ABDER MAIS

Capítulo 22

La Verbena

Al día siguiente, pasamos la mañana por casa. Al medio día, salimos los tres hacia el pueblo a tomarnos algo. Ya era día de fiestas y había bastante gente desde bien temprano. Natalia se había puesto una falda corta con una camisa a cuadros sin mangas.

Anduvimos tomándonos algo por los bares del centro del pueblo. Los tres solos. Alberto, supuestamente, no estaría hasta la noche. Erika nos contó no sé que clase rollo sobre algo que solía celebrar con sus amigos: una parrillada o algo así…

Al principio, la cosa no estuvo muy animada. Aunque había bastante gente y el ambiente era totalmente festivo, la tensión entre mi chica y su prima era latente. Aunque, después de varias cervezas, la cosa se fue animando un poco.

Estando en la terraza de uno de los bares, en un momento que Erika entró al baño, me acerqué a Natalia…

—Cariño, ¡anima esa cara!, estamos de fiesta —le dije pegándome a ella, en frente suyo, dándole un piquito y desabrochándole lentamente y con picardía un botón más de su camisa.

—¿Qué haces…? —me contestó con una sonrisa, pero tapando con la mano el gran escote que se le formaba con otro botón más desabrochado.

—Tranquila, vida, así estas mejor. Mmmmm ¡Qué ganas tengo de que llegue la noche y poder follarte! ¡Cómo me pones! —le susurré al oído, mientras le daba un leve mordisquito en su oreja y veía tímidamente cómo nos observaban un grupo de chicos que andaban por allí.

—Amor, mira… ¡date la vuelta! Mira quien está ahí —me avisó Natalia, entre nervios y apuro.

Me dí la vuelta, como me pidió, y dentro de un grupo de tres chicos y una chica vimos a Sergio, el ex novio de Erika que habíamos conocido el pasado año.

Nos quedamos mirándole durante unos instante, esperando su respuesta. Él, tímido pero decidido, nos saludó alzando la mano, mientras oteaba discretamente a todo su alrededor, supuse comprobando si andaba por allí Erika.

Natalia y yo permanecimos unos segundos más sin saber qué hacer. Le devolvimos el saludo, mientras y él fue lentamente separándose del grupo con el que estaba, acercándose hacia nosotros….

—¿Hola, qué tal? Encantado de veros… Habéis vuelto este año por lo que veo… —nos comentó Sergio, nada más llegar a nuestro lado.

La verdad, me extrañó la tranquilidad con la que nos saludó. Sabiendo que lo suyo con Erika no parecía haber terminado muy bien, me sorprendió que nos hablase como si nada hubiese pasado… Es verdad, que con nosotros sólo había tenido relación durante esa semana que habíamos estado el año anterior, pero nos habíamos caído muy bien y habíamos charlado mucho juntos. Sobre todo él y yo…

—Hola, Sergio… ¡Qué sorpresa! Encantado de verte… ¿Cómo te va? —le dije, dándole la mano y, la verdad, un poco nervioso por qué pasaría si Erika llegase y nos encontrase hablando con él.

—Bien… Aquí tomando algo con unos amigos —respondió él.

—Hola Sergio… ¡encantada de verte de nuevo.! —intervino mi chica, dándole dos besos. Luego, se largó rápidamente, entrando al bar en dirección al baño, supuse al encuentro de su prima.

Nos quedamos allí solos Sergio y yo.

Me sorprendió la manera en que mi chica se marchó al baño, nada más darle los besos: seca, sin avisar, incluso un poco nerviosa. Me pareció un poco falta de respeto hacia aquel chico, al fin y al cabo, Sergio no nos había hecho nada a ella ni a mí. No sabía qué problema habría tenido con Erika, pero nosotros nada teníamos en contra de él. Para mí, por lo poco que conocía de él, era tío genial. A mí al menos me caía muy bien.

—¿Se ha dio al baño, no? ¿A buscar a Erika…? —me preguntó él, observando el paso de mi chica hasta los servicios.

—Sí… Supongo que se irá para con ella… —le respondí, con un tono casi de disculpa y vergüenza, por el pequeño desplante que le acababa de hacer Natalia.

—Ya… bueno… ¿supongo que sabes lo que me pasó con Erika, no?

—No mucho, la verdad… Sólo sé que lo habéis dejado. Pero poco más…

—Bueno… yo no te voy a decir nada malo de Erika. Al fin y al cabo es prima de tu chica… Pero sólo te diré, que no es trigo limpio… A mí me puso los cuernos mogollón de veces. Y lo peor… que yo como un tonto ni me enteraba… —me dijo en tono medio de pena y frustración.

Sinceramente, lo notaba bastante dolido. Debía haber estado bastante enamorado de Erika, y debió haberle hacho bastante daño.

—Ya… lo siento… Yo la verdad que no sé mucho… No se ha hablado de este tema entre nosotros… Mi chica me contó que lo dejasteis… Se lo contó Erika… Nosotros no nos enteramos de lo vuestro hasta que llegamos aquí. Antes de venir no sabíamos nada —le comenté, mirando a ratos de reojo a los baños por si aparecían las chicas…

—No te preocupes, yo estoy bien ya. Lo pasé bastante mal al principio, pero ahora estoy genial. Esa chica no era para mí…

—Me alegro lo superes, tío. Te deseo suerte. Si te sirve de consuelo, mi chica y Erika andan un poco raras entre ellas estos días. Como medio enfadadas la una con la otra… —le dije, y la verdad que casi deseando ya dejar la conversación. No sabía cómo reaccionaría Erika viéndome hablar con su ex… No tenía ganas que me montase un espectáculo allí.

—¿Sí…? —me dijo con una sonrisa—. Mira… Yo llevo viviendo en este pueblo tres años. A mí, me caísteis muy bien cuando os conocí el año pasado y me parecisteis una pareja encantadora. Yo no me podía creer un montón de cosas que escuché estos meses después de dejarnos, sobre Erika y… —hizo un segundo de silencio— … Natalia, tu novia… —dijo medio susurrando y con algo de miedo en sus ojos.

—Dime… ¿Qué cosas? —le pregunté.

—Nada… Son chismes de alguna gente. No te quiero complicar. Lo siento, me voy, que viene ahí Erika con tu chica… Solo te digo una cosa: ¡ten cuidado con Natalia, no te vaya a pasar como a mí! —me soltó esto de golpe y se fue con sus amigos, que ya lo esperaban para marcharse a otro bar.

Llegaron las chicas, y Erika me miró fijamente, antes de preguntarme con rostro serio:

—¿Qué has visto a Sergio? ¿Estuviste hablando con él?

—Sí… sólo le saludé… Es buen tío —le respondí con tono seco, dándole a entender que no tenía porqué darle explicaciones sobre con quién charlaba.

Nos quedamos un rato más en ese bar y luego volvimos a casa…

Después de comer, para pasar la tarde, las chicas se fueron solas por un lado a tomar el sol al jardín, mientras que yo preferí subir a la habitación a pegarme otra buena siesta. Estaba bastante cansado de todos estos días, y me apetecía descansar para aprovechar bien la noche…

Me desperté un buen rato después, y escuché algo de ruido por la habitación de Erika. Me levanté y, al aproximarme al baño, escuché a Natalia llamarme desde dentro de la habitación de su prima…

—¡Luis, ven un momento! ¿A ver qué te parece esto?

Me acerqué hasta la habitación y, desde la puerta, divisé a mi chica agachada, como buscando algo dentro de los cajones del armario de su prima.

—¿Qué haces?… ¡Estas loca! ¿Dónde está Erika? ¡Te mata si te pilla revolviendo en su ropa! —le dije, apurado, pero a la vez con morbo por descubrir lo que estaría tramando mi novia.

—Tranquilo… No está. ¿Qué te parece este short? ¿Me lo pongo para salir esta noche?—dijo mostrándome un pantaloncito corto vaquero de Erika.

—Sí… Seguro te quedará bien. ¿Pero le has pedido permiso a ella para cogérselo?

—No. Pero me da igual. Éste ya casi seguro que ni le vale. ¡Con el culo enorme que tiene ahora! Se le va a poner la cara de piedra cuando me vea con él… luciéndolo mejor que ella… —Mientras me decía esto, se colocaba ese short por encima para intentar mostrarme cómo le quedaría.

—Sí, cariño… Vas a estar estupenda… Por cierto…. ¿a dónde ha ido Erika? —le pregunté.

—Se marchó ya con los amigos de Alberto. Han venido él y dos tíos más en un coche a buscarla, para irse ya al pueblo a beber. Me comentó antes de irse, que cuando quisiéramos ir para la fiesta que le diésemos un toque…

—Pero… ¿Tú sabes donde es, no?

—Sí, claro… Ya he ido más veces. La verdad, que irnos tan temprano con ella no me apetecía, y ademas tú estabas tan dormido en la siesta… —me contestó muy cariñosa, saliendo de la habitación con ese pantaloncito en la mano.

Hicimos un poco más de tiempo viendo un poco la televisión. Cuando se acercó la hora de cenar, preparamos unas ensaladas y bocadillos. Al terminar, decidimos subir arriba para prepararnos y salir hacia la fiesta.

Yo me di primero una ducha rápida, mientras ella terminaba de recoger la ropa que había lavado y la guardaba en la maleta. Al día siguiente por la tarde nos marchábamos.

Terminé la ducha, me vestí, y esperé a que llegase ella de recoger lo que quedaba de nuestra ropa en el tendedero de abajo.

Cuando llegó, me la dejó allí en la habitación y se fue hacia el baño. Se llevó consigo en una mano el short que le había cogido a Erika y una camisa sin mangas parecida a la que se había puesto al mediodía. En la otra, un tanga azul, un sujetador a juego y sus sandalias negras de tacón…

Estaba ansioso por verla con aquel conjunto. Iba a estar rompedora…

Mientras se iba duchando y preparándose, yo fui guardando toda la colada que se había traído. Al terminar, me tumbe en la cama a esperar a que saliese…

En ese tiempo, comencé a recapitular en mi mente todo lo ocurrido en estos días: desde ese día del primer topless hasta hoy… Me parecía increíble todo lo que había sucedido. Sobre todo, me detuve a recordar lo de la fiesta con Victor y el episodio del aparcamiento con Riqui…

Deseaba pero temía a partes iguales, que pudiese suceder esta misma noche algo similar con Alberto. Quizás esta vez no tendría la situación tan bajo mi control, como pensé tenerla entonces. Pero mis morbos por ver a mi chica deseada por otros me obligaba a intentar dejarme llevar de nuevo.

Tampoco podía sacar de mi mente la curiosidad por descubrir en qué habrían quedado sus rollos con Riqui. ¿Habría quedado solo en la llamada y en ese vídeo que les había mandado tocándose? No lo sabía, así que iba a esperar a regresar a nuestro piso para retomar mis charlas con Victor y preguntarle más sobre el tema.

Comencé a oír el secador de pelo desde el baño. Mi chica ya se estaba peinando. No debería tardar en salir…

Al momento, se vino ya a la habitación…

¡Dios! ¡Estaba rompedora! Se había maquillado espectacularmente. Se había puesto una sombra de ojos negra que dibujaba una mirada seductora total. Luego, se había puesto una base de maquillaje que resaltaba aún más el sutil bronceado que había cogido ya. ¡Estaba tremenda! Y también el peinado era increíble. El arreglo que le había hecho su tía días atrás, hoy lucía brutal esa la ropa y ese maquillaje que se había puesto.

—¿Qué te parece…? ¿Voy guapa? —me dijo, dándose vueltas delante de mí.

—¡Jodeerrr! ¡Vas como una diosa! —sólo le pude decir así, mientras la miraba embobado.

—¿Me queda bien el short de mi prima? —me preguntó, dándome la espalda para mostrarme su culo..

—Bufff… ¡Brutal! Te queda muy ajustado. Tenías razón. A tu prima no creo que le entrase ya… —le dije, levantándome y poniéndome tras ella para sobarle el trasero.

—Sí… ¿Te gusta? —Natalia giró su cabeza dándome un piquito.

—Ya te digo… ¡Estas tremenda! Te van a mirar todos… Bufff… ¡¡Qué buena estás!! —le susurré al oído, rozándole con mi polla su culo, mientras con ambas manos le desabrochaba un botón más de su camisa…

—Ya lo sabía yo… Me lo abroché sabiendo que me ibas hacer esto… —comentó Natalia al darse la vuelta. Me dio unpiquito, abultando sus tetas para que viese su tremendo escote.

Salimos hacía la fiesta. Natalia cerró la puerta con la llave que Erika le había dejado y se la metió en el bolsillo del short.

Caminamos en dirección al pueblo. Durante el trayecto, Natalia llamó a Erika para decirle que ya íbamos para allá y que nos dijese por dónde andaba.

Llegamos a la zona de la fiesta. Había bastante gente. Tenía pinta de que nos lo pasaríamos bien… Estaba en una explanada grande; había dos orquestas que iban actuar, varias atracciones, casetas y un par de barras de bebidas. Nos acercamos a una de ellas, y allí decidimos esperar a Erika. Pedimos un par de cervezas. Serían casi las 11 de la noche…

Llevábamos un rato allí, y ya casi nos habíamos tomado las cervezas, cuando por fin apareció Erika con Alberto y dos chicos más. Los tres se quedaron mirando a mi chica como impresionados. Erika presentó a Natalia a los dos chicos nuevos. A uno parecía que ya le conocía de hace años atrás, pero no se acordaba.

Al instante, Alberto nos invitó a todos a unas copas. Luego, nos sugirieron de irnos con ellos hasta una parte lateral de la fiesta.

Esa zona estaba abarrotada de gente. Muchos chicos jóvenes, algunos haciendo botellón, y otra gente ya de todas edades; sobre todo de treinta y pico a cuarenta años.

Erika estaba muy revolucionada. Parecía querer acaparar para si toda la atención. El vestido que llevaba era el que se había comprado el día anterior. Era cortísimo. Me fijé bien en ella. Mirándola con ojos morbosos y muy mal pensados, se podría decir que ese vestido le daba un aspecto de “guarrilla buscando polla”. Además, casi se le podía ver fácilmente el culo nada más que se agachase un poco. Comencé a sospechar que, posiblemente, todos la tuviesen como la “zorrita del pueblo”. Y, lo más curioso de todo, es que, conociéndola, seguramente eso a ella incluso le gustaba.

Al momento, volví mi atención en Natalia y vi cómo había comenzado una conversación con Alberto y sus dos amigos. Hablaban sobre cuánto tiempo hacía que no venía al pueblo, y ella les contaba pequeñas cosas de su vida de ahora; de su trabajo, sus amistades y tal… De momento, nada fuera de lo normal en una charla entre amigos que hacía años que no se veían.

Erika, de repente, se acercó a mí y comenzó a hablarme al oído. Natalia nos miraba de reojo, mientras comenzaba a agitar su cuerpo al son de la música, pero disimulando de las miradas de Alberto y sus dos amigos, que cada vez iban siendo más descaradas…

—Luis… ¿Qué… le quedan bien a tu chica mis shorts, eh? La cabrona me los ha cogido… —me dijo Erika al oído, con voz pícara, mientras observábamos a Natalia comenzar a bailar sola.

—Sí… le quedan genial —respondí.

—Ven, Luis… Vamos a buscar otras copas. Tenéis que animaros rápido… Nosotros ya llevamos toda la tarde bebiendo —Erika me agarró fuerte del brazo para llevarme hacia la barra.

Mientras me alejaba con ella, Natalia y yo nos miramos. Yo le guiñé un ojo, como indicándole que tenía camino libre para comenzar a tontear un poco con Alberto, como habíamos hablado.

Llegamos al bar y, mientras esperábamos nos atendiesen, Erika siguió hablándome al oído, muy pegada a mí. Podía sentir sus pequeñas tetas rozándose contra mi brazo. Estaba algo borracha ya, se le notaba en su voz. Estaba llamando mucho la atención de los tíos que teníamos a nuestro lado, con aquel vestido que llevaba. Podía notar perfectamente las miradas y sonrisas de aquellos tíos mirando su trasero.

—Luis… dime una cosa. ¿Ayer nos escuchaste follar, eh…? ¿Que te pareció? —me preguntó Erika, desvergonzadamente.

—Estuvo bien… No lo esperaba… Y nos pillasteis a Natalia y a mí dándole al tema —le contesté nervioso.

—Hace años… ya ocurrió algo parecido. Pero ese día las parejas eran cambiadas: Natalia con Alberto y yo con Juanjo —me susurró al oído, cuando ya llegaba el camarero a preguntarnos.

Pedimos copas para todos y yo las pagué. Me llevé como pude dos copas en cada mano y Erika las dos restantes. Llegamos otra vez junto al grupo.

Al volver, nos llevamos una sorpresa: nos encontramos a Natalia bailando con Juanjo. Debió haber llegado justo cuando estábamos en la barra.

Mi chica me sonrió, y miró luego a Erika con cara de pilla. Su prima endureció el gesto de golpe, con una cara que mostraba un enfado enorme.

Alberto y los otros chicos, estaban alrededor de ellos mirando la escena embobados. Observando, casi sin quitar ojo, cómo Natalia movía su culito con aquellos pantaloncitos cortos, y como bamboleaba sus tetas al son de la música.

Juanjo no la manoseaba mucho ni se pegaba demasiado a su cuerpo. Pero eso sí, parecía un excelente bailarín. Con lo que le gustaba el baile a mi chica, parecía encantada…

—¡Joder… este Juanjo! ¡¡Qué cabrón! Todavía ayer mismo me dijo que hoy no salía, que no se podía escapar de su mujer… y ahora lo encuentro aquí, bailando con mi prima… —exclamó Erika, hacia mí, notablemente molesta.

Al terminar la canción, Juanjo le dio dos besos a Natalia y se vino en dirección hacia donde estábamos nosotros parados, mirándoles con las copas en la mano.

—¿No dijiste que hoy no salías? ¿Donde está tu mujer? ¿No ha salido? —le interpeló Erika, parando a Juanjo agarrándolo del brazo.

—Sí, te dije eso… Mi mujer y yo ya lo hemos dejado definitivamente… Pero hoy me apetece salir solo con amigos. No creo que tenga que explicarte nada… ¡Lo que me faltaba Erika! Anda, ¡pásalo bien! Pero déjame en paz… —le contestó él, soltándose de su mano y yéndose hacia la barra, donde lo esperaban tres hombres y cuatro mujeres.

Erika se quedó mirando el trayecto de Juanjo hacia la barra y, al llegar con el grupo, vio cómo directamente le daba un morreo a una de esas chicas.

—¡¡Será cabrón… el muy cerdo!! Ahora pasa de mí, el muy hijo de puta —exclamó Erika, con cara de odio en su rostro.

Entregamos las copas. Natalia ya esbozaba una sonrisa de oreja a oreja. Por alguna extraña razón, la escena que acababa de presenciar entre Erika y Juanjo parecía haberla alegrado. Creí entender que tal vez con eso se habría vengado de alguna cuenta pendiente con su prima.

—Y tú qué…. ¡encima te pones a bailar con el ese cabrón! —le dijo Erika a Natalia.

—Ah… ¡con que ahora es un cabrón, eh! Pues hasta hoy bien que estabas loca por él. Desde que llegamos aquí, te has preocupado más de zorrear con él que de entretener a tu prima y su novio, que vinieron a verte. ¿Qué te creías?, ¿que ése era el amor de tu vida? ¡Te está bien empleado, Erika! ¡A ver si aprendes! —le contestó Natalia, como con rencor en sus ojos.

—Y tú… no te hagas la inocentita, que eres tan guarra o más que yo… ¡Mira que pinta que te traes con mis pantalones! ¿Qué vienes con ganas de provocar a toda la fiesta? ¿Igual que hacías antes? —la interpeló ahora Erika.

Menuda bronca estaba presenciando entre las dos primas. Ahí se notaba que había rencor acumulado y guardado de tiempo atrás. Pero yo no sabía de qué…

—Por favor… ¡Vale ya, Natalia! Déjala… —intenté calmar a mi chica, intercediendo para que no echase más leña al fuego.

—Mira, Luis… no pasa nada. Lo siento. La culpa es mía. Pasadlo bien, que yo me voy… —dijo Erika, marchándose al instante, corriendo y medio llorando.

—¿Qué hacemos?… Mira cómo se va… —intervine de nuevo mirando a Natalia, insinuándole si nos íbamos tras ella…

—Dejadla… —dijo Alberto—. Si siempre hace lo mismo… Dentro un rato vuelve, ya lo veréis. Siempre se pone así cuando bebe. Pero rápido se le pasa. Da una vuelta por la fiesta y vuelve… —Con esas palabras, Alberto intentaba convencernos para que no nos fuésemos tras ella.

Después de cruzar Natalia y yo de nuevo nuestras miradas, le hicimos caso y nos quedamos con ellos allí. Al rato, llegaron con nosotros dos chicas más, amigas de Alberto…

Pasamos al menos un par de horas bailando todo este grupo. Como a mí no me gustaba bailar y encima era un patoso con el baile, mi chica bailaba casi siempre con Alberto o con alguno de sus amigos. En ese rato, yo me bebería al menos otras 5 o 6 copas… Mi chica sólo bebió un par de ellas…

La verdad, me estaba empezando a preocupar por Erika; no volvía, por lo que me acerqué a mi chica y le dije:

—Vamos a buscar a tu prima… ¿Donde estará?… ¿Y si le ha pasado algo?

—Estará bien, hombre… Ya volverá. Quizás hasta haya vuelto a casa… No te preocupes, yo tengo llaves —me contestó mi chica, que parecía estar pasándoselo genial.

Se la notaba muy entretenida bailando con los chicos. Además, había hecho muy buenas migas con las otras chicas, a las que también les gustaba bailar. Yo, entonces, decidí salir a dar una vuelta por mi cuenta para ver si me encontraba a Erika. Algo dentro de mí me decía que podría estar metiéndose en algún lío.

—Yo voy a dar un garbeo… a ver si veo por ahí a Erika. No estoy tranquilo si no… —le dije a Natalia.

—Bueno anda… Pues ve si quieres… Aunque ya verás como está al aparecer. Seguro estará por ahí enrollándose con alguno, si es que no se volvió a casa —me comentó mi chica, totalmente despreocupada.

—Bueno, vale… —le dije, mientras bajaba mis ojos hacia su escote—. Ya veo que te has tomado bien lo de calentar a Alberto, ¿eh? Menudo roce que te está dando cuando bailáis… —Intenté que no me oyese él.

—¿No era esto lo que querías?… —me susurró mi chica con voz pícara…

—Sí…. bueno… —dije mirando de nuevo de reojo hacia Alberto, mientras hablaba con una de las otras chicas—. Voy a ver si veo a ésta.

—Vale… Pero no tardes… Ah, ¡y cuando volvamos a casa quiero mi recompensa, eh…!

—Sí… claro —le dije con una sonrisa pícara.

Me marché, y fui dando un rodeo por toda la fiesta. Había mucha gente y era bastante difícil encontrar a Erika. No había ni rastro de ella.

Me entraron ganas de mear y, como no sabía dónde, me alejé unos metros de la zona fiesta. Me puse a hacerlo detrás de unos setos que había por allí.

Mientras orinaba, unos gemidos y unas voces llamaron mi atención. Terminé y me moví unos pasos para ver qué había. Allí me encontré a un tío con una tía agachada haciéndole una mamada. ¡Dios! ¡¡Era Erika!!

Al tío, como no podía ser de otra forma, yo no le conocía de nada. Erika parecía tener una borrachera impresionante. Ese hombre casi se estaba aprovechando de ella, levantandole el vestido para sobarle su culazo mientras se la chupaba…

—Chupa… Joder… ¡Chupa, Zorraaa…! —le decía el pavo. Un tipo fuerte, de barba, y de unos 38 o 40 años…

Me marché de allí y, unos metros mas adelante, esperé para ver si terminaban. No quería ni podía dejarla allí. Me parecía que estaba bastante mal y debía llevarla a casa…

Al cabo de unos 15 minutos, salieron ambos de allí. Ese tipo la llevaba agarrada completamente contra su cuerpo, casi no podía ni caminar sola…

Les esperé, y cuando llegaron a mi lado, le dije a Erika:

—Erika, tía… ¿Cómo has bebido tanto? ¡Mira como estás!…

—Déjame, Luis… que estoy bien —dijo con una voz de borracha impresionante.

—¿Eres amigo de ella? —me preguntó ese tío y yo le contesté de forma afirmativa con mi cabeza—. Pues, toma, llévatela… Yo me la acabo de encontrar ahí, vomitando… —me dijo, cínicamente, mintiéndome y quitándosela de encima después de haber conseguido de ella lo que quería… Le miré con cierta cara de desprecio antes de que se largara sin dar más explicaciones.

—Vamos Erika, vamos a buscar a Natalia y vámonos para casa… —le dije.

—Sí, Luis… Tú si eres un cielo… Mi prima no te merece… Muakssss…—Sin darme tiempo a reaccionar, Erika me plantó un beso en toda la boca.

Me dio un poco de asco, la verdad. Hacía sólo unos instantes, se la acababa de chupar a un tío y ahora me daba a mí un pico robado. No se lo tomé en cuenta, por la borrachera, y la llevé de vuelta con Natalia. Yo iba también un poco bebido, pero iba mucho mejor que ella, que a duras penas si andaba por su propio pie.

Llegamos junto a Natalia y el grupo de chicos y chicas. Allí me encontré a mi novia bailando toda desatada con Alberto; rozándose totalmente con él y éste prácticamente sobándole el culo ante la atenta mirada de los otros dos chicos.

Al verme llegar con Erika, se cortaron de golpe…

—Natalia, por favor… ¡Vayámonos! Mira cómo está ésta… —le dije.

—Joder… ¡Esta prima mía siempre dando la nota! —refunfuñó Natalia resignada, y se fue a despedir de Alberto y sus amigos.

Alberto, amablemente, se ofreció a ayudarnos a llevar a Erika a casa. Pero ésta se negó. Parecía aún dolida con Alberto por culpa de lo que le había pasado con su amigo Juanjo.

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