ALMUTAMID

Me desperté pegado al cuerpo de Claudia y medité sobre mis sentimientos. Nos habíamos acostado desnudos sin follar y no era por falta de deseo. Nuestra situación nos había empujado más al abrazo, al cariño, que a un polvo desenfrenado. No sé si en eso consiste el amor. No me imaginaba haciendo lo mismo con Marina o Silvia. Había dormido de forma cariñosa con Viqui y Marta pero siempre después de haber tenido sexo. Pero con Claudia podría hacerlo sólo por estar juntos. Y eso a pesar de que la deseaba. Y mucho.

De hecho, como había hecho la mañana anterior aproveché que ella dormía de lado y me pegué a ella en la posición de la cuchara uniendo nuestras pieles y de paso encajando mi erección matutina entre sus nalgas.

Claudia dormía plácidamente y apena sintió mi cambio de postura y mi piel pegarse más a la suya bien calentitos dentro del saco. Aproveché para oler su pelo algo sucio por los dos días de acampada y pasé mi brazo rodeándola para abrazarla con cuidado de no despertarla. De nuevo volvieron mis pensamientos. Y una enorme tristeza empezó a inundarme: con el descaro que había ganado en un año de residencia podía follarme a Nieves, a Silvia y probablemente a alguna que otra chica a la que yo le gustara. Pero sólo había una persona con quien yo quería despertarme abrazado todas las mañanas y esa era Claudia. La tristeza era el contrapunto a la alegría del descubrimiento. Estaba realmente más colgado por Claudia de lo que yo mismo había sido consciente aquel año. Y del sueño de poder estar siempre juntos en la residencia pasaba a la pesadilla de su marcha. Ojalá no estuviera tan colgado pero no lo podía evitar, la quería. Además la quería con el capote de perdonarle sus pecadillos y dejarme arrastrar en ocasiones por sus ocurrencias como la noche anterior.

Y ahora entendía lo que ella me quería decir. Su amor por mí iba más allá de un polvo. Follar puede uno casi follar con cualquiera. Lo que ella me ofrecía era algo más. Y quería seguir teniéndolo conmigo pese a su marcha. Era capaz de perdonarme un desliz siempre y cuando a su vuelta estuviéramos como ahora. Ese descubrimiento me hizo saborear más el momento y apreté mi cuerpo más al suyo en todo nuestra extensión apretándola con el brazo. Creo que debí pasarme porque se despertó. Mejor dicho, se movió agarrando mi brazo acercando mi mano a su cara para besarla.

No nos dimos los buenos días como en otras ocasiones. Mi chica besaba mi mano y yo disfrutaba de ello. Después la soltó y bajó su mano libre a su entrepierna dejando que mi polla se colara entre sus piernas y se pegara a su raja. Con su mano apretó mi nabo que asomaba por delante y lo dirigió a sus labios menores. Quería metérselo. Yo colaboré y pude sentir efectivamente en mi glande el calor de su chocho. No estaba muy lubricada porque apenas nos habíamos besado pero con suaves empujones de cadera por mi parte y su mano dirigiendo la posición de mi polla ésta fue abriéndose paso en su coño que ganaba en humedad y apertura a cada leve empujón hasta que conseguí metérsela entera.
Nos quedamos como el día anterior en la poza del río los dos ensartados en silencio mientras mi novia volvía a coger mi mano y la dirigía a su boca donde besó de nuevo mis dedos y los chupó. Con la sensación que me provocó su lengua y labios en las yemas de mis dedos empecé a mover ligeramente mis caderas para rozar mi polla con las paredes de su coño lo que ocasionó un cambio en su respiración volviéndola más profunda.

Follábamos despacio disfrutando del roce de nuestras pieles. En silencio, pues sólo nuestras respiraciones y algún beso esporádico mío en su hombro rompía el silencio de la tienda de campaña. De hecho necesite sentí más aun su cuerpo y aproveché mi mano libre para acariciar sus pechos, su vientre en incluso su entrepierna rozando mi propia polla según entraba y salía de su chocho. Eso subió la intensidad del coito y Claudia empezó a dejar escapar algunos gemidos por lo que insistí en mis caricias centrándome un rato en sus pechos apretándolos y amasándolos, incluso pellizcando su pezón para volver a su entrepierna rozando su clítoris con mi dedo intensificando el placer que le daba con mi polla. El resultado fue que en pocos minutos arqueó su espalda hacia atrás pegando más su cabeza a la mía y sus piernas empezaron a temblar anunciándome su orgasmo que estalló en una respiración profunda acompañada de un gritito ahogado y multitud de exhalaciones breves con su cara contraída. En vez de seguir bombeando apreté mi polla todo cuanto pude dentro de sus entrañas y me quedé asi hasta que sus contracciones cesaron aunque le temblaban las piernas.

Sin embargo, no calló rendida como en otras ocasiones, sino que tragando saliva se giró boca arriba con una sonrisa amplia y los ojos cerrados aunque de vez en cuando contraía la cara seguramente porque aun su chocho tenía algún espasmo orgásmico. Yo la observaba de lado disfrutándola hasta que por fin me dijo:

-Buenos días gordo…
-Buenos días princesa- respondí antes de basarla.
-Así da gusto despertarse, pero hay que terminar algo.

Se giró hacia mí que quedé boca arriba y bajó su mano hasta mi polla agarrándola para masturbarme mientras me miraba a los ojos. Estábamos en silencio mientras mi chica subía y bajaba su mano con fuerza apretando mi polla dentro del saco.

-Abre el saco o lo vamos a poner perdido…-dije presintiendo mi corrida.

Mi chica bajó presurosa la cremallera mientras yo mismo me masturbaba para no perder el ritmo. Sentimos el frío sobre nuestras pieles desnudas y bañadas en sudor pero Claudia se pegó a mí mirando como mi mano exprimía mi polla y me dijo:

-A ver como sale esa leche rica…

Me acarició la barriga y el muslo. Rozó mis pelotas y se detuvo a acariciarme el bajo vientre con la cabeza echada en mi pecho hasta que empecé a soltar lefazos entre gemidos roncos. Cuando terminé de correrme Claudia me besó y se levantó diciendo:

-Vamos a limpiarte, gordo.

Cogió un rollo de papel higiénico y me limpió la barriga y la polla con cuidado y cariño. ¿Sería nuestro último polvo?

La despedida de nuestros amigos fue especial antes de subirnos al tren. Yo los volvería a ver en un par de semanas para empezar el nuevo curso. Claudia probablemente no los volvería a ver hasta el próximo verano. Las chicas se quedaron apartadas hablando solas un buen rato antes de fundirse en un sentido abrazo. Mis amigos prometieron a Claudia cuidarme. La verdad es que fue un momento emocionante. De hecho olvidamos totalmente los roces que hubiéramos podido tener aquel fin de semana de acampada.

Yo ya había avisado en casa que me quedaba un día más sin concretar que me iba con Claudia. Y ella había hecho lo propio avisando a su madre de que se quedaba conmigo. Hasta en eso teníamos una actitud diferente en la relación: ella no ocultaba en casa su relación conmigo. Mis padres no sabían que tenía novia aunque mi madre algo se olía por algunas preguntas que me hacía.

Llegamos a su ciudad tras una hora larga de tren y fuimos directamente a su casa. Pese a haber conocido ya a su familia me cortaba ser “el novio” oficialmente de la niña de la casa. Y eso que me trataban con gran amabilidad. Su madre se empeñó en que nos quedáramos a comer y la verdad que agradecí comer caliente y casero tras nuestra carne chamuscada y vivir de latas tres días. No dejaba de sorprenderme con que naturalidad aquella madre veía que su hija de 19 años se fuera a pasar la noche con su novio evidentemente para tener sexo. No imaginaba a mi madre tan “abierta” conmigo y mucho menos con mi hermana.

Después de comer nos fuimos al hostal a reservar habitación. Nos dieron otra más pequeña que la de la vez anterior pero igualmente cómoda. Subimos el escaso equipaje que llevábamos y lo primero que hice fue darme una ducha caliente para quitarme la mugre de los tres días de acampada. Claudia se había duchado en su casa y aunque me invitaron a hacerlo allí me disculpé con la excusa de que hacerlo en el hostal y no ocasionar molestias. A pesar de su insistencia me escabullí del ofrecimiento. Mientras me duchaba Claudia estaba sentada sobre la tapa del wc recordando anécdotas del fin de semana. Terminé y me sequé pero antes de ponerme los calzoncillos posé delante de mi chica y le dije:

-¿Aprovechas este cuerpo ahora o lo dejas para después?
-Jajaja. Que tonto eres. Vamos a dar un paseo. Me apetece pasear contigo y ya después te daré lo que te mereces…
Me vestí con el mismo pantalón corto que traía y na camiseta limpia y nos fuimos pasear por los alrededores del hostal. Al final terminamos sentados en una cafetería. Era curioso. Meses saliendo juntos. Un año casi como compañeros de residencia y amigos. Y es la primera vez que nos sentábamos a tomar un café solo para charlar.

Entre recuerdos y proyectos se nos pasó la tarde. Cenamos tapeando por el centro y nos volvimos relativamente temprano al hostal. Nada más volver hicimos el amor. Y digo bien. Hicimos el amor porque no hubo florituras. Ni sexo oral, ni otro tipo de juegos. Muchos besos largos y caricias acompañados de una penetración lenta cara a cara. El ritmo fue tan lento que estuvimos cerca de una hora disfrutándonos prácticamente sin cambiar de postura hasta que en un par de empujones más intensos nos corrimos casi a la vez, ella primero y yo después dejando caer la corrida en mi barriga.

Pero tras el sexo no vino el sueño. No podíamos dormir y nos pasamos en vela toda la noche acariciándonos abrazados y charlando a ratos. Cuando empezó a colarse la luz del amanecer por la ventana de la habitación volvimos a follar de nuevo. Esta vez de forma más variada pues ambos demostramos que nos apetecía comernos al otro y recordar formas, olores y sabores sabiendo que podía ser nuestra última vez. Esta vez variamos el misionero de la noche por un cara a cara. Yo me senté apoyado en el cabecero de la cama mientras Claudia se sentaba sobre mí ensartada en mi polla permitiéndonos hablarnos besarnos y tocarnos mientras la penetraba. De nuevo no había prisa. Reconozco que ninguno de los dos fueron los mejores polvos que habíamos echado pero sí desde luego los más sentidos.

Me costaba soltar sus pezones de mis labios pensando que nunca más los saborearía. Y algo similar debió pensar Claudia cuando tras correrse sentada en mí y recuperarse de su orgasmo se lanzó entre mis piernas mando mi polla con ímpetu hasta que me vecié en su garganta. Al igual que yo parecía querer llevarse cada centímetro de mi cuerpo y cada olor y sabor en su recuerdo.

Lo curioso es que nos duchamos por separado en silencio seguramente por no saber que decir o por ser demasiado doloroso lo que pensábamos decir. La despedida fue difícil. Me acompañó a la estación de autobuses y cuando llegó el momento de subir al autobús nos abrazamos con miedo a soltarnos. El conductor tuvo que meterme prisa y nos dimos un beso antes de separarnos. Evidentemente Claudia lloraba. Yo conseguí reprimir mi llanto hasta que el autobús giró y la perdí de vista en el andén. Mi Claudia. Con sus shorts vaqueros tan cortos haciendo sus piernas aún más largas, su camiseta de tirantas ajustada y su pelo corto. La chica por la que había suspirado todo un curso y con la que había descubierto el amor más allá del sexo.

Afortunadamente iba sólo en el asiento del autobús y sólo una señora sentada en la fila de enfrente se percató de mis sollozos. Cuando llegué a casa, saludé, almorcé y me encerré en mi dormitorio a lamentarme hasta que el móvil sonó y me sacó de mi amargura. Era Pau. Estaba contenta con cómo le habían salido sus exámenes. De hecho recordé mis “obligaciones” y escribí al resto de mis alumnos para saber también cómo les había ido. La vida seguía y no me podía aferrar a la marcha de Claudia. En unos días empezaba el curso y seguramente la residencia sin ella se me haría más dura por todos los recuerdos. Pero esa tarde levanté la cabeza y llamé a Pablo. Necesitaba salir y empezar mi nueva vida con mi novia tan lejos. No os engaño los ratos de soledad se hicieron duros pero si había dejado de ser un pardillo en apenas un año, podría sobreponerme y convivir con su lejanía. De hecho en ese momento no se me pasaba por la mente tener nada con nadie que no fuese Claudia. Y estaba seguro de conseguirlo.

Durante la cerveza con Pablo me ocurrió justo lo contrario que buscaba pues al preguntarme me vine abajo. Aunque mi amigo soltó el típico discurso de “un clavo saca a otro clavo” y lo remató con “la calle está llena de chochos deseando tragarse tu nabo”, evitando cualquier tipo de ánimo sentimental y reduciéndolo todo al ámbito sexual. De hecho me insistió en Nieves de la que me había vuelto a olvidar, incluso que había quedado con ella en vernos una tarde.

La noche fue también de poco dormir. Pues lo que más dolía es que ni siquiera había ruptura. Sólo separación. Y que mi novia seguía a escasos 15okm de mí pues hasta el jueves no se iba a Italia. Lo bueno es que estaba de vacaciones y aunque el sueño me venció tarde me desperté casi al mediodía con la excusa de que había venido muy cansado de la acampada.

El jueves salieron los resultados de los exámenes de mis “alumnos”. Me fueron mandando mensajes toda la mañana. No había estado mal pues casi todos habían aprobado y el que no al menos pasaba de curso. Me venía bien coger buena fama para el siguiente verano y ampliar clientela. Me faltaba saber que pasaba con Pau. Como no me decía nada le escribí yo. Y tardó en responderme. Empecé a temerme lo peor. Pero después de comer por fin me escribió. Había aprobado 4º con una pendiente y no era de las que yo le daba. La felicité y me recordó que teníamos que celebrarlo juntos. Quedamos esa noche pero yo ya había quedado con los otros alumnos para tomar algo así que le dije que me pasaría más tarde por donde ella lo estuviera celebrando pues no quería mezclarse con gente “de su edad pero en cursos más altos”. Ya sabía su altanería.

Al poco la madre de Pau llamó a mi madre para agradecerme la “proeza” de la niña y me dijo que pasara por su casa para agradecértelo. El agradecimiento consistió en una gratificación de 150€ que me vendrían muy bien en mi futuros planes de viaje a Italia. Después fui donde mis alumnos mayores. Me tomé un par de cervezas con los chicos y le mandé un mensaje a Pau para que me dijera donde estaba.

Me dijo que estaba en un parque celebrando con los “colegas”. Cuándo llegué no me gustó nada el ambiente en el que se movía. Estaban dos chicas y un chico. Ellas mezclando sienes rapadas con coletas y puntas teñidas de colores, muy maquilladas y malhabladas y el chico con piercings por las orejas, nariz y labio, tatuajes y sin camiseta marcando musculitos de gimnasio. Estaban bebiendo en litronas y pasándose un porro. El chico era algo mayor que las chicas.

Cuando Pau me vio se levantó del banco en que estaban sentados y me dio un abrazo. Estaba bastante colocada y con los ojos vidriosos.

-Hey profe…qué bien que has venido…
-No me esperaba encontrarte así…-respondí cortado.
-Mira, son mis colegas. Ésta es la Miri, la Lore y el Kevin.
“El famoso Kevin” pensé para mí que se las zumba a todas.
-Este es mi profe Luis, el que ha hecho el milagro de que apruebe.-explicó Pau.
-Yo no hago milagros- me excusé- sólo has estudiado.
-Bien Pau, di que sí.-comentó Kevin aplaudiendo.
-¿Lleváis mucho aquí?-pregunté.
-Toda la tarde.-respondió Pau con los ojos vidriosos por efecto del alcohol y la droga.
-No me parece la mejor forma de celebrar un aprobado.-añadí.
-No seas como mi madre, Luisito. Que yo les he contado a mis amigas lo cañero que eres.-se defendió Pau mientras los otros tres nos observaban.
-¿Vosotros también habéis aprobado?-le pregunté a los amigos.

Rieron y el tal Kevin al que le echaba no menos de 25 años, o al menos los aparentaba, me contestó:

-A mí me echaron del colegio hace años. Y estas dos tendrán que ir al nocturno para sacarse algo, jajaja.
-Pues no sé qué celebráis entonces…-dije con ironía.
-Pues lo lista que es la Pau, que nos ha invitado a cerve toda la tarde.-contestó Kevin.-Bueno, y ahora en un rato nos vamos a ir Pau y yo a celebrarlo por nuestra cuenta.

El tío se levantó del banco y le pasó el brazo por encima a Pau. No me gustó nada aquello. Pau había mejorado mucho desde nuestra terrible primera clase hasta ahora como para no intentar convencerla de dejar esas compañías. Pero mientras pensaba en cómo planteárselo las chicas jalearon la ocurrencia de Kevin diciendo:

-Pau, aprovéchate, jajaja. Que tiene ganas contigo.

Yo tomé de la mano a Pau para quitarla de las garras de aquel tío que aparentaba al menos 25 años y le dije:

-Pau y yo habíamos quedado para celebrar su aprobado así que no creo que te importe que se venga conmigo y ya quedas con ella otro día, que lleváis un buen rato aquí celebrando.

El tipo me puso mala cara pero Pau se soltó de él y le dijo:

-Es verdad. Había quedado con Luis.-y dándome la mano se vino conmigo.

Mientras escuchamos hablar a las amigas pues Miri comentó:

-No veas la Pau, de dos en dos, el Kevin y el profe…
-Tranquilo Kevin- dijo Lore- que si quieres esta noche te apaño, jajaja…

Nos alejamos lo suficiente para dejar de oírlos y cuando salíamos del parque hablé con Pau:

-No pegas nada con ellos.
-Son mis amigos.
-Son unos vagos porreros. Tú vales mucho más. Lo has demostrado. Ellos no valoran lo que has logrado este verano. Sólo querían la cerveza que les dabas y fumarse unos porros.

Pau me escuchaba en silencio así que continué:

-Y no me fio un pelo de ese Kevin. ¿Cuántos años tiene? ¿Tiene que liarse con niñas de instituto porque no se tira a las de su edad?
-Por lo menos está bueno…Es guay tener algo con él…
-¿Guay?
-Los buenos ya están pillados Luis. Con el Kevin te fumas unos petas, te ríes un rato y te pegas un calentón…
-¿Ya te has acostado con él?-pregunté alarmado.
-Eso a ti no te importa. Pero vamos que no. Soy la única con la que no se ha acostado, pero quiere.
-Ni que fuera tonto…pero Pau, se supone que tú eres la lista. Si te lo propones consigues lo que quieras.
-¿Y tú vas a ayudarme?-me preguntó volviéndose a mí.
-Claro, en lo que pueda. Ya mismo me vuelvo a la universidad…
-Verdad, que te vas- dijo bajando la mirada.

Viendo su estado un bar no era el mejor sitio donde llevarla pero no se me ocurría otro. No era plan de invitarla a un helado para que me mandara a la mierda. Así que le propuse comer algo y nos fuimos a una pizzería. Alli nos sentamos y me tuve que tomar una cocacola para conseguir que ella se tomara otra. Mientras comíamos me habló de sus amigos. Como los había conocido y como se había ido alejando de sus antiguas amistades a las que calificaba de pijas, engreídas y tocapelotas.

Me vino muy bien argumentar con ella lo bien que me había ido mi primer año en la residencia y en la facultad haciendo amigos y hasta encontrando pareja. Su respuesta fue que con mi carácter y tan guapo como era (esta niña no se cortaba) era normal, pero que ella no era así. Yo argumenté que ella se había creado su propia imagen de niña mala pero que yo en esos meses de clases había conocido a la parte buena de Paula y que de esa forma en los nuevos estudios que iba a empezar conocería a gente interesante. Sorprendida de mi visión positiva de ella Pau insistió en que le dijera lo bueno que había visto en ella. Yo insistí en la constancia que había demostrado, la superación y la disciplina. Y como de la niña desagradable del primer día había visto a una buena amiga que se esforzaba por sus objetivos.

Noté como reflejaba cierto orgullo por mis palabras y hasta cierto sonrojo. Entonces me soltó:

-¿Sigues con tu novia o estás libre ya?
-Seguimos juntos, bueno. Ahora a distancia pero con intención de seguir.
-Es que lo que me has dicho es para comerte la churra…

No sé que cara debí poner pero rápidamente Pau matizó:

-Es una forma de hablar, profe. Es como decirte que estoy contenta como lo has dicho.
-Pues ten cuidado a quien se lo dices…
-A los que se lo merecen- me guiñó un ojo.

¿Me estaba tirando los trastos? ¿O era camaradería de amigos? Quise alejar esa idea y le comenté:

-Al Kevin ese no se lo habrás dicho…
-Ja. Ni loca, que ese se la saca y te la pone delante…
-Estás de coña ¿no?- repliqué incrédulo.
-La polla del Kevin es la más vista de esta ciudad, jajaja.

Se sacó el móvil del escote y buscó algo enseñándomelo después a mí. Había entrado en una app de contactos y se veía al tal Kevin sentado en un banco sin camiseta de forma muy similar a como yo lo había visto aquella noche. Pasó de foto y se le veía en slips. Una foto más y se veía de ombligo para abajo al nota agarrándose una polla de un tamaño considerable. Se me escapó un “joé” y Pau se sonrió.

-¿Ves? No se corta un pelo.
-Ahora me gusta menos para ti.
-No pienso ser su novia, jajaja. Pero tiene un ratito…-dijo con picardía.
-¿Te dejarías manosear por ese tío?-pregunté molesto.
-¿A ti qué más te da? ¿Quieres algo conmigo?- preguntó desafiante.
-Pienso bien en ti. No me malinterpretes.
-Ya, por mi bien…siempre la misma excusa…-respondió bajando la mirada.

Me incomodaba la conversación y quise eludirla así que con la excusa de que era tarde pagué y la acompañé a casa. Nos despedimos con dos besos y un abrazo y mi promesa de avisarla cuando pasara por la ciudad. Y su promesa de intentar seguir mis consejos.

Regresé a casa dándole vueltas a la cabeza. Estaba seguro de que me había lanzado la caña. Empecé a reflexionar en algo. Cuando era un pardillo era yo mismo, mi misma cara, el mismo peinado, algo más delgado aunque eso sí mucho más inseguro. Desde que tenía novia parecía un imán para las tías. No dejaba de conocer a niñas que terminaban insinuándose. No voy a decir enamorándose pero sí lanzándome indirectas, o directas como las de Nieves en la discoteca. Parece como si al saber que tenías novia eras fiable a pesar de que le pusieras los cuernos. Vaya paranoia. Empezaba a creer que pablo tenía razón y no me iban a faltar chochos. Pero después de disfrutar con Claudia la vida en pareja, con el nivel de compromiso y confianza, incluso de compenetración sexual, no me veía de picaflor liándome con chicas que sólo me aportaban un rato de sexo o complicándome en situaciones quizá inapropiadas como podría pasar con Pau, hija de una amiga de mi madre.

No tenía intención de tener nada con Pau, pero ya me había ocurrido con Nieves y estaba casi seguro que lo volvería a intentar. Tenía que intentar controlar el impulso de dejarme arrastrar por la posibilidad de liarme con otras chicas durante la ausencia de Claudia. Iba a demostrarle que yo podía.

Justo pensando en eso recibí un mensaje de Nieves. Me preguntaba si al día siguiente podíamos tomar café para consultarme unas cosillas de la universidad. Le respondí que sí. Quedamos a las 6 en una cafetería cerca de su casa. “Bien” pensé. Era territorio neutral. No había riesgo de que se me tirara encima en un sitio público y me sería más fácil resistirme si se insinuaba. No se me había olvidado el polvo brusco que le había echado en la discoteca detrás del seto convencido que si la hubiera puesto de cuclillas a comérmela también lo habría hecho con sumo agrado. Entonces recordé a Pablo contándome como se follaba a Leyre por el culo y me convencía de que Nieves tragaría igual. Por un momento se me vino a la mente la imagen de mi polla entrando en su chocho cuando me la follé chocando mis caderas contra su culo con dureza. Empecé a ponerme morcillón. Tuve que apartar el pensamiento. Tendría que aprender a convivir con esa tentación.

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