SILVIA ZALER

Me acuerdo de otro trío que hice. Fue hace un par de años. Aunque en verdad no fue tal, sino un cuarteto, fue con Marta en una de las fiestas de Menchu. Eran esos días en que yo me venía antes de Jávea para follar con tranquilidad y sin problemas.

En esos días Menchu no alocaba tanto las fiestas con coca y porros. Esa, que yo recuerde, fue la primera de verdaderos excesos. Por ejemplo, esa noche, solo nos hicimos unas rayitas, Marta y yo, antes de meternos con dos tíos —uno cada una— en una habitación. Y no nos fumamos ningún porro de maría. Al menos, que yo recuerde…

Digo que no fue un trío en verdad, porque los intercambios entre los cuatro fueron casi constantes. Marta se zumbó a los dos, lo mismo que yo. Y en un par de ocasiones Marta me comió el coño mientras yo engullía las pollas de ellos. Fue una noche alocada, de las primeras en donde el desenfreno se apodero de mí de forma clara y total.

Recuerdo una de las pollas como bonita, y que yo, sin duda, prefería a la otra. Más fina y oscura, sin circuncidar. De las que menos me gustan, vaya. Como os decía antes, no es complicado que si estás en un trío te guste más un tío que el otro. A mí, me pasó en esta ocasión. Lo malo, o lo menos bueno, fue que se percató el que salió perdiendo. Y aunque no dijo nada, estuvo menos atento y simpático a partir del segundo polvo. Yo, viendo que ya la fiesta, al menos para mí estaba terminada, me fui. El tercer asalto se lo deje a Marta sola. Cuando entre en el dormitorio que tenía asignado en casa de Menchu, todavía se escuchaban risas y conversaciones por la casa. Mi amiga Gabriela estaba con un chico muy guapo de cara y que parecía adorar a mi amiga. Estoy convencido de que se lo pasó muy bien. De hecho, este chaval se convirtió durante unos meses en una especie de fijo para ella.

Cuando me metí en la cama, en buena medida, satisfecha y algo cansada porque ese año había viajado desde Jávea en coche ese mismo día. Ahora pienso que si en la follada con Marta hubiera sido Julián o Jaime uno de ellos, lo hubiera arrastrado a la cama conmigo. Sin ninguna duda.

No puedo decir nada de ese trío que me marcara especialmente, salvo que aquella polla era bonita. Recuerdo que me folló bien, que nos reímos y que disfrutó con mi mamada. Sin embargo, quien me enculó fue el otro, el de la polla que no me gustaba. Las cosas, a veces, no salen como planeas. Aunque, en su defensa, debo decir que la enculada estuvo bien. En esto del anal, las pollas finas son muy buenas porque causan el mismo placer que las más gruesas, pero entran mejor.

He fantaseado muchas veces con un trío entre Julián, Jaime y yo. A Arturo, por ejemplo, lo veo en solitario. Es muy caballero, muy atento y me es difícil imaginármelo en una situación de estas.

Me pongo cachonda solo de pensar en tener un día en mi cama a esos dos chulazos metiéndomela. Los rompería a polvazos. Cerrar los ojos y ver a Julián comiéndome el coño con esa maestría que lo hace y yo chupando el pollón de Jaime, me mojo entera. Dos pollas bonitas y grandes, dos tíos guapetes y atractivos, de buen cuerpo y buenos folladores… ¿Quién de vosotras no se apuntaría? Ninguna, cabronas. Sed sinceras.

Y por supuesto, en mi cama. Follando al máximo y sintiendo ese arrebato e ímpetu que da lo prohibido, lo libertino y vicioso. No pararía de follarles, de chupar y de lamerles las pollas. A turnos, a la vez, mientras uno me folla o me encula. Bueno, Jaime, solo follar, que esa anchura es muy difícil de encajar en un culito estrecho como el mío. Me excito solo de pensarlo.

Pero es una fantasía. No creo que eso ocurra nunca. Primero porque Julián no es de compartirme. Lo sé. Lo noto en sus besos y caricias. Ni siquiera sé si sospecha que follo con otros. Nunca le he dicho nada. Yo doy por hecho que tiene sus rolletes en Sevilla, aunque no lo sé. Pero si le dijera que estaba dispuesta a intentarlo con él, creo que daría el paso solo por complacerme. Jaime en cambio, sé que se apuntaría sin dudarlo a ese trío. Pero conmigo o con Gabriela, que estoy convencida que le encantó ese día. El trío que hicimos en mi casa Jaime, mi amiga y yo, y que para mí ha sido el mejor de mi vida. Las fantasías son también una parte importante de una vida sexual, ¿no, chicas?

La casualidad es caprichosa. Como digo, no he tenido muchos tríos, pero casi inmediatamente después de aquel en casa de Menchu, hice otro. Pocos días después mi amiga, animada por el trío que me marqué, me llamó para que le acompañara a una fiesta. Ese día le dije a mi marido que llegaría algo tarde, que se trataba de una cena con un autor muy importante alemán y que teníamos que gestionar los derechos para una serie de televisión ya vendida a una plataforma de streaming.

—Luego iremos a tomar una copa —le dije.

Mi marido me miró con un poco de extrañeza, pero, la verdad estaba acostumbrado a estas salidas. En teoría, por mi trabajo. Bueno, eso y que la relación se enfriaba a pasos agigantados, pero yo, en vez de intentar arreglarla, me iba a follar con otros. Absurdo, sí. Pero real.

A veces pienso que lo sabe. O que sospecha algo, pero luego, como nunca me dice nada, ni se comporta de manera extraña, pues se me olvida esa sensación. En este caso no le mentía del todo a mi marido. Sí que había una cena con el autor este, pero iba el director general de la editorial, no yo.

El caso es que Menchu llegó a las nueve y media a recogerme, con Dimitri de chófer, en un cochazo. Me senté junto a ella y me empezó a explicar.

—Es una fiesta de una amiga. Bueno, parecida a nosotras. Solo que ella es menos fina y más puta. Solo se tira a jovencitos.

En ese momento, mientras me hablaba iba haciéndose la primera raya en el cristal del móvil. Me pasó el cilindro de plata y la esnifamos. Menchu siempre tiene de buena calidad, o ella así lo aseguraba. Yo, salvo consumirla, no entendía apenas.

—¿Y qué pintamos nosotras ahí?

Menchu se reía. La verdad que iba espectacular. Hacía poco que se había retocado algo de las cejas y los ojos con bótox e inyecciones de ácido hialurónico. Se gastaba un buen dinero en arreglarse. Se había puesto también extensiones y desde que tenía entrenador personal, bajó casi cinco kilos. Estaba mucho más esbelta y guapa. Y lo sabía. Desde un año a esta parte mi impresión es que le daba más a la coca que antes y eso, quieras que no, te inhibía de comer. A mí misma me había pasado.

—Vamos a ver si podemos follarnos a uno. ¿No te parece?

—Yo no tengo noche libre, Menchu. Mi marido está en casa.

Se miró el caro reloj que llevaba y meneó con la cabeza.

—Pues tendremos que darnos prisa, ¿no te parece?

Para no extenderme, os diré que a las doce estábamos de vuelta con dos chicos guapísimos en su casa. Yo con un colocón importante de coca y maría y Menchu absolutamente desmadrada. Bebimos champán y nos lo tiramos, ya desnudos todos, por encima. Nos bañamos en pelotas en la piscina interior de la casa y allí se las chupamos a los dos.

Eran dos modelos, bastante chulos y un poco apostados, pero de muy buen ver. De pollas, normalitos. Uno de ellos, incluso, tirando a pequeña. O lo que para mí, en comparación con Julián y Jaime, podían considerarse algo pequeña.

Dio igual. Nos los tiramos a ambos y varias veces. Reconozco que ese día ha sido de los de mayor desfase mío. Con Menchu es muy difícil controlarse porque es un torbellino de sexo y vicio. Ella se puso de coca hasta las cejas y algo menos yo. Los dos chicos la probaron, pero estuvieron más comedidos que nosotras, salvo uno que además se fumó conmigo un buen petardo de maría.

En una de esas, estando yo con este chico, después de terminar el último porro, y cuando me estaba comiendo las tetas en un sillón de jardín junto a la piscina, se me acercó el otro.

—Que dice Menchu que quiere ver cómo nos follas.

Yo, con el colocón que ese momento llevaba lo vi gracioso, porque me percaté de que Menchu, que se acababa de encender un porro bien cargado, me miraba con un punto de lascivia. Debo reconocer que mi cabeza, en ese momento estaba muy alocada y los efectos de la coca y de la maría me hacían atreverme a todo. No lo dudé y cogí sus dos pollas y me puse a chuparlas. Uno consiguió empalmarse rápido, pero el otro no tanto y decidió acelerar con una metida en mi coño demasiado rápida.

Cuando me estaba follando y yo se la chupaba al segundo, noté que apenas sentía nada.

—Joder, me la estás metiendo blanda —me quejé—. Cámbiate con este.

Al que se la estaba chupando sí que la tenía como un mástil, por lo que me dije que sería más sencillo empalmarle con la boca. Le hice de todo con la lengua y las manos. Soy muy buena chupando pollas, la verdad. Y conseguí ponérsela dura, pero no que se corriera. El chico se concentraba cerrando los ojos mientras el otro, que sí que iba ya a buen ritmo, me follaba decentemente.

Yo me corrí y, además de forma muy interesante, porque el cabrón me regaló una sucesión de pequeños orgasmos, ya que siguió metiéndomela porque él estaba también cerca de venirse. Menos de un minuto después eyaculó en el condón. A mí se me juntaron dos muy seguidos, más cortos, menos intensos, pero casi encadenados. Yo no soy multiorgásmica y nunca me había sucedido, pero este chico, de nombre Daniel, lo logró. Esta ha sido la vez que más cerca he estado de un orgasmo simultáneo entre un hombre y una mujer. Chicas, otra leyenda que no existe. Siento defraudaros…

El caso fue que yo estaba recién corrida, el otro chico con el condón repleto de lefa y Menchu mirando. Al que yo seguía chupándosela no terminaba de correrse. Mi amiga se juntó a mi mamada. Menchu es muy viciosa y no sé si es tan buena como yo con la boca, porque eso va en los gustos de cada uno, pero las caras, gestos y la manera de combinar mamada y paja, es bastante buena. Lo aseguro. Pues ni por esas. El chico no se corría.

Yo me cansé de intentarlo y vi la polla flácida y arrugada del otro. Menchu, seguía y por la cara del chico, parecía acercarse. Yo, hice el último intento y me acerqué a mi amiga ayudándola con la mano acariciando los huevos del chico. Sí, estaban duros y apretados, por lo que era inminente la corrida Diez segundos después, nos bañó con un corridón espectacular. Menchu terminó con media cara bañada de semen. Yo, algunas gotas por la mejilla izquierda y más por la mano y el antebrazo.

El chico resoplaba. No sé si de excitación, que seguro que también, o por sentirse aliviado por correrse. Menchu aplaudió y me besó en la mejilla llevándose con la lengua aquel par de gotas de semen que tenía allí. Me limpié los restos que me quedaban en la mano y en el antebrazo y sonreí también satisfecha. Al final había estado bien.

Menchu no se quedó satisfecha. Vi que se metía otro tiro y se llevaba a los dos chicos a la cama. Miré el reloj, pedí un Cabify y me fui a mi casa, colocada, follada y cansada.

Eran las cinco de la mañana.

Mi marido se debió despertar con el ruido de la ducha. O con el bolso, que se me cayó. No sé ni siquiera lo que buscaba, pero note que varias cosas de su interior se desperdigaban. Lo recogí todo, incluido un condón que se había salido del bolsillo con cremallera en donde los solía llevar. No sé si lo logré pero procuré hacer muy poco ruido. Me miró medio dormido, negó con la cabeza y farfulló algo que no entendí.

Recién duchada, limpia y sin olores a hierba o a sexo, me tumbé en la cama dispuesta a dormirme cuanto antes.

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