MOISÉS ESTÉVEZ

Tumbado bocarriba en la cama, se resistía a abandonarla. Estaba
despierto desde que María se fuera al trabajo, pero tranquilo y relajado, no le
apetecía levantarse de aquel lecho impregnado de su aroma, aunque su
necesidad de cafeína y nicotina le pudo al final.
Completamente desnudo, puso la radio para oír las noticias matinales, y
mientras el café subía se dio una ducha fría, no sin antes dejar preparado el
traje y la camisa que se pondría esa mañana, negro y blanca respectivamente.

  • Tengo que causar una buena impresión – Se dijo. Pensaba en las dos
    entrevistas de trabajo que tenía concertadas para ese día.
    Una vez se hubo vestido, se sentó en la cocina para tomar
    tranquilamente el café y echar un cigarrillo, mirando fijamente debajo del sillón
    donde el día antes había deslizado aquel sobre, el cual asomaba ligeramente
    una de sus esquinas.
  • Qué coño será y quién lo habría dejado mientras estuvieron en
    Fjälbacka – Pensó. No le gustaba, y se temía que al abrirlo y leerlo, sus
    pretéritos asuntos volvieran en forma de problemas…

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