ALMUTAMID

Salí de casa camino de la cafetería pero antes de llegar Nieves me envió un mensaje diciéndome que le había surgido un problema y que pasara por su casa a recogerla para no tenerme esperando tanto tiempo. Llegué a la dirección que me había dado y llamé al porterillo.

-¿Luis?
-Sí, soy yo.
-Sube, que aún no estoy.

Sin tiempo a reaccionar abrió la puerta y colgó. Entré al portal. Uno de esos portales muy amplios con portero, aunque en ese momento no estaba, sofás y dos ascensores. Cogí uno y subí a su piso. Busqué la letra de su piso y llamé. Se abrió la puerta y apareció Nieves detrás aun con ropa de andar por casa.

-Pasa…mis padres acaban de irse a la playa y me he retrasado.

Al verla me quedé un poco cortado. Llevaba un conjunto de pantaloncito muy corto, o muy subido hasta la cintura, de esos redondeados por el pernil que apenas cubrían sus nalgas de modo que no se sabía si llevaba braga o no. Por arriba llevaba a juego una camisetita con números a la espalda imitando las de fútbol americano muy corta y ancha, de tal manera que entre el elástico del pantaloncito y el vuelo de la camiseta quedaba toda su barriga al aire. De un vistazo rápido no me dio tiempo a comprobar si llevaba sujetador.

-Mis padres acaban de irse a la playa y les he ayudado a preparar lo que se llevaban y se me ha echado el tiempo encima. Mejor, porque así te enseño lo que quería consultarte directamente y no sin tenerlo delante…-hablaba Nieves bastante atropellada sin darme tiempo a responder- ¿cómo tomas el café? ¿Con leche?

Sin darme tiempo a responder la seguí por un pasillo hasta la cocina. La casa era bastante grande y la cocina aparte de bastante encimera y una isla en medio tenía una mesa con cuatro sillas junto a un ventanal cubierto con estores que supuse que daba al patio interior.

-Con leche…-contesté todavía algo cortado.
-Siéntate si quieres te lo voy preparando.-me dijo mientras sacaba unas tazas y las cápsulas de café de un armario alto.

Efectivamente no llevaba sujetador pues al bajar los brazos sus pechos se movieron con la libertad que anula esa prenda. De haberme agachado le habría visto las tetas, pues pese a habérmela follado en la discoteca no le había visto aun los pechos. Quité de mi mente la visión de como me imaginaba esos pechos bamboleantes, más grandes que los de Claudia pero no pude evitar comentarle:

-¿Siempre vas así por casa?
-Me gusta estar cómoda. Bueno, normalmente si hay visita me cambio, pero no me ha dado tiempo y contigo hay confianza.
-Ya veo…

Y me sonrió. Una vez hechos los cafés los trajo a la mesa y se sentó, pero en vez de ponerse en el centro de la mesa sacó la silla para poder ponerse más cerca de mí. Se sentó en la silla y recogió las piernas sobre el asiento abriéndolas de modo que con la anchura del hueco del pantalón pude comprobar disimuladamente que bragas sí que llevaba pues se veían perfectamente unas braguitas rosa de algodón asomando.

-Bueno…-dije centrándome en aquello a lo que había ido.- ¿Qué quieres consultarme?
-Un segundo, que voy a mi cuarto por el portátil.

Se levantó para ir a buscarlo colocándose el pantaloncito con la mano pues se le había subido y se veía media nalga y las bragas. ¿Era casual o me estaba provocando? Mientras volvía di varios sorbos al café intentando despejar dudas pero la imagen de mis caderas golpeando contra aquel culo taladrándola con mi percutor volvió a mi mente. “Luis la tienes a huevo. Te la follas a tu antojo y te quedas a gusto. Ella quiere…está deseando que le des dos pollazos bien dados. Y tú…”

Nieves regresó con el portátil y se arrimó para sentarse a mi lado más pegada y que ambos viéramos la pantalla del ordenador. Ahora se había sentado con las piernas recogidas de lado de modo que su rodilla quedaba apoyada en mi muslo. Me estuvo enseñando bases de datos de materiales universitarios y repositorios on-line para que la asesorara sobre la fiabilidad de los distintos materiales alojados. También me consultó sobre foros de intercambio de trabajos aunque se los desaconsejé pues normalmente solían ser cutres y copiados. Lo que le aconsejé es que creara grupos de trabajo con compañeros para repartirse tareas.

Al hablar de aquello me había relajado comprobando que efectivamente Nieves quería consultarme cuestiones de los estudios y no era una excusa para hacerme una encerrona. De hecho apagamos el ordenador y seguimos charlando relajados. Sin darme cuenta Nieves dejó de apoyar sus manos en sus rodillas para hacerlo en mi muslo. Pero estábamos hablando tranquilamente incluso en una tontería que dije casi se cae de la risa de la silla y la tuve que sujetar atrayéndola hacia mí cayendo esta vez sobre mí. Inesperadamente al estar tan cerca me dio un pico y se me quedó mirando esperando mi reacción. Me pilló tan desprevenido que no reaccioné. Al verme no rechazarla esta vez me besó y yo me sorprendí devolviéndole el beso. Estábamos besándonos y mi cuerpo reaccionaba favorablemente empalmándose mi polla y más aún cuando sentí la mano que Nieves apoyaba en mi muslo subir hasta encontrarse con mi dureza. Iba a por todas. Ahí me sobresalté.

-Esto no está bien…-me levanté bruscamente.
-¿Qué te pasa Luis?
-Tengo novia, acaba de irse a Italia. No puedo engañarla en menos de una semana.
-Ya la has engañado.
-¿Pero tú que quieres?-pregunté contrariado.
-Luis, me gustas. Y quiero disfrutar contigo. No espero más. Sé que te vas a tu universidad en pocos días. ¿No te apetece? ¿No te gustó?
-Claro que me gustas. ¿Y a quién no le apetece tener algo con una preciosidad como tú? Pero hace apenas unos días estaba con ella. No puede ser…
-Tu pantalón no dice lo mismo. –dijo mirando el bulto de mi erección.-¿Por qué no te sientas y hablamos? Prometo no atacarte…

Me quedé de pie. La duda era enorme. Nieves me gustaba. No quería desairarla. No se lo merecía. En el fondo yo le había dado pie desde que la conocí, jactándome de que tenía novia a la vez que tonteaba descaradamente con ella. La noche que me la había follado en la discoteca aunque ella me había buscado toda la noche con dobles sentidos y toqueteo de brazos en el fondo había sido yo el que me la había llevado a aquel rincón. Siempre había dado pasos. Empezaba a parecerse a lo que me había ocurrido con María con la diferencia de que Nieves no se cortaba al expresar sus intenciones. Pero no quería complicarme. Yo quería a Claudia y temía que Nieves se enamorar de mí y terminara montándome una historia como me hizo María con Marta.

Además me daba coraje que Claudia tuviera razón y estuviera convencida de que a la primera de cambio iba a terminar mojando el churro con otra chica. Yo no era Óscar. Yo quería estar con Claudia. Pero Claudia no estaba. Y Nieves estaba ahí delante. El problema es que con ella estaba a gusto. Lo pasaba bien. Y aunque sólo habíamos tenido un polvo loco en una discoteca intuía que era de las que les gusta jugar en la cama.
Mi cuerpo era un mar de dudas y de hormonas revueltas. Ni siquiera era una cuestión moral. Claudia me había dado rienda suelta. No era engaño propiamente dicho, pero ¿y si me enamoraba de Nieves? No iba a pasar. Me quedaban pocos días en mi ciudad.

Mi silencio y mi falta de reacción empezaban a ser más incómodos que cuando me levanté al sentir como Nieves me había agarrado la polla bajo el pantalón. Desde luego ella era consciente de mi duda. Lo que yo no sabía es hasta donde estaría dispuesta a llegar. Si sería como Silvia o terminaría rechazándome ella misma viendo que yo no daba un paso en una u otra dirección. Por fin reaccionó:

-¿Sabes que es la primera vez que te beso?

Levanté la cabeza para mirarla y continuó:

-Fíjate que me enseñaste la polla en el chalé de Leyre, después lo de la disco…pero nunca nos habíamos besado. Besas bien. Me gustan tus labios.
-Nieves. No sé por qué te he besado.
-No me has besado. Te he besado yo. Pero tú no me has rechazado. Perdona por haber sido tan directa al meterte mano. Pensé que es lo que te iba después de enseñármelo todo y echarme un polvo detrás del seto de una discoteca.
-Perdóname. No quería darte esa impresión. Estoy hecho un lío.
-¿Con qué?
-No pude evitar tontear contigo cuando te conocí. Entre el descaro de tanta cerveza y que me pareciste tan mona, me salió solo.
-Lo sé. No lo puedes evitar. No eres el único así. Pero lo de la discoteca ¿tampoco pudiste evitarlo?
-Ese día había peleado con mi novia y apareciste tú. Fue un impulso.
-Y ahora no estás peleado con ella. Pero se ha ido. ¿Cuál es la diferencia?

De nuevo la duda. Mierda. O nada o todo. O no me como una rosca o me caen tías buenas del cielo. ¿Pero no tienes una novia estupenda y te da todo el sexo que necesitas y más? ¿Para qué te complicas la vida? Joder. ¿Por qué se habrá ido Claudia?

Mientras yo volvía a dudar Nieves se adelantó recolocándose de nuevo el pantalón para taparse las nalgas. Se acercó a mí y se detuvo de frente. Era una preciosidad de 18 años con unos pechos firmes que solo mostraban estar libres al bambolearse con algunos movimientos. De hecho era evidente que estaba excitada con la idea de liarse conmigo pues sus pezones ahora se marcaban en la camiseta a escasos centímetros de mí. Se me ofrecía y podía cogerlo. Apenas unos meses antes me habría lanzado desesperado a lamer aquellos pechos y tocar el chocho pelón que sabía que guardaban aquellos pantaloncitos. Sin embargo ahora estaba paralizado por la duda terrible de hacer lo que debía o no. En mi mente resonó: “Claudia te da permiso. No es engañarla. Tú sabes que si no es con Nieves en cuanto otra se te ponga delante caerás…”

Nieves se había percatado de como había mirado sus pechos marcados en la camiseta y mientras yo seguía cavilando me cogió la mano y la llevó dentro de su camiseta hasta posarla en uno de sus pechos. Contrastaba la suavidad de su piel tibia con la dureza de su pezón. La chica además giró la cabeza a un lado, se mojó los labios y gimió con dulzura al notar el calor de mi mano posarse en su teta. No fui capaz de apartar la mano y cuando Nieves buscó mis labios de nuevo le devolví el beso sin soltar su teta. Mi erección se recuperó. Ya estaba perdido. Y más cuando Nieves tomó mi mano de su pecho y tirando de ella me llevó por un largo pasillo hasta su dormitorio…

Cuando llegamos a su dormitorio, una habitación bastante amplia y luminosa con una cama de 105 cubierta con una colcha sencilla de verano con dibujos lilas sobre fondo blanco a juego con el color de las paredes y las cortinas. Un armario empotrado blanco y una mesa de estudio junto a un gran ventanal. Las paredes tenían los típicos posters de actores, deportistas y cantantes sin camiseta presumiendo de musculatura. Al verlos me encogí de hombros y le pregunté:

-Entre tanto tío bueno no sé qué has visto en este canijo.
-Este canijo a mí me resulta que está muy bueno y además es de carne y hueso.

Y consciente de que lo que había terminado de doblar mi resistencia había sido tocar su teta se quitó la camiseta dejándolas a mi vista. Era una provocación en toda regla, pues sus pechos tenían la capacidad de sostenerse contra la gravedad con firmeza a pesar de no ser pequeños. De hecho parecían mayores libres que en los bikinis en los que los había visto seguramente aprisionados pues Nieves solía usar bikinis sin tirantas de modo que probablemente la prenda se sostenía por la fuerza del broche y los elásticos apretando los dos senos que se me ofrecían libres en aquel momento. De hecho como había comprobado al tocarlo sus pechos eran firmes y redondeados como si una copa los sostuviera rematados en dos pezones de aureolas pequeñas muy claritas que culminaban en dos pezones pequeñitos pero muy sobresalientes.

Creí percibir cierta satisfacción en su expresión al quedarme perplejo ante sus pechos. Pero quise contrarrestarlo quitándome yo también la camiseta e intentar presumir al menos de mi tableta marcada pues en el último año con mis entrenamientos por las tardes y el torneo de fútbol sala mi cuerpo había ganado musculatura, o mejor dicho me había fibrado, pues seguía siendo bastante delgado. El resultado fue que pegamos nuestros cuerpos sintiendo nuestras pieles besándonos ahora sí con mucha lengua. Sentía como sus pezones se clavaban en mi piel. Era algo increíble. No tuve más remedio que bajar mis manos a agarrar sus pechos obteniendo sus primeros gemiditos suaves de aprobación, algo roncos, recordándome al ronroneo de un gato.

Hace apenas una semana me preparaba para irme de acampada con Claudia y ya estaba con otro cuerpo entre mis brazos. Y tuve la misma sensación que cuando me la follé en la discoteca. El sentimiento de culpa que había tenido en la cocina se había disuelto. Yo no la había buscado. Ni siquiera insinuado esta vez. Era ella la que me había buscado. Yo me había resistido pero ella había insistido. Sin fecha para volver a ver a Claudia me sentí libre de dar rienda suelta a mi deseo sexual sin romper el vínculo emocional que me unía a ella.

Por tanto, libre de la losa del remordimiento me lancé a disfrutar del cuerpo de Nieves que premiaba mis besos y caricias con gemidos y que con habilidad ya había desabrochado mi pantalón dejándolo caer en mis tobillos y trataba de bajar mi calzoncillo para liberar mi dureza. Como pude comprobar en la discoteca no era de las mujeres que necesitan demasiados preliminares y desde el primer momento en la cocina buscaba mi polla no sé si para ir al grano o para tenerme cogido por el asa.

Yo ya estaba totalmente entregado hasta el punto que sentía humedad en la punta de mi nabo. Una vez había sacado por mis tobillos las dos prendas que me estorbaban llevé a Nieves a la cama. Se tendió levantando los brazos sobre su cabeza dándome una imagen preciosa de sus pechos cayendo ligeramente a sus costados mientras yo iba directamente a retirarle de un golpe pantaloncito y bragas dejando ante mis ojos un chocho totalmente rasurado de esos que parecen tan apretados que es imposible abrirlos para meter nada. Me quedé mirando du cuerpo delgadito, menudo de caderas con su barriguita ligeramente redondeada dejando una cintura poco marcada pero rematada en sus dos preciosos pechos.

Quise comprobar hasta que punto estaba entregada a mí, o como me había dicho Pablo su nivel de complacencia, y abrí sus piernas para ver su raja sin estorbos y observándome con cara de deseo se dejó hacer dejando ante mis ojos un coñito apretado pero que empezaba ligeramente a entreabrirse mostrando unos labios rosaditos como sus pezones. Llevado por el nulo miedo a que rechazara mis propuestas le dije:

-Me voy a comer ese coño.

Me respondió con otro ronroneo y flexionó las piernas ofreciéndomelo. Encajé mi cara entre sus piernas aspirando su olor a hembra recién duchada y sin preliminares atrapé sus labios con mi boca encajando mi lengua entre sus labios y descubriendo el sabor dulzón de su flujo abundante pese a no verse por lo apretado que estaba ese chochito. Nieves aumento la intensidad de su ronroneo mientras yo lamía y chupaba su raja llegando a atrapar su clítoris con mis labios pues resaltaba tremendamente entre su carnosidad. Eché de menos las palabras de Claudia ofreciéndome de comer y diciéndome aquellas guarradas que me ponían tanto pero no perdí excitación por ello pues no dejaba de estar comiéndome un coño batante rico.

Pero yo en el fondo quería follar ya así que me levanté de entre sus piernas y le dije:

-Necesito follarte ya…

Nieves con la cara aun encogida por mi cunnilingus alargó la mano al cajón de su mesilla y lo abrió sacando una caja de condones sin estrenar. Estaba claro que lo había preparado todo para llevarme a su cama. Ya no me iba a echar atrás. Con prisa abrí la caja, saqué un condón y me lo puse. Me había acostumbrado a hacerlo a pelo con Claudia pero si la chica me daba el condón no me quedaba otra que ponérmelo. Me coloqué sobre ella y dirigí mi polla a su coño resbalándola entre sus labios tan carnosos hasta dar con la entrada de su cueva y la fui metiendo exhalando el aire de mis pulmones mientras la chica se aferraba a mi espalda hasta quedar totalmente ensartados. Con ternura la besé. Era más bajita de Claudia y me obligaba a encorvar un poco la espalda para besarla mientras la penetraba. El resultado de mi comida de coño había sido que mi polla se había deslizado con facilidad dentro de ella a pesar del condón y sentía como las paredes de su coño la apretaban así que empecé a bombear primero despacio pero en apenas un par de minutos estaba follándomela con bastante intensidad como había ocurrido en la discoteca a pesar de no tener motivos de prisa en esta ocasión.

Su ronroneo había tornado en gemidos más agudos a cada embestida mía. Yo ya concentraba en ese momento toda la sensibilidad a las sensaciones que venían de mi polla de modo que agarré a Nieves por los hombros mientras ella se apretaba a mi espalda y empecé a follar cada vez más fuerte. De hecho me olvidé de quien estaba bajo mi cuerpo y sólo me concentré en mi propia sensación. Hasta tal punto que cuando mis pelotas lanzaron la primera descarga recorriendo mi espina dorsal que anunciaba mi corrida mi subconsciente me jugó una mala pasada y dije:

-Claudia, me viene…me corro….

Nieves no respondió. Limitándose a gemir ronco cuando mi semen caliente llenó el condón entre contracciones de mis nalgas y aferrándose a mi espalda mientras pude sentir contracciones en su coño. Cuando terminé de correrme me salí de ella y me tumbé a su lado para sacarme el condón con cuidado. Nieves se giró para mirarme. Su orgasmo, si es que lo había tenido, eran poco intensos. Nada que ver con Claudia.

Anudé el condón y lo tiré al suelo. Nieves me besó con dulzura. Yo esperaba confirmación de que le había gustado:

-¿Bien?
-Muy bien…-respondió sonriendo.-Veo que te gusta fuerte.
-Pero ¿te ha gustado?

Asintió con la cabeza sonriendo dejándome entre dudoso y confiado.

Nieves terminaba un polvo como si no hubiese ocurrido nada. Apenas se alteraba su respiración ni mostraba grandes signos de placer. En el sexo era por el momento especialmente pasiva y silenciosa. Ello me hacía dudar de si realmente había llegado al orgasmo o se contentaba con el mío. Por eso insistía tanto en saber si estaba bien y le había gustado sin atreverme a preguntarle si realmente se había corrido.

Acostumbrado a esperar las largas recuperaciones de Claudia tras un polvo me sorprendía como Nieves en cuanto me quitaba de encima de ella se giraba y se ponía a hablar como si no hubiéramos hecho nada. De hecho, en cuanto me quité el condón y lo anudé ya estaba de lago observándome con la carita algo encendida y algunas gotillas de sudor que daban brillo a su cuerpo.
-No dejas de sorprenderme…-le dije mientras se sonreía- …una niña pija y guapa de colegio de monjas que en vez de salir con un Borja o un Álvaro del cole de curas de al lado y un Golf aparcado en la puerta prefiere liarse con un canijo que encima tiene novia.
-Pero resulta que a mí no me gusta un Borja repeinado que te hable de los negocios de su padre sino que me ha gustado un universitario inteligente y guapo y que encima tira bien en la cama. Aunque se nota que a pesar de estar conmigo follando su cabeza pensaba en otra.

La miré extrañado y sonriendo me dijo:

-Has nombrado a una tal Claudia que supongo que será tu novia.
-Ha sido inconsciente.-me disculpé.-Lo siento.
-Tranquilo, ya me has dejado muy claro que tienes novia y soy tu segundo plato.
-¿Y no te molesta?
-No me has engañado desde el principio haciéndome saber que estabas pillado, aunque desde que te conocí me has buscado.
-Y tú a mí.
-Pero yo no tengo novio, listo, jajajaja. Ni lo busco. No me veo atada a nadie, ¿sabes?
-Pero quieres desatarme a mí…
-Eso es cosa tuya.-me dijo con cara de indiferencia.
-¿Entonces soy tu capricho de este verano?-le pregunté mirándola serio a los ojos.
-Desde que te conocí me gustaste…pero no pensé en nada. Tenías novia.
-Ya me lo dejaste claro cuando tonteando quise ver ese chochito rasurado tan lindo…-dije acariciándole el pubis.
-Sin embargo estabas muy lanzado. Me enseñaste la polla con descaro.
-Eso no es verdad del todo.-me defendí- Yo te enseñé mi vello rasurado porque me dijiste que te gustaba. Sólo que del impulso viste algo más.
-Lo vi casi todo.
-¿Y te gustó?
-No es en lo que más me fijo de un chico para salir con él…
-Shhh. No le hables así que se pone triste…-le dije señalando a mi polla.
-Perdón…no sabía que era tan sensible. Si a mí me gusta tenerla contenta, jajaja.
-Bueno ahora que ya la conoces, ¿qué tal?
-Muy bien. Se ha portado desde luego.

Me estaba encantando el desparpajo de la niña con el sexo y su naturalidad en el trato. Le quitaba al sexo todo lo que pudiera tener de mágico o especial reduciéndolo a un juego entre dos personas que se atraían. Eso me hizo recordar la conversación con pablo en que me decía al empezar con Leyre que era muy “compleciente”, cualidad que él achacaba a todas estas “niñas pijas”. Empujado por como Nieves me había buscado y la conversación que estábamos teniendo tumbados en su cama me atreví a tensar la cuerda y probar.

-¿Y no quieres conocerla mejor?-pregunté.
-¿Quieres más?- preguntó con sonrisa maliciosa.

No contesté y me incorporé mientras ella me observaba de lado y sin decir nada me puse de rodillas delante de su cara plantándole mi polla colgona delante de la cara. No dijo nada pero giró el cuello para mirarme y me sonrió. Alargó su mano y echó hacia atrás mi prepucio para descubrir mi glande mientras mi polla terminó de endurecerse. Empezó a lamerla con los ojos girados hacia los míos. Se detuvo un momento para decirme:

-Si no supiera a condón estaría más rica.

Casi sin darle tiempo a terminar la frase empujé su cabeza con mi mano. No opuso resistencia y se tragó mi polla. Apreté con mi mano de nuevo clavándosela hasta la garganta. Creí que me había pasado y la solté. Mi polla se salió de su boca babeada y Nieves limpió su boca con el dorso de su mano.

-¿Te gusta mi polla?- le dije envalentonado.

Me empujó para que quedara apoyado sobre mis piernas dobladas y ella se puso de rodillas bajando la cabeza para volver a chupar. Le iba la marcha. No estaba enfadada por mi actitud dominante y entraba al trapo. Tanto que me tuve que echar hacia atrás para dejarle espacio a su cabeza que subía y bajaba cayendo su melena sobre mis piernas mientras mamaba hacía bastante ruido dándome una espléndida vista de su espalda sus caderas y su culo.

-¿De verdad te gusta mi polla?- insistí.
-Aham…-respondió Nieves sin dejar de chupar.
-¿Te gusta comértela?
-Aham…- respondía entre los chups chups de apretar los labios con mucha saliva.
-Como sigas así me vas a sacar la leche…

No respondió chupando de una forma en que temía en que acabaría con agujetas de tanto subir y bajar la cabeza. Pero era cierto que me iba a sacar la leche pues ya sentía el cosquilleo previo en las pelotas y la hipersensibilidad en el glande.

-Quiero echártela en las tetas…me encantan tus tetas…
-¿Ya viene?- preguntó sacándosela de la boca para empezar a pajearme.
-Estoy casi…

Nieves se levantó de la cama y la seguí. Sin esperármelo se arrodilló y con las manos se apretó las tetas juntándolas para que apuntara con mis lefazos. Yo empecé a pajearme con fuerza. Nunca me había encontrado ese nivel de sumisión en mis parejas anteriores. Me miraba, ahora sí con el pelo revuelto y una cara de salida que no le había visto ni en el polvo que acabábamos de echar. No veía su dulzura por ninguna parte. Y eso me envalentonó aun más.

-Abre la boca….Nieves….abrela…-dije machacándomela con fuerza.

La chica obedeció mi orden y eso fue el punto de no retorno cuando empecé a soltar chorros de semen que cayeron sobre sus tetas principalmente aunque alguno llegó a su cuello y barbilla. Su silencio lo suplía con sus gestos y su “complacencia” como decía Pablo. Pero más allá aun, cuando terminé de correrme y me solté la polla, ella me la cogió y la besó recogiendo algún resto de semen.
-Uffffff.- deja escapar cuando terminé y Nieves soltaba mi nabo.- Como me has puesto.

Y de nuevo Nieves se transformaba en la chica amable que charlaba contigo tomando un café y levantándose del suelo me dijo:

-¿De verdad que te ha gustado?

Reaccionaba de nuevo como si nada. De hecho se levantó del suelo llena de mi semen y mientras se retiraba con la mano el lefazo de la barbilla y me dijo:

-Jajajaj. Eres una fuente. Mira como me has puesto. Eso es que te ha gustado. Voy a limpiarme.

Me quedé de pie en el dormitorio asumiendo lo que estaba pasando. Y más bien intentando aclarar mis ideas. Aunque el primer pensamiento que me vino fue darme cuenta que me podía haber pasado todo el verano poniéndome las botas con Nieves. Claro que no contaba con el “permiso” de Claudia pero por el momento estaba descubriendo que no tenía tantos remordimientos como me temía. Me puse los calzoncillos y fui a buscar a Nieves al baño. Estaba terminando de secarse las tetas. Me vio por el espejo y me sonrió diciendo:

-Oye con tanto meneo, ¿no tienes hambre?

Me di cuenta de que estaba anocheciendo.

-Pues la verdad que sí. Si quieres salimos a la calle a tomar algo.
-Mis padres han dejado algo. ¿No quieres que nos quedemos aquí más cómodos?
-Vale, claro. Como tu prefieras.

La seguí al dormitorio pero cuando fue a ponerse las bragas le pedí que se quedara desnuda. Me guiñó el ojo dejando las bragas sobre la cama y salió del dormitorio contoneando las caderas de modo que sus nalgas rebotaban algo al andar recordándome como se agitaban a cada golpe mío de cadera cuando me la follé en la discoteca. Comimos conversando animadamente en dos taburetes en la isla de la cocina tomándonos una botella de vino tinto. No podía evitar que los ojos se me fueran a sus tetas o a su entrepierna al cambiar de postura. No parecía importarle ofreciéndome varios cruces de piernas de película policiaca.

Entre charla, miraditas y risas se nos hizo bastante tarde. Recogimos los platos y dudé entre vestirme para irme o proponerle algo más, pero Nieves se me adelantó y me preguntó si me apetecía hacer algo. Yo con naturalidad le pregunté si le apetecía echar otro polvo y naturalmente me dijo que sí.

Es cierto que follar con Nieves era algo mecánico e incluso frío pero su complacencia, su naturalidad, su buena disposición y ganas de agradar invitaban a repetir. De hecho en cuanto me respondió afirmativamente empezamos a comernos la boca mientras mi mano amasaba su culo con descaro y ella metía su mano en mi calzoncillo para amasar el mío. Besaba con ganas y consiguió encenderme bastante. Quise seguir aprovechándome de su cuerpo y cuando nos fuimos al dormitorio entre tropezones metiéndonos mano y risas lo primero que hice fue sentarme en la cama para dejar mi cabeza a la altura de sus tetas y pegarme el festín que había pensado durante la cena agarrando, chupando, succionando mientras pasaba mi mano por su raja comprobando como se mojaba e incluso me pareció escucharla gemir prolongando el festín. Tanto que por fin sentí como agarraba mi cabeza pegándola a su pecho aún más. Clavé mi dedo en su coño sin dejar de frotar la mano en su raja y por fin conseguí que se corriera de modo que yo lo percibiera sintiendo en mi oído su respiración agitada y un muy leve gemido acompañado de un súbito cierre de sus piernas atrapando mi mano entre ellas.

Nieves se separó de mí irguiéndose con una amplia sonrisa.

-Ains, Luis. Ya sabía que tenías buena boca pero también tienes buena mano.
-Pues por si no te has enterado todavía también tengo buena polla…

Me levanté y me quité los calzoncillos dejando libre la erección que ya me apretaba. Nieves me observó sin hacer nada esperando que iba a hacer. Sin prestarle atención cogí la caja de condones de su mesilla y me puse uno. Me fui hacia ella y la besé frotándole mi nabo por la entrepierna. Estaba dispuesta y sabía lo que venía pero en vez de tumbarnos en la cama la llevé hacia la mesa y la hice apoyar las manos en ella. Le abrí las piernas y tras pasarle la polla entre los glúteos la dirigí con mi mano hacia su coño aun mojado por su reciente orgasmo y en cuanto emboqué di un fuerte golpe de cadera clavándosela hasta las pelotas obteniendo un gemido.

-Ahora te vas a enterar…-dije agarrándola por las caderas mientras Nieves se acomodaba para apoyarse mejor en la mesa ofreciéndome su culo. Sin miramientos empecé a bombear fuerte y rápido rítmicamente. Iba a ser un polvo rápido aunque como ya me había corrido dos veces aguantaría más.

Tuve que parar un momento más por agotamiento físico que por cercanía a correrme. Tomé aire mientras sentía a Nieves también agitada. Esta vez lo cogí por el hombro y empecé de nuevo a dar fuerte. Le sentía gemir, la sentía estremecerse. Esta vez si parecía que estaba follando. A pesar de cansarme el ritmo apuré todo lo que pude y la chica empezó a soltar unos “ayes” al compás de mi follada que me recordaban a los de Lourdes. Agudos y rítmicos. Tenía que aguantar a pesar de notar la tensión en mis muslos. Y lo conseguí. Nieves por fin empezó a temblar con un gemido largo y más ronco. Sentía sus contracciones. Un orgasmo más intenso. Y mis pelotas cargadas.

Apreté mi polla todo lo que pude dentro de ella para que la sintiera totalmente mientras se corría. En ese momento dudé si empezar a bombear de nuevo o quitarme el condón y pajearme hasta soltarle la corrida en la espalda y el culo. Por consideración volví a la carga y como estaba muy sensible por su corrida de nuevo gemía levemente a cada golpe mío de cadera al compás del “plas, plas, plas….”. Además estaba tan empapada que se oía el sonido líquido de su coño al succionar mi polla “chup, chup, chup…” acompañados de sus “ays, ays…”. Toda esa atmósfera de sexo con el roce de mi polla hinchada contra las paredes viscosas de su coño hicieron que en un par de minutos sintiera en mi espalda un latigazo que bajó hasta mis pelotas y éstas se vaciaran llenando el condón entre mis espasmos de esfuerzo físico y de mi boca salió un lacónico:

-Nieves. Me corrooooooo…

La noche terminó conmigo vistiéndome para ir a casa, Nieves poniéndose el pijamita con el que me había recibido un abrazo y un pico de despedida con un “Ya nos llamamos” mutuo. Un “Lo he pasado muy bien” mío y un “Me ha gustado mucho” suyo.

Sin embargo cuando bajé a la calle miré el móvil y me encontré con un e-mail de Claudia. ¿Qué me contaría?

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