ALMUTAMID

Cuando me desperté Claudia se había ido ya a clase. Me había dejado una nota en le mesa dándome instrucciones para el desayuno y avisándome de cuando volvía. Me puse una camiseta y salí en calzoncillos al baño pensando que no habría nadie. Pero al salir del baño me encontré con Tita de frente que me dio los buenos días pero no pareció incomodarse por verme en calzoncillos. De hecho me acompañó a la cocina y me ofreció café mientras yo me ofrecía a hacer tostadas que rehusó por ya haber desayunado.

La chica me acompañó en el desayuno sentados en los taburetes de la cocina contándome cosas de su pueblo, en dirección a Roma mientras me preguntaba por mi ciudad. Yo le sonsaqué por como solían divertirse en el piso los fines de semana y me contó que ella salía algo más pero que Claudia apenas salía a tomar algún café. Los fines de semana habían organizado alguna fiesta en el piso con alumnos Erasmus. Le mostré mi curiosidad por aquellas fiestas recordando mi aventura en aquel piso de Erasmus a final del curso pasado donde Silvia terminó comiéndose tres pollas hasta donde yo supe. La chica me explicó que la gente llevaba comida y bebida y ponían música y conversaban o bailaban por las habitaciones de la casa.

Necesitaba preguntarle si había sexo en aquellas fiestas pero no sabía cómo planteárselo sin que pareciera un interrogatorio sobre mi novia. Intenté sonsacárselo preguntándole si se quedaba gente a dormir tras las fiestas pero me dijo que ella no se metía en las habitaciones de los demás. Me había pillado. Pero intenté disimular contándole la fama que tenían las fiestas Erasmus en España y me respondió riendo que donde hay gente joven con ganas de divertirse siempre acaba en sexo. No sé si me provocaba o simplemente justificaba la fama que yo atribuía.

Cuando terminé de desayunar le pregunté donde podía ducharme y me ofreció el baño que ella compartía con Claudia. Cuando salí ya vestido se ofreció a enseñarme la ciudad por la mañana y me fui encantado con ella. Era una ciudad oscura típica del norte de Italia con sus edificios de ladrillo rojo pero donde se notaba la importancia de la universidad en la cantidad de gente joven, cafeterías y pizzerías. Y por supuesto salsa bolognese por todas partes. Tita era bastante agradable y fue muy amable conmigo toda la mañana hasta que regresamos al piso para que en cuanto llegaran Gianni y Claudia irnos de puente a los Alpes.

Gianni y Claudia llegaron juntos para comer con nosotros dos. Comimos unas pizzas prefabricadas y en menos de media hora íbamos de camino a los Alpes atravesando el valle del Po. Para cuando empezamos a subir las primeras estribaciones alpinas ya había anochecido privándome de disfrutar los paisajes. Durante todo el camino Claudia iba contándome anécdotas de sus casi dos meses ya de estancia allí y hablándome de los estudios. Me di cuenta que en realidad teníamos poco que contarnos pues nuestras charlas habituales por mensajería o videollamada ya anticipaban gran parte del contenido. Pero estaba sentaba en el asiento trasero del Fiat de Gianni acariciando sus muslos y mirándola a los ojos.

Como a las 8 llegamos a una aldea al pie de los Dolomitas. Allí habían reservado un bed and breakfast para los 3 y habían avisado que llegaba un cuarto que era yo. Cuando vi la habitación me decepcioné, pues era un cuarto no muy grande con 2 literas, además los baños eran compartidos repartidos entre chicos y chicas. Aquello era un albergue que servía desayunos. De hecho la mayoría de la gente iba preparada para hacer senderismo pues la temporada de nieve no había empezado todavía.

Cuando tuve ocasión le comenté a Claudia mi decepción por el alojamiento por no tener intimidad:

-Princesa, yo quería estar a solas contigo…
-Pero gordo, si hubiera sabido que venías me habría organizado de otra manera. Ya sabes que no ando sobrada de dinero y no iba a perder este viaje. Mejor contigo, así tengo mejor recuerdo de este sitio.
-Pero yo quiero…ya tu sabes contigo…-le dije acariciándole el culo.
-Ya veremos cómo lo hacemos…jajajaja. Que yo también te tengo ganitas.

Tras organizar el dormitorio nos fuimos a la aldea, Cuatro calles con un albergue y dos restaurantes. Cenamos en el más barato de los dos y sintiendo como bajaba la temperatura nos fuimos al albergue. Podéis imaginaros mi frustración cuando me vi aquel viernes en que había hecho el esfuerzo de viajar hasta Italia para ver a mi novia jugando a las cartas con sus compañeros de piso en una habitación de albergue mientras nos bebíamos una botella de grappa. Además Gianni sin dejar de mostrar buenas maneras no ocultaba cierta hostilidad a mi presencia, y aquello me estaba mosqueando.

Cuando llegó la hora de acostarnos ellos dos dormirían en una litera y nosotros dos en la otra. Me chocó que se cambiaran de ropa delante de mí todos, Gianni con unos slips mostrando su cuerpo velludo y las chicas en bragas y sujetador. Al menos se quitaron los sujetadores cuando ya se habían puesto camisetas para dormir. Por no parecer raro me quité los pantalones y me dispuse a acostarme en calzoncillos con una camiseta pues no había llevado pijama para dormir con mi chica. Pero esa naturalidad me indicaba que no era la primera vez que se cambiaban juntos. Me estaba mosqueando aunque yo confiaba en la capacidad de Claudia de apartar el sexo cuando estaba centrada en los estudios.

Por supuesto pasé de mi cama y me acosté con Claudia pero sin intimidad ninguna no podíamos ni hablar por no molestar. Y menos cuando empecé a meterle mano agarrando sus tetas y empezó a pedirme que me estuviera quieto. Como yo no paraba de intentar meterle mano se puso seria. Me aparté de ella pero dándose cuenta de mi molestia se abrazó a mí y me susurró al oído: “Mañana”.

No está mal dormir con tu novia pero después de tanto tiempo sin verla no te conformas con dormir abrazaditos. Te apetece un buen polvo. Pero el viajecito de marras y el pudor que de golpe le entró a mi chica con sus compañeros de piso me cortaron las alas y me hinchó las pelotas.

No soy de esos tíos que quieren follar a toda costa cuando tu chica no tiene ganas. Aunque forcé alguna situación con María, con la que ni siquiera llegué a hacerlo, y con Viqui, el simple hecho de que mi pareja tuviera la regla o simplemente no tuviera ganas no me suponía más contratiempo que tener que esperar. Esto era diferente. Parecía como si Claudia no se alegrara de tenerme allí tanto como yo esperaba o quizá le había incomodado mi sorpresa cuando tenía otros planes. Y no me cabreaba su poca disposición a mí sino más bien la actitud hostil del tal Gianni.

Por la mañana al menos se despertó prodigándose en besos y caricias y me dejó sobarla un poco bajo las sábanas pero evidentemente me privó del polvo mañanero que seguramente habría caído de estar solos. Nos levantamos, aunque yo tuve que esperar un rato a que s eme bajara la erección y nos duchamos. Me tocó acompañar al italiano con el doble corte de no saber qué hablar con él y el de despelotarnos juntos. Lo primero no fue difícil pues apenas me dirigió la palabra explicándome el funcionamiento de los grifos algo diferentes a los de aquí. Lo segundo me supuso la sorpresa de ver como el chico a pesar de ser muy velludo llevaba el pubis rasurado y mostraba una polla colgona bastante considerable para estar relajada que disimulaba en los slips. Yo ya empezaba a olerme que su hostilidad venía de que tenía algo planeado hacia Claudia en aquel viaje y yo se lo habría fastidiado, aunque no entendía el papel de Tita en aquello. Indagaría.

Pero algo de complejo me entró de pensar que mi chica tuviera algo ya con aquel tío y ya hubiese probado aquella polla. Intenté apartar el pensamiento recordando como Claudia a pesar de estar interesada en mí me había evitado sexualmente hablando todo el curso y la importancia que le daba a los estudios. Por tanto en mi mente enganché la idea de que era el italiano el que buscaba a mi chica y ella le daba calabazas. Y la confirmación de mi existencia terminaba de estropearle el plan. Pero también con cierta machurronería mientras me duchaba limpiándome bien la polla replegando mi prepucio me congratulé de que la pollita que se follaba a Claudia era la mía y no aquel pollón.

Pese a todo mientras nos secábamos el italiano por fin me habló preguntándome por cómo nos habíamos conocido Claudia y yo y cuánto tiempo llevábamos juntos. Por supuesto en lo segundo lo engañé dándole a entender que éramos pareja desde principios del curso anterior para que no se pensara que llevábamos sólo unos meses en los que la mayor parte del tiempo habíamos estado separados.

Nos reunimos con las chicas para desayunar en el comedor del albergue en una confusión de lenguas, italiano, alemán, francés y español de todos los hospedados aquel puente. Después siguiendo el plan que ellos tenían previsto compramos comida en una tiendecita de la aldea para hacer una ruta de senderismo a un lago cercano. Hacía frío y cuando levantó la niebla pude divisar un paisaje espectacular de cumbres nevadas sobre prados verdes donde destacaban especialmente las cumbres rocosas de los Dolomitas tras los cuales se encontraba Austria. El problema es que todos iban pertrechados con ropa de senderismo y buenos abrigos de plumas pero yo llevaba unos botines y vaqueros. Pese a todo no puse reparos e iniciamos la marcha de unos 4 kilómetros hasta el lago para comer allí y regresar al pueblo antes de que anocheciera.

Durante la marcha pude hablar más o menos a solas con Claudia. Así parecía mi chica de siempre mostrándose abierta, cariñosa y comunicándome lo contenta de que yo estuviera allí con ella. No insistí en el tema sexual pues no quería que pensara que sólo quería verla para darme el lote. Pero en un momento dado la conversación tomó otra deriva:

-¿Hay algún motivo por el que tu amigo me mire tan mal?
-¿Quién? ¿Gianni? Pero si es superamable.
-Contigo. Yo creo que le gustas.

Claudia se puso colorada y no supo qué decirme así que yo insistí:

-Apenas me habla y me trata como si le molestara mi presencia. Sólo encuentro ese motivo.
-Luis, de verdad- habló por fin- Yo no me he dado cuenta. Te juro, que yo no…
-Claudia. Tranquila. He dicho que le gustas. Nadie mejor que yo puede entender que tú le gustes a alguien. No te culpo. Pero te lo estoy diciendo para que lo sepas. A veces los tíos interpretamos amabilidad con lo que no es y nos hacemos esperanzas…

Claudia se quedó un rato en silencio y yo no insistí. Así llegamos a un mirador desde el que ya se veía el lago, precioso, encajado entre abetos y peñas con las omnipresentes cumbres nevadas siempre de horizonte. Allí nos reagrupamos y se hicieron fotos. Claudia insistió en hacérselas conmigo mientras Tita nos enfocaba mostrándose muy cariñosa conmigo delante de sus amigos, algo que había evitado hasta entonces. Parecía como si quisiera demostrar algo. Yo encantado de marcar territorio delante del italiano.

La comida resultó más afable con los 4 charlando al fin naturalmente y con Claudia pegada constantemente a mí con piquitos y caricias en el muslo. Yo la correspondía abrazándola por la cintura. Podía parecer exagerado o simplemente un reencuentro. Pero mi chica parecía querer decir claramente quien era su chico. Sin embargo, Gianni empezó a mostrarse más afable, especialmente cuando empezamos de nuevo a beber grappa tras la comida. En el lago fue comer y poco más pues había que regresar pronto para que no nos cayera la noche, aunque no había gran peligro de perderse pues la ruta estaba muy bien señalada y había bastantes senderistas.

Durante el camino miré el móvil un momento y había recibido varios mensajes, entre ellos de Marta y Nieves. Aproveché para contestarles con la excusa de mandar una de las fotos que nos habíamos hecho a Víctor. Entre que llegamos al albergue, nos duchamos, cenamos en el mismo restaurante y echamos otras cartas en el suelo de la habitación echamos el día. Mi duda era si Claudia aceptaría mis requerimientos sexuales aquella noche o seguiría cortada por la presencia de sus amigos en la habitación.

Al acostarnos ocurrió lo mismo que el día anterior. Nos cambiamos los cuatro en el dormitorio. Yo directamente ni me puse camiseta para dormir, pero mi chica sí que se puso una para poder quitarse el sujetador son enseñar las tetas delante de sus compañeros. La tarde había sido más distendida. Gianni se había mostrado menos seco conmigo y Tita era una chica bastante divertida de modo que el hecho de ir teniendo más confianza conmigo y la actitud de Claudia inequívoca hacia mí nos hacían parecer ya aquella noche aderezados con más grappa un grupo de amigos de acampada.

Incluso Claudia estaba más relajada pues me pareció que evitaba a su compañero de piso más pendiente de mí. Se ve que por su mente no se había pasado la idea de que ella le gustara al chico. O era totalmente consciente y estaba cortada porque yo me había dado cuenta. No lo iba a averiguar ahora que la sentía de nuevo cercana a mí tras un día en el que dudé.

Nos acostamos juntos y tras apagar la luz sin decir nada empecé a meterle mano por debajo de la camiseta. Fue a pararme pero cuando fue a sujetarme el brazo le planté los labios en la boca y sentí como dejaba de intentar zafarse. Mi mano se paseó libremente por sus tetas y con el trabajo de mi boca en la suya y en su cuello noté como se excitaba con una respiración más profunda. Sólo al sonar más de la cuenta uno de mis besos intentó detenerme de nuevo pero busqué con mi mano su raja dentro de su braga encontrándomela mojada así que le susurré al oído: “Qué ganas tengo de clavarte la polla…”. Gimió levemente señal de que ya estaba entregada. La litera de sus amigos estaba apenas a 3 metros y precisamente el que dormía abajo era Gianni que seguro que era consciente de que había movimiento en la litera de al lado.

Mi mano ya se hundía entre sus piernas y Claudia se abrazaba a mi cuello comiéndome la boca con ansia. De hecho hacíamos más ruido de respiraciones y besos que antes pero ya no se preocupaba. Aun así su actitud era pasiva. No buscaba mi sexo y salvo devolverme los besos se dejaba hacer por mí. Así que me decidí a comprobarlo quitándole las bragas.

Su impulso fue intentar que no se las quitara pero cuando me susurró que parara fui yo quien siseó para que no hiciera ruido desarmándola y consiguiendo quitarle la prenda destapándola de modo que de haber luz la habrían visto desnuda de cintura para abajo. Inmediatamente me quité los calzoncillos. Por fin su mano acarició mi polla que estaba durísima por la doble excitación de estar con mi chica y el morbo de que el italiano supiera que iba a follar con mi novia a escasos metros de él.

En cuanto tuve ocasión me encajé entre las piernas de Claudia en la postura del misionero. Mi polla encontró con facilidad la entrada a su coño caliente y húmedo deslizándose hasta que mis huevos chocaron contra su piel y mi chica vació sus pulmones en un largo suspiro abrazándose a mí. Pese a la tentación de bombear para rozar nuestros sexos me quedé incrustado en ella mientras me abrazaba entre gemidos limitándome a contraer los glúteos para que me sintiera dentro. Miré hacia la cama de los italianos y me pareció que Gianni nos observaba. Eso me envalentonó y empecé a bombear cada vez más fuerte. Mi chica casi me mordía el hombro para intentar controlar sus gemidos mientras yo intentaba darle cada vez más fuerza a mis embestidas.

Mi chica se agarraba fuerte a mí mientras pegaba su boca a mi piel. Con la emoción del momento mientras la follaba acerqué mi cara a su oído y susurré a ritmo de follada: “Te quiero Claudia…” Su gemido de respuesta ahogado pareció decir “Y yo también” pero en realidad lo que me indicaba es que su orgasmo llegaba como comprobé al paralizarse su respiración estirándose justo antes de convulsionar ligeramente. So orgasmo me sobreexcitó y no paré de darle pollazos aunque no dejara de temblar. Pero la sobreexcitación tiene como contraprestación la aceleración del propio orgasmo y no podía correrme dentro de Claudia ni manchar las sábanas.

La avisé entre susurros de que estaba apunto pero ella sumida en su propio placer no reaccionó así que sin más me salí de ella que se quejó con un gemido lastimero al vaciarle su chocho hinchado de placer y poniendo mis piernas alrededor de su pecho de rodillas en la cama dirigí mi polla a su boca. Al sentirla mi chica empezó a chupar aunque su mano no apretaba mi culo como otras veces. Me pareció sentir en la oscuridad que se tocaba ella misma. Envalentonado de nuevo empecé a follarme su boca. En medio de la excitación miré hacia la cama de Gianni. Nos estaba observando. Lo sabía. Podía adivinarlo en la oscuridad. Por eso cuando llegó mi orgasmo, mucho más intenso que el que tuve la primera noche con Claudia. De los que sientes por toda la espalda y especialmente en los huevos llenando la boca de mi chica de semen espeso sin disimular mis gemidos roncos. Una vez vaciados los huevos, no sé por qué motivo pues nunca lo hacía, busqué mis calzoncillos, besé a Claudia, me los puse y me levanté de la cama para ir al baño.

Al abrir la puerta se iluminó la habitación llegando un haz de luz al cuerpo de mi chica que se había quedado relamiéndose con las piernas todavía flexionadas y abiertas y su chocho descubierto. Gianni se revolvió en su cama. Estaba despierto.

Camino del baño me crucé con dos chicas que salían del femenino que ni repararon en que iba sólo en calzoncillos o lo disimularon muy bien. Me lavé la polla en un lavabo y meé. Cuando regresé al dormitorio de nuevo se iluminó ligeramente. Mi chica estaba tal y como la había dejado. Volví a la cama, nos tapamos y la giré para dormir abrazados mientras miraba desafiante al italiano sin saber si realmente me veía.

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