ALMUTAMID

Me desperté por la claridad que entraba pero Claudia aun dormía. La observé. ¡Qué bonita era! Agosto…hace un año. Luis quien te ha visto y quien te ve. Hace un año eras un chico que no se comía una rosca y se mataba a pajas y ahora tienes una diosa durmiendo a tu lado desenado satisfacerte. Cuantas cosas te han pasado y como has cambiado, ¡Pero si eras un pardillo¡

“Llegaste a la residencia con más miedo que ilusión, apabullado por Óscar y sintiéndote incapaz de alcanzar a una chica como Claudia. Y mírate, ahí la tienes a tu lado, tan bonita, relajadita por haberte dado placer. Vas a sentir mucho que se vaya. Ya lo estás sintiendo. Pero que te quiten lo bailado. O mejor dicho lo follado. Si casi ni hablaste el día que te la presentaron. Si te hiciste más de una paja intentando imaginar sus pechos. Y míralos como se mueven desnudos por su respiración profunda, libres, desnudos, para ti.”

Me giré mirando al techo pasándome los brazos por detrás de la cabeza. Al cambiar de postura Claudia se acomodó boca abajo pasándome su brazo por encima del vientre. “Mírala-me seguía diciendo a mí mismo- te abraza, te desea… y ¡cuantas cosas en un año! Pero Luis si te has follado a tres tías aparte de tu novia. Te has convertido en la estrella del equipo y en alguien “popular”. ¿Tú? El pardillo que no se atrevía ni a saludar a las chicas de clase en el instituto. Sólo un año. ¿Y qué puede pasar en un año más?”

Mi propósito era estar con Claudia, pero ella se iba. ¿Sería yo capaz de serle fiel? No te engañes Luis. Sólo por un cabreo te follaste a Nieves. Ese es otro cambio en este año. Ellas te buscan. Les gustas.

Saque´ un brazo de debajo de mi cabeza y me lo apoyé en las abdominales. Si al final es más cuestión de carácter que de físico. Aunque tocándome mis abdominales marcadas por mi delgadez y la cantidad de ejercicio que llevaba haciendo en el último año me sentí poderoso. “Luis, eres listo, estás bueno y follas de lujo…, ¿Qué tía no querría estar contigo?” Pero girando mi cara de nuevo para ver a mi chica yo sólo me contesté: “Claudia…y tú con ella. Perderla no vale un polvo…”.

En ese instante abrió los ojos y me descubrió mirándola. Me sonrió mientras bostezaba y se desperezaba estirando los brazos haciendo que sus pechos se estiraran también y después cayeran de nuevo.

-Buenos días, gordo…¿Cómo has dormido?
-De lujo. ¿Y mi princesa?
-Mmmmmm, muy bien. ¿Qué hacías?
-Estudiarte….
-Jajajaja. Si me tienes muy vista…
-Quiero recordar cada centímetro de piel- le dije muy serio.

Claudia se estremeció como por un escalofrío y su piel se puso de gallina.

-¿Qué te pasa?-pregunté- ¿tienes frío?
-No…es lo que me has dicho…
-Es la verdad, quiero recordar cada trocito tuyo en mi mente para cuando te vayas…

Y diciendo esto levanté mi mano y acaricié su pelo acercándomelo a la nariz para olerlo. Después puse mi dedo índice en su frente recorriendo su cara dibujando el contorno de sus ojos, su nariz y sus labios. Claudia respiraba profundamente intentando seguir el recorrido de mi dedo sin ponerse bizca. Bajé por su cuello y llegué a su hombro. En vez de contornear yo parecía ser el dibujante de aquel cuerpo precioso cuya respiración se agitaba y su piel se erizaba por el simple contacto de la yema de mi dedo índice de la mano derecha.

Claudia seguía tendida boca arriba pero tenía la cara girada hacia mí sin dejar de observarme mientras tragaba saliva. Llegué a su esternón y pasé mi dedo entre sus pechos. Su diafragma subía y bajaba con mayor ímpetu. Por fin no pude evitar rodear uno de sus pechos y tocar su pezón. Mi novia me sonrió sofocándose. Yo estaba empalmándome despacio. Sentía mi nabo hincharse llenarse rozando la piel de sus tetas y su pezón endurecido. Su piel estaba erizada, de gallina.

Podría haberme quedado horas rozando sus pechos pero mi dedo se fue haciendo círculos por su vientre hasta su ombligo. Cuando fui a bajar acercándome a sus bragas me detuvo.

-Luis acuérdate que estoy malita…
-No voy a tocarte ahí.
-Además me puse una compresa para dormir y tengo que cambiarme.

Se levantó apresuradamente como si temiera que ocurriera algo indebido si se quedara y se fue al baño. Pero al rodear la cama me observó y dijo:

-Estás listo para jugar…-dijo mirando mi polla morcillona caída sobre mi muslo- pero yo no…

Entró al baño dándome otra de esas vistas preciosas de su espalda con sus andares gatunos. Escuché la ducha. Se estaba duchando. Salió envuelta en la toalla cogió algo de si mochila y volvió al baño. No sé por qué la seguí. La pillé desnuda lista para ponerse las bragas.

-Luis….dame intimidad, por fa…
-Te he visto desnuda mil veces.
-Pero no así…

Me acerqué a ella que se enderezó y la besé con dulzura en los labios. Después me agaché descaradamente frente a su coño. De su rajita salía un cordoncito blanco. Claudia se tapó con la mano.

-Por favor, Luis. Así no.
-Te quiero de cualquier manera- respondí levantándome dándome cuenta de que estaba incómoda.

La miré a los ojos y la abracé fuerte. De nuevo se le erizó a piel pero sentí como se humedecía mi hombro. Mi chica estaba llorando.

Ni bajamos a desayunar. Nos tiramos otra vez en la cama abrazados en silencio. ¿Por qué una relación tan bonita podía terminar convirtiéndose en un problema? Aunque yo sentía que algo había cambiado desde el principio. Cuando me contó su beca en Italia y me apartó de sus trámites me sentí dolido. La chica de mis sueños tenía “defectos”. Pero apenas dos semanas después de mi pena y angustia le estaba clavando la polla sin remordimientos a Nieves. ¿Debilidad? ¿Incontinencia sexual? No sabría responder pero mi dependencia emocional había terminado en infidelidad. Y el saber que aunque lo nuestro acabara yo podría sustituirla.

O mejor dicho, porque nadie es sustituible y la chica de mis sueños, mi primer amor, por la que había suspirado durante todo el curso, se iba. Y la sensación que tenía en ese momento es que la relación había girado en redondo. Ya no era yo el que vivía aterrado con que se cansara de mí, dejara de gustarle o hiciera algo que ya no disfrutara. No. Era exactamente al revés. Era ella la que se había unido tan fuertemente a nuestra relación, a estar juntos, al apoyo que nos dábamos cuando nuestras pieles se unían y nuestras mente colaboraban, que estaba aterrada ante las posibilidad de que su importante paso académico se llevara por delante el paso importante que había dado abriéndose sentimentalmente a mí.

Ese descubrimiento en realidad no me hizo más poderoso. Aunque me juraba y perjuraba que quería serle fiel yo mismo no daba un duro por no desenfundar la katana en cuanto un chocho la demandara. Me conocía a mí mismo, al nuevo Luis con éxito entre las chicas. Bastaba una noche de juerga, euforia, dos copas y una chica dispuesta. Y esa realidad me provocaba dos sentimientos, el orgullo de sentirte popular y deseado frente a la amargura de hacer daño a la persona a quien más había querido en mi vida.

Mi propósito era evidente. Quería seguir abrazado a Claudia. Y tenía que hacer todo lo posible para que ella así lo sintiera. Lo que daría por estar dentro de su cabeza en ese momento y saber que pensaba. Por fin, tras largo silencio Claudia se giró y me dijo:

-No me voy, me quedo contigo…

-¿Qué estás diciendo Claudia?-respondí alarmado.
-No se si voy a soportar estar sin ti…

Su debilidad me sobrepasaba. No estaba preparado para que ella fuese la débil y yo el fuerte. Yo había construido nuestra relación admirando su entereza y su racionalidad. Yo el blando, el impulsivo, el que metía la pata. Ella era inteligente, racional y fuerte. ¿Qué estaba pasando?

-Princesa, yo voy a estar contigo. Pero no puedes desaprovechar una oportunidad así. Quedamos en que yo no iba a ser un obstáculo a tu carrera.
-Pero es muy duro elegir entre tu carrera y el chico de tu vida…
-No me creo lo que estoy oyendo.-dije sentándome en la cama con las piernas cruzadas.
-¿Quieres deshacerte de mí?-respondió sentándose de la misma manera frente a mí.
-Que tonta eres…mira como me puse cuando me dijiste lo de la beca. Quiero que te vayas y estar contigo. Pero eso es imposible. Con el dinero que estoy ahorrando este verano puedo ir a verte y supongo que tú vendrás en Navidad. Nos veremos menos que en la residencia pero seguiremos juntos.
-Tengo mucho miedo, Luis…
-Y yo. Pero tú eres la racional de esta sociedad. Si tú fallas estamos aviados…recuerda princesa. Yo soy el impulsivo, el que mete la pata pensando con lo de abajo más que con lo de arriba, el que se pone celoso porque su chica se baña desnuda con unos hippies. Tú eres la racional. La lista. La que piensa las cosas antes de hacerlas.
-Pero no sé si resistiré tanto tiempo. O si de tanto tiempo me olvido de ti.
-Bueno si es olvido no es tan grave…

Me golpeó el hombro y me sonrió por fin.

-Que tonto eres…
-Tú más…
-No. Tú, jajaja.
-Prométeme que sólo ha sido una ocurrencia…

Claudia me abrazó y por fin al separarse me dijo:

-Eras el apoyo que me faltaba y hoy me lo has dado. Ahora me puedo ir aunque voy a echarte todavía mucho más de menos.

Nos abrazamos de nuevo con los corazones acelerados. Yo sentía palpitar el mío y también el suyo al pegar nuestros cuerpos. Cuando nos separamos me soltó de golpe:

-A ver con cuantas me pones los cuernos…

Me quedé pálido. Sin palabras. La boca seca. El corazón a punto de salírseme del pecho. ¿Sabía que me había follado a Nieves? No podía saberlo. ¿Y entonces? Viendo mi desconcierto con media sonrisa continuó:

-Gordo, te conozco. No vas a aguantar. Y no enfado de verdad. Si sientes que te apetece puedes hacerlo. Me dolería que me engañaras estando juntos pero yo me voy y te conozco…
-¿Cómo que me conoces?
-Luis, mira la que liaste con tu amiguita María nada más que pensando con eso- me dijo mirándome la polla que en ese momento reposaba sobre mis pelotas al estar sentados en la cama con las piernas cruzadas- y la Marina esa, cada vez que te buscaba te encontraba…

Yo estaba perplejo ante su naturalidad hablando de infidelidad. Pero ella siguió:

-…lo mejor fue lo de Silvia. Tan apenado por Marta y te dejas que te la coma en un rincón de una calle.
-Pero fue ella la que se me abalanzó.-me defendí.
-Luis, Luis. Te la quitaste de encima porque le echaste el chorreón. Ahí te vino el remordimiento. Te conozco mejor que nadie. Era tu confidente antes de ser tu novia. Y te acepto como eres. Sólo me dolería que mientras estás conmigo me engañaras con otra pero me voy y entiendo que quieras darle vidilla a tu amiguita.-remató mirándome de nuevo la polla.
-Pero…
-Y también sé que no soportarías que yo te pusiera los cuernos. Eres celoso y más posesivo que yo. Pero no me importa. Me enamoré de ti siendo así. Te he visto emular a Óscar delante de mis narices y aun así he querido estar contigo porque creo que tu problema es de tener a tu amiguita contenta…-dijo mientras acariciaba mi polla con el dedo- …sé que estando juntos no me engañarías
-Creía que me valorabas más.
-Te valoro más pero conozco tus debilidades. Y esta es una…-respondió masturbándome suavemente- Luis, desde que te vi desnudo el día de la partida de póker sabía que esta churra iba a ser mía.
-Para, que mira como se pone y tú estás con la regla.-le dije cambiando mi cabreo con sus palabras por una fuerte excitación que se materializaba en una erección imponente.
-Pero tú no la tienes….y tengo que contentar a mi chico…
-Así no, Claudia…
-Pero es que quiero…me apetece…tengo que aprovechar que todavía estamos juntos.

Apoyando los brazos en la cama abrí las piernas y le ofrecí mi polla tiesa. Después me deslicé para apoyarme en el cabecero de la cama y tener las manos libres y le dije:

-Que lo disfrutes…

Claudia gateó por la cama con cara de deseo acercándose a mi entrepierna. Era una situación nada espontánea pero muy excitante. Nuestro sexo ya no era el aquí te pillo de nuestros primeros encuentros en la residencia y se diversificaba en más juegos y “coreografías”. Pero realmente mi chica sabía ponerme cachondo más allá de lo puramente físico y es que sabía que decir:

-Voy a estudiarme esa polla para recordarla cuando esté solita…así durita para mí, tiesa y mojadita….

Y se relamió.

-Y voy a recordar su olor…-dijo aspirando fuerte acercando su cara a mi nabo.

Todavía molesto por como dudaba que fuese capaz de resistir su marcha sin liarme con otra le contesté:

-¿Cómo voy a querer estar con otra si nadie me la pone tan dura como tú?

Claudia levantó la cabeza y sonriéndome me respondió:

-No prometas lo que no vas a cumplir y déjame que compruebe su sabor…
-Todavía tiene que saber a tus babas de anoche, no me he duchado…
-Mejor mis babas que no otras…-dijo justo antes de dar un lengüetazo en mi glande recogiendo las gotitas de líquido preseminal que ya había.

No sabía si realmente lo que me decía formaba parte de su manera para ponerme caliente o realmente ella lo sentía igual, pero lo estaba consiguiendo. En minutos habíamos pasado de la mayor tristeza y de hablar de asuntos graves a tener a mi chica mamándome la polla. Así que le dije:

-¿No te cansas de mamar?
-Esta polla es mía y hago lo que quiero con mi macho…

Y sin más se engulló mi polla hasta casi atragantarse, la dejó unos instantes en que se le saltaron las lágrimas y la soltó entre gemidos.

-Mmmmm…

Tomó aire y repitió la operación tragándose mi herramienta hasta la garganta. Después agarrándome el mástil bajó más la cabeza y empezó alternativamente a chuparme las pelotas llegando a meterse los testículos en su boca y absorbiendo de forma que me provocaba una mezcla de dolor y placer. Pero de forma inesperada empujó mis piernas hacia arriba y empezó a lamerme el ano.

-¿Qué haces?

No respondió y seguía a lo suyo.

-Mi princesa está muy caliente…
-Ajam- respondió sin dejar de lamerme el ojete.
-Tengo que metertela…
-Estoy con la regla- respondió levantando la cabeza.
-¿Te duele?
-No como otras veces…
-Te la tengo que clavar…

Y levantándome bruscamente la llevé a la ducha de la mano sin que opusiera resistencia. Le bajé las bragas pero cuando se las sacaba por los pies me dijo:

-No mires que me voy a quitar el tampón…

Le puse cara de circunstancias. Y seguramente por la cachonda que estaba en ese momento se sentó en el retrete abrió las piernas y tiró del hilito saliendo el tampón hinchado en color rojo muy vivo que tiró a la papelera envuelto en papel higiénico. De no saber que sangraba me habría tirado de cabeza entre sus piernas a comerle el chocho abierto como lo tenía en ese momento. Cogió más papel y se limpió. Yo no podía evitar tocarme la polla babeada mientras la observaba. El papel se manchó en una mezcla de sangre y flujo pero no abundantemente. Se levantó y tiró de la cisterna mientras yo me lanzaba a besarla. Su boca sabía a mi polla. Llevábamos follando todo el fin de semana y ningún día habíamos estado tan cachondos.

Lo del baño había sido pensando en que se quitara el tampón pero en realidad venía bien para no manchar las sábanas. Estábamos sacándole buen rendimiento a aquel baño. Nos metimos en la ducha sin abrir el grifo y empezamos a besarnos de nuevo con mucho sobeteo de espaldas y culos mutuamente. Pero no era hora de preliminares a pesar de que sus pechos estaban algo hinchado y sus pezones supersensibles. Con lo que me gustaba chupárselos ahora sólo pensaba en mojar el churro como fuera.

-¿Cómo te la meto?- pregunté- No quiero hacerte daño.

Claudia se dio la vuelta y apoyó sus manos en la pared ofreciéndome su culo. Abrió las piernas ligeramente para facilitarme el acceso a su raja mientras un hilillo mezcla de sangre y flujo vaginal resbalaba por el interior de su muslo. Lejos de echarme atrás agarré mi polla y la dirigí a su entrepierna. Al sentir el roce mi chica gimió:

-Mmmmmm
-¿Te duele?
-No, no. Está muy sensible y la tienes muy caliente.

Mientras hablábamos mi polla había ido deslizándose dentro de su chocho con tremenda facilidad. Estaba superlubricada y caliente. La sensación era la de meterla en un recipiente con manteca caliente. No llegué a meterla del todo.

-Ay, ay, ay….para, Luis. No la metas entera.
-¿Te duele?- volví a preguntar.
-No llegues hasta el final…mmmmm, te siento como nunca, mi vida. Mi chocho es tuyo siempre, mmmm.

La cogí por la cadera y empecé a meter y sacar hasta media polla despacio entre “ayes” y gemidos de Claudia a cada roce de nuestros sexos.

-Luis me tiemblan las piernas, ven…

Se deshizo de la postura dejando que mi polla se saliera de ella con un gemidito y me hizo sentarme en la pared. Se sentó sobre mí mirándome de frente pero no llegó a bajar del todo.

-Así no, así no. Cuando llega al fondo me hace daño…

Se levantó de nuevo y se tumbó en el suelo llamándome para que me colocara sobre ella en la postura del misionero. Así hice besándola a la vez que buscaba con mi polla la entrada de su coño. De nuevo mi nabo se coló con facilidad resbalando en su interior.

-Mmmmmm, sí, sí, así, mi vida…

Yo besaba su cuello y movía con cuidado mi polla en su viscoso chocho entre sus “mmms” y gemidos mientras me abrazaba fuerte. Aunque el roce no era fuerte yo estaba bastante excitado por sus gemidos y como me hablaba.

-Mmmmmm, Luis. como te siento…fóllame, gordo, mmmm. Que rico como lo haces, vas a hacer que me corra….mmmmm, así, así….

A pesar de los escasos 5 minutos que estuve bombeando en el suelo sentía que me faltaba poco. El morbo de la situación, lo lubricada que estaba Claudia y sus palabras en mi oído me tenían a punto. Y por el tono de su voz ella también.

-¿Puedo correrme dentro?- pregunté de forma entrecortada.
-Sí, sí, mi vida. Dame tu leche dentro…dámela mmmm, arg, arg….

Claudia empezó a temblar aferrándose a mi espalda mientras yo apretaba mis nalgas para mover mi polla dentro de su coño. Estaba a punto. Notaba como los huevos se iban a vaciar y la sensación me subía por la espalda cuando empecé a soltar los primero chorros entre grits propios:

-Arghhhh, me corro, princesa, me corrooooooo…
-Arghhhh….

Y Claudia se calló con el grito ahogado temblando bajo mi cuerpo mientras sentía sus contracciones recibiendo los lefazos que salían de mi polla hasta que caí derrotado sobre ella que seguía aferrada a mí entre temblores.

Me quedé sobre ella hasta que dejó de temblar y mi polla se resbaló de su interior. Me tumbé a su lado resoplando en el frío suelo de la ducha mirando al techo recuperando la respiración.

Como envidiaba los orgasmos de Claudia. Yo me quedaba un rato recuperando el aire y bajando las pulsaciones mientras ella estaba varios minutos aun entre contracciones y temblores consecuencia del orgasmo. De hecho permanecía un rato como ausente concentrada en las sensaciones que recorrían su cuerpo abandonada sin cambiar de postura, con los ojos cerrados y el rostro en extrañas muecas unas veces de placer, otras de dolor. No se si era consecuencia del orgasmo, o prolongación o simplemente que mi chica aprovechaba esas sensaciones que prolongaban su placer. Pero yo sentía una envidia sana pero a la vez precaución pues no sabía se le agradaba en ese momento algún tipo de caricia o gesto mío de cariño.

Por ese motivo yo solía quedarme tendido a su lado observándola hasta que reaccionara. Pero aquel día era diferente. Por primera vez me había corrido dentro de mi chica la sensación de dos orgasmos simultáneos es inigualable. Tanto que mi cuerpo pedía el contacto cariñoso que otras veces me daba igual una vez saciado el deseo, o mejor dicho llegado el bajón que viene tras la corrida.

Así que me giré hacia Claudia abrazándola y besándole el cuello. Ella se estremeció al sentir de nuevo mi cercanía. Pegado a su oído susurré:

-Princesa ha sido increíble, el mejor polvo de mi vida.

No respondió sumida aun en sus sensaciones. Yo continué acariciándole la cara mientras besaba su mejilla y el cuello. Bajé mi mano y atrapé su pecho muy hinchado con su pezón aun duró. Se estremeció con mi gesto. Yo continué besándole el cuello y acariciando su pecho.

-Luis…gordo, mmmmm, ufff. Sigo muy sensible…
-¿Te ha dolido?
-No…-respondió tragando saliva.

Seguía acariciando su pecho mientras hablábamos pero Claudia seguía sin abrir los ojos. Cómo me gustaban sus pechos. Sus caderas algo anchas y su culo bien puesto, más bien pequeñito no me habían vuelto loco tanto como sus pechitos durante todo el curso. Tenía que disfrutarlos antes de separarnos.

-¿Te molesta que te toque los pechos?
-Están muy sensibles…
-Me encantan tus pechos…

Y levantando ki cabeza de su cuello me resbalé para ponerla a la altura de sus pechos de modo que mientras acariciaba uno lamía el otro pezón.

-Mmmmmm….Luis, ufff. Estoy muy muy sensible, cabrón…
-Pídeme que pare…

Tragó saliva y me contestó:

-Son tuyos, mi vida…

Volví a lamer y succionar su pezón durísimo mientras mi novia tragaba saliva y gemía levemente apretando aun más sus ojos cerrados. En un momento empezó a mover las caderas. Bajé la mano del pecho a su entrepiernas sin dejar de comerme el otro. Al sentir mi mano en su chocho abierto cerró las piernas de golpe.

-No, Luis, ahí no…estoy muy sucia.
-Estás llena de mi leche, princesa…

Presioné con la mano y conseguí colar mi dedo hasta su raja. Claudia se estremeció.

-Mmmmm, ufff, me vas a matar…¿por qué me haces esto?
-Me gusta darte placer.
-Ya me has dado mucho placer…
-Pero no quiero que se acabe…
-Ma vas a matar, mmmmm….
-De gusto…

Y atrapé de nuevo su pezón con la boca mientras mi mano había conseguido romper su resistencia y se metía en su coño haciéndome sentir la viscosidad de la mezcla de mi semen, su sangre y sus flujos. Mientras mi mano la masturbaba su mano me tiraba del pelo. Estaba tan sensible que sospechaba que se correría rápido. Sus gemidos de placer se mezclaban con los que yo producía al chupar su pezón. Para poder cambiar de teta sin sacar mi mano de entre sus piernas me puse de rodillas a su lado agachando el torso. Con el cambio de postura su mano bajó por mi espalda hasta mi culo agarrando mis nalgas delgadas y duras. Pero cuando su placer aumentaba me agarró las pelotas desde atrás haciéndome algo de daño.

-Mmmm….Luis, mis tetas son tuyas y yo te tengo cogido por las pelotas….
-También son tuyas.-respondí antes de volver a por su teta.

Mi dedo se hundía y salía de su chocho mientras mi boca succionaba sus tetas. Su mano fue soltando mis pelotas pero no abandonó la zona jugando su dedo con mi ano. No era la primera vez que una chica hurgaba por allí pero con la postura estaba más expuesto. De hecho Claudia estaba intentando ya meterme un dedo a lo que levantando la cabeza dije con guasa:

-Eso está más sucio que tu chochito…
-Mmmmmm, yo te he dejado mi rajita, ¿no me das tu agujerito?- respondió con la voz entrecortada.

No respondí volviendo a sus tetas. Claudia empezó a gemir más fuerte. Mi trabajito con boca y dedos iba a conseguir su premio pero no había dejado de apretar y su falange se había colado en mi ojete provocándome una dureza extra en mi erección y una sensación extraña. De no usar un brazo como apoyo jabría empezado a pajearme. De hecho su dedo cejaba y casi me había metido ya medio dedo en el culo cuando su boca delató su orgasmo cercano:

-Mmmmm, arghhh, Luis….mmmmmm, Luiiiissss….

Empezó a temblar y convulsionar apretando primero el dedo en mi culo para después sacarlo tragando saliva y gimiendo con grititos. Saqué mi dedo de su coño y con la otra mano empecé a pajearme fuerte allí de rodillas viendo como mi chica se retorcía de placer. Mi polla estaba un poco asquerosa pero me dio igual. No hacía 10 minutos que me había corrido dentro de mi chica cuando en 10 o 12 sacudidas me sobrevino un segundo orgasmo, cortito, más intenso de sensaciones que de semen con apenas dos o tres lefazos acuosos que cayeron entre el suelo de la ducha y las tetas y barriga de mi chica.

Cuando volvimos a ser conscientes de algo más que de nuestros cuerpos nos dios cuenta que teníamos que dejar rápidamente la habitación del hostal si no queríamos que nos cobraran un día más. Así que rompiendo todo el encanto de los mimos tras dos buenas corridas me duché con premura mientras Claudia intentaba limpiar en el wc todo lo que salía de su coño al no tener el baño bidé. Yo me fui a recoger y la dejé aseándose con más intimidad. Aunque no pude reprimir el morbo que me produjo verla sentada en la taza con el chocho totalmente abierto limpiándose mientras me secaba con la toalla.

Por fin salió del baño en braguitas y se vistió y recogió sus cosas también rápidamente. Pero no pudimos evitar abrazarnos justo antes de dejar aquella habitación de hostal donde tanto sexo había habido durante el fin de semana de nuestra reconciliación.

Era ya mediodía y teníamos el tiempo casi justo de comer algo y que yo me subiera al autobús. Para no perder tiempo nos comimos un bocadillo en el bar de la estación y allí aguardamos la hora de salida de mi viaje. Sólo nos veríamos una vez más antes de que se fuera y habíamos quedado en hacerlo con Víctor y Lourdes a principio de verano. El problema eran las fechas. Habíamos programado hacerlo a primeros de septiembre, pero Claudia ya se iba en esas fechas, pero si lo hacíamos a final de agosto yo aun no había acabado mis clases particulares. Dejamos pendiente hablarlo con nuestros amigos. Fuese lo que fuese ella y yo nos veríamos antes de su marcha.

La despedida en el andén fue triste con un abrazo largo y muchos besos cortos, pero no tan triste como la anterior. Nuestra relación era fuerte y aunque saber que la había engañado con Nieves le dolería, motivo más que razonable para que no lo supiera, por otra parte era comprensiva con mis devaneos cuando ella se fuera. Y a eso dediqué a darle vueltas durante la hora y media de viaje de regreso a mi ciudad.

Llegué a una conclusión durante el trayecto. Claudia temía más que me enamorara de otra chica a que echara tres polvos fríos. Prefería tenerme sexualmente satisfecho para asegurarse que mi mente seguía estando con ella. Pero en el fondo de aquello había algo que me hacía sentirme incómodo: mi chica no se fiaba de mí. Me conocía tanto y había visto como durante todo el curso yo estando enamorado de ella tenía abiertas a la vez una historia con Viqui, María, después Marta, Marina, Silvia…Claudia prefería que me follara a cualquiera de aquellas chicas pero siguiera enamorado de ella antes que morirse de celos y perderme. Al menos eso creía yo. Y en el fondo me ofendía, por lo que me prometía a mí mismo que la esperaría aunque tuviera que matarme a pajas como hacía antes de llegar a la residencia. ¿Qué podría más mi orgullo o mi calentura juvenil?

Pese a todo mi estado de ánimo y mi humor durante las semanas siguientes fue positivo. Evité quedar con Pablo con lo que en realidad evitaba la tentación de Nieves y la cercanía de los exámenes de mis alumnos me tenía más pendiente de comprobar mi éxito “profesional” que en comprobar mi capacidad para sostener mi la promesa que me había hecho a mí mismo con Claudia, con la que hablaba permanentemente.

Mis alumnos progresaban y me llevaba bien con ellos. Hasta con Pau, que se estaba aplicando y daba muestras de sacar aquel curso horrendo. En mis horas con ella había descubierto que tan sólo demandaba atención de unos padres que le daban caprichos pero no cariño. Su rebeldía era su forma de llamar la atención de sus padres, más preocupados de lo material que de lo espiritual. Esa falta de cariño la habían llevado a refugiarse en malas amistades que disgustaban a sus padres. Fuese como fuese yo le había caído bien y se mostraba tan confiada conmigo que algunos días terminábamos la clase hablando de nuestras cosas. De modo que ella sabía que tenía una novia que se llamaba Claudia y que nos habíamos visto varias veces en verano porque ella era de otra ciudad pero compartíamos la residencia de estudiantes.

Ella por su parte me había contado que había tenido algún noviete pero que ella no cuajaba las relaciones porque se cansaba rápido de los niños. También me reconoció que acababan casi todos los fines de semana hasta arriba de porros y alcohol y alguna vez se había enrollado con algún chico con el que fumaba. Yo le rogaba que dejara de hacer esas cosas más por su salud que por lo que pensaran sus padres y ella bajaba la cabeza y me reconocía que tenía razón pero que era difícil cambiar de ambiente.

Sin embargo uno de nuestros últimos días de clase se empeñó en hacerme preguntas incómodas:

-¿Cuánto hace que no ves a tu novia?
-Desde la semana pasada…
-¿Fuiste a verla?
-Sí, pasamos el fin de semana juntos.
-¿En su casa?
-No, en un hostal.
-Para hartaros de follar, jajajaja…
-Córtate un poco, Pau.-dije incómodo.
-Luisito, que no soy nueva, churra. Ole tus huevos que puedes hacerlo.
-Pero no voy a hablar de esas cosas contigo. Son privadas.
-Que no me chupo el dedo. Que vas de niño bueno y yo sé que tú tienes lo tuyo.-me dijo con suficiencia.
-Pero no tiene nada de especial que alguien se vaya de fin de semana con su novia.
-Ya, ya por eso. ¿Y qué tal te la chupa?
-Se acabó, no voy a seguir esta conversación. Apunta la tarea para el jueves y me voy ya…
-Bo seas huevón, Luis. Tómatelo como que tu eres el profesor con experiencia y yo la alumna que tiene que aprender.
-Latín o lengua. No esas cosas…-respondí airado.-Aparte no quiero que vayas con el cuento a nadie de lo que hablamos.
-Claro. En cuanto llegue mi madre le voy a contar que el finde pasado te hartaste de follar con tu churri, jajaja. No seas tonto, que es una charla entre amigos.
-Pero yo estoy incómodo hablando de esas cosas.
-Seguro que a tus amigotes se las cuentas hasta con detalles.
-No. Yo no hago esas cosas.
-Mira, uno que va de caballerito.
-Pau, tienes que aprender una cosa. Hay gente envidiosa y retorcida. Te lo digo por experiencia. Y esa gente te va a atacar con esas cosas.
-A mí me da igual. ¿Qué tiene de malo tener sexo con un tío?
-Nada. Pero si alguien va contando que has tenido algo con uno o con otro y cuentan detalles serás la comidilla. Y eso te aseguro que no es bueno y te termina haciendo daño.
-Vamos, tú como mi madre. Que me deje de tíos…
-No, Pau. Te digo que tengas lo que tengas se quede en la intimidad.
-Eso con el Kevin es complicado, jajaja.
-Pues si no es discreto yo pasaría de ese Kevin.
-No, tranquilo. Está muy manoseado y no me va. Pero anda detrás mía y presume de las cosas que hace y de que la tiene muy gorda. Por eso te preguntaba si tu novia te la chupa.
-Me estoy perdiendo.-le dije confundido.
-A ver. Que yo he tenido muchos rollete pero que estoy más verde que una planta de maría. Que na de na, churra.
-¿Y por qué me preguntas eso?
-Porque tú eres un buen ejemplo. Si tú tan serio y tan formalito haces esas cosas…
-Ufff, Pau. Mira. Tú no hagas lo que los demás te digan que hagas. Si te gusta un chico y te quieres enrollar con él haz lo que te apetezca. Algo con lo que tú te sientas a gusto y no pienses sólo en lo que el chico espera. Si tú de verdad le gustas él esperara a que tu te decidas o simplemente disfrutará cualquier cosa que hagas con él. Pero si fuerzas y no disfrutas no vas a ser feliz. No seas un instrumento de su placer de usar y tirar. Hazte valer y que el disfrute sea mutuo.
-¿Entonces tu novia la chupa o no?

Suspiré con los ojos en blanco y con cara de paciencia dije:

-Sí…
-Ja. Lo sabía, pichabrava. Y…

No la dejé terminar.

-Se acabó. No vas a parar y ya me tengo que ir. El jueves me haces lo que te he mandado y nada de charlitas. ¿Vale?
-Sí, profe.- respondió guiñándome un ojo.

Según salía de la casa tenía una sensación mezcla de incomodidad y morbo.

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