ÁNGELA DALMAR

Él cuenta…

La miraba y no podía creer. Casi veía en sus ojos un mundo ausente, uno en el que yo ni existía. Se apagó la luz que tenía y ni siquiera sabía si es triste o contenta. Se veía tan neutra y tan insípida. No podía creer que me había enamorado de una mujer como ella. Ya no sé le veía la misma sonrisa y cuando sus ojos parpadeaban, ya no sentía el corazón vibrando.

Tenía ganas de preguntarle porque… ¿Por qué cambió? ¿Por qué se quedó en esta oscuridad?

Intenté comprenderla mejor y mientras miraba su rostro, me di cuenta que es otra persona, que esa  mujer robó la felicidad y la energía de mi chica.

Quería romper el silencio, ya era difícil verla de frente sin sentir nada, como si estaría en frente de algún desconocido, pero necesitaba decir algo. Quizás oyendo su voz, mi corazón reaccionaría de otra manera y le dije:

-Pasó mucho tiempo…

Me cortó las palabras tocándome la mano. La tenía fría y en este instante me miró a los ojos sin sonreír y me dijo casi susurrando:

-El tiempo siempre pasa, incluso para verme, en cambio tú no vienes nunca…

Me había cerrado la boca. Quizás tenía razón, aunque solo sentía odio y dolor en su voz, sus palabras me habían enterado mi último pensamiento de amor que tenía para ella. Me había olvidado aunque me esperó por tanto tiempo, aunque iluminaba mi mundo sin necesidad de tenerla o estar a su lado…

Ella cuenta…
Me sentía neutra, sin amor, sin odio, sin dolor, sin nada. Estaba en paz conmigo y con mi vida tranquila, a punto de aceptar mi destino sin esperar que algún día podría cambiar algo. No tenía este poder, ¿a quién mentir? No podía cambiar nuestro destino y aunque toda la vida lo intenté, estaba cansada y llena de sueño. Mis ojos ya no miraban como antes este mundo, solo querían descansar porque se habían quedado abiertos por más de 80 años, quizás han visto cosas que poco podían ver, quizás se enamoraron de uno y otro o quizás ellos enamoraron a los demás.
No estoy segura de nada, nunca fui! Y ahora este desconocido que me mira así, como si fuera un descubridor, como si yo sería América. Ya no soy para esto…
Ya no espero ningún hombre galán que venga a buscarme así que si no es la Muerte, ¿para qué viene?
-Pasó mucho tiempo…
Lo miré a los ojos muy dura, tomándolo de la mano para que no sienta el miedo, cambié mi voz y le dije directamente en la cara:
-El tiempo siempre pasa, incluso para verme, en cambio tú no vienes nunca…
Y en este instante regresaron tantos recuerdos, como si mi enfermedad me dejaría por fin ver un poco de mi pasado. La Muerte me estaba mirando sin algún sentimiento y sin darme cuenta su cara se transformó en algo muy conocido. No! Es solo el juego de la muerte, transformarse en algún querido para robarte. Lo miro con indiferencia para que se de cuenta que me da igual morir.
Pero la Muerte me besa los labios y no sé si aún estoy viva o si llegué por fin a encontrar a mi querido… Si te gustó mi texto, te invito a seguirme en mi blog personal angeladalmar.com

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