ELEACHEGE

Mujer  de tierra fértil, que tejes al hombre con sexo de piedra caliza y corazón poroso de arenas. Hay secretos de mujer no tamizados por la colada, como  canto adormecido en el tiempo, despertando a la luz de las tertulias de amigas.

No puedas contener las manos cegadas por la desnudez de los cuerpos, que acentúan flaquezas y se convierten en campo germinado bajo escarnios de ternura. Cosas, cuando el cónyuge no hace vibrar de placer el cuerpo y el alma.

Es noche de comida y bachata en el “Dance Club” del Barrio Francés. La pareja ocupa mesa y el chofer guía va a la barra.  Con piano, saxo, contrabajo y batería, un cuarteto anima la rumba. Moviendo caderas y pompis, Ella desborda erotismo. 

El hombre ya cansado no marca pasos.  La variedad de acordes y ritmos, excitan a la mujer, cuando el sudor que cosquillea su monte, le corre hacia el vestíbulo. Tiene una idea. Habla con su pareja y hace señas al guía qui parle peu espagnol, ma balla style sexy. 

Comen y beben rumiando palabras. En la taberna se acelera el musculo cardíaco hacia los fuelles de la respiración. Es el  pensamiento guiado por la rosa de los vientos en busca del infinito para perderse en las sensaciones que llevan a la Gloria.

Olores tenues a mar salada emanan de su bajo vientre, y mientras ríe al esposo, lustra entre piernas, lágrimas que brotan de la edad de los sosegados gemidos. Ser de agua  bendita con sabor de lluvia marina  emanando de sus bajos labios.

Es cuando desnuda la mirada del hombre ajeno. La sexualidad creciendo y no se apaga desde el silabeo genésico de las palabras. Tal como la luz solar riega los cultivos del olivo. La humedad embriagante nunca miente a la lujuria traidora.

Piel erizada al roce del tacto y del aliento sin cortejo. Piernas ligadas al bailar con anuencia del esposo. Esposo que en cama luce cual naufrago sin brújula. Liviano el traje ceñido que luce y tolera, cuando el guía le columpia el niño en la cuna.

Ahora al sentarse, el mantel acaricia su entrepierna separada. Busca brizar el húmedo incendio lubrificado por la tormenta que pigmenta su tejido genital. Es Afrodita montada a un cisne, con mareas del corazón susurrando un encuentro.

La velada termina y sin palabras queda una cita en la cama.

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