ANDER MAIS

Capítulo 24

La Despedida

Recorrí de nuevo con sigilo el trayecto de vuelta hasta la casa…

Una extraña sensación recorrió mi estomago nada más abrir la puerta y entrar dentro. No tuve mas remedio que subir apurado las escaleras para llegar al baño. De nuevo me estaban entrando unas ganas enormes de vomitar…

Devolví en el baño y me metí en nuestra habitación.

Mi sorpresa: me encontré a Erika metida en nuestra cama…

—Luis… Lo siento por ti, pero yo esto ya sabía que iba a pasar…

—¿Qué haces aquí, Erika? ¿Qué sabías tú ya? —le dije, mirándola con cara de incredulidad, al descubrirla tumbada sobre la cama, en bragas y sujetador.

—Pues… que mi prima te iba a poner los cuernos con Alberto. La has pillado en el cuarto de la lavadora con él… ¿a que sí? Pasa de ella, no te merece… Yo sabía perfectamente que, en cuanto la animase un poco, volvería a sus brazos… En realidad lo he hecho por ti. Para que te des cuenta de cómo es. No te merece. ¡Ven!… ¡Acércate a mí! ¡Te ofrezco vengarte de ella! —me dijo Erika, dándose la vuelta y levantando un poco el culo, como ofreciéndomelo.

—No, Erika… Estate quieta… No me hagas esto… No quiero nada contigo… Amo a Natalia… —exclamé, mientras ella no paraba de agitar su culo en pompa sobre la cama—. Sí, ya vi que Natalia estaba en el cuarto con Alberto… Pero no estaban haciendo nada. Sólo charlando y tomando una cerveza… Yo ahora subí porque me estaba mareando por la bebida. No te metas entre nosotros. No me compliques la vida. No quiero nada contigo… —añadí.

En Erika, aún perduraban los síntomas de su abultada borrachera. Por momentos parecía que se iba a caer de la cama en cualquier momento.

Retrocedí dos pasos hasta situarme bajo el marco de la puerta. Observé la hora en el reloj del despertador que había sobre la mesita: eran las 5:30 de la madrugada…

Me comencé a poner aún más nervioso. No sabía qué hacer. No podía quedarme allí, con Erika ofreciéndome descaradamente ponerle a Natalia los cuernos con ella, pero tampoco podía marcharme y bajar abajo; no quería sorprender a mi chica con Alberto. No sabía qué estarían haciendo, si follando o no, pero no quería descubrirles y formar un tremendo lío del que no sabría salir airoso. Sería la segura ruptura de mi relación con Natalia. No me quedaba otra que intentar regatear como pudiese las intenciones de Erika…

—Vamos, Luis… ¿Tú te crees de verdad que Natalia ha bajado, a estas horas, mientras tú dormías, solamente a charlar con Alberto? Seguro que ya habían quedado en la fiesta para ponerte los cuernos, mientras estuvieses durmiendo —prosiguió Erika, levantándose de la cama y acercándose a mí…

—No, creo… Además, te repito: ¡a ti que te importa! ¡No te metas en nuestra relación! ¡Por favor, vete! —le insistí a Erika, mientras ella continuaba acercándose a mí.

—¡Venga, Luis!… Deja a mi prima… De verdad, no te merece… Mira lo que te ha hecho… Además, no te lo quería contar, pero ya te puso los cuernos el otro día con un tío que conocisteis en una fiesta… Un tal Riqui. Ella me lo contó.

—No, Erika. ¡Eso es mentira! Sólo quieres malmeter… Riqui se marchó de la fiesta despidiéndose de mí. Es imposible que hiciesen nada. Natalia, como mucho, te contaría que bailaron juntos y tal en la fiesta… Tú lo que pasa es que ahora quieres aprovechar eso para malmeter entre nosotros dos. Eres mala. ¡Sólo quieres jodernos! —Escurrí el bulto como pude con lo de Riqui. Tenía que negar, como fuese, que lo sabía todo. Si le confesase la verdad, se lo contaría seguro a Natalia.

—Te digo yo que es verdad. Ella me lo contó… ¡Se la chupó en un coche! Y… no se lo llegó a follar, porque los pillaron unos chavales… Si no, ahora tendrías ya unos cuernos que no entrabas por esta puerta… —me replicó Erika, ya en frente mía…

—¡No me lo creo! Por favor, vete… Vuelve a tu habitación a dormir… ¡que todavía estas borracha!

—Pero bueno, Luis… ¿Seguro que no te apetece probar este culo?… Qué te crees, ¿que no me di cuenta de cómo llevas todos estos días mirándomelo en cuanto tienes la ocasión? Sé que te gusta… —Erika colocó su culo sobre mi polla, restregándolo contra ella…

—¡No… Erika! ¡Déjame en paz, por favor!

— ¡Venga, hombre! No seas idiota… Tu chica está abajo follando con otro y, ¿tú no quieres follar conmigo?

—¡Natalia no está follando con él! ¡Ya te lo dije! —repetí indignado—. Tú estas en tu casa y no puedo echarte de aquí… ¡Pero déjame en paz! —Cada vez estaba más apurado y a punto de perder los nervios

Me encontraba en una encrucijada muy grande. No podía seguirle el rollo a Erika, no quería nada con ella. Aunque, la verdad, me daba bastante morbo y, en otra época me la hubiese tirado sin dudarlo ni un instante, en aquel momento sólo deseaba que me dejase en paz y no me complicase más la situación de lo que ya estaba. Ahora tenía un doble problema: lo que quedase haciendo Natalia con Alberto, y la insistencia de Erika en follar. Si nos pillase Natalia allí, se iba a liar gorda… ¡Gordísima!

—¡Luis! ¡Deja a Natalia y vente conmigo! Siempre me has gustado… Hace años, cuando te conocí, en las épocas que iba a ver a Natalia, siempre deseé estar contigo. Tú nunca diste el paso… Pero notaba que te gustaba… ¡Vamos, ven y fóllame! Pasa de mi prima y vente conmigo… Seremos felices. ¿No ves como te miran y tratan mis padres? Serías el yerno ideal para ellos… —me siguió insistiendo Erika, acariciándome el torso…

—No, Erika… Yo amo a Natalia con toda mi alma. Nunca la dejaré… Y menos por ti —le dije, con tono de enfado y deseando me dejase en paz de una jodida vez.

—Jejeje….—Erika rió a carcajadas—. ¿Con los cuernos que te está poniendo y aún dices esto? ¡Vas a ser un cornudo que flipas! Pero allá tú…

—Te repito que no estaban haciendo nada… ¡Déjame en paz ya!-

—Si tan claro lo tienes… ¿porqué no vuelves abajo y miras bien otra vez lo que estén haciendo? Si quieres bajo yo contigo y lo descubrimos juntos… —me sugirió Erika.

—No pienso volver abajo… ¡Mira, te lo voy a dejar muy clarito!: me importa un carajo lo que esté haciendo Natalia. Sólo quiero ser feliz con ella… Y te voy a decir algo más, y para que me dejes en paz ya de una maldita vez…. ¡me da morbo que esté con otros! A si que… no me chantajees con lo de cornudo, que con eso no me haces daño —le dije a Erika, sincerándome y sintiendo que ya no tenía más escapatoria que confesarle parte de la verdad…

—O sea… que eres de esos raritos que les pone ver a sus novias con otros… ¡Joder! ¡No me lo puedo creer! Pues, si quieres cuernos… te aseguro que con mi prima vas a tener a montones… Pero no te esperes que lo comparta contigo… Te los pondrá a tus espaldas y se hará la mosquita muerta, para que no te enteres… Como hacía con todos. Pero, mira, si te vienes conmigo… yo te haré disfrutar de tus buenos cuernos… Haremos tríos; follaré con otros delante de ti; dejaré que nos vean follar en sitios públicos; calentaré a otros para que tú lo veas… Conmigo sí serás bien feliz con eso. Natalia nunca hará eso contigo. Antes te dejará… —me contó, separándose un poco de mí y acercándose de nuevo a la cama…

—No, Erika. No pienso dejar a Natalia por ti. Márchate y olvidamos todo esto…

—¡Venga, Luis! ¿De verdad no te gusta este culo?… ¿Seguro que no quieres probarlo? Natalia seguro que no te deja que le folles el suyo… ¿A que no? Pues éste, lo tendrías a tu disposición siempre que quisieras —seguía susurrando Erika, apoyando sus manos sobre la cama, colocando otra vez el culo en pompa; sólo que, ahora, apartando un poco el tanga para mostrarme el ojete de su tremendo y nalgudo culazo…

La verdad, que la tía tenía un señor trasero. En otras circunstancias, me abalanzaría sobre él como un loco y se lo follaría sin compasión. Pero en aquel momento no podía. Estaba al aparecer mi novia; nos pillaría y yo quedaría como el malo en esta historia. Ademas, con los efectos del alcohol aun en mí, seguro no podría consumar, y quedaría como un inútil y encima cornudo…

—No, Erika… No puedo hacerlo… Me voy abajo en busca de Natalia… Le contaré todo lo que estas haciendo… Seguro no te habla más en el vida al descubrir que tramaste todo esto solo para quitarle el novio…

—Vale… ¡¡Vete… vete a buscar a tu noviecita!! ¡¡Corre y mira como se la folla otro con mejor polla que tú!! ¡Baja al garaje y descubre como se follan a tu chica! ¡¡CORNUDO!! —gritó Erika, mientras yo hacía el ademán de salir de la habitación y querer bajar en dirección al garaje…

Me asomé un poco por la ventana y vi salir a Natalia del cuarto de la lavadora, en dirección de vuelta a la casa. Traía en sus brazos unas cuantas piezas de ropa que aún le habían quedado en el cuarto, después de lavarlas. Retrocedí y volví hasta el marco de la puerta. En un segundo, como un “flashazo”, se me vino una idea para intentar salir de aquel tremendo embrollo…

Miré a Erika, que estaba de pie en el centro de la habitación, y le dije:

—Ven, Erika… No te enfades… No puedo hacer nada contigo ahora, pero no quiero que nos enfademos… ¡Ven un momento, quiero decirte algo!

Todo esto se lo dije cambiando el semblante de mi cara, y como insinuando que podía pasar algo más entre los dos, aunque no fuese en ese mismo instante…

—Dime, Luis… ¿Ya un poco te estás dando cuenta de todo lo que te digo? Vente conmigo… Si quieres, te doy un tiempo para que dejes a Natalia y te vengas conmigo… Estos días que has estado aquí, me he dado cuenta que me gustas mucho… Eres el hombre que necesito… —Erika se acercó a mí poniendo una de sus manos sobre mi rostro.

Yo, en un gesto rápido, nada más sentir a Natalia abrir la puerta de casa, aparté a Erika de mí y me abalancé rápido sobre la cama. Me lancé sobre ella para fingir que nunca había salido de allí.

—¿Qué haces, Luis?… —me susurró Erika al verme meterme en la cama y comenzar a escucharse los sigilosos pasos de Natalia subiendo las escaleras.

—¡¡ERIKA, VETE, VETE POR FAVOR!! ¡¡DÉJAME EN PAZ!! —comencé casi a gritar, para intentar que Natalia me oyese.

Mi novia, supongo nerviosa por el lugar de donde venía, pero a la vez extrañada por mis palabras, comenzó a subir más rápido las escaleras. Cuando llegó al piso de arriba y Erika la vio, ésta, sin pudor alguno, le dijo:

—¿Qué?… ¿De dónde vienes? ¡Cuéntaselo a tu chico, venga!

—De buscar la ropa que me había quedado abajo en el cuarto… ¿No lo ves?… —dijo Natalia tirando al suelo de la habitación los pantalones y camisetas que traía en sus manos—. ¿Y tú, Erika?… ¿Qué haces en nuestra habitación así? ¿Que está pasando aquí?… —contestó Natalia, observando con mirada seria a Erika, que estaba en la puerta en bragas y sujetador, y a mí, tumbado en la cama y tapado totalmente con las sábanas, fingiendo haberme despertado casi en aquellos mismos instantes.

—¡Natalia, cariño! No entiendo nada… Erika me acaba de despertar diciéndome que estabas abajo con Alberto… Yo le dije que eso no era verdad. Y luego se me ha insinuado… —exclamé haciéndome aún el dormido y el borracho.

—¡Pues claro que no es verdad! —replicó Natalia de forma firme y desafiante—. He bajado a buscar la ropa que me quedaba por recoger, porque no podía dormir… ¡Menuda nochecita nos diste, viniendo borracha como llegaste! ¿Y ahora vienes aquí, medio desnuda, y te insinúas a mi novio? Intuía que algo tramabas, pero no creí que fueses capaz de hacérmelo de nuevo —Natalia no dejó de mirar ni un segundo a los ojos de su prima, cada vez aumentando más su tono de enfado.

—¡Sí, claro, jejeje… de buscar la ropa! —carraspeó Erika en forma de sarcasmo—. ¿Tú te crees que tu chico es tan tonto? ¡Díselo, Luis!, ¡cuéntale todo lo que sabes! —Las intenciones de ella iban cada vez más descaradamente dirigidas a intentar enfrentarme con mi novia.

Permanecí paralizado unos segundos, mirando a las dos. A Natalia, por un lado, la veía con una tremenda cara de enfado pero a la vez de apuro. Por el otro, a Erika, aun con unos síntomas claros de borrachera, queriendo liarlo todo. En ese instante, descubrí que prácticamente todo lo que había sucedido en aquellos días habría sido un plan de Erika. Ella quería que llegásemos a este punto, a este momento: a que Natalia se enrollase con Alberto para luego contármelo a mí y estropear nuestra relación. Ella seguro que, en la pura realidad, no quería nada serio conmigo. Su única idea era romper la relación entre Natalia y yo.

Pero, en su retorcido plan, seguro que con lo que Erika no contaba era con que a mí podría llegar a excitarme ver a mi chica con otros. En ese momento, mi mejor salida era hacerme el loco y tapar todo lo que pudiese a Natalia. Aún así, de allí con Erika no íbamos a salir nada bien.

—¡Yo no te creo nada, Erika! —intercedí de nuevo, volviéndome hacia ella e intentando ser firme en mis palabras—. Has entrado como una loca contándome que Natalia estaba abajo, enrollándose con Alberto, y te he dicho que era eso era mentira, que no te creía. Luego, te me has insinuado… y te dije que no quería nada contigo y que te fueses. ¡Sólo quieres complicarnos la vida! —Dicho ésto, giré la mirada hacia mi chica, para decirle no sin cierto nerviosismo—: ha sido así, Natalia, cariño. Es la verdad… Yo estaba aquí, tan tranquilo durmiendo…

—Pero… —entró Erika al trapo con tono de burla—, ¡si has bajado abajo y todo, Luis! ¡No seas mentiroso! Los has visto y te haces el loco…

—¡Yo no he salido de la habitación! —me reafirmé, intentando sonar lo más convincente que mi todavía visible estado de embriaguez me permitía—. ¡La mentirosa eres tú! que me has intentado colar otra trola sobre que Natalia se había enrollado con Riqui en la fiesta del otro día, cuando fui yo mismo el que me despedí de él cuando se fue a casa con su amigo… ¡Te he pillado en tus mentiras a la primera! Natalia, no la hagas caso, que no creo nada de lo que dice… ¡Está borracha aun!

Acto seguido, Erika esbozó una maléfica y burlona sonrisa que enfureció aún más a Natalia, que ya viéndose liberada de lo que había hecho, al yo negar rotundamente que sospechase algo, comenzó a gritarle a Erika:

—¡SÓLO ERES UNA PUTA ENVIDIOSA! Siempre lo has sido. Mira que lo sabía… Ya intuí, al poco de llegar, que intentarías jugármela otra vez… Nunca debí volver a confiar en ti. No soportas que tenga un buen novio y que sea feliz, cuando a ti no te soporta nadie… ¡Sólo te quieren para follarte como a una zorra! ¡¡Que es lo que eres!! Nunca debí volver a perdonarte después de años sin hablarte…

—Venga, primita, si la otra vez, con el tiempo, hasta te hice un favor… Lo único que hice fue abrirte los ojos y el camino para que rompieses con el cabrón de Kike… Pero aún así tardaste en dejarle, ¿eh?… ¡Joder, no sé cómo podías aguantar a ese imbécil! Deberías estarme agradecida por aquello. Además, eso, te lo debía por lo que me hiciste con Juanjo… ¿O te crees que hoy todavía no me había enterado de cómo me pusisteis los cuernos hace años, cuando te lo follaste? Después de eso, me dejó y luego se fue con su mujer…

—¿Y esta vez, por qué lo has hecho, entonces? ¿Qué te ha hecho Luis? ¿O me vas a decir que también es un cabrón como era Kike? —Natalia me lanzaba pequeñas miradas de reojo, en medio de esa discusión cada vez más encendida—. Dime… ¿por qué haces esto? Si ya te vengaste con creces de mí por lo de Juanjo, cuando hace años también intentaste tirarte a mi ex… Yo te perdoné por aquello, porque Kike era un cabrón y yo tardé en darme cuenta… Pero… ¿por qué lo haces ahora? Ah, sí… ya lo sé, como te dije… sólo lo haces por pura y sucia envidia. Nunca has podido soportar que los tíos me prefiriesen siempre a mí…

—No, primita… Si esta está vez lo hago es precisamente por Luis… Para que sepa cómo eres… Para que sepa que, aunque vallas de mosquita muerta, eres igualita que yo… Te pierden los tíos y no lo puedes evitar…

—¡HASTA AQUÍ! ¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO! ¡No quiero escucharte más Erika! Eres una mentirosa y una autentica zorra… Pero no te voy a consentir que intentes joderme otra vez la vida… ¡LUIS, LEVÁNTATE DE LA CAMA! ¡Vístete y vete para abajo! ¡Espérame en el coche que nos vamos ahora mismo! —me ordenó Natalia, tremendamente cabreada, mientras comenzaba a meter toda apresurada en nuestras maletas la ropa que faltaba.

No dije nada, ni esbocé objeción alguna. Me levanté y me fui vistiendo con la misma ropa que había llevado a la fiesta, sin mirarle a Erika a la cara, que se quedaba aún en la puerta mirando la escena sin abrir la boca.

Cuando terminé, le dije a Natalia:

—¿De verdad quieres que nos marchemos ya… y así? Yo no puedo conducir. He bebido mucho… ¿No será mejor esperar a mañana… a que amanezca? Vamos a dormir, y en unas horas más tranquilamente aclaramos todo esto…

—¡¡NO… NOS VAMOS AHORA MISMO!! —me gritó Natalia, de forma casi desafiante—. Llevo yo el coche, que sólo me tomé tres copas… y de eso hace ya unas horas. ¡No hay nada que aclarar! Está todo muy claro… ¿No te acuerdas lo que te había comentado?, que quería desenmascarar a Erika… pues ya lo he hecho. Sabía que iba a intentar tirarte los trastos y a malmeterte contra mí… ¡Venga, baja y espérame en el coche! —Natalia ya únicamente me hablaba a mí, ignorando la presencia de su prima.

Salí de la habitación, pasando por delante de Erika, que me miró con cara pícara y sonriente. Al momento, cuando iba ya a encarar las escaleras para comenzar a bajar, volví a mirar hacía atrás, hacia ella, y la vi hacerme el gesto de los cuernos con una mano.

Descendí las escaleras envuelto en una extraña sensación de culpa. Erika tal vez hubiese sido perversa por haber planeado todo aquello, por puro interés propio, pero yo también tenía mi parte de culpa en todo esto. Había puesto mi granito de arena para que Natalia sucumbiese a enrollarse con Alberto. Había sido un milagro que no se hubiese terminado descubriendo todo, al menos aparentemente. Pero ahora, seguramente, después de esto, ya nada sería igual. Todo había ido demasiado lejos…

Llegué abajo y me metí en el coche.

Al cabo de unos 15 minutos, apareció mi chica junto al coche. Lanzó todas las maletas en el maletero y entró dentro con ojos llorosos…

—Natalia… ¿de verdad que tenemos que terminar así las vacaciones? ¿Con este enfado entre primas?… Sabes que Erika estaba muy bebida aún. Seguro que todo lo que hizo y dijo fue por culpa del alcohol. Mañana seguro que te pide perdón. ¿No podemos esperar y hablarlo serenamente? Yo sé perfectamente que tú no has hecho nada, y que todo fue producto de sus mentiras, pero no me gusta que terminéis así… —le dije, intentado buscar un halo de reconciliación, aunque casi más por sentirme yo mejor conmigo mismo que por otra cosa.

—No, Luis, vámomos… Ha sido un error venir a pasar estos días aquí. Creí que mi prima había cambiado, pero sigue siendo igual que ha sido siempre… No quiero volver a verla nunca más… Ya llamaré a mi tía, en cuanto lleguemos a casa, para disculparme por irnos así de su casa… y le contaré todo lo que me ha intentado hacer su hija. ¡Joder… no me puedo creer que haya intentado separarme de ti! ¡Con lo que te quiero, mi amor!

Natalia se abrazó a mí, llorando completamente. Yo ahí sentí una sensación terriblemente extraña. Hasta hacía sólo unos minutos, estaba enrollándose y haciendo un 69 con Alberto, y ahora abrazada a mí, llorando y diciéndome lo mucho que me quería. No entendí. Pero volví a sentirme fatal. Tal vez yo mismo había lanzado a mi chica a ponerme los cuernos, cuando quizás ella realmente no quería hacerlo. Parecía tener un lado oscuro del que quería escapar, pero que la dominaba…

Volví a sentir que debía dejar de una vez por todas olvidado este repentino morbo mío por verla deseada por otro; olvidarme de la curiosidad por el mundo liberal. Y por las relaciones abiertas; el poliamor y todas esas comeduras de tarro que últimamente me llenaban de pájaros la cabeza. Quizás yo estaba queriendo transitar por un peligroso e incierto camino, por el que ella no quería ni debía transitar…

Arrancamos el coche y nos fuimos de allí. Le volví a insistir si estaría en condiciones de conducir, y me repitió que sí; que en unos kilómetros pararíamos en un motel de carretera que ella conocía, a dormir unas horas, pero que ahora tenía que salir como fuese del pueblo. Necesitaba alejarse de allí.

Me recosté sobre el asiento y medité un poco en lo sucedido. Ya había descubierto algo más: que mi chica también había estado en el pasado con Juanjo, y poniéndole además con él los cuernos a su prima. Y también, que a su vez Erika había intentado meterse en la relación de Natalia con su ex Kike.

Yo, de esa relación, sabía mas bien poco; era un tema tabú entre nosotros, por lo tormentosa que había sido esa etapa para Natalia. Aún así, era un asunto que debería abordar con ella en algún momento. Quizás me ayudase también a entender muchas cosas. Pero iba a dejarlo para más adelante; para cuando estuviésemos en casa, ya mucho más tranquilos.

En el trayecto me debí dormir un ratito. Me despertó la voz de mi chica indicándome que habíamos llegado a la pensión que me había dicho:

—Vamos a parar aquí a dormir unas horas. No puedo conducir más. Estoy muy cansada y tú también… Es un sitio un poco cutre, pero a estas horas no sé a dónde vamos a poder ir…

Levanté la mirada, y vi el letrero del sitio: Motel La Luna. Tenía el aspecto del típico lugar donde van las parejas a follar, sobre todo si son amantes. Un picadero de carretera, vamos.

Aparcó el coche en el aparcamiento subterráneo y nos acercamos a la recepción. Nos atendió una señora que, la verdad, tenía más aspecto de madame de club que de recepcionista de hotel. Muy amable, nos dio la llave de nuestra habitación y nos fuimos en dirección a ella con unas ganas terribles por dormir.

Nos metimos en la cama y, en la habitación de al lado, se podían escuchar perfectamente los gemidos de una pareja haciendo el amor…

—Joder… ¡Lo que me faltaba! —exclamó Natalia, intentando encontrar una postura cómoda que le permitiese conciliar el sueño.

Me dí la vuelta y, con una sonrisa forzada, intenté dormirme con esa “sintonía” de fondo. El sonido de la pareja de al lado follando era muy excitante y, en otra ocasión, me hubiese encantado hacerlo con el morbo de ese sonido de fondo, pero en aquel momento no apetecía. Natalia estaba muy cansada y aún con síntomas notorios del disgusto que se había llevado al discutir con su prima y haberse marchado de la casa de la forma en que lo hicimos.Nos dormimos los dos dándonos la espalda…

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