eso antes, siempre teníamos ciber sexo con él desde casa, pero esta vez iba a ser distinto.

Era una noche especial para todos, no sé qué excusa le habría puesto a su novia Marta para quedarse en casa un sábado, pero lo importante es que allí estaba con nosotros. Encendí la cam y empezamos a hablar.

– Hola David, buenas noches.

– Hola Toni.

– Os estaba esperando impaciente. ¿Tú que tal estás?, ¿nervioso?

– Si, claro, uno no se acaba de acostumbrar a quedar con otro para que se folle a tu mujer…además llevo toda la semana reservándome para hoy y Claudia igual, te imaginarás como estamos…

– Mmmmmmmmmmmm que bueno, solo te veo a ti, donde está Claudia?

– Se está terminando de arreglar para…vosotros…

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, estoy deseando verla.

Cogí la cam e hice una panorámica de la habitación, la puerta del baño estaba cerrada con la luz encendida.

– No creo que tarde mucho en salir.

– Bufffffffffffff, que morbo, ahí en la habitación del hotel donde habéis quedado con Víctor.

Se escucharon tacones andando por el baño y al poco apareció Claudia asomándose por la puerta.

– ¿Ya estás hablando con Toni?, me preguntó.

– Si, si, está conectado, dije echando una mirada rápida.

Volví al ordenador y en cuanto el cerebro procesó lo que acababa de ver rápidamente me giré hacia mi mujer.

– ¡¡Joder Claudia!!

Vino andando hacia mí, tan solo llevaba puesto el conjunto negro de lencería que yo le había comprado, era un tanguita de hilos con un pequeño triangulo cubriendo la zona genital y arriba igual, el sujetador tapaba lo justo en la zona de los pezones. Los zapatos azules de tacón le ponían el color a su vestimenta.

– ¿Así quieres que reciba a Víctor?, dijo en un tono en el que quería hacerse la ofendida, pero que denotaba lo cachonda que estaba ya.

– Si, me encanta.

– Me has vestido como una cualquiera, parezco una fulana…

– ¿Te gusta el conjuntito?

– No es el que yo hubiera comprado, demasiado…no sé, falta tela, no es mi estilo, dijo tirando del lateral del hilo del tanguita.

– Mejor que no sea de tu estilo, así pareces más…

– ¿Mas qué?, dijo Claudia.

– Mas puta…a ver qué opina Toni, no te muevas…

– Mira Toni, como va vestida Claudia.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm, despacio…eso es, enséñame a tu mujercita.

Solté la pinza de la cam que estaba sobre el portátil y la cogí con la mano. Me separé un poco de mi mujer que se quedó como a medio metro. En la pantalla del ordenador solo se veía a Toni masajeándose su pollón. Apunté hacia los pies de Claudia y lentamente fue recorriendo su cuerpo con la cam, los pies, las piernas, el culo, la espalda, hasta que llegué al pelo.

– ¡¡Joder, parece una puta!!, estás tremendamente buena Claudia. ¡¡que polvazo tienes!!, me encanta que el cornudo te haya vestido así para que te otro te folle, la tengo durísima, dijo golpeándose la mano con ella., – Por favor David vuelve a hacer otra panorámica de ella más despacio.

– ¿Lo hago Claudia?

– Lo que tú quieras cornudo, contestó ella.

– Vamos, enséñame a tu mujercita otra vez, seguro que ya te babea la polla, dijo Toni.

Tenía toda la razón, estaba bastante excitado con la situación, también ayudaba mucho el llevar la semana entera sin correrme y el vino de la cena. Cuando peor lo había pasado había sido el martes, el día de la reunión de Claudia con Don Pedro cuando me sobó el paquete por encima del pantalón y me dijo “tranquilo cornudito, mejor no te cuento nada de lo que ha pasado esta tarde, si lo hago te me vas a correr encima… y tienes que aguantar hasta el sábado”. Sabía que aquello era tan solo una fantasía, pero me excitaba tanto que hablara así del director.

Y el sábado ya había llegado y efectivamente había aguantado sin correrme, pero con tan solo haber encendido la cam estaba que me subía por las paredes, me molestaba hasta el roce de la tela del calzón contra mi pene. Iba a tener que correrme antes de que llegara Víctor sino me lo haría encima en cuanto viera a mi mujer abrirle la puerta de la habitación del hotel así vestida.

Cogí la cam y volví a empezar a recorrer el cuerpo de Claudia, esta vez más despacio, al ritmo que me marcaba Toni que no dejaba de hablar, ni de pajearse su desproporcionada polla de 24 centímetros.

– Guaaaaaauuuuu, que zapatos tan bonitos, ¿también los ha comprado tu marido para Víctor?, mmmmmmmmmmm, me encantan…

– No, estos los compré yo el otro día, contestó mi mujer.

– Muy bien, eso es, sigue subiendo, despacio cornudo, no tengas prisa, mmmmmmmmmm, tienes unas piernas increíbles, me encantan tus gemelos y esos muslos, son perfectas, ni muy delgadas ni muy anchas, se ve la piel suave, tersa, además estás morena.

– ¿Sigo?, pregunté yo.

– Si, sigue, ahora quiero ver su culazo…mmmmmmmmmmmmmmmmmm, eso es, ¡¡joder que culooo!!, cógela del tanga y tira un par de veces, quiero escuchar el sonido de la tela contra su piel cuando lo sueltes con fuerza…mmmmmmmmmmmmmm, eso es, ¡¡hazlo otra vez!!, jooooooderrrr, que culo…

Cogí la fina tira del tanguita que iba por la cadera de mi mujer y la tensé para que luego estallara contra su cuerpo, tampoco demasiado fuerte, pero Claudia gimió ligeramente cuando lo hice, un suspiro leve y que Toni no escuchó al otro lado de la cam, pero yo si lo hice. Mi mujer también estaba demasiado caliente. Le gustaba mostrarse para Toni, que él la viera desnuda, aunque esta vez nos lo estábamos tomando como los previos de Víctor, cuando él llegara y nos viera en ese estado no sé qué es lo que iba a pasar.

El que también estaba muy caliente era Toni, que no paraba de hablar y cada vez se masajeaba la polla más rápido.

– Mmmmmmmmmmm, me encanta, ese culito tan pequeño y tan duro…otra vez, tira del elástico contra su cuerpo, me encanta ese ruido.

– Ahhhhhhh, gimió otra vez en bajito Claudia cuando lo hice.

– Mmmmmmmmmm, muy bien, ahora cornudo toca su culo, aprieta las nalgas, quiero que me enseñes que tacto tiene, mmmmmm, que bueno…despacio, tócaselo despacio…asiiii, eso es. Ahora tú Claudia, sepárate los cachetes un poco, muy despacio, jooooooderrrrrrr…..asíiiiiiii, que bueno…

Claudia tiró de uno de sus glúteos hacia arriba y un lado, si no hubiera llevado el tanga puesto Toni le habría visto hasta el ojete, se notaba que estaba encantada con lo que nos pedía nuestro ciber amante.

– Ahora bájaselo un poco, vamos cornudo, bájale el tanga y enséñame el culo de zorra de tu mujer…

– ¿Lo hago?

– Siiii, dijo Claudia en un breve suspiro que parecía más bien un gemido.

Con una mano sujetaba la cam mientras con la otra comencé a bajar el tanga, por un lado, así hasta la mitad de sus nalgas, luego me cambié la cam de mano e hice la misma operación por el otro lado. Cuando lo tenía a medio bajar volví a cambiar de mano para terminar de dejar la prenda íntima justo hasta debajo de sus glúteos y el otro lado igual. Desde atrás vi como la tela del fino tanga se la quedó pegada a mi mujer por la zona del coño. Toni también se percató de ello.

– ¡¡Joooooderrrrr, está empapadísima la muy puta!!!, ¿por qué estás tan cachonda Claudia, es por enseñarme el culo o por saber que dentro de poco va a llegar Víctor y te va a follar?

– Por las dos cosas, dijo ella.

– Bufffff, dale un pequeño azote cornudo, quiero oír como le suenan las nalgas, PLAS, mmmmmmmmmmmmm, que bueno…¿está muy mojada tu mujercita?…

En vez de contestar la pregunta metí un par de dedos en el coño a Claudia, ella se sobresaltó ligeramente, no se lo esperaba, pero se dejó hacer. Luego me froté los dos dedos húmedos con el dedo gordo delante de la cam para que Toni apreciara bien la humedad.

– ¡¡Dios mío!!, que mojada está, ¿tan cachonda estás Claudia?…

– Siiii, estoy muy excitada, ronroneó mi mujer.

– Mmmmmmmmmmmmm…demuéstramelo, ábrete bien el coño para mí, ¡¡hazlo zorra!!

Claudia bajó la mano y se la metió entre las piernas y con suma habilidad se abrió los labios vaginales mostrándole a Toni su interior.

– Bufffffffffffffffff, dijo Toni bajando ahora el ritmo al que se pajeaba. No quería terminar todavía.

Me dijo que volviera a colocar el tanguita en su sitio y así lo hice tirando duro hacia arriba de él, incrustándoselo a Claudia en la entrepierna para que volviera a gemir. El solo contacto con la tela hizo que la temblaran las piernas ligeramente, como si estuviera a punto de correrse también. No sé quién de los dos estaba más cachondo.

En ese momento empezó a darme miedo la situación, se nos podía ir de las manos, nunca habíamos recibido a Víctor en semejante estado de excitación y sabiendo lo cabrón que era cualquier cosa nos podíamos esperar de él. Y el pensar eso hacía que todavía me calentara más y más.

Una vez colocado el tanga en su sitio seguí subiendo con la cam por la espalda de mi mujer hasta que llegué al sujetador y así hasta su pelo. Claudia de espaldas ocultaba su rostro.

– Hola Claudia, dijo Toni.

Mi mujer levantó la mano a modo de saludo. Ya había terminado de recorrer su cuerpo y reconozco que me había vuelto loco mostrarle a Claudia a través de la cam. Me quedé esperando a que Toni nos diera la siguiente indicación que no tardó en llegar.

– Ahora por delante, Claudia date la vuelta y que el cornudo me vaya enseñando la parte delantera, ¿te parece bien?

Ella se giró sin tan siquiera contestar y se puso frente a mí con los brazos en jarra.

– ¿Empiezo ya?, la pregunté yo apuntando con la cam a sus pies.

– Ten cuidado, no me saques la cara, me advirtió Claudia.

Fui subiendo con la cam desde los pies hasta la zona en la que yo creía que Toni quería llegar.

– Tranquilo, no corras, despacio, me encantan sus muslos, no tengas prisa, empieza otra vez…

Como me pidió volví a subir desde los zapatos azules, pasando por sus rodillas, los muslos, así hasta que llegué a la zona intermedia. Le enfoqué un poco de pierna, el tanguita y el ombligo.

– Mmmmmmmmmmmmm, que buenooooo…

– ¿Quieres que la baje el tanguita otra vez?, pregunté yo.

– No, ahora quiero que lo haga ella, quiero que sea ella misma la que me enseñe el coño, vamos Claudia, mira cómo me tienes, dijo Toni sacudiéndosela de nuevo en la pantalla del ordenador.

Claudia puso las manos a los laterales del tanguita y muy despacio comenzó a bajárselo hasta mostrarle completamente el coño a Toni.

– Siiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiii, que buenooooo…que rico tiene que saber ese coñito, lo llevas perfectamente depilado, joder, te lo comería pero bien, tiene que saber delicioso ese coño de pija, mmmmmmmm, me encantaría metértela, clavarte hasta el fondo toda esta polla, seguro que lo tienes apretadito…mmmmmmmmmmmm, ¡¡¡diossss que puta eres!!!, enseñándome el coño delante de tu marido, joder vas a hacer que me corra de un momento a otro…¡¡a que esperas zorra, tócate el coño para mí!!, pero ni se te ocurra correrte, quiero que cuando llegue Víctor estés bien cerda…

Con el tanguita a medio bajar Claudia comenzó a acariciarse muy lentamente y yo mientras con la cam enfocaba su cuerpo a menos de medio metro, a pesar de que lo hacía muy despacio pude notar como se la estremecía el cuerpo y gemía en bajito cerrando los ojos. Se metía un poco dentro el dedo corazón y rápidamente lo sacaba para no excitarse demasiado, pero aun así parecía que no le faltaba mucho para llegar al orgasmo. Con la otra mano se puso a apretarse uno de los pechos sin que nadie se lo pidiera y yo subí la cam para que Toni lo pudiera ver.

– ¡¡Joder se está sobando las tetas!!, ¡¡qué guarra!!. mmmmmmmmmmmm, que buenooooo, no te corras ehhhhh….

– No me saques la cara, ahhhhhhhhhhhhhh, volvió a advertirme Claudia sin dejar de tocarse con las dos manos.

– Estás caliente, ¿eh?, la pregunté yo.

– Mucho, tengo ganas de correrme ya…

– Espera, dije yo.

– ¡¡No te corras pija!!, aguanta, que no van a tardar en meterte una buena polla…anda deja de tocarte…que si no te vas a correr delante del cornudito…jajajaja, vete andando hacia el baño y tú cornudo grábalo sin moverte del sitio, quiero ver como mueve el culazo ese al andar.

Claudia se fue hacia el baño dándome la espalda, mientras caminaba despacio se iba subiendo el tanguita de una manera muy sensual hasta que se lo colocó en su sitio. Luego entró dentro y me dijo que apartara la cam para que al volver no se le viera la cara.

– Otra vez, por favor, me encanta como se mueve, el ruido de los tacones, ¡¡qué cuerpazo joder!!, dijo Toni volviendo a acelerar el ritmo con el que se pajeaba.

No nos quedaba ya mucho tiempo, en 5 minutos habíamos quedado con Víctor y solía ser muy puntual. Bajé la cam para que Claudia pudiera salir del baño y regresar donde estaba.

– Me ha dicho Toni que quiere verte de nuevo andar hacia al baño.

– Está bien, hazlo, obedece cornudo, quiero que vea bien esto, dijo Claudia.

Echó a andar de nuevo hacia el baño, pero a los dos metros se detuvo quedando de espaldas a mí. Muy despacio se apartó el hilo del tanguita que tenía metido entre las nalgas y luego se inclinó hacia delante para mostrarle bien el culo. Movió las caderas de un lado a otro y luego se soltó el tanga que volvió a introducirse entre sus dos glúteos.

Fue una pasada.

Estuve a punto de correrme encima viendo exhibirse así a mi mujer, no sé ni como aguanté, pero para Toni fue demasiado, sabiendo que se nos acababa el tiempo de conexión aumentó el ritmo al que se pajeaba. Puso el pollón delante de su cam y la empapó enterita con su corrida.

– Me corrooooooo, me corrrrrrrrrrrrroooooooo, tomaaaaaaaa putaaaaaaaaaaa, tomaaaaaaa mi lecheeeee, joderrrrrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhhhh, que bueno…

Como pasaba siempre nuestra pantalla se cubrió de blanco mientras goterones de semen resbalan hacia abajo. Claudia se giró levemente para ver el orgasmo de Toni y cuando vio que se corría sonrió y echó a andar de nuevo hacia el baño. Fue la última imagen para nuestro ciber amante, antes de que me despidiera de él.

– Que lo paséis bien, tal y como está Claudia cualquier cosa puede pasar, dijo Toni.

Había cumplido su objetivo perfectamente. Claudia y yo estábamos cachondísimos. Mucho más que cuando llegamos. Apenas me dio tiempo a bajar la tapa del ordenador cuando tocaron con los nudillos en la puerta de la habitación. Era Víctor.

Se me aceleró el corazón y me senté en el sofá individual que había frente a la cama. Claudia salió del baño con los zapatos y en ropa interior, se acercó a mí y me dio un pequeño beso en la frente.

– Llegó el momento…¿qué tal estoy?, dijo mostrándome su cuerpo.

– Joder Claudia…no puedo más…esto es muy fuerte, te va a hacer de todo…

– Lo sé, intenta aguantar sin correrte cornudo, no me dejes en vergüenza, dijo pasándome un dedo por la mejilla antes de girarse.

Luego decidida y colocándose el tanga sin motivo, puesto que ya lucía perfecto en su culo, se fue andando hasta la puerta.

La cara que puso Víctor al ver a mi mujer recibirle de esa manera no se me olvidará en la vida. Ni él mismo se esperaba una cosa así.

– ¿No vas a pasar?, dijo Claudia orgullosa sabiendo que había sorprendido a Víctor que se había quedado en la puerta como un pasmarote.

– Ehhhhh, sí, claro, claro, dijo dando un pequeño beso en los labios a mi mujer.

Cuando entró se detuvo unos instantes para mirar de arriba a abajo a Claudia sujetándola por las caderas.

– ¡¡Guauuuu, estás guapísima!!, bufffffffffffffffffffff…menudo recibimiento…

– ¿Te gusta?

– Claro, a quien no le puede gustar una cosa así…

– Me lo regaló el cornudo para que me lo pusiera esta noche…

Ambos miraron hacia mí que observaba la escena sin moverme del sofá.

– Mmmmmmmmmm, gracias cornudo…tienes buen gusto para estas cosas…tu mujer no puede estar más espectacular…

Claudia se pegó a él dándome la espalda y comenzaron a besarse lentamente, no pasó mucho tiempo para que las manos de Víctor le acariciaran las nalgas a mi mujer y ésta le correspondió pasando a tomar la iniciativa frotándole el paquete por encima del pantalón.

Claudia no estaba para besitos. Quería polla.

Me encantaba como le tomaba la medida a la verga con su pequeña mano y después comenzó a apretársela de arriba a abajo.

– Tranquila nena…mmmmmmmmmmmmmmm….tranquila, dijo Víctor deteniendo su mano cuando mi mujer empezó a desabrocharle los botones del pantalón.

– Tengo muchas ganas de estar contigo…

– Estás muy excitada, ¿te ha puesto caliente recibirme así vestida?

– Mmmmmmmmmmm siiii…

Víctor la llevó hasta la mesa de la habitación mientras se seguían besando y volvió a acariciar su culo de nuevo. La giró y se puso detrás de ella poniendo las manos en su cintura y luego pegó el paquete contra sus nalgas. Como si se la estuviera follando, pero con el vaquero puesto.

– Me vuelves loco, ¡¡hoy es un día especial, quiero darte por el culo!!, sé que lo estás deseando, ¿verdad?, dijo haciendo el gesto de follársela.

Claudia se giró buscándole la boca sin contestar, pero pegándose más contra él.

– ¡¡Te voy a reventar este culito tan pequeño que tienes!!, hoy no me voy de aquí sin encularte delante de tu marido…

– Mmmmmmmmmm, gimió Claudia.

– Díselo a tu marido, dile que quieres que te folle por detrás, díselo zorra, que se entere bien…

Entonces Claudia me miró inclinada hacia delante y frotando su cuerpo contra el paquete de Víctor, que lucía ya un bulto enorme bajo el pantalón. Se pasó el pelo por detrás de la oreja y con los ojos entre cerrados me dijo.

– ¡Quiero que hoy me folle el culo!, ahhhhhhhh, quiero su polla dentro de mi culo, ahhhhhhhhhhhhhhhhh…que me folle bien…¿me oyes, cornudo?…¡¡quiero que hoy me dé por el culo!!

Esas palabras y el tono en que las pronunció fueron el desencadenante de mi orgasmo acumulado durante toda la semana. Me revolví gimoteando intentando sacarme la polla a la vez que lo hacía Víctor. Sin duda alguna le había gustado la sorpresa del vestuario de Claudia pues estaba muy empalmado, se la sujetó con la mano y le golpeó varias veces en el trasero. El contraste era morbosísimo, sus 20 cms de carne con el pequeño culo de ella. No sé cuál de las dos cosas estaba más duro, los glúteos de Claudia o la verga de Víctor.

A mí me dio el tiempo justo de sacármela y pegarme un par de sacudidas. No quería correrme en los pantalones como un “pringao”, por lo menos quería que vieran como lo hacía. Mirándolos fijamente y sacando las caderas hacia delante eyaculé sobre la alfombra mientras Víctor seguía martilleando las nalgas de mi mujer con su polla.

– Mira cómo se corre el cornudo, jajajajaja, es patético tu marido, no hemos empezado y él ya se ha corrido…

– Déjale no le hagas caso…ahora estamos solos tú y yo y necesito que me folles ya…

Pero Víctor se volvió a guardar la polla en el calzón sin terminar de abrocharse todos los botones del pantalón. Claudia se giró lanzándose a besar su boca.

– ¿Qué quieres que te haga?, vamos, pídemelo, dijo suplicante.

– Ya lo sabes zorra…antes de metértela tienes que comerme la polla un rato…

Mi mujer se puso de cuclillas y cuando estaba a punto de bajarle el calzón a Víctor éste se lo impidió.

– Sin usar las manos, primero quiero que me comas la polla sin sacármela…

Claudia pegó la cara a su paquete y cerró los ojos sintiendo el tacto contra ella. Víctor tenía un bulto enorme en sus bóxer blancos, parecía un anuncio de calzoncillos, le quedaban perfectos y mi mujer se lo restregaba por la cara gimoteando al borde del éxtasis. Luego me miró a los ojos cuando le dio un sonoro beso sobre la punta y le pasó la lengua por todo el contorno de la verga subiendo y bajando varias veces.

Para no caerse Claudia estaba agarrada a las piernas de Víctor que a su vez la sujetaba por el pelo para guiarla a su gusto. Una vez que le pasó la lengua mojándole los calzoncillos abrió la boca para atrapar su falo en ella. Ahora le daba muerdos hasta que llegó a la parte de arriba en la que se metió el capullo casi entero haciendo presión en sus calzoncillos.

Todo aquello me parecía muy obsceno.

Claudia en cuclillas y con el tanguita puesto le comía la polla por encima de su bóxer. No me había dado tiempo a guardármela cuando ya la tenía dura otra vez. Apenas había pasado 5 minutos desde que me había corrido, pero no me había calmado la calentura y estaba empalmado de nuevo. No me podía creer que Claudia estuviera haciéndole eso.

– Mmmmmmmmmmmmmmm, me encanta que me la coman así, lo está haciendo de maravilla tu mujer, me dijo Víctor.

Yo comencé a masturbarme de nuevo sin dejar de mirarlos. A Claudia, terriblemente excitada, se le escapaban las manos y sin que Víctor se diera cuenta se las metía entre las piernas para darse unas pequeñas caricias en el coño y luego volvía a agarrarse a sus piernas.

– Sigueeeee, sigueeeeee, ahhhhhhhh, mira el cornudo, se está pajeando, eso es que lo estás haciendo muy bien…ahhhhhhhhhhhhh, le dijo Víctor.

Claudia abrió los ojos y me miró unos segundos como me masturbaba, luego se puso a darle besitos por todo el paquete y volvió a atraparle la polla entre sus labios. Cuando llegó arriba esta vez no le envolvió el capullo con la boca, sino que mordió la goma de los bóxer y tiró hacia abajo. Era muy difícil hacer eso sin usar las manos, pero al menos lo estaba intentado y Víctor le ayudó en el cometido. Cuando bajó un poco más la tela la polla de él saltó como un resorte y le golpeó a mi mujer en la cara. Luego fue Víctor el que sujetándosela con la mano comenzó a abofetear con ella en las mejillas de Claudia. Le azotaba con la polla, primero en una mejilla y luego en la otra y ella sumisa solo gemía a cada cachetada buscándole ansiosa con la lengua.

Nunca había visto a mi mujer tan cachonda.

Luego Víctor comenzó a pajearse delante de ella, se sentía victorioso de tener así a Claudia y se me quedó mirando con una pinta de chulo que no podía con ella. Se la meneaba riéndose mientras yo me tocaba mi pequeño miembro con dos dedos y después le cogió a mi mujer por el pelo. Con la polla dura apuntando hacia el techo le metió la cara entre sus piernas.

– ¡¡Cómeme los huevos zorra!!

Víctor y yo seguíamos mirándonos a los ojos, como si fuera un duelo, ninguno de los dos retiraba la vista, aquello era tan humillante para mí que me encantaba.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh, ¡¡¡que gustazoooo!!, qué manera de chuparme los huevossss, ahhhhhhhhhhhhhh…mira cornudo, dijo girándose un poco, – Acércate, tu mujercita tiene mis dos cojones metidos en la bocaaa….puffffff….ahhhhhhhhhhhhhhhhhh….

Me levanté del sofá para ver bien aquello. Claudia sintió mi presencia a su lado, pero no por ello se sacó las dos pelotas de él que inundaban su boca. Le estaba comiendo sus peludos huevos delante de mis narices y esta vez volvió a meterse la mano en su coño para masturbarse. Víctor sonrió, estábamos los dos de rodillas ante él y yo estiré la mano para acariciar la espalda de Claudia que al sentirme me dijo.

– Túmbate…

Yo sabía que es lo que quería, en la posición de cuclillas en la que se encontraba quería que me pusiera boca arriba para plantarme el coño en la boca. Rápidamente me metí entre sus piernas, Claudia se apartó el tanguita y se dejó caer. Al primer contacto de mi lengua contra su clítoris gimió.

– Ahhhhhhhhgggggggggggggggggggg, dijo a punto de correrse.

Víctor se dio cuenta de lo que pasaba y la cogió a Claudia por las axilas para incorporarla.

– Pero ¿qué coño hacéis?, no quiero que te corras todavía joder…

Claudia tenía la mirada perdida, estaba en éxtasis y parecía que le costaba mantener el equilibrio con los zapatos de tacón. Se quedó esperando a la siguiente orden de Víctor que manejaba la escena como un director de película.

– Siéntate ahí y no se te ocurra levantarte hasta que te lo diga, me dijo a mí que seguía tumbado en el suelo.

Luego se recostó en la cama sujetándose la polla y le dijo a Claudia pegándose unas sacudidas.

– Ven de rodillas hasta aquí y chúpamela, todavía no lo has hecho…quiero que me comas bien la polla delante del cornudo, ¿me has oído, jodida puta?…¡¡chúpamela!!

Gateando se acercó hasta él y con los dedos le rodeó el falo antes de pegarle el primer lametazo. Abrió la boca todo lo que pudo y se introdujo la polla casi inmediatamente. Me encantaba el esfuerzo que hacía Claudia en intentar metérsela lo máximo que podía, pero Víctor la tenía tan grande y tan gorda que apenas le entraba el capullo.

Se la mamaba con ansía, desde mi posición se escuchaba el característico GLUP GLUP GLUP y varias veces tuvo que limpiarse la saliva que se le empezaba a escurrir por la barbilla. Solo se la sacaba de la boca para recuperar la respiración durante unos segundos y cuando lo hacía le meneaba la polla a la vez que me miraba. Luego le dio un morreo a Víctor que aceptó con desgana.

– Te he dicho mil veces que no me gusta que me des besos después de que me la chupes, ¡¡me da asco el sabor a polla!!, ¡¡te apesta el aliento a polla como si fueras una puta!!…

– Perdona, es que ya no puedo más, necesito que me folles, dijo Claudia suplicando.

Ella misma se incorporó y se sentó sobre él, esta vez Víctor no dijo nada y dejó que mi mujer tomara la iniciativa. Claudia se apartó el tanga a un lado y sujetándole la polla se dejó caer sobre su miembro pegando un gemido tan alto que pensé que se había corrido instantáneamente. Desde donde estaba yo sentado vi perfectamente entrar los 20 cms en el coño de mi mujer, poco a poco, incrustándose en ella, hasta que los cojones que antes tenía en la boca golpearon en sus nalgas.

A pesar del tamaño de su miembro Claudia estaba tan mojada que le entró con una facilidad insultante. No tardó Víctor en quitarla el sujetador y tirarlo al suelo, para luego juntar las dos tetas con las manos y lanzarse a comerle los pezones. Mi mujer le cabalgaba despacio, gimiendo con un sonido ronco y profundo cada vez que se dejaba caer, se meneaba perfectamente sobre él en un movimiento rítmico sincronizado que estaba a punto de hacerla llegar al orgasmo.

Pero Víctor no quería dejarla terminar, apenas estuvieron follando unos segundos y se la quitó de encima como si fuera una muñequita levantándola de nuevo por las axilas, dejando a mi mujer otra vez en estado de confusión y un vacío insoportable en su coño.

– ¡Quítate el tanga y ponte de frente a tu marido!, dijo situándola al borde de la cama.

Claudia estaba recostada de lado casi de frente a mí con el culo hacia Víctor, que se puso detrás de ella, hizo que levantara la pierna de arriba y le pasó la polla hacia delante golpeándola en el coño que ella me mostraba abierto a apenas dos metros de mí.

Me pegué otro par de sacudidas. Yo también estaba a punto de correrme de nuevo.

Desde atrás Víctor se la volvió a meter y la pegó 7 y 8 embestidas lentas, pero profundas. Claudia desesperada cerró los ojos y giró el cuello buscando la mirada de Víctor.

– ¡¡Fóllame fuerte, más fuerte!!, ¡¡¡quiero correrme, quiero correrme!!!, ¡¡¡vamos fóllame más fuerte!!!, ¡¡no te pares!!

– Shhhhhhhhhhhhhh, tranquila, dijo Víctor sacándosela y dándole unos golpecitos de nuevo en el sensible coño de Claudia, – Todavía no, estás justo en el punto que quería, no te muevas.

Víctor se levantó y sacó algo del bolso del pantalón, era un pequeño bote del tamaño de un pintalabios que desde donde estaba me parecía un vibrador. Pero no era eso, abrió la tapa y apretándolo salió una especie de gel transparente.

Era lubricante anal.

Volvió a ponerse de lado detrás de ella y con suavidad se lo untó a la entrada del culo. Claudia notó el frescor de la crema y el dedo de Víctor entrando con facilidad en sus paredes intestinales.

– Esto te va a relajar la zona, shhhhhhhhhhhhhhh, disfruta…ahora voy a darte por el culo delante de tu marido…

Claudia volvió a mirarme, tenía la boca entreabierta y no podía dejar de gemir. Con las caricias que estaba recibiendo a veces cerraba los ojos, pero los volvía a abrir para no perder el contacto visual conmigo. Estiró la mano hacia atrás y le agarró la polla a Víctor para pajearle mientras él hacía lo propio con su culo.

Ella misma echó las caderas hacia atrás haciendo que la punta de la verga de Víctor le rozara varias veces el ano. Estaba ansiosa y no se podía aguantar más, pero él no quería precipitarse, esta vez tenía que salir bien. Ahora mientras hacía el efecto de anestesia la crema Víctor ya tenía dos dedos dentro de su esfínter y Claudia parecía estar a punto de explotar de un momento a otro.

– ¡¡Vamos métemela, métemela!!, te lo juro que no puedo más…ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhh, voy a correrme si sigues así…

– Ya está casi listo, han pasado 5 minutos desde que empezamos, dijo Víctor.

– Ven aquí, ¡¡hazlo ya, joder, vamos!!, ¡¡MÉTEMELA POR EL CULO!!, ¡¡¡DAME POR EL CULO VAMOS!!!, dijo Claudia poniéndose a cuatro patas.

Tuve que soltarme la polla para no correrme cuando vi eso, Víctor colocó un cojín debajo del cuerpo de mi mujer para que estuviera más relajada y Claudia pegó la cara contra el colchón esperando lo que se le venía. Víctor se puso de rodillas detrás de ella untándose ahora la polla con el lubricante, la tenía hinchadísima y todavía me preguntaba cómo iba a ser capaz de meter semejante verga en el culito de mi mujer.

Yo hacía tiempo que había tenido que parar de masturbarme, veía a Víctor tan seguro de sí mismo que ni por un instante dudé que Claudia fuera a salir de la habitación sin ser follada por detrás. Desde luego que la tarea no iba a ser sencilla, mi mujer es cierto que estaba salidísima y al borde del orgasmo, pero también era cierto que por mucho lubricante que usaran la física era la física y aquella polla me parecía bastante más grande que el sitio por donde querían hacerla entrar.

Con una mano se agarró la verga y con la otra sujetó a Claudia por la cintura. Apuntó directamente al objetivo y al primer contacto ella cerró los ojos en una muesca de dolor y luego chilló.

Empezaba el espectáculo. Y yo tenía un asiento en primera fila.

El agujero del culo de mi mujer se veía increíblemente abierto y lubricado como nunca lo había visto, estaba claro que Víctor había hecho un gran trabajo con los dedos y ahora tenía que recoger los frutos, pero los gritos de dolor de Claudia desde el principio no presagiaban nada bueno.

– AHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHH, joderrrrrrrrrrrrrrrrrr que dañooooooooooo, despacio, despacio, despacio….ahhhh ahhhh ahhhh ahhhh, despaciooooo, AUUUUUUUUUUUUUUU AUUUUUUUUUUUUUUUU AHHHHHHHHHHHHHHHH….

– Tranquila, relájate, estamos empezando todavía, dijo Víctor untándose un poco más de lubricante en los dedos y masajeando de nuevo la zona anal para luego introducírselos con bastante facilidad en el culo.

Este masaje lograba relajar a Claudia por unos instantes, pero se le cambiaba por completo el rostro cuando Víctor enfilaba la entrada con su verga. La sujetaba por la cintura, luego tiraba del hombro de Claudia hacia él y mi mujer volvía a gritar a cada intento.

– Auuuuuuuuuuuuuuuu, auuuuuuuuuuuuuuuu, ahhhhhhhhhhhhhhhh, me duele muchooooo, ahhhhhhhhhhhhhh…

Cada vez entendía menos el afán que tenía Claudia en ser sodomizada. Podría estar disfrutando de una buena follada, de haberse corrido ya varias veces, de tener una enorme polla en la boca y una corrida caliente y espesa en su cara, pero ella seguía insistiendo en que Víctor se la metiera por el culo. Y a cada intento gritos y más gritos de dolor.

Víctor ya no sabía qué hacer, había echado todo el lubricando del mundo, pero ni por esas. Se preparó para un nuevo intento.

– Ahora sí, te la voy a meter despacio, muy poco a poco, shhhhhhhhhhhhhh, respira, eso es…respira, shhhhhhhhhhhhh, tranquila…

– Ahhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh, despacio…ahhhhhhhhhhhhhh…ahhhhhhhhhhhhhhhh

Se quedó unos segundos con la polla pegada a su culo, para que Claudia se fuera acostumbrando. Se la debía haber metido un poco.

– ¿Qué tal?, sigo un poquito más…

– AHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHHHHHH, diosssssssssssssssss que dañoooo, despacio, despacio, ahhhhh ahhhhh ahhhhh…sigueeeeeee, ahhhhhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia mordiéndose rabiosa el puño.

– Shhhhhhhh, ya va entrando, relájate…

– Me duele muchoooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Víctor se giró hacia mi sonriendo.

– Mira cornudo, recuerda bien este momento, ¡¡¡voy a follarme el culo de tu mujer!!!, ¿te gusta lo que ves?, lo está pasando un poco mal tu mujercita, pero te aseguro que lo está disfrutando, ¿quieres que siga un poco más?, ya ha entrado un poquito, dijo informándome de sus progresos.

Yo seguía sentado en el sofá, volví a sujetarme la polla con la mano, pero había parado de meneármela hacía tiempo. Por un lado, me gustaba ver a mi mujer así de sumisa y ofreciéndole el culo, pero por otro lado no me gustaba nada que estuviera sufriendo tanto. Quizás cegada por la calentura no sabía ni lo que estaba haciendo. Y a pesar de todo el coño le goteaba literalmente sobre la cama, como un grito abierto.

Volvió a chillar cuando Víctor avanzó un poco más con la polla en su recto. Luego se detuvo de nuevo para que ella se fuera acostumbrando al dolor.

– ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHH, QUE DOLOR!!!, dijo Claudia mordiéndose el puño otra vez.

– Ya ha pasado lo peor, queda muy poquito, mintió Víctor que tenía fuera casi toda la verga.

Al siguiente empujón el grito de Claudia se tuvo que escuchar en todo el hotel. Supe que era el final.

– AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, PARA, PARAAAAAAAAAA, PARAAAAAA, ¡¡NO PUEDO MASSSSS!!, lo siento, no puedo masssss, me duele muchooooo, déjalo Víctor, te lo digo en serio, para ya…

– No podemos parar ahora, la tengo casi dentro…

Claudia movió el culo hacia delante y hacia un lado y el poquito de polla que le había metido Víctor se le salió de dentro. Tenía el ano completamente abierto y enrojecido y se puso la mano sobre una de sus nalgas para intentar mitigar el dolor.

– Me duele mucho…

Entonces Víctor cuando vió que todos sus esfuerzos y el trabajo previo realizado se habían derrumbado se enfadó bastante.

– Joder, para que te mueves, ahora se ha salido…tendremos que volver a empezar de cero, dijo en un tono bastante agresivo que no me gustó nada.

Ni por asomo pensé que Claudia iba a dejar que lo intentara de nuevo, sin embargo, ella seguía en la misma postura de rodillas, con la cara pegada al colchón y ofreciendo su culo para ser follado. Víctor no se iba a dar por vencido tan fácilmente y se volvió a poner detrás de ella. Antes la soltó un buen azote en las nalgas para descargar su rabia.

– ¡¡No te muevas zorra!!, vamos a intentarlo otra vez…

– Para un poco Víctor, espera, todavía me duele…deja que me recupere…espera un poco…

– Si, esperamos se te va a cerrar el culo…¿lo tiene bien abierto, verdad cornudo?, ¿le habías visto el culo alguna vez así a tu mujercita?…

– Te ha dicho que esperes un poco, dije yo poniéndome de pies.

– Está bien, tranquilo, dijo levantando las manos en son de paz.

Para evitar estar frente a mi Víctor se subió en la cama e hizo que Claudia levantara la cabeza sujetándola por el pelo.

– Ahora vas a ser buena y me la vas a comer, puede que esté un poco sucia, pero no te importa, ¿no?

A Claudia le dio igual que acabara de tener la polla metida en su culo, sin pensárselo dos veces comenzó a chupársela otra vez. Eran los preliminares a una nueva tentativa por parte de Víctor a intentar encularla. Yo me quedé de pies sin saber qué hacer, estaba claro que mi mujer seguía muy excitada, sin correrse y no se le habían pasado las ganas de que Víctor la sodomizara.

Estaba a menos de un metro del culo de mi mujer que seguía a cuatro patas, con el agujero abierto unos dos centímetros, yo tenía la polla erecta en la mano y vi el bote de lubricante en la cama. No me lo pensé dos veces. No estaba dispuesto a volver a presenciar como Víctor la hacía daño y pensé que, si alguien se merecía dar por el culo a mi mujer, ese era yo.

Cogí el bote de lubricante y me lo eché por toda la polla, ellos no se dieron cuenta, solo se escuchaba el ruido de succión de Claudia tratando de tragarse la enorme verga de Víctor. Cuando la tuve preparada me acerqué a su ano y me apoyé en los glúteos de Claudia que al sentir mis manos en su cuerpo dejó de mamársela a Víctor.

– ¿Qué haces zorra, porque te paras?, dijo Víctor guiando de nuevo la cara de mi mujer contra su entrepierna.

Pero ella se giró, cuando se quiso dar cuenta yo había apuntado con mi polla en su culo y había hecho diana. Víctor me lo había dejado tan abierto que no digo que fuera fácil, pero me fui abriendo paso por sus entrañas de manera firme y decidida sin detenerme hasta que mi pubis chocó contra sus nalgas.

¡¡¡Tenía toda la polla dentro del culo de mi mujer!!!

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, diosssssssssssssssssss, ahhhhhhhhhhhh, gimió Claudia.

Víctor se puso de pies como un rayo y vino a mi lado.

– ¿¿¿¡¡¡Pero qué coño haces!!!???, ¡¡quien te ha dado permiso para venir aquí!!…

La pegué una embestida fuerte a Claudia. PLAS.

– ¡¡¡Para, estate quieto joderrrr!!!, ¡¡ese culo es mío, ese culo era para mí!!, dijo Víctor empujándome.

– Quita joder, le dije con un manotazo antes de volver a agarrar fuerte por las caderas a Claudia.

Otro par de embestidas duras. PLAS PLAS. Se las daba bien fuerte, quería que los cuerpos sonaran al chocar.

– AHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHH…

– Que te estés quieto joder, dijo Víctor echándose las manos a la cara…ese culo es mío, ¡¡mierda joder!!…ese culo era mío…

Pero ya no le escuchaba. Ahora era mi momento.

Era lo que había estado esperando después de 15 años de relación con Claudia, por un lado, siempre a su disposición, el mantenido y el colocado de “los Álvarez”, el calzonazos, el que siempre había estado a su sombra haciendo lo que ella quería, el hombre florero y que por otro lado tampoco había sabido satisfacerla sexualmente, no fui capaz de dejarla embarazada, me pasé años y años sin poder tan siquiera empalmarme, sin poder metérsela.

No era más que un pobre desgraciado. Un puto CORNUDO.

Y allí estaba con la polla dura como nunca la había tenido, sujetando a Claudia por la cintura y follándomela por el culo. Además, con el cabronazo de Víctor a mi lado diciendo no sé qué, le oía, pero no le escuchaba, le había vencido en su propio terreno, el cornudito, el patético le había levantado a Claudia en sus narices, era humillante para él y una gran victoria para mí, sobre todo cuando vi como mi mujer rabiosa se metía la mano entre las piernas para acariciarse el coño.

– AHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHH, sigueeeeeeeeeeee, sigueeeeeeeeeeeeeeee…voy a corrermeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhhh, ¡¡¡VOY A CORRERMEEEEEEEE!!!

Aquello me puso eufórico, hinchado en mi orgullo, me hice grande, la sujeté bien para poder follármela más duro todavía, de repente era un súper macho, podía aguantar lo que quisiera. El culo de Claudia rebotaba contra mi cuerpo y salía disparada a cada embestida seca y fuerte que la daba. Ella no dejaba de gemir, incluso me permití el lujo de darle un buen azote, ¡¡¡PLAS!!! que retumbó en toda la habitación y pareció encender más a mi mujer.

– AHHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHH, asiiiiiiiiiiiiii, asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigueeeeeeeeeeeee, asiiiiiiii, me gustaaaaaaaaaa, ahhhhhhhh, me gustaaaaaaaaaaa, dijo Claudia girándose hacia atrás para que viera la cara de guarra que ponía.

Aquello tenía que haber durado toda la vida, pero no creo que estuviera más de tres minutos destrozando su culo. Víctor estaba sentado a mi lado con los codos en las rodillas y las manos en la cabeza, hundido y derrotado, sin saber cómo había pasado, ahora era yo el que mandaba en esa habitación, el que me follaba por detrás a Claudia gracias a sus previos.

Nos vino el orgasmo casi simultáneamente, con un golpe final de cadera incrusté toda la polla en el culo de Claudia que ya se estaba corriendo, chillando como una cerda, sin dejar de masturbarse y de lanzar el culo contra mi cuerpo.

– ¡¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHH AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH SIGUEEEEEEEEEEEE SIGUEEEEEEEEEEEEEEEEE, ME CORROOOOOOOOOOOOOOO JODERRRRRRRRR SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII ME CORROOOOOOOOOOOOOOO AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!,SIIIIIIIIIIIIIII, DIOSSSSSSSSSSSSS, AHHHHHHHHHHHHHHH, QUE BUENOOOOOOOOOO, AHHHHHHHHHHHHHHHH…

Yo con las manos en su cintura me quedé quieto dejando que ella hiciera el trabajo, esa sensación era tan maravillosa que tuve que cerrar los ojos mientras me vaciaba dentro de sus intestinos, uno, dos, tres, seis, siete, no sé cuántos lechazos solté, pero mi polla no dejaba de temblar en un orgasmo interminable para los dos a la vez que Claudia no paraba de rebotar su culo contra mí.

Nos dejamos caer hacia delante, todavía estaba dentro de ella y jadeábamos intensamente, me quedé tumbado boca abajo encima de ella, dando pequeños besos en su espalda y en su hombro, Claudia pasó la mano hacia atrás acariciándome también los glúteos.

Al otro lado se oía a Víctor que se estaba vistiendo, escuchamos el ruido característico del cinturón al abrocharse y ni tan siquiera miramos hacia él, era evidente que en ese momento estaba de más, ya no pintaba nada, debía de estar muy cabreado, no tardamos en escuchar el portazo de la habitación cuando Víctor salió sin despedirse.

Yo seguía con la polla dentro del culazo de Claudia. No podía estar más satisfecho, aparte de haber enculado a mi mujer también le había dado una merecida lección a aquel tipo. En ese momento me encontraba tan bien y satisfecho oyendo los gemiditos de Claudia que creo que me quedé en un estado medio dormido, completamente relajado.

Me supuse que era la última vez que veríamos a Víctor, lo primero que pensé es que íbamos a perder a nuestro corneador y que se abrían una serie de interrogantes en nuestra relación. Encontrar a otro que reuniera todas las características que tenía Víctor era prácticamente imposible. ¿Qué pasaría a partir de ahora?, ni idea. No sabía qué nos iba a deparar el futuro, pero una cosa estaba clara, esto no se iba a detener.

Claudia ya tenía el fuego encendido dentro de su cuerpo.

Continuará…

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