AURELIO

¡¿Saben una cosa?! A veces la vida duele.
Creo que no puedo explicarles exactamente ese sentimiento, ni puedo darles una definición
de la aflicción que uno siente cuando una y otra vez te pegan, y te vuelven a pegar y hasta
cuando ya estas ahi, tirado, en la lona, vencido, frustrado, rendido, sin compasión te siguen
dando golpes. Creo que mucho menos puedo explicarles de dónde vienen esos golpes, ni
porque los recibimos y aguantamos de pie, o a veces de rodillas, hasta el último round,
hasta que nos den la batalla por perdida a causa de un Knock out técnico.
Los humanos nacemos del sufrimiento, ¿Por qué piensan que ninguno puede recordar el
momento exacto del parto?, y el mismo sufrir nos forja como si fuese un cincel calando
dentro de nuestra piel, es una manera cruda y hasta cruel de ver las cosas, pero ¿como
entendemos la vida en esos momentos en que no sabemos para donde correr?, yo intento
expresarlo en estas palabras, así, crudas, crueles, grabadas como un escupitajo sobre este
archivo de word.
Ese cincel, guiado por alguna mano divina, nos va dando forma y va haciendo que cada
pedazo de nosotros se vuelva de más duro de alguna manera, hasta que llegamos a ser
como piedras, tan duras por fuera que parece que ya no pueden atravesarnos con nada;
pero, por dentro, somos frágiles. Y les juro que morimos cada día un poco más rápido que
cualquier ser humano común, ¡Si! Digo morimos porque soy el primero en formar esa dura
coraza que parece no ser penetrada por nada, pero puedo jurarles que por dentro mi carne
se desgarra en silencio mientras mi rostro dibuja una sonrisa.
Los seres humanos piedras necesitamos un palito que nos guíe, un tutor en donde
sostenernos cuando el peso nos quiera quebrar con el primer viento que sople. Ese bastón
que nos ayude a levantarnos cuando el alma empieza a crecer cada vez más torcida, para
que no se nos inclinen las fuerzas ni se nos tuerza la voluntad. Ese palito que nos ayuda a
no caer, ese palito que nos abraza, nos alienta, y nos da una bofetada de realidad para
volver a mirar al cielo.
¡Puta! Miren que es difícil hacer crecer recto al humano piedra.
Pero, ¿saben qué tenemos de bueno? Que a pesar de todo llorar, a pesar de caer, de
rompernos en diminutos fragmentos, de que se nos desgrane el alma, nos reconstruimos
cada día. Un poquito de cemento aquí, otro poquito de cemento allá y el día comienza de
nuevo, desde los cimientos, ubicando cada ladrillo en su lugar para levantar una pared con
cada grano y aunque sabemos que es muy probable volver a terminar despedazados, ¡Ahí
vamos! Porque prefiero bailar el tango más complicado, que al final la coreografía será más
bella y porque además esto es lo que nos tocó a nosotros, Los humanos piedra.

https://lapelusadeaurelio.wordpress.com

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