Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Andrés y su hijo Daniel se acercaron e interrumpieron nuestra conversación.

 Era la hora de lo que ellos llaman “la Cena Fraterna con el Señor”. Hoy era un día especial, puesto que les convocaba la celebración de la vida de todos los niños reunidos aquí, que habían nacido en los meses de otoño. Le tocaba quedarse a Sara para cuidar de los más pequeños que no asistirían a la reunión. Yo me ofrecí a ayudarle, así los demás podrían asistir sin problema. Marchamos con los niños a un salón de juegos donde era muy fácil vigilarlos, y cuando todos estaban más o menos entretenidos, seguimos conversando:

—Yo he leído que hay muchas organizaciones que se preocupan como vosotros porque el mundo sea mejor.

—Sí, gracias a Dios las hay. Existen otros movimientos y asociaciones que han nacido también tocados por esta inquietud. Gente que se unen para rezar, ayudar al prójimo o para juntos proclamar el mensaje del Señor incluso los hay que se unen por motivaciones sólo políticas, sociales…cualquier carácter filantrópico para hacer el bien, entraría en este tema. Son llamadas específicas a uno de tantos campos por donde se extiende la riqueza de la experiencia humana, dispuesta a conducir este mundo hacia una prosperidad de futuro desde una acción concreta.

—¿Todos tienen una sola meta?

—Bueno, la meta de todos los de buena voluntad, puede ser la misma, llegar a gozar un día de ver un mundo mejor, por medios y caminos diversos, pero algunos sólo luchan por el bienestar social, y estos no llegan a ver que todo va más allá, hacia la ciudadanía del Reino de Dios. Nosotros nos situamos en este último escaño, somos uno de entre tantos grupos que están brotando como fruto del Espíritu del Señor. Sabemos que no tenemos la exclusiva, porque al final de la vida todos hemos de encontrarnos allí, siempre en tanto en cuanto no exista el fraude.

—¿Cómo es eso del fraude?

—Pues sencillamente que hay que estar muy atento para descubrir qué clase de espíritu es el que mueve a los líderes de cada colectividad.

—¿Por qué?

—Porque a veces puedes encontrarte con gente astuta, desaprensivas y manipuladora que fácilmente embaucan y convencen, chantajeando a las personas sencillas, engañándoles con promesas falsas e incluso con amenazas y trucos muy hábiles, para conducirlas por caminos oscuros donde su fin no es realmente el bien común sino el beneficio egoísta de unos cuantos listillos que se hacen llamar agentes de buenas causas, pero en el fondo sólo buscan su beneficio egoísta y opresor. »Ahora entre los que estamos honradamente impulsados por el Espíritu de Dios, no caben las rivalidades ni contraposiciones, y sería absurdo por nuestra parte, no aceptar la diversidad, reciprocidad y complementariedad de los carismas que Dios disemina a través de la historia. Por todo esto, tenemos que situarnos como llamados a la unidad y no a los partidismos, a sumar y no a restar, a la reconciliación y no a fomentar las disputas y divisiones. En fin, Dios es grande y distribuye sus dones según sus planes. Somos un camino entre otros por donde el hombre se encuentra con Dios y busca una forma propia de vivir su proyecto.

—Verdaderamente este un mundo extraño para mí.

—No te preocupes, quizás estés más cerca de entender de lo que te crees.

—Yo pienso que vuestra vida es muy difícil.

—Bueno, yo diría que es muy exigente y radical. Es verdad que no se consiguen estas propuestas vitales de repente y que tienes que tratar de mantenerte en una sociedad donde tus criterios son antipopulares, pero te aseguro que vale la pena. Tan sólo sea por el apoyo comunitario que nos hace vivir en una armonía grupal. A veces se tienen experiencias difíciles que uno solo no 196 puede afrontar y el contar con la familia, con los más allegados, te hace sentir capaz de vencer cualquier obstáculo. ¿No te parece?

—Supongo… pero… es que todo es distinto a mi vivida antes.

—Te comprendo. Pero por mi propia experiencia te digo que creo que nuestra existencia humana es esencialmente comunitaria y que, por eso mismo, tiene como parte insustituible el compartir y el ayudar. De aquí que nos sentimos a gusto al sabernos ayudados y a la vez poder ser necesarios para ayudar a otros.

—Si eso funciona así, la vida será más fácil para todos, pero me temo que todo el mundo no piensa así.

—Por supuesto que es una hermosa utopía el pretender que toda la humanidad de una respuesta afirmativa, pero sí van brotando aquí y allá núcleos de personas que acuden con generosidad a la invitación del Señor, y por ellas el mundo y la historia podrían dar un giro de 360 grados. ¿No te parece interesante?

—Sí que lo es. Pero… me resulta tan extraño…

—Puede parecértelo, pero el secreto está en tomarte en serio tus intereses vitales y asumir tu propia historia con responsabilidad.

—¿Tú crees que sale bien?

—Esta es la pena, que somos frágiles y a veces no nos sale. Pero, aunque no somos perfectos, ¡qué ser humano lo es!, ya te habrás dado cuenta durante este tiempo que estás con nosotros, que no son meras palabras o bonitas reflexiones; aquí, aunque a veces no nos salga, tratamos de ser coherentes en nuestro vivir cotidiano con lo que decimos.

—Esto es verdad. Y ¿qué pasa cuando no lo haces?

—Somos seres libres, y este es el riesgo más grato y a la vez más conflictivo y exigente del ser humano. El Señor no obliga ni fuerza, te invita, pero quiere que seas tú el responsable de tu decisión. Toda opción tiene su riesgo, cuando eliges algo renuncias a lo otro, por eso es muy importante estudiar con discernimiento nuestras elecciones.

Supongo que sí. Pero si esto es tan bonito, no comprendo por qué hay gente que no quiere seguirlos.

—Pregúntaselo a ellos.

Algo habrá que no convence.

—Yo creo que son gente cobarde, egoísta o cómoda. Esto es muy exigente y comprometedor y te supone el romper los esquemas cómodos que ya conoces. O quizás tengan miedo y no se atreven a arriesgarse. ¿Cómo diría yo…? Puede que les falte información o son voluntades débiles o también se puede dar en personas soberbias que se resisten a depender de otros. Para mí ahí está el mayor impedimento, esos seres autosuficientes, egocéntricos y orgullosos que son incapaces de comprometerse a servir a los demás. Son esos que ni dan ni son capaces de rebajarse a pedir un favor. Van por la vida teniendo a toda la humanidad a sus pies, no habiendo en su corazón más que desprecio. Estos son un veneno para la sociedad.

La verdad que a mí también no me parece fácil.

—Bueno, en esto estoy de acuerdo contigo, fácil no es. Pues requiere un ir dominando toda la fuerza egoísta que hay en ti, y renunciar a los valores negativos que la naturaleza humana lleva en su interior. Todo esto es una batalla, exige una lucha contra nosotros mismos, contra todo lo desordenado que hay en cada uno, que trata continuamente de ganarnos terreno. Este es nuestro peor enemigo. Mi yo negativo que pelea para que el bien no triunfe en mí. Por eso, te repito que no es fácil y que nuestro triunfo se lo debemos a las energías que adquirimos en la relación con el Señor. De ahí que nuestra única fuerza sea la oración de confianza y abandono en la fuerza del espíritu del Señor. Y desde ahí, somos capaces de afrontar los conflictos exteriores e interiores del día a día, construyendo espacios de felicidad en el trato ecuánime con los demás.

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”   http://minovela.home.blog

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