MARCELA VARGAS

Se asusta el doctor cuando le realizo las consabidas consultas. “Vamos a hacer una radiografía de tórax”, me dice. Entonces, me asusto yo al pensar qué caro me saldría. Luego de pagar el estudio a la secretaria, que resulta ser barato, me dirijo en colectivo al otro nosocomio donde realizan dicho tipo de imágenes médicas. El cubrebocas azul me queda grande y tengo que tocarlo todo el tiempo para acomodarlo en mi rostro. Está húmedo; es que afuera comenzó a llover y yo apenas le presté atención, tan sumida en la pena me hallo.

Media hora después, salgo a la vereda con la fotografía de mi interior en un sobre de papel madera que consigna: “Paciente: Marta Vélez”, y me resguardo de la lluvia bajo el techo de una tienda, donde también hay varias personas con sus respectivos sobres. En ese instante de pausa, mis ojos se pierden en las gotas del cielo. Solo oigo el zumbido del corazón. Me imagino lo que podría reflejar esa fotografía de mi dolor. Me diría que la muerte se avecina y, sin inmutarse, que ella también forma parte de mí. Si no, ¿por qué saldríamos del mismo color?

Cuando la llovizna cesa, decido continuar mi camino hacia la parada de colectivos para retornar a casa. Pasan las gentes con sus barbijos de diferentes estilos, pero como vivimos en una ciudad pequeña, no somos indiferentes los unos de los otros. (De hecho, me miran como si fuera una radiografía encarnada). Sin embargo, conservamos el individualismo.

Estoy a punto de decirles: “¿Escuchan ustedes mis suplicios quedos? ¿Lo ven en mis ojos? ¿Observan que estoy sola en esta negrura parecida a la que me rodea en la radiografía? Yo, particularmente, veo en sus semblantes, en sus andares presurosos, que están mejor que yo, pero perseguidos por fantasmas similares”.

“No hay de qué preocuparse”, establece el médico al apreciar la radiografía, una semana después. Retorno a casa más que aliviada, ya que lo físico no está afectado en nada. Pero también vuelvo con preguntas, como: ¿por qué entonces tengo esos dolores internos? ¿Por qué cero ganas de sonreír? Esto quizá quiere decir que las tormentas mentales pueden afectar el ánimo. Mejor me empiezo a preocupar por ese clima mental.

Tengo que solucionar ese problema y, para eso, dejar de hacer tanto drama por todo. Y, quizás, ser más como el mal estudiante de Jacques Prévert, quien “con tizas de todos colores/sobre la pizarra negra de la desgracia/dibuja el rostro de la felicidad”.

http://www.relafabula.wordpress.com

2 comentarios sobre “Radiografía

  1. Amigaza Marcela, me permitiste acompañarte en tus miedos y dudas…por suerte los resultados de las revisaciones fueron negativas. Ahora en cuanto a tu ánimo ya es harina de otra costal.
    Gusté leerte, colega de la pluma.
    Shalom desde Israel

    Le gusta a 2 personas

  2. Me alegra que haya gustado el relato… En efecto, cuando escribo, la mayoría de las veces me baso en la propia experiencia, pero no deja de ser ficción.
    ¡Muchas gracias por leer mis historias!

    Un gusto, saludos desde Argentina.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s