ALMUTAMID

Me desperté con bastante resaca y molesto por como terminó la noche. Pero al mirar el teléfono me encontré con el correo electrónico de mi reserva de vuelo a Bolonia y la respuesta de Claudia a mis mensajes. Su respuesta fue la que me esperaba y la que deseaba. De hecho quedé con ella en hacer video conferencia aquella misma tarde.

Me pasé la tarde pensando de qué manera más tonta me había puesto celoso por una chica con la que hacía meses que no hablaba. Tenía que aprender a controlar esos impulsos. Pero pensándolo bien, lo mío no fueron celos. Era temor. Una cosa es que yo me acostaba con ella cuando éramos novios y otra cosa que mi dulce Viqui cayera en las manos de Pablo. Viqui no era Leyre, o al menos no era así conmigo. De hecho cortó conmigo porque no quería tener una relación basada sólo en el sexo, y sin embargo se estaba comiendo la boca con mi amigo en un pub. Daba igual. Ya no era mi problema.

Por fin a la hora que quedé con Claudia hicimos la videoconferencia. La vi tan guapa. No dejaba de sonreírme. De contarme cosas mejor que por mensaje. Estaba desatada hablando y hablando y yo extasiado escuchándola y mirándola. Mientras hablaba con ella sonó mi móvil. Era Nieves. Claudia me dijo que contestara. Yo le dije que no tenía importancia. Ella insistió en que me esperaba. Me levanté y hablé con Nieves. Había una barrilada en su facultad, quería socializar pero sus amigas no la acompañaban Había pensado en mí. Le dije que le contestaba en un rato.

-¿Quién era?-me preguntó Claudia cuando me senté de nuevo frente a la pantalla.
-Una amiga. Me invitaba a una fiesta esta noche.
-Y vas, ¿no?
-No le he contestado.
-No desaproveches un fiesta tonto que ya sabes que con Lourdes poca fiesta vas a tener, bueno, o conmigo si estuviera allí…
-Si te tengo a ti- respondí- tengo mejor que fiesta…

Claudia se sonrió. Y me respondió:

-Eso no te lo niego, jajaja. Que yo también echo de menos esos ratitos contigo…Pero oye, vete a la fiesta, a lo mejor te sale plan…-dijo guiñándome el ojo.
-¿Qué me estás diciendo Claudia? Déjate de tonterías…-contesté nervioso recordando mis polvos con Nieves.
-Ya sabes que no soy celosa. No te puedo tener a pan y agua por haber decidido irme.
-Pero es que yo quiero sólo contigo…-dije tristón.
Claudia suspiró denotando cuanto me echaba ella también de menos y poniendo su carilla pícara cuando pensaba en algo caliente me soltó:

-¿Te quieres hacer una pajilla?
-¿Qué dices loca? Jajajaja.
-Como sólo quieres conmigo a lo mejor andas cargadito.
-Pero es que así en plan frío. No querrás que me saque la polla aquí en medio…
-Para mí, tonto. ¿O no te la sacas cuando estamos juntos? Además me viene bien verla…
-¿Y eso?
-Para recordarla mejor cuando me toco pensando en ti…
-¿Te tocas pensando en mí?- pregunté con cara de tonto.
-Ya también me alivio, gordo…-dijo cambiando su tono de voz a uno más meloso y mordiéndose el labio.

Sin darme cuenta me estaba sobando la polla dentro del pantalón y sentía como me crecía y se endurecía.

-¿Y en qué piensas cuando lo haces?
-En m gordo…en las cositas que hemos hecho. En tu olor…y tu sabor…
-Yo también pienso en ti, princesa…-dije con la mano ya dentro del calzoncillo.
-¿Y qué se te viene a la mente?-preguntó con el mismo tono de voz, tragando saliva y mirando muy fijamente a la cámara.
-Tus tetitas…
-¿Te gustan mis tetitas?
-Ya sabes que me vuelven loco…
-Tú sabes que sólo son tuyas, ¿verdad?
-Ajam…-respondí pajeándome ya bastante animado.

Entonces mi novia se quitó el top que llevaba dejando sus tetas a mi vista, con sus pezones rematando dos conos erguidos.

-Ten, mi vida…son tuyas…

Me levanté de la silla y me bajé pantalón de chándal y calzoncillo liberando mi erección delante de la cámara. Claudia reaccionó:
-Qué rico estás mi vida…no sabes las ganas que tengo de que me folles de nuevo…

“Y qué poco falta ya…” me dije pensando en las tres semanas que faltaban para mi sorpresa. Mientas me la machacaba para mi chica que me observaba a través de la pantalla.

-Ojalá pudiera sacarte yo tu lechita, gordo…

Pero en medio del fragor de la paja escuché a mis padres entrar en la casa: “!!!Luis, ya estamos aquí¡¡¡”

-¡Mis padres!- avisé a Claudia guardándome la polla.-Ahora te escribo por el móvil…

Me recompuse como pude y disimulé haciendo como que estaba buscando unos apuntes en el ordenador cuando entró mi madre contándome la comida con amigos que habían tenido. Cuando salió le escribí a Claudia que se partía de risa:

“Casi te pillan con el cipote en la mano, jajaja. Bonita forma de conocer a mis suegros. Tú empalmado y yo en tetas, jajaja”. Con mensajes así nos reímos del sucedido aunque quedamos en intentarlo otra vez el día que hubiera más intimidad.

Después escribí a Nieves aceptando la invitación. No tenía otro plan y no me apetecía quedar con Pablo que por otra parte tampoco me había preguntado.

Recogí a Nieves y nos fuimos andando hasta el lugar de la fiesta. La verdad es que sabía arreglarse muy bien y sacar partido a su cuerpo pues marcaba sus curvas con una minifalda oscura ajustada con medias negras sobre tacones pero disimulaba que no tenía tan marcada la cintura con un top suelto escotado que hacía colgar la fina tela desde el balcón de sus pechos haciendo que la prenda no se pegara a su barriguilla pero a la vez haciendo destacar sus pechos. Encima llevaba una rebeca abierta que dejaba disfrutar de su escote. Además iba algo más maquillada que de día pero sin remarcar demasiado labios y ojos.

La fiesta era una de esas típicas que hacen los alumnos de último curso para recaudar dinero para el viaje de fin de grado y a la que acudían los alumnos de primer curso deseosos de socializar en la facultad a la que acaban de llegar. Según me explicó Nieves de camino me había llamado a mí porque no quería aparecer sola y sus amigas se estaban dedicando a lo mismo en sus respectivas facultades.

La fiesta me recordaba a alguna en la que yo había estado en la ciudad donde yo estudiaba: música de moda, cerveza y copas baratas en vasos de plástico y muchos universitarios hablando, bailando y tonteando. Cuando llegamos Nieves me presentó a los compañeros con los que había hecho amistad en las primeras semanas de clase. De hecho me presentaba como la persona que le había dado tan buenos consejos. Sin embargo, me di cuenta que Nieves me llevaba de un lado a otro cogido por la mano. Se lo señalé:

-Me llevas casi como si fuese tu novio…así vas a espantar a los chicos de la fiesta.
-¿Y quién te ha dicho que me interesa alguno de estos tíos?
-Nunca se sabe…
-Te he presentado como amigo, si ellos sacan sus conclusiones es problema de ellos…
-Vale, tienes razón…- y deslenguado por efecto ya del alcohol ingerido añadí- ¿Y cómo me comporto yo?
-Como tú quieras, Luis, que hay confianza…

Al final no lo pasé mal alternando con sus compañeros de facultad con los que terminé haciendo alguna ronda de chupitos. Me daba cuenta como no sólo había cambiado mi autoestima con respecto a las chicas, en un año de residencia, universidad, liga de fútbol-sala y éxitos sexuales mi seguridad me hacía ser atractivo no sólo para chicas sino para potenciales compañeros de fiesta. De hecho terminamos la noche cuando ya anunciaban el cierre del local de la fiesta con cierta exaltación de la amistad con gente que había conocido apenas unas horas antes. Al despedirnos tanto chicos como chicas me pedía que cuando estuviera en la ciudad quedáramos para salir de marcha, algo que agradó a Nieves que se comprometió a invitarme a sus quedadas.

De camino a su casa estaba encantada con cómo había ido la fiesta y muy agradecida conmigo. De hecho para cualquiera que nos viera pensaría que éramos pareja pues yo la llevaba cogida por la cintura. Llegamos a su portal y llegó el momento de despedirnos:

-Luis, muchas gracias, de verdad. Me lo he pasado muy bien y gracias a ti creo que he encajado bien, ¿verdad?
-¿Gracias a mí? Me he limitado a divertirme. Gracias a ti por invitarme. Me lo he pasado mejor que con mis amigos.

Nieves me abrazó, pero por efecto de sus tacones quedábamos a la misma altura y al separarse de mí me besó en los labios y yo correspondí. Buscó de nuevo mi boca y la encontró. Nos estábamos comiendo la boca con lengua. Entonces Nieves se separó de mí y buscó la llave para entrar. Pensé que se daba por satisfecha por besarnos a pesar de que yo me había empalmado y debía haberlo notado. Abrió la puerta mientras yo la observaba y me tomó de la mano tirando hacia dentro del portal de mí.

-¿Están tus padres en casa?-pregunté.
-Shhhhhhh. Calla. No hagas ruido.-contestó llevándome por el portal.

Atravesamos por delante de los ascensores y llegamos a una puerta al fondo. Nieves abrió y entramos a un pasillo con diferentes puertas. Se detuvo delante de una y con otra llave la abrió. Encendió la luz y vi el interior. Era un trastero con bicicletas, algún mueble viejo, maletas y trastos en general. Cerró la puerta y se quedó mirándome esperando mi reacción.

-Conque este es tu picadero…-dije con cara de guasa.
-No seas tonto, Luis. Eres el primero que entra aquí conmigo…-contestó justo antes de buscar de nuevo mi boca.

Esta vez con la intimidad del lugar además de nuestras lenguas jugaron nuestras manos y en menos de un minuto yo amasaba su culo y ella el mío. Estábamos algo borrachos así que los movimientos eran algo torpes. Tuve que apoyar mi espalda en la puerta mientras nos besábamos y metíamos mano. Mi siguiente destino fueron sus tetas, que sobé por encima del top hasta que fui capaz de colar mi mano por dentro de la prenda por debajo y tras tocar la piel suave de su vientre saqué sin pudor sus tetas de las copas del sujetador para poder apretarlas, rozar sus pezones y finalmente levantar el top para poder comérmelas a mi antojo ante la aprobación de Nieves en forma de gemidos.

Pasé un buen rato deleitándome con sus tetas mientras ella me sobaba la polla por encima del pantalón. De hecho Nieves pasó a la acción desabrochándome la camisa para pasar su lengua y sus labios por mi pecho y pezones mientras sobaba mi abdomen que yo contraía por efecto del placer que su boca provocaba en mi piel. Pero ella continuó hasta desabrocharme el pantalón y sacarme la polla del calzoncillo, dura y babosa por el revolcón que nos estábamos dando. Empezó a pajearme sin dejar de jugar con su lengua en mis pezones.

-Nieves. No traigo condones…-le dije con la voz entrecortada.
-Yo tampoco- dijo abandonando mi pezón un instante- algo se nos ocurrirá.

Y se le ocurrió arrodillarse y meterse mi nabo en la boca haciéndome temblar al sentir su boca caliente y húmeda envolver mi glande.

-Me encanta tu ocurrencia…-dije acariciando su cabeza.- Pero yo también quiero tocarte…

Me resbalé por la puerta hasta quedar sentado con las piernas abiertas y el nabo tieso fuera del pentalón totalmente descamisado. Nieves se sentó a mi lado con las tetas fuera del sujetador y el top recogido sobre ellas. Empezamos a besarnos de nuevo conmigo sobando sus tetas y ella pajeándome. Pero yo intentaba meter la mano por dentro de la falda y no encontraba el modo. Conseguí colarla por la cremallera de la falda pero como estaba sentada no alcanzaba ni su culo ni su coño.

-Échate para adelante que te pueda tocar…

Nieves se puso de rodillas y mi mano se coló por fin alcanzando su raja desde atrás. Estaba empapada y muy caliente. Tanto que mi dedo se coló en su coño sin problemas. Su cara se estremeció pero por la postura al tener que apoyarse en los brazos no podía hacerme nada, así que bajó la cabeza y empezó a lamer mi polla mientras yo la masturbaba. Me resbalé un poco más para que su cabeza no chocara con mi vientre y a partir de ese instante empezó a tragarse mi polla mientras yo la masturbaba con fuerza. Era previsible el final, en menos de 5 minutos le estaba llenando la garganta de semen mientras sentía su coño contraerse con mi dedo dentro.

Nos quedamos los dos desbaratados con Nieves recostada sobre mi pecho y sus piernas recogidas sin recomponer nuestra ropa.

Aquel puente no tuvo más hechos significativos salvo tener que aguantar a Pablo en el partidillo del lunes hablarme de lo buena que estaba Viqui sin llegar a especificarme (yo tampoco lo pregunté) si se la había tirado. Algo que dudaba teniendo en cuenta que no estaba contándolo abiertamente.

Lo que sí me dejó algo más pensativo fue recordar como habíamos terminado Nieves y yo. Tras una noche de diversión acabamos liándonos como ya era costumbre entre nosotros. En realidad que me la comiera en el trastero de su casa mientras yo le clavaba un dedo en su coño no era lo que me hacía pensar. Ya nos habíamos liado varias veces sin que nuestra relación pasara de una simple amistad. De hecho yo no dudaba de mi relación con Claudia a la que seguía añorando y me autoconvencía que de estar conmigo no me follaría a nadie más.

¿Dónde estaba mi duda? El aparente sexo frío entre dos amigos que practicábamos Nieves y yo se estaba transformando en un sexo más afectuoso. Si tras nuestras primeras relaciones el orgasmo mutuo terminaba con ambos charlando o despidiéndonos, en el trastero no ocurrió eso. Nos quedamos un buen rato tal y como el sexo nos había dejado, con las ropas descompuestas y nuestros sexos expuestos. Mi polla ya fláccida se quedó caída sobre mi calzoncillo con mi camisa abierta mientras su culo desnudo se apoyaba en el frío suelo del trastero y sus tetas seguían fuera de las copas del sujetador sin que su top las cubriera. Esto no tenía nada de particular entre dos personas que acababan de enrollarse. La particularidad estaba en un cambio de costumbres entre ambos. Permanecimos abrazados con la chica echada sobre mi pecho abrazada a mi cintura y mi brazo recogiéndola un largo y silencioso espacio de tiempo. De hecho durante ese tiempo Nieves de vez en cuando besaba mi pecho, y cuando decidimos levantarnos y recomponernos no dejó de tener muestras de cariño y complicidad ayudándome a abrocharme los botones de la camisa cuando sus tetas aún seguían a mi vista. Por no contar un largo beso de despedida.

Si Nieves se estaba enamorando de mí debía atajarlo. Pero lo que más miedo me daba era pensar que realmente me estaba gustando la chica y que cuando Claudia volviera todo se acabaría, pues yo cada vez era más consciente que estando en la ciudad iba a acabar follando con ella. Y no era sólo sexo. Lo habíamos pasado muy bien en la fiesta y después.

Sin embargo era algo que una vez en la residencia iba a dejar de tener importancia para mí teniendo en cuenta mi capacidad para atrasar la resolución de los problemas hasta que me estallaban en las narices como me había pasado con María. Mi tranquilidad esta vez es que con Nieves no había caído en el error del dicho: “Prometer hasta meter que una vez metido me olvido de lo prometido…”. Con Nieves siempre fui claro con mis palabras aunque mi actitud y gestos progresivamente no eran tan claros. Y lo peor. Yo era consciente. Pero me costaba poner freno a aquella “amistad especial”.

Pero volver a la residencia y a mi nueva rutina me servía para alejar aquellos pensamientos de mi cabeza. Incluso cuando Claudia me preguntó en un mensaje el martes cuando volvía en tren a la residencia si había terminado lo que mis padres habían interrumpido en nuestra llamada yo con naturalidad le dije que sí. Por supuesto, sin especificar que había terminado corriéndome en la boca de otra chica. No había necesidad de entrar en tanto detalle.

Pero aquello que yo sentía que estaba empezando a cambiar con Nieves lo comprobé una noche ya tumbado en la cama cuando recibí un mensaje suyo:
-Hola Luis.
-Hola Nieves.
-¿Qué haces?
-Acostado ya.
-Yo también. ¿Me haces un hueco?
-¿De tiempo o en la cama?-respondí con picardía.
-Los dos. Jajaja.

Estuvo un rato preguntándome por tonterías algo peregrinas dándome la sensación de que simplemente lo que quería era hablar conmigo. Pero yo quise pincharla y en un momento dado le pregunté:

-Te veo muy habladora. Eso es que tienes algo que contarme. ¿Te gusta un chico de tu clase?

Tardaba en responder pero al final dijo:

-¿Te pondría celoso?
-Nieves no tengo derecho a tener celos. Recuerda que tengo novia y lo nuestro es una amistad “especial”.
-Bueno, yo podría tener mi novio, tú la tuya y mantener nuestra “amistad”.
-Si no te importa engañar al chico.
-Tú engañas a tu novia.

Tardé en responder. Pero al fin escribí:
-No la engaño.
-¿Ella lo sabe?????
-No exactamente. No se lo he contado pero me da permiso.

Nieves tardaba en responder. Al final escribió:
-Y tú ¿le has dado permiso a ella?
-No.
-Muy bien Luis. El novio celoso que tiene su juguetito para follar mientras cuida la castidad de su novia.
-Eso no es así. No seas injusta conmigo. Tú tienes tanta culpa como yo. Nunca te he engañado en cuanto a mi relación.
-Tranquilo Luis. No te voy a montar un numerito de celos. No eres mi novio.
-Además- añadí- me lo paso bien contigo. No necesitamos liarnos podemos ser amigos.
-Gracias por lo que me toca, jajaja. Yo me lo pasó muy bien contigo por eso terminamos como terminamos. Sólo que lo de tu “acuerdo” me ha pillado desprevenida.
-Entonces ¿estás saliendo con alguien?-pregunté.
-No. Pero ¿te gustaría?
-Quiero que estés a gusto. Si lo hicieras lo entiendo. Vamos, te apoyo. Mientras no rompa nuestra amistad.
-¿Nuestra “amistad”?
-No tonta. Si sales con alguien lo entendería. No quiero molestarte. Ya te lo he dicho.
-Tranquilo Luis. Nuestra “amistad” no corre peligro. No voy por los trasteros comiéndosela a cualquiera.
-Me halagas, jajaja.

Seguimos un rato más hablando de otras cosas hasta que nos venció el sueño y nos despedimos.

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