ALMUTAMID

Llegué a la residencia en una tarde extrañamente otoñal para estar a mediados de septiembre. Algo fresca, noté la diferencia de temperatura entre mi ciudad y donde estudiaba. Había hablado con Víctor para cenar juntos.

Cuando entré sentí una mezcla de recuerdos de todo tipo, sinsabores y alegrías, pero sobre todo el día de mi salida cuando ya Claudia era mi chica, había disfrutado de su cuerpo y en breve nos volveríamos a reunir. El lugar era el mismo pero mis sentimientos no.

Llegué a mi dormitorio cargando con mi pesado equipaje. Abrí la puerta y me encontré ya al que iba a ser mi nuevo compañero.

-Hola, soy Marcos. Tú debes ser Luis. Encantado.- me dijo ofreciéndome la mano.

Se la estreché y respondí:

-Encantado. No me han dicho en conserjería que ya habías llegado.
-Llevo aquí un rato y no me atrevía a sacar mis cosas hasta que tú llegaras.

El chaval parecía apañado. Me recordaba a mí mismo un año antes, la misma precaución, la misma ilusión. Yo desde luego no iba a ser como Óscar. Era más alto que yo, pero muy delgado, con cara de niño, poca barba aunque voz ronca. Iba a estudiar Biología. Tras charlar, le pedí que me dejara mi cama del año anterior, la de arriba de la litera y mi armario, aunque lo engañé con la mesa y me quedé con la que había sido de Óscar, más cerca de la ventana. Joder en esa mesa me había follado a Claudia unos meses antes. Se me iba a hacer duro.

Le enseñé a Marcos la residencia, explicándole detalles de funcionamiento y como se acercaba la hora de la cena fui a ducharme. El chaval se ofreció a acompañarme y de paso le enseñé la galería de las chicas y las duchas. Efectivamente era muy delgado cuando lo vi desnudo, y muy velludo. Y aparentemente hasta más inocente que yo un año antes. Bajamos a cenar tras la ducha y le presenté a Víctor. Se cayeron bien y tuvimos una charla animada los 3 durante la cena. El chaval era agradable pero muy hablador y cuando subimos de regreso al dormitorio y me asaltaron mis pensamientos negativos recordando a Claudia y qué diferente iba a ser aquel curso que empezaba de malas formas le pedí que me dejara quedándose muy cortado.

A la mañana siguiente me levanté temprano. Marcos ya estaba vestido cuando me desperté. Los nervios del primer día de facultad. Lo lógico era que compartiéramos cuarto los próximos 3 cursos. Recuperé mi amabilidad inicial con él y tras desayunar juntos le deseé suerte y me fui para la facultad. De la pena por Claudia pasaba a la incertidumbre. Ya en la puerta me encontré con compañeros del equipo a los que saludé con abrazos. Subí al aula indicada y entré justo pues me había entretenido demasiado abajo. Muchas caras conocidas. La primera que vi, María, que apartó la mirada en cuanto me vio aparecer. Chusa y Teresa me saludaron con la mano. Busqué hueco y me senté a mitad de la clase. Mientras sacaba folios para tomar nota me llamaron. Era Marta. Se sentó a mi lado dándonos un fuerte abrazo. Nos atropellábamos preguntándonos como estábamos, por el verano pero justo llegó la profesora y nos callamos. Nos fuimos a desayunar juntos al final de la clase coincidiendo con compañeros del equipo con los que habíamos compartidos aquellos jueves de fiesta postpartidos.

Marta estaba muy guapa. Muy morena tras el verano y vestida con su estilo habitual, short y top, aunque aquella mañana hacía fresco. Nos pusimos todos los que coincidimos al día de nuestras cosas. No todas evidentemente y nos fuimos a las siguientes clases. Me sentí tan seguro y tranquilo con Marta que cuando en la siguiente clase el profesor habló de los trabajos en grupo no dudamos en quedar en hacerlos juntos, algo que me venía muy bien tras lo pasado el año anterior con María.

De hecho, se notaba que ya éramos de segundo curso, pues cuando quedamos por la tarde para buscar materiales íbamos 6 compañeros y todos más o menos nos conocíamos del año anterior. Y por supuesto estaba Marta.

Ilusionado por el reencuentro, la entrada dulce y haber evitado un encontronazo con María cené aquella noche con Víctor y Marcos, que nos contó su experiencia en el primer día de clase en la facultad. Parecía que nos íbamos a convertir en los inseparables en la residencia. Y eso que en el trayecto de las duchas saludé a compañeros y compañeras del año anterior con los que no había tenido mucho trato.

Por la noche ya acostado le escribí a Claudia para contarle mi día aunque ella no me contestaba, ya lo haría a la mañana siguiente. La que sí me escribió fue Nieves, emocionada con el inicio de curso. Quedé en llamarnos por teléfono al día siguiente. Empezaba a retomar mi nueva rutina.

Las primeras semanas me hicieron entrar en esa nueva rutina que te hace la vida más cómoda. Clases por la mañana, almuerzo en los comedores universitarios con compañeros de clase, café con Marta y compañeros de clase o Víctor y Lourdes, recopilación de libros o apuntes, vuelta a la residencia, me iba a correr y hacer ejercicio satisfecho de como estaba quedando mi cuerpo, ducha, cena con Víctor y Marcos y de regreso a la habitación charla por mensajería con Claudia contándonos el día. Lo único que cambió aquella rutina fueron un par de conversaciones con Nieves sobre sus primeros días de curso pero totalmente desprovistas de ninguna referencia a nuestros encuentros sexuales.

Mi problema era el fin de semana. El primer fin de semana salí con Víctor y Lourdes pero me sentí a ratos carabina y hasta estorbo cuando se ponían cariñosos hasta el punto que el sábado por la noche los mandé que se fuerana afollar y no perdieran el tiempo dejándolos a solas. El siguiente fin de semana busqué la fórmula de ver a mis amigos, sabía que Lourdes hablaba también con Claudia, pero quedar con alguien más y tener algo de marcha. Como no habían empezado los entrenamientos el equipo aún no se reunía así que al final quedé con Marta el sábado. Ella seguía con su costumbre de salir muy tarde pero al saber mi horario en la residencia se acomodó a mí y quedamos junto a dos compañeras de clase que yo conocía pero con las que había tenido poco trato.

Una se llamaba Miriam. Era una chica con la que había coincidido en algún desayuno pero muy callada. Era casi de mi altura, delgada pero con buen pecho, con una melena larga morena que solía recogerse en moños y trenzas en clase y unos ojos oscuros muy observadores. La otra era Carlota, una chica gordita muy risueña, al parecer muy amiga de Miriam. Me sorprendió verlas vestidas de fin de semana. Cómo cambian algunas chicas de verlas con sus vaqueros y sudaderas en clase a verlas arregladas. Carlota vestía unos pantalones negros ajustados que cubría para disimular sus quilos de más con una especie de camisola larga ajustada al pecho y escotada sacando partido a lo que eran evidentemente sus principales armas de seducción, dos grandes pechos. Miriam por su parte me sorprendió con un vestido muy ajustado en el que se marcaban perfectamente sus formas de pecho, cintura, caderas y culo. La verdad es que estaba muy buena y probablemente no había reparado en la facultad en ella por su ropa cómoda y su silencio.

La verdad es que me pasé casi toda la noche hablando con Marta pero al final si conseguimos tener una conversación a 4 cuando me acompañaban a la residencia. Me sorprendió como las chicas me interrogaban. Supongo que Marta les habría contado algo de lo nuestro y tendrían curiosidad en saber cosas del tal Luis contadas por él mismo. Me preguntaron por el verano, por donde me movía cuando salía de marcha. El final de la conversación fue Marta y yo convenciéndolas de ir a los partidos y la fiesta posterior de los jueves cuando empezara la liga. De hecho Marta les habló de mis hazañas futbolísticas exagerándolas un poco. Sin embargo no creí que se apuntaran a aquello viendo la timidez de Miriam y como Carlota contaba constantemente con la aprobación de aquella.

Lo pasé mejor desde luego con las chicas que de sujetavelas con Víctor y Lourdes, con los que decidí intentar quedar para tomar café. El domingo era probablemente el día más aburrido de la semana. Solía levantarme tarde aunque no tanto como cuando me pasaba la noche follando con Claudia. Marcos estaba cogiendo la costumbre de esperarme para desayunar juntos en la calle con Víctor. Me vino bien su costumbre pues así por las tardes pude organizarlo de forma que me dejara una hora al menos para poder hacer videoconferencia con Claudia. Verla a través de la pantalla me hacía sentir que estábamos más cerca. El pelo le estaba creciendo y estaba muy guapa. Siempre con sus tops ajustados sin sujetador. Mi chica de siempre. Nos contábamos la semana aunque ya hubiéramos hablado por mensajería. Nos decíamos mutuamente qué guapos nos veíamos pero en esas primeras semanas no intentamos nada sexual.

Se la veía contenta por la oportunidad que estaba aprovechando y yo la animaba mostrándome como el novio que estaba a su lado pese a la distancia. Cuando yo le contaba con quien salía y tal medio en broma me soltaba indirectas como “Si ya sabía con quien quería acostarme” o “Si Marta se había vuelto a sentar en mis rodillas”. Pero lo hacía sin maldad, despreocupada, de modo que terminaba molestándome yo más que ella.

El segundo viernes había sido la novatada en la residencia, yo ya me libraba de ella pero aunque la organizaban los más veteranos los demás colaborábamos. A mí me tocó por ser de segundo curso acarrear los botes de polo para embadurnar a los novatos y después vigilar en el pasillo de las duchas que cada cual corriera por su pasillo tras el ritual de darles el manguerazo en las duchas. La dirección de la residencia llevaba años amenazando con prohibir la novatada pero se quedaba en palabras y aquel año la pudimos celebrar.

Con mi despiste de aquellos primeros días salvo en Marcos y algún chico en las duchas no me había fijado en los nuevos. Pero con el puesto de vigilancia que me había tocado pude ponerles cara y algo más sobre todo a las chicas. Como recordaréis la novatada de la residencia consistía en sacar a los novatos al patio, darles un remojón de agua con hielo, embadurnarlos en polvo blanco y después hacerlos subir a las duchas previo pago de una prenda. Los chicos salían la mayoría con pantalones empapados camino de sus dormitorios, pero las chicas solían ser más crueles y las veteranas las obligaban a desnudarse antes del manguerazo y volver corriendo a sus dormitorios. Algunas lo hacían entre gritos de pavos entre el jaleo de las veteranas y de los chicos que estábamos a la salida de las duchas contiguas a las masculinas dándonos un buen panorama de culos blancos de toda forma y tamaño y alguna otra teta que se escapaba en la carrera de entre los brazos que intentaban contenerlas. Sin embargo una chica se ganó el aplauso de toda la concurrencia masculina, incluyéndome yo pues salió tranquila y airosa sin cubrirse. Las marcas de su moreno indicaban que estaba acostumbrada a hacer topless y hasta se volvió para saludarnos demostrando que le daba igual aquello. Era una niña menudita y delgada con cuerpo atlético. Me recordaba a Marta por sus hechuras aunque tenía el pelo más largo recogido en una cola. Su desenfado le convirtió en una de las chicas más buscadas en el comedor, pero su actitud de desdén hacia los buitres me recordó a Claudia aunque también me dio por pensar que fuese lesbiana y pasaba de tanto tío baboso.

Sin embargo al lunes siguiente sin querer me tropecé con ella. Yo fui a curiosear quien estaba en la habitación de Claudia. Llamé a la puerta y me encontré a Vanessa. No nos habíamos visto a pesar de llevar casi 3 semanas en la residencia. Me saludó, me preguntó por Claudia y chalamos del verano. No quise preguntarle por Óscar seguro de que habría pasado de ella. Por fin le pregunté por su nueva compañera de piso que en ese momento entraba casualmente por la puerta. Era la chica morena de la novatada. Se llamaba Ángela y efectivamente era de una ciudad costera y practicaba surf, o kite-surf o algo parecido. Le di la bienvenida a la residencia pero ella me sorprendió diciéndome:

-Creo que te ví en la novatada. ¿No eras uno de los chicos que jaleaba en el pasillo?

Me puse colorado y asentí disculpándome:

-Bueno, me tocó estar allí. No soy muy partidario de estos ritos.
-No te preocupes, al menos no has sido de los plastas que me han dado la tabarra estos días.

Entonces Vanessa informó:

-Luis se follaba a la que dormía en tu cama el año pasado.

Ángela arqueó la ceja con cara de suspicacia y yo expliqué:

-Claudia y yo salimos.
-Bueno, espero que no sea la cama la que te atrae.-dijo con guasa.
-No, jajaja, era la chica. Pero, además lo hacíamos en mi cuarto…

Ángela me observó de arriba abajo dejándome cortado mientras Vanessa seguía pnchando:

-Se pasaban el día aquí metidos los dos…
-Estudiando, Vanessa…-añadí.-Bueno, encantado de conocerte, ya nos veremos por aquí.
-Sí, ya nos veremos…

Y me fui a mi cuarto a contarle a Marcos lo sucedido y ofreciéndome a presentársela.

Empezaba a hacerme al nuevo curso ampliando mis amistades y manteniendo las antiguas. Aunque echaba de menos que empezaran los entrenamientos. De hecho la convocatoria en el tablón de la facultad se hizo justo antes del puente de la Hispanidad. El equipo iba a cambiar pues tres pesos pesados lo dejaban al terminar los estudios y necesitábamos incorporar a gente nueva. La convocatoria fue todo un éxito conocedores del triunfo del curso pasado, triunfo que en mi caso no sólo fue deportivo pues como recordaréis me permitió “conocer” a Marina y Marta.

Nos vimos obligados a marcar un periodo de prueba antes de que empezara la liga para seleccionar a los nuevos miembros del equipo y además me ascendieron a capitán reconociéndome como una de las estrellas de la liga anterior, pese a que yo no quería ese puesto que me obligaba a hablar con los árbitros y tomar algunas decisiones de alineación. Como puse reparos se nombró una doble capitanía.

De los 15 chavales que se presentaron el primer día descartamos a 8 pues tenían un nivel bastante bajo. A los demás los iríamos viendo durante los siguientes entrenamientos. Pero lo más interesante de aquel primer día es que en las pistas de entrenamiento aparecieron varias chicas que venían ya a empujar al equipo desde el minuto uno pues nuestros partidos del curso anterior se habían convertido en dinamizadores de la vida social de la facultad y especialmente de los jugadores. Pero yo era consciente de que teniendo novia tenía que limitar mis contactos femeninos a mis amigas más próximas, aunque aquel primer día termináramos ya de cerveceo. Una de las que se apuntó fue Marta, así que alterné entre compañeros veteranos, alguno de los nuevos y la propia Marta que vino acompañada por Miriam. Lo pasé bastante bien comprobando que podía estar acompañado por chicas sin tontear con ellas.

Desde luego Marta y yo habíamos sido capaces de recomponer como amistad un fracaso en una relación y Miriam se comportaba como una persona que tendía más a escuchar que a hablar observándote con sus ojos negros. Aunque al final de la noche ya participó más de la conversación y hasta se atrevió a preguntarme si tenía novia algo que me dejó descolocado. De hecho yo no recordaba si cuando me despedí de Marta le había explicado que salía con Claudia pero cuando respondí a Miriam que mi novia estaba con una beca de un año en Italia la expresión de Marta cambió un instante para recuperar una sonrisa forzada. Pero salí rápidamente de dudas cuando me preguntó:

-Al final ¿empezaste a salir con tu compañera de residencia?
-Sí, los últimos días del curso pasado.-respondí.
-No me lo habías contado.
-Bueno, después de lo nuestro no me pareció que fuese buena idea comentártelo cuando nos despedíamos. Ten en cuenta que te fuiste días antes que yo.
-Chicos- medió Miriam- Me estoy perdiendo. ¿Habési tenido algo?
-Marta y yo salimos unos días el curso pasado.-dije quitando importancia.
-¿Unos días?-preguntó curiosa Miriam.
-Pues os veo muy amigos. ¿Un rollo que no funcionó o hubo terceros de por medio?

Me estaba sorprendiendo su curiosidad y sobre todo el descaro preguntándonos cuando era tan callada.

-Bueno…hubo un malentendido.-explicó Marta.
-Yo no lo llamaría así.-discrepé.-Lo que hubo fue una hijaputa que nos jodió bien.
-Jajaja. Esto se pone interesante…-rió Miriam.
-Vale, es verdad. Me tragué el cuento de la señorita.-se defendió Marta- Pero no entiendo tan hecho polvo como me venías suplicando que en cuatro días empezaras con otra.
-Yo no lo esperaba…surgió.-me defendí.- Y además no fueron cuatro días.
-Qué fácil te rindes, ¿no?- me echó en cara.
-Perdona, me dejaste tú sin oportunidad de defensa. Lo que pasara después no es tu problema.-ataqué.
-Vale, no sigáis que os vais a cargar lo bien que lo llevabais.-terció Miriam.
-Perdón. El orgullo que me puede. En el fondo a quien no le gusta tener a alguien enamorado.-añadió Marta.
-Exacto. Aunque una se desenamore rápido como te pasó a ti conmigo.-respondí sonriendo quitando importancia.
-Claro…-dijo Marta bajando la mirada- como me pasó a mí.
-Pero tampoco estoy de acuerdo con lo que acabas de decir.-dije- Mira la que nos lío la doña por estar enamorada de mí. Bueno, más bien encaprichada.
-Ni me lo recuerdes. Pasado está. Lo único malo es tener que cruzárnosla en clase todos los días.
-¿Que está en nuestra clase?-preguntó Miriam.- ¿Quién es por Dios? Jajajaja…
-No quiero ni nombrarla.-respondí.
-Ni yo…-me siguió Marta.
-Ya lo descubriré, jajaja.-rio Miriam.
-No menees la mierda, por favor.-le pidió Marta.
-Bueno, ¿Quién quiere otra cerveza?-corté la conversación.

Me fui a pedir dejando a las dos chicas hablando contento de lo bien que aparentemente había salido del embrollo. Cuando regresé cambiamos de tema hasta que nos despedimos para irnos a casa. Además al día siguiente me volvía a mi ciudad para pasar el puente y esa ya era otra historia.

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