ECONOMISTA

28

Llamó a la puerta del despacho de Don Pedro, llevaba unas semanas evitándole y no quería dejar pasar más tiempo. Eran las 12:15 de la mañana y tenía un rato libre hasta la siguiente clase. En cuanto oyó la voz del director Claudia entró dentro. Llevaba puestos unos vaqueros y camisa de rayas, junto con sus típicos zapatos de tacón y unas gafas de pasta.

El viejo emocionado enseguida se puso de pies para salir a su encuentro, no había vuelto a verla desde la última reunión donde terminó lamiendo sus tetas mientras ella le hacía una paja. Su polla empezó a cobrar vida bajo los pantalones mientras se acercaba donde estaba Claudia.

– ¿Qué tal?, llevabas tiempo sin venir.

– Si, es que he estado liada, ¿tiene un rato ahora para explicarme alguna cosilla de la dirección?

Don Pedro miró el reloj y ladeó la cabeza.

– Ahora me viene un poco mal, mintió el viejo, – Esta tarde sí que podría o mañana por la tarde…

Estaba claro que lo que buscaba era quedarse a solas con Claudia, pues sabía que a esas horas de la mañana iba a ser muy difícil hacer algo con ella en su despacho.

– Esta semana tengo la tarde un poco complicada, ¿mañana por la mañana?, dijo ella.

– Ehhhhhhhhh, siiii, ehhhhhh…mañana no sé, está bien…mañana, dijo decepcionado Don Pedro.

Claudia quería mantener un poco las distancias de nuevo, en las siguientes reuniones no iba a dar ningún pie a que pasara nada, era una manera de marcar ella el ritmo y tenerle confundido al viejo, no podía dejarse masturbar cada vez que se metiera en su despacho. Iba a actuar una temporada con normalidad, como si no hubiera ocurrido nada entre ellos.

Y así lo hizo, al día siguiente por la mañana cuando se reunieron Don Pedro la estuvo explicando varias cosas. Claudia se sentó enfrente de él y tomó notas con su Tablet. No permitió el más mínimo acercamiento y eso que Don Pedro la insinuó varias veces que se sentara a su lado así podía ver mejor la pantalla del ordenador, pero Claudia le cortó rápido.

– Desde aquí la puedo ver bien.

Las dos siguientes reuniones que tuvieron actuó igual, sentándose enfrente de él, solo hablaron de lo que concernía a la dirección del instituto. Don Pedro pensó que ya no iba a volver a pasar nada con Claudia, aunque al menos iba a tener el recuerdo de haberla masturbado un par de veces, haber visto sus pechos desnudos, acariciárselos, lamerlos y que ella le hiciera una fantástica paja. Pero resignado empezó a pensar que aquello se acabó.

Claudia había vuelto a ser la Jefa de estudios seria, distante y profesional a la que solo le importaba la dirección del instituto.

Estábamos expectantes ante el nuevo encuentro con Víctor en pocos días, pero hasta que llegara nos seguíamos conectando con Toni. Era la mejor manera de enterarme de lo que hacía Claudia cuando quedaba a solas con Víctor, a él le contaba todos los detalles de sus encuentros.

Aquella noche mi mujer estaba completamente desnuda frente a la cam mostrándole el coño abierto mientras se masturbaba y yo detrás le cogía las tetas. Le acababa de contar a Toni que el fin de semana que quedaron a solas follaron cuatro veces, le chupó la polla y Víctor se había corrido en su boca y en su cara. Todavía no se la había metido por el culo, pero ya se la estaba trabajando en ese aspecto, había conseguido meterla un par de dedos y una vez hizo que se corriera mientras le lamía el ojete a la vez que la masturbaba. Toni se pajeaba frente a la cam con voz excitada.

– ¿Vas a dejar que te follen por el culo, eh zorra?, lo estás deseando…

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh, siiiii, voy a dejar que lo haga, dijo Claudia sin dejar de masturbarse.

– ¡Que puta eres!, seguro que estás esperando a tener al cornudo delante para que te lo rompan, ¡¡cerda!!, ¡¡date la vuelta, quiero ver el culo ese de pija que tienes y que se van a follar dentro de poco!!

Claudia lo hizo y se puso a cuatro patas enseñando su perfecto culo frente a la cam. Yo me encontré con la cara de mi mujer pegada a la mía. Tenía los ojos medio cerrados y con una mano metida entre las piernas estaba a punto de correrse mientras se masturbaba.

– Cornudo, voy a correrme, no aguanto másssss, ahhhhhhhhh, me susurró en bajito.

Escuchando la voz de Toni terminó de llegar al orgasmo a la vez que él lo hacía empapando la cam con una cuantiosa corrida.

– ¡¡Que culazo joder, que culazo!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhh…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

Los tres habíamos terminado. Yo ya me había corrido un rato antes cuando leí como Claudia le relataba la lefada que Víctor le echó en la boca. No pude aguantar leer eso.

A pesar de llevar meses con los cíber encuentros seguíamos teniendo unos orgasmos tremendos, no había disminuido en nada la tensión sexual en ellos. A Claudia cada vez le gustaba más exhibirse frente a la cam, había perdido el pudor y hacía de todo frente a ella: desde cabalgar una polla de goma, masturbarse abierta de piernas, pajearme, follar conmigo, sobarse las tetas…cualquier cosa…

Toni siempre se había comportado de manera muy correcta y educada, menos cuando se ponía caliente que ahí nos encantaba que de vez en cuando soltara algún insulto a Claudia. No insistía en el tema de quedar presencialmente con nosotros, pero sabíamos que lo estaba deseando. Yo a pesar de que esa temporada estábamos viéndonos con Víctor no me importaría abrir otro frente y empezar a quedar con Toni también, aunque quizás era demasiado vernos regularmente con los dos, pero un encuentro para conocernos. ¿Por qué no?

Entonces se lo dejé caer a Claudia. Teníamos que empezar a planteárnoslo un poco más en serio. Desnudos en el sofá después de la última sesión de sexo frente a la cam le dije.

– Me encantaría quedar con Toni y que folles con él, te lo digo muy en serio Claudia, sé que a ti te da mucho morbo también la idea…¿te parecería bien que quedáramos con él?…no me digas que no te apetece probar esa polla tan grande…

29

Entró en la cafetería del hospital y Andrés estaba sentado en una mesa junto con otros dos médicos. No habían vuelto a cruzarse la palabra desde que discutieron la última vez. En otra mesa estaban Teresa, Judith y dos enfermeras más. Al pasar a su lado Teresa le ofreció tomarse el café con ellas y Víctor aceptó.

En el hospital ya corría el rumor de que Víctor se estaba tirando a la voluptuosa pelirroja y sentarse allí con ellas no haría más que alimentar las habladurías, pero a Víctor le daba igual. De hecho, le encantaba que los otros supieran que se estaba follando a esa enfermera de 25 años. En ningún momento se quedaron a solas, pero cuando Víctor llegó a su consulta un rato más tarde le mandó un mensaje a Judith.

 Estabas muy guapa hoy, me apetece volver a quedar contigo. 10:57

– Esta noche tenemos guardia los 2. 10:57

– ¿Buscamos un huequito para vernos?. 10:58

 ¿No va a ser muy arriesgado?, aquí en el trabajo. 10:58

– No sería la primera vez. 10:58

– Ya, pero en urgencias…no es lo mismo. 10:59

– Venga, yo estaré en mi salita descansando, cuando tengas un rato te pasas. 10:59

– A ver si puedo escaparme. 10:59

– Ya verás como sí. 10:59

– Venga…hasta la noche. 10:59

Por la noche Judith había recibido varios mensajes de Víctor, pero no le había podido ir a ver. Las urgencias estaban hasta arriba y no tenía un segundo de descanso. Sobre las 3 de la mañana hubo un pequeño bajón de gente, aunque la sala de observación seguía hasta arriba. Judith sacó el móvil y le mandó un mensaje a Víctor.

– Tengo ahora unos minutos, ¿estas despierto?. 3:09

– Si, sala 4. 3:09

Judith dijo a la supervisora de enfermeras que se iba al baño un momento y se metió en los pasillos donde estaban las salitas de descanso para los médicos. Llegó a la puerta número 4 y tocó tímidamente con los nudillos antes de pasar. Víctor la estaba esperando sentado en la cama y en cuanto la vio entrar se fue hacia ella.

– Tengo 5 minutos, nada más, dijo Judith.

– Me sobra…

Se dieron un par de morreos y Víctor enseguida la puso contra la pared bajándola los pantalones blancos de enfermera. Se quedó unos segundos mirando y tocando el voluminoso, pero firme culo de la pelirroja y se sacó la polla metiéndosela entre las piernas.

– ¡Vamos métemela!, llevo toda la noche pensando en que me folles, dijo ella acariciándose el húmedo coño para lubricarlo todavía un poco más.

Se la introdujo sin más preliminares, no quería un gran polvo, solo le interesaba Judith para descargar en ella. Se la folló duro, haciendo que los glúteos sonaran a cada embestida, a pesar de que ella intentaba ahogar los gemidos seguro que el médico que estaba al lado les tenía que estar escuchando follar.

– Date prisa, ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡¡date prisaaaa, ahhhhhhhhhhhhhh!

– ¡Deja que disfrute de este culazo, zorra!

10 minutos más tarde Víctor seguía sin correrse destrozando sus nalgas a pollazos, Judith solo quería satisfacer al médico, pero estaba pasándoselo tan bien que empezó a correrse.

– Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiii siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, dijo gimiendo más alto.

Ahora ya, todos los médicos que estaban descansando en las salitas se debían de haber enterado de que Víctor se estaba follando a alguna.

– Te lo digo en serio Víctor, tengo que irme…ya

– Espera, espera, dijo sacándosela de dentro.

– ¿Vas a terminar?

– Quiero correrme en tu boca, así te vas a acordar de mi toda la noche…

Judith no dijo nada, solo se puso de rodillas y comenzó a meneársela deprisa mientras sacaba la lengua.

– No me manches la cara joder, vamos córrete…mmmmmmmmmm, lo estoy deseando…

Cuando Víctor comenzó a correrse ella sacó la lengua poniendo la polla encima y dejando que el semen de él la fuera entrando poco a poco. Le cayó toda la corrida dentro y cuando Víctor había terminado ella se incorporó. La muy guarra se puso frente a él y abrió la boca enseñándole lo que tenía dentro. Luego se lo tragó y volvió a abrir la boca para que Víctor viera que no había dejado ni una gota.

– ¡Que puta eres!, me encanta…

– ¿Esta semana quedamos?

– Por supuesto…cuando quieras pásate por casa…tengo ganas de follarte bien ese culazo gordo que tienes…

– Tengo que irme..

– Adiós, dijo Víctor soltando un buen azote sobre las nalgas de ella antes de que saliera de su sala de descanso…

– Buenas tardes, os podéis sentar aquí, les dijo la psicóloga.

La pareja pasó dentro de la consulta y tomaron asiento en un sofá que había de tres plazas frente a ella.

– Vamos a ver, Andrés y Paloma, 45 años, 26 como pareja, más de 15 casados, dos hijas…vale…bueno pues contadme un poquito, porqué habéis decidido venir a terapia de pareja.

– Hola, pues la verdad es que es llevamos unos meses que no estamos muy bien…y hemos pensado que era lo mejor, dijo Paloma.

– ¿No estáis bien los últimos meses o viene de atrás esta situación?

– Viene de muy atrás, aunque no lo quisiéramos ver, pero los últimos meses pues ha empeorado bastante, dijo Andrés.

– ¿Y ha habido algún detonante concreto?…o ha sido poco a poco?

– Paloma se enrolló con mi mejor amigo…ese fue el hecho concreto, dijo muy serio Andrés.

– Entiendo, no hay que hacerse reproches, estamos aquí porque queréis reconducir vuestra relación y seguir juntos, sino no habríais venido, así que es un buen indicador, dijo la psicóloga.

– No ha sido un reproche…solo respondí a su pregunta…

– Bueno, antes de empezar si me gustaría deciros un poquito en que va a consistir la terapia, la primera norma muy importante es respetar los turnos de palabra, para poderos escuchar a los dos, no se puedo discutir aquí, estamos para resolver problemas, no para discutir…quería preguntaros si habéis estado antes en otras consultas.

– No, es la primera vez, dijo Paloma.

– De acuerdo, más o menos me habéis dicho el motivo concreto por el que estáis aquí, pero para que ese hecho sucediera hay muchas cosas detrás y vamos a hablar de ello, vamos a empezar hablando de como os conocisteis, como fueron los primeros años, otros problemas que hayáis tenido…es importante porque así yo puedo conocer a la pareja.

Paloma y Andrés le contaron a la psicóloga que se conocieron en la universidad, que eran del mismo grupo de amigos, que al poco de terminar la carrera se fueron a vivir juntos, sus primeros años de convivencia, la boda, el nacimiento de sus hijas…

– Muy bien, esta primera sesión ha estado muy bien, sois una gran pareja, antes de terminar me gustaría que me dijerais que es lo más positivo que destacáis en la pareja y los objetivos de la terapia, empieza tú por ejemplo Paloma.

– Pues Andrés es todo para mí, ha sido mi único hombre…es inteligente, trabajador, cariñoso, inteligente, muy buen padre, buen marido, no tengo ninguna queja.

– ¿Y tú Andrés?, que destacarías de Paloma…

– Pues casi igual que ella, ha sido la única mujer con la que he estado, no puede ser más guapa y espectacular, tampoco es algo que me importe solo haber estado con ella, porque no he conocido a ninguna mujer más imponente, salta a la vista, la verdad es que de Paloma no puedo decir nada malo, una profesional excepcional, la mejor mamá del mundo y una mujer que siempre me ha querido, pero…

– ¿Pero…?

– No nada, no iba a decir nada…

– Es importante no callarse las cosas, no se puede dejar caer un pero así después de todo lo que has dicho de tu mujer que es muy bonito, bueno y decirme cuales son los objetivos de esta terapia para vosotros.

– Mi motivo es envejecer con mi mujer, dijo Andrés.

– El mío es que me mire como lo hacía antes, siento como que Andrés ha perdido, esa…no sé cómo decirlo, esa admiración que tenía por mi…

– Unos motivos muy buenos, antes de terminar os voy a dar unas tareas que me tenéis que ir rellenando en casa, son unos cuestionarios y también me tenéis que ir rellenando diferentes aspectos que vienen ahí indicados. Estaría bien tener una sesión una vez a la semana y antes de empezar tengo que haceros una entrevista individual, que será la semana que viene, si queréis seguir viniendo, decirle a la chica que está fuera que día podéis venir.

– De acuerdo, pues hasta la semana que viene.

– Adiós.

En el coche de vuelta a casa los dos iban muy serios, sin hablarse, no parecía muy buena idea haber comenzado la terapia.

– ¿Que te ha parecido?, pareces enfadado, dijo Paloma.

– No sé, creo que estoy igual que tu…no lo veo muy claro esto, vamos a remover el pasado otra vez y no sé si nos va a gustar todo lo que va a salir…

– Puede ser, pero algo tenemos que hacer, no me gusta que estemos así.

– Haberlo pensado antes de enrollarte con mi mujer amigo, bueno si es que solo te enrollaste, que cada vez tengo más dudas.

– Otra vez estamos con eso, puedes preguntarle a tu amigo lo que pasó, así sales de dudas, puede que a él le creas más que a mí…

– Pues claro que otra vez estoy con eso, me parece muy raro, ¿le invitas por la noche a tu habitación de hotel después de haberos bebido unas copas y solo te das unos besos?, conozco bien a Víctor y no se iba a conformar solo con eso…

– También me conoces bien a mí y te digo que fueron unos besos.

– Te lo digo de verdad Paloma, si vamos a empezar una terapia de pareja es mejor que me cuentes lo que pasó aquella noche…si partimos de una mentira val vamos, esto va a hacer aguas por todas partes…

Paloma resopló y se llevó la mano a la cara, al final iba a tener que contarle a su marido lo que pasó aquella noche con Víctor en la habitación del hotel de Barcelona. Cuando decidió confesarle su aventura con Víctor lo quiso suavizar bastante, tampoco era necesario entrar en detalles con Andrés, al fin y al cabo, a parte de los besos ella no le había tocado a él y por supuesto no había habido penetración, pero también era mentira que tan solo se hubieran besado. Eso no fue así.

– Está bien, me parece justo contarte lo que pasó con Víctor, aunque no creía que fuera necesario, pasó algo más que lo de los besos, pero tampoco mucho más, dijo Paloma.

– Lo sabía, habla, te escucho…

– Pues cuando entramos en la habitación, bueno…puffffff, me da mucha vergüenza contarte esto…

– Cuéntamelo y va a ser la mejor manera de que afrontemos la terapia…porque quieres que sigamos juntos, ¿no?

– Por supuesto, ¿no me escuchaste antes?, quiero envejecer contigo, no sabes lo que me arrepiento de lo que pasó…me gustaría dar marcha atrás en el tiempo y borrar lo que hice, pero no puedo…

– No, no se puede hacer eso, venga Paloma, cuéntame lo que hiciste con Víctor esa noche, lo que sea, lo asumiré y voy a hacer todo lo posible para poderlo superar juntos…pero dime la verdad…

– Bueno, pues le dejé entrar en la habitación, no tenía que haberle dejado subir, ese fue mi error…

– Pero si le dejaste subir es porque estabas deseando que lo hiciera.

– Puede ser, no quiero poner la excusa del alcohol, aunque es verdad que había bebido vino en la cena y ya sabes cómo se me sube el vino…

– No, por favor Paloma, no pongas la típica excusa del alcohol…

– No quiero poner excusas, me equivoqué y ya está, le dejé subir a la habitación y luego Víctor se puso pesado, que si me deseaba, que si siempre me ha querido a mi…

– Y tu claro, encantada escuchando sus halagos…

– Se lanzó a besarme, le dije que se estuviera quieto, pero no lo hizo, me tocaba, luego me besó el cuello, yo quería parar de verdad…

– Pero no lo hiciste…

– Si y al final, pues le correspondí el beso, el alcohol no es ninguna excusa, lo que hice está mal, pero estaba excitada y luego Víctor me tocó los pechos…

– Por encima de la blusa?, es que cuando me dijiste que te habías puesto esa blusa, encima sin sujetador, no puedes negar la evidencia, tu esa noche saliste a seducir a Víctor, es así…esa blusa es muy provocativa…le tenías que tener loco…

– Ahora parece que tengo yo la culpa, tu amigo no va a tener nada de culpa, ¿o qué?

– Los dos igual, él es un puto cabrón por querer follarse a mi mujer, pero tu ibas vestida como ibas…saliste a ponerle caliente y luego bebiste vino para ponerte tú y luego le dejaste subir a tu habitación…no toda la culpa es de Víctor, venga sigue contando, dijo Andrés al ver como Paloma agachaba la cabeza ante lo que le acababa de decir.

– Pues tiró de la tela hacia fuera y me dejó los pechos desnudos, se quedó mirándolos y me tocó…y se agachó a chuparme…lo siento de verdad Andrés…

– ¿Te comió las tetas?

– Si…

– Joder…

Ya estaban a punto de llegar a casa de los padres de Paloma a recoger a las niñas, aparcó el coche y se quedaron hablando dentro todavía un rato más, antes de bajarse.

– ¿Y que más te hizo?

– Me tocó el culo por encima de la falda…pero solo eso, nada más…eso fue todo.

– ¿Y tú no le tocabas a él?, te morirías de saber cómo tiene la polla, esa de la que hablaban maravillas todas tus amigas en la universidad…

– Deja de decir tonterías, no, no le toqué…

– ¿Y él no se desnudó?

– Si, eso sí, cuando me tocó el culo me subió contra la mesa y se desnudó…me dijo “voy a follarte”, entonces fue cuando le dije que parara, que no íbamos a hacer nada…

– Me quieres decir que te subió contra la mesa, te tenía medio desnuda, cachonda, se sacó la polla y justo en ese momento te dio un ataque de moralidad…

– No sé si fue un ataque de moralidad o que…pero no quería acostarme con él…por muy borracha o excitada que estuviera…

– Vaya…

– Y no pongas esa cara, eso es lo que pasó de verdad, ya te lo he contado todo con pelos y señales, si quieres creerlo bien y sino pues es tu problema.

– Me cuesta creerlo, también me dijiste que solo habían sido unos besos y ahora resulta que te estuvo sobando las tetas y dejaste que te las chupara…

– Deja de decir eso…no hables así…

– Es lo que pasó, ¿no?

– Si quieres que te diga que follamos te lo digo, para que te quedes tranquilo, pero eso no es lo que pasó…¿quieres una excusa para separarte de mí?, no la necesitas, con lo que hice estás en tu derecho, pero no pasó nada más, yo ni tan siquiera le toqué a él…

– Está bien Paloma, ahora sí que te creo…es un buen punto para iniciar la terapia, dijo Andrés acariciando la mano de su mujer.

– Van a ser meses muy duros.

– Lo sé, va a salir todo lo de Víctor de la universidad, como te gustaba, como siempre me he sentido, que me dejó estar contigo porque él no quiso…

– Sabes que no fue así, tú me gustabas mucho…

– Paloma, con la psicóloga vamos a tener que ser sinceros, tendrás que decir la verdad, que el que te gustaba era Víctor, sí, yo también te gustaba, pero después de tantos años y dos niñas en común sigo pensando igual, aunque sinceramente no me importa, en el fondo siempre he pensado que la maravillosa vida que tengo es gracias a él…le agradezco de verdad haberme dejado estar contigo…no conozco una mujer como tu…ni de lejos…

– Andrés, sabes que te quiero…

– Vamos a buscar a las niñas…y tranquila, esto va a terminar bien, los dos queremos lo mismo…

30

Las semanas en las que íbamos a viajar a Madrid para ver a Víctor se me hacían muy largas. Seguía haciendo vida normal, por la mañana llevaba a las niñas al cole y luego a la fábrica, donde por cierto las cosas cada vez iban mejor. Las máquinas que habíamos comprado estaban a pleno rendimiento y habían bajado mucho los costes de hacer los zapatos. Por suerte no hubo que despedir a mucha gente y a parte de esos trabajadores se les reubicó en otras empresas de los Álvarez y al resto les llamábamos de vez en cuando en campañas de mucho trabajo. Pues bien, como decía todo iba muy bien en el trabajo, pero yo esa semana estaba con la cabeza en otra cosa.

Los que hayáis visto a vuestra mujer follando con otros hombres me entenderéis bien.

Me sentía un completo cornudo y esa sensación me encantaba, estaba deseando volver a ver a Claudia empalada por el pollón de Víctor que seguro que ya nos tenía preparada alguna sorpresa. Por lo que respecta a Toni nos seguíamos conectando con él una o dos veces a la semana, Claudia estaba cada vez más desatada y hacía prácticamente de todo frente a la cam, pero yo quería avanzar un poco más también en ese aspecto.

Llevaba años chateando con Toni, primero él y yo solos y ahora con Claudia y sin conocerle personalmente era un tío que nos transmitía mucha confianza, aparte de que nos entendíamos perfectamente y él sabía lo que más nos gustaba. A pesar de que su complexión era extremadamente delgado tenía una enorme polla que no le pegaba para nada con el resto del cuerpo y yo deseaba ver ese enorme falo destrozando el coño de Claudia.

Se lo había planteado muy en serio a mi mujer lo de quedar con Toni, pero de momento Claudia estaba centrada en el trabajo, donde se acercaba la fecha de exámenes finales y bastante tenía con quedar con Víctor. En principio decía que casi no teníamos tiempo para Víctor y menos para estar con Toni también. Claudia decía que para acostarse con él tendríamos que quedar mínimo dos o tres veces antes para conocernos un poco y además le gustaba mucho como era Toni en el ciber sexo y tenía el pensamiento de que si le conocíamos en persona quizás ya no iba a ser luego lo mismo y tendríamos que estar buscando a otros para conectarnos por internet, cosa que la echaba mucho para atrás. Entre el poco tiempo para poder quedar con Víctor, el mes de trabajo intenso que tenía y el poder perder la relación que ahora teníamos con Toni decidimos que no era el momento adecuado de quedar con él.

Como decía, yo esa semana tenía la cabeza en otra parte, estaba pensando constantemente en mi mujer follando con Víctor, no había podido olvidarme de esas imágenes que se me venían a la mente una y otra vez. Además, Claudia me había propuesto que esa semana no tuviéramos nada de sexo, para así estar más calientes cuando quedáramos con Víctor.

– Pero Claudia, si vamos en ese estado va a hacer con nosotros lo que le dé la gana, como la otra vez.

Mi mujer no me contestó, pero por la cara que puso había acertado de pleno con las intenciones de ella. Le había encantado que Víctor nos dominara y estaba dispuesta a repetir de nuevo. Cachondos y sumisos nos íbamos a presentar ante él.

Por fin llegó el sábado y salimos hacia Madrid a media tarde. Habíamos quedado con Víctor sobre las 21:00 para cenar y luego volver los tres a nuestra habitación de hotel. Estábamos a primeros de mayo y salió un día bastante caluroso, Claudia se había comprado esa semana un vestido verde de tirantes espectacular, sin duda alguna pensando en su amante. De falta cortísima, escote generoso, decidió no ponerse medias por la temperatura que hacía. Con unos buenos taconazos y una pequeña chaqueta que llevaba de la mano por si luego hacía frío bajamos al hall del hotel.

En el ascensor Claudia se miró un par de veces en el espejo.

– Me encanta el vestido, dijo un par de veces mirándose por la parte de atrás.

A mí también me encantaba, sobre todo que fuera tan corto, lucía unas bonitas piernas, realzadas además por los largos tacones que llevaba puestos. Le hacía un culo tan redondo que daban ganas de tener la mano sobre él constantemente e incluso de meter la mano bajo la falda. Cuando salimos del ascensor yo iba con tal calentón acumulado que en cuanto vimos a Víctor se me puso dura.

Solo con ver al tío que me corneaba me empalmé irremediablemente. Lo de estar una semana sin sexo y sin haberme corrido no había sido una buena idea, pensé cuando noté la polla goteándome literalmente bajo el pantalón.

Llegamos andando hasta él y asintió con la cabeza cuando vio como vestía Claudia.

– ¿Qué tal?, nos saludó con tono muy amable.

Le dio dos besos a mi mujer y luego me estrechó la mano con fuerza, mirando de nuevo a Claudia le dijo.

– ¡Estás espectacular!, menudo vestido…

– Gracias.

Fuimos andando a la pequeña tasquita donde habíamos cenado la otra vez de pinchos. Era bueno empezar a tener una rutina, el mismo hotel, el mismo sitio donde cenar. Así podíamos volver más rápido después, además me encantaba ponerme detrás de ellos y verlos andar juntos como si fueran una pareja, normalmente él la llevaba sujeta por la cintura y solo con eso me provocaba una excitación importante.

Pedimos una tabla variada de pinchos, las miradas entre Víctor y mi mujer eran constantes, de vez en cuando se decían cosas en bajito, cosas sin trascendencia, pero que no me dejaban escuchar y eso me gustaba. Que tuvieran tanta complicidad entre ellos.

Pero claro Víctor no es de piedra y el vestido que llevaba Claudia seguro que le estaba poniendo caliente. Como a medio bar que no le quitaba ojo a mi mujer. Y más cuando ella cogió un taburete alto y se sentó en él. Por un momento contuve la respiración y sentí que los allí presentes estaban pendientes de los movimientos de mi mujer. Tuvo que cruzar las piernas en dirección a la barra sino se la hubiera visto todo. Al sentarse intentó bajar el vestido hacia abajo, pero no había tela que bajar, se la veía el muslo entero y aquel cruce de piernas me pareció lo más erótico que un hombre pueda ver en el mundo.

De nuevo la polla me palpitó bajo las pantalones. Cada vez la tenía más mojada y empezaba a tener un charco en el calzón. Y noté como otro pequeño chorrito me salía cuando Víctor puso la mano sobre el muslo de mi mujer.

– Te queda increíble ese vestido, estoy deseando ir al hotel, dijo acercándose para darla un beso en la mejilla.

Luego le dijo otra cosa al oído que no pude escuchar bien, pero fue algo así como “me muero por saber que llevas debajo”. Claudia sonrió orgullosa. Había conseguido su objetivo también de excitar a Víctor. Estaba más guapa y deslumbrante que nunca y aquel momento había que inmortalizarlo.

Saqué el móvil y les dije que se pusieran juntos para hacerles una foto. La cara de Víctor era de satisfacción total. No solo se estaba follando a mi mujer, encima el cornudito de su marido les hacía fotos. Claudia no dijo nada, solo se dejó hacer cuando Víctor se puso a su lado pasando la mano por la cintura.

Hice varias fotos, unas cinco o seis, quería que salieran bien las piernas de Claudia y que la foto fuera lo más nítida posible, las hice con flash, sin flash. Tenía que salir perfecta. Sabía que esas fotos iban a ser fuente de muchísimas pajas. Cada disparo que hacía con la cámara era una punzada de placer en el estómago. Cuando terminé la sesión de fotos estaba excitadísimo y la cara de Claudia era de morbo total.

Estaba igual o más cachonda que yo. Y Víctor lo sabía. Claro que lo sabía.

No veía la hora de regresar al hotel, sin embargo, cuando terminamos de cenar Víctor nos dijo que quería llevarnos a un sitio que le habían recomendado para tomarnos una copa. A mi esos previos me encantaban, hacían que la tensión sexual fuera en aumento, pero aquella noche ya había tenido previos suficientes y por la cara que puso Claudia tampoco tenía muchas ganas de tomar esa copa. Lo que quería mi mujer era follar.

Fuimos andando hasta el bar que nos dijo Víctor, por lo menos tardamos 20 minutos en dirección contraria al hotel. Era pronto todavía, no serían más de las 23:00 y el local estaba medio vacío. Pedimos unas copas y yo me aparté como hacía siempre para poderles observar mejor. Ellos sabían que a mí me gustaba hacer eso, así que pasaron de mi como si estuvieran los dos solos.

Claudia estaba pegadísima a Víctor y durante unos minutos se olvidó de ser discreta, quería que él la pasara la mano por la cintura, que la sobara el culo y que incluso se acercara a comerla la boca. Dejaron las copas en la barra y se quedaron frente a frente mirándose con deseo mientras Víctor bajaba las manos y las metía bajo la falda. Se empezaron a dar besos cortos, con lengua, muy sensuales, sin dejar de mirarse, luego se decían algo y volvían a hacer lo mismo, de vez en cuando le daban un trago a la copa y otra vez se besaban.

Yo estaba al límite. Un par de veces tuve que dejar de mirar porque si no me habría corrido sin tocarme.

Ellos no tenían prisa, Víctor le acariciaba el pelo a mi mujer y luego le daba besitos por el cuello, Claudia cerraba los ojos y abría la boca. Si no fuera por la música seguro que podía escuchar los gemidos que se la estarían escapando. Mi mujer le había pasado las dos manos sobre los hombros y seguían besándose suavemente.

Víctor me miró, quería asegurarse de que viera lo caliente que tenía a mi mujer, que estaba apoyada contra la barra. Tiró de la falda hacia arriba por la parte de atrás dejándola prácticamente en braguitas. Claudia apoyó el culo contra la pared y protestó tímidamente intentando bajarse la falda, pero Víctor no la dejó. Aquello ya era demasiado escandaloso.

Mi mujer empezaba a parecer una fulana.

Luego se dieron un morreo salvaje mientras Víctor la sobaba el culazo con la faldita subida hasta arriba. Se estaban pasando, así que me acerqué a ellos y pude ver como se besaban delante de mí. Cuando abrieron los ojos me miraron sorprendidos de que estuviera a su lado.

– Estáis llamando la atención, deberíamos irnos, hay gente que os está mirando, dije yo.

Claudia no le había quitado las manos de los hombros y me miró con los ojos medio cerrados de lo excitada que estaba. El que tampoco quitó las manos del culo de mi mujer era Víctor que se lo seguía tocando como si tal cosa, sin importarle que yo estuviera allí.

– Ya casi hemos terminado, ahora salimos, vete llamando a un taxi, me dijo Víctor.

Cuando iba a salir fuera de repente me echó la mano al hombro.

– Espera…

Le dijo algo al oído de Claudia y ella miró a los lados para ver si nos estaban mirando. Había poca gente en el local y estábamos en un lateral de la barra por lo que casi no se nos veía, así que ella accedió a lo que Víctor le había sugerido, aunque había una pareja que nos estaba observando.

– Quítale las braguitas a tu mujer, ya no las va a necesitar, me dijo…

– ¿Aquí?, nos están mirando, dije yo.

– No nos mira nadie, venga hazlo, desnúdala para mí, me ordenó Víctor.

– Si, aquella pareja nos está mirando…

– Me da igual, venga hazlo…

Yo miré a Claudia y ella no dijo nada, luego bajé la vista y me encontré las manos de Víctor sobre el culo de mi mujer. Tenía el vestido subido y se la veían parte de las braguitas y de repente él comenzó a bajárselas unos centímetros lentamente. Claudia apartó las manos de los hombros de Víctor y se colocó la falda para que no se la viera nada.

– ¡Bájaselas y quítaselas del todo cornudo!, vamos, me ordenó Víctor.

Metí la mano temblorosa bajo la falda y terminé el trabajo que había empezado Víctor. Lo hice rápido para no llamar mucho la atención, pero cuando me levanté del suelo otras dos parejas de jóvenes nos miraban atentamente. Estábamos llamando mucho la atención, era mejor irnos de allí cuanto antes.

Salí del bar con las braguitas húmedas de mi mujer en la mano. Menuda sensación. En lo que esperábamos al taxi Claudia y Víctor no dejaban de tocarse y darse pequeños besos.

– Sube delante, volvió a decirme Víctor cuando llegó el taxi.

Me tenía preparada otra sorpresa.

Víctor se puso en el medio y Claudia detrás del conductor. Mi mujer estaba tan cachonda que en cuanto arrancó no se cortaron en seguir morreándose como si fueran dos adolescentes. Yo no daba crédito y estaba a punto de explotar de un momento a otro con las braguitas de Claudia en la mano. No creía que fuera a llegar al hotel sin correrme encima.

Miré hacia atrás y Claudia había apoyado el pie izquierdo en el asiento para abrirse de piernas. ¡¡Desde mi posición podía verla el coño!!. No, no, no. No mires. La polla volvió a palpitarme bajo los pantalones. Pero era superior a mis fuerzas. Víctor la acarició suavemente el pubis sin quitar la vista de la empapada rajita de mi mujer.

– ¡JO-DER!, dijo en alto.

Luego se giró hacia ella y se dieron un beso con intensidad justo cuando empezó a masturbarla. Volví la vista al frente, pero me llegó el primer gemido de Claudia. El taxista, un cincuentón con cara de salido se dio cuenta del espectáculo que tenía en el asiento de atrás y apagó la radio mientras colocaba hacia ellos el espejo retrovisor del medio.

Por suerte no faltaba mucho para llegar.

– Han elegido muy bien el hotel, el Príncipe Resort es de los mejores de esta zona y se cena muy bien allí, me dijo el taxista intentando entablar una pequeña conversación conmigo.

– Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh.

Claudia volvió a gemir más alto. Yo estaba entre abochornado y excitado y no sabía ni que contestarle.

– Sus amigos tienen ganas de llegar, jajajaja, me dijo.

– Si, eso parece, dije yo.

Al parar en un semáforo no se cortó un pelo. Si Víctor y Claudia no lo hacían él tampoco. Al fin y al cabo, estábamos en su coche, el taxista se giró hacia la izquierda y miró hacia atrás. Entonces se encontró con mi mujer abierta ofreciéndole su precioso coño depilado mientras Víctor se lo follaba metiendo y sacando dos dedos.

Claudia le sujetó por el brazo intentando cerrar las piernas al darse cuenta que el taxista les estaba mirando descaradamente, pero Víctor se lo impidió.

– Déjale que mire, no ha visto un coño así en su vida…

Mi mujer al borde del orgasmo apoyó la cara en el pecho de Víctor para que no la viera, ocultándose de las miradas del taxista, pero le siguió mostrando el coño sin ningún pudor sacando incluso las caderas hacia fuera. Aquella no era mi mujer, Claudia se había convertida en una reverenda puta. Yo no pude más, mis huevos se pusieron en marcha y me vino ese primer espasmo que indicaba que comenzaba a correrme irremediablemente. Me sujeté a la puerta mientras empapaba los calzones después de una semana sin descargar. El sonido del chapoteo del coño de Claudia, sus gemidos y el cerdo del taxista mirando hacia ella me habían superado. Cuando volví en si varios coches nos estaban pitando para que arrancáramos. Fue como despertar de un sueño.

– ¡Me cago en la hostia!, dijo el taxista teniendo que girarse y perdiéndose lo que pasaba detrás.

A la vuelta del semáforo ya estábamos el hotel. En cuanto llegamos Claudia comenzó a bajarse del taxi y Víctor me dio un billete de 20 euros.

– Paga cornudo…

Lo podía haber hecho él, pero quería humillarme de nuevo una vez más. Lo dijo bien alto y claro para que pudiera escucharlo el taxista. Cogí el billete y se lo di.

– ¿Ese tío te acaba de llamar cornudo?, me preguntó extrañado.

– Si, dije en bajito.

Se quedó pensando unos segundos.

– No me jodas que esa…que la rubia esa es tu mujer…

– Buenas noches, dije yo bajándome del taxi.

Me saqué del bolso las braguitas de Claudia y se las dejé en el asiento del copiloto. Era mi propina.

– Oyes, me dijo bajando la ventanilla y sacando una tarjeta blanca, – Si venís más veces por Madrid llamadme para que os lleve… te dejo mi número…y gracias por esto, dijo cogiendo con suavidad las braguitas de mi mujer y pasándoselas por la nariz antes de agarrarse el paquete. – Huelen de maravilla, mmmmmmmmmm…

Entré en el hotel y Claudia y Víctor me estaban esperando en el hall, en cuanto me vieron echaron a andar hacia los ascensores. Subieron besándose, Víctor la subió la falda otra vez mostrándome el culo de mi mujer, mientras Claudia fuera de sí, le arrinconaba contra la pared sin dejar de comerle la boca. Yo les miraba incrédulo con la mancha de mi corrida en los pantalones.

Ni me imaginaba en el estado de excitación en el que debía de estar mi mujer, después del numerito del bar y de haberle enseñado el coño al taxista. Habían sido unos previos inesperados que habían llevado a Claudia al límite, me encantaba ver con que pasión se besaban, casi era mejor que verles follando.

Salimos del ascensor, mi mujer apenas se colocó la faldita hasta llegar a la puerta de la habitación, mientras Víctor la manoseaba el culo semi desnudo por los pasillos. Claudia ya le permitía todo, se notaba que estaba al borde del orgasmo por la cara de vicio que llevaba y Víctor lucía una tremenda erección bajo los pantalones. En ese estado de calentura entramos en la habitación.

Víctor iba a hacer con nosotros lo que le diera la gana.

Lo primero que hice fue entrar en el baño para limpiarme, no quería que se dieran cuenta de que me había corrido en el taxi mientras Víctor la masturbaba delante del conductor. Aquella imagen había sido brutal y sabía que me iba a dar de sí para muchas pajas, fantaseando además que el taxista también se aprovechaba de mi mujer.

Antes de meterme al baño eché una última ojeada, Víctor se había sentado en la cama y Claudia con el vestido subido se había puesto encima de él mostrándome como le sobaban el culo desnudo.

– ¿Y ahora donde va éste?, dijo Víctor hablando de mí.

– No sé, déjale…se estará meando…

Al salir seguían en la misma postura, morreándose y parecía que no iban a tardar mucho en ponerse a follar. Pero estaba equivocado, cuando Víctor me vio sentarme en un sofá que había en la esquina de la habitación se quitó de encima a Claudia y luego se puso de pie para llevar a mi mujer delante de mí.

La imagen de Claudia casi desnuda, con el vestido a medio subir y caminando torpemente con los tacones embriagada de placer me pareció sublime. Ya estaba excitado de nuevo y tenía ganas de sacarme la polla para hacerme una paja delante de ellos.

Víctor la llevó delante de mí y se quedaron quietos, luego se puso detrás de Claudia.

– Levanta la pierna, dijo él.

Mi mujer le obedeció y apoyó la pierna derecha en el reposa brazos del sofá donde yo estaba sentado, mostrándome el coño abierto sin ninguna vergüenza. Lo tenía a menos de medio metro, si estiraba la mano se lo podía acariciar, pero ese no era el plan de Víctor precisamente. Desde mi posición podía ver como Claudia llevaba el pubis perfectamente depilado y como le brillaba la rajita de lo caliente que estaba.

Incluso me llegó el olor a sexo que desprendía su entrepierna. Era maravilloso.

Levanté la vista y los dos me miraban fijamente, Víctor no tardó en pasar la mano hacia delante y comenzó a masturbar a Claudia. Primero lentamente, acariciando sus labios vaginales mientras ella giraba la cabeza para besarse con él.

– Que rica está tu mujercita, ¿te gusta como ver esto?, mira está empapada, me dijo el cabrón enseñándome la mano mojada.

Luego siguió masturbándola despacio y Claudia cada vez estaba más excitada, desde donde estaba escuchaba perfectamente el chapoteo de su coño, yo miraba atentamente los dedos de Víctor jugando ahí abajo, como la acariciaba, como metía un dedo y lo sacaba de nuevo para seguir frotando por fuera.

Claudia gemía en la misma posición, sin bajar la pierna.

– Eso es, ¡enséñale el coño al cornudo, que vea lo mojada que estás!, le decía Víctor.

Yo también cada vez estaba más excitado, miraba hacia arriba como se besaban y luego otra vez hacia abajo la mano de Víctor.

– ¡Míranos bien cornudo!, me ordenó.

Subí la vista y los dos estaban pendientes de mí, eso creo que les gustaba y les encendía más, cuando estaban seguros que les estaba mirando se morreaban sacando las lenguas y Claudia comenzó a gemir.

Movía las caderas en círculos y con el cuerpo le estaba pidiendo a Víctor que necesitaba algo más. Éste captó las intenciones de Claudia y lo hizo. La metió un segundo dedo y se la empezó a follar con la mano, a la vez que mi mujer aumentaba el ritmo de sus caderas. De vez en cuando se detenía y con la mano le daba unos pequeños azotes en el coño que sonaban PLOP PLOP PLOP, para luego volver a la carga.

Yo me agarré la polla por encima del pantalón y me pegué un par de sacudidas.

– Mira el cornudo, ya se está pajeando, jajajaja, dijo Víctor.

Pero Claudia parecía no escucharle, concentrada en alcanzar el máximo placer posible. Víctor que ya empezaba a conocer el cuerpo de mi mujer sabía que no andaba muy lejos del orgasmo y de repente dejó de masturbarla.

– ¡No te muevas!, dijo.

Con total tranquilidad comenzó a desvestirse detrás de ella. Se quitó la americana, la camisa, el pantalón, los calcetines y el bóxer. Claudia seguía con el vestido puesto, la falda subida y con el pie sobre el sofá esperando pacientemente. Víctor se quedó completamente desnudo, aunque nosotros estábamos vestidos, pero eso parecía que le daba igual. Entonces lo vi.

Se acercó desnudo tranquilamente luciendo una formidable erección y se puso detrás de Claudia, entre las piernas de mi mujer apareció la enorme verga de Víctor asomando imponente. Ahora sí que no podía apartar la mirada de semejante falo y más cuando se puso a dar golpecitos en el coño de Claudia. Cada pequeño contacto le hacía gemir a mi mujer que notaba el calor de semejante polla entre sus piernas.

Víctor tenía total seguridad en lo que hacía, soltó un par de pollazos en las nalgas de Claudia y luego sujetándosela se la restregó por el coño. Primero de abajo hacia arriba y luego en dirección contraria, asegurándose bien de que se la metía entre los labios vaginales. Claudia se estaba volviendo loca con los jueguecitos de Víctor.

Primero le daba golpecitos, luego se la restregaba, se la ponía en la entrada amenazándola con metérsela y así una y otra vez, haciéndose desear. Claudia se giró hacia él y dándole un morreo bien sucio le pidió.

– ¡Métemela, vamos métemela!, no puedo másssssss, ahhhhhhhhhhh…

– ¿Quieres que te la meta delante del cornudo?…

– Si…venga, dijo cogiéndole la polla ella misma.

– Shhhhhh, espera…espera un poco más…ven aquí…

Entonces Víctor le pasó toda la polla hacia delante en una imagen morbosísima para mí. Tenía su enorme rabo delante de mi cara, tan grande e hinchado que parecía que iba a correrse también de un momento a otro. Y no estaba muy equivocado, comenzó a moverse delante y atrás como si se estuviera follando a Claudia, pero sin metérsela, lo que hacía era rozarla el clítoris. Mi mujer se puso a gemir en alto y aumentó el ritmo de las caderas acompasando sus movimientos.

Claudia bajó la mano para aprisionar la polla contra su coño y aquello sorprendió a Víctor que sin embargo no se detuvo. Era como que follaban, pero sin metérsela. No aguantó mucho. Unos segundos más tarde gritó.

– ¡¡¡¡Claudia, Claudia, ahhhhhhhhhhhhhhhhh que buenooooo!!!! ¡¡¡ven aquí!!!!, joderrrrr, joderrrrrr, mierda, me corrroooo, me corrrrooooooo, ahhhhhhhhhh, dijo girando bruscamente a mi mujer.

Claudia se quedó de pies sin entender lo que pasaba, pero yo si me había dado cuenta cuando vi a Víctor meneándosela frenéticamente, se le iba a escapar todo y ya no había vuelta atrás.

– ¡¡De rodillas, ponte de rodillas!!!, me voy a correrrrrrrr…

Mi mujer sorprendida se agachó ante mí, Víctor la sujetó por el pelo y siguió pajeándose delante de ella. No me lo podía creer. ¡Se iba a correr en su cara!

Claudia intentó apoyar una mano en el sofá, pero lo que hizo fue ponerla sobre mi pierna y yo puse mi mano sobre la suya justo en el momento que el pollón de Víctor explotaba frente a su rostro. Claudia ni se movió, cerró los ojos con la boca semi abierta y recibió la potente eyaculación de Víctor sin parar de gemir de lo excitada que estaba.

El impacto contra su cara fue tan brutal que incluso me llegó a salpicar a mí en el pantalón y la camisa. Varios lefazos cayeron en su rostro, en el pelo, en la boca, por el cuello, en los ojos, en el escote, fue una corrida majestuosa. Y no contento con ello cuando terminó le metió la polla en la boca a mi mujer para que se la dejara limpia. Y Claudia lo hizo, mamándosela con tranquilidad, sin prisas, mientras que de su boca manaba parte de la corrida que tenía dentro y el semen que a Víctor todavía le quedaba en su interior. Era muy impactante ver así a mi mujer.

Claudia me acarició la mano sin dejar de chupársela. Luego se sacó la polla de Víctor envolviéndola entre los labios y sujetándola con la otra mano me miró. Una mirada sucia, viciosa, lasciva, jugueteando con su lengua que no paraba de hacer círculos sobre la verga de Víctor. Yo estaba quieto, inmóvil, asimilando lo que estaba viendo, como se la escurría el semen por la barbilla, por la comisura de los labios, Claudia la recogía con la lengua sin importarla el aspecto que tenía. Era como que todo le daba igual. Solo quería saborear el semen de Víctor y lamerle la polla.

Un ojo lo tenía cerrado sin poderlo abrir, otros dos lefazos la cruzaban la cara de arriba abajo hasta la frente, el pelo lo tenía salpicado, la nariz. TODO. Mi mujer parecía una actriz porno y me miraba a medio metro relamiéndose. De repente me soltó la mano y se la metió entre las piernas. Estaba tan excitada que comenzó a masturbarse sin dejar de mirarme.

Abrió la boca, jadeante, relamiendo todavía la pringosa polla de Víctor que ya empezaba a decaer.

– Joder, no me lo puedo creer, mira que cachonda está tu mujercita, me dijo Víctor poniéndose detrás de ella y dejando a mi mujer sin verga.

Se agachó para ver como Claudia se masturbaba y luego la colocó de rodillas en el suelo con el culo hacia fuera haciendo que se quedara de frente a mí. Yo me sobé el paquete por encima del pantalón, también estaba muy excitado.

– Desde aquí hay unas vistas increíbles, ¿qué pasa cornudo?, ¿no te apetece venir y follarte a tu mujer?, dijo Víctor.

Claudia gemía más alto y se acariciaba con fuerza a punto de llegar al orgasmo. Y entonces negó con la cabeza sin decir nada a la pregunta de Víctor. La muy puta no me iba a dejar metérsela delante de él. Y desde luego que yo lo hubiera hecho.

– No, él no, que no me toque, ahhhhhhhhhhhhhhh, fóllame tú, dijo Claudia.

– Jajajaja, no quiere, dijo Víctor. – Me parece increíble que no te deje follártela, está tan cachonda que ahora se dejaría follar por cualquiera, pero a ti no te deja…jajajaja, yo creo que incluso al taxista de antes le dejaría…para que te folle yo tendrás que esperar unos minutos a que se me vuelva a poner dura…

Claudia estaba de rodillas en la alfombra, con el culo hacia fuera, las manos en los reposa brazos del sofá, masturbándose con la cara lefada y todavía con el vestido puesto, Víctor se puso detrás de ella, pensé que iba a metérsela sin condón, pero vi que no la tenía dura todavía. Me dio mucho morbo que Víctor nombrara al taxista, aquel cincuentón, barrigudo con cara de salido y entonces me acordé de la tarjeta que me había dado.

No sé porque lo hice, pero saqué la cartera del bolso y rebusqué su tarjeta hasta que la encontré. No pensé lo que hacía, solo quería aumentar el morbo de la situación, que ya era mucho y le seguí el juego a Víctor.

– Tengo su número de teléfono…

Claudia se detuvo de repente y Víctor puso cara de sorpresa. Los dos me miraron como si estuviera loco. Me arrepentí al momento de sacar la tarjeta.

– ¡¡¿Que has dicho?!!, dijo Víctor.

– No, nada, nada, dije intentando esconderla.

Pero en un rápido movimiento Víctor se acercó hasta mí y me la arrebató de las manos para luego leerla con detenimiento.

– ¿Tienes el número del taxista?, ¡¡joder!!!

– Me la ha dado antes, cuando le he pagado…

– ¿Dejarías que ese tío se follara a Claudia?, ¡¡no me jodas!!, y lo peor es que ella está dispuesta, dijo dando un azote en el culo de mi mujer.

Mi polla palpitó bajo los pantalones. No me podía creer lo que estaba pasando.

– De eso nada, dijo al fin Claudia, aunque la verdad es que con todo el lefazo en la cara no sonó muy convincente.

– Tranquila zorra, es solo un juego, no me digas que antes no te ha gustado cuando te ha visto el coño, venga no te detengas, dijo Víctor metiendo la mano entre las piernas de Claudia para seguir masturbándola.

Claudia se dejó hacer unos segundos cerrando los ojos y abriendo la boca comenzó a gemir de nuevo.

– Vamos a llamarle, a ver que dice, dijo Víctor cogiendo el móvil.

Marcó el número y luego puso el manos libres. Al tercer tono descolgó el taxista.

– ¿Dígame?…

– Si, hola, mira somos los que acabamos de estar en su taxi, a los que ha traído al hotel Príncipe Resort…

– ¿Los dos hombres y la mujer rubia?

– Si, si esos…

– ¿Pasa algo?, ¿se han dejado algo en el taxi?

– No, no es eso, verás, estamos los tres en una habitación del hotel y el marido de ella nos ha dicho que usted le ha dado una tarjeta con su número.

– Si, así es, ¿qué ocurre?, dijo el taxista impaciente.

– Pues verá, me parece que le gusta lo que ha visto antes en el taxi, ¿no?

– Si, por supuesto, ¿a quién no?, la rubia estaba muy buena…

– ¿Y le gustaría seguir mirando?, quiero decir aquí en la habitación del hotel…

– Mire, no estoy para bromas…

– No es ninguna broma, ¿sabe lo que pasa?, verá, me acabo de correr en su cara y ella está aquí a cuatro patas en el suelo esperando que alguien se la folle, pero al cornudo del marido no le deja y necesitamos una polla, no sé, quizás a usted sí que le deje hacerlo…

Claudia se puso a negar con la cabeza mientras Víctor tapaba el altavoz con la mano. Yo estaba alucinando con la conversación que tenían, me desabroché el pantalón y me saqué la polla. Era como darles mi aprobación ante la disparatada situación que se podía dar.

– Ya le he dicho que no estoy para bromas, les voy a colgar. No me creo nada. Buenas noches.

TU TU TU TU TU TU.

Y el muy imbécil nos colgó el teléfono. Víctor se quedó mirando su móvil también sin llegar a creérselo. El taxista nos había colgado, por una parte, fue un pequeño respiro, pero por otro lado sentí una gran decepción. Me estaba empezando a entusiasmar solo con la idea de incluirle en nuestros juegos e incluso invitarle a la habitación.

– ¿Volvemos a llamarle?, insistió Víctor.

– Venga déjalo, da igual, ese tío no me gusta, dijo Claudia.

– Habla tú con él, quizás así nos crea…

– ¿Yo? ¿y que le voy a decir?, dijo mi mujer.

– Dile que quieres que venga a la habitación, que quieres que te mire tocarte como antes en su taxi…todavía no te has corrido, lo estás deseando, ahora mismo le dejarías ponerse aquí detrás y que te metiera mano así, como estoy haciendo yo…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

– ¿Ves cómo gimes, zorra?, te mojas solo de pensarlo…lo mismo le dejas hasta que te folle delante del cornudo de tu marido, a él le daría igual, ¿verdad?, no ves cómo se pajea solo de pensarlo?…¿quieres que el taxista se folle a tu mujercita?, para eso me has dado su tarjeta, ¿no?

– No quiero que venga a la habitación, dijo Claudia gimiendo mientras Víctor la seguía masturbando.

– Claro que quieres que venga…y el cornudo también…quieres que ese cerdo venga y que te folle, en su vida se ha imaginado tan siquiera acercarse a una mujer como tú y te pone muchísimo la idea, venga ¿le llamo otra vez?

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

El teléfono comenzó a sonar de nuevo y otra vez puso el manos libres. En cuanto escuché los tonos comencé a pajearme delante de ellos. Ya me daba todo igual y a Claudia también.

– ¿Otra vez?, por favor…

– Escúcheme bien, no es ninguna broma, dijo Víctor.

– ¿Que quieren?

Víctor tapó el altavoz con la mano y le dijo a Claudia.

– Venga, di algo.

Ella negó con la cabeza.

– Por favor…venga, dijo Víctor metiéndola un par de dedos en el coño.

Y Claudia cedió.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, holaaaaaaaa….

– ¿Holaaaaaa?

– Si, hola, soy yo, ehhhhhhhh

– ¿La rubia?, preguntó el taxista

– Si, la rubia…

– Si, hola, ¿qué queréis?, os he dicho que no me gustan estos juegos…me estáis haciendo perder el tiempo…

– Ya se lo ha dicho mi amigo lo que queremos, dijo Claudia.

– ¿Que vaya a vuestra habitación?

– Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiii…siiii…

Víctor se puso a masturbarla más deprisa y yo también aceleré el ritmo de la paja. Claudia estaba a punto de correrse.

– ¿Y tú quieres que vaya, rubia?, ¿cómo te llamas por cierto?

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiii…me llamo Claudia, siiii, quiero que vengas…ahhhhhhhhh…

– Joder, estás gimiendo, me estás poniendo mucho…

– Pues ven…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ¿en serio?

– Siiiiiiiiiiiiiii….ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

– ¿Porque gimes tanto?, ¿qué estás haciendo?, dijo el taxista.

– Tocándome mientras te espero, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

– Joder, espera…deja que busque un sitio donde parar el coche, voy a sacármela, dijo el taxista.

– No, no quiero que te toques, quiero que vengas…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, .ahhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

– Voy a hacerme una paja rubia, me estás poniendo cachondo oyéndote gemir…

– ¿No quieres venir?

– Pues claro que quiero ir…me ha encantado verte el coño antes, estás buenísima…pero sé que estáis jugando conmigo…y me voy a hacer una paja ahora mismo escuchándote…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….

– La estoy haciendo un dedazo aquí a cuatro patas y el cornudo del marido se está pajeando también, no la queda mucho para correrse, te puede dar tiempo a venir, intervino Víctor.

– No lo creo, yo estoy a punto de correrme también, dijo el taxista.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia.

– Vamos zorra, dile que venga, que quieres que te folle, dijo Víctor azotando el culo de mi mujer.

Yo aumenté el ritmo de la paja y Claudia también. Nos íbamos a correr los dos.

– Rubia, ¿quieres que te folle?, ohhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhh, dijo el taxista rebuznando como un burro.

– Ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiii…¡¡quiero que me folles!!

– Dile que venga, dijo Víctor, dile el número de habitación…

Entonces Claudia empezando a correrse le dijo en que habitación estábamos.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, 312, ahhhhhhhhhhhhhhh la trescientosdoceeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.

Yo al escuchar el número 312 que era donde estábamos de verdad me revolví en el sillón, apunté con la polla hacia delante y un chorro salió hacia Claudia llegando hasta su rostro. Estábamos alcanzado el orgasmo los dos a la vez y ¡¡yo me estaba corriendo en su cara!! mientras Víctor sonreía sujetando el teléfono con una mano y con la otra metiéndola ahora tres dedos a Claudia en el coño.

– Ohhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh, fue lo último que escuchamos al otro lado de la línea cuando colgó Víctor.

El taxista también había tenido su premio.

Claudia apoyó la cabeza en mis rodillas, recuperándose del orgasmo, no la había bañado en semen como hizo Víctor porque a mí solo el primer disparo me salió con fuerza, el resto cayó hacia abajo, pero me encantó al menos haberme corrido un poquito en la cara de mi mujer, a la que no parecía importarle que lo hiciera mientras ella llegaba al orgasmo. Era la primera vez que me corría en su cara.

El que ya estaba recuperado era Víctor, que lucía otra vez una poderosa erección, la escenita del teléfono le había puesto caliente y levantó a Claudia por las axilas y luego la fue desnudando poco a poco delante de mí. Mi mujer, todavía en éxtasis se dejó hacer. Víctor se puso detrás de ella y la agarró las dos tetas, sobándoselas con ganas.

– ¡Que buenas estás joder!, vamos a pegarnos una ducha, pareces una puta así…ahora volvemos cornudo.

Me quedé en el sillón, con la polla en la mano, otra vez con mi propia corrida sobre el cuerpo y los pantalones a medio bajar. Estaba más que satisfecho y yo en ese momento hubiera dado por finalizado el encuentro, pero Víctor solo se había corrido una vez, lo mismo que Claudia y ellos todavía tenían ganas de más.

Escuché el ruido del agua corriendo y esperé un rato, pero cuando llevaban 20 minutos duchándose y todavía no salían decidí entrar en el baño. Cuando entré se sorprendieron al verme, no me esperaban, pero yo tampoco me esperaba lo que estaban haciendo.

Claudia estaba de pies, contra los azulejos, ofreciéndole el culo enjabonado y lleno de espuma y Víctor detrás de ella semi agachado la metía y sacaba con mucha facilidad un dedo por el culo. Cuando se incorporó llevaba una empalmada de caballo, su enorme polla se bamboleó un par de veces antes de que él mismo se la cogiera con la mano.

– Llegas en el momento justo, cornudo, íbamos a llamarte ahora, ¡voy a dar por el culo a tu mujer!, me dijo.

Aquellas palabras me volvieron a poner a mil, Claudia no decía nada, solo le seguía ofreciendo el trasero para que Víctor hiciera con él lo que le apeteciera. Ella también me miró, su cara era una mezcla entre miedo por lo que se la avecinaba y morbo, sobre todo morbo. Lo vi en su rostro.

Claudia estaba deseando ser enculada.

Cuando Víctor acercó la polla a su ano las piernas de Claudia se pusieron en tensión y apoyó la cara contra los azulejos del baño cerrando los ojos y apretando los dientes.

– ¿La quieres por detrás, zorra?, dijo Víctor apoyándose en su espalda antes de darla un beso.

Claudia le correspondió el muerdo, girando el cuello y sacando la lengua sin abrir los ojos y al notar el primer contacto de la verga de Víctor en su oscuro agujerito gimió.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….con cuidado, con cuidado…

– Te gusta, ¿eh?…pues ahora ¡¡voy a darte por el culo delante de tu marido!!…

Y mi mujer le contestó en un tono ahogado.

– Despacio, por favor, despacio…

– Shhhhhhhhhhhhhhhh, tranquila…shhhhhhhhhhhhhhhh.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, despaciooooo, auuuuuuuuu, ahhhhhhhh que daño, joderrrrr, joderrrrrrr, despacio, despacioooooo, ahhhhhhhhhhhhh auuuuuuuuuuuuuuuu…despacio…

Yo no es que fuera un especialista en el sexo anal, pero por la cara de dolor que ponía Claudia y la tensión de sus piernas y del cuerpo en general, aquello no iba bien ya desde el principio y era evidente que iba a ser imposible. Por lo menos en ese momento en la ducha. No me parecía la mejor postura para iniciarse en la sodomía y además con semejante pollón. Apenas le había metido un poquito la punta de la verga y mi mujer ya estaba gritando como una loca.

Pero Claudia le seguía ofreciendo el culo.

Me encantaba la escena, los dos mojados en la ducha y Víctor detrás de ella sujetándose la polla se la intentaba meter con todo el cuidado del mundo. Claudia sin dejar de gritar echaba la mano hacia atrás agarrando la polla de Víctor para guiarla ella misma, a ver si así le dolía menos. Por lo gritos que seguía pegando no parecía que estuviera cumpliendo su propósito.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh que dañooooooooooo, aaaaaaaaaaaaaaa, paraaaaaaaaaaaaaaaaaa paraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, me dueleeeeeeeee, dijo Claudia mordiéndose la mano en un gesto de dolor.

– Ya casi está joder, ha entrado la mitad, mintió Víctor.

Retiró la verga y escupiéndose en la mano la bajó para meter otra vez un dedo en el dilatado ano de mi mujer. Le folló el culo con el dedo 5 o 6 veces y lo retiró para volver a colocar la polla en la entrada.

– Está más abierto que nunca, tranquila, relájate…shhhhhhhhhh tranquila…tranquila…¡te la voy a meter!

Claudia se puso de puntillas cuando volvió a notar como la desgarraban por dentro y lo peor es que Víctor no había conseguido meterla ni medio centímetro. Era imposible.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh diosssssssssssssssssssssssss, paraaaaaaaaaaaa paraaaaaaaaaaaaaaaa paraaaaaaaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhh que dolorrrrrrrrrr, dijo mi mujer retirándose y dándose la vuelta para dar por finalizada, ahora sí, aquella tortura.

– ¿Estás bien?, dije yo.

Claudia me miró con la mano sobre las nalgas y mordiéndose los labios. Tenía pinta de que la habían roto el culo, pero no dijo nada. Al fin y al cabo, ella misma se lo había buscado. Víctor se acercó y la besó en la boca bajando las manos para agarrarla los glúteos con fuerza.

– No pasa nada, otro día…lo intentamos…

Sus palabras decían una cosa, pero la cara decía otra. Víctor estaba decepcionado por no haber podido lograr su objetivo, e incluso se le había bajado en parte la erección, a pesar de tener a mi mujer desnuda delante de él, con el pelo mojado, los pechos hinchados, en una imagen tremendamente erótica.

Se secaron mutuamente sin dejar de acariciarse y de darse besos. Víctor se anudó una toalla en la cintura, quizás avergonzado de haber perdido la dureza y Claudia se quedó desnuda secándose el pelo con la toalla. Fueron hasta la cama y al llegar Víctor dejó caer la toalla que le tapaba y se tumbó en la cama. Claudia siguió detrás de él.

Yo con toda la calma del mundo abrí el mueble bar y me serví una copa mientras ellos se besaban y se iban calentando de nuevo. Luego me senté en el sillón dispuesto a contemplar la escena, seguía muy excitado, pero ya no estaba tan tenso como al principio. Iba a disfrutar como un niño pequeño ante lo que se avecinaba.

Claudia tenía la polla de él sujeta con la mano y le pajeaba sin dejar de morrearse, a pesar de ello a Víctor no se le acababa de poner completamente dura, así que mi mujer sin que él se lo pidiera le fue dando besos por el cuello, el pecho, el ombligo hasta que llegó a su polla. Me miró fijamente cuando se la metió en la boca, lo hizo con tanta ansía que se la tragó hasta la mitad, no le cabía más y le dio una arcada cuando le rozó la garganta.

Tenía la boca llena de polla.

Se la sacó y comenzó a pasar la lengua por el capullo, chupándosela como un caramelo, luego se la volvía a meter en la boca y le pajeaba con la mano. La muy zorra estaba pasándoselo en grande jugueteando con su polla. Evidentemente no tardó en ponerse como una piedra por el gran trabajo que le hacía mi mujer, a la que pese a sus esfuerzos no le cabía toda dentro. Ni tan siquiera la mitad. Le sujetó la verga con la mano y le pegó un par de lametazos en los huevos.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, que buenoooooooooooooo, asiiiiiii muy biennnnnnn chúpame los huevos también…ummmmmmmmmmmmmmmmmmmm…

Víctor la sujetó por la cabeza casi obligando a Claudia a tragarse sus pelotas. Esto también lo consiguió mi mujercita que ahora parecía toda una experta en el arte de la felación. Yo no me aguanté más, dejé la copa en el suelo y tuve que sacarme otra vez la polla cuando vi a Claudia con los dos cojones de Víctor llenando su boca mientras le pajeaba con la mano.

No contento con eso Víctor echó las piernas hacia atrás mostrando el culo a mi mujer que entendió el mensaje. Le soltó un lametazo en todo el ano y fue subiendo para arriba hasta llegar a sus testículos. Repitió lo mismo varias veces, pero cada vez se entretenía más con la lengua en su culo, así hasta que enterró la cabeza bajo las piernas de Víctor que la apretó contra su cuerpo.

Claudia le estaba comiendo el ojete a aquel tío.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, joder que gustoooo, joder que gustazooooooo, por diosssssss…

Luego Víctor me miró a mí y me dijo.

– Joder que bueno, vaya lengua tiene tu mujer, no me habían chupado el culo así en la vida…ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

Yo me estaba pajeando viendo aquello y me encantó cuando al fin Claudia sacó la cara de entre sus piernas limpiándose la barbilla. También ella me miró y sonrió al ver que me estaba masturbando y disfrutando como ellos. Se volvió a meter unos segundos la polla de Víctor en la boca y se la mamó para ponérsela más dura, si es que era posible.

Aquella verga estaba en todo su esplendor, grande, dura, roja e hinchada.

Claudia jadeando se la meneó con su pequeña mano y subió hacia arriba para darle otro morreo que Víctor aceptó. Luego se puso a cuatro patas mirando hacia mí y ella misma se abrió las nalgas ofreciéndole el coño para que se la clavara.

– ¡Vamos fóllame delante de mi marido!, dijo Claudia.

Esta vez Víctor no se hizo desear, se puso también de rodillas detrás de ella y de un empujón se la metió bruscamente. Yo me pajeaba más deprisa frente a ellos que de vez en cuando me miraban. No tardaron en coger un buen ritmo, Víctor la sujetó por la cintura y fue aumentando la velocidad hasta que Claudia no podía hacer otra cosa que cerrar los ojos y abrir la boca gimiendo ante la follada que le estaban pegando.

Luego Víctor cambiaba la velocidad y la embestía fuerte, pero se detenía, recreándose a cada sacudida con el sonido que producía.

– ¡¡Que buena estás, me encanta follarte así!!, ¿me has oído cornudo?, me encanta follarme así a tu mujer…

– Siiiiii, hazlo, dije yo meneándome la polla.

Víctor sujetó por el pelo a Claudia y la obligó a levantar la vista.

– Jajajaja, mira a tu marido…como se pajea…llámale cornudo…

Ella ni lo dudó.

– Ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhh cornudoooo ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh cornudoooo de mierda, eres un puto cornudooo, ahhhhhhhhhhhh, dijo Claudia.

Yo cada vez me masturbaba más rápido. Me encantaba que me insultaran en esos momentos.

– ¿Soy un buen cornudo?, les pregunté yo.

Víctor se rio de nuevo, acelerando lo más rápido que podía otra vez sus acometidas y luego puso cara de mala hostia mientras se jodía más fuerte si cabe a mi mujer. Parecía que la quería reventar de lo duro que la daba. No tardó en soltar un primer azote sobre el glúteo derecho de mi mujer, PLAS, que puso cada de dolor, pero luego siguió gimiendo más alto.

– ¡Que gozada cornudo!, y ahora vas a ver cómo me corro dentro de tu mujer, ¡ vamos puta, date la vuelta!, dijo Víctor.

Claudia se tumbó boca arriba y Víctor se puso encima. Se la metió a la primera en su dilatado coño, ahora desde donde estaba yo lo que veía eran los huevos de Víctor golpeando contra el cuerpo de mi mujer mientras se la clavaba hasta el fondo. Claudia le rodeó con las piernas sobre la espalda de Víctor que cada vez se la follaba más rápido.

Los dos aumentaron el sonido de sus gemidos, cada vez más alto e intensos. Yo me solté la polla y le di otro trago a la copa, no quería correrme todavía. El que sí terminó unos minutos más tarde fue Víctor, tensó el culo y comenzó a descargar dentro de mi mujer que también estaba a punto de llegar a su orgasmo. Otra vez la echó una corrida caliente, espesa y abundante mientras rozaba su útero con la punta de la polla.

Cuando se apartó a un lado Claudia siguió con las piernas abiertas, tenía el agujero del coño abierto y de él manaba hacia abajo el semen de Víctor que caía en las sábanas. Mi mujer me miró, no había llegado al orgasmo y le dijo a Víctor.

– Ahora déjanos a solas…por favor…

Víctor no dijo nada, él había hecho ya su trabajo, había quedado satisfecho y al ver a Claudia así sin cerrar las piernas mientras su semen se le salía del coño, sabía que ahora era nuestro momento. Con tranquilidad se fue vistiendo y cuando terminó se subió a la cama y le dio un beso a mi mujer.

– Esta semana te llamo.

– Vale.

Luego al pasar a mi lado me dio una palmadita en la espalda y me dijo.

– Toda para ti, disfruta cornudo…

Salió de la habitación y al quedarme a solas con Claudia le di un último trago a la copa, luego me desnudé y me acerqué a la cama poniéndome a los pies de ella. Estuve un rato admirando a mi mujer desde esa posición mientras me hacía una paja, luego saqué el móvil y la hice unas cuantas fotos desde varios ángulos. No todos días uno puede ver a su mujer desnuda, con el pelo semi mojado, las tetas hinchadas y el coño abierto y recién follado por otro tío mientras se la escurría el semen hacia abajo.

– Deja eso y ven aquí, ahora sí, quiero que me lo comas bien, venga cornudo chúpamelo, dijo Claudia acariciándose las tetas muy excitada.

Me subí a la cama y me acerqué gateando hasta su coño, que todavía palpitaba, como si tuviera vida propia. Que gozada, creo que hasta me relamí. No sabía ni por dónde empezar.

31

Lucas y Mario quedaron juntos para ir a recoger las notas finales. Sabían que habían aprobado todas, pero aun así estaban nerviosos, cuando lo hicieron se sentaron fuera en unos jardines que había frente a la puerta del instituto a comentar sus puntuaciones.

– Bueno, pues ya está, hemos terminado el instituto.

– Nos falta la EBAU.

– A estudiar un poquito más, dijo Lucas, – Y para el año que viene la universidad, que ganas tengo de ir, debe haber cada tía, están buenísimas, tenemos que follar todo lo que podamos…

– Tendrás tú queja, dijo Mario que acababa de cortar con su novia.

– No, pero tú tampoco, que has estado todo el curso metiéndola cabrón, jajajaja.

– Jajajajaja.

– Esa tía es tonta, no va a encontrar otro como tú…

– Bueno, se va a estudiar fuera, casi mejor así…

– Olvídala Mario, tú puedes tener a la que quieras, eres rubio, guapete y un buenazo…

– Gracias tío, bueno ¿y tú que tal con Mariola?, ya lleváis unos tres meses, ¿no?

– Si, más o menos, pues ahí seguimos, bufffff, cada día me pone más, me estoy encoñando con esa tía, me vuelve loco follar con ella, pero es una relación imposible, ¡si tiene 20 tacos más que yo!, quedamos para lo que quedamos…

– Ya, pero bueno, para follar es perfecta, madura, está buenísima y no tienes ningún compromiso con ella.

– Eso sí y tiene un vicio, uffffffffffffffffff, mira te voy a contar algo que no se lo he contado a nadie, ni se te ocurra decir nada de esto, eh…

– ¿El que?

– Que el otro día fui a verla al banco donde trabaja.

– ¿Ah sí?, ¿y qué tal?

– Pues lo habíamos hablado un poco de que quería ir a verla un día y eso, no para hacer nada, sino en plan morboso…

– ¿Y a ella le parecía bien?

– Al principio no quería, es muy seria con su trabajo, pero tampoco me decía que no, jajajajaja, así que le dije que el jueves me iba a pasar por el banco…

– Y lo hiciste.

– Si, allí me presenté, solo estaba ella en su despacho y otra chica que trabaja también en la oficina, en cuanto me vio salió a recibirme, la otra chica estaba ocupada con un matrimonio y Mariola me metió en su despacho.

– Mmmmmmmmmmmmm, suena interesante.

– Ya te digo, Mariola estaba muy guapa, con unos pantalones así oscuros de vestir y una blusa blanca de dos botones, no veas que morbazo me dio verla en su despacho de directora de banco…

– Me imagino.

– Se la escapaba una medio sonrisa nerviosa, me dijo que no tenía que haberme presentado allí, pero se notaba que estaba encantada de que hubiera ido a verla.

– Como son las tías…

– Jajajajajaja, siii, pues luego empezó a hacer como si me explicaba una cuenta de ahorro joven, así poniendo números en un papel, intereses, tarjetas de crédito y tal…y yo diciéndole que estaba muy buena y me estaban dando ganas de sacármela.

– ¿No jodas? ¿y ella que decía?

– Que no lo hiciera, ¡que estaba loco!, yo miré hacia atrás y había como unas persianas de estas, estaban así de medio lado, la compañera si se giraba podía vernos, pero poco y a mi menos que estaba de espaldas a ella, así que empecé a pajearme por encima del pantalón y se lo dije…

– ¿Y Mariola…?

– Hacía como que seguía explicando, pero se mordió el labio, joder tío se puso cachonda sabiendo lo que estaba haciendo, se lo vi en la cara, pero me decía que parara por favor.

– Pero no la hiciste caso.

– No, le dije que se estuviera tranquila, que su compañera no se iba a dar cuenta de nada, que tenía mucha práctica en hacerme pajas en sitios públicos, jajajajajaja, y luego la dije que me la iba a sacar.

– Si no fuera porque he visto como lo hacías en clase no me lo creería, jajajajaja.

– Jajajajajaja.

– Así que te la sacaste…

– Por supuesto, me desabroché el pantalón, me cubrí un poco así con la camiseta y me metí la mano por dentro, mientras ella hacía como que me explicaba lo de la cuenta yo me estaba pajeando sin dejar de mirarla.

– ¿Y Mariola decía algo?

– Que va, lo peor fue cuando entró la compañera en nuestro despacho, se quedó blanca Mariola, jajajaja, la hizo una pregunta y yo disimulando, no se dio cuenta de nada…luego salió del despacho cerrando otra vez la puerta y Mariola me dijo “te voy a matar cabrón” y yo seguí haciéndome la paja.

– Jajajajajajaja.

– Luego empezó a explicarme la aplicación móvil de su banco y de repente me dice, no te muevas y va y se pone de pies y viene hasta donde estaba yo y se me inclina como enseñándome su móvil.

– La tenías calentorra….

– Ni te lo imaginas, va y me dice “me están entrando unas ganas locas de tocártela, enséñamela” y me aparté la camiseta.

– ¿Y qué hizo ella?

– Pues miró hacia atrás y al ver que la compañera estaba ocupada con otros clientes con disimulo y tapándose con mi cuerpo bajó el brazo y me agarró la polla, jajajajaja, ¿te lo puedes creer?, ¡¡me agarró la polla y se puso a hacerme una paja durante 10 segundos!!

– ¡Joder que morbo!

– Ya te digo, me encantó…

– ¿Te corriste?

– Al principio no, me la soltó para volverse a su sitio, pero yo le dije que por favor me terminara la paja, que estaba a punto de correrme y lo hizo, volvió a mi sitio, me dio su móvil disimulando y ella de pie se puso detrás, se agachó como si me estuviera explicando la aplicación y me la agarró, mientras me pajeaba me decía “joder que ganas de metérmela en la boca” y en unas pocas sacudidas me hizo correr, no duré nada, ni 30 segundos…

– Jajajajajaja

– Jajajajajajaj, salí con la camiseta mojada, disimulando como pude…

– ¿Y ella?

– Allí la deje limpiándose la mano con una toallita húmeda.

– Vaya historia tío…

– Ya, lo peor es que no puedo repetir, ella no me deja volver a su banco, dice que sería muy cantoso que volviera por allí, mejor no arriesgar…

– Si, es normal…

– Anda, mira quien viene por ahí. JODER que buena está la profe…

– Si, su amiguita…

– La voy a echar de menos…no creo que en la Uni haya profesoras como ella, es de la nota que estoy más orgulloso, del notable de inglés, está muy buena y es muy zorra y lo que quieras, pero hay que reconocer que es difícil encontrar una profesora mejor que ella, dijo Lucas.

– Si, es verdad.

– Me gustaría ir a su despacho y darle las gracias por todas las clases que nos ha dado y el trato, pero después del corte que me pegó la última vez, creo que paso.

– Hombre no creo que te diga nada, yo creo que le gustaría…

– ¿Vienes conmigo?, dijo Lucas.

– No, no, yo paso, me da vergüenza, dijo Mario.

– Yo solo no voy a ir…no debería…bueno no sé qué hacer…¿voy o no?, ¿de verdad crees que le gustaría que fuera a darle las gracias?

Efectivamente Claudia iba por la otra acera del instituto y se acercaba a la puerta. Llevaba un look informal, con una falda vaquera, camiseta blanca y zapatillas también blancas, habían quedado los profesores para celebrar el fin de curso con un pequeño almuerzo.

Habían comprado un poco de empanada, unas tortillas y refrescos, estaban todos los profesores, el conserje, los de mantenimiento y por supuesto el director que prácticamente se estaba despidiendo de todos. Claudia que siempre iba perfectamente vestida había decidido ponerse algo informal para intentar mostrarse más cercana con el resto de compañeros, sabía que ya como Jefa de estudios algunos la miraban con reticencia o pensaban que era una pija estirada y ahora que iba a ser la directora esa sensación se iba a incrementar todavía más. Se mostró más simpática y habladora que nunca en un comportamiento que sorprendió a los otros profesores.

Luego estuvo hablando un rato con Don Pedro que en unos días daba por finalizada su andadura como director. Claudia le pasó la mano por el hombro en un gesto cariñoso y él la correspondió pasando la mano por su cintura. No le extrañó a nadie que hicieran eso, Don Pedro era un viejo amable y educado al que tenían mucho cariño y era un gesto normal en él. Ni remotamente se podían imaginar los otros profesores lo que había pasado entre él y Claudia.

– Muchísimas gracias por todo, me ha ayudado muchísimo, dijo Claudia.

– Gracias a ti, vas a ser una estupenda directora, ya lo sabes, la última semana de Junio iré recogiendo el despacho por si quieres ir llevando cosas…

– Vale estupendo…así lo haré, la pena es que no hayamos podido tener alguna reunión más, dijo Claudia.

– Cuando quieras…estoy disponible, cualquier cosa no dudes en llamarme o preguntarme…

– Quizás podamos tener una reunión antes de que llegue Julio, unas últimas dudas…

– No te preocupes Claudia, si ya lo controlas todo…

– No se crea, no me importaría una última reunión…

– Por mi encantado, cuando quieras…

– ¿Le parece bien si la semana que viene me paso una tarde?, así estamos más tranquilos, se insinuó Claudia.

– ¿Qué día te viene bien?, dijo Don Pedro emocionado ante la insistencia de Claudia.

– El jueves, por ejemplo, ¿a las 4?

– Vale, deja que lo apunte, que uno ya tiene la cabeza, dijo el viejo.

Una vez terminado el almuerzo Claudia se metió en su despacho. Era un día caluroso de Junio y estaba mucho más relajada una vez que se habían terminado los exámenes. Entonces se acordó de Víctor, llevaba 40 días sin verse con él y en ese momento le apeteció hacerlo. Estaban muy bien los juegos con su marido, le encantaba los ciber encuentros con Toni, fantasear con sus alumnos y además el saber que iba a volver a quedar con el viejo director la semana siguiente había hecho que se excitara de repente. Pero necesitaba algo más, no le bastaba con eso, necesitaba una enorme polla que llevarse a la boca y que se la follara en condiciones y si podía ser delante de su marido mejor. Mas morbo.

Y eso solo se lo podía dar Víctor.

Cogió el móvil y le llamó por teléfono. Llevaba una temporada sin hablar con él y al final de la conversación ya habían quedado para volver a verse en Madrid el fin de semana siguiente. Luego le mandó un mensaje a su marido para decírselo, sabía que a David le encantaban ese tipo de mensajes a media mañana y después se quedó sentada en su silla. Pasando sus últimos momentos en ese despacho. Le iba a echar de menos.

Se presentaba una semana entretenida, primero quedando con el viejo director, no quería que se la volviera a escapar de las manos la situación como el día que le acabó haciendo la paja, pero tampoco podía decir que la disgustara, de hecho, la situación fue tan caliente que tuvo uno de los orgasmos más intensos de su vida. Y luego estaba lo de Víctor, otra vez iba a viajar con su marido para que se la follara delante de él, los encuentros a solas estaban bien, pero se ponía mucho más cachonda cuando estaba David en la habitación con ellos.

Cuando se quiso dar cuenta el coño le estaba palpitando y había apoyado un pie en la silla. Se subió la falda vaquera y apartando las braguitas se empezó a masturbar abriendo bien la pierna que tenía semi flexionada. Estaba muy mojada y por lo general llegaba al orgasmo con mucha facilidad en cualquier sitio, pero en su despacho todavía le era más fácil correrse. Le excitaba especialmente ese lugar, apenas tardaba un minuto en terminar. Se acarició las tetas por encima de la camiseta y cuando se rozó el clítoris con los dedos cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás. “Que buenoooooo, mmmmmmmmmmmmmmmmm que buenooo”. El cuerpo de Claudia comenzó a temblar con un potente espasmo que la sacudió de los pies a la cabeza. Se estaba corriendo.

Todavía estuvo unos segundos más teniendo unas pequeñas contracciones y cuando se incorporó sobre la silla la puerta de su despacho estaba un poco abierta.

¡¡Lucas estaba allí de pies mirando con los ojos abiertos como platos!!

– ¡Perdón!, dijo echándose la mano a la boca y saliendo como alma que lleva el diablo.

Claudia pegó un bote en la silla y se incorporó de repente mientras el corazón le latía a mil pulsaciones. Un alumno la había pillado pajeándose como una cerda en su despacho, apartándose las braguitas a un lado y tocándose las tetas. ¿Cuánto tiempo llevaría allí?. No podía ser, se había confiado. “No, no, no, joder vaya fallo”, pensó Claudia tapándose la cara con las manos.

Se quedó unos segundos analizando las posibles consecuencias de que un alumno la hubiera pillado así, lo primero es que seguramente en unos días los supiera todo el instituto, aunque tenía la ventaja de que ya no había clase y que seguramente nadie se lo iba a creer. Sería una leyenda que nadie podría demostrar. Pero ahí quedaría. Luego seguramente Lucas se lo contaría a Mariola también. Le dio vergüenza pensar en esa situación, no le quería dar explicaciones a su amiga, siempre se le había dado muy mal mentir, si Mariola le mencionaba el incidente ella se lo acabaría reconociendo y tendría que pasar ese mal trago.

Al fin y al cabo, analizándolo bien tampoco era tan grave la situación. Había sido un poco violenta si, un alumno la había pillado, pero ¿quién le iba a creer?, solo tendría que aguantar unas semanas los rumores, si es que los había y luego se olvidaría todo en el verano. Pensando estas cosas se calmó un poco, lo mejor era estar tranquila y no darle importancia.

Ya no podía cambiar las cosas.

Sin embargo, se dio cuenta de que haberse corrido no la había calmado. Mas, bien al contrario. El coño la palpitaba, estaba muy mojada y tenía las tetas muy sensibles. Todavía estaba mucho más excitada que antes y sin darse cuenta se estaba volviendo a acariciar por encima de las braguitas. “No. otra vez, no”.

Aunque se hubiera corrido de nuevo, decidió no hacerlo, no le parecía correcto después de que la hubieran pillado infraganti. Se puso de pies, bajándose la falda y salió a toda velocidad hasta que llegó al coche. Agarró el volante con la respiración muy acelerada y trató de calmarse, pero no podía. La imagen de Lucas observándola abierta de piernas en la silla se le venía a la cabeza una y otra vez. Ahora casi jadeaba sin tocarse.

Estaba demasiado cachonda.

El móvil me vibró en el pantalón. Eran dos WhatsApp de mi mujer.

– He estado hablando con Víctor y he vuelto a quedar con él para el fin de semana que viene, luego te cuento. Tú también vienes cornudo. 12:38.

Se me puso dura el momento. Tuve que entrar en la oficina de la fábrica unos minutos y me senté en la mesa. Todavía me acordaba de lo que había pasado con Víctor en el último encuentro con él, aquella noche es de las que no se olvidan. La cena, lo del taxista, la corrida en la cara de mi mujer, lo de la ducha, el verlos follar como animales en la cama. Había sido brutal.

Y de postre cuando nos quedamos a solas Claudia me esperó en la cama con el coño rebosante de la leche de Víctor. Me puse de rodillas e hice que se corriera con mi lengua. No me importó saborear su esperma, más bien al contrario, me puse más caliente todavía limpiando su corrida del coño de Claudia, que luego me dejó follármela. Le metí mi pequeña polla en aquel agujero acostumbrado a la enorme verga de su amante, lo tenía caliente, húmedo y sobre todo abierto.

Víctor le había dejado el coño bien abierto a mi mujer.

Me la follé en un misionero calmado y lento, disfrutando de aquella sensación hasta que me corrí dentro. No podía imaginarme una noche mejor y más morbosa que aquella. Víctor se había puesto el listón muy alto.

La pena es que fue en el mes de Mayo y luego Claudia ya comenzó con el tema de los exámenes, por lo que interrumpimos los encuentros con él. Tampoco mi mujer fue a verle por su cuenta, así que ya llevaban casi mes y medio sin follar. Me supuse que Claudia tendría igual o más ganas de ir a Madrid que yo.

En ese tiempo tampoco fantaseamos con Don Pedro, Claudia no sacó el tema y parecía que se había enfriado la cosa también en ese aspecto. Solo nos quedaba Toni con el que nos seguíamos conectando una o dos noches a la semana. Cada vez veía más lejano un encuentro con él, aunque Claudia no se negaba en rotundo, pero estaba muy reacia a que nos viéramos en persona y yo no insistía mucho en el tema.

De repente llamaron a la puerta de la oficina, pensé que era algún trabajador, pues Sebas, el otro encargado de la fábrica entraba sin llamar.

– Si, pasa, dije en alto.

Entonces me llevé una gran sorpresa. ¡¡Apareció Gonzalo, mi cuñado!!. O ex cuñado, mejor dicho. Llevaba meses sin verle, creo que desde el día de la boda en el que masturbó a mi mujer. No me lo esperaba en absoluto y me puse de pies con el corazón latiendo a toda velocidad. ¿Qué cojones querría éste?

– Que tal David, buenos días, perdona que me presente así sin avisar, dijo estrechándome la mano con fuerza.

– Hola Gonzalo, ¿qué haces aquí?

– Veo que sigue todo igual, dijo mirando hacia la fábrica. ¿qué tal todo?

– Pues bien, como siempre…disculpa Gonzalo, pero creo que no es procedente que estés aquí…ya lo sabes…

– Si, lo sé, tranquilo no voy a causarte ningún problema, solo me gustaría hablar contigo unos minutos…¿salimos fuera y me dejas que te invite a un café?…

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