ANDER MAIS

Capítulo 3

Jugando de nuevo

Arranqué y salí directo a mi casa. No veía el momento de llegar y follarme a Natalia. Aún estaba sorprendido por el repentino cambio de actitud de ella. La única duda era qué lo había motivado. ¿Tendría algo que ver con lo de haber ido al gimnasio? ¿Sería por haber estado mirando las fotos de Riqui y eso había hecho revivir los recuerdos de lo ocurrido con él? No tenía ni idea pero lo que tenía claro era que, después de lo vivido con Víctor, me había librado de mis inseguridades y miedos de los últimos meses y no quería que aquello parara. Volvía a tener de nuevo a mi chica con ganas de jugar y lo iba a aprovechar al máximo.

Llegué a casa y subí en el ascensor con una calentura por las nubes. Haber estado hasta pocos minutos antes con Víctor, viendo vídeos suyos y de Natalia, viendo cómo se masturbaba mientras fantaseaba con que se follaba a mi chica, me había subido la libido hasta límites difícilmente soportables y no veía el momento de atravesar el umbral de mi casa y follarme a mi novia.

Cuando entré, me llevé la decepción de no encontrármela esperándome tras la puerta. Me fui adentro por el piso sin encontrarla, sin hallar rastro alguno de su presencia.

—¡Natalia! ¡Natalia, cariño! ¡Ya estoy en casa! —exclamé en voz alta mientras seguía buscándola infructuosamente y empezando a temer que algo hubiera sucedido, obligándola a salir del piso.

Pero entonces escuché unas risas ahogadas que provenían del único lugar donde todavía no había buscado, nuestro dormitorio. Fui hasta la puerta que estaba cerrada, la abrí lentamente y allí la encontré. Natalia estaba tumbada sobre la cama, completamente desnuda, recostada de lado y cubriendo con sus manos sus grandes pechos.

—Hola, cariño. ¡Madre mía, menuda visión! Veo que estás cachonda, eh… —dije observándola y gratamente sorprendido por su recibimiento.

Ella sonrió de forma lasciva y se alzó hasta quedar sentada sobre la cama. Se colocó con las piernas cruzadas pero aun ocultando su coño. Me hizo un gesto con el dedo para que me acercara; todo gestual, nada hablado. Yo obedecí y, a medida que me aproximaba a ella, Natalia fue abriendo sus piernas; ahora sí mostrándome su sexo, depilado, carnoso, con sus labios hinchados y que me llamaban para que los devorara sin descanso.

—¡Cómeme, cariño! ¡Vamos!, llevo demasiado rato esperando y no puedo más —me incitó con una voz sensual y melosa.

Se notaba que iba igual o más excitada que yo. Estaba claro que algo había ocurrido que le había provocado esa calentura, no sabía si en el gimnasio o tenía algo que ver con Riqui y las fotos que había estado mirando. Pero, sinceramente, en ese momento poco me importaba.

Me abalancé sobre ella y fui abriendo aún más sus piernas. Quise hacerla sufrir un poco más, dedicándome a besar el interior de sus muslos y la zona de su pelvis; rodeando su coño pero sin llegar a alcanzarlo con mi lengua, sintiendo la intensa humedad que desprendía, el penetrante olor que emanaba de su interior, el sofocante calor que brotaba de ella. No quise demorar más el momento y por fin alcancé su coño, recibiendo ella mi lengua con un sonoro gemido de gusto y de liberación que acabó por enardecerme más todavía.

—¡Aaaaahhhhhh! ¡Dios! ¡Sí, sigue chupando así! ¡Joder!

A medida que fui lamiendo y chupando su abultado clítoris y sus carnosos labios vaginales, ella se retorcía como una culebra y agarraba mi cabeza con fuerza, apretándomela contra su entrepierna y forzándome a no cesar en mi cunnilingus. Cada vez estaba más mojada, más caliente y no cesaba de gemir. Mi lengua se concentró en su clítoris, mientras observaba como ella se mordía sus labios y estrujaba sus dos enormes pechos a la vez que no dejaba de mover sus caderas de forma rítmica al compás de mi lengua, cada vez de forma más acelerada, delatando que estaba cerca de alcanzar su orgasmo.

—¡Síííí! ¡Me voy a correr, Dios! Sigue… sigue… no pares, por favor…

Yo seguí sin pronunciar palabra, solo centrado en hacerla gozar, sin apartar mis ojos de su rostro descompuesto donde se adivinaba la llegada inminente de su clímax. De nuevo volvió a pasar por mi mente la duda sobre en qué estaría pensando Natalia en aquellos momentos o en quién para estar en ese estado.

En aquel momento, recordé las palabras de Víctor antes de salir de su coche: “ve a follar a tu chica o voy yo y lo hago por ti”. Recreé en mi mente como sería ver eso; ver a mi chica tumbada y abierta de piernas sobre nuestra cama y a él clavándole aquella daga imponente que tenía entre sus piernas. No tenía ninguna duda que se la follaría de forma brutal y, posiblemente, le echaría el mejor polvo de su vida.

Con esa polla magnífica y la pinta de amante experto que desprendía Víctor, quizás era lo que necesitaba Natalia: un “semental” que la follase como se merecía. No es que yo no fuese suficiente para ella pero, un tío como Víctor, seguro que la haría gozar hasta límites que yo no podía. Cada vez estaba más convencido que tenía que conseguir que aquello ocurriera, hacerlo realidad.

—¡Dios! ¡Me corro! Ahhhhhh…. —El grito de Natalia llenó la habitación a la vez que sus muslos se cerraban, atrapando mi cabeza entre ellos, haciéndome notar los espasmos que recorrían todo su cuerpo.

—Ufff… entre el gimnasio y tú, me vais a dejar muerta… —dijo dejándose caer sobre la cama, exhausta pero satisfecha.

—¿Te ha gustado? –pregunté situándome a su lado-. Me alegro de verte así. Menuda sorpresa me has dado hoy con las fotos y ahora encontrarte de este modo. ¿Qué te ha pasado hoy para ponerte así?

—Nada, amor. Solo que hoy estoy más animada y, bueno, me entraron ganas de ser un poco traviesa… —me susurró antes de besarme, lanzando una fugaz mirada al portátil que se encontraba en la mesita que había enfrente de la cama.

—¿Has visto algo en el ordenador? —pregunté con curiosidad malsana, empezando a comprender el porqué de todo aquello.

—Puede… —contestó con una sonrisa maliciosa en su rostro y alargando su mano para empezar a desabrochar mi pantalón-. Estuve mirando unas cosillas que he encontrado…

—¿Qué cosas? —pregunté intrigado, ya pensando que me iba a confesar algo sobre Riqui o lo sucedido en las vacaciones pasadas.

—Algo que he encontrado en un pen drive que tenías escondido por ahí. Mira… —dijo levantándose y acercando el ordenador.

Me puse nervioso mientras lo hacía. Reconocí el pen drive que estaba conectado al portátil y sabía que en su interior había un montón de vídeos porno, muchos de ellos de temática “cuckold”. Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero.

—¿Por qué nunca me has enseñado esto? —exclamó mientras abría la carpeta del pen drive y aparecían los vídeos que allí se guardaban.

Cada vez estaba más nervioso pero, por alguna extraña razón, también excitado ante la posibilidad que Natalia los hubiera descubierto. Quizás era un buen momento para confesarle mis fantasías, ya que parecía claro que lo que había visto le había gustado mucho.

—No sé. ¿Qué has visto? —Me hice el interesante, haciéndome el loco, como si no supiera lo que contenía aquel pen drive.

—¿Con esto es con lo que te haces pajas cuando estás solo? —me preguntó observándome detenidamente.

Me levanté y me senté a su lado al borde de la cama y, dándole un beso en el cuello, decidí seguir nadando entre dos aguas.

—Alguna que otra sí me he hecho, sí… pero hace meses que no los miro… lo siento. ¿Te has enfadado? —dije tratando de aparentar estar avergonzado.

—Debería enfadarme por no decírmelo y cascártela con ellos a mis espaldas, pero bueno, te perdono… —me dijo con una sonrisa pícara—, me he dado cuenta que hay algo en ellos que se repite y que me ha gustado…

El corazón empezó a latirme a mil por hora. ¿Había descubierto los vídeos de cornudos? ¿Era eso lo que la había excitado tanto? Natalia abrió un vídeo y este empezó a reproducirse; uno que ya estaba empezado y que supuse ella debía haber estado mirando antes de mi llegada.

—Mira, esto me gusta —exclamó Natalia con la mirada fija en la pantalla—, en casi todos los vídeos, sale una chica morena con tetas grandes… como yo… ¿Eso es lo que te pone? ¿Ver vídeos de chicas que se parecen a mí?

Sus palabras me descolocaron y me quedé sin saber qué decir. Ella estaba a mi lado, mirando uno de aquellos vídeos con las que tantas pajas me había hecho en mis ratos libres mientras imaginaba que era ella a la que se follaban de mil formas distintas.

—Sí, cielo. Siempre busco vídeos de chicas parecidas a ti. Si no son como tú, no me ponen. ¿No te enfada eso? Tampoco es que lo haga muy a menudo… ¿Has visto todos los vídeos? —contesté esperando casi con ansiedad su respuesta.

—Solo he visto tres o cuatro. Encontré el pen drive esta mañana mientras limpiaba el armario. Al verlo tan escondido, he pensado que algo escondías en él… jajaja…

—Ya… —Agaché la mirada algo avergonzado, mientras de reojo miraba el vídeo donde una actriz, de asombroso parecido a Natalia, hacía un trío con dos tíos en lo que parecía el vestuario de un gimnasio.

—¿Te pone esto? ¿Te haces pajas imaginando que tu chica se lo hace con dos tíos? ¿Un trío? —me preguntó mirando fijamente el vídeo.

—Bueno… no es así del todo… son solo fantasías… —le contesté mientras mi polla se endurecía ante la excitación del momento.

—Venga, ¡hazte una paja! Quiero ver cómo te pajeas viendo este vídeo… quiero ver cómo lo haces cuando no estoy en casa…

Mi polla ya estaba completamente erecta bajo el pantalón medio desabrochado, pero seguía paralizado y nervioso. Era la primera vez que mi chica me pedía algo así, que me masturbara viendo un vídeo porno. Además, aquel era uno de los que más veces había visto y con el que me había masturbado infinidad de veces imaginando que dos tíos se follaban a mi chica. Y ahora lo estaba viendo ella.

—Vamos, pajéate. ¿Ahora te da vergüenza o qué…? Quiero ver cómo lo haces… —me volvió a pedir, mientras miraba con deseo a mi polla que yo, de forma indecisa, había sacado y rodeaba con mi mano. No me pasó desapercibido como, de forma fugaz, miraba la de los dos tíos del vídeo, como haciendo una comparación visual donde yo claramente salía perdedor.

—Vale, vale —dije mientras empezaba a mover mi mano sobre mi polla, mirando los dos como la morena del vídeo se agachaba y, acuclillada ante aquellos dos tíos, empezaba a chuparles la polla alternativamente.

Mi chica sonrió satisfecha mientras yo seguía masturbándome, sentado a su lado y, a cada momento que pasaba, menos cortado por aquella extraña situación. Ella se arrodilló entre mis piernas, poniendo su cabeza a escasos centímetros de mi polla.

—¿Qué piensas? ¿Qué es lo que imaginas cuando ves este vídeo? —me preguntó, mirándome a lo ojos.

—Que dos tíos se están follando una chica —contesté aun sin el valor de confesarle la verdad de mis pervertidas fantasías y notando como ella empezaba a acariciar mis huevos.

—¿Sí? ¿Solo a una chica? ¿A una simple chica? ¿O a alguna en especial? —dijo ahora con voz lasciva, una voz que hacía tiempo que no escuchaba.

Acercó su boca a mis huevos y los empezó a lamer con ganas. Natalia intentaba hacer lo mismo que hacía la actriz porno, la cual en ese instante le comía los huevos a uno de ellos mientras le ofrecía su culo al otro para que lo chupase. Ella, al momento, arqueó su culo un poco hacia atrás, como simulando estar esperando otra boca en él. Natalia recreaba la escena pero de espaldas al ordenador, haciéndome adivinar que lo había visto tantas veces que ya se lo sabía de memoria.

—Joder, cariño… ¡Cómo me pone esto! —dije estirando mi mano y abriendo su culo, imaginando estar viviendo lo mismo que se veía en el vídeo: que abría sus nalgas para que otro tío enterrara su cara y disfrutara de ellas. Enseguida me acordé de Víctor, imaginé que me hubiese acompañado a casa y que juntos estábamos a punto de follarnos a mi chica.

—¿Te gusta? Ya veo que estás cachondo, eh… qué dura se te ha puesto… —me susurró ella.

Natalia se metió toda mi polla en su boca, intentando tragársela entera, consiguiendo que casi le diera una arcada, dejándome toda ella llena de saliva.

—Joder, cariño… sí, cómo me gusta lo que me haces… me gusta verte así, tan guarra…

—Dime qué te estás imaginando. Dímelo… dímelo, Luis… dime lo que piensas cuando estás viendo estos vídeos, cuando te pajeas a solas… —exclamó claramente excitada, colocada a cuatro patas sobre el suelo de la habitación y masturbándome con una fuerza, que creía que me iba a sacar la leche en cualquier momento.

—Me imagino que eres tú, Natalia, la que se están follando… que te estamos follando entre dos y dándote caña, dejándote bien follada… bien saciada de polla… —contesté todo excitado y casi fuera de mí. Era lo que yo llevaba tiempo queriendo hacer, poder fantasear estas cosas con ella.

—¿Sí? ¿De verdad? ¿Eso imaginas? ¡Métemela, cabrón! ¡Fóllame como a la del vídeo! —dijo ella levantándose del suelo y colocándose a cuatro patas, sobre el filo de la cama, mirando fijamente el vídeo e incitándome vilmente.

Me coloqué tras ella y le di dos fuertes cachetadas en su culazo. Lo tenía chorreando. Los jugos de su coño le resbalaban muslos abajo. Casi ni recordaba cuando fue la última vez que la vi así. Natalia observaba fijamente el vídeo esperando con ansiedad sentir mi polla embistiéndola por detrás.

—¡Métemela ya, joder! A ella ya se la están follando —me dijo viendo como uno se la clavaba por detrás y el otro restregaba su miembro por su cara y le sobaba las tetas.

Se la metí entera y ella empezó a gemir, dejando escapar la frustración de tantas horas de excitación. Yo estaba enloquecido y con la polla dura como pocas veces la había tenido. Escuchar los gemidos de Natalia entremezclados con los de la actriz porno, me estaba poniendo a mil. Toda aquella situación me estaba encantando, pero era consciente que, a ese ritmo y con tal excitación encima, no iba a aguantar mucho sin correrme.

En ese momento, Natalia hizo algo que me puso al borde del orgasmo: se inclinó un poco sobre la cama, cogió dos de sus dedos y se los metió en la boca, simulando estar chupando una polla. Eso ya fue demasiado para mí. En mi mente calenturienta, apareció Víctor follándose la boca de mi chica mientras yo hacía lo propio con su coño. Eso provocó que yo estallara y me corriera, descargando mi leche dentro del coño de ella que, no pudiendo contener todo aquello, empezó a rezumar bajando por sus muslos abajo de forma brutal.

Caí sobre ella, exhausto tras la genial corrida, mientras en el vídeo seguían follando en diferentes posturas. Natalia me pareció que se había quedado con ganas de más pero, en aquel momento, no podía. Estaba totalmente rendido.

Ella se levantó despacio, se limpió un poco y apagó el ordenador. Marchó al baño con una sonrisa en su rostro pero sin decir nada, mientras yo me quedaba casi sin poder moverme, mirando su cuerpo desnudo alejarse por el pasillo.

El bajón que me sobrevino después me hizo replantearme lo ocurrido. ¿A qué se debía el comportamiento de Natalia? ¿Había hecho aquello para complacerme o es que a ella también le gustaban las mismas cosas que a mí? Mientras seguía dándole vueltas a todo eso, regresó Natalia vestida con el pijama y se tumbó a mi lado.

—¿Qué tal, cariño? ¿Te gustó? ¿Estuvo bien la sorpresa que te preparé? —me preguntó con cara simpática y tierna, dándome un beso.

—Mucho. No me lo esperaba. Me encantó lo de la foto y cuando me pediste que viniera a follarte. Y lo del vídeo… bufff… y mira que al principio me asusté un poco… creí que ibas a enfadarte…

—No, cariño. ¿Por qué iba a hacerlo? No me importa que veas porno aunque sí un poco que te pajees a solas. Tenemos que hacer más de estas cosas juntos. Sé que últimamente no he estado muy animada en el sexo como meses atrás, pero ya estoy mejor. Ya me olvidé de lo de Erika y me liberé del trabajo donde no estaba a gusto. Espero que pronto encuentre algo mucho mejor…

—Hablando de eso —le dije cortándola—, ¿has hablado con Andrea de ese trabajo?

—Bueno… Andrea me dijo que no sabía nada aún, pero creo que mañana me dirán algo seguro… —La respuesta de Natalia, dubitativa y después de unos segundos de silencio, como si pensara qué respuesta darme, me preocupó.

—No sé, cielo. No lo veo nada claro. Además, no me fio mucho de Andrea. Lleváis casi dos años sin apenas hablaros y ahora, de golpe, te llama y te ofrece un trabajo. Si te soy sincero, no me suena bien…

—No te preocupes. Si en unos días no me dicen nada, me pongo a buscar otra cosa —me dijo de forma amable y besándome de nuevo.

—Mira, cielo. Ayer y hoy he parado con los compañeros en un bar que hay en una zona de oficinas a donde hemos llevado un presupuesto, y buscan camareras. El local está muy bien. ¿No te apetecería probar a trabajar allí? Quizás paguen bien. Es una zona donde va mucha gente de oficinas –le comenté acariciando su rostro.

—¿De camarera? Hombre, después de haber acabado la carrera y todo… preferiría seguir buscando algo de lo mío…

—Ya… pero ya ves que no aparece nada. Solo sería por un tiempo hasta que te saliese otra cosa que te convenza de verdad. Además, ¿no me dijiste que habías trabajado una temporada en un pub cuando estudiabas?

—Sí y, sinceramente, no tengo buenos recuerdos de esa experiencia…

—¿Por qué? ¿Qué te pasó? ¿Muchas horas y poco dinero? —pregunté curioso, buscando indagar sobre los miedos que ella tenía respecto a trabajar de camarera.

—Por nada, cosas del pasado que no me apetece recordar —me contestó.

—¿Tiene algo que ver con Kike? —pregunté adivinando la causa de sus temores.

—Sí, es una de las muchas cosas que aún tengo que superar. Menudos rebotes se pillaba conmigo cada vez que me pillaba hablando con alguien o alguno me miraba… tuve que dejarlo. Y mira que me venía muy bien aquel dinero cuando estudiaba…

—Debes dejar atrás esa época, cariño. Además, ya sabes que yo no soy así. Ya viste lo que acabamos de hacer… jajaja… —dije recordándole que habíamos medio fantaseado hace un momento con hacer un trío.

—Ya lo sé, amor. Dame unos días más. Si no me llaman, miramos lo del bar si quieres… por probar… quizás me guste y todo… —me dijo antes de levantarse de la cama para ir hacia la cocina.

Yo aproveché para ir al baño a asearme un poco y, allí dentro, utilicé aquel momento de intimidad para mandarle un mensaje a Víctor:

—Tío, menudo polvo… lo hemos hecho viendo un vídeo porno…

—¡Joder! Cada vez está más cachonda nuestra chica… estoy aquí con un amigo… mañana te cuento… está loco por darle trabajo a tu novia… -me respondió al instante.

Me puse algo nervioso con lo que acababa de decirme. Víctor le había hablado de mi chica a alguien más. ¡A saber qué le habría contado o enseñado!

—A ver si tengo que preocuparme… —volví a escribirle.

—Qué va… puedes confiar en mí… estoy en un hotel con este amigo, hablando sobre la propuesta que te comenté antes, y puedes estar tranquilo que confió plenamente en él… mañana hablamos…

Me duché algo más tranquilo tras las últimas palabras de Víctor. La cosa parecía ir por buen camino. Natalia estaba de nuevo con ganas de jugar e incluso no se había negado tajantemente a lo del trabajo en el bar. Solo quedaba quitarle de la cabeza lo del trabajo con Andrea. Y al día siguiente, iba a volver a verme con Víctor para ir juntos hasta el bar “Las Oficinas”. Sentía algo de curiosidad por saber sobre su amigo y lo que habrían hablado sobre nosotros. Y también estaba el tema de lo que me había dicho acerca de traerme algo de mi chica, aunque tenía una leve idea de lo que podría ser…

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