ANDER MAIS

Capítulo 7

Juegos íntimos

Me desperté al día siguiente y seguía sin noticias de Víctor. Solo esperaba tener algún momento libre para poder enviarle algo o llamarle pero, al ser sábado, era complicado ya que Natalia estaba por allí y no podía arriesgarme. Ese día, además, noté algo extraña a mi chica. Iba todo el día con el móvil encima y, cuando nos sentamos un rato en el salón a ver la tele, no paró de escribir como manteniendo una conversación con alguien.

Cuando le pregunté me dijo que chateaba con una amiga y, aunque sospechaba que no era cierto, hice como si no le diera importancia, pero presté atención al patrón de desbloqueo por si, en algún momento, podía echarle una ojeada a su teléfono y descubrir algo más.

Al poco de terminar de comer, me llamó mi madre para ver si podía acercarme a su casa y llevarla a ella y a mi abuela a hacer unas compras. No me apetecía mucho salir en aquella tarde de frío, pero no podía negarme ya que mi padre no estaba en casa ese día para llevarlas. Se lo comenté a Natalia por si le apetecía venirse conmigo, pero no mostró demasiado interés y decidí irme solo. Antes de marcharme, quedé con mi chica que cuando volviese iríamos a dar una vuelta y al cine.

Salí de casa sabiendo que tenía un par de horas por delante hasta mi regreso y aproveché ese momento para enviarle un mensaje a Víctor, interesándome por lo ocurrido la tarde anterior. Siempre tenía la sensación que Natalia me ocultaba cosas, que no acababa de decirme toda la verdad.

—¿Qué pasa, tío? ¿No me dices nada de lo de ayer? —Fue mi mensaje.

—Ya hablaremos… ahora mismo estoy regresando a Madrid… te llamo en cuanto pueda… —me respondió cuando ya casi estaba llegando a casa de mis padres.

Tuve la sensación que me estaba dando largas y que, con toda probabilidad, no iba a recibir nada suyo en las próximas horas. La verdad es que me cogió por sorpresa su respuesta. Después de la complicidad de los últimos días, ahora me encontraba con que no tenía tiempo para mí y que había faltado a su palabra de mantenerme informado ya que, desde aquella foto de las dos chicas yendo al baño, no había vuelto a saber nada de él. Todo eso hizo levantar mis sospechas y que mi mente volviera a volar por libre. ¿Acaso había ocurrido algo entre ellos? ¿Algo que no me querían contar?

Me arrepentí de no haber ido a espiarles. Tantas cosas podrían haber ocurrido en aquellas horas en que no sabía nada de nada. Si hasta podían haberse acostado y yo sin enterarme ¡Joder! Quizás había pecado de ingenuo confiando en él porque, ¿quién me decía que no habían seguido en contacto después del verano? Que yo hubiera estado cuatro meses sin saber de él, no quería decir que ella hubiera hecho lo mismo. Natalia podía seguir conservando su teléfono, pues había compartido en un chat con Riqui y Víctor aquellas conversaciones subidas de tono y aquel vídeo de ella tocándose para ellos.

Quizás eso explicase también lo de los vídeos; quizás le excitase lo del ciber sexo, porque eso precisamente podría ser lo que ella llevaba haciendo todo este tiempo con él desde la distancia. Y, quizás, esas prendas nunca habían sido para mí sino para él; las ropas que se ponía para jugar con su amante virtual.

Quizás Víctor, viendo lo ocurrido durante el verano y mi súbita desaparición, había creído que, si quería disfrutar de mi chica, la mejor forma de hacerlo era a espaldas mías. Puede que llevaran meses tonteando por internet y que yo, pecando de iluso, hubiera facilitado un encuentro que puede que incluso ellos antes ya hubieran pactado.

Me sentí como un idiota mientras todos estos pensamientos me asaltaban. ¿Cómo podía haber confiado en un tío al que apenas conocía? Y, aunque creía que era improbable que algo de eso hubiera ocurrido entre ellos, no podía quitarme de la cabeza esa mínima posibilidad. Víctor era un tío experimentado en esos temas, un tío que había sido capaz de hacer todo lo que hizo con Begoña a las pocas horas de conocerla. ¿Qué no iba a ser capaz de hacer con mi chica que ya había dado muestras de ser fácil de convencer en, como mínimo, dos veces, con Riqui y con Alberto?

—Hola, amor… ¿ya has llegado?

El mensaje de Natalia me sorprendió mientras seguía ofuscado en mis pensamientos. Aproveché un semáforo para responderle.

—Me falta poco. ¿Por?

—Solo era por saber si habías llegado ya. ¿Para cuándo crees que volverás?

—Supongo que tardaré una hora y media, más o menos.

—Vale. Era para ver si me daba tiempo para una siestecita antes de arreglarme para salir esta noche. Ve con cuidado… te quiero…

—Hasta luego, besos.

Ya, hasta en algo tan cotidiano como era preguntarme por si había llegado, veía cosas raras y confabulaciones contra mí. Maldije en aquel momento el haber salido de casa y desear regresar cuando antes. Estaba ya casi llegando, cuando mi teléfono volvió a sonar pero, esta vez, era mi madre. Por lo visto, se había presentado en casa mi tío y se había ofrecido a llevarlas, así que ya no era necesaria mi presencia con lo que podía regresar ya, lo cual no voy a negar que en aquellas circunstancias me alegró enormemente.

Di la vuelta y regresé a casa. Por el camino, pensé que, si ella cuando llegara estaba durmiendo la siesta, podría aprovechar para fisgonear en su teléfono. Natalia llevaba todo el día pegado a él, manteniendo conversaciones continuas y, aunque seguía queriendo creer que nada había ocurrido, que todo era tal como me había contado Natalia, tenía la imperiosa necesidad de saber más, de averiguar algo más.

Quizás también así podría saber quién eran aquellos dos tíos del gimnasio con los que iban ella y Andrea, si mantenía algún tipo de contacto con Víctor o, peor aún, con Riqui o su ex Alberto. Total, viendo que Víctor no tenía ninguna prisa por contarme nada, aquel era mi único camino para salir de aquel mar de dudas donde estaba sumido.

Media hora después, aparqué el coche al final de nuestra calle. Subí hasta nuestro piso y abrí la puerta con toda la cautela del mundo. Al fondo, proveniente de nuestra habitación, se escuchaba música a un volumen bastante alto. Me acerqué hasta allí deduciendo que era donde debía estar mi chica procurando no hacer ruido y, cuando llegué a la puerta, aprovechando que la tenía medio entornada, miré al interior de la habitación.

Natalia estaba tumbada sobre la cama, aun despierta, con unas braguitas grises y una fina camisa azul medio desabrochada por donde casi podía ver sus pechos. En su mano, como no, el dichoso móvil y parecía enfrascada en algún tipo de conversación con quien fuera. Sonreía, se removía inquieta y no apartaba la mirada del aparato.

Así pasaron varios minutos en los que dudé en si dejarme de tonterías y entrar, aprovechar que mi chica iba ligerita de ropa e intentar algún tipo de acercamiento sexual pero, de pronto, ella detuvo la conversación y me pareció concentrada en mirar algo que había en el móvil. Desde mi posición, era imposible ver lo que era pero estaba casi seguro que era algún tipo de foto.

Apoyó el móvil sobre la cama y vi como abría del todo su camisa dejando al descubierto sus tetas que empezó a tocarse al momento, apretándolas, acariciándolas, pellizcándolas. Todo esto, sin apartar la mirada de la pantalla del móvil, concentrada en lo que fuera que estuviera mirando.

Vi como mojaba sus dedos en su boca para luego recorrer con esos dedos sus pezones, erizándolos, endureciéndolos, recorriendo con lentitud la circunferencia de sus areolas. No tardó en entrecerrar sus ojos y que pequeños gemidos empezaran a escapar de sus labios, matándome de celos y de lujuria.

Natalia parecía cada vez más excitada y, completamente tumbada sobre la cama y con sus ojos totalmente cerrados, llevó sus dedos dentro de su braguita para acariciar su sexo mientras con la otra mano seguía estimulando sus pechos de forma alternativa. La música, cadenciosa y sensual, marcaba el ritmo en que ella se tocaba y yo, espectador de lujo, me moría por entrar y abalanzarme sobre ella pero, a la vez, también me moría por saber qué es lo que había provocado que ella estuviera así o quién.

Con su cabeza reclinada, sus labios entreabiertos gimiendo sin cesar, los ojos entornados y sus manos no dejando de moverse, Natalia estaba totalmente entregada a la paja que se estaba haciendo, disfrutando enormemente como demostraba el rictus de placer reflejado en su rostro.

Yo, al otro lado de la puerta, solo podía imaginar y hacer conjeturas sobre lo que estaba ocurriendo allí dentro. ¿Riqui? ¿Víctor? ¿Alguno de aquellos tíos del gimnasio? No tenía ni idea pero el hecho de ver a mi chica masturbándose así, hacía que mi polla estuviera completamente dura y que la excitación hubiera ganado la batalla a los celos como siempre solía ocurrir.

Encima de la cama, Natalia, buscando mayor libertad de movimientos, se deshizo de sus braguitas, quedándose desnuda de cintura para abajo y pudiendo ver su coñito rasurado, húmedo, abierto donde enseguida volvió a posar sus dedos, acariciando sus labios, su clítoris, mientras su cuerpo se agitaba sobre la cama dejándose llevar por sus instintos más primarios.

Era incapaz de apartar la mirada de mi chica, de ver como disfrutaba masturbándose de aquella manera, sin importarme la certeza que lo estuviera haciendo pensando en otro que no fuera yo, cachondo perdido viéndola y escuchándola.

Natalia, ya próxima a su orgasmo, movió ligeramente su cabeza, volviendo a abrir sus ojos y fijándolos de nuevo en el móvil que volvía a tener en su mano. Otra vez observando aquella foto pero ahora, en aquella nueva posición, pude distinguir que la foto era de un hombre desnudo tumbado sobre una cama, confirmándome mis sospechas.

Reanudó sus tocamientos, ahora con mayor intensidad y brío, buscando el orgasmo liberador, mientras con la otra mano sostenía el móvil y sus ojos no se apartaban de la foto de aquel hombre que la había puesto en ese estado enfebrecido. No duró mucho así, enseguida lo dejó caer sobre la cama y, mientras con una mano atacaba sin piedad su clítoris, los dedos de la otra se colaban en su interior, penetrándose como si le fuera la vida en ello.

Sus gemidos subieron de intensidad, sus ojos volvieron a cerrarse, su cuerpo se agitaba sobre la cama de forma descontrolada y hasta mí llegaba el intenso olor a sudor y sexo mientras, fascinado, vi como su pelvis se alzaba de forma violenta mientras un largo gemido agónico se escapaba de su garganta, delatando el orgasmo recién alcanzado.

Tras unos segundos de convulsiones y pequeños gemidos postreros que rápidamente se fueron apagando, ella quedó derrengada sobre la cama, respirando agitadamente, agotada por la tremenda paja de la que acababa de disfrutar.

Poco después, se abrochó la camisa y recogió el móvil que, esta vez, depositó sobre la mesita mientras lo ponía a cargar. No sabiendo si iba a salir de la habitación, me apresuré en retirarme de allí por miedo a ser descubierto. Salí del piso y volví a la calle a dar un paseo y así regresar más o menos a la hora en que se suponía que debía hacerlo.

Ahora, en frío, no sabía cómo tomarme lo que acababa de presenciar. Empezaba a ver que las cosas se escapaban a mi control. No sabía si confesarme con Natalia y ver qué pensaba ella o seguir como hasta ahora, fingiendo no enterarme de nada. Estaba claro que me excitaba el verla con otros hombres pero yo quería hacerlo de forma activa, participar en ello y ya habían pasado demasiadas cosas sin tenerme a mí presente.

Pero me daba miedo hacerlo. Estaba claro que, como fantasía, a ella también la excitaba el tema pero, quizás no tanto el compartirlas conmigo. No entendía cómo, habiendo mostrado más de una vez que aquello no me importaba, ella prefería hacerlo a mis espaldas.

Opté por lo fácil, callar y seguir viendo qué ocurría antes de precipitarme y joderlo todo. Sentía un miedo atroz a que, si me lanzaba, fuera peor el remedio que la enfermedad y todo se fuera al traste. Por nada del mundo estaba dispuesto a perder a Natalia, la quería demasiado.

Miré el móvil y, aparte de no tener ningún mensaje ni de Víctor ni de Natalia, vi que ya había pasado media hora y creí seguro poder volver a casa. Entré de nuevo en silencio y avancé hasta el dormitorio donde, ahora sí, ella dormía apaciblemente. Su móvil, sobre la mesita, era una tentación demasiado grande pero conseguí reprimir el impulso de cogerlo. Si ella llegaba a despertarse y me pillaba fisgoneando en él… no quería ni pensarlo.

Me fui al salón donde me puse a ver la tele y, a los pocos minutos, apareció Natalia ya despierta.

—Buenas, cielo… menuda siesta, eh… —dije dándole un beso.

—Sí —masculló todavía medio dormida—, me he quedado frita… ¿hace mucho que has llegado?

—Unos diez minutos… Anda, espabila que son las seis… lo digo por si aún sigue en pie lo de ir al cine y a tomarnos algo por ahí…

—Sí, sí… me apetece mucho…

Natalia se levantó del sofá y se dirigió al baño a ducharse pero, esta vez y a diferencia de otras, ni se acordó del móvil que dejó sobre la mesita. Esperé prudentemente a sentir el agua de la ducha antes de abalanzarme sobre él, desbloquearlo y empezar a rebuscar en su interior.

Me fui directo al whatsapp y no vi nada raro en él. Su última conversación, había sido con su amiga Andrea. Me metí en ella buscando la foto que había estado mirando Natalia pero la única que encontré era una hecha del día anterior, un selfie donde aparecían ellas dos acompañadas de dos chicos. Intuí que esos debían ser los dos que había visto Víctor con ellas. Uno era moreno y el otro rubito, con algo de melena pero no me sonaban de nada ninguno de los dos.

Viendo que por ahí no iba a sacar nada, decidí leer la conversación que habían mantenido durante el día de hoy, para ver si sacaba algo en claro:

—¿Qué tal, tía? ¿Al final le vendiste el seguro al madurito? —le preguntaba Natalia a su amiga.

—Joder… me acabó de despertar… menuda nochecita…

—¿Qué ha pasado? ¿Ya te has vuelto a liar a copas por ahí? Que te conozco…

—Bueno… un poco…

—Pufff… no tiene remedio…

—Ya pero mereció la pena…

—A saber lo que habrás hecho, cabrona…

—Me tienes que contar cómo conociste al tío este, a Víctor…

—¿Y qué te voy a contar? Lo que te dije ayer… lo conocimos veraneando y punto…

—Ya, ya… jajaja…

—¿Y eso a qué viene ahora? ¿Pero qué te ha contado?

—No me habías dicho nada que vas por ahí haciendo topless… jajaja…

—Joder… no sé porque te tuvo que contar eso… bueno, sí… solo fue un par de veces y porque Luis insistió en ello… ¿Y qué más te ha dicho?

—¿Y qué más tendría que haberme dicho? ¿No te liarías con él? jajaja…

—No, que va… estás fatal, tía… si tendrá 45 años o más…

—Sí, pero está la mar de bueno y parece un tío con pasta. ¿No te pone?

—Espera, espera… ¿no me dirás que has sido capaz de hacer algo con él?

—Puede…

—No me lo puedo creer… ¡serás guarra! ¡Te lo has tirado!

—¿Celosa?

—¿Yo? ¿Y por qué habría de estarlo?

—Porque he sido la primera en catar el enorme pollón que se gasta el tío… y no disimules, que sé que se la vistes en una playa nudista…

—Vale, vale… sí, se la vi… y, la verdad, es que tiene una polla de la hostia… nunca he visto nada igual, pero de ahí que me tire sobre él a las primeras de cambio como has hecho tú…

—No te hagas la mosquita muerta, que no te queda bien Natalia…

—Además, tengo novio y estoy muy bien con él…

—También lo tenías en la facultad y bien que se los ponías siempre que podías…

—Pero era Kike… era distinto… no me hagas recordar aquellos tiempos, por favor…

—Mejor hablamos luego que tengo a Luis aquí al lado…

La conversación, antes del mediodía, quedaba en suspenso hasta media tarde, y continuaba parece que justo al marcharme yo a casa de mi madre:

—Oye tía… perdona por lo de antes… no quería juzgarte ni nada… cuéntame algo más, porfi… -reinició la conversación Natalia.

—Dicen que una imagen vale más que mil palabras…

—¡Ostias! ¿Y esa foto? ¿Cómo se la sacaste?

Por lo visto, Andrea había mandado una foto pero en la conversación no había ninguna. Supuse que Natalia la debía haber borrado por si acaso, en un descuido, llegaba yo a verla.

—¿Es un pollón o no…? No me puso pegas a que se la hiciese mientras no le sacara la cara… además, me dijo que te le enseñase, tía… además de exhibicionista, creo que le gustas…

—Sí, la verdad es que es un tío muy liberal. En la fiesta apareció con una tía de su edad que, al final, se fue con un chico de nuestra edad… y no pareció molestarle…

—Parece irle ese rollo por lo que me ha contado… ya sabes… sexo libre y, si es con mujeres con pareja, mucho mejor… ¡Y cómo folla, madre mía! Nunca me han pegado un polvo así… las que dicen que el tamaño no importa, te aseguro que no han probado un pollón de ese calibre…

—Jajaja… serás guarra… luego dices que estás loca por Aitor…

—¿Y eso que tendrá que ver? Lo de este Víctor ha sido cosa de una noche… lo de Aitor es otra cosa y tú deberías saberlo mejor que nadie… ¿Qué tendrá que ver el amor con un revolcón? De vez en cuando, no hace daño a nadie… jajaja…

—Cómo eres, tía…

—¿Sabes? No hacía más que preguntarme cosas sobre ti… yo creo que le gustas… para eso quería que te enseñara su polla, para ver si te animabas… jajaja…

—¡Anda ya, tía!

—Que sí mujer… no ves que eres del perfil que le gustan a él… y bueno a casi todos… buenorra, con unas tetas de escándalo y con pareja… y encima, ya os habéis visto medio desnudos… seguro que se muere por follarte…

—Mira que eres bruta… jajaja… ¿aunque no te parece raro que, no siendo de aquí, apareciera así por el gimnasio?

—Será coincidencia, tía… no le des más vueltas a eso… por cierto, lo del trabajo que te dijo… ¿vas a llamar?

—Sí, ya se lo he comentado a Luis y parece estar de acuerdo pero, ahora, no sé… a ver qué le habrá contado de mí a ese amigo suyo…

—A lo mejor nada. Si te interesa, llama y ¿quién sabe? Lo mismo tu futuro jefe está igual de buenorro que él… jajaja… ¿Te imaginas? Así sí daría gusto ir a trabajar…

—Estás fatal, Andrea…

—Ya… pero no me dirás que nunca has fantaseado con ello… con tener un jefe cañón que te empotre sobre la mesa del despacho y te folle hasta hacerte ver las estrellas… y si es con un pollón como el de Víctor… mmmm….

—Jajaja…. Lo dicho, estás como una cabra… pero, no niego que estaría bien…

—Guarra… jajaja… cambiando de tema ¿ya te has pensado lo de venirte el sábado a la cena de ex compañeros de la uni que están preparando Dani y Aitor?

—No sé… todavía no le he dicho nada a Luis… no lo tengo nada claro…

—¿Y a qué estás esperando? El lunes sin falta tengo que decirles algo… venga, vente… a ver si de una puñetera vez Aitor se decide y me entra… además, no quiero ir sola… tú eres la única compañera con la que tengo trato…

—No sé… es que me preocupa Dani… me mira mucho y aprovecha cualquier ocasión para arrimarse… yo creo que quiere algo conmigo…

—¿Y? Mira, tú te vienes, nos lo pasamos bien y, si te apetece un revolcón, pues te lo das… no pasa nada, mira lo bien que me lo pasé con tu amigo el madurito…

—No me líes que entonces sí que no voy…

—Vale, vale… ¿entonces estás solita en casa?

—Sí. Luis ha ido a casa de su madre…

—Seguro que ahora te tocarás viendo la foto que te he mandado… jajaja…

—Va, tía… déjame un rato que quiero echarme una siesta… pesada, que eres una pesada…

—Vale… te dejo tranquila para que te toques… pero piensa en lo del sábado, eh…

—Que sí… luego salgo con Luis, que vamos al cine, y a ver si encuentro un momento idóneo para decírselo… a ver cómo se lo toma…

—Seguro que bien… te dejo para que te toques a gusto el chochete… jajaja…

—Vete a la mierda, zorrón… jajaja…

—Tú, qué eres una envidiosa…

—¿Envidiosa? Jajaja… chao…

Cuando acabé de leerme la conversación que habían mantenido las dos, me quedé a cuadros. Víctor también se había tirado a Andrea, la amiga de mi chica y, encima, le había pedido que le enseñara una foto de él que, por cierto, no estaba. Me dirigí a la galería y ver si estaba allí. Efectivamente, así era.

En ella, aparecía Víctor desnudo y tumbado sobre la cama pero sin que se le viera el rostro y, en primer plano, su polla erecta, empalmada, dura como una piedra. De fondo, se veía su torso desnudo que, para la edad que tenía, se conservaba extraordinariamente bien, delatando lo mucho que se cuidaba.

Eso era lo que había utilizado Natalia para masturbarse minutos antes. Un cosquilleo de excitación me recorrió al saber lo cachonda que ella se ponía con su polla. Estaba tan absorto rebuscando en el móvil de mi chica, que ni me di cuenta que en el baño ya no se escuchaba el agua caer.

—¡Luis! ¿Puedes venir un momento? –La voz de Natalia me hizo volver a la realidad, dejando el móvil sobre la mesita y procurando que no se notara que yo había estado husmeando en él.

Entré enseguida en el baño y me encontré a Natalia delante del espejo, en tanga e intentando colocarse un sujetador a juego pero que parecía que no conseguía hacerlo ella sola.

—Ayúdame, cielo… -me pidió ofreciéndome el broche, mientras llevaba sus manos a sus pechos para sostener las copas.

La ayudé a abrocharlo mientras aprovechaba para contemplar su escote desde atrás. Sus tetas se veían sublimes, espectaculares, redondas y firmes. Era algo que cualquier hombre desearía poseer. Viéndola, me vino la imagen de ella acariciándoselas mientras miraba la foto de la polla de Víctor. Fue inevitable que, una vez colocado el cierre, llevara mis manos a sus pechos, tocándoselos totalmente excitado.

Pegué mi erección a su culo mientras me imaginaba que era Víctor quien lo hacía; que era su pollón lo que Natalia sentía contra sus nalgas casi desnudas; que eran sus manos las que recorrían sus enormes tetas. Ella giró su cabeza y nos besamos apasionadamente y, por un momento, sentí que los dos pensábamos en lo mismo, que ambos imaginábamos que el que la besaba era Víctor y no yo.

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