ALMUTAMID

Entre que eran pasadas las 2:00 de la mañana y el paseo hasta el hostal era largo pareció que su “amenaza” se había quedado sólo en eso. De hecho volvíamos abrazados como habíamos hecho todo el día hablando de cosas que nada tenían que ver con su venganza a mi sobeteo de tetas y muslos. La verdad es que su vestuario había colaborado a mi exploración y que su amenaza se basaba en una causa cierta al notar como se marcaban sus pezones en la tela de su top apenas disimulado por el peto.

Yo estaba encantado con que tuviera ganas de sexo pues con esa edad dos polvos por la tarde no te quitan la energía ni las ganas para la noche. Aparte que con mi sobeteo me había pasado media película empalmado y sin auxilio. Sin embargo cuando llegamos a la habitación del hostal Claudia no pareció acordarse de su amenaza y entró al baño a mear tranquilamente como si viniera dispuesta a dormir. Yo mientras me fui desnudando quedando en calzoncillos para acostarme fuese para lo que fuese.

Claudia salió del baño con sus bragas negras y su top blanco dejando el peto en la misma silla donde yo había dejado mi ropa. Aproveché para mear también y lavarme los dientes. Cuando salí me esperaba de pie con sonrisa maliciosa.

-No pensarás que se me ha olvidado…-dijo sin varias la expresión.
-¿Qué?
-Te has dedicado toda la película a ponerme cachonda y ahora te vas a enterar…
-No te estaba poniendo cachonda- respondí quitándole importancia- me estaba aprovechando de ti…
-Pues más aún…

Me encogí de hombros pero Claudia siguió el juego diciendo:

-Ahora me voy a aprovechar de ti yo. Y si no me dejas olvídate de mi para siempre…
-Si te pones así me voy a tener que dejar…-respondí con cara de guasa.
-Vale.-dijo autoritaria- Túmbate en la cama.

Sonriendo me tumbé en el centro de la cama de matrimonio de la habitación. Claudia sacó la funda de una almohada y la dobló dejándola como si fuese una bufanda y me la puso en los ojos. Mientras me la ataba me imponía sus reglas:

-No puedes tocarme, ni cambiar de postura, ni quejarte ni hablar…
-¿Ésto es un juego o una tortura?

¡Zas! Me dio un cate en el muslo.

-Vale, vale…ya lo pillo….-respondí y ¡zas! otro golpe en la barriga.
-Y si sigues desobedeciendo te daré donde te duela más…además, aquí sobra algo…

Y sentí sus manos en mi cadera agarrar el elástico de los bóxers para quitármelos. En mi mente había una mezcla de duda en ese momento sobre las intenciones de Claudia y mucho morbo. ¿Con qué personalidad me encontraría con la Claudia juguetona de nuestros primeros encuentros o con la alocada que se bañó con los hippies en la playa y quería que la otra chica viera mi polla? Quizá esa duda era la que me generaba tanto morbo hasta el punto de que antes de que me chica me terminara de sacar los calzoncillos por los pies yo tenía una erección potente, de esas que sientes que ya no puede llenarse más.

Mi incertidumbre crecía pues apenas escuchaba ruidos y parecía que Claudia no estaba sentada en la cama. Entonces sentí algo que me hacía cosquillas en la nariz. No sé si sería una pluma, un pañuelo u otra cosa. Pero el objeto se paseó por mi mejilla. Hice además de mover el brazo para apartarlo pero inmediatamente Claudia dijo firmemente que no. Lo que fuera que estaba usando me provocaba cosquillas. Claudia lo pasó por mi nariz, mejillas y frente antes de mi cuello. Y entonces hizo algo que me recordó a nuestra famosa clase anatomía en la residencia. Con el objeto de las cosquillas dibujó mis clavículas, hombros y contorno del pectoral. Las pasó por mis pezones consiguiendo endurecerlos. Me estaba excitando sobre manera. Después procedió a dibujar el contorno de mis pectorales que yo contraía agitado. Rodeó mi polla sin tocarla y paseó el objeto por mis muslos hasta las plantas de los pies y dejé de sentirlo. A mi excitación se unió mi expectación.

-Luis, has sido travieso y me has puesto muy caliente….-sentí su voz muy cerca de mi oído- y sigo caliente…y tú también lo estás, pero no voy a tocarte….has sido malo…

Sentí su aliento cerca y un soplido en mi cara. Después un líquido cayó en uno de mis pezones. No se si sería agua o su saliva. Y de nuevo sopló haciéndome estremecer. ¿Cómo podía excitarme tanto sin tocarme? De nuevo la sentí alejarse pero de improviso sentí su soplido en mi glande. No necesitó mojarla como el pezón pues mi calentón era tal que ya lubricaba. Empecé a tragar saliva. A pesar de haberme corrido dos veces aquel día sentía que con cualquier roce empezaría a soltar chorros de semen. ¿Castigo? Lo estaba disfrutando. Que me castigara muchas veces, jajaja.

Entonces sentí su peso en el colchón. ¿Qué iba a hacer? De nuevo algo rozaba mi piel a la altura de mi pecho. Era su piel. Pero no era un dedo. Era algo más suave. Me rozaba erizándome la piel. Tenía que descubrir que era aquel roce que me estaba volviendo loco. No pude resistirlo rompí el juego y me retiré la funda de los ojos.

Claudia por la postura no había podido reaccionar pues la pille de rodillas en la cama rozándome con su pezón por mi pecho. Al notar mi movimiento se giró pero ya era tarde.

-No puedo más…te tengo que follar…- le dije atrapándola con mis brazos.

No opuso resistencia seguramente tan caliente como yo y se puso a horcajadas sobre mí dejando caer el peso de su cuerpo desnudo atrapando mi polla contra mi barriga y besándonos con locura, casi haciéndonos daño. Yo dirigí en cuanto pude mi polla a su raja y conseguí colarla con tremenda facilidad por lo mojada que estaba mi chica, que se montó sobre mi polla dejándose penetrar cerrando los ojos y en cuanto se acomodó empezó a cabalgarme como si no hubiera un mañana. Se escuchaba el crujir de la cama, el choque de las pieles y los gemidos acompasados de ambos que nos mirábamos a los ojos mientras mi chica botaba sobre mí. Evidentemente con tanto atropello y la excitación acumulada en pocos minutos supliqué que parara pues me iba a correr pero mi chica no oía sólo sentía como mi nabo entraba y salía de su coño a cada bote de ella y embestida mía. Tuve que empujarla para no correrme dentro.

Claudia cayó hacia mi pecho por mi empujón casi en el mismo instante que mi manguera soltaba chorros de semen que manchaban su espalda, mis piernas y la cama entre mis estertores de placer. La sensación de placer de mis huevos vaciándose se alargó más de lo habitual dejándome exhausto. Cuando empecé a ser consciente de nuevo de donde estaba sentí la mano de Claudia entre mi barriga y su chocho. Mientras yo me estaba corriendo ella seguía buscando su orgasmo tocándose el coño con los ojos cerrados concentrada. Quise colaborar y alargué mi mano por su culo buscando su raja desde atrás penetrándola con mi dedo corazón. Creo que nunca había metido mi mano en un chocho tan mojado. Yo la penetraba con mi dedo mientras ella se frotaba su clítoris. El movimiento de sus caderas me avisó de la inminencia de su orgasmo y apreté el ritmo y profundidad de mi masturbación. Por fin llegaron los temblores, la contracción de su rostro y mi chica dejándose caer sobre mi pecho entre pequeñas convulsiones de placer mientras yo acariciaba su raja dejándola poco a poco para que pudiera relajarse.

Claudia es como una antorcha. En el momento que se enciende ya no quiere más juegos. No aguanta quiere sexo rápido y duro como ya nos había ocurrido otras veces. Su libido era explosiva y una vez que se activaba necesitaba actividad entre sus piernas. No sé si haría mantenido el juego de vendar los ojos más tiempo o si realmente habría conseguido que yo me corriera sin tocarme, pero la verdad es que en cuanto ella se encendió necesito que la follara. Y el resultado éramos los dos tendidos en la cama de aquel hostal, su cuerpo sobre el mío tras una nueva sesión de sexo entre los dos no premeditado, espontáneo y explosivo.

Claudia se quedó tendida sobre mi largo rato en esas prolongadas recuperaciones tras sus orgasmos. Tener su cuerpo agitado sobre el mío me permitía abarcarla, rodearla con mis brazos y sentir su respiración en mi pecho y en mi oído. Y aunque pueda sonar cursi sentí su corazón latir al mismo ritmo que el mío. Con esa edad a aquello sólo podía llamarlo amor. Y sin embargo por un cabreo le había puesto los cuernos apenas una semana antes.

Lejos de arrepentirme no hacía más que dar gracias por tenerla conmigo a pesar de mis errores. Nunca habíamos hablado de fidelidad salvo su invitación a que yo estuviera con otras personas si me apetecía cuando ella se fuera. Pero en el fondo y según la iba conociendo sabía que Claudia entendía la pareja a la manera tradicional con sus enamoramientos pues por eso había evitado liarse conmigo todo el curso pese a reconocerme que le gusté desde muy pronto.

En mis pensamientos fui consciente de que si se me ofrecía alguien acabaría teniendo sexo. Y la razón única por la que lo rechazaría era Claudia. Por tanto tocaba evitar la tentación con Nieves y cuando volviera a la residencia ya habría tiempo de saber que pasaría con Marta o Silvia. Desde luego con ninguna chica había sentido jamás lo que sentía con Claudia y si se tenía que hacer un nudo en el nabo para que no se estropeara así lo haría. O mejor dicho tenía el propósito de hacerlo mientras tenía a la niña que adoraba pegada a su cuerpo.

El despertar a la mañana siguiente fue una continuación de arrumacos, besos y palabras amables. Y de no haber tenido triple sesión el día anterior a bien que la erección matutina con la que desperté habría terminado en otro polvo. Pero en vez de eso nos quedaos largo rato tendidos sobre la cama acariciándonos y haciendo planes para el día. Era ya media mañana y cuando tras una ducha rápida y vestirnos salimos a desayunar comprobamos que hacía un calor terrible. Imposible pasear o hacer turismo. Tampoco queríamos pasarnos todo el día encerrados en el hostal aunque podríamos estar horas follando pero rápidamente lo descartamos, pues con Claudia eso del polvo lento no existía. Con ella el sexo siempre era explosivo en cuanto se traspasaba el límite de su deseo. Ni siquiera teníamos coche para hacer una excursión. Sin embargo en la propia cafetería vimos el típico expositor de conciertos y actividades y se nos ocurrió una idea. En un hotel cercano se podía entrar a la piscina pagando una pequeña cantidad. El único problema es que yo no llevaba bañador para el fin de semana.

La Claudia resuelta que no ve obstáculos rápidamente maquinó. Entramos a un chino y cogió un bañador de esos que parecen calzonas de atletismo con costuras blancas. Yo soy más de bermuda pero mi chica se empeñó en que me quedarían bien y tras pagarle al chino los 4€ por el bañador pasamos por el hostal. Yo me puse el bañador naranja para más inri ante los elogios de lo bien que me quedaba y el paquetillo tan mono que me hacía de mi chica mientras ella se ponía un bikini negro. Nos volvimos a vestir y nos fuimos al hotel. Efectivamente pagando 10€ por los dos podíamos acceder a la piscina en lo alto del hotel con vistas excelentes de toda la ciudad, y nos proporcionaban hamaca y toalla.

Llegamos arriba y me sorprendió el ambiente de la piscina, principalmente algunos clientes extranjeros del hotel y gente joven que pasaba el día como nosotros con música desenfadada y tomando copas (aquí estaba la ganancia de la piscina). Nos acomodamos en las hamacas dejando la ropa en unos cestillos que había entre ellas y nos echamos en las hamacas.

Cuando me vi con aquel bañador no me sentí cómodo. Demasiado estrecho y corto para los que yo suelo usar. Pero afortunadamente no me conocía nadie allí. Claudia llevaba un bikini negro de esos de braguita brasileña y sujetador de cordón. Cuando nos sentamos en vez de quejarme por mi bañador le dije:

-Se me hace raro verte en bikini…

Me miró extrañada y terminé la frase:

-…como en la playa ibas siempre en topless…
-Ahn…que quieres que toda esta gente me vea las tetas.
-No, no. Las prefiero para mí, sólo es un comentario. Pero me gusta que aquí te cortes.
-Eso te ha quedado muy moro, Luisito.
-No era mi intención. Cómo tú parece que vas a gusto con tu novio marcando paquete en este bañadorcito…
-Jajajaja. Era eso. Pero si estás monísimo. Ay que pijín es mi niño…jajajaja.

Como el calor apretaba nos dimos un baño a aquella repleta piscina y después volvimos a las hamacas. Llegaba la hora de comer y allí era carísimo de modo que nos vestimos y bajamos a la calle a comer en una taberna a precio más módico y después volvimos a terraza. Intentamos echarnos abrazados pero hacía demasiado calor. Habríamos estado más relajados en la cama del hostal, o no. Jajajaja. Pero así echábamos el día allí en la piscina. Al final decidimos tomarnos una copa. No sé si sería por el calor o que estaba algo fuerte pero se nos subió un poco el alcohol y terminamos metidos en la piscina comiéndonos la boca y metiéndonos mano bajo el agua sin importarnos quien nos viera.

Como a las 7 de la tarde llegó un Dj a la piscina e inició una sesión de música electrónica. Yo nunca he sido mucho de ese tipo de música pero entre el alcohol de la copa y la euforia de estar con Claudia acabamos los dos allí saltando y bailando al sol. Combinábamos un rato de baile con una zambullida y mucho beso y mucho abrazo, y cada vez que podía con un nalga de mi chica en mi mano y su permanente sonrisa. Pero a las 9 cerraban la piscina así que nos cortaron el punto. Reabría a las 10 como terraza de copas con música en directo pero había que desalojar previamente.

Dudamos si irnos directamente a cenar y después al hostal o al revés, ducharnos en el hostal y salir después a cenar. Al final optamos por lo primero tras encontrarnos un bar de bocadillos muy típico de la ciudad donde nos comimos un buen ejemplar cada uno con sus cervezas correspondientes. Al final llegamos al hostal casi a las 11 de la noche. Inicialmente la idea era salir así que Claudia pasó a la ducha primero pues ella tardaba más en arreglarse.

Cuando salí de la ducha me sentí realmente cansado así que me tiré en la cama y puse la tele mientras Claudia se echaba sus cremas y salía del baño para vestirse. Salió envuelta en su toalla y me encontró desnudo tirado en la cama. Fue a su mochila y sacó ropa interior y un vestido y los puso sobre la silla. Pero después se vino a la cama y se echó a mi lado dándome un beso.

-¿Qué agustito estás no?-preguntó.
-Estoy cansado de todo el día, ¿sabes?
-Yo también estoy un poco cansada. ¿Quieres que nos quedemos viendo una peli?
-Me encanta…

Claudia se acomodó a mi lado y empecé a buscar una película por los distintos canales hasta que encontramos una que nos agradaba a los dos. Empezamos a verla desnudos abrazados en la cama. Pero cuando llevábamos un rato Claudia se deslizó por mi pecho y vientre poniendo su cara a la altura de mi polla que ante su cercanía reaccionó poniéndose morcillona. Noté como su mano la atrapaba y se la llevaba a los labios saboreando el glande consiguiendo que se endureciera rápidamente. Yo no dije nada y me limité a dejarme hacer hasta que mi chica se incorporó para poder mirarme y me dijo:

-Nuca he visto una peli con la polla de mi chico en la boca…

Y sin más volvió a apoyar su cabeza en mi vientre mientras jugaba con mi nabo pasándoselo por los labios y dándole chupaditas de vez en cuando. Ni que decir tiene que yo estaba encantado. Intentaba seguir la peli mientras mi chica jugaba con mi polla como un chupachup con lamiditas, chupaditas. Entonces empezó una escena de acción y mientras chupaba mi glande empezó a masturbarme al ritmo que marcaba la escena. Yo empecé a mover la cadera mientras acariciaba su cabeza.

Terminó la escena pero no el ritmo de la chupada de mi chica con los típicos sonidos guturales y de rechupeteo. No era una mamada profunda por la postura pero lo sustituía con el movimiento de su mano. O terminaba la película pronto o terminaba yo con aquella mamada de más de media hora.

“Glup, glup…” mi chica a lo suyo y el cosquilleo en mis pelotas avisaba de la inminencia de mi orgasmo. Pero decidí seguir el juego mientras Claudia seguía relamiendo, chupando y apretando con su mano mi polla y pelotas. La sensibilidad de mi glande empezaba a ser casi molesta cuando sentí un latigazo en la espina dorsal y mi polla soltó un primer lefazo a la garganta de mi chica que aferró mi berga con más ímpetu absorbiendo de ella como un biberón mientras yo me retorcía de placer levantando las caderas lo que su peso me permitía. Así estuvo hasta que sintió que mi polla dejaba de escupir semen. Con el final feliz de la mamada me había olvidado de la película y cuando atendí de nuevo al televisor ya se había terminado. Entonces Claudia se levantó y sonriéndome con restos de semen que se habían escurrido por la comisura de sus labios que quedaba apoyada en mí me dijo:

-¿Te ha gustado la peli?
-Me ha encantado…

Estaba sorprendido de la duración de la mamada. Claudia había estado más de media hora jugando con mi polla en su boca y labios aparentemente mientras veíamos la película. El juego había sido suave, algo raro en ella que se enciende rápidamente y había resistido todo el tiempo hasta que tanto roce terminó provocando mi orgasmo, bastante intenso en cantidad de semen a pesar de llevar todo el finde follando seguramente porque durante la media hora de chupada mis huevos se habían ido cargando. Además había resistido mi abundante corrida tragándose una parte y escurriendo otra de modo que tenía la cara llena de mi semen cuando se giró a hablarme. De hecho lo hizo acariciando suavemente mi polla intentando relajarla. Verdaderamente había sido increíble y me sentía obligado a corresponderla. Así que aun con la respiración agitada por mi orgasmo le pregunté:

-¿Y a tí?
– Ha sido muy agradable ver la peli comiendo palomitas….jajajaja.

Al reír se le cayó un pegotoncillo de semen de la comisura de los labios. Realmente estaba preciosa con su risa franca mi semen escurriéndosele. Tiré de su brazo y al llegar su cara a la altura de la mía me besó. No sólo parte de la corrida se me pegó en la cara sino que su boca tenía el sabor dulzón que yo ya sabía reconocer como el de mi propio semen tras haberla besado otras veces tras haberle echado la corrida en la boca.

-Bueno…ya se ha acabado la película así que podemos hacer otras cosas- dije acariciando su pecho mientras la besaba de nuevo.
-Hay un pequeño problema, Luis…
-¿Qué te pasa?
-En la piscina sentí molestias pero al llegar al hostal me he dado cuenta que me ha bajado la regla…
-¿Te tocaba?
-Se me ha adelantado unos días.
-¿Y estás molesta?
-Menos que otras veces. Normalmente cuando más me duele es antes de que me baje. Así que como ya estoy sangrando no creo que esta vez me vaya a dar mucha caña.
-¿Y por qué no me lo has dicho antes? ¿No manchas?
-Jajaja. Estabas tan mono desnudito, con el pelo mojado y estaba tan a gusto echada viendo la peli contigo y pensando que no íbamos a poder follar que me apeteció darte gustito, jajaja.

La abracé comiéndomela a besos pero hubo algo que me extrañó.

-¿Pero no llevas compresa?
-Jajajaja- me sonrió de nuevo y abrió ligeramente las piernas enseñándome un hilito que salía de su raja- Llevo tampón, Luis.

Quise tocar el hilito pero me apartó la mano y se levantó de la cama llevándose unas braguitas al baño.

-Tengo que cambiarme…
-¿Estás sangrando mucho?
-No, jajjaja. Creo que he empapado el tampón de lo que he mojado comiéndome la churrita de mi gordo…

Entró al baño cerrando la puerta y al poco regresó con la braguita puesta. Eran cerca de las 3 de la mañana así que apagamos la luz y nos echamos los dos en la cama abrazados. En medio de la conversación Claudia me preguntó si estaba caliente a pesar de que mi polla descansaba entre mis piernas.

-Acabo de correrme ¿por qué?
-Si estás caliente no vamos a dejar de hacer cositas por mi regla.
-Si estás molesta no hace falta, me conformo con tenerte conmigo.

Acariciando mi bajo abdomen me dijo:

-Si estás caliente me puedes follar el culito…
-No, Claudia. No hace falta. No lo necesito y no quiero hacerte daño.
-No quiero que mi gordo se quede con ganas…
-Acabo de correrme, de verdad. Y nos vamos a ver antes de que te vayas…

Se abrazó fuerte a mí echando la cabeza en mi pecho. Conversamos un buen rato haciendo planes y recordando cosas mientras Claudia acariciaba mi pecho como tanto le gustaba y yo su espalda hasta que nos quedamos dormidos.

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