ISA HDEZ

Entra la luz pálida por su ventana y se despierta sobresaltado al no encontrar a Sara a su lado, y la llama con desespero, sin ninguna razón porque esto ya le había ocurrido otros días y no era ninguna sorpresa, pero no pudo reprimir ese impulso. Sara no responde a su grito mudo. Tembloroso se levanta y la busca por toda la casa con insistencia, arrebato y premura, mientras se golpea el pecho y se rasga la blusa del pijama de tela gastada, a la vez que saltan todos los botones, los pisotea con fuerza rabiosa y los hace añicos, dejando el tórax delgado y blanquecino al descubierto. Resaltan los arañazos rojizos con algunas gotas de sangre que ruedan hacia el pantalón. Agotado de rebuscar como si ella estuviera escondida en algún rincón de la casa, se mira al espejo y, pareciera que no se reconociera en la imagen que le muestra con la cara ensangrentada de mezclarse las lágrimas con la sangre de las uñas, y los ojos desorbitados. Sin querer, como si estuviera atormentado o no fuera consciente, su puño se cuela en el espejo con furia,  y los cristalitos en multitud le destrozan la mano, pero sigue gritando el nombre de Sara, como si le doliera más la ausencia de Sara que su propio dolor. Cuando Sara entra en la casa lo encuentra desvanecido en la estancia, entre su propia sangre, sus lágrimas y su confusión. ©

Un comentario sobre “Alucinación

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