ANDER MAIS

Capítulo 4

”Las oficinas”

Tardé en dormirme aquella noche. En cambio, Natalia lo hizo profundamente. La tarde en el gimnasio y el posterior polvo parecían haberla dejado rendida. A la mañana siguiente, el despertador me sonó a la hora habitual y me levanté algo agitado solo de pensar que esa tarde iba a ir con Víctor a Las Oficinas.

Me levanté procurando no hacer ruido ya que ella, al no trabajar, se levantaba algo más tarde que yo. Mientras buscaba de forma silenciosa unos calcetines en la cómoda, vi el portátil el pen drive con los vídeos porno que anoche habíamos visualizado. No pude evitar la tentación y lo cogí. Parecía que a mi chica le habían gustado los vídeos, pero no quería que viera más sin estar yo presente. Quería comprobar antes que clase de vídeos había allí dentro, ya que tenía la sensación que los vídeos de cornudos, no los había visto. No quería arriesgarme. Si los veía, que fuera conmigo delante y así poder ver su reacción.

Me pasé toda la jornada esperando que llegara la tarde, deseando salir del trabajo y encontrarme con Víctor e ir a aquel bar para enseñárselo, ver qué le parecía a él. Aunque algo me decía que le iba a encantar. Estaba desando ver su cara cuando viera lo macizas que eran las camareras y se imaginara, al igual que había hecho yo, a Natalia con aquel uniforme y exhibiéndose ante la clientela.

A la hora de la comida, salí con unos compañeros hasta un restaurante cercano y, desde allí, llamé a mi chica como solía hacer habitualmente. Me contó que había salido a hacer unas compras y que por la tarde había quedado con su amiga Andrea para ir de nuevo al gimnasio y que, seguramente, irían luego a tomar algo, cosa que aproveché para decirle que yo iba a hacer lo mismo, en mi caso, con un compañero para comentar algo del trabajo. No podía contarle que había quedado con Víctor sin levantar sospechas.

—Luis —me dijo antes de finalizar la conversación—, ¿has cogido tú el pen drive?

—Sí, ¿por? ¿Es que querías ver algún vídeo para jugar tú sola? —le dije bromeando.

—No… o puede que sí… jajaja… Es solo que pensé que lo habías vuelto a esconder…

—No, lo tengo en el coche. ¿No decías que era para verlos juntos? Así te evito la tentación…

—Jajaja… qué cabrón…

—Tú más, cielo… te quiero…

—Yo también… chao…

A medida que se acercaba la hora de salir del trabajo y encontrarme de nuevo con Víctor, iba en aumento mi nerviosismo. Aunque me encantaban los juegos morbosos que nos traíamos entre manos, también tenía cierto temor ante lo que pudieran derivar estos.

Víctor me había dicho que había hablado con un amigo suyo sobre un trabajo para mi chica. No tenía ni idea de qué se trataría pero, conociendo algo a Víctor, estaba seguro que algo relacionado con que pudiera tirarse a mi novia.

A las siete salí del trabajo y mi compañero Eduardo me propuso ir a tomarnos algo, pero yo ya había quedado; así que le di largas y me largué lo más rápido que pude. Se despidió con una sonrisa socarrona dibujada en su cara y supuse que, recordando la foto de las tetas de mi chica que había visto, debió pensar que tenía prisa por llegar a casa y disfrutar un rato con ellas.

—¿Qué tal, tío? Ya he salido del trabajo. ¿Quedamos? —le escribí a Víctor por whatsapp.

—Sí, ya hace un rato que acabé lo que tenía que hacer. ¿Dónde quedamos? Ahora estoy en el hotel cambiándome… —me respondió casi al instante.

—Podemos quedar en el bar que te comenté ayer. Está en la Avenida de Toledo. Es fácil de encontrar; es una zona de oficinas y locales comerciales.

—Ok. Nos vemos allí en unos minutos.

Arranqué el coche y me dirigí al bar. Conseguí aparcar en una bocacalle que había justo enfrente de la entrada, desde donde pude ver el ambiente que había esa tarde en el local. Parecía bastante lleno; más que los días anteriores en que había ido con mis compañeros. Al ser jueves, debía haber ganas de fin de semana.

Mientras esperaba la llegada de Víctor, no perdí detalle del ir y venir de la gente e incluso de las camareras que, aunque no las podía ver perfectamente, sí que me pareció que llevaban un uniforme distinto al del otro día. Parecía haber otro ambiente distinto. No veía la hora que llegara Víctor y poder entrar dentro.

Enseguida vi pasar su Audi negro buscando aparcamiento y, poco después, un mensaje suyo preguntándome dónde estaba. Enseguida le contesté y le dije que le esperaba dentro.

Cuando entré en el local, nervioso a más no poder, me llevé una sorpresa. Como ya me había parecido desde la calle, el ambiente era distinto al igual que la vestimenta de las camareras. Iban mucho más sexys. Ese día llevaban una escotada camiseta de tirantes blanca, con el logo del local y otro logotipo que parecía algo así como un búho, cuyos ojos se situaban estratégicamente sobre sus pechos. En algún lado había visto algo así pero, en esos momentos, no caí dónde. Llevaban también unos ajustados leggins color negro que les marcaban todo lo que podían sus culos. De calzado, una especie de botines deportivos y, en la cintura, un delantal rojo. Realmente, con aquel uniforme estaban impresionantes. Era sexy, realzaba sus atributos, pero no caía en la vulgaridad.

Solo de imaginar a Natalia así vestida… me ponía malo. Si ya estaba nervioso, solo me faltó que se me acercara la camarera morena, Alicia, a ver qué quería:

—Hola. Veo que has vuelto… ¿Cómo va todo? ¿Qué quieres tomar? –me preguntó con aquella sonrisa suya de oreja a oreja mientras yo, en una esquina de la barra y esperando todavía la llegada de Víctor, me aturullaba con su presencia.

—Buenas. Ponme una cerveza. Estoy esperando un amigo… —dije devolviéndole la sonrisa y mirándola de arriba a abajo cuando se giró para ir a buscar mi consumición.

¡Madre mía!

Era más bien bajita, andaría sobre el 1.60 de estatura, pero tenía un culo respingón y unas tetas redonditas espectaculares. No llegaban al tamaño de las de Natalia pero no se quedaban muy atrás. Debía llevar un sujetador tipo push-up, pues sus pechos quedaban juntos y levantados, creando un escote vertiginoso. Además, aquellas gafitas que llevaba me daban un morbo tremendo. Era sin duda la más activa de la barra, la más simpática y la más cachonda. No paraba de sonreír a todo el mundo.

Me trajo la cerveza sonriéndome como siempre y regalándome un guiñó de ojos cuando le agradecí el gesto. Al segundo, se fue a servir a otro grupo de hombres que esperaban ser atendidos. No la perdí de vista. Se acercó a aquel grupo y, uno de ellos, que parecía conocerla, se acercó a decirle algo a su oído. El resto aprovechó para dar un buen vistazo a su escote sin que a ella pareciera molestarle aquello. Les sirvió las cervezas y, al pagar, vi que le dieron una generosa propina que ella fue a guardar en un bote-hucha que tenía en la parte baja de una de las estanterías. Para hacerlo, se agachó de forma ostensible dejando su culo en pompa, ofreciendo una espectacular panorámica de su precioso trasero. Tuve claro que lo había hecho aposta, seguramente como una forma de estimular unas buenas propinas.

—¿Qué tal, tío? –exclamó Víctor sorprendiéndome por detrás mientras admiraba el local y, especialmente, las camareras—, qué buen ambiente hay aquí, ¿no?

—Ya ves. ¿Qué te parece? —le dije.

—Está de puta madre. Tenías razón con lo de las camareras. ¡Menudo uniforme! —dijo mirando a Alicia y luego a las otras dos chicas: la rubia alta que estaba el otro día y la madura tetona, que en ese momento se encontraba sirviendo en una mesa delante nuestro, agachada y mostrándonos su enorme y redondo trasero que marcaban sus ajustados leggins, casi dejando transparentar el tanga que llevaba debajo.

—Vaya jamona, eh… —le comenté al oído a Víctor mientras no apartábamos nuestros ojos del culo de la cuarentona.

—Ya ves… esa es de las mías… de las que, cuando se pone, te deja seco. La de pollas que habrá tragado ese culazo… —me dijo justo antes que ella se diera la vuelta y sus miradas se cruzaran.

A la madurita pareció gustarle Víctor, pues le aguantó la mirada unos segundos e incluso le sonrió de forma sugerente. “Menudo cabrón con suerte”, pensé. Parecía que había sido llegar y, con solo mirarla, ya le había caído en gracia a aquella camarera. Estaba claro que era un seductor nato. Desprendía un aspecto varonil y un encanto enorme. Ese día, vestido con unos pantalones grises, un polo de marca y una cazadora de cuero que, unido a aquella barba arreglada que lucía ahora, emanaba un aura que hacía que fuera casi imposible que pasara desapercibido.

—Creo que le gustas —le dije sonriendo pícaramente.

En ese momento, Alicia apareció y le preguntó a él qué quería que le sirviera.

—Una cerveza como esta, guapa —le contestó señalando la mía.

Ella se alejó a buscarla y yo aproveché para hablar de ella.

—Esta es la chica que te comenté que había visto el otro día. Estuvimos hablando con ella un rato. Parece simpática y bastante lanzada…

—Eso parece. Está muy buena. Me gusta. Pequeñita, con esas gafas que le dan un toque diferente, esas tetas fantásticas y un culazo respingón —dijo Víctor sin cortarse un pelo, sin importarle que ella, que ya volvía con su cerveza, debía haber escuchado algo de lo que dijo.

—¿Ya habéis empezado a trabajar aquí al lado? —me preguntó Alicia sin dejar de sonreír y sin darle importancia a las palabras de Víctor.

—No, todavía no. He traído a éste aquí a enseñarle el local y a tomarnos algo. A ver si le gusta…

—Estoy segura que sí —dijo dando un repaso a Víctor al igual que había hecho él—. ¿Es compañero tuyo? ¿O es tu jefe?

—No, solo un amigo.

—Ah, vale. Yo soy Alicia, encantada de conocerte —dijo mientras se inclinaba para darnos dos besos. Al hacerlo, apoyó sus pechos sobre la barra, potenciando su vertiginoso escote. Estaba claro que sabía aprovechar su cuerpo para conseguir lo que quería.

—Yo soy Luis —dije tímido mientras mis ojos se perdían bajo su camiseta.

—Yo Víctor —se presentó él rozando con su mano la cintura de ella—. Estoy de paso por trabajo, mañana ya me marcho. Es una pena no haber descubierto antes este local, me encanta. Dime guapa ¿Cuánto son las cervezas?

—5,50 euros —respondió ella.

—Espera, que invito yo —dije sacando mi cartera, pagando las consumiciones y, de paso, dándole una generosa propina.

—Gracias, guapos —nos contestó sonriente y dándose la vuelta para ir a guardarla en el bote.

—Mira esto, Víctor —le avisé dándole un codazo en su brazo.

Alicia se agachó al igual que había hecho antes, dándonos una vista de su culo en pompa. Lo hizo de forma lenta y descarada, colocándolo en posición a quien le había dado la propina pero de una forma natural, sin ser vulgar. Era una forma muy particular de agradecer la propina dada e incentivar a repetir la experiencia. La otra camarera, la rubia alta, no hacía lo mismo. Ella tenía su bote en un lugar alto y no daba pie a eso. Esa chica, aunque también sonreía mucho, parecía más forzada y no parecía disfrutar tanto como Alicia con lo que hacía. Empecé a sospechar que quizás era ella la que buscaban substituir por una camarera nueva.

—¿Nos sentamos en una de aquellas mesas? —me comentó Víctor señalando una mesa que acababa de quedar libre—. Estaremos más tranquilos. Las camareras están muy buenas pero, más que nada, hemos venido a hablar de tu chica, ¿no?

Fuimos allí a sentarnos y, al pasar, nos cruzamos con la camarera madura que venía de recoger la mesa y los dos volvieron a cruzarse las miradas. Empecé a creer que, si él quería, no tendría ningún problema en acabar en la cama con ella.

—¿Has visto cómo te ha mirado esta? Creo que le has gustado, ¿qué les das, tío?

—Nada… jajaja… no está nada mal, pero tú ya sabes a quién me quiero follar…

—Me hago una idea… —contesté sabiendo las ganas que le tenía a mi chica—.¿Qué te parece el sitio? Estaría bien que Natalia trabajara aquí, ¿no?

—Ya lo creo… es como una especie de imitación a un Hooters —me comentó él.

—¿Un qué? —dije sin saber a qué se refería. Me sonaba aquel nombre pero no sabía de qué.

—No los conoces… aquí de eso no hay. Es una franquicia americana donde tienen tías buenas y tetonas como reclamo. El uniforme que llevan aquí las chicas de la barra es más o menos una ligera imitación del que llevan las chicas de esa franquicia. Yo, cuando estuve en los Estados Unidos, los conocía bien. Allí muchas trabajan para exhibirse y a veces como una plataforma para ser modelos. Aquí aún no ha llegado eso, pero esto es parecido. Es morboso… jajaja… y sería la hostia ver a Natalia aquí trabajando…

—Ah —contesté cortado por mi ignorancia respecto a ello.

—¿Y tu chica qué? ¿Follasteis bien anoche, no?

—Bufff… genial… ¡menudo polvazo y menuda sorpresa! Me descubrió un pen drive con vídeos porno y los había estado mirando. Lo hicimos mientras veíamos uno de un trío con una tetona como ella. Fue súper excitante… se corrió como una perra aunque creo que se quedó con ganas de más…

—Qué bien, ¿no? ¿Te imaginaste lo que te dije? —preguntó con una sonrisa ladina y apurando su cerveza.

—Ya te digo. Fue hacerlo y no pude evitar correrme. Tenerla allí, a cuatro patas, follándola mientras ella se chupaba los dedos como si fuera una polla… bufff… me imaginé que era la tuya la que chupaba y me corrí como un loco…

—Jajaja… eso es… así me gusta, tío… para que te vayas haciendo a la idea aunque, la próxima vez, seré yo quien me la esté follando mientras te la chupa a ti… ¡Dios, me he empalmado solo de pensarlo!

No pude evitar echar un vistazo a su entrepierna y, en efecto, aquello había crecido bajo el pantalón. Solo de imaginar aquello ensartado en el coño de mi chica me ponía malo.

—Mira, tengo aquí el pen drive con los vídeos que miró mi chica. Lo he cogido esta mañana porque quiero saber qué vídeos hay ahí. Creo que había algunos de cornudos y tal, pero no estoy seguro y quiero comprobarlo. ¿Tú has traído el portátil? —pregunté sacando el USB del bolsillo.

—Sí. Luego, si quieres, vamos a mi coche y lo miramos. He quedado con un amigo que me ha dicho que en un rato vendrá hasta aquí. Es al que le he hablado de tu chica y creo que puede ofrecerle un puesto de secretaria. Es de confianza pero, te aviso, es un poco así como yo. Ya me entiendes… —De nuevo aquella sonrisa ladina que a la vez me ponía nervioso y me excitaba, al imaginar lo que debería estar pasando por su cabeza.

—¿Cómo tú?

—Le va todo este rollo como a mí. Le gustan las chicas de grandes tetas y follarse a las parejas de los demás… como a mí… jajaja…

—Joder, entonces no sé si es buena idea eso del trabajo… lo que queréis vosotros es trabajárosla a ella… Yo, sinceramente, preferiría que trabajara aquí de camarera. Además, ayer se lo comenté y no puso demasiadas objeciones. Solo falta que se olvide del otro trabajo y ya está. ¿No te gustaría verla aquí, con ese uniforme tan sexy? Yo lo veo ideal para que se suelte definitivamente… solo de imaginarla con ese escotazo, agachándose y mostrando carne me pongo malo… —comenté sin tener nada claro lo que él me proponía.

No me hacía mucha gracia meter a otra persona en nuestro juego. De él, de momento, me fiaba, pero no me acababa de gustar la idea de meter a su amigo en lo que nos llevábamos él y yo.

—Puedes confiar en él. Se llama Martín y, si no tienes prisa, puedes conocerlo, ya que vendrá dentro de un rato. Oye, ¿te puedo pedir una cosa? —me preguntó de forma intrigante.

—¿El qué? —dije nervioso.

—Que me des tu permiso para hablar con Natalia.

—¿Cómo? —contesté extrañado.

—Tranquilo, solo quiero intentar un acercamiento. Ya sabes, forzar un encuentro casual. ¿No me dijiste que va a un gimnasio con una amiga suya? Pues sería pasarme por allí como el que no quiere la cosa, que me vea y tal… si ella me reconoce y quiere hablar, pues perfecto. Y puedes estar tranquilo que soy una tumba y no le diré nada de lo nuestro, eso tenlo por seguro. Y así, de paso, le puedo sacar el tema del trabajo de mi amigo a ver qué le parece. Si sale todo bien, prepararemos algo entre los cuatro y verás qué bien nos lo pasamos… confía en mí, que sé lo que me hago…

—Sí, claro… todo muy morboso y excitante pero, no sé… no me acaba de gustar eso de meter a tu amigo en todo esto… Déjame que lo piense tranquilamente y te digo algo.

—Vale, como quieras. Al menos dime a qué gimnasio va y sus horarios. Sabes, tengo muchas ganas de volver a verla en persona. Tu chica es muy especial y la he echado de menos estos meses después del verano… y eso que no me la follé… jajaja…

—Luego te digo algo —contesté a regañadientes. Todo aquello me daba muchas reticencias y no acababa de gustarme.

En ese momento, apareció en nuestra mesa la camarera madura que, al ver que habíamos acabado con nuestras bebidas, vino a preguntarnos si queríamos otra ronda. Ellos dos volvieron a mirarse fijamente y yo cada vez estaba más seguro que, si por ella fuera, esa noche la pasaban juntos.

Víctor pidió dos más y ella se marchó agitando con ostentación su culo hasta la barra mientras los dos la seguíamos ensimismados. En este instante, un hombre apareció por la puerta y se fue hasta la barra, conversó con la camarera cuarentona y luego hizo lo propio con Alicia. Intuí que debía ser el jefe; el hombre que podía darle el trabajo a Natalia. Víctor también se dio cuenta de ello.

—Perdona, guapa, ¿ese hombre es el dueño? —le preguntó a su nueva “amiga” en cuanto regresó con las cervezas.

—Sí, ¿por?

—Nada, es que hemos visto el cartel en la puerta al entrar y tengo una amiga a la que, quizás, le podría interesar el trabajo. Es para ver si puedo hablar con él y saber algo más para decírselo a ella —explicó Víctor de forma amable pero a la vez seductora. Aunque él estaba deseando follarse a mi chica, tenía claro que no le hacía ascos a acostarse también con aquella madura.

—Sí, claro. Espera, que lo llamo.

Ella se marchó tras la barra para hablar con su jefe que, al poco, vino a nuestro encuentro.

—Hola, buenas tardes. Me han comentado que estáis interesados en lo del trabajo… —nos dijo aquel hombre.

—Sí. Es que hemos visto el cartel y tenemos una amiga que creemos encaja en el perfil para el trabajo. Es por si nos podías explicar un poco más para decírselo a ella y que se pase por aquí si le interesa… —le contestó Víctor ante mi nerviosismo evidente.

—Supongo que ya habréis visto la clase de chicas que solemos buscar, ¿no? —nos aclaró él, algo dubitativo.

—Sí, por eso te he dicho que encaja en el perfil —le respondió Víctor de forma firme y sin vacilar.

—A ver, voy a ser claro para evitar malentendidos —nos dijo-, aquí buscamos chicas llamativas. El tipo de local y clientela que tenemos es lo que pide. Hombres que salen de trabajar y que quieren desconectar tomándose algo y, de paso, alegrarse un poco la vista. Eso sí, con el máximo respeto. Mirar y cachondear, lo que se quiera, pero sin pasarse. Con eso somos muy estrictos. Como veis, tenemos un buen ambiente pero, aun así, nos cuesta encontrar gente para este trabajo y todo por las parejas… tema celos y tal, comprendéis, ¿no?

—Por eso no creo que tengas que preocuparte con la chica en cuestión –respondió Víctor lanzándome una fugaz mirada.

—Pues si es así, que se pase ella y lo hablamos. Con un poco de ganas y si se lo curra… —dijo mirando a Alicia que en esos momentos reía con un grupo de hombres—, aquí, entre el sueldo y las propinas se puede ganar un buen dinero… cada camarera tiene su propio bote de propinas y, lo que le den, es todo para ella. Como os he dicho… todo con cachondeo pero siempre con respeto…

—De acuerdo. Lo hablamos con la chica. ¿A qué sí Luis? —dijo guiñándome un ojo.

—Sí, creo que le va como anillo al dedo.

—Espera —dijo Víctor trasteando con su móvil—, mira, esta es ella…

Sin cortarse un pelo, Víctor le estaba mostrando una foto de Natalia a aquel hombre y yo, sin poder ver qué foto era, estaba al borde de un ataque de nervios. ¿No sería capaz de mostrarle la foto de ayer, de ella con las tetas al aire?

—Vale, sí podría valer, sí… —dijo el hombre admirando la foto—. Decidle que se pase un día… si le interesa.

Nos despedimos de él y yo me giré hacia Víctor, nervioso y alterado por lo que acababa de hacer.

—¿Qué haces, tío? Como se te ocurre enseñarle una foto de ella.

—Tranquilo que no es lo que crees —dijo con voz sosegada y mostrándome el móvil. Suspiré de alivio al ver que la foto que le había mostrado era la que yo le había enviado aquella noche de fiesta del verano pasado. Aunque, bien mirado, ahora comprendía la cara de aquel hombre al verla, ya que, con aquel vestido que lucía, su escote era brutal y casi enseñaba buena parte de sus pechos.

Se hizo un momento de silencio mientras Víctor aprovechó para mandarle un mensaje a alguien y yo para intentar recobrar la calma que había perdido con lo que acababa de suceder.

—Por cierto –reaccioné recordando algo—, ¿qué era eso que me dijiste que me ibas a traer?

—Ah, sí… jajaja… Toma… —dijo sacando algo de su bolsillo.

Cuando lo vi, no me lo podía creer. Aunque había supuesto que era aquello, no acababa de creerme que aun las conservase después de tantos meses. Eran las bragas de Natalia; las que yo le había quitado en el restaurante, la noche de la fiesta.

—La de pajas que me hecho con ellas… jajaja… si supieras cuantas veces me he imaginado quitándoselas… bufff… iba a pedirte que me las cambiaras por otras nuevas, pero creo que prefiero esperar y quedarme con las que le quite yo mismo el día que me la folle… jajaja…

Sin cortarse un pelo, las llevó a su nariz y las olió, dejándome sorprendido por aquel gesto suyo ya que, después de varios meses, era imposible que aquellas bragas olieran todavía a ella.

—Joder, este parece que no llega… —dijo mirando de nuevo su teléfono.

—Yo me tengo que marchar ya —le dije—. ¿Vamos a tu coche y miramos eso que te he dicho de los vídeos?

—Vamos —dijo levantándose de la mesa—, cuando venga, si quiere, entramos de nuevo.

Nos acercamos a la barra para pagar la última ronda y, como no, la camarera madura fue la que vino a atendernos.

—Salimos un momento y luego vuelvo con un amigo a tomarnos otra —le explicó mientras le tendía un billete para que se cobrara—. Por cierto, me llamo Víctor…

—Begoña —contestó ella, sonriendo y acercando su rostro para darse dos besos.

—Precioso nombre, Begoña… en un ratito nos vemos de nuevo, guapa… —se despidió guiñándole un ojo.

Salimos del bar hasta su coche donde él sacó su portátil. Le di el pen drive y estuvimos revisando los vídeos, pero no encontré nada de lo que buscaba. Ni un vídeo “cuckold” de los que creía tener.

—¿Con qué vídeo follasteis ayer? —me preguntó Víctor que, después de indicárselo, procedió a reproducirlo—. ¿Con este? —exclamó de nuevo al instante—. ¿Y dices que lo estaba viendo cuando llegaste? ¿Una tía que se parece a ella y follando en un gimnasio con dos tíos? Joder… está claro que en ese gimnasio ha visto algo que la ha puesto cachonda…

—¿Sí? –pregunté nervioso y excitado a partes iguales.

—Seguro. Anda, dame la dirección del gimnasio y el horario y probamos a ver qué pasa.

—Pero solo hablar, eh… —dije buscando que no intentara nada raro.

—Sí, tranquilo. Confía en mí, Luis.

Le di la dirección y sus horarios. Quedamos en que intentaría acercarse por aquella zona a esas horas y probar a ver si podía hacer el encontradizo con ella y poder hablar; claro está, si Natalia estaba por la labor.

Me fui hacia el coche. Antes de salir, ella me mandó un mensaje preguntándome si había llegado y, ante mi negativa, me dijo que ella aún tenía para un rato. Desde allí, vi llegar al amigo de Víctor. Era un hombre de más o menos su edad, quizás algo más joven. Rubio, delgado y elegante. Enseguida entraron los dos en “Las Oficinas”.

¿Se follaría Víctor a Begoña esa noche? ¿Y qué planes tenía en mente Víctor para Natalia el día siguiente?

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