ANDER MAIS

Capítulo 23

Escapada Nocturna

Caminamos hasta casa. A mí se me estaban subiendo de golpe también las copas a la cabeza.

Al final, no sin esfuerzo, llegamos. A Erika parecía habérsele pasado algo el enfado, pero se metió para su habitación a dormir la borrachera sin decir nada. Yo también venía bastante bebido, aunque intentaba disimularlo todo lo que podía. Le había prometido un buen polvo a mi chica…. y debía cumplir. Ella había cumplido su parte del trato calentando a Alberto, que se habría tenido que quedar en la fiesta con un calentón de tres pares de narices, después de como vi que Natalia le rozaba su culo en el último baile, y del tonteo que tuvieron en él.

Me tumbé en la cama y, bastante mareado, observé como Natalia se iba quitando la ropa. Se quitó primero la camisa, luego el short y luego el sujetador… Se puso un camisón negro de tirantes, y se acercó sensualmente hacia la cama…

—¿Qué… no me ibas a echar el polvo de mi vida? He hecho todo lo que me dijiste… ¿Lo hice bien? ¿Te gustó?… —me susurró al oído con voz sensual, mientras iba desabrochándome la bragueta.

— Sí… lo has hecho fenomenal… Alberto se ha tenido que quedar todo caliente en la fiesta —le dije nervioso.

Ella no dijo nada y me desabrochó por completo el pantalón, bajándomelo hasta las rodillas. Me quitó el bóxer y descubrió mi polla, totalmente “muerta”…

—¿Y ésto?… Joder… con lo dura que se te ponía ayer por la tarde… —comentó mientras comenzaba a mamar mi polla; que no reaccionaba, totalmente dormida…

—Ufff… no sé… Quizás bebí demasiado… Estoy muy mareado… No sé si seré capaz de hacer nada… Lo siento, amor… —dije con tono resignado.

—¡Dios…. no vuelvo hacerte caso! Si no hubieses estado casi toda la fiesta bebiendo tanto como Erika… ¡Vaya dos! Menuda borrachera traéis —Natalia, bastante molesta, se levantó para irse al baño, dejándome allí tirado sobre la cama.

A mí, la habitación me daba vueltas por completo. Me tuve que levantar corriendo hacia el baño… Me estaban dando ganas de vomitar.

Llegué frente al retrete y vomité. Mi chica, a mi lado, puso cara de enfado y exclamó:

—¡¡Joder, tío… estas fatal!! Anda, vete a dormir esa borrachera.

Me volví para la cama, y Natalia se metió a mi lado. Me había encantado la noche, pero quizás no debí haber bebido tanto. Erika me había fastidiado el plan y no pude disfrutar todo lo que desearía, de haber visto a mi chica rodeada de tíos, admirando la espectacular figura que lucía esa noche.

Resignados los dos, nos metimos en la cama. Yo me debí dormí al segundo…

Sin embargo, aturdido, y habiendo perdido un poco la noción del tiempo y del lugar, un pequeño ruido me despertó. Abrí lentamente los ojos, y me encontré a mi chica de pie, en medio de la habitación, con el móvil en la mano y como contestando a unos whatsapp… Me seguí haciendo el dormido. Quería descubrir qué estaría haciendo…

Cerré lo ojos, disimulando dormir, y escuché cómo mi chica cogía delicadamente sus zapatos del suelo. Salió de la habitación descalza, despacio y sigilosa… La fui escuchando como bajaba por las escaleras hasta el piso de abajo…

La sentí abrir la puerta de la casa, muy suave, y salir a fuera… A mí pareció habérseme pasado un poco la borrachera de repente. La incertidumbre y excitación del momento me despejaron…

Me levanté de la cama para asomarme con sigilo a la ventana. La persiana estaba totalmente bajada, así que, no la subí por si Natalia me veía hacerlo desde afuera. Salí de la habitación y miré desde la ventana del pasillo. Allí, la ventana estaba ligeramente subida, por lo que, agachándome, miré hacia afuera…

Pude ver a Natalia entrando sola en el cuarto de la lavadora, vestida sólo con el camisón negro y llevando ya puestas las sandalias de tacón. Me imaginé que, hasta allí, no habría bajado solamente para buscar ropa o algo, sino, ¿para qué se había puesto los tacones?

Cerró la puerta.

Pasaron unos minutos… y Natalia no salía de allí.

No sabía qué hacer… ¿Habría quedado con alguien en el cuarto? ¿Estaría allí Alberto? ¿O estaría con otro? No lo sabía… Pero tampoco sabía qué podría yo hacer. La intriga y el morbo por descubrir qué estaría haciendo mi chica me tenían loco. Pero el miedo a que me pillase viéndola hacer algo era mucho también… Una pillada así, podría poner fin a nuestra relación.

Había llevado aquello ya demasiado lejos, y se me había ido totalmente de la manos. Me armé de valor y, ayudado aún por el efecto de la bebida y con un pequeño dolor de cabeza, decidí bajar las escaleras e intentar llegar hasta ese cuarto.

Recordé la historia que me había contado Erika el día anterior, y decidí probar a ver si podía entrar por la puerta trasera del garaje, y así, sigiloso, intentar espiar lo que hacía Natalia en el cuarto de la lavadora…

Ya todo me daba igual. Si la pillaba con alguien y me descubrían, le confesaría que eso de verla con otro me daba morbo y disfrutaba con ello. Luego, que sucediese lo que tuviese que pasar… Ya no me importaba. Yo me lo había buscado.

Fui caminando, dando un rodeo y bordeando los setos de la casa hasta llegar a la puerta trasera del garaje. Cogí con mi mano la manilla, y la fui girando con el pulso a mil. La abrí…

Entré en el garaje y vi una tenue luz que salía por la ventanita que daba al cuarto de la lavadora. La puerta-cortina que comunicaba el garaje con el cuarto, estaba cerrada, pero alguien estaba dentro. Al menos se oían dos personas hablar en voz baja.

Me fui acercando, con la adrenalina a 2000, y llegué hasta la ventanita del cuarto. No me escucharon llegar, lo hice con sigilo. Me situé bajo la ventana y me detuve a escuchar. Eran Natalia y Alberto los que estaban juntos allí. Parecían estar solamente charlando y tomándose juntos una cerveza…

—Bueno, ¿seguro que mañana os vais? ¡Quedaros un par de días más, mujer! Hasta el domingo al menos… Y así vamos de nuevo los cuatro a dar una vuelta por ahí… —le decía Alberto.

—No podemos, tío. El lunes temprano debemos estar en nuestra casa ya… Luis tiene unos temas que solucionar antes de volver al trabajo —le contestó Natalia.

—Jo, Natalia. Pues es una pena… Me encantó volver a verte… Eres un encanto de tía —le dijo Alberto, y sonaron chocarse los botellines de cerveza, como brindando.

—Ya… A mí también me gustó verte de nuevo.

—Joder… ¡qué buenos recuerdos me trae este cuarto! Hace años… ¿recuerdas lo que hacíamos aquí? —dijo Alberto.

—Sí… Pero esos eran otros tiempos… Ahora tengo novio y estoy muy feliz con él…

—Ya… Y yo que me alegro por ti… Y bueno, por él también… ¡Qué suerte tiene! ¡Eres preciosa! —continuó Alberto, cada vez con un tono más cariñoso…

—Para Alberto… por favor… Te dije de venir aquí sólo a tomar una cerveza y charlar… como despedida… ya que tuvimos que largarnos de la fiesta sin despedirnos bien por culpa de Erika… Pero no quiero nada… Por favor… no me compliques… —le susurró ahora Natalia.

Pero Alberto parecía que sí quería algo más con ella… Y no pensaba resignarse:

—Sólo un simple beso Natalia… Un triste beso… Tu novio está en la habitación durmiendo. Aquí no te va a pillar…

—No… por favor, Alberto, no sigas… No…

—Vamos, Natalia… Sé que lo deseas… Y yo no diré nada… Ni siquiera a Erika… Será nuestro secreto… Mañana te vas, y continuas tu feliz vida con tu chico… Yo estoy aquí en un pueblecito a muchos kilómetros. No te molestaré… ni te daré problemas…

—Bufff… Para… No seas pesado… No, por favor, Alberto… ¡Joder… no me hagas esto! —seguía susurrándole mi chica, mientras se escuchaba el sonido de unas manos frotando tela.

Yo ya no lo soportaba más y, con la ayuda de una caja de madera que había allí al lado, me subí a la altura de la ventanita y espié lo que ocurría dentro del cuarto. Me encontré a Natalia sentada en el suelo, apoyada con su espalda en la lavadora, y a Alberto en frente de ella agachado, intentando besarla y con una de sus manos sujetando su cintura…

—Natalia, estas preciosa… ¡Cuánto daría por agarrar y besar de nuevo esas tetas que tienes!

—No, Alberto… No sigas, te lo ruego… No le puedo hacer otra vez ésto a mi novio… —le dijo Natalia.

—Sí, ya me ha contado Erika que estuviste con un tío en un aparcamiento, o algo así… Tranquila, si Luis no se enteró de eso… de lo nuestro ahora, tampoco… —le insistió, y decididamente acercó sus labios a los de mi chica.

Natalia apartó su cara impidiendo ese beso, pero su semblante demostraba que estaba desando hacer algo con él…

Yo la conocía perfectamente. Si había bajado hasta ese cuarto a esas horas, no era sólo para charlar. Le apetecía hacer algo con él, eso seguro…

—¡Vamos Natalia, no te hagas la estrecha! ¡Que lo estas deseando tanto como yo! —dijo Alberto, agarrándola por la cintura y levantándola hasta conseguir sentarla encima de la lavadora—. ¿Para qué has bajado aquí en camisón?: ¿sólo para charlar?… ¡Vamos… no te lo crees ni tú! —le volvió a decir, acercando todavía más sus labios a los de ella.

—¡Alberto, vete por favor… esto no está bien! —le susurró ella.

—¡Calla y déjate llevar! Te va a gustar… Siempre te ha gustado… —Alberto comenzó a agarrarle ya decididamente sus dos tetas…

—¡Que sea rápido…. por favor! Tengo miedo que nos pillen… —asintió por fin Natalia, ya visiblemente excitada.

—¡Bufff…. que tetazas! No hagas ruido tú… y no nos oirán —susurraba Alberto, mientras ya magreaba con las dos manos sus tetas por encima de ese camisón que llevaba…

Mi chica, ahora, ya únicamente respiraba profundamente. Se habría excitado sobre manera en la fiesta y yo encima no la pude satisfacer… La arrojé sin querer a los brazos de ese tío…

Alberto se fue recreando en sus tetas, sobándolas, pero sin descubrirlas aún. Natalia estaba sin sujetador. Llevaba simplemente el camisón de tirantes, y se le marcaban mucho los pezones.

—No grites, vale…. Hazlo todo en silencio y no nos oirá nadie… Como hacías en los viejos tiempos —le volvió a susurrar Alberto, poniendo un dedo sobre sus labios y frotándoselos con él, indicándole silencio…

Fue bajando poco a poco, sobando sus tetas y todo su cuerpo, hasta agacharse frente a ella. Decididamente y sin darle a Natalia casi tiempo a reaccionar, le levantó de un tirón ese camisón, descubriendo el tanga azul que llevaba con unos pequeños lacitos de encaje. Acercó decidido su boca a esa pieza de lencería y comenzó a lamerla…

Natalia no dijo nada… Sólo se dejó hacer, recostándose un poco sobre la lavadora…

Alberto, con una mano, le fue bajando lentamente el tanga mientras ponía una cara de excitación enorme por lo que estaba apunto de disfrutar. Mi chica se estaba dejando completamente…

Lo bajó un poco, sin dejar aún al descubierto el coño, y acercó su boca besando la parte totalmente depilada del cielo de su pubis. Luego, tiró del tanga y fue descubriendo lentamente su coño… Lo comenzó a lamer pegándole fuertes y sonoros chupetones…

Natalia ya comenzaba a gemir. La primera lametada de la boca de Alberto le sacó un grito ahogado. Él se recreó un segundo en el coño pero, de la excitación, tiró fuerte del tanga de mi chica, quitándoselo por completo, deslizándolo por las piernas de Natalia para luego abrirle un poco más la piernas…

Alberto, de cuclillas delante de mi chica, levantó la vista hacia ella y le preguntó:

—¿Quieres que pare?… Dime… ¿de verdad aún quieres que pare?

—No… Por dios… Sigue… Cómemelo… Pero follar no ¿eh?… Te la chupo luego si quieres, pero no te dejaré follarme… Eso no me lo pidas, ¿vale? —le contestó Natalia, con tono entrecortado y con síntomas claros de excitación.

—Vale… como quieras… Pero te iba a follar cómo tu ya bien sabes…

Dicho esto ultimo, se volvió a abalanzar sobre el coño de mi chica, la cual volvió a emitir un gemido ahogado al recibir de nuevo su lengua…

Alberto le levantó una pierna, apoyándosela sobre una mesa que había al lado de la lavadora, y se comenzó a recrear en comerle bien el coño…

Hacía fuertes chupetones y le lamía el clítoris como todo un experto… Podía escuchar perfectamente el sonido de la boca de Alberto sobre el sexo de mi novia, la cual gemía levemente, apoyada con sus manos hacia atrás sobre la lavadora y disfrutando ese cunnilingus, mirando hacia arriba…

El cuarto era grande, yo estaba al fondo de él, en un lateral, y era difícil que me viesen. Ademas, la escasa luz propiciaba que no me descubriesen. Alberto siguió unos segundos más disfrutando del coño de Natalia, mientras ésta ya le comenzaba a agarrar la cabeza indicándole que siguiese…

Al momento, en un gesto rápido y fuerte, agarró una de las piernas de mi chica y la levantó totalmente, dejando al descubierto para su boca, todo su coño y también el culo…

—¿Qué haces tío?… No… Eso no… —exclamó Natalia.

—Sí… ¿No recuerdas lo que te gustaba? Déjame chupártelo… Ummmmmm Chupppssss….

Alberto comenzó a lamerle, además de su coño, todo su culito…

—No, por favor…. Por ahí no sigas… ¡Para Alberto!… ¡Vamos, déjame chupártela! Pero no me hagas esto… — le volvió a replicar una muy caliente Natalia.

Alberto se levantó, y Natalia se acercó hasta la cortina que separa el cuarto de la lavadora del garaje. Levantó la cortina y se asomó para mirar si podía haber alguien. Yo ahí creí que todo habría acabado… que me descubriría y comenzaría un lío gordo que no sabía cómo podría terminar. Pero, milagrosamente, solo pegó un rápido vistazo al fondo del garaje y, al ver la puerta totalmente cerrada, no giró su cabeza hacía la otra parte donde estaba yo, subido en la caja. Volvió a entrar al cuarto, y allí ya le esperaba Alberto con los pantalones por las rodillas y la polla fuera. No la tenía totalmente empalmada, aún solo bastante morcillona…

—Mira, Natalia, aquí la tienes… ¿La recordabas? Porque ella a ti sí… No sabes la de noches que me he pajeado recordando lo nuestro… —le dijo Alberto, agitando su polla y esperando a que Natalia se pusiese de cuclillas frente a él y comenzase a comérsela.

Natalia no dijo nada… sólo se la metió en la boca y comenzó a lamerla, intentando ponérsela rápido totalmente dura.

Comenzó a darle lametones con su lengua, de arriba abajo, y agarrándola luego con una mano, comenzó a lamerle los huevos…

Yo ahí, estaba sintiendo una cosa algo indescriptible. Por un lado, estaba excitadisimo; estaba presenciando lo que tanto morbo me daba: ver a mi novia con otro. Pero, por otro lado, una sensación extraña de celos me inundaba… ¿Y si ahora se encaprichaba de nuevo de este ex ligue suyo y me dejaba? Yo nada podía hacer ya… Sólo presenciar hasta donde pudiese, o marcharme….

Natalia se la chupaba cada vez con más ganas. Fue sentir Alberto los primeros lametones de mi chica, y su polla ya se le puso como una roca.

Siguieron un rato de una buena mamada…

Yo ya sabía que mi chica era una experta chupadora y, en aquel momento, me lo estaba demostrando en directo y con otro.

Natalia sacó unos segundos esa polla de su boca y golpeó su lengua con ella. Luego, escupió en ella y le dio unas buenas chupadas, intentando tragarse todo el trozo de polla que podía. La polla de Alberto no era ni por asomo como la de Víctor, y tampoco era como la de Riqui. Pero aún así, tenía una polla más grande que la mía.

Alberto se agachó y, dándole un morreo, le dijo:

—¡Dios…. sigues siendo una diosa…. como siempre! Joder, cómo la chupas, cielo…

De seguido, le bajó los tirantes del camisón, y descubrió sus tetazas…

—¡Joder… que melones! ¡Por dios… como estás! Joder, cómo deseaba volver a verte estos pezones… ¡Dios… parecen dos galletas! —exclamó Alberto, excitado, mientras agarraba y apretaba una teta con cada mano…

Natalia le agarró la polla y golpeó con ella varias veces contra una de sus tetas…

— ¿Sí…? ¿Te siguen gustando? ¿Te gusta esto….? —dijo Natalia, excitada.

—Sí., Dios…. —susurró Alberto entre gemidos…

Dicho esto, comenzó a quitarse la camiseta para quedarse con el torso al aire, mientras Natalia seguía agachada y centrada en seguir la mamada…

—Natalia… Vamos hacer un 69, y así nos corremos juntos… —le sugirió Alberto, tirando de mi chica hacía arriba, agarrándola de sus dos tetazas.

Ella no contestó nada, pero se quedó mirando cómo Alberto colocaba una toalla en el suelo. Iban a hacer el 69…

Yo ya no sabía si podría aguantar más. Estaba apunto de marcharme. Aquello ya iba a ser demasiado. Aquella escena iba a ser muy fuerte y no creí estar preparado para soportar ni ver nada más…

Llegar a este punto no había sido buena idea. Natalia le había dicho hace unos instantes a Alberto que follar no, pero viendo lo caliente que estaba ella ahora, quizás al final incluso se dejase que la follara. Me bajé de la caja donde estaba subido y decidí marcharme. Preferí quedarme con la incertidumbre. Además, era un buen momento para largarme y así no ser descubierto. Lo que viniese después, mañana ya se vería…

Dí tres pasos en dirección a la salida, pero los gemidos de Natalia me hicieron retomar la curiosidad. ¡Joder! ¿qué estarían haciendo?

Retrocedí y volví a subirme a la caja…

Me los encontré allí, en posición del 69, con el culo de mi chica totalmente abierto sobre la boca de Alberto. Ella, a su vez, le pajeaba con morbo la polla, mientras gemía suave y disfrutaba de la comida de coño…

Al momento, mi chica se volvió a meter aquella polla en la boca…

Continuaron al unisono, con una serie de gemidos ahogados, cada uno centrándose en lo suyo. Mi chica le comía la polla de arriba abajo y, con una de sus manos le acariciaba sus grandes y gordos huevos. De vez en cuando, tenía que apartarse la melena que se le caía sobre la cara, mientras seguía con la mamada…

—Dioosss, Alberto… Cómeme, joder… Cómemeee… ¡Qué gusto, dios! —exclamó Natalia entre gemidos y susurros, antes de proseguir con la mamada que le estaba haciendo.

Yo ahí sí, decidí marcharme. Apresurado pero silencioso, fui saliendo del garaje, aprovechando lo entretenidos que estaban ellos y en esa postura que dificultaba me descubriesen. Ya desde la puerta, aún podía escucharles levemente sus gemidos entrecortados.

—Disfruta, Natalia… —me dije para mí, en un momento de resentimiento y resignación, mientras salía y cerraba la puerta trasera del garaje.

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