MOISÉS ESTÉVEZ

  • Pues la verdad es que me parece increíble todo lo que me estás
    contando, aunque por lo que dices, todos son motivos de peso para dar el paso
    que has dado –
  • Ya no podía más, y aunque no te lo creas, el hecho de que el imbécil
    de tu marido recurriera a mí para pedirme lo que me pidió, me hizo pensar. Sé
    que he cometido errores en mi vida y que mi conducta a veces como mínimo
    ha rayado la inmoralidad, incluso te diría que en algunas ocasiones he
    traspasado ciertos límites legales, y sinceramente, en más de una ocasión, un
    sentimiento de culpabilidad ha castigado mi conciencia. Como te he dicho
    antes, lo de Robert ha sido la gota que ha colmado el vaso –
  • Entonces, tu idea es empezar de nuevo, supongo –
  • Exacto, como tú – Respondió Eric con una sonrisa cómplice en su
    rostro.
  • Bueno, perdona que insista, pero sigo sin salir de mi asombro – Dijo
    Rachel correspondiéndole con otra sonrisa.
  • Me hago cargo, no creas, yo todavía no me pienso que haya sido
    capaz de decidirme, aunque, como ya te dije, llevaba tiempo preparando el
    terreno –
    Rachel cambió de tema de manera radical pero involuntaria para
    preguntarle que a dónde se alojaba. Eric le dijo que de momento pernoctaría
    en un modesto hotel no muy lejos de allí.
  • Creo que voy a ir a deshacer el equipaje y a descansar un poco. El
    vuelo ha sido largo y no he dormido casi nada. Si te apetece nos vemos en un
    rato, cenamos juntos y seguimos con la charla –
  • Me apetece…

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