ANDER MAIS

Capítulo 5

Una noche movida

Llegué a casa casi a las nueve de la noche y ni rastro de mi chica.

—Hola, cielo. Acabo de llegar ¿Cuándo vas a venir?

—Voy de camino. Me he entretenido un poco con Andrea al salir del gimnasio. Bufff… vengo muerta, cielo.

—Ok. ¿Sabes algo del trabajo?

—Ahora te cuento. ¿Te importa pedir una pizza? Es que no me apetece nada cocinar…

—De acuerdo. Sinceramente, a mí tampoco me apetece mucho.

Había algo extraño en todo aquello. Lo de ese trabajo, del que apenas sabía nada, al que ella había ido a entrevistarse tampoco sin contármelo, todo auspiciado por una Andrea que, de la noche a la mañana, había reaparecido en nuestras vidas o, más bien, en la suya. El gimnasio, el tomar algo después… casi ya pasaba más tiempo con ella que conmigo.

Pedí la pizza y, al poco, apareció Natalia por la puerta.

—Hola, cariño —dijo nada más entrar por ella.

No pude evitar quedarme ensimismado mirándola. Llevaba unas mallas grises súper ajustadas, marcando a más no poder sus muslos y su culo, que lucía redondo y rotundo como nunca. En la parte superior, una sudadera polar que se quitó nada más entrar, dejando al descubierto un top corto que me dejó alucinado de como marcaba con él sus enormes pechos.

—¡Joder, Natalia! ¡Vaya top! Es nuevo, ¿no? ¿Cuándo te lo has comprado? –pregunté mirándola asombrado. Nunca la había visto vestida así. Estando conmigo, nunca había ido al gimnasio y, ni mucho menos, se había puesto un top tan ajustado en mi presencia. No pude evitar pensar en las miradas que debía haber estado acaparando en el gimnasio los últimos días.

—Lo compré esta mañana. Es lo que lleva Andrea para ir al gimnasio. Ayer me sentí un poco extraña con la ropa que llevaba. Hacía tiempo que no iba a uno y vi que todas llevan ropa así. ¿No te gusta? —dijo dándose la vuelta sobre sí misma y exhibiéndose ante mí.

—Me encanta, cielo. Estás tremenda —le dije mientras me acercaba a ella, abrazándola y acariciando sus nalgas sobre aquellas mallas apretadísimas. Era casi como no llevar nada, como si tocara directamente su piel.

—Qué bien sentirte así, cielo. Hoy vengo muerta. Me han dado una caña… y como no estoy acostumbrada…

—Entonces… ¿hoy no follamos? —dije mientras levantaba su top y sus dos tetas asomaban disparadas, libres de la presión que el top ejercía sobre ellas-. Madre mía, Natalia… nunca me voy a cansar de ellas… -exclamé mientras agachaba mi rostro para devorarlas.

—¡Serás tonto! —replicó ella sonriente mientras yo la iba empujando hasta acorralarla contra la puerta, con mis manos estrujando su culo y mi boca sobre sus pechos.

—Joder, ¡la pizza!… —exclamé malhumorado cuando sonó el timbre avisando de su llegada y maldiciéndolo por ser tan puntual.

Natalia se apresuró a recolocar sus ropas, contestó al telefonillo y le abrió la puerta tras confirmar que, efectivamente, era nuestra cena. Yo, todavía excitado, vi la oportunidad perfecta para probar a ver hasta dónde era capaz de llegar Natalia en sus juegos.

—Recíbelo tú, cariño —le pedí dejándola sola y sin que le diera tiempo a replicar, llevándome de paso su sudadera para evitar que pudiera ponérsela.

—Serás cabrón… —La oí musitar a mis espaldas pero no me pareció para nada enfadada.

Me metí en el baño, con la puerta entornada para no ser visto. Desde allí, podría ver lo que sucedía en la entrada donde Natalia esperaba la llegada del repartidor. Tocaron el timbre del piso y ella abrió la puerta casi al instante.

El repartidor era un chico de unos veinte años que, nada más ver a mi chica, casi se le salen los ojos de la cara al verla vestida de aquel modo. Ni en sus mejores sueños habría esperado ser recibido por una mujer así; guapa, con grandes tetas que ceñían de mala manera el top que llevaba, su vientre al descubierto y aquellas mallas que dejaban poco a la imaginación. Casi podía sentir su nerviosismo desde mi escondite.

—¿Cuánto es? —le preguntó mi chica mientras se agachaba ligeramente para buscar su cartera en la mochila del gimnasio, que había dejado apoyada allí al lado cuando había llegado.

—16,95 —balbuceó el chico que, con disimulo, oteaba el escote de mi chica, profundizado en aquella postura.

—¿Tienes cambio de 50? —le preguntó, poniéndose en pie de golpe y pillando al chico de pleno mientras la miraba. Él se puso rojo pero ella solo sonrió como si no le importara que lo hiciera.

—Solo tengo de 20, lo siento —respondió, aun nervioso, pero también aliviado al darse cuenta que ella no parecía molesta sino todo lo contrario.

—Espera un momento que voy a buscar al salón. Creo que allí tengo algo… sino, tendremos que esperar a que llegue mi chico que ha salido un momento…—dijo Natalia dándose la vuelta y caminando hacia el interior del piso.

El chico aprovechó que ella le daba la espalda para fijarse en su culo y el contoneo de sus caderas que, estaba seguro, Natalia estaba haciendo más pronunciado consciente de la mirada del repartidor.

—¡Pasa y deja la pizza en la cocina! —le gritó mi chica al repartidor desde la habitación.

Él obedeció al instante, entrando de forma tímida e insegura, dejando la pizza donde ella le había dicho pero luego, en lugar de retroceder y supongo que sintiéndose seguro al saber que estaba sola, se asomó por el pasillo a ver si veía de nuevo a mi chica. Desde mi puesto de observador, vi como él asomaba la cabeza por la puerta del salón, viendo a Natalia inclinada sobre la mesa del café buscando el dinero de un monedero que previamente había vaciado.

En aquella postura, inclinada sobre la mesa, exponía de una manera brutal su culo que se marcaba casi de una forma obscena con aquellas mallas que llevaba. Casi incluso podía intuir el contorno de sus labios y, si podía hacerlo yo, el chico no iba a ser menos, estando mucho más cerca. Por si eso no fuera suficiente, Natalia hacía como que rebuscaba entre las monedas desperdigadas, provocando que sus tetas se movieran de forma insinuante bajo el top.

Si yo me hubiera encontrado a mi chica en esa tesitura, me habría lanzado sobre ella, bajado sus ropas y penetrado al instante hasta vaciarme dentro de ella. Pero el pobre chaval, nervioso y temeroso que pudiera llegar el susodicho novio, se limitó a mirar a mi chica, eso sí, de forma obscena. Incluso pude ver como se mordía los labios fruto de la excitación.

—¡Creo que ya lo he encontrado! —gritó Natalia dándole un susto de muerte al chaval que, asustado, retrocedió casi a la carrera a la entrada.

Natalia, sonriente y divertida ya que lo había visto todo a través del reflejo de la cristalera del mueble aparador, salió en su busca con el billete en mano, lanzando una mirada fugaz al baño donde sabía que yo estaba escondido.

—Aquí tienes —dijo tendiéndole el billete que el cogió casi temblando. Tardó en darle el cambio pero, al fin, lo consiguió —, siento haberte hecho esperar…

—No pasa nada… ha valido la pena… —dijo él, sonriente y marchándose escaleras abajo.

Mi chica cerró la puerta casi aguantándose la risa y mirándome saliendo del baño.

—¿Te lo puedes creer? ¡Menudo morro!

—Ya ves… aunque le comprendo perfectamente. ¡Vaya espectáculo le has dado!

—Y yo que creía que ya pasabas de esas cosas, pero veo que no, que te sigue poniendo eso de que me miren…

—Normal… me encantan las caras que ponen mientras te miran las tetas… No veas como te miraba mientras estabas allí rebuscando sobre la mesita, inclinada, exhibiéndote… —dije abrazándola y volviendo a acariciar su culo—. Yo creo que, si le llegas a hacer algún gesto o algo, este se hubiera lanzado pensando que querías tema…

—¡Anda ya! Estás fatal… jajaja… ¿Te gustó a ti? —preguntó mirando hacia sus tetas donde se marcaban a la perfección sus pezones erectos.

—Claro que sí —dije mirando lo mismo que ella-, y, por lo que veo, a ti también…

—No tienes remedio… —dijo riendo y separándose de mí.

Nos fuimos a la cocina y nos sentamos allí para cenar juntos.

—¿Qué tal con Andrea? ¿Algo nuevo del trabajo?

—No, será mejor dejar ese tema —dijo después de unos segundos de duda—. Andrea me ha contado cosas sobre su jefe que no me hacen mucha gracia. Además, no creo que me llamen pero, aunque lo hagan, voy a decirles que no. Ya me saldrá otra cosa. Tenías razón y ese trabajo no era para mí.

No pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro al escucharla. Cada vez estaba más cerca de verla trabajando en “Las Oficinas”. Allí seguro que le darían el trabajo; buena prueba de ello era la cara del jefe cuando había visto la foto de mi chica. Seguro que ya era suyo. No iba a dejar pasar la oportunidad de tener una chica así en su local.

—No pasa nada, amor —dije mostrándome comprensivo—. Oye ¿y lo del bar que te comenté ayer?

—Dame una semana, cielo y, si no me sale nada durante ese tiempo, te prometo que pruebo a ver qué tal —me contestó.

Lo mejor era no seguir insistiendo más, así que cambié de tema. Total, no creía que fuese a aparecer nada en solo una semana. Ahora que había decidido rechazar el trabajo ese de los seguros, el único contratiempo podía ser esa oferta del amigo de Víctor, el cual, por cierto, mañana iba a tratar de toparse por casualidad con mi chica. No me hacía mucha gracia, la verdad, pero confiaba en él. Solo esperaba que no me estuviera equivocando al hacerlo.

Después de cenar, nos sentamos en el sofá donde vimos juntos y acurrucados una serie en la tele. Charlamos un poco por encima de su amiga, del gimnasio… hasta que ella, poco a poco, se fue quedando dormida. Sí que estaba cansada, sí. La desperté y la acompañé hasta el dormitorio donde se puso el pijama y, minutos después, dormía profundamente.

Yo me quedé en el salón, sin ganas todavía de meterme en la cama. No podía quitarme de la cabeza lo que debía estar haciendo Víctor en esos momentos. Y es que, no sabía por qué, pero me daba que debía estar con la camarera madura, Begoña.

La curiosidad por saber me hizo enviarle un whatsapp:

—Buenas, Víctor. No veas la que hemos liado esta noche con un repartidor… ¿Y tú qué? ¿Con Begoña? Jajaja…

No recibí respuesta a mi mensaje y me puse a mirar la tele de nuevo. Debía haber pasado media hora o así, cuando recibí la respuesta:

—¡Eso me lo tienes que explicar! ¡Y cómo me conoces! Ahora estamos cenando los tres… menuda cachonda es la Begoña… creo que esta noche me la tiro o puede que los dos… jajaja… tiene pinta que le vayan los tríos…

—¡No jodas! —Le escribí—. De verdad, no sé cómo te lo haces, tío… lo que daría por verlo…

—Jajaja… me lo creo… nos lo tomaremos como un ensayo para cuando nos follemos los dos a tu chica… A Martín le pone un montón… a ver si la convencemos para que un día nos la podamos follar los dos a la vez…

Solo de escuchar sus fantasías sobre lo que deseaba hacer con mi chica, me ponía cachondo de una manera casi enfermiza. Era algo incontrolable y que, en cierto modo, me asustaba. Un nuevo pitido me avisó de la llegada de un nuevo mensaje. Lo abrí y era una foto.

En ella salía Begoña. Llevaba una blusa verde, con un escote tipo halter brutal. Sus pechos se veían enormes, incluso diría que más que los de Natalia. También llevaba unos pantalones vaqueros ajustados que le hacían un culo espectacular. ¡Madre mía, cómo estaba la madurita!

—Está buena, ¿eh…? jajaja… ahora vamos a tomar algo y luego, si todo va bien, vamos a darle polla hasta reventarla…

—Si serás capaz… —contesté atónito.

—Estoy casi seguro… la veo muy necesitada a la pobre… además, es de las que me gustan a mí, con pareja… jajaja…

—¡No fastidies!

—Ya ves. Mientras cenábamos, ha llamado su novio. Por lo visto trabaja como camionero y se pasa las semanas viajando de aquí para allá. Así que ya ves… sola y con dos lobos… esta noche a alguien le van a crecer los cuernos… jajaja… aunque quizás sea como tú y le guste eso, quién sabe… aunque lo dudo porque, por lo que he entendido, es ella la que deja el trabajo en “Las Oficinas”

—Es que no me puedo creer que vayas a hacerlo… me parece algo increíble…

—Y dentro de poco le tocara el turno a tu chica… qué ganas le tengo, bufff…

No contesté. Aunque había visto las miradas esa tarde, me parecía increíble como Víctor, en unas pocas horas, había conseguido ligarse a la tal Begoña. Y encima la tía tenía pareja. Volví a mirar la foto y, la verdad, pese a su edad, tenía un cuerpo espectacular. Casi ya podía verla tumbada en la cama y siendo follada sin piedad por Víctor.

Perdí la noción del tiempo sumido en mis pensamientos y en contemplar el cuerpazo de la madurita que seguramente esa noche iba a tirarse Víctor. Cuando quise darme cuenta, había pasado casi una hora. Me levanté para irme a la cama, ya que casi era medianoche, cuando sonó de nuevo mi móvil.

—¿De verdad quieres verlo? —preguntó Víctor.

—¿El qué? —pregunté sin entender a qué se refería.

—Cómo nos follamos a Begoña… Martín y yo…

Casi se me salen los ojos de las órbitas al leer aquello.

—¿Lo dices en serio? ¿No ibais a una discoteca? Es que no entiendo nada…

—Claro que lo digo en serio… y no, no hemos ido… Martín madruga mañana y hemos preferido saltarnos ese paso e ir directamente al meollo del asunto… ¿quieres o no? así te haces una idea de lo que le espera a tu chica…

—Ya me gustaría, ya… pero está Natalia aquí, dormida… no puedo irme así como así…

—¿Y quién te ha dicho nada de venir? —dijo dejándome totalmente descolocado.

Al instante, mi móvil empezó a sonar. Era una vídeo llamada de Víctor. Descolgué al instante, más que nada para silenciar el teléfono y no despertar a mi chica. Lo que vi, me dejó alucinado y paralizado en medio del salón: era ella, Begoña, completamente desnuda; estaba sobre la cama a cuatro patas e inclinada chupando la polla de Martín, también desnudo. Se oían el sonido de fricción que hacía su boca al subir y bajar por el miembro de él que, de vez en cuando, exhalaba un leve gemido, delatando lo mucho que le estaba gustando la mamada que le estaban haciendo.

Silencié el móvil al instante y me acerqué casi corriendo al dormitorio a comprobar que Natalia seguía durmiendo. Por fortuna, así era. Volví de nuevo al salón y me apresuré a ponerme unos auriculares antes de meterme en el baño donde esconderme para ver aquello tranquilamente.

Begoña seguía chupando como si le fuera la vida en ello mientras, de vez en cuando, lanzaba miradas fugaces a su espalda hacia la cámara o, más bien, a quién la sostenía, que no era otro que Víctor. Era plenamente consciente que la estaba grabando pero parecía no importarle que lo hiciera.

—¿Te gusta? —preguntó Víctor enfocando a su miembro, duro y erguido, no teniendo muy claro si me lo decía a mí o a Begoña.

—Me encanta… ya lo sabes… —dijo Begoña interrumpiendo la mamada y permitiéndome ver la polla de Martín que, sin llegar al tamaño de la de Víctor, era también de buen tamaño y bastante gruesa —porque no vienes y me follas…

—Eso te gustaría, eh… ¿No tienes bastante con habérmela chupado antes en el coche mientras Martín nos traía hasta el hotel?

—Anda no seas malo y métemela ya…

—Está bien… pero con una condición… si la aceptas, te follaré como nunca han hecho…

—Joder… ¿no tienes bastante con que te deje grabarme? —Protestó levemente Begoña—. ¿Qué quieres?

—Solo que me dejes llamarte Natalia mientras lo hago… ¿qué dices?

—¿Solo eso? —dijo extrañada ella—, mientras me la metas como si me llamas con el nombre de tu madre…

—Jajaja… esa es la actitud… —La cámara se movió ligeramente y apareció el rostro risueño de Víctor—. Ahora vas a ver cómo nos follamos a Natalia…

A mí me recorrió un espasmo por todo el cuerpo mientras sentí como mi polla crecía a marchas forzadas bajo el pijama que llevaba puesto. No podía creer que aquello fuera real, que aquello estuviera pasando. Me deshice de la ropa quedándome completamente desnudo y mirando embobado la pantalla desde donde vi como ésta se movía acercándose a una expectante Begoña.

Lo que vino a continuación fue algo difícil de olvidar. Begoña chupando de nuevo la polla de Martín y la cámara recorriendo cada rincón del culo y del sexo de ella mientras la mano libre de Víctor separaba sus cachetes para conseguir una buena panorámica de ellos. Una vez se hubo recreado bastante con aquello, lo siguiente que vi fue su boca hundiéndose entre sus nalgas, chupando todo lo que se encontraba a su paso.

—Joder… Víctor… sí… qué gusto… —gimió Begoña.

—¿Te gusta cómo te lo como, Natalia?

—Me encanta —contestó ella entregada a su lengua.

—¿Te lo hace así tu novio? ¿Te lo como mejor que el cornudo de tu novio? Dime, Natalia… ¿quién te lo hace mejor?

—Tú…lo haces mucho mejor, tú…

—Qué rica estás, Natalia… no sabes las ganas que tenía de probar tu coñito… sabe delicioso…

Con cada palabra que salía de su boca, un estremecimiento recorría mi cuerpo y mi mano ya surcaba el tronco de mi polla erecta, masturbándome de forma frenética ante lo que estaba viendo y oyendo.

La cámara se agitó de nuevo mientras Víctor se incorporaba sobre la cama, abandonando el coño de la madurita. Quedó brevemente apoyada sobre la cama enfocando el techo de la habitación mientras escuchaba los gemidos de Begoña y los bufidos de Martín. Escuché como el rasgar de algo e intuí que debía ser un preservativo. No tardé en confirmarlo cuando vi la polla tiesa y enfundada en la goma, rozando los labios vaginales de una ansiosa Begoña.

—¿Quieres que te la meta, Natalia?

—Sí… fóllame, joder… —suplicó ella.

—Lo haré, pero antes quiero que me lo pidas bien pedido… Mira a la cámara y dile al cornudo de tu novio que es lo que quieras que haga y cuanto lo deseas…

—Luis, amor… lo siento pero necesito que me follen, necesito sentir esa polla dentro de mí… sentir como me rompe con ese pollón… que, por fin, me follen como me merezco…

—Muy bien, Natalia… lo has hecho perfecto y eso tiene su premio…

Sentado sobre la taza del baño, detuve la paja que me estaba haciendo, mirando absorto lo que estaba a punto de ocurrir. Sudores fríos recorrían mi piel casi pudiendo ver a mi Natalia en aquella postura después de haberme dirigido aquellas palabras donde me decía cuanto deseaba la polla de Víctor y ser follada como dios manda.

Casi contuve la respiración cuando vi el glande rozar sus labios que se abrían ansiosos por sentirlo dentro. Dos, tres, cuatro pasadas y ya se percibía la textura viscosa del preservativo rezumando de los fluidos que salían del interior de ella, en aquellos momentos mi Natalia. Sus gemidos se oían mientras todo su cuerpo se agitaba intentando meterse aquel rabo que tanto ansiaba.

Por fin Víctor pensó que ya era suficiente castigo y apoyó su glande junto a su hendidura, empujando levemente, pudiendo ver como traspasaba la entrada y ella gemía de placer, de liberación, de éxtasis. Con aquella panorámica que me ofrecía Víctor, vi como centímetro a centímetro, su polla se adentraba en su interior, abriéndola, partiéndola.

—¡¡Dios!! —gritó ella cuando, con un último empellón, Víctor acabó por meterla el último trozo que quedaba, enterrando su pollón por completo en su repleta vagina.

—Bufff… joder, Natalia… qué gusto… qué ganas tenía de metértela así…

—Fóllame… fóllame, Víctor… quiero que me folles con ese pollón… -suplicó anhelante ella.

En mi mente, fue como si escuchara su voz, la voz de mi novia pidiéndole que la follara. Reanudé mi paja mientras en la pantalla Víctor empezaba a moverse, metiendo y sacando su miembro a buen ritmo del coño de ella que cada vez gemía más y más y, por lo que vi cuando él cambió la panorámica, abandonando la felación que le estaba haciendo a Martín que se dedicaba a amasar sus tetas con fruición.

El tiempo se detuvo mientras veía como Víctor cada vez se la follaba más y más rápido, con estocadas certeras y profundas; sintiendo los golpes de sus cuerpos cada vez que se encontraban, el chapoteo de sus sexos, los gemidos sonoros de ella y, lo mejor, los “toma Natalia”, “mira cómo te follo, Natalia”. Casi me corrí con esas palabras.

De pronto, él paró y sacó su polla de su interior, dejándola huérfana y vacía, haciendo que volviera su rostro transfigurado por el placer.

—¿Por qué paras? Sigue follándome, por dios…

—Tranquila, que no pienso dejar de hacerlo pero tienes abandonado a mi amigo… súbete encima de mí y así de paso cato tus melones, Natalia…

Ella sonrió lascivamente y, mientras Víctor se tumbaba sobre la cama, ella se apresuraba a montarse sobre él, acariciando libidinosamente el pecho fuerte de él que, alzándose levemente, la rodeó por la cintura mientras hundía su rostro sobre los grandes pechos de ella, arrancándole un profundo gemido de puro goce. Por detrás, pude apreciar como Martín se enfundaba un preservativo y enterraba su rostro entre las nalgas de ella.

Miré incrédulo la escena. ¿De verdad iban a follarla entre los dos? ¿Iba a Martín a metérsela por el culo? Yo, que nunca había practicado el sexo anal, no podía apartar la mirada de la pantalla.

—¿A tu novio le dejas darte por el culo? —le preguntó Víctor dejando brevemente de devorar sus pechos.

—No… no le dejo… —dijo ella entre suspiros, recordándome que Natalia, a mí, tampoco me dejaba acercarme a esa zona aunque intuía que no era virgen por ahí.

—Así que el cornudo de tu novio no te da por el culo… pues hoy mi amigo Martín te lo va a follar bien follado, Natalia…

—No, por favor… me va a doler… —se quejó ella aunque seguía suspirando al son de los lengüetazos, e intuía que algún dedo que ya debía tener dentro de su recto, y las lamidas, besos y caricias que Víctor le daba a sus tetones.

—Te aseguro que no… a Martín se le da bien romper culos de zorras infieles… Ya verás cómo te gusta, Natalia… Vas a disfrutar como nunca has hecho, te lo puedo asegurar…

—Sí, por favor… haced lo que queráis, pero hacedlo ya…

Como una máquina perfectamente engrasada, Víctor alzó el cuerpo de Begoña para inmediatamente dejarla caer ensartándola en su larga herramienta. Un grito agónico se escapó de la garganta de ella al verse penetrada de aquella manera. Al instante, Martín se pegó a ella por detrás, guiando su polla a la entrada trasera de ella y empujando hasta conseguir traspasar su entrada.

Mis movimientos sobre mi miembro ya eran raudos, excitado como pocas veces había estado en mi vida, viendo como la que imaginaba “mi chica” era taladrada por sus dos orificios. Estaba a punto de explotar, era imposible que aguantara mucho más viendo la escena que me había preparado Víctor para que me fuera haciendo a la idea de lo que iba a ocurrir más temprano que tarde.

Poco a poco, ambos fueron incrementando el ritmo, dejándome patente que no era la primera vez que hacían aquello.

Los primeros gritos de Begoña, mitad dolor mitad placer, dejaron paso enseguida a auténticos alaridos de éxtasis provocados por el continuo meter y sacar de aquellos dos sementales.

No me hacía falta ya ni cerrar los ojos para ver a mi Natalia subiendo y bajando sobre aquellas dos pollas que profanaban sus dos orificios, para escuchar como gozaba como nunca había hecho conmigo ni nunca haría; como les pedía más, como les rogaba que no pararan, como disfrutaba siendo doblemente penetrada a la vez que Víctor devoraba con gula sus dos enormes tetas.

Me corrí de una forma brutal, como pocas veces había hecho, llenando mi pecho con la intensa corrida que habían descargado mis testículos. Extenuado, recostado contra la pared del baño donde me había dejado caer y aun flipando con lo que estaba viendo, aun tuve que esperar un buen rato hasta que vi como los dos hombres se salían de una Begoña destrozada, que había perdido la cuenta de los orgasmos alcanzados y que ahora veía como los dos, de pie frente a ella, se masturbaban con brío.

—¿Dónde quieres que nos corramos, Natalia? —dijo Víctor siguiendo con la pantomima—. ¿En la cara, en tus tetas o la prefieres en tu boca?

En la boca no, pensé sabiendo que a Natalia no le gustaba y a mí nunca me dejaba hacerlo. Pero aquella Natalia era otra; una desatada, una morbosa y deseosa de satisfacer a los machos que le habían proporcionado seguramente el mejor polvo de su vida. Alucinado, vi cómo se levantaba a duras penas y se ponía a chupar alternativamente sus dos pollas.

Martín fue el primero en descargar su leche dentro de la boca de Begoña que a duras penas podía tragar la abundante corrida mientras no dejaba de masturbar el pollón de Víctor. Una vez hecho, la abandonó y se entregó por completo al miembro de un Víctor que yo no entendía como aún no se había corrido.

—Toma leche, putita… que vea tu novio como te lo tragas todo, Natalia…

Por su rostro congestionado, supe al instante que ella estaba recibiendo las lechadas de la polla de Víctor; como todo en él, abundante hasta decir basta. No consiguió, pese a que lo intentó, engullir todo su esperma y, con los ojos como platos, vi como este sobresalía de sus labios y bañaba su rostro en una imagen brutal.

Víctor sacó su polla de dentro de su boca y enfocó la cámara al rostro de una Begoña en éxtasis cuyo rostro estaba embadurnado con el semen de él pero para nada disgustada con lo ocurrido. Se dejó caer sobre la cama, derrengada totalmente. Y para mi sorpresa, enseguida se coló entre sus piernas Martín que empezó a devorar su coño, sin darle ni un segundo de tregua.

—¿Te ha gustado, Luis? —me preguntó Víctor—, me imagino que sí… jajaja… Así te haces una idea de lo que voy a hacer con tu chica… Antes de lo que te imaginas, la vas a ver así, entregada a mí, completamente a mi merced y disfrutando como una perra… Ahora te dejo, que aún no hemos acabado con esta…

Me guiñó un ojo y cortó la llamada. Allí tumbado y todavía sin dar crédito a lo que acababa de presenciar, exhausto y pringado con mi corrida seca, supe que sí, que quería ver realmente a Natalia así, disfrutando como nunca, como ella se merecía. Me levanté, me aseé un poco y regresé al dormitorio donde mi chica seguía durmiendo profundamente, ajena a todo, ajena a lo que se le venía encima y que, seguramente, iba a cambiar nuestras vidas de una forma definitiva.

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