ANDER MAIS

Capítulo 6

Un encuentro inesperado

Al día siguiente me levanté cansado y ojeroso. Por suerte o por desgracia, esa mañana Natalia ya se había levantado y presentaba un aspecto lozano gracias a las muchas horas de sueño de las que había disfrutado. Y mientras trataba de levantar mi maltrecho ánimo, viéndola vestida con su pijama y sus tetas moviéndose libres por debajo, no podía quitarme de la cabeza la imagen de ella siendo follada por Víctor.

Salí hacia el trabajo donde la jornada se me hizo cuesta arriba desde el primer momento. Las horas fueron pasando hasta que llegó la hora de la comida donde me escapé para poder hablar un rato con Víctor sobre lo ocurrido anoche y el intento de toparse con Natalia esa tarde.

—Hola, ¿puedes hablar? —le pregunté.

—Sí, claro. Menuda noche, eh… ¿te gustó lo que viste, Luis?

—Bufff… espectacular… menuda loba la tal Begoña…

—Ya ves… espero que no te moleste el jueguecito que te monté con lo de Natalia…

—Qué va… si me encantó… era como si fuera ella… menuda corrida me pegué imaginando que te la estabas follando de verdad…

—Jajaja… pues me alegro por ti, tío… ya queda menos para que se haga realidad… —dijo divertido—. La verdad, no tenía planeado lo de anoche pero, cuando vi lo salida que iba la tía, me dije que no pasaba nada por intentarlo.

—¿Y eso?

—Pues, cómo te dije, su pareja es camionero y se ve que lleva varias semanas de ruta y sin catarla, así que imagínate cómo estaba la pobre… se subía por las paredes… y encima, el tío un celoso de narices… llamó mientras cenábamos y le montó un cirio al saber que estaba con unos amigos… lloró y todo, ¿sabes? Es por culpa de él que deja el trabajo en Las Oficinas, está harta de sus reproches.

—¿Y por eso lo hizo? ¿Para vengarse de él? —pregunté.

—Bueno, eso y que cuando la consolé la apreté contra mí para que sintiera bien lo que tú ya sabes… jajaja… si hubieras visto su cara cuando la notó… jajaja… ahí tuve claro que esa noche iba a hacer todo lo que le pidiera y me lo confirmó al salir cuando le dije “vamos a una discoteca a tomar algo o nos vamos directamente al hotel” Imagínate su respuesta…

—¡No jodas!

—Ya te digo. Martín conducía mientras ella, detrás, me la fue chupando hasta que me corrí en su boca… mmmm…. No se le daba mal a la madurita, se notaba que tenía experiencia y sabía lo que se hacía…

—¡Qué cabrón!

—Ya ves… ya te digo que no tenía nada planeado, surgió así… imagínate mi cara cuando le pedí que le dijera a su novio lo que quería que le hiciera y ella te llamó Luis… jajaja… por un momento pensé que se había dado cuenta que era una vídeo llamada y no que la estaba grabando como le dije… y, luego me enteré que su novio también se llama Luis… jajaja… menuda coincidencia… se ve que todos los Luises estáis destinados a lucir unos buenos cuernos… jajaja…

—Ya ves…

—Oye, ahora que me acuerdo, ¿qué era eso de un repartidor que me dijiste ayer?

—Pues nada, que pedimos una pizza y cuando llegó el repartidor, viendo a Natalia recién llegada del gimnasio con aquellas mallas y aquel top que dejaba poco a la imaginación, pues me escondí para que fuera ella quien lo recibiera…

—Joder ¿y qué pasó? ¿Se cortó o se comportó como la zorrita que sé que lleva dentro?

—Salió la zorrita… jajaja… menudo careto el del chaval cuando la vio así, marcando todo… y después, cuando se puso a buscar dinero para pagarle, allí medio inclinada mostrando escote… bufff… pero lo mejor llegó luego cuando, diciendo que no tenía dinero, fue al salón a buscarlo… el chaval, pensando que no había nadie, la siguió y allí la estuvo viendo inclinada sobre la mesa y exhibiendo culazo de mala manera… bufff… me pongo malo solo de recordarlo…

—Vaya con nuestra chica… se va soltando a marchas forzadas… si no llegas a estar, seguro que se lo tira al repartidor…

—No sé. Lo único que sé seguro es que anoche se debió meter una buena paja pensando en ella.

—Esto va muy bien, Luis. Ya estamos más cerca, te lo aseguro. Qué ganas de volver a verla esta tarde. Ya te iré contando. ¿Te imaginas que me la follo? ¿No te gustaría que lo hiciera?

—Claro… pero no así, no es el momento.

—Solo bromeaba. Hoy es solo para romper el hielo, una primera toma de contacto y de paso le comento lo del trabajo de Martín.

—Ya, pero sé discreto, tío. Tengo miedo que sospeche algo de lo que nos llevamos tú y yo. No quiero meterme en un lío que joda nuestra relación —le pedí.

—Confía en mí que sé lo que me hago.

—Sí, pero te lo repito, sé cuidadoso…

En ese momento, me entró otra llamada en el teléfono. Seguro que era Natalia, ya que ella siempre solía llamarme a la hora de comer.

—Tío, tengo que dejarte que me está llamando Natalia.

—Vale, dale recuerdos de mi parte.

—Mira que eres tonto… ya me irás contando sobre lo de esta tarde… hasta luego…

—Sí, tranquilo.

Cuando colgué, confirmé que había sido ella la que me había llamado y me apresuré a devolverle la llamada.

—Hola, vida. ¿Qué haces? —dije nada cogerme el teléfono.

—Solo quería hablar contigo. Por cierto, ¿con quién hablabas? Te he estado llamando y comunicaba todo el rato… —me preguntó Natalia.

-Con Eduardo. Está fuera y me ha llamado para preguntarme unas cosas del trabajo —me inventé para salir del paso.

—¿Y cómo es que no te ha llamado al móvil de la empresa? —preguntó recelosa.

—Ya me conoces, cielo. He salido a comer y, como soy tan despistado, me he dejado ese teléfono en el taller.

—Cualquier día vas a perder la cabeza, cielo… jajaja… —rió olvidando sus suspicacias—. Te llamaba para decirte que voy a salir a comer y luego he quedado con Andrea. Quiere hablarme otra vez del trabajo ese, está empeñada en que trabaje con ella…

—¿Pero no decías que pasabas de ese curro ya? —dije extrañado y preocupado.

—Sí, y es lo que pienso decirle. A mí tampoco me hace mucha gracia, hay algo que no me convence. Luego, a la noche, te cuento cómo ha ido la cosa ¿vale? Cuando vuelva del gimnasio…

—Vale, cielo. Ya nos veremos. Que pases una buena tarde.

—Te quiero.

—Yo a ti más.

Cuando colgué fue inevitable volver a sumirme en mis pensamientos. Aquella insistencia por parte de Andrea me preocupaba y no sabía qué pensar de todo aquello. Ahora que Natalia tenía casi decidido dejar pasar aquello y darle una oportunidad al empleo en el bar, volvíamos a las andadas. Y luego, encima, se iban a encontrar con Víctor esa tarde que, conociéndolo, alguna debía llevar en mente.

Con todo lo que se me avecinaba, sabía que me iba a ser imposible centrarme en el trabajo y, aunque nunca había hecho algo así, volví a la empresa para decirles que me encontraba mal y disponer de la tarde libre. Por suerte, no había demasiada faena y no me pusieron muchas pegas. Comí algo rápido en una hamburguesería y, cuando ya me acercaba a casa, me crucé con mi chica que iba con Andrea.

Estuve tentado de seguirlas pero era demasiado arriesgado. Preferí quedarme en casa y esperar a la hora de la salida del gimnasio. Quería ver el encuentro entre mi chica y Víctor. Aunque me fiaba de él, al no saber exactamente qué tramaba, sentía una cierta inquietud por lo que pudiera suceder.

Todo aquello me tenía al borde de un ataque de nervios. No tenía claro si me inquietaba más la extraña actitud de Andrea con mi chica o lo que Víctor pudiera intentar con ella. Lo del trabajo con Andrea cada vez tenía más la impresión que era mentira, como una tapadera para ocultar algo más aunque no sabía el qué. Estaba claro que no me fiaba de Andrea. Nunca había tenido demasiado trato con ella, de haber coincidido un par de veces alguna noche en que habíamos salido los dos de fiesta. Y hasta hacía poco, Natalia tampoco. Había sido, durante las últimas semanas, cuando habían retomado el trato y la amistad y eso me tenía mosqueado y en vilo.

Llegué a casa y me tumbé en el sofá dispuesto a descansar un poco y, porque no, dejar de comerme tanto la cabeza. Tenía la impresión que, lo ocurrido durante el verano con Erika, había hecho que me convirtiera en una persona desconfiada y veía en Andrea a una nueva Erika, alguien dispuesto a manipularme con vete a saber qué intenciones.

Andrea era una chica bastante guapa, algo más alta y delgada que Natalia y con una media melena con mechas rubias. Era asidua al gimnasio y tenía pinta de lanzada. Se la veía una chica con personalidad y de abierto carácter. Para mí, fue precisamente eso lo que había hecho que Natalia retomara su amistad con ella. Necesitaba a alguien fuerte y seguro de sí mismo a su lado, alguien que la ayudara a recobrarse del golpe de la pérdida de su trabajo y, sobre todo, de lo ocurrido con su prima.

Como no podía dormirme, decidí ocupar mi tiempo buscando el pendrive donde escondía los vídeos. En el dormitorio estaba de nuevo el portátil. Allí conecté el pendrive que había revisado el día anterior con Víctor y confirmé que allí no estaban esos vídeos cuckold que buscaba. Me extrañaba, porque estaba casi seguro que los había metido allí en su momento.

Rebusqué en todos los armarios y cajones buscando un segundo pen drive que creía tener y donde, quizás, estaban los dichosos vídeos, pero no lo encontraba. Casi a la desesperada, decidí rebuscar entre la ropa de Natalia aunque sabía que allí era imposible que lo hubiera escondido. Aunque, claro, ¿y si ella lo hubiera encontrado y quisiera tenerlo para su disfrute personal…?

Cada vez me sentía más estúpido haciendo aquello. Estaba claro que no lo iba a encontrar rebuscando en sus pantalones, camisetas, calcetines y bragas y ya eran más de las cinco y media de la tarde, hora en que ellas iban al gimnasio. Sentía curiosidad por saber qué hacían o donde estaban, pero me abstuve de enviarle ningún mensaje. Mi idea era, a eso de las seis y media, salir para tener el tiempo justo de pillarlas a la salida del gimnasio.

Y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, de desistir en mi pueril intento, en el cajón de las sábanas vislumbré un bulto sospechoso. Las aparté y mi sorpresa fue mayúscula cuando allí, aparte del dichoso pen drive, me encontré con algo que no me esperaba. Unas extrañas piezas de ropa, que nunca había visto, aparecieron junto a él.

Un sentimiento de inquietud y preocupación me embargó a medida que cogía aquellas piezas y las observaba con detenimiento. Un corsé negro y un picardías rojo con partes de rejilla y transparencias con medias, liguero y tanga a juego. Nunca había visto aquellas prendas y Natalia no tenía nada remotamente parecido a aquello pero, lo que más me inquietaba, no era el hecho que estuvieran allí, que también. Podía ser que mi chica pretendiera darme una sorpresa, que quisiera hacer algo diferente, darle un toque picante a nuestra vida sexual, pero lo que me carcomía por dentro era el hecho que aquellas prendas parecían estar usadas y que el perfume de Natalia oliera en ellas.

Nervioso a más no poder, volví a guardar las prendas donde estaban y me puse a revisar el pen drive recién descubierto. Estaba claro que Natalia lo había encontrado y visto lo que había dentro, ocultándomelo. ¿Pero por qué? Fui buscando hasta encontrar los vídeos en cuestión pero, al hacerlo, algo más me llamó la atención. Eran unos vídeos que no me sonaban de nada y que estaba seguro que yo no había guardado.

Abrí uno y apareció una chica de melena negra con grandes pechos, masturbándose delante de la pantalla del ordenador. Fui abriendo uno por uno y todos era de la misma temática: chicas de grandes pechos tocándose delante del ordenador, exhibiéndose o teniendo cibersexo. Estaba claro que aquello debía haberlo puesto allí Natalia y sentí una morbosa curiosidad por saber qué es lo que la excitaba tanto a mi chica.

Abrí otro y en ella apareció una chica morena y de grandes tetas, masturbándose sobre un sofá mientras cuatro chicos hacían lo propio delante de ella. En la parte final, ella cabalgaba un gran consolador negro mientras se agarraba las tetas, mirando y provocando a los chicos que, uno tras otro, iban descargando sobre su cuerpo desnudo. Al final, uno de ellos acababa follándosela a cuatro patas mientras los demás lo vitoreaban hasta que él se corría sobre su culo desnudo.

Por si tenía alguna duda, me quedó despejada al verlo; aquello definitivamente lo había puesto allí Natalia. ¿Era esa una de sus fantasías? ¿Pretendía darme alguna sorpresa y por eso tenía allí escondidos el pen drive y aquellas prendas tan eróticas? ¿O acaso me estaba ocultando algo de nuevo?

Me fui a la ducha después de guardar todo en el mismo lugar. Necesitaba aclarar mi mente y despejarme, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza como para conseguirlo. Su extraña amistad con Andrea; Víctor esa tarde tratando de contactar con ella y, luego, esas ropas recién descubiertas, me traían algo inquieto pero a la vez, sentía aquel cosquilleo que ya empezaba a ser tan familiar que presagiaba que algo iba a ocurrir.

Salí de la ducha con la intención de vestirme y salir hacia la zona del gimnasio donde iban ellas para ver si conseguía ver algo de su encuentro aunque, ahora en frío, lo creía altamente improbable. Sí, ella durante el verano se había exhibido para él y tocado en un vídeo que le mandó a Víctor y a Riqui pero ahora, allí, en nuestra ciudad y delante de su amiga, no creía que se comportara igual. Es más, me decantaba por creer que, si lo veía, trataría si podía de pasar de largo, hacer como si no lo conociera. Natalia se moriría de vergüenza si su amiga supiese lo que había llegado a hacer unos meses atrás con aquel hombre de por medio.

—Acabo de ver pasar a tu chica en un coche —me escribió Víctor en el whatsapp justo antes de salir de casa.

—¿Sí? ¿En un coche? ¿Dónde? —pregunté extrañado porque sabía que iban andando al gimnasio.

—Estoy en una terraza enfrente del gimnasio y pasaron justo por delante de mí…

—¿No te habrán visto? —volví a preguntar, nervioso.

—Qué va. Se pararon en un semáforo y por eso la vi. Iba sentada detrás, junto a la ventanilla, pero en ningún momento giró su cabeza hacia mi dirección. Después continuaron y fueron a un parking que hay aquí al lado.

—No entiendo nada. ¿En un coche y detrás? ¿Y no iba su amiga con ella?

—Supongo… a ella no la vi, pero sí a los dos chicos que iban delante con ellas…

No entendía nada. Natalia no me había dicho nada de ningunos chicos.

—La estoy viendo… a tu chica… viene con otra chica rubia y dos chicos… van para el gimnasio… ¡está tremenda tu chica con esas mallas, Luis!

Me vi asaltado otra vez por aquellos sentimientos encontrados que me eran tan familiares. Celos y excitación a partes iguales. Era algo parecido a lo que sentía cuando vi a mi chica con Riqui en aquel aparcamiento, o a medida que iba descubriendo cosas del pasado de Natalia y Alberto. ¿Pero quienes eran esos chicos? ¿Eran los causantes del cambio de actitud de Natalia?

—Bufff… tío, yo creo que aquí hay algo… —me volvió a escribir Víctor.

—Anda, no empieces ya. Serán solo unos compañeros y ya está… —contesté sin creérmelo ni yo mismo.

—Puede… pero están muy bien… uno tiene un cierto aire a Riqui pero en plan cachitas…

—No me suena de nada… —añadí sintiendo un pinchazo en el estómago al sentir ese nombre.

—Ya se han metido en el gimnasio… voy a dar una vuelta y a ver cómo me lo hago para verme con ella sin que sospeche nada raro…

—Ok. Ya me irás contando…

Allí, plantando junto a la puerta, ahora ya no tenía tan claro que aquello fuera una buena idea. Si Natalia me pillaba por allí, cerca de Víctor, iban a ser demasiadas causalidades. Creí que lo mejor iba a ser quedarme en casa y mantenerme a la espera, que Víctor me fuera informando a través de mensajes.

Me senté en el sofá a ver la tele y, ahora sí, me quedé dormido. Me despertó un sonido que enseguida identifiqué: acababa de recibir un nuevo mensaje.

—Hola, amor. ¿Estás en casa ya? —me preguntaba Natalia.

—Sí. ¿Tú ya has salido del gimnasio?

—Sí, pero voy a tomarme algo con Andrea… —Y con tus “amiguitos” de los que no me has dicho nada, pensé para mí-. No tardaré mucho, cariño… ¿Quieres que pille algo para cenar? Lo digo por si estás cansado y no te apetece cocinar…

—No te preocupes, tú tranquila. Ya cenaremos algo cuando vuelvas…

—Vale, hasta ahora…

Estuve tentado de mandarle otro mensaje a Víctor para saber si ya había contactado con ella, pero de nuevo conseguí contenerme. Era demasiado arriesgado. Si Natalia, por lo que fuera, viera un mensaje mío en su teléfono, se iba a montar una y buena.

Los minutos fueron pasando y yo ya estaba en un sin vivir; sin tener noticias de nadie y mirando constantemente el móvil como, si al hacerlo, fuera a provocar que alguna cosa me llegara.

Un pitido hizo que, raudo, abriera el whatsapp y viera la foto que Víctor acababa de mandarme. En ella, Natalia y Andrea, ambas de espalda, caminaban al interior de un bar. La foto parecía estar sacada desde la terraza y parecía que ellas iban al baño o a la barra y, cómo no, la foto enfocaba principalmente al culo de las dos chicas.

—¿Qué te parece? Al final lo he conseguido. Estamos tomándonos algo y tranquilo, que no sospecha nada de nada… —Fue el texto que Víctor me escribió justo tras esa foto.

—¿Pero cómo ha sido? —pregunté al instante.

—Tranquilo, Luis. Va todo bien, confía en mí… te dejo, que ya vuelven…

Recibir aquello fue peor que nada. Mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo, pareciéndome increíble que al final Víctor estuviera sentado en una terraza junto a mi chica. Yo era todo un manojo de nervios, temiendo a cada instante que mi chica descubriera todo el asunto y me llamara o, peor aún, se presentara aquí para liármela parda.

Pero lo que recibí fue un mensaje suyo unos minutos después:

—Cielo, sigo con Andrea… aun tardaré un rato… luego te cuento… besos…

—Ok —contesté de forma escueta. Ya eran pasadas las nueve y ella seguía sin venir.

Intuía, a pesar que no lo nombraba, que aún seguía con Víctor y toda la situación empezaba a convertirse en insoportable. El no saber qué estaba ocurriendo, de qué estaban hablando, me tenía los nervios a flor de piel y un continuo cosquilleo en mi estómago.

Aun tuve que esperar un rato más, casi a las diez de la noche, para saber algo más. Ya habían pasado casi dos horas desde que había salido del gimnasio y seguí sin tener noticias suyas ni de Víctor y, no aguantando más, fui yo el que directamente le envié un mensaje a mi chica para saber cuánto más pensaba tardar en llegar a casa.

—Cariño, ¿cómo vais? ¿Te falta mucho? Lo digo por ir cenando y eso…

Enseguida me llegó una llamada suya que descolgué al instante:

—Dime, cielo.

—Hola, mi amor. Ya voy de camino. Lo siento, me entretuve más de lo normal… —contestó algo nerviosa.

Por el ruido de fondo, intuí que estaba dentro de un coche. Además, me pareció escuchar a dos personas hablando cerca de ella.

—Vale, no pasa nada. Era por ir cenando y eso… ¿Vienes en coche? —pregunté buscando sonsacarle algo.

—Sí… bueno… ahora te cuento… —dejó de hablarme para dirigirse a alguien, una voz de hombre que me pareció identificar como la de Víctor que le pregunta si debía girar a la izquierda, para inmediatamente contestarle ella que sí.

—Enseguida llego —volvió a decirme, con veladas ganas de colgar el teléfono.

—Espera, cielo. ¿Vienes en taxi o es que te trae alguien?

—No… no… -tartamudeó Natalia no sabiendo cómo contestarme-, nos han acercado a casa a Andrea y a mí… ahora te cuento…

Y colgó. Estaba convencido que era Víctor el que la traía, me había parecido reconocer su voz. Aun tuve que esperar unos diez minutos más para sentir las llaves de casa abrir la puerta y que ella entrara en nuestro piso. No quise atosigarla, y decidí esperarla en la cocina mientras escuchaba como colgaba su abrigo y dejaba sus enseres del gimnasio junto a la entrada.

—Lo siento –se disculpó nada más entrar—. Si te cuento lo que me ha pasado, no se si me vas a creer…

—¿El qué? ¿Es algo sobre el trabajo de Andrea? ¿Para eso habéis quedado tanto rato? —dije tratando de no mostrar demasiado interés e intentando disimular que me moría por saber cada detalle de lo ocurrido.

—De eso olvídate, pero mira… —dijo mostrándome una tarjeta.

Martín C. (Gerente Adjunto)

Director de Personal de la Empresa.

Era evidente que aquella tarjeta se la había dado Víctor y que era de su amigo, el que decía que podía darle un trabajo a mi chica.

—¿Y esto qué es? —pregunté haciéndome el sorprendido.

—Es algo complicado de explicar. Me la acaban de dar en la cafetería donde estaba con Andrea. Es de una empresa donde buscan secretarias y he quedado en que el lunes debo llamar para concretar un día para pasarme y llevar mi currículum… —me dijo nerviosa, mientras miraba alternativamente la tarjeta y mi rostro.

—No entiendo nada. ¿Te la ha dado Andrea?

—No, no ha sido ella. Es que… bufff… ha sido todo tan extraño… es que ha sido tan chocante lo que me ha pasado al salir del gimnasio… —exclamó refiriéndose, entendí, al momento en que debía haberse encontrado con Víctor.

—A ver, dime, el qué…

—Verás, al salir, hemos pasado junto a un hombre que estaba en recepción informándose sobre precios para la sauna. Por lo visto, él se ha quedado mirándome y a mí, aunque me sonaba de algo, no lo he reconocido al momento. Me ha despistado su barba pero, al poco, me he acordado de quien era… —me contó cogiendo aire—. Te juro que iba a pasar de largo y hacer como si no lo hubiera visto pero Andrea, al darse cuenta que me miraba, me ha llamado la atención y ya no he podido hacerlo… no tuve más remedio que pararme y saludarle… Era Víctor, el tío que conocimos en verano… ¿te acuerdas de él? –dijo mirándome y esperando mi respuesta.

—¿Víctor? ¿El de la fiesta, el de la playa nudista? ¿Qué hace aquí? ¿Pero él no era de Madrid?

—Sí, pero, al parecer, ha venido por unos asuntos de trabajo y mañana ya se va. Me ha dado esta tarjeta; es de un amigo suyo y, al saber que buscaba empleo, me ha comentado que él podría ofrecerme algo… me ha dicho que es un buen trabajo… ¿qué te parece? Por probar no pasa nada, ¿no?

—Pero ¿tú te fías? —le pregunté—. Casi no lo conocemos de nada…

—Ya… pero ¿qué puedo perder? No sé, nos hemos estado tomando algo y parece un tío majo y simpático… ya lo viste en el pueblo… se portó muy bien con nosotros a pesar que yo la liase un poco emborrachándome de aquella manera… —comentó.

Estaba claro que el encuentro con Víctor no le había desagradado del todo y, encima, le había dado una nueva oportunidad para encontrar un empleo de lo suyo y hacía que la notara nuevamente animada y optimista. Seguimos un rato más hablando de su encuentro, contándome que, si había llegado tan tarde, había sido por culpa de Andrea que se había pasado toda el rato hablando con Víctor.

Había sido su amiga la que le había comentado lo del trabajo y que, de ahí, habían pasado a hablar de seguros. Me contó que Andrea había tratado de convencerle que cambiara el seguro del coche con su compañía y que, con ese propósito, se había ido con él a tomarse una copa y tratar de convencerlo.

—Por cierto, Natalia, ¿Víctor no habrá sacado el tema de lo de la playa nudista ni de ti haciendo topless, no? —pregunté haciéndome el intrigado.

—No, no… por dios, menuda vergüenza… solo ha dicho que nos conocimos en verano, que coincidimos en el mismo pueblo y nos tomamos algo una noche durante las fiestas locales… nada más… Ya te digo que parece un buen tipo y de fiar… también me ha dicho que en dos meses o así tenía que volver por aquí…

—¿Y no te dio su número de teléfono o una tarjeta o algo? —insistí.

—No, no… si al final casi habló más con Andrea que conmigo… —me dijo levantándose de la mesa para ir a cambiarse a la habitación.

La seguí y, mientras veía como se quitaba las mallas y el top del gimnasio, pensé en cómo me gustaría volver a verla vestida sexy y atrevida como aquella noche en el pueblo; salir por ahí a tomar algo y sentir como los hombres la miraban con deseo.

—Natalia, ¿por qué no salimos a tomarnos algo por ahí? Hace semanas que no salimos de fiesta… —le propuse mientras observaba como se balanceaban sus tetas al quitarse el top.

—Bufff… ¿Hoy? Estoy muy cansada, cielo… además, llevo toda la tarde por ahí…

Yo, viéndola desnuda, me acerqué hasta ella, abrazándola de frente y con mis manos agarrando sus nalgas, mientras la besaba y pegaba mi pecho a sus tetas desnudas.

—Pues podríamos poner otro vídeo de aquellos, como el otro día… tengo ganas de jugar un poco… —le susurré al oído, mientras sobaba su culo a conciencia.

Saqué el tema de los vídeos para ver si ella me confesaba algo del otro pendrive y, sobre todo, algo sobre aquellas prendas que había encontrado. Si era para darme una sorpresa, aquel era un buen momento para sacarlas a relucir.

—No, amor… no me calientes ahora, que estoy molida… ¡Para! —Me gritó cogiéndome completamente por sorpresa—. Voy a ducharme y cenamos… —exclamó apartándome y metiéndose en el baño, llevándose consigo el teléfono, cosa que me sorprendió mucho.

A pesar de su rechazo, no me sentí molesto y admiré su trasero mientras se adentraba en el lavabo. La verdad es que el gimnasio empezaba a mostrar sus frutos y su trasero se veía algo más firme y su “barriguita” mucho más plana. No pude evitar seguirla y quedarme allí dentro, contemplando como se bañaba, viendo como el agua caía sobre su cuerpo desnudo.

Cuando ella salió de la ducha, mientras se secaba con la toalla, frotándose el cuerpo entero, no pude más y me saqué la polla, empezando a masturbarme mientras ella me incitaba frotando sus grandes pechos.

—¿Qué haces, tonto? —murmuró mirando cómo me masturbaba pero sin parecer enfadada.

—Disfrutando de las vistas… No se me ocurre mejor motivo para hacerme una paja que verte así…

Ella sonrió divertida y frotó aún con más vigor sus tetas, haciendo que botaran y que estas se balancearan de una forma obscena. No tardé en tenerla dura como una piedra y es que, si no tenía bastante con verla así, no podía quitarme de la cabeza que minutos antes había estado con Víctor y este habría disfrutado de las mismas vistas que yo, pero con ella vestida, claro está.

—Joder, sí… —gemí de gusto cuando ella se agachó y engulló mi polla en su boca—. No sabes las ganas que tenía que me la chupases, cielo…

Ella siguió a lo suyo mientras yo alargaba mi mano y acariciaba sus tetas colgantes e imaginando que, tal vez, eso mismo podía haber sucedido esa misma tarde entre ella y él; que en algún momento se hubieran perdido en el baño de aquel bar y ella, arrodillada como estaba ahora, hubiera chupado el pollón de Víctor.

Natalia seguía concentrada en la mamada, poniéndole mucho interés y buscando complacerme y tuve la sensación que hacia aquello como un tipo de compensación. ¿Pero de qué? Chupaba el glande, lamía el tronco, acariciaba mis huevos… hacía tiempo que no se esmeraba tanto en chupármela de esa manera.

—Joder, Natalia… ya sé que mi polla no es como la de Víctor pero… ¿no te gustaría una así? ¿Te acuerdas cuando le vimos en la playa nudista? ¿Te imaginas comerte un pollón así?

—A mí me gusta la tuya… —dijo Natalia interrumpiendo momentáneamente la felación, reanudándola seguidamente con mayor intensidad—. ¡Qué rica tu polla, amor! —exclamó de seguido.

Cada vez le ponía más ímpetu, más ganas, mayor intensidad y yo, mirando como lo hacía y viendo como sus pechos se bamboleaban al son de sus movimientos frenéticos, tuve la certeza que ella estaría pensando en la polla de Víctor y no en la mía; y eso, en lugar de enfadarme, consiguió calentarme aún más.

Cogiéndola por las axilas, la alcé, la hice apoyarse contra el lavabo y, desde atrás, la penetré mientras la observaba a través del reflejo del espejo. Comencé a follarla a un ritmo fuerte y constante desde el principio, mientras el baño se llenaba con el sonido de nuestros cuerpos chocando violentamente con cada embate. Natalia, con los ojos cerrados, se dejaba hacer, soltando pequeños gemidos que me ponían a mil. A punto de correrme, la sujeté con fuerza de sus tetas pegándola a mí y descargué mi semen en su interior, llenándola mientras bufaba como un animal, liberando toda la tensión que había ido acumulando durante aquella tarde. Si solo imaginarme a ellos dos juntos me ponía así, no me imaginaba cómo sería cuando sucediera de verdad, cuando viera a Víctor follándose a Natalia.

El resto de la noche lo pasamos en casa como una pareja normal, cenando y viendo la tele. Volví a sugerir salir por ahí pero Natalia volvió a alegar estar demasiado cansada para ello. De Víctor, seguía sin noticias. Al final, el día acabó con más dudas que con las que había empezado. ¿Me había ocultado algo Natalia de su encuentro con Víctor? ¿Había visto Natalia los vídeos cuckold del pendrive? ¿Y aquellos vídeos de chicas masturbándose delante del ordenador? ¿De dónde habían salido el corsé y el conjunto de lencería, y porqué o para quién los escondía Natalia? ¿Y aquellos chicos? ¿Tendría algo mi chica con alguno de ellos, quizás con aquel que tenía cierto parecido con Riqui?

Aquello era un mar de peguntas. Una marejada incesante de sospechas que hacían aquello un sinvivir. Tenía que saber más. Descubrir todo lo que pudiese.

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