Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Hoy hemos celebrado los cumpleaños de los niños-as que nacieron durante los meses de otoño. La fiesta ha tenido lugar en el jardín de la urbanización. Todo estaba decorado con globos de colores y banderolas que cruzaban los árboles de parte a parte. Gente menuda por todos los sitios, entretenida por adultos en diversas actividades. Después de darme una vuelta con mi cámara para captar el ambiente, divisé a Marta y Sara sentadas bajo unos árboles, ésta daba el biberón a su hijita. Me acerqué a ellas y me invitaron a que les hiciera compañía.

—¿Qué te parece la fiesta?

—Muy bonita, todo muy alegre. Se nota que hay mucha gente conocida.

—Sí, en ocasiones como esta nos juntamos muchas familias. La pequeña Ester estaba muy inquieta.

—Es su habitual hora de dormir y con este alboroto le está costando conciliar el sueño.

Sara le acercó a los labios el biberón y arrullada por los susurros de su madre, poco a poco consiguió calmarse, hasta quedarse dormida.

—¿Todas estas personas pertenecen a vuestra asociación?

—Bueno —comentó Sara—, la verdad es que nosotros no nos definimos como asociación o cualquier otro organismo que nos encasille.

—¡Oh!, es que no sé, cómo llamaros.

—Es lógico que trates de buscar donde situarnos —aclaró Marta—, pero tienes que saber que lo único que pretendemos nosotros es ser coherentes colaboradores en el presente con el proyecto del Señor de la Historia. Por eso no podemos encasillarnos en ningún organismo que limite sus planes.

 —¿Cómo es eso? ¿Me podéis explicar más?

—Mira —intervino esta vez Sara—, el caso es que, somos un grupo de personas que hemos descubierto la misión específica y única que todo ser humano tiene en la vida. Esta consiste en favorecer la actuación del Señor en la Historia; tratar de hacer que sus planes sobre el aquí y ahora se hagan realidad, por eso no podemos excluir a nadie, todo el que descubra su misión de ir construyendo el Reino de S.H. será bienvenido.

 —¡Esto suena muy interesante!

—Pues sí —continuó Sara—, sí que lo es. Creemos que cada generación, cada cultura tiene una misión concreta dispuesta por el Señor, para ir colaborando con él en sus planes de ir recapitulando todas las cosas hacia la instalación eterna de su Reino. Cada uno tiene que ir descubriendo su papel existencial dentro de ese proyecto divino y entregarse por entero a ser su incondicional instrumento. Por eso no podemos encerrarnos en una organización civil o religiosa que nos ate con sus limitaciones reglamentarias. Nuestra ley está escrita en el libro santo que nos dio el Señor y por eso simplemente nos presentamos como personas adultas que nos comprometemos a vivir el proyecto de S.H. en este presente en el que él nos ha puesto.

—¿Y todas estas personas viven esa responsabilidad?

—Verás —contestó Marta—, aquí cabe cualquiera que descubra su misión específica dentro de los planes del Señor, pero un compromiso explícito, según nuestro estilo de entender es encargo encomendado a cada uno, lo tenemos hecho unas 70 personas, aunque a veces como racimos aparecen por aquí con todos sus familiares. Prácticamente la mayoría de los presentes están más o menos interesados en nuestra forma de vivir, y aunque oficialmente no se hayan comprometidos con nuestra causa, no les somos indiferentes.

Y ¿en qué se distinguen uno de otros?

—Externamente en nada, pero los que se apuntan a hacer su compromiso por la causa que S.H. nos ha encomendado, debe de recibir una formación que les llevará a ser consecuente con una entrega de por vida.

—¿Sois muy exigentes en la selección de los candidatos?

—Verás, para llegar a hacer oficialmente el compromiso —prosiguió Sara—, se requiere haber estado un tiempo entre nosotros conociéndonos y demostrando ser persona idónea. Esto quiere decir que debe estar dispuesta a renunciar a la vida egoísta y vacía que promueve la sociedad actual. Desde ese momento, su vida estará al servicio de las necesidades de los que se le acerque, compartiendo su tiempo y todos sus bienes, tanto materiales como intelectuales y espirituales. En fin, ha de colocar su vida privada en segundo plano, para vivir exclusivamente por implantar la fraternidad en el mundo como único camino para la paz, la justicia y la felicidad de todos.

Esto lo veo muy exigente, ¿ya no cuentas en la vida personal?

Yo no diría que nos privamos de la vida personal, sino que nos percatamos de que la vida tiene otro sentido al que hemos de ser fieles y coherentes, desde el momento en el que somos conscientes de ello. Todo es posible cuando pones el corazón en lo que te parece transcendente y todo lo demás lo consideras secundario.

Oh… bueno… ¿Qué años hay que tener para ser ese comprometido?

—Hay que ser adulto con una madurez suficiente para tomar decisiones personales responsablemente.

—¿Cualquiera persona adulta sirve?

—Por supuesto, la llamada es a cualquier persona en el espacio y en el tiempo, pero no todos son capaces de poner su libertad al servicio de una causa tan gratuita. Esto es muy exigente y requiere un temple de persona que tiene que estar dispuesta a nadar contra corriente.

—¿A nadar…? ¿Cómo?

—Quiero decir que, en muchas ocasiones, pueden surgir dificultades ambientales o sociales ante las que es muy difíciles tomar decisiones o que nos ponen en situaciones muy comprometidas incluso de incomprensión y desprestigio y aquí nos jugamos nuestro pacto con el Señor, por eso hay que tener una fortaleza interior que no se adquiere en dos días.

—Ya veo.

—Está claro que nuestra misión —continuó Marta— de ir transformando la sociedad, no puede ser exclusivo de unos pocos. S.H. llama al hombre para que colabore en su obra de ir desarrollando la Historia en un proceso ascendente hasta que él decida concluir todas las cosas. Cuando la Historia llegue a su fin, quiere encontrarse a los hombres preparados para un final feliz.

Esta es una programa muy ambiciosa ¿no?

(Tened en cuenta que la M95 es extranjera y que no domina bien el idioma cuando se comunica con estas personas)

—Puede ser, pero sabemos que el final no está a la vuelta de la esquina, nuestra misión es ayudar a las personas que el Señor pone en nuestro camino, a tomar conciencia de su destino y acompañarlas hacia su propia meta.

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

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