ALMUTAMID

Las semanas siguientes me encontré hablando por mensajería con Claudia y Nieves indistintamente aunque hacía videollamadas con mi novia y llamadas telefónicas con mi amiga. Una noche durante la cena Víctor nos confesó un problema a Marcos y a mí. Desde que estaban de vuelta del verano casi no se habían liado Lourdes y él. En la residencia no podían, en la calle dio a entender que se habían metido mano en algún rincón oscuro. Y él se moría por echar un polvo con su novia. Ella no quería oír hablar de hostales ni nada parecido.

Marcos confesó que ojalá el tuviera con quien liarse, recordándome en ocasiones a mí mismo un año antes. Yo guardé silencio. Ni siquiera Víctor sabía mi “amistad” con Nieves. Pues yo tenía la capacidad de separar mis dos mundos, mis dos ciudades, donde estudiaba y donde me había criado, de modo que los mantenía como espacios estancos sin comunicación más que aquello que a mí me interesaba contar.

Intentamos maquinar la fórmula para poder meterla en la residencia y echar un polvo. Marcos y yo le ofrecimos nuestro dormitorio el fin de semana pero Víctor dudaba que Lourdes aceptara sabiendo para lo que era pues aunque conmigo no había problema apenas conocía a Marcos. Yo no conseguía entender como una chica que le había comido la polla a su novio delante de mí se volvía tan remilgada ahora. Pero ¿alguien las entiende?

Al final Víctor lo consultó con Lourdes que prefirió pasar una noche completa de fin de semana antes que ir un rato una tarde a echar un polvo mientras nosotros esperábamos. Eso requería mayor encaje, pues Marcos podía dormir en el dormitorio de Víctor con su compañero pero yo necesitaba que me prestaran otra cama. La única persona con confianza para eso era Vanessa y me ofrecí a hablarlo con ella. Ella se iba de finde a su pueblo. Desde que Óscar se había ido apenas se quedaba los fines de semana dada la cercanía de su pueblo, aunque las malas lenguas de la residencia decían que tenía un maromo en el pueblo que la ponía mirando para Cuenca todos los fines de semana. Ella se iba el finde y me prestaba su cama pero creí conveniente preguntárselo a su compañera por si le molestaba que un tío durmiera en la cama de abajo.

Me pasé por el dormitorio de Vanessa y Ángela una tarde al volver de correr. Vanessa no estaba y le conté el asunto a Ángela. La chica con el desparpajo que ya había demostrado sólo me puso dos objeciones tras observarme:

-Por mí no hay problema Luis, pero sólo te pido que te duches y que no ronques.

Siguiendo con picardía yo le respondí:

-Si quieres te doy a oler el sobaquillo cuando venga pues hasta el momento ninguna mujer se ha quejado durmiendo conmigo.
-Jajaja. Creído el niño…
-Hablaba de los ronquidos porque de lo otro ya ando servido.-respondí con chulería.
-Jajajaja- rio de nuevo- Con la novia en Italia te matarás a pajas…
-Eso es cosa de mi mano y mía, lista.
-Tranquilo, que tampoco me preocupa tu vida sexual…
-Entonces ¿me mudo el sábado?
-No hay problema.
-Vale, gracias. Se lo digo a mis amigos. Bueno una cosa más- añadí- Yo seguramente saldré y volveré a la hora de cierre de la residencia. Si estás durmiendo intentaré no hacer ruido.
-Muy considerado. La verdad es que estoy saliendo poco porque la mayoría de mis compañeros de clase son de la ciudad y tienen sus amigos con lo que ando un poco desplazada.
-Pues niña, vente con nosotros. Así entramos juntos y te presento gente.
-Me lo pienso…-contestó dudando.
-Decídete antes del finde. Gracias.
-No, gracias a ti por invitarme.

La verdad es que me resultó más agradable que el primer día que hablamos. Me dio la sensación de que se hacía la dura pero que eso era una coraza por algún motivo y ella misma se extrañó de mi ofrecimiento. Pero también me dio la sensación que tener un amigo con novia que no buscara nada sexual le daba seguridad. Total que me monté mi película con la chica más llevado por la curiosidad de compartir dormitorio con una casi desconocida que por plantearme nada con ella, pues como le había dicho a ella misma en la conversación. “Yo de eso andaba servido” y no era precisamente con Claudia en aquellos momentos.

Por fin llegó el sábado. La busqué por la mañana y sin mucho insistir se apuntó a salir conmigo. Intenté convencer a Marcos para ver si se conocían y el chaval espabilaba pero el muy huevón no se atrevía. Yo, por mi parte, había vuelto a quedar con Marta sin saber con quien más había quedado ella. Por la tarde llevé una muda y ropa para dormir, unas calzonas y una camiseta a la habitación de Ángela para dejar despejado el dormitorio a Víctor y Lourdes tras ducharme. Esperé a que Ángela se arreglara y la esperé en el vestíbulo de la residencia. Por fin apareció dejándome de piedra con una estética que no me esperaba, pero que en el fondo me recordó a Claudia: medias rotas de rejilla con falda vaquera ajustada, top negro ajustado a sus pechos pequeños y chupa de cuero. Además estaba maquillada con los labios negros y los ojos muy marcados.

Al final me vi yo solo toda la noche con cuatro chicas más preocupadas por conocerse entre ellas que de echarme cuenta a mí por lo que cuando más conversación tuve fue de regreso con Ángela a la residencia agradecida por haberla invitado y encantada de haber tratado con mis compañeras de clase, Que se habían caído muy bien y que la habían invitado a volver a salir con ellas. Yo estaba menos eufórico que ellas pues me había aburrido gran parte de la noche mientras ellas hablaban y hablaban. Pero evidentemente no se lo hice saber a mi nueva amiga tras haberme solucionado la papeleta de dormir en su cuarto. Ahora había que organizarse para cambiarnos y dormir.

Subimos a la habitación intentando no hacer ruido aunque Ángela venía con una risita floja. Habíamos bebido algo y se notaba. Yo antes de llegar a la habitación entré al baño de chicos porque venía meándome. Cuando regresé al dormitorio Ángela no estaba cogí mi neceser y regresé al baño a lavarme los dientes. De nuevo al dormitorio y Ángela no volvía así que me cambié de ropa con cierta diligencia para que no me pillara en gayumbos y provocar alguna situación incómoda para la chica.

Me dio tiempo a cambiarme y no volvía. Ya sabemos cómo son las mujeres en el baño. Me metí en la cama a esperarla y apagué la luz. Me quedé medio adormilado cuando regresó.

-Ya estoy aquí, Luis…-dijo flojito.

Pero preferí hacerme el dormido y no contesté. La chica convencida de mi sueño encendió la luz y empezó a cambiarse de ropa. Disimuladamente la observé pues aunque estaba de espaldas a mí pude ver perfectamente como se quitaba el top quedando en sujetador, la falda y las medias comprobando que culito tan bien puesto tenía bajo las braguitas negras. Se quitó el sujetador aunque no le pude ver bien las tetas por estar de espaldas a mí aunque ya sabía que eran pequeñitas. Se puso una camiseta y vino para la litera.

Cerré los ojos con cuidado de no ser descubierto pero no la sentí subirse a la cama de arriba así que de nuevo los abrí con disimulo y me encontré a escasos centímetros con su barriguita y sus braguitas negras. Debía estar acomodando algo arriba y tenía los brazos levantados de modo que se le subía la camiseta hasta media barriga dejando su ombligo descubierto y aún más cerca de mí sus muslos de chica deportista enmarcando las braguitas negras en las que se marcaban ligeramente sus labios. La verdad es que la niña estaba muy rica.

Por otra parte me sentía un poco mal pues tenía la sensación de estar espiándola. Probablemente ella se habría comportado de otra manera de saber que yo dormía y no me habría permitido disfrutar del espectáculo visual que me estaba dando a tan corta distancia.

Al poco Ángela subió por la escalerilla a su cama y noté como se hundía ligeramente el somier. Estaba cansado y me quedé dormido al poco. Me desperté por la mañana y tras volver de mear y lavarme la cara pregunté a Víctor y Marcos si bajábamos a desayunar a la calle. Me encontré a Ángela despierta con la misma camiseta y braguitas de la noche de pie desperezándose. Tras saludarla le pregunté si se apuntaba a desayunar con nosotros. Era lo mínimo tras dejarme dormir allí. Debió pasárselo tan bien la noche anterior que se apuntó sin problema. Se puso unos vaqueros y se fue al baño momento que yo aproveché para cambiarme de ropa. Cuando volvió le dije que la esperaba abajo para dejarla que se cambiara tranquila.

Marcos me esperaba ya y sin dilación le conté todo sobre la chica incluida la escena de verla cambiándose y lo buena que estaba. Los ojos se le salían de la órbita. Más cuando le expliqué que se venía a desayunar con nosotros. De hecho le propuse que la próxima vez que Lourdes se quedara en la residencia durmiera él con la chica por si surgía algo. El chaval negaba diciendo que una chica así jamás se fijaría en él. Cada vez me recordaba más a mí mismo.

Por fin llegó Ángela y le presenté a Marcos. El chaval no podía estar más cortado. No hablaba ni casi se atrevía a mirarle. La escena m recordó demasiado a la que viví mi primer día de residencia cuando Óscar me enseñaba el edificio y nos encontramos a Vanessa y Claudia. ¿Quién iba a decir que aquella chica que casi ni reparaba en mí sería hoy mi novia? ¿Y quién iba a decir que aquel chaval cortado y silencioso conseguiría tener de novia a alguien como ella? Pero así había sido y me lo apunté para contárselo a Marcos y animar al chaval.

Al instante apareció la parejita y salimos ligeros al ver donde solíamos desayunar los domingos. Presenté Ángela a la pareja y Lourdes le agradeció el gesto pero miró a la chica dando a entender que era demasiado guapa como para dejarme a solas con ella. Fue un desayuno agradable. De hecho cuando volvíamos a la residencia Ángela insistía en agradecerme que la invitara a salir la noche anterior y la presentara a mis amigos. Marcos seguía en silencio hasta que nos despedimos en el pasillo. Cuando la chica le dijo “Adiós Marcos”, se puso colorado como un tomate y balbució un tímido “Adios…”

Por la tarde tuve mi videollamada con Claudia. El jueves la vería por fin pero ella no lo sabía. Tras saludarnos y contarnos nuestras cosas mi chica me dijo:

-Ya me he enterado que tienes una nueva amiga en la residencia.
-Te lo ha contado Lourdes. Como para engañarte…tienes espías, jajaja.
-Y que duerme en mi cama…
-Sí. Muy buena gente. Me ha dejado dormir en la cama de Vanessa para que Lourdes y Víctor pudiera…
-¿Y qué la has estrenado?
-Qué burra eres a veces, jajaja.-respondí.-Se la he presentado a Marcos a ver si el chaval se espabila pero creo que ella le da mil vueltas.
-Eso me suena, jajaja.
-Ah ¿sí?
-Sip, jajaja. Niña inteligente conoce a chico tímido y guapo.-dijo con una sonrisa de las que llenan una habitación entera.
-Y sigue siendo tímido.-añadí.
-Ni de coña. Que se ande con cuidado esa Ángela, que el compañero de Marcos tiene su peligro…que en esa habitación había otra niña el año pasado y la terminó camelando, jajaja.
-Pero esa niña me traía loquito. La de tonterías que hice para encontrarla…
-Jajaja. Que calentones más tontos te llevaste Luis, jajaja. Me acuerdo todavía el día del repaso de anatomía que te empalmaste.
-Me empalmaste…
-Tampoco te cortaste.-me afeó.
-Ni tú…
-Estaba a dos velas, gordo, por lo menos alegrarme la vista.
-Claro y yo después a meneármela por tu culpa.
-No te quejes que te llevaste tu premio…
-Meses después…
-¿Alguna queja?-preguntó aparentando seriedad.
-Sí. No hacerlo contigo todos los días…

Se puso muy seria y suspiró. No me respondió porque me adelanté a recordarle cuanto la echaba de menos y a decirle que ya faltaba menos para vernos. Ella se lamentó que hasta navidad nada y yo aguanté sin adelantarle la sorpresa.

Por fin llegó el día de volver a reunirme con Claudia. Para poder encajar vuelos baratos iba a perder casi dos días de clase pero merecía la pena. Al mediodía cogí un autobús a Málaga. Alli otro que me llevó al aeropuerto desde donde salía un vuelo a Frankfurt y tras un trasbordo de casi dos horas un vuelo a Bolonia. Una vez allí cogí un autobús hacia la zona de la universidad donde busqué le dirección que Claudia me había dado. Eran cerca de las 10 de la noche cuando llegué a la calle que tenía anotada. Apenas había nadie por la calle pese a ser una ciudad universitaria, algo que contrastaba bastante con la ciudad donde yo estudiaba. Llamé el portero electrónico y me contestó una voz masculina. Torpemente me limité a decir su nombre, pero la voz me respondió en italiano algo que no entendí. Probé con el inglés:

-Good afternoon, I am looking for Claudia.

Se hizo un silencio pero a los pocos segundos se escuchó la voz de mi chica:

-Hi, I am Claudia…
-Claudia soy Luis…

Se hizo un silencio que me pareció eterno y por fin sonó su voz de nuevo:

-¿Luis? ¿Qué haces aquí? Jajajaja. Sube.

Se abrió la puerta y entré a un portal de un edificio de principios del siglo pasado con escalera ancha y ascensor de jaula encajado entre los tramos de escalera. Cogí el ascensor hasta la 3ª planta y en cuanto abrí la puerta Claudia se me tiró encima abrazándome y comiéndome a besos. Desde luego era el recibimiento esperado.

-¿Pero estás loco? ¿Qué haces aquí?-me preguntó sin soltarme.
-No aguantaba más sin verte y quería darte una sorpresa.
-Y bien que me la has dado. Ven dentro y me cuentas.

Claudia estaba preciosa con uno de sus atuendos habituales de andar por casa aunque como en el piso debía hacer más fresco que en la residencia andaba con unos leggins negros que le hacían un culito precioso y una de sus camisetas ajustadas de tirantas sin sujetador que tan nervioso me ponían el curso anterior cuando aún no había disfrutado de sus pechos.

Entramos al piso, antiguo como el edificio pero bastante renovado. De hecho a pesar del frío de la calle tenía una temperatura agradable. Claudia me condujo al salón donde había dos chicos y una chica. Me presentó a los dos pero el más rubio tras saludarme se retiró a su dormitorio. Los otros dos eran los italianos. Tita y Gianni. Claudia me había hablado de ellos pero no los conocía ni por fotos.

Tita era una chica bajita, algo regordeta y con dos peras enormes sobre las que asomaba una cara pequeña pero muy italiana, con boca y nariz grande y ojos pequeños enmarcadas en una melenita castaña. Me saludó afectuosamente con dos besos. Sin embargo, Gianni se mostró más serio. Le calculé 23 o 24 años, siendo mayor que nosotros. Además era muy alto y delgado, con una media melena típica italiana y ojos verdes enmarcados en una cara angulosa de nariz grande y barba cerrada. Estaba en pantalón corto y mostraba unas piernas bastante velludas al igual que el pecho, pues por el cuello de pico de a camiseta que llevaba asomaba su vello pectoral. Me saludó con un fuerte apretón de manos. Claudia me hizo pasar a su dormitorio a soltar es escaso equipaje que llevaba. Me preguntó si había cenado y me dijo que mientras me ponía cómodo me preparaba algo de comer.

Me fijé que todos andaban en calcetines por el piso y me quité los botines quedándome con el vaquero que llevaba y una camiseta. Claudia me llevó a la cocina donde había una mesa con taburetes y me comí una tortilla con una cerveza que me preparó. Le expliqué mi impulso de ir a verla mientras su sonrisa no le cabía en la cara. Cuando terminé de contarle la peripecia me dijo muy seria:

-¿Traes ropa de abrigo?
-Pues lo normal…¿tanto frío hace?-pregunté extrañado.
-Mañana nos vamos a los Alpes. Ya lo teníamos preparado, donde cabn 3 caben 4. Y si no yo te hago hueco.-me espetó abrazándome por la espalda haciéndome sentir sus pechos como la primera vez que nos abrazamos. Casi había olvidado esa sensación.

Giré el taburete y me puse frente a ella para besarla y agarrarle el culo, pero en ese momento entró Gianni en la cocina y Claudia se soltó de mí para girarse al italiano y decirle:

-Luis viene con noi sulle Alpi…
-Luis é il tuo ragazzo?- preguntó el chico.
-Sì. E mi ha fatto una sorpresa.- respondió eufórica.

El italiano no parecía ni contento ni conforme con mi llegada y cuando Claudia sacó unas cervezas al salón para celebrarlo seguía con cara de pocos amigos. Mi primer pensamiento fue: “Spaguetti si tenías en mente algo con mi novia ya estoy yo aquí”. Aunque después recapacité: “Mierda, yo me voy el lunes…” Entremezclando español, italiano e inglés pudimos los 4 mantener una conversación contándonos de donde éramos, qué estudiábamos y tal hasta que se hizo tarde y nos fuimos a dormir. Ellos tenían clase a la mañana siguiente y al mediodía nos iríamos de puente. Yo estaba deseando irnos al dormitorio para meterle mano a Claudia y se ve que ella también pues en cuanto cerró la puerta estaba quitándome la camiseta y besándome el pecho.

Fue un polvo de esos atropellados. Más de necesidad que de placer. Pues en apenas 5 minutos estábamos los dos en bolas en la cama, Claudia me había dado dos chupetones en la polla pero no la había dejado seguir porque yo quería comerle las tetas y apenas estaba succionando sus pezones ya se había montado sobre mi polla cabalgándome. Lo mejor fue que en dos arremetidas mi chica se estaba corriendo. Y eso que volver a follar a pelo me hizo sentir el doble.

Como echaba de menos sus orgasmos tan intensos con las contracciones de su rostro y su temblor de piernas. Le vino tan subitamente que me dió tiempo a bajarla de encima mía para poder penetrarla yo a mi ritmo en un misionero ya más sosegado. Aun así mi chica me sentía bien pues sentí como se corría de nuevo aunque con menos intensidad. Me salí de ella tumbándome a su lado mientras acariciaba su vientre que se contraía ligeramente y cuando se recuperó me besó y se abrazó a mí. Me sorprendió lo silencioso que había sido el polvo pero supuse que era por evitar que sus compañeros de piso nos escucharan. Pero por fin habló:

-Ufff. Gordo. Como echaba de menos follar contigo. Pero no te has corrido.-dijo mientras me masturbaba.-¿Dónde me la quieres dar?
-Donde tú quieras…

Me sonrió y sin pensarselo se metió bajo las sábanas para comérmela. Ya no me acordaba de lo bien que mi chica lo hacía pues en dos chupadas y apretones de huevos le estaba llenando la boca de semen que mi chica tragó sin rechistar. Después me besó y acomodándose sobre mi cuerpo me dijo:

-Y ahora a dormir que mañana hay clase y ya tendremos tiempo de contarnos todo…

Y apagó la luz. Pero no fue capaz de dormirse por lo que nos pasamos un buen rato hablando abrazados hasta que nos quedamos dormidos como más nos gustaba.

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