LOLA BARNON

En ese instante, llegaron otros tres mensajes casi consecutivos. Los leí sin ninguna dificultad y el alma se me cayó al suelo.

Patricia

Ya he terminado

Cenamos, no?

Qué tal con Mamen?

Nico se volvió para presentarme a su amigo, un compañero de pádel o del gimnasio. No me enteré muy bien. Mientras me besaba en ambas mejillas y yo, de nuevo, forzaba una sonrisa, no me quitaba de la cabeza los mensajes de Patricia.

Intenté disimular y hasta creo que lo conseguí porque el amigo no puso ninguna cara, ni se extrañó. Tampoco Nico. Cuando terminaron de saludarse y de comentarse alguna cosa de la que no me enteré, me despedí y fui a mi coche.

Allí dentro, me eché a llorar. Luego, cuando pude serenarme, llamé a Tania por el manos libres. Ni siquiera podía esperar a llegar a su casa.

—Tania…

—¿Qué te pasa? —me preguntó preocupada.

Me había notado en mi voz que la cosa no iba muy bien.

—Por favor… y no me mientas, te lo ruego. —Me detuve y me sequé las lágrimas de mis ojos de un rápido manotazo—. ¿Nico está liado con la tal Patricia? Por favor, dime la verdad.

Tania no me respondió enseguida y aquellos segundos de silencio se me hicieron eternos, mientras un dolor muy profundo empezaba a abrirse camino.

—Tania… dímelo, por favor.

—No lo sé, mi niña. Te prometo que no lo sé.

—Dime qué sabes, por favor.

—Lo que ya te dije… pero ven a casa y lo hablamos, no quiero que te disgustes conduciendo.

—Estoy bien, Tania… dímelo, te lo suplico.

De nuevo hubo un pequeño silencio y otra vez esa sensación de miedo y de pérdida se empezó a mostrar fría y contundente en mi pecho.

—No sé si salen o tienen una relación estable, Mamen… de verdad te lo digo.

—Se están viendo, Tania… —Volví a tener un amago de hipido y un pequeño sollozo salió de mi boca—. Se ven…o salen. Lo he visto en su móvil. ¿Tú lo sabías?

Casi podía ver a Tania tragar saliva, mirar al techo y buscar unas palabras que no me dolieran.

—Se han visto, sí. Te lo dije, mi niña. Pero no sé si el tema va en serio, Mamen. Lo que te dije, es verdad… —me recordó—, se han visto y posiblemente salgan. No sé si es serio o solo de vez en cuando. Pero no sé nada más… ¿Qué ha pasado?

Se lo conté. Le dije lo de las llamadas y el mensaje. Todo lo que Nico me había dicho y la sensación de ambigüedad o de desconocimiento que me embargaba en ese momento. ¿Qué debía prevalecer? ¿La esperanza que me daba Nico o la sospecha de que se veía con regularidad con Patricia?

—Mi niña… recuerda lo que te dije. Haz tu vida. Si Nico y tú al final volvéis, me alegraré mucho. Pero si te veo sufrir, no. Y lo pasas mal con este tema. Estás anclada, no avanzas y no tomas decisiones sobre tu vida… Y así, mi niña, no puedes seguir.

—Es que no sé qué hacer, Tania…

—Tienes que decidir por ti. Tú vales lo suficiente como para que no dependas de nadie. Necesitas avanzar… Necesitas volver a la vida, mi niña. Si es con Nico, perfecto. Pero entre tanto, tienes que dar pasos, Mamen. No te puedes quedar eternamente esperándolo. Porque… porque, no sabes si volveréis a estar juntos.

Aquellas palabras hicieron que dos nuevas lágrimas rodaran por mis mejillas. Era duro darse cuenta de que no podía hacer mucho más que esperar, y Tania, tenía razón. No debía estar esperando eternamente…

—Mi niña… ¿estás ahí?

—Sí… —dije sorbiendo por la nariz.

—Ven a casa, anda… Y charlamos lo que quieras.

Los minutos que me quedaban hasta llegar a casa de Tania no pude evitar la reflexión constante de que tenía razón mi amiga. Podía ser doloroso para mí, pero era preciso que yo empezara a hacer mi vida, en tanto que Nico tomaba una decisión. Yo iba a esperarlo un tiempo, pero no eternamente. Y solo ese paso de los días, diría si nuestra relación volvería a ser la de antes. Aquella en la que no existieran Jorges, ni Javieres, ni Sergios ni Adrianes…

Llegué a casa de Tania y subí en el ascensor con esa sensación agridulce de cuando no sabes quedarte con ninguna de las opciones o alternativas que se presentan. Abrí la puerta y Tania me abrazó enseguida.

Nos sentamos en el sofá y ella cogió mis manos.

—Mi niña, tengo que irme a la comisaría, pero no sin antes que me digas qué ha pasado entre ustedes…

Negue despacio con la cabeza. Luego respiré e intenté sonreír.

—La verdad es que no ha ido tan mal… O, por lo menos, así lo creo.

—Entonces, ¿por qué estás tan abatida?

—A ver… Tania, es que… no lo sé. Nico me ha dicho que por ahora no puede seguir conmigo… de pareja, en una relación estable… Pero, bueno… —me encogí de hombros y volví a intentar sonreír— también me dice que podemos vernos, quedar… tomar un café… y que se verá. Que, el tiempo y todo eso…

—Pues no es malo, Mamen. En serio que no lo es. —Se calló un momento, pero al ver que yo no continuaba, ella prosiguió—. ¿Y lo de los mensajes? ¿Te ha dicho algo Nico si se ve con ella?

Negué despacio.

—Patricia… —susurré—… la del gimnasio… Yo sé que Nico le gusta. Lo sé Tania, lo sé… Estoy completamente segura —repetí desconsolada—. Tú sabes que esas cosas no se nos escapan a las mujeres

—Ya me hablaste de ella… La pusiste de arpía para arriba, mi niña. ¿Estás segura de que va a por Nico?

—Lo es. Sí… estoy convencida. Tania. Bueno, el hecho es que como te he dicho antes, cuando hemos terminado de hablar Nico y yo, ha llegado ese amigo, se han saludado y eso, y su móvil se ha quedado con la pantalla hacia arriba. Y en ese momento, han entrado tres mensajes de ella. Le decía que ya había salido, que si cenaban y que qué tal conmigo —dije casi de corrido—. Es decir, que hay cordialidad, mucha confianza. Nico le ha hablado de que íbamos a vernos. Y han quedado a cenar… ¿Entiendes, Tania? Se ven… Se ven… —repetí.

—Vale. —Tania me miraba a los ojos mientras continuaba sosteniendo mis manos—. Se ven, se comunican y él le ha informado de vuestra conversación. Incluso te diría que está nerviosa por lo que haya sucedido. Si no, no pregunta por ti. ¿Lo entiendes, no?

Tania solía poner un punto de racionalidad o deductivo a mi vida en esos días. Lógico, por otra parte.

—Ya… pero también que creo que está con ella, Tania. Muy cercana esa conversación. Lo de que ya sale, si cenan… Y sí, te compro que pueda preocuparle que yo estuviera con él y lo que nos dijéramos… Pero que pregunte tan directamente a Nico, de mí, me cabrea.

Tania me abrazó con una sonrisa.

—Mi niña… —me besó en la cabeza y me acarició el pelo—. Haz lo que te dice Nico. Da tiempo al tiempo. Lo primero, haz tu vida, disfruta de lo joven y bonita que eres. Queda con él, muéstrate simpática, divertida… Entre eso, y el bellezón que eres, cielo… ganas fijo. Pero no puedes amargarte. Se que lo que te digo, no es nada fácil. Pero es la puta verdad. Tienes que salir del pozo en el que te estás metiendo.

—Lo sé… —reconocí.

—Mañana, cuando salga de la guardia, nos vamos a comer y charlamos de todo, reina. ¿Vale?

Asentí.

—No sé qué haría sin ti, Tania…

—Ven aquí —me abrazó con un achuchón—. Con lo bonita que eres y los miles de tíos que se pirrarían por ti, mi niña…

—No tantos…

—Centenares, mi niña… O miles. Mañana, corazón, lo vemos todo, lo hablamos. Prométeme que vas a dormir bien, tranquila y que mañana nace una nueva Mamen. ¿De acuerdo?

—Sí… —me limpié los ojos y sonreí—. Pero prométeme una cosa.

—Dime.

—Necesito saber si está con Patricia, Tania.

Ella movió la cabeza en señal de desacuerdo.

—Mi niña —me decía mientras me acariciaba la mejilla—, ¿para qué? Debes hacer tu vida.

—Lo sé Tania. Sé que tienes razón. En serio. Pero te lo pido. Si está con Patricia, pues me olvidaré de él. De verdad. No… no quiero entrar en una competición con ella. ¿Lo harás?

Mi amiga asintió. Note que su convencimiento no era real y que si lo hacía, era exclusivamente por mí. Pero en ese momento, no podía agarrarme a esperanzas falsas.

—Vale. Pero ahora prométeme tú una cosa.

—De acuerdo.

—Que tanto si me entero como si no, cambiarás el chip. Mamen, necesitas volver a ser tu misma. Con tranquilidad, con prudencia… pero tú misma. ¿Prometido? —Tania me miraba seria, con esos ojos rasgados que hechizaban.

Tania se fue a los diez minutos después de que viera y comprobara que me quedaba tranquila. Mi amiga tenía razón. No podía anclarme en él. O no debía, mas bien. Yo deseaba que Nico volviera a mí, pero entendía que eso no fuera posible por el momento. Y Tania también estaba en lo cierto cuando me aconsejaba que no me encerrara en mí misma y renunciara al mundo. Habían pasado dos meses desde nuestra ruptura y no había hecho otra cosa que llorar, mortificarme, compadecerme de mí misma y apenarme.

Me levanté de la silla de la cocina en donde me disponía a prepararme la cena sin ninguna gana. Con pena, con tristeza porque no era capaz de vislumbrar nada con Nico por el momento, a pesar de las buenas palabras de Tania, de su racionalidad y sentido común. Era posible que, en efecto, el tiempo jugara a mi favor. Que nos siguiéramos viendo, que poco a poco recuperáramos nuestra relación. Sí, era posible. Y lo contrario, también, me dije mirando por la ventana de la cocina mientras me tomaba el té que solía hacer siempre con Nico después de cenar en nuestra terraza .

Recordé nuestras noches cuando charlábamos antes de que Jorge entrara en nuestras vidas introduciéndolo Nico. Hubiera dado todo porque, que no hubiera sucedido aquella infausta conversación sobre la empresa de escorts que había entrado como cliente en la agencia. Vi mi móvil encima de la mesa y un par de mensajes de una red social. Curioseé un par de minutos por ellas y me detuve en uno que me sacó una ligera sonrisa. Me imaginé que la vida fuera como los tweets y followers, mensajes y contestaciones. Todo muy simple y sencillo.

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