ANDER MAIS

Capítulo 2

Víctor

Otra vez las neuras tomaron el control de mi mente, acrecentadas con los descubrimientos del día anterior, donde ella había estado buscando fotos de Riqui y del pueblo donde se había enrollado con él. El resto de la jornada se me hizo eterno y solo deseaba salir para, ahora sí, ponerme en contacto con Víctor y que resolviera mis dudas.

En mi coche y con el correo abierto dispuesto a enviarle un nuevo email, me lo repensé y creí conveniente mandarle mejor un mensaje por whatsapp. Él me había dicho que le contactara por email pero preferí arriesgarme, ya que necesitaba una respuesta con urgencia y no podía estar esperando indefinidamente a que él me contestara. Así, al menos, sabría si había leído mi mensaje.

—Hola, Víctor. Soy Luis. Siento molestarte pero necesito hablar contigo. ¿Estás ocupado?

Para mi sorpresa, Víctor me contestó al momento:

—¿No leíste el mail que te envié hace tres días?

Extrañado, recordé que con todo lo descubierto en el ordenador de Natalia, había olvidado de revisar mi correo.

—No. Te mandé un correo hace semanas y no me contestaste y, la verdad, últimamente no lo he abierto muy a menudo.

—Pues te puse que iba a estar unos días por tu ciudad. Llegué ayer y voy a quedarme hoy y mañana —me respondió.

Eso me sorprendió y un cosquilleo, mezcla de nerviosismo y expectación, me recorrió por dentro. De nuevo Víctor aparecía en mi vida. Y en el mejor momento posible. Lo necesitaba, echaba de menos nuestras charlas, nuestros juegos y, además, así podría aclarar todas aquellas dudas que me corroían por dentro sobre Riqui y mi chica.

—¿Y qué me decías en ese correo?

—Pues lo que te he dicho: que venía a tu ciudad y que me gustaría verte pero, como no me contestaste, creí que te volviste a echar atrás.

—Lo siento. Es que últimamente he estado un poco liado pero tengo muchas ganas de hablar contigo.

—Mira, ahora estoy terminando con un tema que tenía hoy pero, en cinco minutos, estoy libre. Si quieres, te llamo y hablamos…

—Me parece bien —le contesté.

Me quedé en el coche esperando. Tenía muchas ganas de hablar con él, saber qué planes tenía y los motivos de su viaje. A los diez minutos sonaba de nuevo mi teléfono. Descolgué rápidamente, algo ansioso y nervioso a la vez.

—Dime, Víctor.

—¿Cómo te va, tío? ¿Qué tal todo con tu chica? —preguntó directamente. Al fin y al cabo, lo que nos unía eran nuestros juegos y fantasías con Natalia.

—Bien, se podría decir. Lo que pasa es que, desde que volvimos de las vacaciones, ha ido todo atrás y la cosa no avanza. Además, ahora Natalia está sin trabajo y menos animada. Y por si todo esto no fuera suficiente, luego están mis paranoias con Riqui y su ex, Alberto. A ver si tú puedes ayudarme y me centro algo —le dije preocupado.

—Vaya. Veo que estás un poco descolocado. Es algo normal. Aunque te guste y te de morbo ver a tu chica con otros, siempre es difícil al principio. Los miedos e inseguridades siempre están ahí. Por eso es bueno que te guíe alguien como yo, con experiencia en el tema. No debiste romper el contacto conmigo, Luis. Te podía haber ayudado. Tengo que reconocer que me fastidió que no quisieses seguir con ello después del verano pero lo respeté. Como siempre te he dicho, quiero ser vuestro cómplice, no un estorbo.

—No, si tienes razón. Yo mismo me di cuenta, hace unas semanas, que no debí hacerlo. Pero me agobié con lo que ocurrió al final de las vacaciones y me dio miedo seguir con esto. Creí que podía peligrar mi relación con Natalia.

—Tranquilo, no pasa nada y lo entiendo. Por cierto, ¿has salido de trabajar? ¿Qué te parece si quedamos y nos tomamos algo? Así, de paso, hablamos de todo esto y nos ponemos al día.

—Sí… —le contesté con algo de nerviosismo y dudas, pero sabiendo que no debía desaprovechar esta oportunidad de verle—, hace un momento que acabo de salir y aún estoy dentro del coche, delante de mi empresa. ¿Tú dónde estás?

—En la calle Adolfo Bécquer, ¿la conoces?

—Sí, sé dónde es.

—Justo delante hay una cervecería llamada Los Porches. Te espero ahí. ¿Cuánto tardarás?

—Me queda un poco lejos. Calculo unos veinte minutos; treinta si pillo tráfico.

—Te espero entonces, ¿no?

—Sí. Natalia no llegará a casa hasta dentro de un buen rato, ya que se ha ido al gimnasio con una amiga, así que supongo que tendremos tiempo para hablar tranquilamente.

—Mmmm… genial… ¡qué ganas tengo de hablar de tu chica! Solo de imaginármela haciendo ejercicio, en mallas y sudadita, meneando esas tetazas…

—Jajaja… —Emití una risa forzada, mezcla de nervios y excitación-. Veo que sigues igual… ahora vengo.

—Hasta ahora.

Arranqué el coche y veintidos minutos después aparcaba cerca de la zona donde había quedado con Víctor. No me costó encontrar la cervecería; estaba en una zona de edificios con soportales y supuse que de ahí vendría su nombre.

Entré en el local con el corazón en un puño. Aunque estaba deseando volver a hablar con él, y esta vez encima iba a ser en persona, era consciente que iba a volver a entrar en una espiral de morbosidad que no sabía muy bien dónde me podría llevar. Pero bueno, ya no había marcha atrás ni quería que la hubiese. Sin aquellos juegos, ya había descubierto que a mi relación con Natalia le faltaba algo.

El local estaba bastante lleno. La barra repleta de gente y, al fondo, se veían mesas también ocupadas. Busqué a Víctor con la mirada pero no lo veía, hasta que me percaté que desde una de las mesas un hombre me hacía gestos con la mano. Era él, Víctor. Estaba algo cambiado. No tenía el pelo tan corto como en el verano y se había dejado una arreglada barba que le daba un aspecto más varonil si cabe. Llevaba un traje y parecía venir de trabajar o hacer alguna gestión.

—Hola, amigo —me dijo amable, sonriente y alargándome su mano mientras me acercaba a él nervioso pero decidido.

—Bien. ¿Nos tomamos unas? —dije señalando el vaso de cerveza ya vacío que tenía sobre la mesa.

—Claro, pero invito yo. ¿Una cerveza tostada? —preguntó amablemente y encaminándose a la barra a pedir las consumiciones.

Nos sentamos en la mesa, ya con nuestras cervezas en nuestro poder, y nos pusimos a conversar como si no hubiera pasado el tiempo y con total confianza, aprovechando la intimidad del lugar, ya que Víctor, de forma previsora, había elegido una mesa algo apartada y discreta.

—Entonces, dime. ¿Cómo te va con Natalia? ¿Qué ha pasado? —dijo Víctor yendo al grano, sin rodeos.

—Como te comenté, acabamos mal las vacaciones. La última noche hubo una bronca entre Natalia y su prima Erika y nos fuimos de allí a la carrera, casi como escapando.

—Pero… ¿no me habías dicho que tu chica se había enrollado con un ex suyo o algo así? ¿No habíais hablado que ella lo calentaría delante de ti?

—Sí y todo parecía ir bien. Pero luego todo se lió. Su prima se emborrachó de mala manera y yo no me quedé atrás, con lo cual nos tuvimos que venir para casa antes de hora. Tenía pensado follarme a Natalia después de pasarse toda la noche calentando a saco a su ex, Alberto, pero no pude, no conseguí empalmarme y quedé como un idiota.

Se hizo un silencio entre los dos que rompió enseguida Víctor.

—Vale, tranquilo. Explícamelo todo y luego te doy mi opinión. Confía en mí —me dijo Víctor viendo mi nerviosismo y que me costaba explicarle según qué cosas.

—La cosa es que, mientras yo dormía la borrachera, Natalia aprovechó para salir de la casa hasta un cuarto junto al garaje y allí… pues… se enrolló con su ex…

—¿Y tú cómo lo sabes? ¿La viste entrar allí con él? —preguntó curioso.

—La seguí. Bajé a escondidas y pude verlos enrollándose… —le respondí nervioso.

—¿Y qué hacían? No te cortes hombre, cuéntamelo… —me animó viendo el temblor de mi voz.

—Él le comió el coño a Natalia y ella luego a él la polla. Después se pusieron a hacer un 69… Yo no pude aguantar más allí… entre el mareo por la borrachera y el miedo a que me descubrieran… no pude seguir espiándoles… No llegué a ver que hiciesen nada más.

—¡Seguro que se la folló! No creo que se quedara la cosa solo en un 69, teniendo a tu chica allí, ya toda caliente… no creo que la dejase escapar sin follársela bien… —exclamó Víctor con una sonrisa, como creyendo que aquello que me decía me fuese a excitar.

—No sé, tengo mis dudas. Pero al final eso no fue lo peor. Después, al subir a la habitación, Erika me esperaba en la cama medio desnuda y se me insinuó descaradamente. Quería que me la follara allí mismo y que dejase a Natalia. Mi chica nos pilló y fue todo muy embarazoso. Salimos de allí pitando. Mi novia y su prima se dejaron de hablar. Estuvo a un tris de irse nuestra relación de pareja al carajo…

—La verdad es que veo que se te fue un poco todo de las manos. Yo creo que no debes tener cerca a gente de la familia o a conocidos en estas cosas. Creo que te equivocaste al querer seguir con todo esto en el pueblo de su prima.

—Ya, si tienes razón, pero venía tan caliente de todo lo que pasó contigo y con Riqui, que me dejé llevar. Y luego, me vi en medio de un enredo amoroso de Erika y con rollos que iba descubriendo que se habían traído las dos con tíos del pueblo y no pude parar.

—Te entiendo. Oye, hablando de Erika… ¡menudo culazo y pinta de lanzada que tiene, eh!… Debió costarte resistirte y no follártela…

—Bufff… la verdad es que tiene un culo que te apetece darle hasta cansarte. Pero, en aquel momento no estaba para eso… Tenía la cabeza hecha un lío; iba mareado y medio borracho…

—Veo que todo lo ocurrido te ha dejado tocado… —comentó Víctor.

—Sí, pero más que nada es por no poder hablarlo con nadie. Ahora me he descargado contigo y creo que ya me encuentro mejor.

—Claro, sabes que soy de fiar, ¿no?

Con la charla de las confesiones de lo que pasó aquella noche, fuimos acabando casi sin darnos cuenta las cervezas. Me liberé un poco de todo lo que pasó y ahora estaba deseando me sacase temas morbosos para hablar de Natalia.

—¿Otras dos? —le sugerí a Víctor levantándome de la mesa.

—Sí —me hizo un gesto con la cabeza mientras comenzaba a mirar su móvil como leyendo algún mensaje.

Pedí otra ronda y, al sentarme, le pregunté directamente:

—Y tú… ¿a qué has venido por aquí? ¿Qué haces por la ciudad?

—Trabajo. Vengo un par de veces al año a visitar clientes que tengo por aquí —dijo agarrándose la corbata y desanudándola—. Me la quito que empiezo a tener calor.

—Antes de seguir, quería preguntarte si sabes algo de Riqui, si ha vuelto a tener contacto con mi novia… —le dije.

—Con Riqui solo tengo trato durante el verano, cuando voy de vacaciones a su pueblo. Como te conté, me dijo al despedirnos que no había vuelto a saber de tu chica. No he vuelto a hablar con él desde entonces. ¿Qué pasa? ¿Has notado o descubierto que pasó algo más entre ellos?

—A ver. No tengo nada concreto, solo indicios, pero Natalia, al dejar el trabajo, se pasa muchas horas sola en casa con el ordenador… Ayer estuve mirando el historial y vi que había estado mirando páginas de la playa donde te vimos y también fotos de la web del pub donde trabaja Riqui. Sé que no es nada muy claro como para sospechar, pero ando algo mosca. Yo quería que Natalia compartiese estas cosas conmigo, no que me engañe a mis espaldas…

—Tranquilo, no creo que haya nada… aún… —dijo Víctor dando un trago a la birra, pero mostrándose algo ambiguo.

—Es que tengo clavadas en la mente unas palabras que me dijo Erika aquella noche de la bronca: «Natalia te va a poner los cuernos… pero nunca lo compartirá contigo… lo hará a tus espaldas y luego se hará la modosita para que nunca sospeches…»

—Bueno… que es capaz de pegártela a tus espaldas, ya lo sabemos por lo que pasó con Riqui… Pero que te quiere, también, por cómo se arrepintió luego. Natalia es un poco sueltita, pero se nota que te ama. Eso es seguro, se nota cuando se os ve juntos. Solo tienes que hacer que pierda el miedo a compartirlo contigo, hacer que le guste sentirse deseada por otros y que sepa que te mueres por ver que así sea. Luego el resto, lo de entrar en el mundillo liberal, ya vendrá solo, poco a poco…

—Sí, pero no sé cómo hacerlo. En las vacaciones era más fácil. Aquí no sé por dónde empezar. Últimamente se ha vuelto algo cerrada otra vez y no se viste muy sexy ni nada. No luce esas tetas como en el verano. Ni nada de nada…

—No te preocupes, que para eso estoy aquí, para ayudarte. Hay que cambiar eso, hay que sacar a la Natalia zorrita que sabemos que existe.

—Ya, claro —dije interesado pero dubitativo al mismo tiempo.

—Lo primero, creo que debe estar bien de ánimo para soltarse y le guste verse sexy y deseada de nuevo. Por lo que me cuentas, anda preocupada por estar sin trabajo, ¿no?

—Sí, eso es algo que le afectó mucho. Mucho más que el enfado con su prima.

—Pues hay que buscarle un trabajo como sea. Si es uno donde se pueda sentir bien y apreciada, mejor. ¿En qué trabajaba hasta ahora? —me preguntó Víctor.

—En una gestoría de secretaria. Fue el primer trabajo medio estable que tuvo después de terminar de estudiar. Llevaba allí un par de meses cuando comenzamos a salir juntos. Fue allí dónde la conocí. Estuvo algo más de tres años trabajando allí.

—Así que secretaria… —comentó Víctor de manera pensativa, como si estuviera dándole vueltas a algo en su cabeza.

De nuevo se hizo el silencio mientras Víctor, otra vez, dedicaba su atención al móvil; escribiendo algo; me pareció que un mensaje en el whatsapp. Mientras lo hacía, seguía pensativo pero con una sonrisa pícara dibujada en su rostro.

—A ver, Luis. Igual puedo saber de un trabajo que podía ser ideal para tu chica —me comentó apartando la mirada del teléfono.

—¿Sí? ¿De qué? ¿Dónde? —pregunté intrigado.

—Solo te digo que voy a hablar con un cliente amigo mío y ya te comento algo. Mañana sin falta. Igual puedo conseguirle algo de secretaria por aquí cerca —volvió a comentar antes de volver a prestar su atención al móvil.

Estuvimos unos instantes en silencio mientras él continuaba con aquella conversación con alguien a través del whatsapp y yo no apartaba mi vista de él. Intuía que aquella conversación tenía algo que ver con mi chica. Su sonrisa lo delataba. La misma sonrisa que tenía cuando, en el pub, me dijo que Riqui se iba a tirar a mi novia.

—Ayer vi en un bar que buscaban camarera y me dio morbo imaginar que Natalia trabajase allí —dije rompiendo el silencio—, es un bar que tiene varias chicas sexys y tetonas como camareras. Me gustaría que ella trabajase allí, aunque no creo que a ella le apetezca. Además, su amiga Andrea le ha metido en la cabeza de trabajar con ella en una empresa de seguros. Pero yo preferiría el bar, creo que allí se soltaría más y volvería a ser como en el verano. Además, allí podría ir yo y ver como la miran…

—No es mala idea, no. ¿Le has preguntado si le gustaría trabajar en ese sitio? —me preguntó mientras se guardaba el móvil.

—No, iba a hacerlo ayer, pero justo nada más llegar a casa me contó lo del trabajo de su amiga. Pero hoy se lo pregunto. Salvo que me diga que la han cogido en esa empresa de seguros. La verdad, no me gustaría nada que fuera a trabajar ahí. No me huele bien, hay algo extraño y secreto.

—¿Y eso? ¿Sospechas algo?

—No, es solo que su amiga Andrea no me da buena espina, se han vuelto a hacer amigas desde que Natalia dejó el trabajo y no me cae muy bien, sinceramente —le expliqué.

—¿Y dónde es ese bar que dices? ¿Queda muy lejos de aquí? ¿Vamos hasta allí a tomarnos otra y me lo enseñas? Así te aconsejo —propuso Víctor animándome a irnos de allí.

—Está como a unos diez minutos en coche. Si es una rápida sí podemos ir. Luego me voy para casa que estará al llegar Natalia —le dije después de mirar la hora y con ciertas ganas de compartir aquel descubrimiento con Víctor. Estaba seguro que aquel sitio le iba a encantar.

—Pues vamos y te digo qué me parece la idea —comentó él que, como yo, parecía algo excitado ante la perspectiva de conocer aquel bar.

—¿Vamos en mi coche? —me propuso nada más salir a la calle—, así me indicas que, sinceramente, no me manejo del todo bien por aquí.

Dudé. Me daba cosa que alguien pudiera verme con él en su coche, concretamente Natalia. A ver cómo se lo explicaba.

—No sé, igual es mejor que vaya cada uno en el suyo. Voy yo delante y tú me sigues.

—Venga, al menos acompáñame hasta el coche, que quiero enseñarte una cosa… —me dijo al verme no muy convencido.

Acepté y lo seguí hasta un aparcamiento donde tenía su coche, un Audi grande, último modelo y de gama alta. Debía tener un buen trabajo para poder disfrutar de un vehículo así.

—Entra. Vamos a ver una cosa juntos… —dijo abriendo el coche con el mando.

—Joder, menudo cochazo tienes… —comenté, admirando el interior del coche.

—Sí, este hará unos seis meses que lo tengo.

—¿Puedo preguntarte en qué trabajas? —pregunté intrigado y dejando entrever que quería saber algo más de su vida, viendo lo mucho que yo estaba compartiendo de la mía. Me preguntaba qué tipo de trabajo tendría para poder gozar del nivel de vida del que parecía disfrutar.

—Trabajo en una empresa del sector del ocio, como comercial. La verdad que no me puedo quejar de cómo me va —fue su escueta respuesta, como no queriendo profundizar más en el asunto. Supuse por discreción.

—Pues ya veo que te va bien sí —le dije, no insistiendo sobre el tema.

—Mira, esto es lo que llevaba tiempo queriendo hacer contigo —me comentó mientras sacaba una tableta de la guantera del coche. Lo miré expectante mientras deslizaba sus dedos por ella, buscando algo. Abrió una carpeta donde todo parecían vídeos porno.

—Joder, ya veo que tienes material ahí eh… —le dije de forma socarrona al ver la cantidad de vídeos “guarros”que ocultaba allí.

—Sí, aquí guardo los vídeos. Bueno, los trofeos. Que así es como llamo yo a las cosillas que consigo grabar en mis “aventuras” —me dijo con voz pícara.

—¿Grabas a las chicas que te tiras? —dije sorprendido.

—Grabo pocos, la verdad. Hay de todo. Algunos son míos, otros son de amigos que me los envían… En ninguno se ven sus caras, si es lo que te preocupa. Pero lo que te quiero enseñar es esto, es algo que poca gente ha visto…

Abrió uno de ellos. En él salía un tío con el pelo rubio, como teñido, junto a una mujer morena de enormes pechos. Rápidamente me vino a la mente Natalia, ya que se parecía bastante, sobre todo en su figura y en la generosidad de sus tetas.

—Mira bien el vídeo… ¿No te recuerda a alguien? —me dijo con voz intrigante.

—Bueno, la tía tiene un aire a Natalia ¿no? —contesté indeciso pero claramente excitado por la situación.

—No, no, esta vez no me refiero a la chica. Que sí, que se parece a la zorrita de tu novia, pero míralo a él… —comentó mientras se acariciaba la polla por encima del pantalón, notándose ya un enorme bulto debajo.

—Pues no me suena. ¿Quién es? No creo haber visto nunca un vídeo suyo —dije sin apartar la mirada del vídeo y viendo como la chica bajaba el pantalón de él, dejando al descubierto un enorme pollón que se comenzó a comer de inmediato, arrodillada a sus pies.

—¿Y ahora tampoco te suena de nada? —volvió a preguntar un Víctor cada vez más excitado.

—No me jodas que eres tú el del vídeo…

—Jajaja… Sí, soy yo. Poca gente lo sabe. Hace quince años estuve viviendo en Estados Unidos y, por mediación de un amigo que tuve allí, hice dos o tres escenas porno. Solo lo cuento a gente muy determinada, gente de confianza como tú. Sé que, como a mí, te gustan estos juegos excitantes y me he imaginado que te encantaría ver esto… —explicó con una sonrisa y meneándosela mientras seguía viendo el vídeo porno—. Dios… es como si me estuviera tirando a tu chica…

—Nunca lo hubiera dicho… estás diferente; más joven, el pelo teñido… aunque la polla la tienes igual… —dije ya claramente excitado y viendo como la chica que se parecía a Natalia, abierta de piernas, ya recibía los pollazos de un joven Víctor.

—Te gustaría que fuera ella, eh… jajaja… Tranquilo, no creo que falte mucho para que lo veas… jajaja…

Enseguida abrió otro vídeo y mi sorpresa fue enorme cuando vi que era el vídeo que Natalia había grabado para él y Riqui. Era extraño y a la vez excitante ver a mi chica tocándose para otros en aquel vídeo que les había grabado durante nuestras vacaciones.

—¿Aún tienes esto? —le pregunté, no exento de preocupación.

—Sí, joder. La de pajas que me hecho viéndolo en noches solitarias y aburridas. ¡Vaya tetas que tiene tu chica! ¡Mira cómo se las soba para mí! —dijo Víctor sin dejar de pajearse viendo a Natalia tocándose las tetas de forma sugerente y lasciva.

Yo estaba paralizado, sin perder detalle del vídeo y mirando de reojo cómo Víctor no le perdía ojo, evidenciando que, ver ese vídeo de Natalia, delante de su novio, lo excitaba sobre manera.

—¡Joder! ¡Es Natalia! ¡No hagas ruido! —le dije nervioso a Víctor mientras le hacía gestos para que parara el vídeo.

Él sonrió maléficamente y quitó el sonido de la tableta pero no la apagó. Es más, reanudó la reproducción…

—Hola, cariño. Dime… —dije claramente nervioso.

—¿Dónde estás? Acabo de llegar a casa y me ha parecido raro que aún no hubieras llegado.

—Es que… como dijiste que ibas a llegar más tarde, pues he aprovechado para tomarme algo con unos compañeros. Ya estoy en el coche y enseguida llego. ¿Qué tal con Andrea?

—Bueno, por un lado bien, pero por el otro no tanto.

—¿Y eso? —pregunté mientras veía mirarme con cara de excitado, por un momento creí que iría a sacarse la polla incluso.

Estar allí los dos, dentro del coche, viendo el vídeo de Natalia mientras ella estaba al teléfono, estaba claro que lo estaba poniendo a mil. Y yo debía reconocer que, a mi manera, también me estaba gustando.

—Lo del trabajo no sé si saldrá adelante. Andrea me ha dicho que no sabe nada aún y siguen sin llamarme.

—¿Y en el gimnasio? ¿Qué tal te ha ido?

—Ahí bien. Cansada pero bien. ¡Ven pronto, amor, que tengo ganas de ti! —me dijo Natalia con una voz melosa y sexy que hacía meses no le oía.

—¿Sí? ¿Vienes cachonda? —le pregunté en voz alta para que Víctor se diese cuenta.

Él me hizo un gesto para que activara el altavoz y yo, inmerso en aquel juego sumamente perturbador, obedecí de inmediato.

—Sí, Luis. Estoy cachonda. Llevo así toda la tarde. ¿No viste la foto que te envié?

—Sí, joder. ¡Qué bien te salían ahí las tetas! Llevo toda la tarde pensando en ellas…

—Lo sabía —La voz de Natalia sonaba cada vez más melosa—, por eso te la envié… sabía que te gustaría y que luego vendrías a casa como loco por follarme… Pensé que ya estarías aquí esperándome…

—Ya voy para allá, amor; pero antes, dime una cosa —dije mirando hacia Víctor y acercando el móvil a él.

—¿El qué?

—¡Dime qué llevas puesto!

—Un pantalón de licra del gimnasio y un top rosa…

—Ummm… Debes estar para comerte… con esa ropa ajustada marcando tu cuerpazo y sudadita del gimnasio…

—Jejeje… claro…

—¿Te han mirado mucho las tetas los tíos allí? Seguro que se habrán puesto las botas mirándote las tetas…

—Anda, no seas tonto… Déjate de juegos y ven a casa… Quiero que me folles…

—Sí, pero pídemelo… ¡pídeme que vaya a casa a follarte…! —le dije acercando aún más el móvil a Víctor, que seguía en silencio, y no perdiendo detalle de lo que decía Natalia.

—Venga, vente…

—Vamos, amor… —insistí—, ¡dime a qué quieres que vaya!… No voy a arrancar el coche hasta que no me lo digas… —proseguí de forma enérgica.

—Joder, tío… ¡ven a casa y fóllame!… Llevo toda la tarde cachonda perdida y quiero que me folles…

—Así me gusta… jejeje… Ahora salgo… ¿Me la vas a chupar también?

—Sí… te voy a chupar esa polla que tanto me encanta y luego me vas a follar… ¡Pero vente yaaaa….!

—Solo otra cosa, cielo… mándame una foto… una foto de cómo estás ahora… quiero ponerme más cachondo pensando durante el trayecto con lo que me voy a topar en casa cuando llegue…

—Vale, te la mando… ¡Pero te quiero aquí ya!, ¿entendido?

—Sí, amor… hasta ahora… un beso…

—Un beso…

Con esto colgué. Víctor no tardó ni un segundo en tomar la palabra:

—¡Cómo me ha puesto la zorra de tu chica! ¡Ve y fóllatela! ¡O voy yo y lo hago por ti, eh!

—Sí, hasta yo he flipado. Hacía meses que no la veía así. Mejor me voy yendo que hay que aprovechar la ocasión —le dije haciendo ademán de salir del coche.

—¿Mañana volvemos a quedar? —me preguntó él—. Háblale sobre el trabajo del bar ese y yo mañana te cuento sobre el trabajo que creo le podría conseguir. En uno de los dos tenemos que colocarla.

El móvil sonó de nuevo. Era un whatsappde Natalia, con una foto de ella en el baño; con la ropa del gimnasio que me había descrito que llevaba y el top rosa levantado, enseñando sus dos espectaculares tetas.

—¡Dios! ¡Menudo par de melones! Luis, a tu chica hay que conseguir que me la folle —me dijo aun con la polla fuera, dura y erecta.

—Yo mejor me voy… —dije algo turbado ante la imagen de Natalia semi desnuda.

—Pásame la foto, tío… quiero recrearme esta noche con ella… —me pidió.

—Claro. En cuanto llegué al coche te la envío —le prometí.

Me despedí de él y, mientras me dirigía en busca de mi coche, iba pensando en lo sucedido. No entendía muy bien por qué, pero había sido aparecer Víctor de nuevo y reaparecer los juegos y la Natalia lanzada del verano pasado. Dentro del coche, cumplí mi palabra y envié a Víctor la foto de Natalia. Sentí un ramalazo de placer al pensar que esa noche él iba a masturbarse viéndola.

—¡Joder, cómo me pone tu chica! Cuando te la estés follando, imagina que soy yo en que lo hago, que me la follo con mi pollón. —Me escribió nada más recibirla.

—Sí, eso haré… hasta mañana… —le respondí.

—Mañana te voy a traer una cosa que he traído de ella y que aún conservo…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s