ANDER MAIS

Capítulo 25

El Retorno

A la mañana siguiente, me despertó el ruido de mi chica en el baño. Parecía estar arreglándose en el lavamanos. Me levanté y me acerqué a la puerta:

—Hola, cariño… ¿ya estás levantada? —le dije desde allí y giré la manilla para abrirla.

—¡NO!… ¡Espera un segundo! Por favor, cariño… Ahora salgo… —me replicó Natalia mientras me cerraba la puerta, como evitando que entrase. Sólo me dio tiempo a ver que parecía con la intención de sentarse en el bidé.

Cerré la puerta y me tumbé de nuevo en la cama a esperar que saliese. Mientras estaba dentro, volví a pensar en lo que había ocurrido. Volvieron a mi mente las escenas de la pasada noche, rememorando, como en pasajes de un sueño, las imágenes de mi novia agachada frente a Alberto, comiéndole la polla. Revisualizando también la forma en la que ella agitaba su culo contra la boca de él, buscando el placer de su lengua, mientras le pajeaba y le mamaba el miembro en un morboso 69…

Y yo ahí los había dejado… Todos los morbos que sentía, desde hacía un tiempo a esta parte, por ver a mi chica deseada e incluso follada por otros, creí tenerlos bastante claros hasta la noche de ayer… Pero… anoche, no había sido capaz de verles terminar; ver hasta dónde ella podría haber estado dispuesta a llegar. En el momento de la verdad, una sensación de desazón y desconcierto, mezclada con desesperantes celos me obligaron a marcharme de allí. No soporté ver a mi chica gozando de la polla de un ex suyo… En aquel momento, me arrepentí de todo. Quizás podría haber llegado a estar bien como fantasía, o incluso pudo haber estado bien dejarlo en lo que pasó en el pueblo costero. Lo ocurrido con Riqui era totalmente distinto; él era un desconocido y, con la complicidad de Víctor, pude sentir tener la situación un tanto bajo control. Pero lo de Alberto no era igual. Era un ex suyo…

Sabía que Natalia me amaba. Yo aún no temía para nada por nuestra relación. Pero, en el fondo de mi ser, desde anoche, tenía una rara inquietud por si se pudiese encaprichar de Alberto de nuevo. Sólo esperaba que fuesen paranoias mías… Yo estaba bastante seguro de mi mismo, y sabía que Natalia estaba loca por mí. Además, yo me sentía más guapo que Alberto, quizás él fuese un ligón años atrás. Pero hoy, aunque sólo fuese unos cinco años mayor que yo, me parecía que los años no le habían sentado del todo bien. En las fotos que tenía de años atrás estaba mucho mejor que ahora…

Decidí no emparanoiarme más, y dejar aparcado y totalmente fuera de nuestro mundo esto del “sexo liberal”. Quizás sería mejor así. Hasta ahora, me había traído bastantes morbos, pero también demasiados problemas. Mismamente, la bronca y enfado de Natalia con su prima. Aunque Erika había sido perversa en sus intenciones con mi chica, seguramente Natalia no hubiese llegado tan lejos si yo no anduviese con mi deseo de verla tontear con Alberto. Si me hubiese comportado con un “novio normal”, Natalia casi seguro que no se habría enrollado con él.

Aunque, la verdad, también Erika tenía lo suyo: se había pasado la semana entera, casi desde que llegamos, intentando liar a Natalia con Alberto y a tontear conmigo en cuanto podía, aunque yo no me había dado cuenta hasta el final… Tampoco podía olvidar ese culazo en la cama ofreciéndoseme… Me rondaba la mente qué podría haber pasado si eso hubiese ocurrido en otro momento y en otras circunstancias… Quizás hubiese sucumbido. Aunque amaba a Natalia y no tenía deseos con otras chicas, de momento, siempre me había puesto mogollón ese tremendo culo de su prima. ¡Cómo hubiese deseado probarlo al menos una vez en mi vida!

Mientras pensaba en el culo de Erika, salió Natalia del baño. Venía en bragas y sujetador. Su cara aún demostraba tristeza y enfado por lo ocurrido.

—Hola, amor… ¡estas preciosa! —le dije, levantándome de la cama y acercándome a ella, para situarme tras ella y meterle mis manos dentro de sus bragas; una buscando su coño, y la otra buscando su culito…

—Noooo… ¡Para, por favor! ¿Qué haces? Aún no estoy para esto —me dijo, apartándose, e invitándome con ese gesto a que sacase las manos de sus bragas.

—Solo era… por si ahora te apeteciese echar el polvo que no pudimos anoche. Si te digo la verdad, me han excitado un poco los ruidos de la pareja de al lado, de cuando llegamos… —le dije de forma algo tímida.

—No, cariño… Ahora no puedo. Después de lo que pasó con Erika, aún no tengo los ánimos para eso. Además, todavía estoy un poco enfadada contigo por dejarme ayer con las ganas. ¡No vuelvo hacerte caso en eso de tontear con otros! ¡Mira para lo que ha servido! —me contestó ella, con tono resignado, y comenzando a vestirse para marcharnos.

—Bueno… Míralo de otro modo —añadí sin dejar de mirarla—. Aunque fuese doloroso, sirvió para lo que querías: para descubrir las intenciones de Erika… ¿Estas segura que querría de verdad liarse conmigo para que yo te dejara?

—Mira…. ¡Ni me lo recuerdes! —exclamó nerviosa—. Cada vez que lo pienso, más odio le tengo a mi prima. ¡Claro que sería capaz de hacerlo! Solo lo hizo para joderme. Seguro que luego contigo no querría nada serio. Mas allá de echarte un polvo. ¡Joder, no la vuelvo a hablar en la vida!

—Ya… —dije asintiéndole con la cabeza!—. Yo no me lo podía creer tampoco cuando la vi allí en la habitación, medio desnuda, despertándome y luego ofreciéndome follar, diciéndome que estabas abajo montándotelo con Alberto. ¡Joder!… ¡Menos mal que apareciste pronto con la ropa! ¿Cómo podría inventarse algo así? Seguro que al verte bailar en la fiesta con él, así tonteando y eso, se creyó que yo me tragaría sus mentiras… —le dije.

Con mis explicaciones, intentaba tapar todo lo posible que yo realmente sí la había visto con Alberto en aquel cuarto. Una parte de mí quería decírselo, confesarle que la había visto. Pero tenía miedo. Temía perderla.

—Seguro —contestó con visibles ganas de desviar el asunto—. Mira… no me hables más del tema, por favor. Vamos a olvidarlo. Cuando lleguemos a casa, si no me llama ella antes, llamo yo misma a mi tía y me disculpo por irnos así. Pero ya te digo, que a Erika no la vuelvo a hablar en la vida. Y tú tampoco, eh… ¿ok?

—Claro, cariño, yo tampoco… No quiero más problemas— le afirmé, dándole un beso mientras me comenzaba yo también a vestir.

Al rato, ya estábamos en el coche saliendo de allí. Teníamos un largo trayecto hasta nuestra ciudad. Casi cinco horas de viaje.

Esta vez llevé yo el coche. Natalia se pasó la primera parte del trayecto seria, durmiendo a ratitos, y en otros mirando el paisaje, como pensativa y distante. Lo camuflaba todo en el enfado con Erika. Pero yo sabía que seguro también iría dándole vueltas a lo ocurrido con Alberto… Quise pensar que arrepentida de lo que había hecho.

Quería sacarle algunos temas y preguntarle al menos por lo que había dicho Erika; sobre que había tenido un rollo con Juanjo, cuando Erika y él supuestamente estaban juntos.

Luego, estaba también lo de su ex, Kike. Nunca habíamos hablado nada de ese tema. La verdad, a mí, hasta ese momento no me habían interesado mucho los detalles de lo que pudo haber pasado en esa relación. Sólo sabía que Natalia lo había pasado mal con él al final, y que, cuando comenzó a salir conmigo, quiso olvidar y borrar esa parte de su vida. Pero, lo que había descubierto acerca de que Erika ya intentó hacer con su ex algo parecido a lo que había hecho conmigo anoche, encendió mi curiosidad por saber algún detalle más de esa etapa. Tenía que sacarle ese tema a Natalia de alguna manera. Aunque dudaba que fuese a querer contarme mucho…

Llevábamos ya dos horas de trayecto y no habíamos desayunado nada. Solo un mal café de maquina que nos habíamos tomado al salir rápido del motel. Decidí entonces que era el momento idóneo para proponer hacer una parada para desayunar en una cafetería de la carretera.

—Natalia, amor, vamos a parar a tomarnos algo. ¡Mira, ese sitio está muy bien! —exclamé mientras salía de la calzada.

Natalia se desperezó de la pequeña cabezadita que se había echado y asintió.

Nos bajamos del coche y nos fuimos a la cafetería.

Cuando ya estábamos desayunando en una mesa, ella seguía con su cara seria y preocupada. Intenté animarla:

—Natalia, cariño, ¿aún sigues mal por lo que pasó anoche con Erika? ¡Vamos, anímate, que no pasa nada! Sabes que yo te quiero y no hay nada que pueda estropear ni un ápice lo que siento por ti… —le dije, sibilinamente pensando en lo que había hecho con Alberto—. Vi perfectamente que Erika no es de fiar. Y además, estaba muy borracha. Ya la viste. ¡Olvídalo todo cariño!

—Ya… Luis… Pero aun así, déjame un tiempo para que se me pase… Es que me dolió mucho. Mi prima y yo pasamos casi cuatro años enfadadas por un tema muy parecido. Y en aquella ocasión lo olvidé todo, creyendo que había sido un suceso aislado y que no ocurriría más… Pero, descubrir anoche que pretendía hacerme de nuevo lo mismo, y encima contigo, ha sido una puñalada muy grande. Me ha dolido mucho —me comentaba, mientras revolvía su café con tono triste…

—Ya lo sé… —Mi tono intentó ser comprensivo. Debía sonsacarle algo más—. Parecía aún muy dolida por lo que contó sobre ti y Juanjo… Quizás al verte bailar en la fiesta con él, y luego ver cómo Juanjo pasó de ella y se fue con otra, hizo que rememorase ese suceso y quisiera fastidiarte de nuevo, intentando algo conmigo. Y también, pues luego… el efecto del alcohol ya hizo el resto, supongo… Cariño, ¿puedo preguntarte algo? —Coloqué una de mis manos sobre las suyas.

—Dime… ¿Qué quieres? —dijo ella, con tono miedoso y desganado.

—Por favor, dime qué pasó entre Juanjo y tú. Sabes que puedes contármelo. No pasa nada… Ya viste que no me importó lo que me contaste de Alberto…

—Bufff… ¿De verdad quieres que tenga que recordar eso? ¿Después de lo que ha pasado?…

—Sí, cariño… Quizás, hasta te ayuda a olvidar todo más rápido. Sabes que no me voy a enfadar —le dije.

—Puffff…. —Natalia arqueó sus dejas y arrugó su frente durante unos largos segundos antes de arrancarse a hablar—. Pues nada… Si al final fue una tontería… Solo nos besamos y nos metimos mano un día, en una fiesta en casa de él. Yo estaba algo bebida y me enrollé con él. Simplemente eso. Fue en el último verano que fui yo sola a pasar unos días a su casa… Sería hace siete años. Al año siguiente, había empezado ya con Kike y no volví…

—Pero… ¿Erika era la novia de Juanjo cuando pasó eso? —le pregunté, insistente.

—¡Qué iba a ser su novia! ¡Si jamás han sido novios! —me replicó ella rápido—. Mi prima, como pudiste comprobar anoche en la fiesta, es un poco tonta. Se creía que Juanjo estaba con ella en serio. Pero él sólo la quería para divertirse… Siempre la ha querido únicamente para eso. —Natalia dio un largo sorbo a su café antes de continuar—. Obviando lo de insinuársete, lo que ayer más me dolió de lo que me dijo es que por mi rollete con él, Juanjo la dejó para irse con su mujer. ¡Él nunca la tomó en serio! Sólo la quería para follar de vez en cuando. Igual que hace ahora. El que sí que la quería era Sergio, y mira como acabó con él….—añadió con voz dolida.

—Bueno… No le des más importancia. Ya verás como con el tiempo se arregla todo.

—No, Luis. Yo con Erika no quiero nada más. Si viene con mi tía de visita a vernos, la recibiré por respeto. Pero relación de amistad con ella, nunca más. No quiero que me complique más la vida. Ahora estoy muy bien contigo.

—Claro, como veas. Yo te apoyo. Oye, solo una cosa, ¿algún día me tendrás que contar algo de lo que pasó con tu ex, no? Ya sé que para ti es difícil hablar de eso. Pero, ¿que pasó?… ¿Intentó quitártelo Erika, como hizo conmigo? ¿Por eso os enfadasteis? —le pregunté.

—Sí… Y no me gusta hablar de eso. Lo sabes… Lo pasé muy mal con él al final. Era un celoso horrible. Un machista y un inseguro… La verdad, ahora a veces lo pienso, y no entiendo cómo pude estar casi cuatro años con él. Me hubiese hecho un favor Erika si me lo quitase. Pero bueno, en el momento que pasó eso, yo estaba enamorada de él. Casi estábamos aun empezando. Quería centrar un poco mi vida con una pareja estable… Luego me equivoqué y, con él, casi fue un infierno toda la relación. Le llegué a tener miedo incluso… ¡No me hagas recordarlo, por favor!

—Claro, cielo…. No hablamos más del tema si no quieres. Solo dime: que pasó cuando Erika se le insinuó o le propuso dejarte por ella…

—Bufff… Te lo cuento pero me prometes que nunca más sacamos este tema… —Yo asentí con la cabeza y ella continuó:— Ocurrió en el segundo año yo que estaba con Kike. Esa vez habíamos ido a pasar un corto fin de semana al pueblo para presentarles a Kike a mis tíos. Erika, al principio, estuvo muy amable con los dos. La verdad, que ya de entrada eso me extrañó un poco, pues Erika, cuando le conoció y se enteró que empece a salir con él, me dijo que no le gustaba para mí, que no llegaríamos muy lejos y que le parecía un imbécil… Bueno, pues en una fiesta que fuimos los tres ese sábado, coincidí con Alberto y le saludé amablemente. Pero nada más… Luego, me enteré de boca de Kike que Erika le había contado todos mis rollos con Alberto, insinuándole, que yo, de quien realmente siempre estuve enamorada era de Alberto; que con Kike sólo estaba por interés y que me cansaría de él pronto… Kike y yo tuvimos una discusión muy grande al volver del pueblo. Me contó también, que Erika se le había insinuado, intentado así que me dejase, diciéndole burradas sobre mí… Al día siguiente llamé a Erika y discutimos por teléfono… Ella me decía que todo lo hizo por mí; para que me dejase con Kike, que era por mi bien… Yo me enfadé con ella y seguí con Kike. Luego, años después, cuando le dejé, Erika y yo nos reconciliamos y entendí que en ese tema quizás llevaba razón ella… Pero ahora, al hacer lo que hizo ayer, ya veo que había algo más de rencor hacia mí. Yo, como dije ayer, lo que en el fondo creo que me tiene es ENVIDIA…

—Vale… ya lo entiendo mejor todo. Gracias por contarme esto… —le dije acariciando su triste carita.

—Ya… Bufff… Me costó recordarlo y contártelo. Así, que ahora no vamos hablar más del tema y vamos a olvidarlo, ¿vale? Vamos a seguir bien tú y yo. Como hasta ahora.

—Sí… mi amor… Eso siempre —le dije con tono amoroso. Después nos levantamos de allí para irnos.

Recorrimos el trayecto que nos quedaba hasta casa sin hablar más del asunto. Fuimos comentando temas del trabajo y otros detalles de las vacaciones, pero nada más sobre lo que pasó en aquellos últimos días.

Llegamos a casa y nos fuimos instalando tranquilamente.

Natalia se metió en el baño a darse una ducha. Yo la esperé fuera, en el salón. Íbamos a comer algo rápido y luego salir e irnos hasta casa de sus padres, para verles y llevarles las cosas que les habíamos traído de regalo de las vacaciones. Queríamos quitarnos rápido del medio estas visitas, para pasar en casa los últimos días que nos quedaban, tranquilos y descansando, antes de volver a nuestros trabajos.

Mientras estaba a solas en el salón, viendo la tele, esperando por Natalia, me llegó un mensaje de Víctor al whatsapp:

—¿Qué tal tío…? ¿como se dio la noche? ¿Hay buenas noticias?

Él claramente se refería a si Natalia al final había hecho algo con Alberto. Yo, en aquel momento, no me apetecía seguir con aquellos juegos con Víctor. Tenía casi decidido cortar de raíz con todo eso. Lo que había pasado esa última noche, me hizo recapacitar un poco y querer retomar la senda de cómo llevábamos nuestra relación hasta justo antes de estas vacaciones. Iba a dejar de lado el tema del morbo con terceros. Al menos, en ese momento, lo tenía decidido.

Le contesté:

—Bueno, algo sí ha pasado. Pero ahora no puedo hablar…. Ya te comentaré algo en cuanto pueda. Ahora no es buen momento.

Al instante, me contestó:

—Ok, no pasa nada…. Ya me contaras… Hasta luego…

Yo, nada más leerlo, borré todos los mensajes de Víctor; incluso estuve a punto de bloquearle y borrar su contacto de mi teléfono. Pero al final no lo llegué a hacer. Únicamente borré todo rastro de nuestras conversaciones de whatsapp… En ese momento, tenía decidido olvidarme de él por completo. Nos estaba trayendo problemas. E incluso, no me lo iba a negar a mi mismo, me daba miedo hacia dónde pudiese llegar desembocar este asunto… Temía perder algún día el control de mi propia relación.

Después de unos minutos y de Natalia terminar de prepararse, salimos y nos fuimos a casa de sus padres.

Nada más llegar, nos saludaron muy alegres y preguntándonos qué tal las vacaciones. Nosotros dijimos que bien. Pero en el rostro de Natalia aún se se notaban las secuelas lo ocurrido con Erika.

Después de darles los regalos que les compramos en el pueblo de sus tíos, mi chica le contó a solas a su madre lo ocurrido la última noche.

Le relató su versión, contándole que Erika había estado haciendo de las suyas, intentando fastidiarle la relación, del mismo modo había hecho años atrás; que no volvería a hacer la paces con ella; que no cambiaba; que se había dejado con Sergio y que había vuelto a las andadas de tontear con todos, como años atrás.

Su madre le dijo que se tranquilizara; que le diese una vuelta a todo en la cabeza y que no se lo tomase así; que, al fin y al cabo, ya sabía como era Erika, y que en el fondo era buena chica; que iba a llamar en unos días a su hermana para hablarlo…

Natalia le pidió que, cuando la llamase, se disculpase con la tía por haberse marchado de casa así, pero que a Erika no la perdonaba; que no quería tener relación de amigas con ella nunca más.

A mí, personalmente y siendo sincero, la actitud de mi chica y la forma en cómo le contaba la historia a su madre me pareció un poco cínica. Con todo lo que yo sabía, Natalia parecía querer dejar solamente a Erika de mala, y ella quedar como una santa inocente. Al fin y al cabo, nadie la obligó a enrollarse con Alberto, lo hizo de motu proprio y solo ayudada por la insistencia de Erika y por mis ánimos de tonteo en la fiesta. En el tema de insinuarse a mí, sí llevaba razón; yo no le había dado motivos a Erika para ello, y no se había portado bien con Natalia, por muchas “deudas pendientes” del pasado que pudiesen tener.

Todas estas reflexiones, me dieron más ánimos si cabe para cortar con ese camino de morbo que había empezado. Me parecía que esto ya empezaba a ser más que un juego, y Natalia podía tener bastante que ocultar. Quizás no era la inocente y tímida chica que yo creía que era hasta hace dos semanas. Tal vez, al final, con todo esto del enfado con su prima, quizás Natalia lo único que pretendía era ocultar sus “zorreos” con Riqui y lo que pasó con Alberto.

Yo intenté olvidarlo todo y seguir nuestra vida como si nada hubiese ocurrido. Durante esa semana, dejé totalmente enterrados mis morbos sobre las relaciones liberales y el hecho verla deseada por otros.

Hicimos el amor como siempre, y nada parecía haber cambiado a como lo dejamos antes de las vacaciones. Eso sí, Natalia había vuelto a ser la chica recatada de antes. Casi no se ponía ropa sexy. Y se había vuelto reacia a salir con esos escotes que tanto me ponían en los últimos tiempos. Yo no le dije nada, y deje trascurrir esos días, aun con el recuerdo de lo que pasó.

Pero, dejando de lado esos pequeños detalles, todo parecía ir normal durante esa última semana que pasamos en casa antes de volver los dos al trabajo. Pasamos esos días unicamente descansando y saliendo a pasear y a ver a nuestras amistades. Les contamos cosas de las vacaciones, pero, por descontado, nada de lo que pasó en casa de Erika, ni mucho menos sobre que habíamos conocido a dos tipos llamados Riqui y Victor… Parecía que los dos lo hubiésemos querido borrar de nuestra mente. Cada uno por razones diferentes.

Pero esa normalidad, para mí fue alterada cuando la tarde antes de regresar al trabajo, mientras estaba solo en casa esperando a que Natalia volviese de hacer unas comprar, recibí un nuevo mensaje de Víctor:

—¿Cómo te va, amigo? No sé nada de ti desde hace una semana… Espero que todo bien… Yo aquí, aun sigo esperando que me cuentes qué pasó esa noche.

Leí el mensaje, y estuve a punto de borrarlo directamente sin contestarle. Pero pensé que tampoco podía hacerle eso a Víctor. Al fin y al cabo, yo fui cómplice de él en nuestros morbos y se había portado bien conmigo. No me había traicionado ni nada contándole a Natalia lo que pasó, cuando podría haberlo hecho perfectamente. Decidí al menos contestarle a ese mensaje y explicarle algo de lo que había pasado:

—¡Hola, tío! Ya estamos en casa. La última noche en casa de Erika fue un poco complicada. Mi novia se enfadó con su prima y nos fuimos de allí pitando. Quizás en parte fue culpa mía lo que pasó… Natalia tonteó con su ex, Alberto, pero no pasó nada más… Mira, de momento, voy a dejar apartado este tema del morbo entre nosotros. Ha sido un placer conocerte. Pero ahora voy a dejar aparcado esto, de momento…

—¡Vaya, es una pena! Lo respeto… Tómate un tiempo si quieres y reflexionas. Yo no te quiero estropear la relación con tu chica. Solo ser un cómplice de vuestros juegos, pero no un estorbo…

—Ok… Lo sé… De momento, quiero recapacitar un poco sobre lo que pasó y pensármelo bien. Con todo lo que ha pasado en tan pocos días, tengo miedo que se me vaya todo de las manos.

—Ya te digo que lo entiendo… Yo te mandaba el mensaje, más que nada, para decirte que me marcho ya de Trelises. Termino mis vacaciones y volveré al trabajo la semana próxima. Te dejo mi correo y skype: victoraries945@hotmail.com, para que me contactes por ahí si quieres. Ahora, por el móvil, quizás esté bastante ocupado y no te pueda contestar.

—Ok… por ahí te contactaré entonces…

Iba ya a cortar la conversación y a volver a borrar los mensajes, cuando recordé todo el tema del zorreo de Natalia con Riqui y el vídeo que les había mandado a los dos.

Le pregunté:

—Oye… solo una pregunta más: ¿sabes si han seguido los tonteos y zorreos por el móvil con Riqui? El tema del vídeo y eso… ya sabes…

—Mira, tengo que decirte que creo que no. Creo que ha sido solo cosa de ese día. Ayer estuve con Riqui en su bar, despidiéndome de él, y le pregunté sobre el tema..

—¿Y qué le preguntaste? ¿Qué te dijo…?

—Mira, contándotelo tal cual: le pregunté si había vuelto a saber algo de Natalia, la “tetona”, y la verdad me comentó que no… que él le había mandado un par de whatssapp más pero que ella no se los había contestado… No sabía nada…

—Sinceramente, esto me deja más tranquilo, tío.

—Bueno, te entiendo. Ha ido todo quizás demasiado rápido. Aunque me gustaría que me dijeses otra cosa… no pasa nada… Te dejo. Si cambias de idea y quieres volver a morbosear con tu chica, me mandas un mensaje. Aquí estaré… Saludos y cuídate!!!

—Gracias… saludos!!!

Con esto, corté la conversación y me prometí no volver a saber de Víctor nunca más

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